Temas de actualidad

23-jun-2020: Orientación de los grandes líderes religiosos: ¿a dónde llevan a las ovejas?

El apóstol Pablo, en su Epístola a los Colosenses, advierte contra las «palabras persuasivas», «la vana y engañosa filosofía, conforme a la tradición de los hombres, según los elementos del mundo», porque alejan de Cristo y del «conocimiento del misterio de Dios, en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col. 2:2-8). «Cristo en vosotros [los cristianos], la esperanza de la gloria», es el objeto de las exhortaciones del apóstol (Col. 1:27-28). Estas expresiones advierten abiertamente contra las desviaciones apóstatas de las llamadas religiones cristianas: ya no se interesan por Cristo, apuntan a la tierra y a su organización y ya no al cielo. –Estas desafortunadas orientaciones ya no están confinadas al clero superior. Todos los medios de comunicación están imbuidos de ello y buscan arrastrar a los laicos a ellas trivializándolos. Los creyentes cristianos «ordinarios» tienen que velar a lo que leen y escuchan. La sabiduría del mundo es locura para Dios (1 Cor. 1:20).

El centro de interés del cristiano está en el cielo, no en la tierra (Fil. 3:19-20).

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22-jun-2020: Lecciones de Coronavirus sobre las incertidumbres de la ciencia

Durante estos tiempos del Coronavirus, habremos podido comprobar las fuertes disputas entre científicos, médicos o no, cada uno de ellos con pruebas experimentales más seguras unas que las otras, y contradiciendo las otras. No los agobiamos ni los acusamos, pero cuánto esto saca a relucir la vanidad de las llamadas creencias científicas que muchos tratan de imponer en temas como la evolución, el clima, la ecología u otros. Incluso hay un eslogan que dice “¡escucha la ciencia!” –¡Seguirlo es escuchar la confusión!

Preferimos las certezas de la Palabra de Dios.

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13-jun-2020: El peligro de una lectura superficial de la Biblia

Los cristianos están acostumbrados con demasiada frecuencia a leer las Escrituras sin que su fe sea ejercitada por ellas; las cosas más importantes son pasadas por alto con una facilidad verdaderamente increíble; la Palabra es aceptada superficialmente y de manera general, pero sin molestarse en examinar los detalles, y por supuesto la conciencia no se ve afectada. Si, por el contrario, se estuviera dispuesto a reflexionar y sopesar la Palabra de Dios, para penetrar en su significado, se descubrirían cosas que despertarían la conciencia, quizás incluso la preocuparían, pero este ejercicio estaría lleno de bendiciones para el alma. Las maravillosas comunicaciones de Jesús a sus discípulos tienen por objeto iluminarnos, instruirnos y ser objeto de nuestra meticulosa atención; cualquier otro modo de recibirlas es indigno de la gloria de su persona.

W. Kelly

29-may-2020: La Palabra de Dios y la apostasía

Cuando la muerte acecha

«Haces que el hombre vuelva a ser polvo, y dices: Volved, hijos de los hombres» (Salmo 90:3, LBLA).

Los tiempos de pandemia que estamos viviendo nos hacen reflexionar sobre nuestra condición humana de una manera más real y más atenta que de costumbre. Entre los muchos comentarios cristianos, hay uno que sugiere a los cristianos de vivir las circunstancias actuales como pudiendo servir a probar su fe en la soberanía de Dios, a probar su propia sabiduría (¿humana o de arriba?) y su amor al prójimo.

El tema de la apostasía, del que nos ocupamos, no es menos solemne, porque nos advierte sobre un fenómeno mucho más dramático, que podemos llamar una verdadera “pandemia espiritual“.

La gran revuelta contra Dios

«Nadie os engañe de ninguna manera; porque ese día no vendrá sin que venga primero la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición; el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de adoración; de modo que se sienta en el templo de Dios, presentándose él mismo como Dios» (2 Tesalonicenses 2:3-4).

En este pasaje, el apóstol Pablo advierte a los tesalonicenses que la apostasía precederá al día del Señor (día de juicio y de castigo general que tendrá lugar después del arrebatamiento de la Iglesia). Será una apostasía general, caracterizada por la completa y pública negación de la doctrina cristiana. En diferentes épocas, ha habido corrientes más o menos marcadas de apostasía. Pero de la que Pablo habla aquí representa un evento de magnitud inimaginable, un acto de rebelión final contra Dios.

¿Hemos entrado en estos tiempos difíciles? La Palabra de Dios es clara al respecto: el pleno desarrollo de la apostasía se producirá solo después del arrebato de la Iglesia y antes del reinado de Cristo en la tierra (milenio). Pero ciertamente ya vemos grandes signos de ello.

Es un interrogatorio al que debemos dejarnos conducir.

Las voces de muchos centinelas son unánimes: la situación es verdaderamente alarmante. “El progreso de la apostasía, incluso en los círculos que reclaman su fidelidad a la Escritura, se está acelerando. Estamos siendo testigos de un brote mundial de apostasía, como la Iglesia nunca ha conocido“.

La apostasía (lit.: defección, abandono) es particularmente evidente en la influencia del mundo en la vida cristiana. Solo se puede deplorar una acomodación a la cultura ambiental, una cultura de compromiso en las iglesias, con una mezcla de verdad y de error, de lo que es santo y de lo que es profano, que conducen a “sacrificar las doctrinas esenciales“. Tales como la inspiración y la total suficiencia de la Biblia; la divinidad de nuestro Salvador; la salvación solo en Jesús, solo por gracia y solo por fe; el próximo regreso de Jesucristo para arrebatar la Iglesia.

Existe un peligro real de hacer una lectura selectiva de la Palabra de Dios, y de hacer de nuestras preferencias personales el punto de referencia para el bien y el mal. Creer en una afirmación bíblica porque me conviene y rechazar (u “olvidar“) otra porque no me conviene.

Los verdaderos creyentes no pueden conformarse con reducir las Escrituras a unos pocos pasajes favoritos.

Nuestro alimento es toda la Escritura (2 Timoteo 3:16-17).

La historia de la Iglesia nos dice que hubo momentos en que el mensaje bíblico fue seriamente defectuoso o distorsionado. Se necesitaron hombres de coraje, de fe y de gran devoción a la Palabra de Dios para reclamar un retorno a la doctrina y a una conducta de acuerdo con la voluntad de Dios.

El fundador del Ejército de Salvación, W. Booth, escribía al final del siglo 19 que muchas iglesias predicarían:

  • el cristianismo sin el Espíritu Santo,
  • cristianos sin Cristo,
  • un perdón sin arrepentimiento,
  • una salvación sin regeneración (sin nuevo nacimiento),
  • la realidad del cielo sin aquella de los tormentos eternos.

¿No es lo que vemos en el mundo cristiano actual?

¿Qué queda de esta herencia, de la «fe» de nuestros padres, del «buen depósito» recibido de Dios?

Por un lado, vemos las ideas y prácticas del mundo infiltrándose en la vida de las iglesias; por otro lado, es la gran institución religiosa romana que avanza con su seductor y dominante ecumenismo. Todo lo que una vez fue una causa de separación, a la luz de la Palabra de verdad, es ahora visto por ambos lados como desafortunados “malentendidos del pasado“.

El Papado se niega a renunciar a sus tradiciones no bíblicas y a sus prácticas idólatras. Se asocia a esto el extraño silencio de sus socios protestantes y evangélicos sobre las manifestaciones sobrenaturales propias de la devoción católica (culto a María y a los santos). Podemos incluso añadir la existencia de un diálogo interreligioso con asociados de todas las religiones no cristianas (reuniones altamente mediatizadas): ¡un entendimiento tácito y público entre todas las religiones, que invita a la comprensión mutual!

¡“Oran“, “fraternizan“ y “evangelizan“ juntos! Los temas enojosos ya no se mencionan más: ya no se denuncian las falsas doctrinas ni la idolatría. Un pastor evangélico no duda en hablar de las “exageraciones verbales de Calvino y otros reformadores sobre el catolicismo romano“.

Conclusión

Debemos reconocer que la extraordinaria seducción del error siempre tendrá más atractivo que el mensaje juzgado demasiado exigente del arrepentimiento y de la sumisión total al Señor y a su Palabra.

En estos tiempos de “pandemia espiritual“, tengamos cuidado de no dejarnos contaminar. Para ello, conocemos el remedio: es necesario disciplinarse, “entrar“ en las Escrituras cada día, para familiarizarse cada vez más con lo que enseñan. Así es como adquiriremos el discernimiento, ya que es precisamente esta capacidad de discernimiento la que está desapareciendo entre los cristianos de hoy en día.

«Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro; porque el tiempo está cerca. El que es injusto, que sea injusto aún; y el que es inmundo, que sea inmundo aún; y el que es justo, que sea justo aún; y el santo, que se santifique aún. He aquí vengo pronto, y mi galardón está conmigo, para recompensar a cada uno según es su obra» (Apocalipsis 22:10-12).

30-abr-2020: La voz callada y suave del juicio

«Y después del terremoto, un fuego; mas Jehová no estaba en el fuego: y después del fuego, una voz callada y suave» (1 Reyes 19:12).

«Porque llegó el tiempo de comenzar el juicio por la casa de Dios; y si comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios?» (1 Pe. 4:17).

«Mas Jehová hirió a Faraón con grandes plagas, a él y a su casa, por causa de Sarai mujer de Abram» (Gén. 12:17)

Con justificada preocupación, estamos siendo testigos de una nueva y peligrosa epidemia en todo el mundo. A medida que el número de muertes aumenta, estamos tomando medidas para tratar de protegernos y proteger a los demás. Sin embargo, existe un peligro mucho mayor y más extendido que el COVID-19.

De hecho, todo cristiano reconoce la voz del Señor en todo lo que nos rodea: el estrés y la perplejidad a los que el mundo y sus líderes se enfrentan; el impacto en la salud y el bienestar de sus habitantes; el impacto en todos los sectores de la economía mundial, desde la agricultura, los cuidados de la salud, el suministro de alimentos, la fabricación, las cadenas de suministro, los deportes y las diversiones. Escucho a los cristianos decir, con razón, que el pecado y la inmoralidad han sido tolerados y legalizados, que Dios ha sido rechazado por el sector público, que el ateísmo se extiende en el mundo académico de las universidades y en muchos otros institutos de enseñanza, que el materialismo, la codicia, el egoísmo, el odio y la propagación de cultos de la Nueva Era y el espiritualismo son las causas de lo que el mundo está enfrentando hoy en día. Muchos cristianos oran y transmiten el mensaje del Evangelio para que las almas vengan al Señor Jesús, se arrepientan y lo acepten como su Salvador personal.

Si bien todo esto es muy cierto, me temo que estamos pasando por alto el punto más importante, a saber, la voz de Dios hablándonos individualmente, como familias, como iglesias locales y como comunidad mundial. Examinemos lo que el Señor hace para llamar nuestra atención para que podamos reflexionar sobre nuestros caminos.

La reunión colectiva y pública semanal para recordar al Señor y proclamar su muerte hasta su venida ha sido suspendida por el momento en casi todos los países del mundo, al igual que la reunión de oración semanal y el estudio de la Biblia en las iglesias locales. Las conferencias bíblicas han sido canceladas y muchas ocasiones de actividad espiritual y de comunión entre las personas no se pueden organizar.

Muchos se han apresurado a usar la tecnología disponible, por la cual agradecemos al Señor, para establecer reuniones ministeriales, estudios bíblicos y reuniones de oración. Esto es, por supuesto, de gran valor, y muchos santos se han beneficiado de ello en esta época de miedo e incertidumbre.

Pero la pregunta que persiste en nuestras mentes es, ¿qué nos dice el Señor? ¿Sentimos el dolor y la pérdida en nuestras propias almas porque no podemos estar juntos en persona para recordarlo? No podemos hacer eso en línea, y toda esta maravillosa actividad en línea no debería hacernos creer que hemos encontrado una forma de satisfacer nuestras necesidades espirituales.

Los obstáculos que nos impiden reunirnos para recordar al Señor deben llevarnos a sentarnos tranquilamente en su presencia en nuestro entorno privado y examinarlo todo. Esta es una situación muy especial, queridos santos, que todos debemos examinar. Porque si tenemos lugares de encuentro, si tenemos medios de transporte, si las carreteras no están bloqueadas, si muchos de nosotros estamos sanos y somos capaces, sin embargo, no podemos ir juntos al encuentro del Hijo de Dios. ¿Sentimos pesadez en nuestros corazones y tristeza por no poder estar juntos en el día del Señor para escuchar su voz de amor, colectivamente como iglesias, como hemos hecho durante muchos años?

¿Culpamos al mundo impío que nos rodea por lo que está pasando y por lo que el Señor está haciendo, castigándolos por sus malas acciones? ¿Pero qué pasa si, tal vez, somos la causa de lo que le sucede al mundo que nos rodea y que nos impide reunirnos en el día del Señor? ¿No fue por los pensamientos y acciones de Abram que «Jehová hirió a Faraón con grandes plagas, a él y a su casa»? (Gén. 12:14-20).

¿Es nuestra infidelidad, nuestro materialismo y nuestra adopción de las cosas y de las vías del mundo y de sus pensamientos en nuestras vidas, en nuestras familias y en nuestras iglesias? Sin embargo, solíamos ir a la reunión para estar en su presencia y actuar como si todo estuviera bien.

La envidia, la búsqueda de fama, las peleas, las maledicencias, las traiciones, las charlas maliciosas, la hipocresía, las vidas dobles, la tibieza hacia el Señor y sus intereses. Sin embargo, solíamos ir la reunión para estar en su presencia y actuar como si todo estuviera bien.

Nuestra devoción personal a él, la lectura de su Palabra y el tiempo pasado en su presencia no son una prioridad en nuestras vidas, ya que estamos ocupados con nuestras legítimas responsabilidades y asuntos; hemos dejado nuestro primer amor. Sin embargo, solíamos ir la reunión para estar en su presencia y actuar como si todo estuviera bien.

Sin embargo, los ojos del Señor que son «demasiado puros para mirar el mal» (Hab. 1:13) ven todo esto y más, porque nada le está oculto. ¿Cuál debe ser el sentimiento en su corazón?

¿Deberíamos asumir nuestras responsabilidades como lo hizo David? (2 Sam. 24:15-17) Reconoció que fue su orgullo y sus acciones las que trajeron la plaga a la tierra donde murieron más de 70.000 personas.

¿Podemos escuchar la voz de Jehová (del Señor) en todo esto?

«Sembrad, en beneficio vuestro, para justicia; segad conforme a la misericordia de Dios. ¡haced vuestro barbecho; porque es ya tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga, y llueva justicia sobre vosotros» (Oseas 10:12).

Algunos podrían decir que estamos ahora en el tiempo del Nuevo Testamento y que este es el día de gracia, por lo que no podemos aplicar esto a nosotros mismos. Es cierto, gracias a Dios, que es el día de la gracia. Pero, «¿qué diremos, pues? ¿Permaneceremos en el pecado, para que la gracia abunde?» (Rom. 6:1).

¿Cambia nuestro Santo Padre su naturaleza en el día de gracia? ¿No se aplica su mano amorosa para disciplinar a sus hijos en el día de gracia; no nos enseña Hebreos 12:6-11, que así es? ¿Deberíais escuchar de nuevo la voz del Señor que habla y advierte a las iglesias de Sardis y Laodicea?

«Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas: Conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante y consolida lo que queda, que está a punto de morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de mi Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; obsérvalo y arrepiéntete» (Apoc. 3:1-3).

¿El Señor, mientras dormimos espiritualmente hablando, nos ha quitado el privilegio de reunirnos para recordarlo por el momento? (Cant. 5:2-8).

¿Podemos humillarnos, examinar nuestros caminos, confesar nuestros pecados, arrepentirnos y volver a nuestro primer amor?

Que el Señor se apiade de nosotros a causa de su nombre.

E. S. Nashed
towardthemark.org

22-abr-2020: Los que se aprovechan injustamente de la situación actual - Salmo 137

  1. Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentamos, y también lloramos, acordándonos de Sion.
  2. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas.
  3. Porque allí nos demandaban cánticos los que nos habían cautivado; y los que nos despojaron demandaban alegría, diciendo: ¡Cantadnos uno de los cánticos de Sion!
  4. ¿Cómo cantaremos cánticos de Jehová en tierra de extraños?
  5. ¡Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, olvide mi diestra su destreza!
  6. ¡Péguese mi lengua a mi paladar, si no me acordare de ti, si no prefiriere a Jerusalén al principal objeto de mi regocijo!
  7. Acuérdate, ¡oh Jehová! en contra de los hijos de Edom, del día de Jerusalén; los cuales decían: ¡Arrasadla, arrasadla, hasta los cimientos!

Hoy en día, muchos creyentes en la tierra están privados de reunión alrededor de su Señor según Mateo 18:20. Sus sentimientos pueden parecerse a los de los judíos de antaño, deportados de Jerusalén a Babilonia, que se expresan de forma tan conmovedora en los versículos 1 al 6 del Salmo 137. (Véase también sentimientos similares en el Salmo 42:4.) Estos judíos estaban muy lejos de la ciudad del templo, del lugar de la verdadera adoración a Jehová, y sentían tan inmensa pena que ya no podían regocijarse. La situación actual es un poco diferente en cuanto a que todavía hay, para los creyentes, temas de alegría en el Señor mismo (véase lo que el prisionero Pablo expresaba en Filipenses 3:1 y 4:4).

Una cosa nos llama la atención en el Salmo 137: parece que algunos (los hijos de Edom) utilizaban esta disciplina de Jehová hacia su pueblo para desear la destrucción total de Jerusalén (137:7). Si las iglesias cristianas de hoy en día pasan ciertamente, de una manera u otra, por la disciplina del Señor, no nos sorprenda que algunos aprovechen esta oportunidad para desear su demolición, o destrucción completa. Nunca corresponde a los creyentes del tiempo de la gracia pedir el juicio sobre cualquiera (Rom. 12:19-21); sin embargo, tal deseo de destrucción de las iglesias solo puede recibir la condena del Señor y, a su debido tiempo, el juicio. –Del mismo modo, utilizar la disciplina del Señor como una oportunidad para corromper la Iglesia de Dios es igualmente censurable (leer 1 Cor. 3:16-17; el libro de Abdías).

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11-abr-2020: Algunas reflexiones sobre la situación actual y las reuniones de la asamblea

Vivimos en una situación especial. El Estado ha prohibido todas las manifestaciones públicas y privadas, para combatir la propagación del coronavirus. Como cristianos, nos preguntamos: ¿Cómo debemos comportarnos en esta situación? ¿Qué dice la Biblia sobre esto? Aquí damos algunos pensamientos sobre este tema:

• Dios permite esta situación para poner a prueba nuestra fe. El hecho de que actualmente no tengamos la oportunidad de reunirnos en el nombre del Señor, es una razón para humillarnos ante él y preguntarnos qué quiere decirnos con esto. Esta prueba nos lleva a una ferviente oración. Clamamos a Dios para que nos ayude y que pronto nos conceda el privilegio de reunirnos de nuevo.

• En vista de las personas que tienen la responsabilidad de gobernar, la Palabra de Dios nos da dos indicaciones:

  1. Debemos someternos a las autoridades (Rom. 13:1-6). Esto también es valedero para las medidas que el Estado toma para combatir el coronavirus, porque estas no están directamente dirigidas contra nuestra fe o contra una misión que el Señor nos ha dado. Por lo tanto, el principio, de que debemos obedecer a Dios antes que a los hombres (Hec. 5:29), no se aplica aquí en la actualidad.
  2. Debemos orar por los hombres que gobiernan (1 Tim. 2:1-2). Tienen especial necesidad en esta situación de crisis, para que se pueda mantener la tranquilidad externa del país y podamos seguir viviendo una vida pacífica y tranquila.

• La reunión en el nombre del Señor tiene lugar donde dos o tres se reúnen en su nombre (Mat. 18:20; 1 Cor. 11:20; 14:26). Podemos realizarlo, si todos los miembros de la iglesia local nos encontramos físicamente en un solo lugar.

• La reunión como iglesia local debe hacerse de acuerdo con los principios bíblicos. En la reunión para partir el pan, se trata de mantener firme la verdad sobre el memorial y la comunión en la mesa del Señor. Si nos reuniéramos ahora simplemente en pequeños grupos, independientemente unos de otros, en las casas para partir el pan, no sería una reunión como una iglesia. Actuaríamos de forma independiente tanto a nivel local como universal.

• ¿Por qué no es una reunión de la iglesia? Porque entonces no nos encontraríamos en el terreno de la unidad del Cuerpo y no mantendríamos la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efe. 4:3-4). No podríamos decir somos «el cuerpo de Cristo» (1 Cor. 12:27). El Señor no podría cumplir su promesa de Mateo 18:20, este grupo no tendría la autoridad para atar y desatar.

• Reunirnos como iglesia según los principios bíblicos es importante y valioso para nosotros. Con la prohibición de las reuniones el Señor nos impone una prueba: ¿nos sometemos a su poderosa mano, o buscamos una salida que no está de acuerdo con la Biblia? Estamos convencidos de que Dios da su gracia a los humildes y que está dando un camino bíblico a través de estos tiempos difíciles.

• Si no podemos reunirnos, las horas en la presencia del Señor, la bendición que recibimos allí de su Palabra y la comunión con nuestros hermanos y hermanas nos faltan. Es una gran pérdida. Pero el Señor quiere ayudarnos:

  1. Nos sentimos un poco como los judíos que fueron deportados a Babilonia. La promesa de Dios a ellos también es para nosotros: «Aunque yo he arrojado… entre las naciones, y aunque los he esparcido por las tierras, sin embargo, por un breve espacio yo les seré para santuario en medio de las tierras adonde ellos se han ido» (Ez. 11:16). El Señor desea ofrecernos personalmente y en familia momentos de su comunión para darnos valor y alegría.
  2. Cuando leemos la Biblia personalmente o en familia, Él puede darnos alimento espiritual y aliento a través de su Palabra. Un buen comentario nos ayuda a entender mejor su palabra y a recibir la bendición.
  3. Tenemos el privilegio de orar, personalmente o en familia. Cualquier cosa que tenemos en nuestro corazón atribulado, se lo podemos decir a nuestro Dios y Padre. Siempre desea darnos su paz una y otra vez (Fil. 4:6-7). No olvidemos también la intercesión: ¡oremos unos por otros, por nuestros contemporáneos y por nuestro gobierno!
  4. Incluso si no podemos reunirnos más, deseamos cuidar unos de los otros y animarnos mutuamente. Con los medios digitales y a pesar de la separación física, es posible tener contactos y cuidar del bien espiritual de cada uno.

Esperamos la llegada del Señor para el arrebatamiento. Esta es nuestra esperanza. En Hebreos 10:37-38 leemos: «Porque dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendrá: no tardará. Pero el justo vivirá por la fe».

M. Billeter

7-abr-2020: Confinamiento: ¿Es de alguna utilidad para Dios?

El confinamiento se reconoce en todas partes como una medida indispensable que debe aplicarse con el mayor rigor posible. Sin embargo, el confinamiento tiene como efecto despojar de todo, no solo de las actividades ordinarias de la vida, sino también de los servicios religiosos, y peor aún, del cuidado a los moribundos y a los muertos. ¿Por qué Dios permite tal despojo, incluyendo lo que pertenece a su servicio? ¿Para qué sirve esto? Es comprensible que esto nos devuelve a todos a lo básico.

  • Nuestras vidas ¿están ocupadas con cosas que son inútiles y fugaces, o con cosas que permanecen, que son eternas? (2 Cor. 4:18).
  • Nuestros pensamientos, ¿están en las cosas terrenales o en las de arriba? (Fil. 3:19; Col. 3:2).
  • ¿Nos hemos alejado de los ídolos de este mundo para «esperar de los cielos a su Hijo, al que ha resucitado de entre los muertos, a Jesús quien nos libra de la ira venidera»? (1 Tes. 1:10).
  • ¿Qué es más valioso: ser como Lázaro, desprovisto de todo, pero «llevado por los ángeles al seno de Abraham» (= ir al cielo) - o tener un hermoso entierro, hermosos elogios, y luego estar eternamente lejos de Dios? (Lucas 16:19-23).
  • En nuestros últimos momentos, ¿deseamos estar ocupados con nuestra esperanza consoladora de estar con Cristo (Fil. 1:23), o estar rodeados de música, ritos y sacramentos?
  • ¿Hemos comprendido la importancia de la exhortación de la Epístola a los Hebreos: «sin dejar de congregarnos como algunos acostumbran»? (Hebr. 10:25).
  • En tiempos de confinamiento, ¿hemos olvidado la exhortación a ofrecer continuamente sacrificios de alabanza? (Hebr. 13:15).
  • En nuestras reuniones religiosas, ¿apreciamos la fuerza de las exhortaciones y de los consuelos de la Palabra de Dios y del Espíritu, o preferimos los discursos tranquilizadores? (1 Cor. 14:5c).
  • ¿Son nuestras oraciones la expresión de muchas necesidades reales, o son presentaciones llenas de bellas fórmulas? («No tenéis, porque no pedís» Sant. 4:2; Mat. 6:7).
  • ¿No es una manifestación de la inmensa paciencia de Dios, el darnos la oportunidad de hacer un largo balance en la quietud, antes de que el Señor venga –o antes de tiempos más terribles, como los de «la hora de la prueba que ha de venir sobre todo el mundo habitado»? (Apoc. 3:10).

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28-mar-2020: Justo antes del regreso del Señor

Véase los 2 artículos:

27-mar-2020: Calamidades – Refugio – El primer amor

El comienzo de las penas para la tierra

«Todas estas cosas son el principio de dolores» (Mateo 24:8).

Una serie aparentemente interminable de desastres (terremotos, maremotos, huracanes, epidemias, actos terroristas, guerras…) continúa llenando los titulares y llamando nuestra atención. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Está Dios involucrado en estos trastornos que vemos a nuestro alrededor? Todas estas cosas fueron predichas hace cerca de 2.000 años por un Hombre, vestido con un humilde traje galileo. Mientras sus discípulos contemplaban los edificios del templo, este gran Profeta (Deut. 18:15), sentado en el monte de los Olivos, hizo desfilar apaciblemente ante ellos una visión de los acontecimientos futuros (Mat. 24:3-44).

Siempre ha habido guerras y terremotos, pero en sus palabras el Señor predijo que se intensificarían considerablemente en el tiempo del fin. Describía estos eventos como «el principio de dolores» –el término dolores aquí significa literalmente: la «angustia» del parto (Juan 16:21). Esta es la imagen de una mujer en trabajo de parto para dar a luz, y cuyos dolores se hacen cada vez más frecuentes e intensos hasta el parto. La «gran tribulación» seguirá a estos eventos y los juicios aumentarán en intensidad (Mat. 24:21). No se puede negar que estas calamidades vienen directamente de Dios. Sin embargo, los hombres no se arrepentirán; al contrario, continuarán blasfemando (Apoc. 16:9).

Hoy en día, a menudo se dan explicaciones naturales para estos desastres: los terremotos son causados por el desplazamiento de las placas tectónicas, o la frecuencia de los ciclones está relacionada con el calentamiento global. Sería un error negar las explicaciones físicas de estos fenómenos, pero ¿qué hay realmente detrás del aumento de estos cataclismos? Al final, no habrá necesidad de explicaciones científicas, porque Dios mismo sacudirá violentamente la tierra «en aquel día», y los hombres reconocerán esto como siendo «la ira del Cordero» (Is. 24:18-21; Apoc. 6:16). Dios lleva a cabo sus planes, tanto en los eventos actuales del mundo, como cuando traerá los «dolores» del parto que llevan a la gran tribulación. Alguien dijo, “Dios está detrás de la escena, y él es el que la anima.

Según B. Reynolds

A salvo del terror

«¡Entra en la peña y escóndete en el polvo, a causa del pavor de Jehová y de la gloria de su majestad! Los ojos altivos del hombre serán abatidos, y la soberbia de los hombres será humillada, y Jehová solo será ensalzado en aquel día» (Isaías 2:10-11).

Estas palabras fueron dirigidas a la nación de Israel, que se había alejado de Jehová y era tan culpable como las otras naciones. Por lo tanto, este consejo dado a Israel también se aplica a las naciones, porque el mundo entero se ha hecho culpable ante Dios. ¡Qué solemne y aterrador es «el pavor de Jehová»! Hoy en día la gente está horrorizada por las acciones de los terroristas, que bajo ninguna circunstancia tienen derecho a aterrorizar a otros. Solo Dios tiene ese derecho. Aquellos que con razón serán sometidos a Su terror pueden aterrorizarse ante la perspectiva de caer bajo el terrible fuego de su juicio.

«Entra en la peña». Es un buen consejo. Esta roca es Cristo, el Hijo de Dios (véase 1 Cor. 10:4): por su gran sacrificio en la cruz del Calvario, cuando murió por nuestros pecados, proporcionó una seguridad perfecta para la humanidad. Pero debemos «entrar en la Peña»; y entrar en ella es recibirlo como Señor y Salvador. En esta Roca, al abrigo de todo temor de juicio, encontramos a Aquel que es digno de nuestra fe y plena confianza, Aquel que es la protección perfecta.

Por otro lado, esconderse «en el polvo» significa arrepentirse humildemente ante Dios y reconocer toda nuestra culpabilidad. Esto contrasta con el orgullo que caracteriza a todos los hombres, y que debe ser absolutamente humillado para escapar del terror del juicio de Dios. En efecto, el orgullo del hombre le lleva a pensar que es más grande que el mismo Señor Jesús; pero esta actitud lo destina a un fin terrible, pues el Señor no permitirá que se le insulte con tal arrogancia. Si no queremos humillarnos, no solo nos humillará, sino que nos humillará exponiendo nuestra miserable locura.

«Y Jehová solo será ensalzado en aquel día». El creyente espera ese día con gran alegría.

¿Eres un creyente, o eres uno de los que sufrirán «el pavor de Jehová»?

Según L. M. Grant

¿Cómo volver a encontrar el primer amor?

«Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. ¡Recuerda de dónde has caído! Arrepiéntete y haz las primeras obras» (Apocalipsis 2:4-5).

Para conocer el carácter de nuestro fracaso, o el alcance de nuestra distancia o abandono de la verdad, debemos siempre volver al principio. Por ejemplo, el estado de la Iglesia hoy en día solo puede ser verdaderamente discernido si se compara, o más bien contrasta, con lo que era cuando la Iglesia fue fundada al principio, en Pentecostés. De la misma manera, Éfeso debía recordar de dónde había caído (v. 1, 5); solo así podía medir el alcance de su fracaso. Al mismo tiempo, debería haber arrepentimiento. En efecto, una vez que hayamos descubierto, por gracia, la profundidad de nuestra caída, el juicio de nosotros mismos seguirá necesariamente; viendo nuestro estado como el Señor mismo lo ve, lo confesaremos con corazones arrepentidos.

Además, «las primeras obras» pueden ser hechas. Cuando hayamos tomado nuestro verdadero lugar ante Dios en una verdadera humillación, el Señor puede volver a obrar poderosamente entre su pueblo para devolver a los creyentes a su «primer amor». Por lo tanto, una iglesia no puede hacer estas «primeras obras» con la energía del Espíritu y tener un verdadero testimonio para Cristo, a menos que haya recuperado el afecto por Él. Puede haber fe, una fe que puede incluso mover montañas; sin embargo, si no hay también amor, será inútil. La caridad ejercida regularmente, pero sin amor no será de ningún beneficio (1 Cor. 13).

Sin el primer amor, la Iglesia nunca logrará reproducir, en cierta medida ante el mundo, el corazón de Cristo, así como la gracia de Dios.

Según E. Dennett

23-mar-2020: Ideas breves

  • En la primera oración cristiana reportada después del descenso del Espíritu Santo, la principal petición de los fieles al Señor fue «Concede a tus siervos que con todo denuedo anuncien tu palabra» (Hechos 4:29). Una respuesta positiva a esta oración fue dada inmediatamente (Hechos 4:31). Es un modelo para hoy. Anunciar la Palabra de Dios para cambiar los corazones está en completo contraste con las acciones que el mundo preconiza, incluyendo el mundo religioso.
  • «Los apóstoles con gran poder daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús» (Hechos 4:33). Este sigue siendo el modelo para hoy, ya que la resurrección es la señal de que el mundo está en un estado de muerte y necesita un nuevo tipo de vida. La gracia lo ofrece, y este fue también el tema de la primera predicación de Jesús en Nazaret según Lucas 4. Fue rechazado, pero el Señor Jesús continuó en otro lugar (Lucas 4:29-30, 43).
  • ¿Es exagerado hablar de apostasía en la Iglesia, es la palabra demasiado fuerte? No, porque de eso se trata cuando la preocupación ya no es anunciar al Señor Jesús, sino “construir el futuro del planeta”, lanzar “un pacto educativo para hacer madurar una nueva solidaridad universal y una sociedad más acogedora” (y así sucesivamente).
  • Epidemia de coronavirus. La escala es tal que es imposible conocer los detalles de lo que está sucediendo. Recordamos que Dios puede derribar en poco tiempo a las mayores, fuertes y orgullosas potencias del mundo (Prov. 16:5, 18) –especialmente una potencia que había decidido cambiar la Biblia para adaptarla a su ideología–, pero Dios no se conforma con solo derribar. Es capaz de hacer avanzar sus asuntos sin ser notado (Dios incitó a todo el Imperio Romano a organizar un censo, con el único propósito de que María diera a luz en Belén, véase Lucas 2). Esperemos que las autoridades estén menos ocupadas persiguiendo a los cristianos y tengan más que hacer para gestionar la situación del país: ¡Dios sabe crear ocupaciones que da a los hijos de los hombres para que se ocupen en él! (Ecl. 3:10).
  • La vida política de hoy está marcada por una animosidad implacable y encarnizada: no es otra cosa que lo que Judas y Pedro anuncian en sus epístolas: «Estos soñadores… desprecian a las potestades y blasfeman las glorias celestiales» (2 Pedro 2:10-14; Judas 8-10).
  • Muchas veces oímos hablar de jóvenes que se han suicidado por acoso o por su reputación destrozada en las redes sociales. Qué deseable sería que los jóvenes reflexionaran sobre el ejemplo de Jesús según Hebreos 12:1-3: «Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, fijos los ojos en Jesús… Considerad, pues, al que soportó tal contradicción de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni desmayéis en vuestras almas».

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20-mar-2020: El coronavirus y el pecado en nuestras vidas

Desde la decisión de confinamiento de las autoridades en diferentes países, todos nos preguntamos sobre la situación de nuestro país con la propagación de este coronavirus y la enfermedad asociada a él (COVID19). Todos hemos leído mucha información en los sitios oficiales o más bien en las redes sociales. Discutimos los consejos que se nos dan para protegernos y no participar en la propagación del virus en el seno de la población.

Las personas que somos, siempre críticas e independientes, se apresuran a moderar la gravedad de esta epidemia que comenzó lejos de casa, en una provincia de China. Pero en pocos días, las cosas han cambiado e incluso nos sorprendemos saliendo a comprar más paquetes de pasta de lo habitual y estando mucho más atentos a la frecuencia de lavado de manos, estornudando en el codo…, los ahora famosos “gestos de barrera”. Como si de repente diéramos más credibilidad a la información sobre los peligros de este virus ahora que está en nuestro país.

Como cristianos, también nos dijimos que debíamos “someternos a las autoridades” que decretaron este confinamiento domiciliario.

La Biblia nos habla de otro tipo de “virus”, el pecado, con ejemplos: la lepra, por supuesto, la contaminación de la ropa en Hageo 2:12-13, etc...

Consideremos la lepra. Sigue siendo una enfermedad contagiosa por contacto. Puede ser tratada médicamente, pero no era así en el pasado (en la época de los Evangelios). Las imágenes bíblicas sobre la purificación del leproso (Levítico 13 y 14) nos muestran cómo Dios considera el pecado del hombre, pero también cómo da los medios para ser purificado de él. ¡Depende de nosotros reflexionar sobre esto para nuestra vida práctica de hoy!

Sobre este tema, podemos hacer varias analogías entre la situación que estamos viviendo hoy en día con el coronavirus y el pecado en nuestras vidas. Surgen varias preguntas: ¿Tenemos la misma conciencia de la peligrosidad del pecado? ¿Tomamos las mismas precauciones (gestos de barrera) con respecto a la mancilla moral? ¿Tenemos las mismas restricciones en nuestras vidas para no contaminar a las personas que son a priori más vulnerables?

Dejemos claro desde el principio que, como cualquier imagen, esta transposición tiene sus límites. De hecho, la Biblia nos enseña que el pecado no solo viene del mundo que nos rodea (un área en la que Satanás es el líder) sino también de nuestros propios corazones («de los hombres» según Marcos 7:20-21).

Precauciones o informaciones relacionadas con el COVID19 Cuestionamiento espiritual
Lavarse las manos una vez por hora y después de ciertas situaciones de riesgo de contaminación (es decir, mucho más de lo habitual). Lavado de pies (Juan 13): «Si no te lavo, no tienes parte conmigo» dijo el Señor Jesús a Pedro.

⇒ ¿Leo la Biblia con mucha regularidad para tener “lavados” mis pensamientos? ¿Varias veces al día? ¿Más y más a medida que crezco en la fe y veo el mal «en los últimos días» (2 Timoteo 3)?
Precauciones elementales para no contaminar a los demás (pañuelo de un solo uso, toser en el codo…). «Pero el que haga tropezar a uno solo de estos pequeños… mejor le sería que se le colgase al cuello una piedra de molino...» (Mateo 18:6).

⇒ ¿Soy consciente de mi responsabilidad hacia los más
jóvenes/nuevos conversos, y de la seriedad que puede tener un mal testimonio que podría llevar a desanimarlos o hacerles pecar?
El comportamiento particular hacia las personas vulnerables (los ancianos, los inmunodeficientes, etc.). Incluso si esta analogía no es completa…
Romanos 14 y 1 Corintios 8 (los débiles en la fe): «Si una comida da ocasión de pecar a mi hermano, nunca comeré carne, para no hacer pecar a mi hermano» (v. 13).

⇒ ¿Tomo las mismas decisiones para restringir mi propia libertad cristiana para no "contaminar" a mis hermanos y hermanas que no la tienen?
El apóstol Pablo se abstenía de su libertad cristiana, por amor, para no hacer pecar a su hermano…
La vigilancia sobre la limpieza del correo, la ropa, las mesas, las manijas de las puertas, los teléfonos, los teclados de computadora… muchas áreas de contaminación potencial. «Mi conciencia de nada me acusa, pero no por esto soy justificado; el que me juzga es el Señor» (1 Corintios 4:4).

⇒ ¿Pienso en los detalles de mi vida personal o familiar de hoy para identificar las fuentes de mancilla o de contaminación moral? ¿Me examino a mí mismo a la luz del Señor y de su Palabra?
Los libros que leo, las películas que veo, los portales web que visito, las frecuentaciones que tengo…
No tomar ningún tratamiento inapropiado.
Algunas personas toman antiinflamatorios (Ibuprofeno, por ejemplo) en los primeros síntomas (fiebre…), mientras que estos medicamentos tienen efectos adversos importantes en una buena proporción de los casos. Las autoridades sanitarias han advertido sobre esto.
«…Sabiendo de quién lo aprendiste…» (2 Timoteo 3:14).
«…Se amontonarán para sí maestros, conforme a sus propias concupiscencias» (2 Timoteo 4:3-4).

⇒ ¿Cerca de quién puedo encontrar ayuda para combatir los primeros síntomas de pecado en mi vida?
Por ejemplo:
  • escuchar los buenos consejos de creyentes más experimentados…
  • para algunos jóvenes, más bien atraídos por otras fuentes, ¿veré meditaciones en video en sitios cristianos cuyos predicadores no conozco realmente? (Aunque algunos dicen que les ha hecho bien…).
Salir de su casa (a pesar del confinamiento) pero menos a menudo, para hacer sus compras de comida, de sus medicinas… es decir, las necesidades estrictamente necesarias. «No améis al mundo, ni las cosas que hay en el mundo» (1 Juan 2:15).
«El mundo entero yace en el maligno» (1 Juan 5:19).
«El tiempo es corto» para «los que disfrutan de este mundo» (1 Corintios 7:29-31).

⇒ El cristiano tiene que vivir en el mundo (Juan 17:15-16) pero ¿estoy totalmente de acuerdo con Dios cuando me dice que no soy del mundo y que el mundo es malvado? ¿Reduzco mis interacciones con el mundo a lo estrictamente necesario? o ¿mantengo relaciones y actividades que no son "estrictamente necesarias" con los riesgos asociados de contaminación moral?
… con la mayoría de los otros comercios cerrados (tiendas de moda, audiovisuales…) «Teniendo alimento y ropa, nos contentaremos con estas cosas» (1 Timoteo 6:8).
«Renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos sobria, justa y piadosamente en el presente siglo» (Tito 2:12).

⇒ ¿Sé también contentarme con lo que el Señor me da, o mi objetivo es acumular más allá de lo necesario o beneficiarme enormemente de todo lo que el mundo ofrece?
Para atender a los pacientes del COVID19, los cuidadores deben protegerse con varios equipos particularmente eficaces. En particular con una máscara de protección respiratoria (llamada FFP2) en la que es difícil respirar durante mucho tiempo (aj. “hace sudar muy rápidamente”). Dios ha dado al cristiano varias misiones en el mundo:
Todos queremos asumir estas misiones.
⇒ Pero ¿tomo medidas para evitar ser contaminado, para protegerme (espíritu de oración constante)?
⇒ ¿Siento esta “dificultad para respirar”, es decir, ser sensible, no estar a gusto ante el mal que encuentro en mis relaciones, en la sociedad (mentiras, orgullo, drogas, concubinato, fornicación…), «aborreciendo lo malo» (Romanos 12:9)?

18-mar-2020: El coronavirus y el temor

La enfermedad respiratoria desencadenada por un nuevo tipo de virus corona, el Covid-19, se extiende rápidamente –y con ella el temor.

Pero no es el único temor que nos preocupa. Este artículo le dice cómo encontrar la paz y el descanso de espíritu.

¡Leed la Biblia –la Palabra de Dios!

El temor al coronavirus

Cuando las primeras personas fueron infectadas en un mercado de Wuhan, en China, a principios de diciembre de 2019, nadie tenía idea de lo que le esperaba al mundo. Desde entonces, el coronavirus se ha extendido a una velocidad vertiginosa. Es imposible detenerlo.

El virus es un grave peligro para la salud, especialmente para las personas con sistemas inmunológicos debilitados. La tasa de mortalidad es diez veces mayor que la de la gripe.

Muchos esperaban que el virus no llegara a su país; pero ahora, ha llegado. Y cuanto más se acerca a nosotros, más se extiende el temor entre la población

Todo el mundo tiene la esperanza de no estar infectado. Pero, ¿qué hacer si lo son? Por supuesto, esperamos que no nos aqueje muy fuerte, y que no estemos entre el 2 o 3% que muere.

Esta vez, nos invade el temor a algo que parecía haber desaparecido. El progreso social y médico nos han enseñado que las epidemias eran cosa del pasado. Nos sentíamos seguros. Y ahora empezamos a darnos cuenta de que hay fenómenos que no podemos controlar: el cambio climático, los ataques terroristas y un virus que deja sin aliento.

Pero, por favor, ¡no se asuste! De momento, mantengamos la calma y actuemos con cuidado. Porque sabemos que el temor es un mal consejero.

Además de todos los esfuerzos realizados para tomar buenas medidas preventivas para el bienestar de las personas, reflexionemos sobre el temor llegando al fondo de las cosas.

Nuestro temor

El temor se desencadena con las amenazas. Es completamente natural. A algunas personas les sudan las manos solo al pensar en su próxima visita al dentista. ¡Cuánto más grande es entonces el temor a las amenazas a nuestras vidas! Cuando nuestra felicidad, nuestra salud o nuestra existencia están en juego –y que hay ataques que no podemos resistir– preguntémonos dónde está la verdadera causa del temor.

Todo comenzó en el jardín del Edén cuando la primera pareja humana transgredió un mandamiento de Dios, a pesar de Su advertencia previa: «De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gén. 2:16-17).

Por consiguiente, la gente se esconde de Dios –vive con temor. ¿Cómo escapar? Para nada sirve declarar que Dios está muerto o de simplemente ignorarlo. El hecho es que la muerte está en este mundo y es la mayor amenaza que nos acecha, a nosotros los humanos. Nadie puede evitarla.

«Por tanto, como por un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por el pecado la muerte, así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Rom. 5:12).

La muerte no es un problema biológico que pueda evitarse en cualquier momento mediante una solución médica. La muerte es la paga del pecado. Porque hemos pecado contra Dios, debemos morir. Pero la muerte no es el final de todo. Hay una vida después de la muerte.

«Está reservado a los hombres morir una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebr. 9:27). Cada uno deberá dar cuenta a Dios algún día.

Dios quita el temor

¿Quiere Dios que vivamos con temor? –Para nada, ¡jamás! Es un Dios que ama y perdona. Quiere dar la vida eterna. Por esta razón, dejó que muriera su hijo, Jesucristo, quien sufrió todo el castigo que nuestros pecados merecen:

«Porque Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que cree en él, no perezca, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).

¡Ir a la perdición no es una obligación! Pero depende de nosotros decidir si aceptamos o no la oferta de amor de Dios. Dios ha dado todo para reconciliarnos con Él. Lo único que Dios espera de nosotros es que reconozcamos nuestra culpabilidad, que la confesemos sinceramente ante Él y que creamos en Jesucristo como nuestro Salvador. Entonces seremos aceptados por Dios y estaremos a salvo para siempre. Cada hijo de Dios tiene un futuro glorioso ante él:

«Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y ya no existirá la muerte, ni duelo, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron (Apoc. 21:4).

¿Y qué pasa con el temor al coronavirus? Por supuesto, la fe en Jesucristo no inmuniza contra los virus. Pero cualquiera que haya experimentado la gracia de Dios sabe que es amado por Él y encuentra paz para su alma en todas las situaciones de la vida.

«¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?» (Rom. 8:35).

«Porque estoy persuadido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni poderes, ni cosas presentes, ni cosas por venir, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús nuestro Señor» (Rom. 8:38-39).

2-mar-2020: ¿Anticristianismo = descristianización?

Los capítulos 2 y 3 del Apocalipsis dan un cuadro completo de una serie de siete iglesias (= asambleas) que es una exposición completa de varios estados morales y espirituales de las iglesias, ya sea en la región de Asia Menor (Turquía) en aquel momento o a través de las edades. Solo una de ellas, Esmirna, es objeto de persecución, aunque también hay oponentes contra la otra iglesia (= asamblea) fiel Filadelfia. Sin embargo, la carta a Esmirna no menciona que estas persecuciones u otras circunstancias adversas sean susceptibles de extinguir esta iglesia (= asamblea) o dañar el desarrollo del cristianismo, es decir, el testimonio cristiano (imagen de la lámpara). Los fieles solo reciben el estímulo de que no verán la segunda muerte (= condena eterna), sino que tendrán la corona de la vida, lo que implica la salvación eterna de los redimidos. La indicación de la duración exacta de la persecución o de la adversidad muestra que Dios tiene el control sobre el destino de las iglesias (= asambleas) y sobre el grado de acción de los adversarios o de las circunstancias contrarias.

Hoy en día se leen a menudo informes sobre iglesias (edificios y reuniones) cerradas a causa del coronavirus, o por el fuego, o por el terrorismo, o por las decisiones arbitrarias de las autoridades, etc. ¿Es de temer que esto demuestre un fracaso del cristianismo y contribuya a la descristianización? Este ejemplo de Esmirna muestra que, contrariamente a las apariencias, Dios sabe medir las dificultades y controlar las circunstancias desfavorables. En particular, sabe distinguir lo que es un cristianismo vivo de una profesión religiosa muerta. También sabe sostener lo que es Suyo (Proverbios 24:16).

Otro ejemplo de esto es dado por el Señor mismo en respuesta a los discípulos que le mostraban los hermosos edificios del templo de Jerusalén, y a quienes el Señor anunció que serían completamente destruidos (Mateo 24:1-2). ¿Era este el fracaso de los anteriores propósitos de Dios expuestos en el Antiguo Testamento? Lejos de ello, ya que Dios pronto traería algo nuevo, más excelente y vivo, la Iglesia (= Asamblea) cristiana con miles de conversos (Hechos 2-5).

¿Conclusión? Dios sabe purificar, santificar, lavar (Efesios 5:26). Así que no tengamos miedo, sino que seamos más cuidadosos en cómo complacer al Señor, y cualesquiera que sean las circunstancias, entreguémoslas a Él, «depositando sobre él toda vuestra ansiedad» (1 Pedro 5:7).

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