Virtual

5 de Septiembre de 2020

«Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana» (Sal. 39:6).

«Cómo os volvisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero» (1 Tes. 1:9).

Muy poco utilizada en el pasado, la palabra “virtual” (ausencia de existencia) ha adquirido mucho significado con la revolución digital.

Nuestras pantallas pueden mostrarnos imágenes que no corresponden a ninguna realidad, imágenes virtuales. A través de internet puedes tener contactos virtuales con interlocutores ficticios. A través de las redes sociales también puedes hacer amistades virtuales con personas que de otra manera no conocerías a través de tu pantalla. Así, nuestra vida puede estar cada vez más desconectada de la realidad. ¿No es este ambiente de sueño o pesadilla, lejos de las realidades fundamentales de la vida, una trampa y un peligro muy grandes? Para cada uno de nosotros y para la juventud en particular.

Desde el punto de vista médico, se han observado efectos nocivos como mareos, trastornos de la visión, trastornos del estado de ánimo, trastornos mentales; e incluso reacciones intensas y perturbadoras como la depresión y la violencia. Con la pérdida de puntos de referencia en el mundo real con la posible confusión entre la realidad y lo virtual.

¿Cuáles son estas realidades que el hombre no debería olvidar? La Biblia nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con Dios, el Creador de todo lo que existe, sobre el origen del mal (el pecado) que ha corrompido a toda la humanidad, sobre el sentido de nuestra vida, su fragilidad, su resultado, sobre la muerte, la vida después de la muerte… No hay nada virtual en ello, estos temas están estrechamente ligados a la realidad de nuestra existencia, ya en la tierra.

La respuesta a estas preguntas, Dios que es Espíritu, invisible, vino a dárnosla en Jesucristo, su Hijo, nacido en este mundo, hombre entre los hombres. Jesucristo no es una persona virtual, sino una persona viva, que desea liberarnos del pecado y entrar en la vida de cada uno de nosotros. Nos ofrece el perdón de nuestros pecados; no es el reino de la ilusión, sino una realidad que puede transformar nuestras vidas de manera efectiva y definitiva. Dios propone, no el sueño, sino la realidad de una vida que quiere llenar con su presencia y su amor.

«Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Tim. 1:15).


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