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Capítulo 1

1 EN el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 La tierra empero estaba sin forma y vacía; y yacían tinieblas sobre la haz del abismo; y el Espíritu de Dios cobijaba la haz de las aguas. 3 Y dijo Dios: Haya luz, y hubo luz. 4 Y vió Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y hubo tarde y hubo mañana el día primero. 6 Y dijo Dios: Haya una expansión en medio de las aguas, que separe las aguas de las aguas. 7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que están debajo de la expansión de las aguas que están sobre la expansión, y fué así. 8 Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y hubo tarde y hubo mañana el día segundo. 9 Y dijo Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un mismo lugar, y aparezca lo seco; y fué así. 10 Y llamó Dios a lo seco Tierra, y al conjunto de las aguas llamó Mares; y vió Dios que era bueno. 11 Y dijo Dios: Produzca la tierra hierba, planta que dé simiente, árbol de fruto que produzca fruto según su género, cuya simiente esté en él, sobre la tierra; y fué así; 12 porque brotó la tierra hierba, planta que da simiente según su género, y árbol que produce fruto, cuya simiente está en él, según su género; y vió Dios que era bueno. 13 Y hubo tarde y hubo mañana el día tercero. 14 Y dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos, para separar el día de la noche; y sean para señales, y para estaciones, y para días y años; 15 Y sean para lumbreras en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra: y fué así; 16 porque hizo Dios dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día, y la lumbrera menor para regir la noche; hizo también las estrellas; 17 y las estableció Dios en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra, 18 y para regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas; y vió Dios que era bueno. 19 Y hubo tarde y hubo mañana el día cuarto. 20 Y dijo Dios: Produzcan las aguas en grande abundancia enjambres de almas vivientes; y vuelen las aves sobre la tierra en la abierta expansión de los cielos. 21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y toda alma viviente que se mueve; los cuales las aguas produjeron abundantemente, según su género; y toda ave alada según su género; y vió Dios que era bueno. 22 Y los bendijo Dios, diciendo: Sed fecundos y multiplicaos y henchid las aguas en los mares; y multiplíquense las aves sobre la tierra. 23 Y hubo tarde y hubo mañana el día quinto. 24 Y dijo Dios: Produzca la tierra almas vivientes según su género, bestias y reptiles y fieras de la tierra según su género; y fué así; 25 porque hizo Dios la fiera de la tierra según su género, y la bestia según su género, y todo reptil del suelo según su género; y vió Dios que era bueno. 26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tengan ellos dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo, y sobre las bestias, y sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. 27 De manera que creó Dios al hombre a su imagen, a la imagen de Dios le creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios; y les dijo Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sojuzgadla; y tened dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo, y sobre todos los animales que se mueven sobre la tierra. 29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da simiente, que está sobre la haz de toda la tierra, y todo árbol que tiene en sí fruto de árbol que da simiente: esto os servirá de alimento. 30 Y a todo animal de la tierra, y a toda ave de los cielos, y a todo reptil que se arrastra sobre la tierra, que tiene en sí alma viviente, les he dado toda planta verde para alimento; y fué así. 31 Y vió Dios todo lo que había hecho; y he aquí que era muy bueno. Y hubo tarde y hubo mañana el día sexto.

Capítulo 2

1 ASÍ fueron acabados los cielos y la tierra, con todo el ejército de ellos. 2 Y el día séptimo había acabado Dios su obra que hizo; y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. 3 Y bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él descansó Dios de toda la obra que había creado y hecho. 4 Estas son las generaciones de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, en el día que Jehová Dios hizo tierra y cielos. 5 Y ningún arbusto del campo se hallaba aún en la tierra, y ninguna planta del campo había nacido todavía, (porque Jehová Dios no había hecho llover sobre la tierra), y no había hombre que labrase el suelo; 6 mas una neblina subía de la tierra, que regaba toda la faz del suelo. 7 Y Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en sus narices aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente. 8 Y Jehová Dios había plantado un jardín en Edén, a la parte del oriente, y uso allí al hombre que formó. 9 Y Jehová Dios había hecho nacer del suelo toda suerte de árboles gratos a la vista y buenos para comer, y el árbol de vida que estaba en medio del jardín, y el árbol del conocimiento de bien y del mal. 10 Y un río salía de Edén que regaba el jardín; y de allí se dividía, y se repartía en cuatro brazos. 11 Era el nombre del primero Pisón el cual da vuelta a toda la tierra de Havila, donde hay oro; 12 y el oro de aquella tierra es bueno; allí hay también bedelio y piedra de ónice. 13 Y el nombre del río segundo es Gihón, que da vuelta a toda la tierra de Cus. 14 Y el nombre del río tercero es Tigris, el cual corre enfrente de Asiria. Y el río cuarto es el Eufrates. 15 Tomó pues Jehová Dios al hombre, y le puso en el jardín de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16 Y Jehová Dios mandó al hombre, diciendo: De todo árbol del jardín podrás libremente comer; 17 mas del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás; porque en el día que comieres de él, de seguro morirás. 18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea para él. 19 Porque Jehová Dios había formado de la tierra todo animal de campo, y toda ave de los cielos, y los había traído al hombre para ver cómo los llamaría; y todo lo que el hombre llamaba sucesivamente a cada alma viviente, tal fué su nombre. 20 Y así el hombre había puesto nombres a todas las bestias, y a las aves del cielo, y a todos los anímales del campo; mas para el hombre no fué hallada ayuda que le fuera idónea. 21 Por tanto Jehová Dios hizo caer profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió: y tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22 Y de la costilla que Jehová Dios había tomado del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23 Entonces dijo el hombre: Esta vez, hueso es de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Hembra, porque del hombre fué ella tomada. 24 Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, y quedará unido a su mujer, y serán una misma carne. 25 Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.

Capítulo 3

1 EMPERO la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que Jehová Dios había hecho; y dijo a la mujer: ¿Conque ha dicho Dios: No comeréis de ningún árbol del jardín? 2 Y respondió la mujer a la serpiente: Del fruto de los árboles del jardín bien podemos comer: 3 mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comeréis de él, ni lo tocaréis, no sea que muráis. 4 Entonces dijo la serpiente a la mujer: De seguro que no moriréis; 5 antes bien, sabe Dios que en el día que comiereis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal. 6 Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era una delicia para los ojos, y árbol deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto, y comió; y dió también a su marido, cuando con ella estaba, y él comió. 7 Y fueron abiertos los ojos de entrambos, y conocieron que estaban desnudos: y cosieron hojas de higuera, e hicieron para sí ceñidores que los cubriesen. 8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el jardín al fresco del día; y escondiéronse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios, entre los árboles del jardín. 9 Entonces Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás? 10 Y él respondió: Oí tu voz en el jardín, y tuve miedo, porque estaba desnudo, y me escondí. 11 Y él dijo: ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieses? 12 Y dijo el hombre: La mujer que pusiste aquí conmigo me dió del árbol, y comí. 13 Y dijo Jehová Dios a la mujer: ¿Qué es esto que has hecho? Y respondió la mujer: La serpiente me engañó, y comí. 14 Entonces dijo Jehová Dios a la serpiente: Por cuanto has hecho esto, maldita seas más que toda bestia, y más que todo animal del campo; sobre tu vientre andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. 15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; ésta te quebrará la cabeza, y tú le quebrarás el calcañar. 16 A la mujer dijo: Haré que sean muchos los trabajos de tus preñeces; con dolor parirás los hijos; y a tu marido estará sujeta tu voluntad, y él será tu señor. 17 Y a Adam dijo: Por cuanto escuchaste la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé, diciendo, No comerás de él; maldita sea la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida, 18 y te producirá espinos y abrojos, y comerás de las plantas del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra de donde fuiste tomado; porque polvo eres, y al polvo tornarás. 20 Y llamó el hombre a su mujer «Eva, porque ella había de ser madre de todos los vivientes. 21 E hizo Jehová Dios para Adam y para su mujer túnicas de pieles, y los vistió. 22 Y dijo Jehová Dios: He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal; ahora pues, no sea que extienda la mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre: 23 Por tanto le echó Jehová Dios del jardín de Edén, para que labrase la tierra de donde fué tomado. 24 De modo que arrojó al hombre, y colocó al frente del jardín de Edén los querubines y una espada de fuego que daba vueltas por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Capítulo 4

1 Y EL hombre conoció a Eva su mujer; la cual concibió y dió a luz a Caín, y dijo: He adquirido hombre con ayuda de Jehová. 2 Y la segunda vez, dió a luz a su hermano Abel. Y fué Abel pastor de ovejas; mas Caín fué labrador del suelo. 3 Y aconteció que andando el tiempo, trajo Caín de los frutos de la tierra una ofrenda a Jehová. 4 Y Abel también la trajo de los primogénitos de sus ovejas y de los sebos de ellas. Y Jehová miró a Abel y su ofrenda; 5 mas a Caín y su ofrenda no miró; y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante. 6 Y dijo Jehová a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? 7 Si bien hicieres, ¿no serás acepto? mas si no hicieres bien, el pecado yace a la puerta. Y a ti estará sujeta su voluntad, y tú serás su señor. 8 Y se lo dijo Caín a su hermano Abel; y aconteció, que al estar ellos en el campo, se levantó Caín contra Abel su hermano, y le mató. 9 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo acaso guarda de mi hermano? 10 Y dijo Jehová: ¿Qué has hecho? la voz de la derramada sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. 11 Y ahora, maldito eres de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la derramada sangre de tu hermano. 12 Cuando labrares el suelo, no. volverá más a darte su fuerza; fugitivo y errante serás en la tierra. 13 Y dijo Caín a Jehová: Demasiado grande es mi iniquidad para ser perdonada. 14 ¡He aquí que me arrojas hoy de sobre la faz de la tierra, y de tu presencia me esconderé; y seré fugitivo y errante en la tierra; y va a suceder que cualquiera que me hallare me matará. 15 Y le dijo Jehová: Por lo mismo, cualquiera que matare a Caín, con los siete tantos se tomará en él la venganza. Jehová pues puso una señal a Caín, para que no le matara cualquiera que le hallase. 16 Y salió Caín de la presencia de Jehová, y establecióse en la tierra de Nod, al oriente de Edén. 17 Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y parió a Enoc. Y estaba él edificando una ciudad, y llamó la ciudad según el nombre de su hijo, Enoc. 18 Y le nació a Enoc, Irad; e Irad a engendró a Mehujael; y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec. 19 Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fué Ada, y el nombre de la segunda Zilla. 20 Y Ada parió a Jabal, el cual fué padre de los que habitan en tiendas y tienen posesiones de ganado. 21 Y el nombre de su hermano fué Jubal, el cual fué padre de todos los que manejan el arpa y la flauta. 22 Y en cuanto a Zilla, ella también parió a Tubal-caín, fabricante de todo instrumento cortante de cobre y de hierro. Y la hermana de Tubal-caín fué Naama. 23 Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zilla, oíd mi voz; mujeres de Lamec, prestad oído a mi dicho; que un hombre he matado por haberme herido, y un mancebo, por haberme pegado. 24 Pues si siete veces ha de ser vengado Caín, Lamec lo será setenta veces siete! 25 Y Adam conoció a su mujer otra vez; y ella parió un hijo, y le puso el nombre de Set; porque Dios (así decía ella) me ha substituído otra simiente en lugar de Abel, a quien mató Caín. 26 Y a Set también le nació un hijo, a quien llamó Enós. Entonces comenzó la usanza de llamarse del nombre de Jehová.

Capítulo 5

1 ESTE es el libro de las generaciones de Adam. El día en que creó Dios a Adam, a la semejanza de Dios le hizo; 2 varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó su nombre Adam, el día en que fueron creados. 3 Y vivió Adam ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Set. 4 Y fueron los días de Adam, después de haber engendrado a Set, ochocientos años; y engendró hijos e hijas. 5 Y fueron todos los días que vivió Adam novecientos treinta años, y murió. 6 Y vivió Set ciento y cinco años, y engendró a Enós. 7 Y vivió Set, después de haber engendrado a Enós, ochocientos y siete años; y engendró hijos e hijas. 8 Y fueron todos los días de Set novecientos doce años, y murió. 9 Y vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán. 10 Y vivió Enós, después de haber engendrado a Cainán, ochocientos quince años; y engendró hijos e hijas. 11 Y fueron todos los días de Enós novecientos y cinco años, y murió. 12 Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalalel. 13 Y vivió Camán, después de haber engendrado a Mahalalel, ochocientos cuarenta años; y engendró hijos e hijas. 14 Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años, y murió. 15 Y vivió Mahalalel sesenta y cinco años, y engendró a Jared. 16 Y vivió Mahalalel, después de haber engendrado a Jared, ochocientos treinta años; y engendró hijos e hijas. 17 Y fueron todos los días de Mahalalel ochocientos noventa y cinco años, y murió. 18 Y vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc. 19 Y vivió Jared, después de haber engendrado a Enoc, ochocientos años; y engendró hijos e hijas. 20 Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años, y murió. 21 Y vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalem. 22 Y anduvo Enoc con Dios, después de haber engendrado a Matusalem, trescientos años; y engendró hijos e hijas. 23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. 24 Y anduvo Enoc con Dios, y no fué hallado, porque le tomó Dios consigo. 25 Y vivió Matusalem ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec. 26 Y vivió Matusalem, después de haber engendrado a Lamec, setecientos ochenta y dos años; y engendró hijos e hijas. 27 Y fueron todos los días de Matusalem novecientos sesenta y nueve años, y murió. 28 Y vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo, 29 y le nombró Noé, diciendo: Éste nos ha de consolar respecto de nuestra labor y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová ha maldecido. 30 Y vivió Lamec, después de haber engendrado a Noé, quinientos noventa y cinco años; y engendró hijos e hijas. 31 Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años, y murió. 32 Y era Noé de edad de quinientos años; y engendró Noé a Sem, a Cam y a Jafet.

Capítulo 6

1 Y ACONTECIÓ cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, 2 que viendo los hijos de Dios que eran hermosas las hijas de los hombres, se tomaron mujeres de entre todas aquellas que escogieron. 3 Y dijo Jehová: Mi Espíritu no contenderá para siempre con el hombre en su error; él es carne; sin embargo sus días serán ciento veinte años. 4 Los Nefilim estaban en la tierra en aquellos días; y también después de que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos, éstos vinieron a ser los poderosos que hubo en los tiempos antiguos, varones de renombre. 5 Y vió Jehová que era mucha la maldad del hombre en la tierra, y que toda imaginación de los pensamientos de su corazón era solamente mala todos los días. 6 Y pesóle a Jehová el haber hecho al hombre en la tierra, y afligióse en su corazón. 7 Y dijo Jehová: Raeré al hombre que he creado de sobre la faz de la tierra; desde el hombre hasta la bestia, hasta el reptil, y hasta el ave de los cielos, porque me pesa el haberlos hecho. 8 Mas Noé halló gracia en ojos de Jehová. 9 Estas son las generaciones de Noé: Noé era varón justo y perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios. 10 Y engendró Noé tres hijos: Sem, Cam y Jafet. 11 Y habíase corrompido la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. 12 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. 13 Y dijo Dios a Noé: El fin de toda carne ha llegado delante de mí; porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos, y he aquí que voy a destruirlos juntamente con la tierra. 14 Haz para ti un arca de madera de ciprés; harás aposentos en el arca, y la calafatearás por dentro y por fuera con brea. 15 Y de esta manera la harás: trescientos codos la longitud del arca, cincuenta codos su anchura, y treinta codos su altura. 16 Harás claraboya al arca, y la acabarás a un codo de la parte alta; y la puerta del arca pondrás en su costado; la harás con pisos bajo, segundo y tercero. 17 Pues yo, he aquí que yo voy a traer un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir de debajo del cielo toda carne que tiene en sí aliento de vida; todo lo que está en la tierra, morirá. 18 Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, y tus hijos, y tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. 19 Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada case traerás dentro del arca para conservarles la vida contigo; macho y hembra serán: 20 del ave según su género, de la bestia según su género, de todo reptil de la tierra según su genero; dos de cada clase vendrán a ti, para conservarles la vida. 21 Y toma para ti de todo alimento que se come, y te lo allegarás, para que os sirva de alimento a ti y a ellos. 22 Y lo, hizo Noé; según todo lo que Dios le mandó, así lo hizo.

Capítulo 7

1 Y DIJO Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca, porque te he visto a ti justo delante de mí en esta generación. 2 De todos los animales limpios tomarás de siete en siete, el macho con su hembra; y de todo animal que no es limpio, dos, el macho con su hembra. 3 Asimismo de las aves del cielo, de siete en siete, macho y hembra; para conservar simiente sobre la faz de toda la tierra. 4 Porque de aquí a siete días yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, y raeré todo ser viviente que he hecho de sobre la faz de la tierra. 5 E hizo Noé conforme a todo lo que le había mandado Jehová. 6 Y era Noé de edad de seiscientos años cuando el diluvio de aguas vino sobre la tierra. 7 Y entró Noé en el arca, y con él sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos, a causa de las aguas del diluvio: 8 de los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, de las aves, y de todo lo que se mueve sobre la tierra, 9 de dos en dos vinieron a Noé en al arca, macho y hembra, según lo que había mandado Dios a Noé. 10 Y aconteció que a los siete días las aguas del diluvio fueron sobre la tierra. 11 A los seiscientos años de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diez y siete días del mes, en ese mismo día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las ventanas de los cielos fueron abiertas; 12 y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. 13 En aquel mismo día entró Noé, con Sem, Cam y Jafet, hijos de Noé, y con ellos la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, en el arca. 14 Ellos, con toda fiera según su género, y toda bestia según su género, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra, según su género, y toda ave según su género, todo pájaro de toda especie. 15 Así vinieron a Noé en el arca, de dos en dos, de toda carne que tiene en sí aliento de vida. 16 Y los que entraron, macho y hembra entraron de toda carne, según lo que le mandó Dios; y Jehová le encerró. 17 Y fué el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y crecieron las aguas, y alzaron el arca, la cual fué levantada de sobre la tierra. 18 Y prevalecieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y andaba el arca sobre la haz de las aguas. 19 Y las aguas prevalecieron desmesuradamente sobre la tierra, y fueron cubiertas todas las altas montañas que había debajo de todo el cielo. 20 Quince codos sobre ellas prevalecieron las aguas, y fueron cubiertas las montañas. 21 Y murió toda carne que se movía sobre la tierra, así de ave como de bestia, y de fiera, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra; y todo hombre. 22 Todo lo que tenía en sus narices soplo de aliento de vida, de cuanto había en la tierra seca, murió. 23 Y fué raído todo ser viviente que había sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, hasta el reptil y hasta el ave de los cielos; y así fueron raídos de la tierra; y fueron dejados solamente Noé y los que con él estaban en el arca. 24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días.

Capítulo 8

1 Y ACORDÓSE Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y bajaron las aguas. 2 Y cerráronse las fuentes del abismo y las ventanas de los cielos, y fueron detenidas las lluvias del cielo. 3 Y volvieron las aguas de sobre la tierra, retirándose de continuo; y fueron disminuídas las aguas al fin de los ciento y cincuenta días. 4 Y posó el arca en el mes séptimo, a los diez y siete días del mes, sobre las montañas de Ararat. 5 Y las aguas siguieron disminuyendo hasta el mes décimo. En el décimo, el primer día del mes, fueron vistas las cumbres de las montañas. 6 Y sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana que había hecho en el arca, 7 y envió un cuervo, el cual siguió yendo y volviendo hasta que se secaron las aguas de sobre la tierra. 8 Envió también de sí una paloma, para ver si se habían retirado las aguas de sobre la faz de la tierra. 9 Mas no halló la paloma descanso para la planta de su pie; y volvió a él al arca, porque las aguas cubrían la faz de toda la. tierra; Noé pues alargó la mano, y tomándola, la metió consigo en el arca. 10 Y aguardó todavía otros siete días, y volvió a enviar la paloma del arca. 11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde, y he aquí que traía una hoja fresca de olivo en el pico. Así entendió Noé que se habían retirado las aguas de sobre la tierra. 12 Y aguardó todavía otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió más a él. 13 Y sucedió que en el año seiscientos y uno de Noé, en el mes primero, al primero del mes, se habían secado las aguas de sobre la tierra. Y quitando Noé la cubierta del arca, miró, y he aquí que estaba seca la haz de la tierra. 14 Y en el mes segundo, a los veinte y siete días del mes, estaba ya seca la tierra. 15 Y habló Dios a Noé, diciendo: 16 Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. 17 Y todos los animales de toda carne que están contigo, de aves, de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, harás salir contigo, para que se reproduzcan abundantemente en la tierra, y sean fecundos y se multipliquen sobre la tierra. 18 De manera que salió Noé, y con él sus hijos y su mujer y las mujeres de sus hijos; 19 salió también del arca todo animal, todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra, según sus familias. 20 Entonces edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio, y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos sobre el altar. 21 Y olió Jehová el olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque la imaginación del corazón del hombre es mala desde su niñez; ni volveré más a herir todo viviente, como acabo de hacerlo. 22 Mientras dure la tierra, siembra y siega, frío y calor, verano e invierno, y día y noche nunca. cesarán de ser.

Capítulo 9

1 Y BENDIJO Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra; 2 y sea el temor y el pavor de vosotros sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, y sobre todo lo que se arrastra sobre el suelo, y sobre todo pez del mar: en vuestra mano son entregados. 3 Todo lo que se mueve y vive, os servirá de alimento; así como las verdes plantas, os lo doy todo. 4 Pero de la carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. 5 Y ciertamente pediré cuenta de vuestra sangre, la sangre de vuestras vidas: de mano de todo animal pediré cuenta de ella, y de mano de hombre; de mano de cada hermano del hombre pediré cuenta de la vida del hombre. 6 El que derramare la sangre del hombre, por el hombre será derramada su sangre; porque a la imagen de Dios hizo Jehová al hombre. 7 Mas vosotros, sed fecundos y multiplicaos; reproducíos abundantemente en la tierra y multiplicaos en ella. 8 Y habló Dios a Noé, y a sus hijos juntamente con él, diciendo: 9 En cuanto a mí, he aquí que establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra descendencia después de vosotros; 10 y con toda alma viviente que está con vosotros, ave, bestia, y todo animal de la tierra junto con vosotros; desde todo lo que sale del arca, hasta todo animal de la tierra. 11 Voy pues a establecer mi pacto con vosotros, de que no exterminaré más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. 12 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que hago entre mí y vosotros, y toda alma viviente que hay con vosotros, para generaciones perpetuas: 13 Mi arco he puesto en la nube, y será por señal de pacto entre mí y la tierra. 14 Y será que cuando yo traiga una nube sobre la tierra, será visto el arco en la nube; 15 y me acordaré de mi pacto que establezco entre mí y vosotros, y toda alma viviente de toda carne; y las aguas no volverán más a ser diluvio para destruir toda carne. 16 Estará pues el arco en la nube, y yo lo miraré, para recordar el pacto perpetuo entre Dios y toda alma viviente de toda carne que hay sobre la tierra. 17 Dijo pues Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra. 18 Y los hijos de Noé, que salieron del arca, fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam es padre de Canaán. 19 Estos tres fueron hijos de Noé, y de estos fué poblada toda la tierra. 20 Y comenzó Noé a ser labrador del suelo, y plantó una viña. 21 Y bebió del vino y embriagóse, quedando descubierto en medio de su tienda. 22 Y Cam, padre de Canaán, vió la desnudez de su padre, y lo contó a sus dos hermanos que afuera estaban. 23 Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, y poniéndolo sobre el hombro de entrambos, anduvieron hacia atrás y cubrieron la desnudez de su padre; teniendo vuelto el rostro, de manera que no vieron la desnudez de su padre. 24 Y despertó Noé de su vino, y supo lo que había hecho con él su hijo menor 25 y dijo: ¡Maldito sea Canaán! siervo de siervos será a sus hermanos. 26 Dijo también: ¡Bendito sea Jehová, el Dios de Sem! y será Canaán siervo de ellos. 27 Dará Dios ensanche a Jafet, y habitará en las tiendas de Sem; y será Canaán siervo de ellos. 28 Y vivió Noé, después del diluvio, trescientos y cincuenta años. 29 Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años, y murió.

Capítulo 10

1 ESTAS pues son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet; y les nacieron hijos después del diluvio. 2 Los hijos de Jafet fueron Gomer, y Magog, y Madai, y Javán, y Tubal, y Mesec, y Tiras. 3 Y los hijos de Gomer: Askenaz, y Rifat, y Togarma. 4 Y los hijos de Javán: Elisa, y Tarsis, Kitim, y Dodanim. 5 De éstos fueron pobladas las costas de las naciones, en sus tierras, cada una según su lengua, conforme a sus familias, en sus naciones. 6 Y los hijos de Cam: Cus, y Mizraim, y Put, y Canaán. 7 Y los hijos de Cus: Seba, Havila y Sabta, Raama y Sabteca. Y los hijos de Raama: Sabá, y Dedán. 8 Cus engendró también a Nimrod; éste fué el primero que se hizo poderoso en la tierra. 9 Él era poderoso cazador delante de Jehová; por lo cual se suele decir: Como Nimrod, poderoso cazador delante de Jehová. 10 Y fué el principio de su reino Babilonia, y Erec, y Acad, y Calne, en la tierra de Sinar. 11 De esta tierra salió Asur, y edificó a Nínive, y a Rehobot-ir, y a Calé, 12 y a Resén, entre Nínive y Calé (lo cual es la gran ciudad). 13 Y Mizraim engendró a Ludim, y a Anamim, y a Lehabim, y a Naftuhim, 14 y a Patrusim, y a Casluhim (de donde salieron los Filisteos), y a Caftorim. 15 Y Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Het, 16 y al Jebuseo, y al Amorreo, y al Gergeseo, 17 y al Heveo, y al Araceo, y al Sineo, 18 y al Arvadeo, y al Zemareo, y al Hamoteo; y después fueron diseminadas las familias de los Cananeos. 19 Y eran los límites de los Cananeos desde Sidón, como quien va a Gerar, hasta Gaza; como quien va a Sodoma, y Gomorra, y Adma, y Zeboim, hasta Lasa. 20 Estos fueron los hijos de Cam, según sus familias, según sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones. 21 Y le nacieron hijos también a Sem, padre de todos los hijos de Heber, y hermano mayor de Jafet. 22 Los hijos de Sem fueron Elam, y Asur, y Arfaxad, y Lud, y Aram. 23 Y los hijos de Aram, Uz, y Hul, y Geter, y Mas. 24 Y Arfaxad engendró a Selah, y Selah engendró a Heber. 25 Y a Heber le nacieron dos hijos; el nombre del uno fué Peleg, porque en sus días fué dividida la tierra; y el nombre de su hermano, Joctán. 26 Y Joctán engendró a Almodad, y a Selef, y a Hazarmávet, y a Jerah, 27 y a Hadoram, y a Uzal, y a Dikla, 28 y a Obal, y a Abimael, y a Sabá, 29 y a Ofir, y a Havila, y a Jobab; todos estos fueron hijos de Joctán. 30 Y fué la morada de ellos desde Mesa, como quien va a Sefar, monte de la parte del oriente. 31 Estos fueron los hijos de Sem, según sus familias, según sus lenguas, en sus tierras, conforme a sus naciones. 32 Estas pues son las familias de los hijos de Noé, según sus linajes, en sus naciones; y de éstos fueron diseminadas las naciones después del diluvio.

Capítulo 11

1 Y ERA toda la tierra de una lengua de unas mismas palabras. 2 Y aconteció que, como los hombres seguían moviendo sus campamentos hacia el oriente, hallaron una llanura en tierra de Sinar, y se establecieron allí. 3 Y dijeron uno al otro: ¡Vamos! hagamos ladrillos, y cozámoslos bien. Y sirvióles el ladrillo de piedra, y el betún les sirvió de argamasa, 4 y dijeron: ¡Vamos! edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue a los cielos, y hagámonos un nombre para que no seamos dispersados sobre la faz de toda la tierra. 5 Y Jehová descendió para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. 6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y una misma lengua tienen todos ellos; y esto es lo que han comenzado a hacer; ahora pues nada les será estorbado de cuanto intentan hacer. 7 ¡Vamos, descendamos, y confundamos allí mismo su lengua, de manera que no entienda uno el habla del otro! 8 Y así Jehová los dispersó desde allí sobre la faz de toda la tierra; y cesaron de edificar la ciudad. 9 Por tanto se le dió el nombre de Babel; porque allí confundió Jehová la lengua de toda la tierra; y de allí los dispersó Jehová sobre la faz de toda la tierra. 10 Estas son las generaciones de Sem: Sem era de edad de cien años cuando engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio. 11 Y vivió Sem, después de haber engendrado a Arfaxad, quinientos años; y engendró hijos e hijas. 12 Y Arfaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Selah: 13 Y vivió Arfaxad, después de haber engendrado a Selah, cuatrocientos y tres años; y engendró hijos e hijas. 14 Y Selah vivió treinta años, y engendró a Heber. 15 Y vivió Selah, después de haber engendrado a Heber, cuatrocientos y tres años; y engendró hijos e hijas. 16 Y vivió Heber treinta y cuatro años, y engendró a Peleg. 17 Y vivió Heber, después de haber engendrado a Peleg, cuatrocientos treinta años; y engendró hijos e hijas. 18 Y vivió Peleg treinta años, y engendró a Reú. 19 Y vivió Peleg, después de haber engendrado a Reú, doscientos y nueve años; y engendró hijos e hijas. 20 Y vivió Reú treinta y dos años, y engendró a Serug. 21 Y vivió Reú, después de haber engendrado a Serug, doscientos y siete años; y engendró hijos e hijas. 22 Y vivió Serug treinta años, y engendró a Nacor. 23 Y vivió Serug, después de haber engendrado a Nacor, doscientos años; y engendró hijos e hijas. 24 Y vivió Nacor veinte y nueve años, y engendró a Taré. 25 Y vivió Nacor, después de haber engendrado a Taré, ciento diez y nueve años; y engendró hijos e hijas. 26 Y vivió Taré setenta años; y engendró a Abram, a Nacor y a Harán. 27 Estas pues son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot. 28 Y murió Harán, antes de su padre Taré, en la tierra de su nacimiento, en Ur de los Caldeos. 29 Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram era Sarai; y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, el padre de Milca y padre de Isca. 30 Mas Sarai era estéril, no tenía hijo. 31 Y Taré tomó a Abram su hijo, y a Lot, hijo de Harán, el hijo de su hijo, y a Sarai, su nuera, mujer de Abram su hijo; y salieron juntos de Ur de los Caldeos, para ir a la tierra de Canaán. Y llegaron a Carán, y habitaron allí. 32 Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y Taré murió en Carán.

Capítulo 12

1 Y HABÍA dicho Jehová a Abram: Véte de tu tierra, y del lugar de tu nacimiento, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre; y tú serás una bendición. 3 Y bendeciré a los que te bendijeren, y al que te maldijere yo le maldeciré; y serán bendecidas en ti todas las familias de la tierra. 4 Y partió Abram como le había dicho Jehová; y Lot fué con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Carán. 5 Abram pues tomó a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, con todos los bienes que ellos habían allegado y las almas que habían adquirido en Carán; y salieron para ir a la tierra de Canaán; y llegaron a la tierra de Canaán. 6 Y Abram pasó por la tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encinar de Moré. Y el Cananeo estaba entonces en la tierra. 7 Y Jehová apareció a Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová que le había aparecido. 8 Y se fué de allí a la montaña que está al oriente de Betel, donde plantó sus tiendas; teniendo a Betel al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. 9 Abram levantó el campamento, y siguió levantándolo por jornadas, caminando hacia el Mediodía. 10 Mas hubo hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto, para habitar temporalmente allí; porque era rigurosa el hambre en la tierra. 11 Y fué así que como estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, yo sé que eres mujer de hermoso parecer; 12 y acontecerá que te verán los Egipcios, y dirán: Esta es su mujer; y a mí me matarán, mas a ti te conservarán la vida. 13 Ruégote digas que eres mi hermana, a fin de que me vaya bien por tu causa; así vivirá mi alma por razón de ti. 14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los Egipcios vieron la mujer, que era muy hermosa. 15 Viéronla también los príncipes de Faraón, y se la alabaron a Faraón; y fué llevada la mujer a casa de Faraón; 16 el cual trató bien a Abram por causa de ella; y éste tuvo rebaños y vacadas, y asnos, y siervos, y siervas, y asnas, y camellos. 17 Mas Jehová hirió a Faraón con grandes plagas, a él y a su casa, por causa de Sarai mujer de Abram. 18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste: Mi hermana es? de manera que la tomé por mujer. Ahora pues, he ahí a tu mujer; tómala y anda. 20 Y Faraón dió orden a su gente acerca de él; y le despidieron, acompañándole a él y a su mujer, con todo lo que tenía.

Capítulo 13

1 ABRAM pues subió de Egipto, él y su mujer, con todo lo que tenía, y Lot con él, a la tierra del Mediodía. 2 Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro. 3 Y anduvo por sus jornadas desde el Mediodía hasta Betel, hasta el lugar donde estaba su tienda al principio, entre Betel y Hai; 4 al lugar del altar que hizo allí anteriormente; e invocó allí Abram el nombre de Jehová. 5 Y Lot también, que iba con Abram, tenía rebaños, y vacadas, y tiendas. 6 Y la tierra no podía sostenerlos, de manera que habitasen juntos, porque era mucha su hacienda, de modo que no podían habitar juntos. 7 Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot: y el Cananeo y el Perezeo habitaban entonces en aquella tierra. 8 Y dijo Abram a Lot: No haya, te ruego, contienda entre mí y ti, ni entre mis pastores y tus pastores; porque hermanos somos. 9 ¿No está toda la tierra delante de ti? Sepárate pues de mí; si tú tomares a la izquierda, yo tomaré a la derecha; y si tú tomares a la derecha, yo tomaré a la izquierda. 10 Lot entonces alzó los ojos, y vió la Vega del Jordán, que toda ella era de regadío, hasta llegar a Zoar, (antes que destruyese Jehová a Sodoma y Gomorra), como el jardín de Jehová, como la tierra de Egipto. 11 Entonces Lot eligió para sí toda la Vega del Jordán, y movió Lot su campamento hacia el oriente; de manera que se separaron el uno del otro. 12 Abram habitó en la tierra de Canaán; mas Lot habitó entre las ciudades de la Vega, y siguió moviendo sus tiendas hasta llegar a Sodoma. 13 Empero los hombres de Sodoma eran malos y pecadores en gran manera contra Jehová. 14 Y Jehová dijo a Abram, después de separarse Lot de él: Alza los ojos, y mira desde el lugar donde estás, hacia el norte, y hacia el sur, y hacia el oriente, y hacia el occidente; 15 porque toda la tierra que ves, te la daré a ti y a tu simiente, para siempre. 16 Y haré que tu simiente sea como el polvo de la tierra; de modo que si alguien pudiera contar el polvo de la tierra, también tu simiente será contada. 17 Levántate, anda por la tierra, a lo largo y a lo ancho de ella; porque a ti te la daré. 18 Y Abram movió sus tiendas, y fué y establecióse en el encinar de Mamré, que está junto a Hebrón; y edificó allí altar a Jehová.

Capítulo 14

1 Y ACONTECIÓ en los días de Amrafel, rey de Sinar, Arioc, rey de Elasar, Kedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de Naciones, 2 que éstos hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma, y contra Birsa, rey de Gomorra, Sinab, rey de Adma y Semeber, rey de Zeboim, y el rey de Bela (la cual es Zoar). 3 Todos estos coligáronse en el Valle de Sidim (que es el Mar Salado). 4 Doce años habían servido a Kedorlaomer, mas al año décimotercero se rebelaron; 5 y en el año décimocuarto vino Kedorlaomer, y los reyes que con él estaban, e hirieron a los Refaítas en Astarot-carnaim, y a los Zuzitas en Ham, y a los Emitas en Savé-kiryataim, 6 y a los Horeos en su serranía de Seir, hasta El-parán, que está junto al desierto. 7 Luego volvieron, y vinieron a Enmispat (que es Cades), e hirieron todo el país de los Amalecitas, y también a los Amorreos que habitaban en Hazazón-tamar. 8 Entonces salieron el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Adma, y el rey de Zeboim, y el rey de Bela (la cual es Zoar), y ordenaron batalla contra ellos en el Valle de Sidim; 9 contra Kedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de Naciones, y Amrafel, rey de Sinar, y Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco. 10 Mas el Valle de Sidim estaba lleno de pozos de betún; y huyeron los reyes de Sodoma y Gomorra, y cayeron allí; y el resto huyó a la montaña. 11 Entonces tomaron todos los bienes de Sodoma y Gomorra, y toda su vitualla, y se fueron. 12 Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, y sus bienes (porque él habitaba en Sodoma), y se fueron. 13 Y vino uno que escapó, y avisó a Abram el Hebreo, el cual habitaba en el encinar de Mamré amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, que eran aliados de Abram. 14 Y como oyese Abram que su hermano había sido hecho cautivo, sacó sus siervos amaestrados, nacidos en su casa, trescientos diez y ocho, y persiguiólos hasta Dan. 15 Y se repartieron contra ellos de noche, él y sus siervos, e hiriéronlos y los persiguió hasta Hoba, que está a la izquierda de Damasco. 16 Y volvió a traer todos los bienes; asimismo volvió a traer a su hermano Lot y sus bienes; y también a las mujeres y al pueblo. 17 Y salió el rey de Sodoma a recibirle, después que volvió del destrozo de Kedorlaomer y los reyes que con él estaban, al Valle de Savé (que es el Valle del Rey). 18 Y Melquisedec, rey de Salem, el cual era sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino; 19 y le bendijo, diciendo: ¡Bendita sea Abram del Dios altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra! 20 ¡y bendito sea el Dios altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano! Y dióle Abram el diezmo de todo. 21 Dijo entonces el rey de Sodoma a Abram: Dame las personas, y toma los bienes para ti. 22 Mas Abram dijo al rey de Sodoma: He levantado mi mano a Jehová, Dios altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra, 23 jurando que desde un hilo hasta la correa de un zapato, nada tomaré de lo que es tuyo; para que nunca digas: Yo enriquecí a Abram; 24 salvo solamente lo que han comido los mozos, y la porción de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamré; éstos tomarán su porción.

Capítulo 15

1 DESPUÉS de estas cosas Abram tuvo en visión una revelación de Jehová, que decía: No temas Abram; yo soy tu escudo, tu galardón sobremanera grande. 2 Y dijo Abram: Jehová, Señor, qué me darás a mí, cuando ando sin hijo, y el heredero de mi casa es este damasceno Eliezer? 3 Dijo además Abram: He aquí, no me has dado descendencia, y he aquí que un siervo mío me va a heredar. 4 Mas he aquí que tuvo otra revelación de Jehová, que decía: No te heredará éste, mas uno que ha de salir de tus entrañas te heredará. 5 Y le sacó fuera, y dijo: Mira hacia los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar; y le dijo: ¡Así será tu simiente! 6 Y Abram creyó a Jehová, el cual se lo imputó a justicia. 7 Díjole además: Yo soy Jehová que te hice salir de Ur de los Caldeos, a fin de darte esta tierra para heredarla. 8 Él entonces dijo: Jehová, Señor, ¿en qué conoceré que la he de heredar? 9 Y le respondió: Tráeme una novilla de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, y una tórtola y un palomino. 10 Y él le trajo todos estos, y los partió por la mitad, y puso cada mitad en frente de la otra: mas no partió las aves. 11 Y cuando bajaban las aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, las ahuyentaba Abram. 12 Y estando el sol para ponerse, cayó sobre Abram un sueño profundo, y he aquí que un terror de grande oscuridad cayó sobre él. 13 Y dijo Dios a Abram: Sabe con toda seguridad que tu simiente será extranjera en tierra ajena, donde los reducirán a servidumbre y los oprimirán hasta cuatrocientos años. 14 Mas sabe también que a la nación que hubieren servido yo la juzgaré; y después de esto saldrán ellos con grande riqueza. 15 Y tú irás a tus padres en paz, y serás enterrado en buena vejez; 16 mas al cuarto siglo ellos volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la iniquidad de los Amorreos. 17 Y sucedió que, puesto ya el sol, hubo densas tinieblas, y he aquí un horno que humeaba, y una antorcha de fuego que pasaba entre los animales divididos. 18 En aquel día hizo Jehová pacto con Abram, diciendo: A tu simiente he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates: 19 los Cineos, y los Cenizeos, y los Cadmoneos, 20 y los Heteos, y los Perezeos, y los Refaítas, 21 y los Amorreos, y los Cananeos, y los Gergeseos y los Jebuseos.

Capítulo 16

1 PERO Sarai, mujer de Abram, no le daba hijos; mas teniendo una sierva egipcia, que se llamaba Agar, 2 dijo, Sarai a Abram: He aquí, Jehová me ha estorbado el tener hijos: ruégote pues te llegues a mi sierva; quizás podré tener hijos por medio de ella. Y escuchó Abram la voz de Sarai. 3 Entonces Saraí, mujer de Abram, tomó a Agar la Egipcia, su sierva, al cabo de diez años que habitaba Abram en la tierra de Canaán, y dióla a Abram su marido por mujer. 4 Y llegóse él a Agar, la cual concibió; mas luego que vió que había concebido, fué despreciada su señora en sus ojos. 5 Y Sarai dijo a Abram: Mi agravio recaiga sobre ti; yo puse mi sierva en tu seno, mas viendo ella que ha concebido, soy despreciada en sus ojos. Juzgue Jehová entre mí y ti. 6 Dijo pues Abram a Sarai: He aquí, tu sierva está en tu mano; haz con ella como bien te pareciere. Y maltratóla Sarai; y Agar huyó de su presencia. 7 Y hallóla el Ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, la fuente que está en el camino de Shur; 8 y dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes? ¿y a dónde vas? Y ella respondió: De la presencia de Sarai, mi señora, voy huyendo. 9 Y el Ángel de Jehová le dijo: Vuelve a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano. 10 Díjole más el Ángel de Jehová: Multiplicaré de tal manera tu simiente, que no podrá ser contada a causa de su muchedumbre. 11 Díjole además el Ángel de Jehová: He aquí que tú has concebido, y parirás un hijo, y le darás el nombre de Ismael; porque Jehová ha oído tu aflicción. 12 Y será hombre indómito; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él; y en presencia de todos sus hermanos habitará. 13 Y llamó a Jehová que con ella hablaba, Tú-Dios-me-ves; pues dijo: ¿He visto aquí yo también las espaldas de Aquel que me ve? 14 Por tanto se llamó aquel pozo Pozo-del-Viviente-que-me-ve: he aquí que está entre Cades y Bered. 15 Y parió Agar un hijo a Abram; y llamó Abram a su hijo que Agar había parido, Ismael. 16 Y era Abram de edad de ochenta y seis años cuando Agar parió a Ismael a Abram.

Capítulo 17

1 PERO siendo Abram de edad de noventa y nueve años, Jehová apareció a Abram, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto. 2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré sobremanera. 3 Y Abram cayó sobre su rostro mientras Dios hablaba con él; y le decía: 4 En cuanto a mí, he aquí, mi pacto es contigo, y serás padre de una multitud de naciones. 5 Y no serás llamado más Abram, sino que Abraham será tu nombre; porque te he constituído padre de una multitud de naciones. 6 Y te haré acrecentar sobremanera, y haré que naciones desciendan de ti; y reyes saldrán de ti. 7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en sus generaciones sucesivas, por pacto eterno, de ser yo tu Dios, y el de tu simiente después de ti. 8 Y te daré a ti, y a tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, a saber, toda la tierra de Canaán, por posesión para siempre; y seré el Dios de ellos. 9 Dijo Dios además a Abraham: Y en cuanto a ti, guardarás mi pacto tú, y tu simiente después de ti durante sus generaciones. 10 Este es mi pacto que habéis de guardar entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: que sea circuncidado cada varón de entre vosotros. 11 Circuncidaréis pues la carne de vuestro prepucio; y será esto pos señal del pacto entre mí y vosotros. 12 Y a los ocho días será circuncidado de entre vosotros cada varón en vuestras generaciones, el nacido en tu casa, y el comprado con dinero de cualquier hijo de tierra extraña, que no fuere de tu simiente. 13 Indispensablemente será circuncidado el nacido en tu casa y el comprado con tu dinero; así estará mi pacto en vuestra misma carne como pacto sempiterno. 14 Mas en cuanto al varón incircunciso, que no tuviere circuncidada la carne de su prepucio, el alma aquella será cortada de entre su pueblo; ha quebrantado mi pacto. 15 Y dijo Dios a Abraham: Tocante a Sarai tu mujer, no la llamarás más Sarai, sino que Sara será su nombre. 16 Y yo la bendeciré, y de ella también te daré hijo; sí, yo la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos procederán de ella. 17 Entonces Abraham cayó sobre su rostro y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿y Sara, mujer de noventa años, ha de parir? 18 Y Abraham dijo a Dios: ¡Ojalá que Ismael viva delante de ti! 19 Y Dios respondió: Sin embargo, de cierto Sara tu mujer te parirá hijo, y le darás el nombre de Isaac; y estableceré mi pacto con él por pacto eterno, y con su simiente después de él. 20 Tocante a Ismael también te he oído. He aquí que le he bendecido, y le haré fecundo, y le multiplicaré sobremanera; doce príncipes engendrará, y haré de él una nación grande. 21 Pero en cuanto a mi pacto, lo estableceré con Isaac, que Sara te parirá al tiempo señalado, el año que viene. 22 Y al acabar de hablar con él, subió Dios de cerca de Abraham. 23 ¡Entonces Abraham tomó a Ismael, su hijo, y a todos los siervos nacidos en su casa, y a todos los comprados con su dinero, a todo varón de entre las personas de la casa de Abraham, y circuncidó la carne de su prepucio en aquel mismo día, luego que hubo acabado Dios de hablar con él. 24 Y Abraham era de noventa y nueve años cuando fué circuncidado en la carne de su prepucio. 25 E Ismael, su hijo, era de trece años cuando fué circuncidado en la carne de su prepucio. 26 En aquel mismo día fué circuncidado Abraham con Ismael su hijo: 27 y todos los varones de su casa, ora nacidos en su casa, ora comprados con dinero de cualquier hijo de tierra extraña, fueron circuncidados juntamente con él.

Capítulo 18

1 Y JEHOVÁ apareció a Abraham en el encinar de Mamré, estando él sentado a la puerta de su tienda, durante el calor del día. 2 Porque alzando los ojos miró, y he aquí que tres varones estaban en pie cerca de él; y cuando los vió, corrió a recibirlos, desde la puerta de su tienda, e inclinóse a tierra, 3 y dijo: Señor mío, si es así que he hallado gracia en tus ojos, te ruego no pases de largo a tu siervo. 4 Tráigase, con tu permiso, un poco de agua, y lavaos los pies, y reclinaos debajo del árbol. 5 Y traeré un bocado de pan, y sustentaréis vuestro corazón; y después pasaréis adelante; por cuanto habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y dijeron: Hazlo así, conforme has dicho. 6 Abraham pues fué presuroso a la tienda a Sara, y dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz tortas. 7 Luego corrió Abraham a la vacada, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo a un mozo, y él apresuróse para aderezarle. 8 Entonces Abraham tomó requesones y leche y el becerro que había aderezado, y los puso delante de ellos; y él se quedó en pie junto a ellos debajo del árbol; y comieron. 9 Entonces le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: He aquí está en la tienda. 10 Y él dijo: Sin falta yo volveré a ti, el año entrante, y he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara estaba escuchando a la puerta de la tienda, que estaba tras de él. 11 Mas Abraham y Sara eran ancianos, entrados en días; y había cesado en Sara la costumbre de las mujeres. 12 Rióse pues Sara consigo misma, diciendo: ¿Después de envejecida he de tener placer, siendo viejo mi señor también? 13 Y dijo Jehová a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: ¿Será cierto que yo he de parir, ahora que he envejecido? 14 ¿Hay cosa alguna demasiado difícil para Jehová? Al plazo fijo volveré a ti, el año entrante, y Sara tendrá un hijo. 15 Y negó Sara, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Pero él dijo: No es así, sino que te reíste. 16 Y levantáronse de allí los varones y tendieron la vista hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos, para despedirlos. 17 Entonces Jehová dijo consigo mismo: ¿He de ocultar a Abraham lo que voy a hacer, 18 ya que Abraham ciertamente vendrá a ser una nación grande y fuerte, y que han de ser bendecidas en él todas las naciones de la tierra? 19 Porque yo le he conocido a fin de que mande a sus hijos y a su casa después de sí, de modo que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio; para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha prometido acerca de él. 20 Dijo es Jehová: Por cuanto el 'clamor de Sodoma y Gomorra es mucho, y su pecado muy grave, 21 descenderé y veré si han hecho enteramente según el clamor suyo que llega hasta mí; y si no, lo he de saber. 22 Los varones entonces volvieron de allí sus rostros, y caminaron hacia Sodoma; mas Abraham se quedó todavía en pie delante de Jehová. 23 Y acercándose Abraham, le dijo: ¿Es así que tú vas a destruir al justo con el inicuo? 24 Quizás habrá cincuenta justos en medio de la ciudad; ¿es así que tú destruirás y no perdonarás el lugar amor de los cincuenta justos que hubiere dentro de él? 25 ¡Lejos sea de ti el obrar de esta manera, que hagas morir al justo con el inicuo, y que el justo sea tratado como el inicuo! ¡Lejos sea esto de ti! ¿El Juez de toda la tierra no ha de hacer justicia? 26 Dijo pues Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos en medio de la ciudad, perdonaré a todo el lugar por amor de ellos. 27 Y respondió Abraham: He aquí, con tu permiso, he tenido el atrevimiento de hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza: 28 quizá faltarán de los cincuenta justos cinco; ¿destruirás por diferencia de cinco a toda la ciudad? Y respondió: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco. 29 Y tornó aun a hablar con él, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta. 30 Entonces dijo: Yo te ruego no se encienda la ira del Señor, y hablaré: Quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta. 31 Y dijo: He aquí, he tenido el atrevimiento de hablar al Señor: quizá se hallarán allí veinte. Y respondió: No la destruiré por amor de los veinte. 32 Y dijo: Yo te ruego no se encienda la ira del Señor, y hablaré solamente esta vez: Quizá se hallarán allí diez. Y respondió: No la destruiré por amor de los diez. 33 Y Jehová siguió su camino, luego que acabó de hablar con Abraham: y Abraham se volvió a su lugar.

Capítulo 19

1 LLEGARON pues los dos ángeles a Sodoma, por la tarde; y Lot estaba sentado en la puerta de Sodoma. Y Lot, luego que los vió, se levantó a recibirlos, e inclinóse rostro a tierra; 2 y dijo: He aquí, señores míos, os ruego que os desviéis y entréis en casa de vuestro siervo, y posad, y lavaos los pies; y de madrugada os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Mas ellos dijeron: No, sino que en la plaza posaremos. 3 E instóles mucho, de manera que tomaron con él, y entraron en su casa. Y él les hizo banquete, y coció panes ázimos; y comieron. 4 Mas antes que se acostasen, los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, cercaron la casa al rededor, así los mozos como los viejos, todo el pueblo de cabo a cabo. 5 Y dieron voces a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácanoslos, y los conoceremos. 6 Entonces salió a ellos Lot, a la entrada, y cerró la puerta tras sí, y dijo: 7 Os ruego, hermanos míos, no hagáis esta maldad. 8 He aquí tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, si os place, y haréis con ellas como bien os pareciere; con tal que no hagáis nada a estos varones; por cuanto han entrado bajo la sombra de mi techo. 9 Mas ellos dijeron: ¡Quita allá! Dijeron también: ¡Este tal vino a morar como extranjero, y quiere hacerse juez! Ahora pues te haremos más mal a ti que a ellos. Y arrojáronse sobre el hombre, sobre Lot, con gran violencia, y acercáronse para romper la puerta. 10 Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot consigo dentro de la casa, y cerraron la puerta. 11 Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor: y ellos se cansaban buscando inútilmente la puerta. 12 Y dijeron los varones a Lot: ¿A quién más tienes aquí? Yernos, y tus hijos, y tus hijas, y cuanto tienes en la ciudad, sácalo del lugar; 13 porque vamos a destruir este lugar, por cuanto se ha hecho grande su clamor delante de Jehová; y Jehová nos ha enviado a destruirlo. 14 Lot pues salió y habló con sus yernos, que habían tomado sus hijas, y dijo: ¡Levantaos, salid de este lugar; que Jehová va a destruir esta ciudad! Mas era como quien se burla, en el parecer de sus yernos. 15 Y al rayar el alba, los ángeles apremiaban a Lot, diciendo: ¡Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que se hallan aquí, no sea que tú también perezcas en el castigo de la ciudad! 16 Mas él se tardaba; por lo cual trabaron los varones de su mano, y de la mano de su mujer, y de la mano de sus dos hijas, en la clemencia de Jehová para con él, y le sacaron, y le dejaron fuera de la ciudad. 17 Y sucedió que como los hubiesen sacado fuera, le dijo: ¡Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni te pares en toda la Vega; escapa a la montaña, no sea que perezcas! 18 Pero Lot les dijo: No, yo te ruego, señor mío. 19 He aquí tu siervo ha hallado gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia de que has usado conmigo en salvar mi vida; mas yo no puedo escapar a la montaña, no sea que me alcance el mal, y muera. 20 Mira, te ruego, que aquella ciudad está cerca para huir allá, y es pequeña; con permiso tuyo escaparé allá, (¿no es ella pequeña?) y vivirá mi alma. 21 Y le respondió: Mira que admito tu ruego sobre esto también, no destruyendo la ciudad por la cual has hablado. 22 Date prisa, escapa allá; que nada podré hacer, hasta que llegues allá. Por tanto fué llamada aquella ciudad Zoar. 23 Y el sol había ya salido sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar. 24 Entonces Jehová llovió sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; 25 y destruyó aquellas ciudades, y toda la Vega, y todos los habitantes de las ciudades, y todos los productos de la tierra. 26 Mas la mujer de Lot miró de tras él hacia atrás; y se convirtió en pilar de sal. 27 Y por la mañana, madrugando Abraham, se fué al lugar donde había estado en pie delante de Jehová; 28 y tendió la vista sobre la haz de Sodoma y Gomorra, y sobre la haz de toda la tierra de la Vega, y al mirar, he aquí que el humo de aquella tierra subía como el humo de un horno. 29 Así aconteció que al destruir Dios las ciudades de la Vega, se acordó Dios de Abraham, y envió a Lot de en medio de la ruina, cuando destruyó las ciudades donde Lot habitaba. 30 Y subió Lot de Zoar y habitó en la montaña, él y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar; habitaron pues en una cueva, él y sus dos hijas. 31 Y dijo la mayor a la menor: Nuestro padre es viejo, y no hay en la tierra hombre que se llegue a nosotras, como es la costumbre de toda la tierra; 32 ven, hagamos beber vino a nuestro padre, y nos acostaremos con él; así conservaremos de nuestro padre descendencia. 33 E hicieron beber vino a su padre aquella noche; y entró la mayor y acostóse con su padre. Y él no supo cuando ella se acostó ni cuando se levantó. 34 Y aconteció al día siguiente, que dijo la mayor a la menor: He aquí, yo me, acosté anoche con mi padre; hagámosle beber vino esta noche también y entra tú, acuéstate con él; así conservaremos de nuestro padre descendencia. 35 E hicieron beber vino a su padre aquella noche también; y levantóse la menor, y acostóse con él. Y él no supo cuando ella se acostó, ni cuando se levantó. 36 De esta suerte las dos hijas de Lot concibieron de su padre. 37 Y parió la mayor un hijo, y llamóle Moab: él es padre de los Moabitas, que subsisten hasta hoy. 38 Y la menor también parió un hijo, y llamóle Ben-ammí: él es padre de los hijos de Ammón, que subsisten hasta hoy.

Capítulo 20

1 Y DE allí partió Abraham para la tierra del Mediodía, y habitó entre Cades y Shur, morando temporalmente en Gerar. 2 Y decía Abraham de Sara su mujer: Mi hermana es; por lo cual Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara. 3 Mas vino Dios a Abimelec, en sueños de la noche, y le dijo: ¡He aquí, muerto eres, por causa de la mujer que has tomado, porque es casada con marido! 4 Pero Abimelec no se había llegado a ella; dijo pues: Señor, ¿también a una nación justa matarás? 5 ¿No me dijo él mismo: Mi hermana es; y ella, pues también ella dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón, y con inocencia de mis manos, he hecho esto. 6 Y díjole Dios en sueños: Sí, yo sé que con sencillez de tu corazón has hecho esto; y también te detuve yo de pecar contra mí; por eso no te permití tocarla. 7 Ahora pues, devuelve la mujer de este hombre; porque es profeta, y orará por ti, para que vivas; mas si no la devolvieres, sabe que de seguro morirás tú, y todo lo tuyo. 8 Y por la mañana, madrugando Abimelec, llamó a todos sus siervos, y refirió en sus oídos todas estas palabras. Y los hombres temieron mucho. 9 Entonces llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué has hecho con nosotros? ¿y en qué he pecado contra ti, para que hayas traído sobre mí y sobre mi reino un tan gran pecado? Acciones que no debieran hacerse has hecho tú conmigo. 10 Dijo además Abimelec a Abraham: ¿Qué has visto, para que hicieras esto? 11 Y respondió Abraham: Porque dije entre mí: Seguramente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer. 12 Mas también en verdad ella es mi hermana; hija es de mi padre, aunque no hija de mi madre; y vino a ser mi mujer. 13 Y sucedió que como me hiciese vagar Dios de la casa de mi padre, le dije a ella: Esta es la merced que me has de hacer. En todo lugar adonde llegaremos, dirás de mí: Mi hermano es. 14 Por lo cual Abimelec tomó ovejas, y vacas, y siervos, y siervas, y se los dió a Abraham; y le devolvió a Sara su mujer. 15 Y le dijo Abimelec: He aquí, mi tierra está delante de ti; en donde tuvieres a bien, habita. 16 Y a Sara dijo: He aquí, he dado mil siclos de plata a tu hermano: considera que esto te servirá de reparación por todo lo acontecido, y para con todos los hombres; así ella quedó vindicada. 17 Entonces oró Abraham a Dios, y sanó Dios a Abimelec, y a su mujer, y a sus criadas, de manera que tuviesen hijos. 18 Porque Jehová había cerrado toda matriz de la casa de Abimelec, por motivo de Sara, mujer de Abraham.

Capítulo 21

1 Y JEHOVÁ visitó a Sara según había dicho, e hizo Jehová para con Sara conforme había prometido; 2 pues concibió y parió Sara un hijo a Abraham en su vejez, al plazo fijo que le había dicho Dios. 3 Y Abraham llamó a su hijo que le había nacido, a quien Sara le parió, Isaac. 4 Y circuncidó Abraham a Isaac su hijo a los ocho días, como le había mandado Dios. 5 Y Abraham era de edad de cien años cuando nació Isaac su hijo. 6 Y dijo Sara: Reír me ha hecho Dios; y cualquiera que lo oyere se reirá conmigo. 7 Dijo también: ¿Quién hubiera dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos? pues que le he parido un hijo en su vejez. 8 Y creció el niño y fué destetado; e hizo Abraham un gran banquete el día que fué destetado Isaac. 9 Mas Sara vió al hijo de Agar la Egipcia, el cual ésta había parido a Abraham, que se burlaba. 10 Por tanto ella dijo a Abraham: Echa fuera a esta sierva y a su hijo; porque no heredará el hijo de esta sierva con mi hijo, con Isaac. 11 Y este dicho pareció muy gravoso a Abraham con motivo de su hijo. 12 Pero dijo Dios a Abraham: No te parezca esto gravoso a causa del muchacho y a causa de tu sierva; en todo lo que dijere Sara, oye su voz; porque en Isaac será llamada tu simiente. 13 Y también del hijo de la sierva haré una nación, por cuanto es simiente tuya. 14 A la mañana, pues, madrugó Abraham, y tomó pan y un odre de agua, y lo dió a Agar, poniéndolo sobre su hombro; dióle también el niño, y la despidió; y ella anduvo vagando en el desierto de Beer-seba. 15 Y acabóse el agua del odre; y ella echó al niño debajo de uno de los arbustos, 16 y fué y sentóse en frente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No vea yo la muerte del niño. Así pues se sentó en frente, y alzó su voz y lloró. 17 Mas Dios oyó la voz del muchacho; y el Ángel de Dios llamó a Agar, desde los cielos, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18 Levántate, alza al niño, y sostenle con tu mano, porque yo haré de él una gran nación. 19 Y abrió Dios los ojos de ella de manera que vió un pozo de agua; y fué y llenó el odre de agua, y dió de beber al niño. 20 Y fué Dios con el niño; y éste se hizo hombre, y habitó en el desierto, y vino a ser tirador de arco. 21 Habitó pues en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto. 22 Y aconteció en aquel tiempo que Abimelec con Picol capitán de su ejército habló a Abraham, diciendo: Dios es contigo en todo lo que haces. 23 Ahora pues, júrame por Dios, aquí mismo, que no te portarás falsamente conmigo, ni con mi hijo, ni con mi posteridad; sino que conforme a la bondad que yo he usado contigo, así lo harás tú conmigo, y con la tierra en donde has habitado. 24 Y respondió Abraham: , juraré. 25 Entonces Abraham reprendió a Abimelec con motivo de un pozo de agua que a viva fuerza le habían quitado los siervos de Abimelec. 26 Y respondió Abimelec: No sé quien haya hecho esto, ni tú me lo hiciste presente, ni siquiera he oído hablar de ello hasta ahora. 27 Tomó pues Abraham ovejas y vacas, y se las dió a Abimelec; e hicieron los dos un pacto. 28 Y Abraham puso aparte siete corderas del rebaño. 29 Dijo entonces Abimelec a Abraham: ¿Qué significan estas siete corderas que has apartado? 30 Y él respondió: Que estas siete corderas has de tomar de mi mano, para que me sirvan de testimonio de que yo cavé este pozo. 31 Por lo cual se llamó aquel lugar Beer-seba, porque allí juraron los dos. 32 Hicieron pues un pacto en Beer-seba; y levantóse Abimelec, con Picol capitán de su ejército, y se volvieron a la tierra de los Filisteos. 33 Y plantó Abraham un bosque en Beer-seba; e invocó el nombre de Jehová, el Dios eterno. 34 Y habitó Abraham como extranjero en la tierra de los Filisteos muchos días.

Capítulo 22

1 Y ACONTECIÓ, después de estas cosas, que aprobó Dios a Abraham, y le dijo: ¡Abraham! Y él respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: Toma a tu hijo, a Isaac, tu hijo único, a quién amas, y véte a tierra de Moría, y ofrécele allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 3 Y por la mañana, madrugando Abraham, aparejó su asno, y tomó dos mozos suyos consigo, y a Isaac su hijo, y partió leña para el holocausto, y levantóse, y fué al lugar que le había dicho Dios. 4 Al tercer día Abraham alzó los ojos y vió el lugar de lejos. 5 Dijo entonces Abraham a los mozos: Esperad aquí con el asno, mientras yo y el muchacho vamos allá; y adoraremos, y volveremos a vosotros. 6 Luego tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y caminaron los dos juntos. 7 Entonces Isaac habló a Abraham su padre, diciendo: ¡Padre mío! Y él respondió: Heme aquí, hijo mío. Y dijo: He aquí el fuego y la leña, mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío; y siguieron andando los dos juntos. 9 Y cuando hubieron llegado al lugar que le dijo Dios, Abraham edificó allí un altar, y puso en orden la leña, y ató a Isaac su hijo, y púsole sobre el altar, encima de la leña. 10 Luego extendió Abraham la mano y tomó el cuchillo, para degollar a su hijo. 11 Entonces el Ángel de Jehová le llamó desde los cielos, y le dijo: ¡Abraham! ¡Abraham! Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; pues ahora conozco que tú temes a Dios, ya que no me has negado a tu hijo, tu hijo único. 13 Entonces Abraham alzando los ojos, miró, y he aquí un carnero, más allá de él, enredado por las astas en un matorral, y fué Abraham y tomó el carnero, y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo. 14 Y Abraham dió a aquel lugar el nombre de Jehová-yireh; de donde suele decirse hoy en día: En el monte de Jehová se hará provisión. 15 Y el Ángel de Jehová llamó a Abraham segunda vez desde los cielos, 16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has negado a tu hijo, tu hijo único, 17 que bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como las arenas a la orilla del mar; y tu simiente poseerá la puerta de sus enemigos; 18 y serán bendecidas en tu simiente todas las naciones de la tierra; por cuanto has obedecido mi voz. 19 Y volvióse Abraham a sus mozos; y levantándose caminaron juntos hasta Beer-seba; y habitó Abraham en Beer-seba. 20 Y sucedió después de estas cosas, que fué dada noticia a Abraham, diciendo: He aquí que Milca también ha parido hijos a Nacor tu hermano: 21 a Hus su primogénito, y a Buz su hermano, y a Kemuel, padre de Aram, 22 a Kesed también, y a Hazo, y a Pildas, y a Jidlaf, y a Betuel. 23 Y Betuel engendró a Rebeca. Estos ocho parió Milca a Nacor, hermano de Abraham. 24 Y su concubina, llamada Reúma, también le parió a Tebáh, y a Gaham, y a Tahás y a Maaca.

Capítulo 23

1 Y FUÉ la vida de Sara ciento veinte y siete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. 2 Y murió Sara en Kiryat-arba (que es Hebrón), en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer el duelo de Sara y a llorarla. 3 Levantóse entonces Abraham de la presencia de su muerto, y habló con los hijos de Het, diciendo: 4 Peregrino soy y extranjero en medio de vosotros; dadme una posesión de sepultura entre vosotros, y sepultaré mi muerto, ocultándolo así de mi vista. 5 Y los hijos de Het respondieron a Abraham, diciéndole: 6 Óyenos, señor mío: Gran príncipe eres tú en medio de nosotros; en lo más selecto de nuestras sepulturas entierra tu muerto; ninguno de nosotros te negará su sepultura, para que no entierres tu muerto. 7 Entonces levantóse Abraham, e inclinóse ante el pueblo del país, ante los hijos de Het; 8 y habló con ellos, diciendo: Si es vuestra voluntad que sepulte mi muerto, ocultándolo así de mi vista, escuchadme, e intervenid por mí con Efrón, hijo de Zohar, 9 para que me dé la cueva de Macpela que él posee, la cual está al extremo de su campo: por su completo valor me la dará, para posesión de sepultura en medio de vosotros. 10 Y Efrón estaba sentado entre los hijos de Het: y respondió Efrón heteo a Abraham, en presencia de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de la ciudad, diciendo: 11 No, señor mío; óyeme: el campo te lo doy, y la cueva que está en él te la doy; en presencia de los hijos de mi pueblo te la doy: entierra tu muerto. 12 Abraham se inclinó de nuevo ante el pueblo del país, 13 y habló con Efrón en presencia de todo el pueblo del país, diciendo: ¡Ojalá que tan sólo me escucharas! te doy el valor del campo; admítelo de mí, y enterraré allí mi muerto. 14 Entonces respondió Efrón a Abraham, diciéndole: 15 Señor mío, óyeme: El terreno vale cuatrocientos siclos de plata: ¿qué es esto entre mí y ti? entierra pues tu muerto. 16 De manera que convino Abraham con Efrón, y Abraham le pesó a Efrón el dinero que había dicho, en presencia de los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, moneda corriente entre mercaderes. 17 Y así el campo de Efrón, que estaba en Macpela, que está en frente de Mamré, el campo y la cueva que hay en él, con todos los árboles que había en el campo, los que había en todos sus contornos al rededor, quedaron asegurados 18 para Abraham, como. posesión suya, delante de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad. 19 Y después de esto Abraham sepultó a Sara su mujer en la cueva del campo de Macpela, delante de Mamré, (que es Hebrón), en la tierra de Canaán. 20 De suerte que el campo, y la cueva que hay en él, quedaron asegurados para Abraham, como posesión de sepultura, de parte de los hijos de Het.

Capítulo 24

1 Y ABRAHAM era ya viejo, entrado en días; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. 2 Y dijo Abraham a su siervo, el anciano de su casa, el cual gobernaba todo lo que tenía: Ruégote pongas tu mano debajo de mi muslo, 3 y te juramentaré por Jehová, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos entre quienes habito; 4 sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás de allí mujer para mi hijo Isaac. 5 Y le dijo el siervo: Tal vez no querrá la mujer seguirme a esta tierra; ¿haré en tal caso que vuelva tu hijo a la tierra de donde saliste? 6 Y le respondió Abraham: ¡Guárdate de hacer volver a mi hijo allá! 7 Jehová, el Dios del cielo, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi nacimiento, y que me habló y me juró, diciendo: A tu simiente daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, de modo que puedas tomar de allí mujer para mi hijo. 8 Y si la mujer no quisiere seguirte, entonces estarás libre de este mi juramento, con tal que no hagas volver a mi hijo allá. 9 Y puso el siervo su mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y juróle sobre este asunto. 10 Entonces tomó el siervo diez camellos, de los camellos de su señor, y fué, llevando consigo de lo mejor de todos los bienes de su señor. Levantóse pues, y fué a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor. 11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto al pozo de las aguas, a la hora de la tarde, cuando salen las mozas a sacar agua. 12 Y dijo: Jehová, Dios de mi señor Abraham, ruégote me depares buen encuentro hoy, y que uses de benevolencia para con mi señor Abraham. 13 Heme aquí en pie junto a la fuente de las aguas, y las hijas de los hombres de la ciudad están saliendo a sacar agua; 14 suceda pues que la joven a quien yo dijere: Abaja, te ruego, tu cántaro para que yo beba; y ella respondiere: Bebe tú, y también a tus camellos daré de beber; sea ésta la que designaste para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que has usado de benevolencia para con mi señor. 15 Y fué así que antes que acabase de hablar, he aquí a Rebeca que salía con su cántaro al hombro; la misma que había nacido a Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham. 16 Y la joven era de muy hermoso parecer, virgen, a la que no había conocido varón; y bajó a la fuente, y llenó su cántaro, y subía, 17 cuando corrió el siervo a su encuentro, y dijo: Ruégote me des a beber un poco de agua de tu cántaro. 18 Y ella respondió: Bebe, señor mío: y dióse prisa a bajar el cántaro sobre su mano, y dióle de beber. 19 Y luego que acabó de darle de beber, ella dijo: También sacaré para tus camellos, hasta que acaben de beber. 20 Y vaciando prestamente su cántaro en la pila, corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. 21 Y el hombre fijando en ella la vista, callaba, por saber si Jehová había prosperado su camino o no. 22 Y sucedió que como acabasen los camellos de beber, tomó el hombre un pendiente de oro, de medio siclo de peso, y dos brazaletes para poner sobre sus manos, del peso de diez siclos de oro. 23 Y dijo: ¿De quién eres hija? Dime, te ruego, si hay en casa de tu padre lugar donde podamos posar. 24 Y ella le respondió: Hija soy de Betuel, hijo de Milca, que parió ella a Nacor. 25 Le dijo además: También tenemos paja, y asimismo forraje en abundancia, y lugar donde posar. 26 Entonces postróse el hombre, y adoró a Jehová; 27 y dijo: ¡Bendito sea Jehová, el Dios de mi señor Abraham, que no ha apartado su benevolencia y su fidelidad de mi señor! estando yo en el camino, guióme Jehová a la casa de los hermanos de mi señor. 28 Y corrió la joven, y contó en casa de su madre estas cosas. 29 Y tenía Rebeca un hermano que se llamaba Labán. Corrió entonces Labán a donde estaba el hombre, afuera, junto a la fuente. 30 Y sucedió que como viese el pendiente, y los brazaletes en las manos de su hermana, y como oyese las palabras de Rebeca su hermana, que decía: Así me habló el hombre; vino al hombre; y he aquí que éste estaba junto a los camellos, cerca de la fuente. 31 Y le dijo: ¡Entra, bendito de Jehová! ¿por qué te quedas afuera? pues tengo preparada la casa, y el lugar para los camellos. 32 Vino entonces el hombre a la casa, y descinchó los camellos. Entretanto le dió Labán paja y forraje para los camellos, y agua para lavarse los pies, y los pies de los hombres que con él venían. 33 Y le sirvieron de comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho el asunto que me trae. A lo que respondió Labán: Habla. 34 Dijo pues: Siervo de Abraham soy. 35 Y Jehová ha bendecido mucho a mi señor, de modo que él se ha engrandecido; porque le ha dado rebaños, y vacadas, y plata, y oro, y siervos, y siervas, y camellos y asnos. 36 Y Sara, mujer de mi señor, parió hijo a mi señor, después de envejecida, a quien él ha dado todo cuanto tiene. 37 Y juramentóme mi señor, diciendo: No tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos en cuya tierra habito; 38 sino que irás a casa de mi padre y a mi parentela, y tomarás de allí mujer para mi hijo. 39 Y yo dije a mi señor: Tal vez no querrá la mujer seguirme. 40 Mas él respondió: Jehová, delante de quien yo ando, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino, a fin de que tomes mujer para mi hijo de mi parentela y de la casa de mi padre. 41 Cuando hayas ido a mi parentela, entonces estarás libre de mi juramento; porque si no te la dieren, quedarás libre de mi juramento. 42 Llegué pues hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si es así que prosperas mi camino por donde ando, 43 heme aquí junto a la fuente de las aguas; suceda pues que la doncella que saliere a sacar agua, a quien yo dijere: Déjame beber, te suplico, un poco de agua de tu cántaro; 44 y me respondiere: Bebe tú, y también para tus camellos sacaré, sea esta la mujer que Jehová ha designado para el hijo de mi señor. 45 Y aun no acababa de hablar en mi corazón, cuando he aquí a Rebeca, que salía con su cántaro sobre el hombro; y bajó a la fuente, y sacó agua. Y yo le dije: Ruégote me dés de beber. 46 Entonces ella apresuróse a bajar su cántaro de sobre sí, diciendo: Bebe, y también a tus camellos daré de beber. Bebí pues, y también a los camellos dió ella de beber. 47 Y le pregunté, diciendo: ¿De quién eres hija? Y me respondió: Hija de Betuel, hijo de Nacor, a quien Milca le parió. Entonces le puse este pendiente en la nariz, y los brazaletes en las manos; 48 e incliné la cabeza y adoré a Jehová, y bendije a Jehová, el Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino recto, a tomar la hija del hermano de mi señor, para su hijo. 49 Ahora pues, si queréis usar de benevolencia y lealtad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; para que me vuelva a la derecha o a la izquierda. 50 ¡Entonces respondieron Labán y Betuel, diciendo: De Jehová procede esto; nosotros no podemos decirte mal ni bien. 51 He aquí a Rebeca delante de ti, tómala y véte, y sea ella mujer del hijo de tu señor, como lo tiene ordenado Jehová. 52 Y fué así que como oyese el siervo de Abraham sus palabras, postróse en tierra ante Jehová. 53 Y sacó el siervo alhajas de plata y alhajas de oro y vestidos, y diólos a Rebeca; dió también cosas preciosas a su hermano y a su madre. 54 Y comieron y bebieron él y los hombres que con él venían, y pasaron allí la noche. Y cuando se levantaron por la mañana, él dijo: Enviadme a mi señor. 55 A lo cual respondieron el hermano de ella. y su madre: Quédese la muchacha con nosotros algunos días, a lo menos diez, y después irá. 56 Mas él les respondió: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme, para que vaya a mi señor. 57 Entonces dijeron: Llamemos a la muchacha, e inquiramos de su boca. 58 Llamaron pues a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este hombre? Y ella respondió: , iré. 59 De suerte que enviaron a Rebeca su hermana y su nodriza, y al siervo de Abraham y sus hombres. 60 Y bendijeron a Rebeca, diciéndole: ¡Tú, hermana nuestra, seas madre de miles de millares; y posea tu descendencia la puerta de sus enemigos! 61 Entonces levantóse Rebeca con sus doncellas, y, montadas sobre los camellos, siguieron al hombre. De manera que tomó el siervo a Rebeca, y se fué. 62 E Isaac volvía de dar un paseo del pozo del Viviente-que-me-ve: pues habitaba en la tierra del Mediodía; 63 y había salido Isaac al campo a meditar a la hora de la tarde, cuando alzando los ojos miró, y he aquí que venían los camellos. 64 Alzó también Rebeca los ojos y vió a Isaac, y bajóse del camello; 65 porque había preguntado al siervo: ¿Quién es aquel hombre que viene andando por el campo a nuestro encuentro? y habíale contestado el siervo: Aquél es mi señor. Ella pues tomó su velo, y cubrióse. 66 Y contó el siervo a Isaac todo lo que había hecho. 67 Y trájola Isaac a la tienda de su madre, y tomó a Rebeca; y ella fué su mujer, y él la amó. Así consolóse Isaac después de la muerte de su madre.

Capítulo 25

1 PERO Abraham había tomado otra mujer, llamada Cetura. 2 Esta le había parido a Zimram, y a Jocsán, y a Medán, y a Madián, y a Isbac, y a Suah. 3 Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán. Y los hijos de Dedán fueron Asurim y Letusim y Leumim. 4 Y los hijos de Madián: Efa y Efer, y Enoc y Abida y Eldaa. Todos estos eran hijos de Cetura. 5 Y dió Abraham todo cuanto tenía a Isaac; 6 mas a los hijos de las concubinas que tenía Abraham, les dió Abraham donativos; y, viviendo aún él, los envió lejos de Isaac hacia el oriente, a tierra del Oriente. 7 Y estos fueron los días de los años de la vida que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años. 8 Y expiró Abraham y murió en buena vejez, anciano y saciado de días; y fué agregado a su pueblo. 9 Y sepultáronle Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en el campo de Efrón, hijo de Zohar Heteo, que está en frente de Mamré; 10 campo que había comprado Abraham a los hijos de Het. Allí fué sepultado Abraham, con Sara su mujer. 11 Y sucedió, después de la muerte de Abraham, que bendijo Dios a Isaac su hijo; y habitaba junto al pozo del Viviente-que-me-ve. 12 Y estas son las generaciones de Ismael, hijo de Abraham, que Agar la Egipcia, sierva de Sara, le parió a Abraham. 13 Estos pues son los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres, según sus generaciones: El primogénito de Ismael, Nebayot; Cedar también, y Adbeel, y Mibsam, 14 y Misma, y Duma, y Massa, 15 y Hadar, y Tema, Jetur, Nafís, y Cedma. 16 Estos son los hijos de Ismael, y estos sus nombres, por sus villas y por sus aduares; doce príncipes conforme a sus pueblos. 17 Y estos fueron los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años; y expiró y murió, y fué agregado a su pueblo. 18 Y habitaban sus descendientes desde Havila hasta Shur, que hace frente a Egipto, como quien va hacia la Asiria. En presencia de todos sus hermanos habitó Ismael. 19 Y estas son las generaciones de Isaac, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac. 20 Y cuando era Isaac de edad de cuarenta años, tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel siro, de Padán-aram, hermana de Labán siro. 21 E Isaac rogó a Jehová por su mujer, porque era estéril; y fuéle propicio Jehová, de modo que Rebeca su mujer concibió. 22 Y luchaban los hijos dentro de ella; por lo cual decía: Si así había de ser, ¿por qué deseaba yo esto? Y fué a consultar a Jehová. 23 Y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán separados desde tus entrañas; y el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo; y el mayor servirá al menor. 24 Y se le cumplieron los días en que había de parir; y he aquí mellizos en su seno. 25 Y salió el primero, rojo, todo él como manta de pelo; y le llamaron Esaú. 26 Y después salió su hermano, y tenía la mano asida al calcañar de Esaú; por lo cual le llamaron Jacob.E Isaac era de edad de sesenta años cuando Rebeca los dió a luz. 27 Y crecieron los muchachos; y Esaú se hizo hombre diestro en la caza, hombre del campo; mas Jacob era hombre sencillo, que permanecía en las tiendas. 28 Y amaba Isaac a Esaú, porque comía de su caza; pero Rebeca amaba a Jacob. 29 Y un día guisaba Jacob un potaje, cuando Esaú llegó del campo; y estaba rendido de cansancio. 30 Y dijo Esaú a Jacob: Ruégote me dejes comer de este potaje rojo, porque estoy rendido de cansancio. Por esto fué llamado Edom. 31 Mas Jacob respondió: Véndeme hoy tu primogenitura. 32 Y dijo Esaú: He aquí, yo me estoy muriendo, ¿para qué pues me ha de servir la primogenitura? 33 Dijo entonces Jacob: Júramelo hoy. Y él se lo juró, vendiendo su primogenitura a Jacob. 34 Entonces Jacob dió a Esaú pan y guisado de lentejas. Y él comió, y bebió, y levantóse, y fuése. Así despreció Esaú la primogenitura.

Capítulo 26

1 Y HUBO hambre en la tierra, además de la primera hambre que acaeció en días de Abraham. Se fué pues Isaac a Abimelec, rey de los Filisteos, a Gerar. 2 Y le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; quédate en la tierra que yo te diré; 3 habita temporalmente en esta tierra, y estaré yo contigo y te bendeciré; porque a ti y a tu simiente daré todas estas tierras, y estableceré contigo el juramento que juré a Abraham tu padre; 4 y multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y daré a tu simiente todas estas tierras; y serán bendecidas en tu simiente todas las naciones de la tierra; 5 por cuanto obedeció Abraham mi voz, y guardó mis preceptos, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes. 6 Habitó pues Isaac en Gerar. 7 Y preguntaron los hombres del lugar acerca de su mujer. Y él respondió: Mi hermana es; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; no sea que me maten (decía él) los hombres el lugar con motivo de Rebeca; pues era de hermoso parecer. 8 Mas aconteció que, como se le prolongasen allí los días, asomándose Abimelec, rey de los Filisteos, a una ventana, miró, y he aquí que Isaac jugueteaba con Rebeca su mujer. 9 Y llamando Abimelec a Isaac, le dijo: ¡He aquí, ciertamente ella es tu mujer! ¿cómo pues dijiste tú: Es mi hermana? Y le respondió Isaac: Porque dije: No sea que yo muera por causa de ella. 10 Entonces dijo Abimelec: ¿Qué es esto que has hecho con nosotros? ¡Cuán fácilmente alguno del pueblo hubiera podido acostarse con tu mujer! y así nos hubieras hecho incurrir en delito. 11 Por lo cual mandó Abimelec a todo su pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre, o a su mujer, de cierto morirá. 12 Y sembró Isaac en aquella. tierra, y recogió aquel año ciento por uno; porque le bendijo Jehová. 13 Y engrandecióse el hombre, y siguió engrandeciéndose, hasta que vino a ser muy grande; 14 porque tenía posesiones de rebaños y posesiones de vacadas y gran servidumbre. Y le tuvieron envidia los Filisteos; 15 de modo que todos los pozos que habían cavado los siervos de su padre, los cegaron los Filisteos, llenándolos de tierra. 16 Dijo entonces Abimelec a Isaac: Retírate de nosotros, porque eres mucho más fuerte que nosotros. 17 Isaac pues se fué de allí, y acampó en el Valle de Gerar, y habitó allí. 18 Y volvió Isaac a cavar los pozos de agua que habían cavado en los días de Abraham su padre, y que los Filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y dióles nombre conforme a los nombres que les había puesto su padre. 19 Y cavaron los siervos de Isaac en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas. 20 Y contendieron los pastores de Gerar con los pastores de Isaac, diciendo: ¡Nuestras son las aguas! Y nombró el pozo Esec, porque riñeron con él. 21 Y cavaron otro pozo; y contendieron también sobre él; por lo cual le puso el nombre de Sitna. 22 Y levantando el campamento de allí cavó otro pozo; y no contendieron sobre él; por tanto lo nombró Rehobot, diciendo: Porque ahora Jehová nos ha dado ensanche, y medraremos en la tierra. 23 Y subió de allí a Beer-seba. 24 Y le apareció Jehová aquella noche, y dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque contigo soy yo, y te bendeciré, y multiplicaré tu simiente por causa de Abraham mi siervo. 25 E Isaac edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí sus tiendas; y los siervos de Isaac cavaron allí un pozo. 26 Entonces Abimelec fué a él desde Gerar, con Ahuzat su amigo, y Picol capitán de su ejército. 27 Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, vosotros que me odiáis, y me habéis echado de entre vosotros? 28 Y ellos respondieron: Claramente hemos visto que Jehová es contigo; y dijimos: Haya pues juramento entre nosotros, es decir, entre nosotros y tú, y hagamos un pacto contigo, 29 de que no nos harás ningún mal, así como nosotros no te hemos tocado y hemos hecho contigo solamente lo bueno, y te enviamos en paz. Tú eres ahora el bendito de Jehová. 30 Y él les hizo un banquete, y comieron y bebieron; 31 y por la mañana madrugaron, y juraron el uno al otro. Así los despidió Isaac, y se separaron de él en paz. 32 Y aconteció en aquel mismo día, que vinieron los siervos de Isaac, y le dieron noticia del pozo que habían acabado de cavar, diciéndole: Hemos hallado agua. 33 Y llamólo Seba: por eso el nombre de aquella ciudad es Beer-seba hasta el día de hoy. 34 Y siendo Esaú de cuarenta años, tomó por mujer a Judit, hija de Beeri heteo, y también a Basemat, hija de Elón heteo; 35 las cuales fueron una amargura de espíritu a Isaac y Rebeca.

Capítulo 27

1 Y ACONTECIÓ que cuando Isaac era viejo, y se le habían ofuscado los ojos de modo que ya no veía, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: ¡Hijo mío! y él respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: He aquí, yo soy ya viejo, y no sé el día de mi muerte. 3 Ahora pues toma tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y caza para mí alguna cosa, 4 y hazme manjares sabrosos, como me gustan, y tráemelos, para que yo coma y mi alma te bendiga antes que yo muera. 5 Y Rebeca, estaba escuchando mientras hablaba Isaac con Esaú su hijo. Y se fué Esaú al campo a cazar al o para traérselo. 6 Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí, he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: 7 Tráeme caza, y hazme manjares sabrosos, para que yo coma y te bendiga delante de Jehová, antes de mi muerte. 8 Ahora bien, hijo mío, oye mi voz, conforme a lo que te voy a mandar. 9 Ruégote que vayas al rebaño, y me traigas de allí dos cabritos buenos; y yo haré de ellos manjares sabrosos para tu padre, como a él le gustan; 10 y los llevarás a tu padre, para que coma y te bendiga a ti antes de su muerte. 11 Pero Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí que Esaú mi hermano es hombre velludo, y yo, hombre de piel lisa. 12 Quizá me palpará mi padre, y seré en su concepto como quien se burla de él; así traeré sobre mí maldición, y no bendición. 13 Y le dijo su madre: Sobre mí recaiga tu maldición, hijo mío; oye tan lo mi voz, y anda, tráemelos. 14 Fué pues Jacob, y los trajo a su madre; e hizo su madre manjares sabrosos, como le gustaban a su padre. 15 Entonces Rebeca tomó ropas de Esaú, su hijo mayor, las más preciosas, que tenía consigo en la casa, y con ellas vistió a Jacob, su hijo menor. 16 Y las pieles de los cabritos se las puso sobre las manos, y sobre la parte lisa de su cerviz. 17 Luego puso los manjares sabrosos y el pan que había aparejado, en manos de Jacob su hijo, 18 el cual fué a su padre, y dijo: ¡Padre mío! y él respondió: Heme aquí: ¿quién eres, hijo mío? 19 Y dijo Jacob a su padre: Soy Esaú, tu primogénito; he hecho como me dijiste; levántate, te ruego, siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma. 20 Entonces dijo Isaac a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios me deparó buen encuentro. 21 Dijo además Isaac a Jacob: Llégate acá, y te palparé, para saber si eres en realidad mi hijo Esaú, o no. 22 Llegóse por tanto Jacob a su padre Isaac, el cual le palpó, y dijo: La voz es voz de Jacob, pero las manos, manos de Esaú. 23 Y no acertó a conocerle, porque sus manos estaban vellosas, como las manos de Esaú su hermano; y así le bendijo. 24 Empero le dijo: ¿Eres tú en realidad mi hijo Esaú? Y él respondió: Lo soy. 25 Dijo por tanto: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que le bendiga mi alma. Y él se la acercó, y comió; y le trajo vino, y bebió. 26 Entonces le dijo Isaac su padre: Acércate y bésame, hijo mío. 27 Acercóse pues y le besó: y él olió el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: y, ¡Mira, el olor de mi hijo es como el olor de un campo que Jehová ha bendecido! 28 ¡Déte Dios del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, con abundancia de trigo y de vino! 29 ¡Sírvante pueblos, y póstrense delante de ti naciones: seas señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre! ¡Los que te maldijeren sean malditos, y benditos los que te bendijeren! 30 Y aconteció que apenas acababa Isaac de bendecir a Jacob, y no bien hubo salido Jacob de la presencia de Isaac su padre, cuando Esaú su hermano llegó de su caza. 31 E hizo él también manjares sabrosos y los trajo a su padre, y dijo a su padre: ¡Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga su alma! 32 Pero Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él contestó: Soy tu hijo, tu primogénito, Esaú. 33 Entonces estremecióse Isaac con grande estremecimiento hasta lo sumo, y dijo: ¿Quién es pues aquel que tomó caza, y me la trajo, y yo he comido de todo antes de que tú vinieses, y también le he bendecido? ¡y será bendito! 34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con clamor grande y sobremanera amargo, y dijo a su padre: ¡Bendíceme a mí, a mí también, oh padre mío! 35 Mas él respondió: Vino tu hermano con dolo, y tomó tú bendición. 36 Entonces él dijo: ¿No se le nombró bien Jacob? pues me ha suplantado estas dos veces: tomó mi primogenitura, y he aquí, ¡ahora me ha quitado mi bendición! Y dijo: ¿No has reservado una bendición para mí? 37 Mas Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí, por señor tuyo le he puesto, y le he dado por siervos a todos sus hermanos: de trigo también y de vino le he surtido; y por ti ¿qué podré hacer ahora, hijo mío? 38 Entonces dijo Esaú a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? ¡Bendíceme a mí, a mí también, oh padre mío! Y levantó Esaú la voz y lloró. 39 Respondió entonces Isaac su padre, y dijo: He aquí, provista de las grosuras de la tierra será tu habitación, y del rocío del cielo desde arriba; 40 y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; mas será que, conforme te vayas libertando, sacudirás su yugo de sobre tu cerviz. 41 Y Esaú aborreció a Jacob por motivo de la bendición con que le había bendecido su padre; y decía Esaú en su corazón: Se acercan ya los días del duelo por mi padre; entonces mataré a Jacob mi hermano. 42 Y fueron contadas a Rebeca las palabras de Esaú, su hijo mayor; por lo cual envió y llamó a Jacob, su hijo menor, y le dijo: He aquí que tu hermano Esaú va a vengarse de ti, matándote. 43 Ahora pues, hijo mío, oye mi voz, y levántate y huye a casa de Labán, mi hermano, a Carán; 44 y estáte con él algunos días, hasta que calme la cólera de tu hermano; 45 hasta que la ira de tu hermano se aparte de ti, y él se olvide de lo que le has hecho: yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué he de quedar sin hijos, privándoseme de ambos de vosotros en un mismo día? 46 Dijo pues Rebeca a Isaac: Fastidiada de la vida estoy con motivo de las hijas de Het: si Jacob toma mujer de las hijas de Het, tales como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿de qué me servirá ya la vida?

Capítulo 28

1 LLAMÓ entonces Isaac a Jacob, y le bendijo, y le mandó, diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. 2 Levántate, vé a Padán-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y tómate de allá mujer, de las hijas de Labán, hermano de tu madre. 3 Y el Dios Todopoderoso te bendiga, y te haga acrecentar, y te multiplique, de manera que vengas a ser congregación de pueblos; 4 y te dé la bendición de Abraham a ti y a tu simiente contigo; para que poseas la tierra de tus peregrinaciones, que Dios ha dado a Abraham. 5 De esta suerte envió Isaac a Jacob; y éste partió para Padán-aram, a casa de Labán, hijo de Betuel siro, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú. 6 Y como viese Esaú que Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padán-aram, a fin de que tomase allí mujer para sí, y que cuando le bendijo le había mandado, diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán; 7 y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padán-aram; 8 viendo pues Esaú que eran malas las hijas de Canaán a los ojos de Isaac su padre, 9 fué Esaú a Ismael, y tomóse por mujer a Mahalat, hija de Ismael, hijo de Abraham, la hermana de Nabayot; además de las mujeres que ya tenía. 10 Jacob pues salió de Beer-seba, y fué hacia Carán. 11 Y dió con cierto lugar, e hizo noche allí, porque ya se había puesto el sol. Y tomó una de las piedras del lugar, y se la puso por cabecera, y acostóse en aquel lugar. 12 Y soñó: y he aquí una escalera cuya base estaba en la tierra, y su cima tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y bajaban por ella: 13 y he aquí, Jehová estaba en lo más alto de ella, y dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado, te la daré a ti y a tu simiente. 14 Y será tu simiente como el polvo de la tierra; y te extenderás hacia el occidente, y hacia el oriente, y hacia el aquilón, y hacia el mediodía; y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra. 15 Y he aquí que yo seré contigo, y te guardaré dondequiera que anduvieres, y te haré volver a esta tierra; porque no te dejaré hasta tanto que haya cumplido lo que he prometido acerca de ti. 16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: ¡Verdaderamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía! 17 Y, lleno de asombro, dijo: ¡Cuán pavoroso es este lugar! no es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo. 18 Y por la mañana, madrugando Jacob, tomó la piedra que había puesto por cabecera, y alzóla por pilar, y derramó aceite sobre ella. 19 Y dió a aquel lugar el nombre de Bet-El; bien que Luz era el nombre de la ciudad anteriormente. 20 Y Jacob hizo voto, diciendo: Si estuviere Dios conmigo, y me guardare en este camino en que ando, y me diere pan que comer y ropa que vestir, 21 de modo que yo vuelva en paz a la casa de mi padre, entonces Jehová será mi Dios; 22 y esta piedra que he alzado por pilar será Casa de Dios; y de todo lo que me dieres, sin falta la décima parte a ti te la daré.

Capítulo 29

1 JACOB entonces prosiguió con presteza su viaje, y fué a tierra de los hijos de Oriente. 2 Y miró, y vió un pozo en el campo, y he aquí tres rebaños de ovejas que yacían junto a él; pues de aquel pozo abrevaban los rebaños; y una piedra grande estaba sobre la boca del pozo. 3 Porque allí se reunían todos los rebaños; y revolvían los pastores la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevaban el ganado; y volvían a poner las piedra sobre la boca del pozo, en su lugar. 4 Y les dijo Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde sois? y ellos contestaron: De Carán somos. 5 Y él les dijo: ¿Conocéis a Labán hijo de Nacor? Y respondieron: Le conocemos. 6 Y les dijo: ¿Está bueno? Y dijeron: Bueno está; y he aquí a Raquel su hija que viene con el ganado. 7 Entonces él dijo: He aquí, aun resta mucho del día, no es hora de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e idlas a apacentar. 8 Mas ellos respondieron: No podemos, hasta tanto que se junten todos los rebaños; entonces revuelven los pastores la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevamos el ganado. 9 Todavía estaba él hablando con ellos, cuando Raquel llegó con el ganado de su padre; pues era ella la pastora. 10 Y sucedió que, como viese Jacob a Raquel hija de Labán, el hermano de su madre, y al ganado de Labán, hermano de su madre, llegóse Jacob y revolvió la piedra de sobre la boca del pozo y abrevó el ganado de Labán, hermano de su madre. 11 Y besó Jacob a Raquel; y alzó su voz y lloró. 12 Y manifestó Jacob a Raquel que era hermano de su padre, y que era hijo de Rebeca. Entonces ella corrió, y lo contó a su padre. 13 Y aconteció que cuando Labán oyó las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirle, y le abrazó y besóle, y trájole a su casa; y él contó a Labán todas estas cosas. 14 Y Labán le dijo: ¡Ciertamente mi hueso y mi carne eres! Y estuvo con él por espacio de un mes. 15 Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por cuanto eres mi hermano, me servirás de balde? declárame cuál ha de ser tu salario. 16 Y tenía Labán dos hijas; el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel. 17 Y los ojos de Lea eran tiernos; mas era Raquel de bella figura y de hermoso semblante. 18 Y Jacob amaba a Raquel; de manera que dijo: Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor. 19 A lo cual respondió Labán: Mejor es que te la dé a ti, que no que se la dé a otro: quédate conmigo. 20 Y así Jacob sirvió por Raquel siete años; y pareciéronle como unos cuantos días, por el amor que le tenía. 21 Entonces dijo Jacob a Labán; Dame mi mujer, que se han cumplido los días, y me llegaré a ella. 22 Labán pues juntó a todos los hombres del lugar, e hizo un banquete. 23 Mas aconteció que por la noche tomó a Lea su hija y se la trajo; y él se llegó a ella. 24 Y a su hija Lea dió Labán su sierva Zilpa por sierva suya. 25 Y aconteció que por la mañana, ¡he aquí que era Lea! Y él dijo a Labán: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿No te serví por Raquel? ¿por qué pues me has engañado? 26 Y respondió Labán: No se hace así en nuestra tierra, que se dé la menor antes que la mayor. 27 Cumple la semana de ésta, y te daremos también la otra, por el servicio que harás todavía siete años más. 28 Jacob pues lo hizo así; y habiéndole cumplido la semana a Lea, Labán le dió por mujer a. su hija Raquel. 29 Y a su hija Raquel dió Labán su sierva Bilha, por sierva suya. 30 Así llegóse Jacob a Raquel también; y también amó a Raquel más que a Lea; y sirvió a Labán todavía siete años más. 31 Y viendo Jehová que Lea era odiada, abrió su matriz; más Raquel era estéril. 32 Y concibió Lea y parió un hijo; y le llamó Rubén, pues decía: Porque Jehová ha mirado mi aflicción: por tanto, ahora me amará mi marido. 33 Y concibió otra vez y parió un hijo, y dijo: Por cuanto Jehová oyó que yo era odiada, me ha dado éste también; y le llamó Simeón. 34 Y concibió otra vez y parió un hijo; y dijo: Ahora esta vez quedará mi marido unido conmigo; porque le he parido tres hijos: por tanto fué llamado Leví. 35 Y volvió a concebir, y parió un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová: por tanto le puso el nombre de Judá; y dejó de parir.

Capítulo 30

1 Y CUANDO Raquel vió que no daba hijos a Jacob, tuvo Raquel envidia de su hermana; y dijo a Jacob: ¡Dame hijos; que si no, me muero! 2 Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso en lugar de Dios, que te ha negado el fruto del seno? 3 Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y parirá sobre mis rodillas: y así yo también tendré hijos por medio de ella. 4 Le dió pues a Bilha su sierva por mujer; y llegóse a ella Jacob. 5 Y concibió Bilha, y parió a Jacob un hijo. 6 Y dijo Raquel: ¡Juzgóme Dios, y también ha oído mi voz y me ha dado a mí un hijo! por tanto le llamó Dan. 7 Y Bilha sierva de Raquel concibió otra vez y parió su segundo hijo a Jacob. 8 Y dijo Raquel: ¡Con grandes luchas he luchado con mi hermana y he prevalecido! y le nombró Neftalí. 9 Mas cuando Lea vió que había dejado de parir, tomó a Zilpa, su sierva, y la dió a Jacob por mujer. 10 Y parió Zilpa sierva de Lea un hijo a Jacob. 11 Y dijo Lea: ¡Con buena ventura! y le puso el nombre de Gad. 12 Y parió Zilpa sierva de Lea, su segundo hijo a Jacob. 13 Y dijo Lea: ¡En mi dicha! porque me llamarán dichosa las doncellas: por tanto le llamó Aser. 14 Y fué Rubén, en tiempo de la cosecha de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a su madre Lea. Entonces dijo Raquel a Lea: Ruégote me des de las mandrágoras de tu hijo. 15 Mas ella le respondió: ¿Es tan poca cosa el haberte tú llevado mi marido, que quieras llevarte también las mandrágoras de mi hijo? Dijo Raquel: Por tanto se acostará contigo esta noche, a trueque de las mandrágoras de tu hijo. 16 Y cuando Jacob volvió del campo a la tarde, salióle al encuentro Lea, y le dijo: Conmigo has de estar esta noche; que a buen seguro te he alquilado con las mandrágoras de mi hijo. Y acostóse con ella aquella noche. 17 Y oyó Dios a Lea; de modo que concibió y parió a Jacob su quinto lujo. 18 Y dijo Lea: Me ha dado Dios mi recompensa, porque dí mi sierva a mi marido: y le llamó Isacar. 19 Y Lea concibió otra vez, y parió su sexto hijo a Jacob. 20 Y dijo Lea: Dios me ha dado una buena dote; esta vez habitará conmigo mi marido, ya que le he parido seis hijos: y le nombró Zabulón. 21 Después parió una hija, y la llamó Dina. 22 Y acordóse Dios de Raquel, y oyóla Dios, y abrió su matriz; 23 de manera que concibió y parió un hijo; y dijo: ¡Quitado ha Dios mi oprobio! 24 Y le puso el nombre de José diciendo: Jehová me va a dar otro hijo por añadidura. 25 Y aconteció que cuando Raquel hubo parido a José, Jacob dijo a Labán: Despáchame, e iré a mi lugar y a mi tierra. 26 Dame mis mujeres y mis hijos, por quienes te he servido, para que me vaya; pues tú sabes cuál es el servicio con que te he servido. 27 Mas Labán le respondió: ¡Ojalá que yo halle gracia en tus ojos! He observado cuidadosamente que Jehová me ha bendecido por tu causa. 28 Dijo más: Indícame tu salario, y te lo daré. 29 Y él contestó: Tú sabes cómo te he servido, y lo que ha venido a ser tu ganado conmigo; 30 que poca cosa era lo que tenías antes de mi venida, y de repente se ha hecho una multitud; pues te ha bendecido Jehová con mi manejo: y ahora, ¿cuándo he de trabajar también por mi propia casa? 31 Y le dijo Labán: ¿Qué te daré? Y respondió Jacob: No me des nada; mas si hicieres esto conmigo, volveré a apacentar y a cuidar tu ganado. 32 Pasaré por todo tu ganado hoy, apartando de allí toda res salpicada y manchada; o sea, toda res negra entre las ovejas, y la manchada y salpicada entre las cabras; y de éstas será mi salario en adelante. 33 Así responderá por mí mi integridad en lo venidero, cuando vinieres para ocuparte de mi salario, que tendrás delante de tu mismo rostro: todo lo que no sea salpicado y manchado entre las cabras, y negro entre las ovejas, téngase por robado si fuere hallado conmigo. 34 Entonces dijo Labán: ¡Convenido! ¡ojalá sea conforme a tu dicho! 35 Apartó pues Labán en aquel mismo día los machos cabríos listados y manchados, y todas las cabras salpicadas y manchadas, (todo lo que tenía algo de blanco en él), y todo lo negro entre las ovejas; y lo dió en manos de sus hijos. 36 E interpuso jornada de tres días entre sí y Jacob; y Jacob quedó apacentando lo restante del ganado de Labán. 37 Entonces Jacob tomó para sí varas de álamo y de avellano y de plátano oriental, y descortezó en ellas listas blancas, haciendo descubrir así lo blanco que había en las varas; 38 y puso las varas que había descortezado en las canales delante del ganado, en los abrevaderos, donde solían las reses venir a beber; y ellas se ponían en celo cuando venían a beber. 39 De suerte: que se ponían en celo las reses delante de las varas, y parían las reses crías listadas, salpicadas y manchadas. 40 Y estos corderitos los apartaba Jacob, y dirigió la vista del ganado hacia lo listado; y todo lo negro entre el ganado de Labán: y puso los rebaños de él mismo aparte, y no los puso con el ganado de Labán. 41 Y era así que cada vez que andaba en celo el ganado robusto, puso Jacob las varas delante de los ojos del ganado en las pilas, para hacerlos recalentar entre las varas. 42 Mas siempre que era débil el ganado, no las ponía: con lo cual vino a ser lo débil para Labán, y lo robusto para Jacob. 43 De esta suerte el hombre medró repentinamente de un modo extraordinario; y tuvo muchos rebaños, y siervas, y siervos, y camellos y asnos.

Capítulo 31

1 PERO Jacob oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían: Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que es de nuestro padre se ha hecho toda esta grandeza. 2 Miró también Jacob el rostro de Labán, y he aquí que no era para con él como antes. 3 Además Jehová dijo a Jacob: Vuelve a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo seré contigo. 4 Por tanto Jacob envió y llamó a Raquel y a Lea al campo, donde tenía su ganado, y les dijo: 5 Estoy viendo el rostro de vuestro padre, que no es conmigo como antes; mas el Dios de mis padres ha sido conmigo. 6 Y vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre; 7 Mas vuestro padre se ha burlado de mí, y ha cambiado mi salario diez veces; pero no le permitió Dios hacerme mal. 8 Si él decía así: Los salpicados serán tu salario, entonces parían todas las reses salpicados. Y si decía así: Los listados serán tu salario, entonces todas las reses parían listados. 9 De suerte que Dios ha quitado el ganado de vuestro padre, y me lo ha dado. 10 Pues sucedió que al tiempo que andaba en celo el ganado, alcé mis ojos y vi en sueños que, he aquí, los machos que cubrían las hembras eran listados, salpicados y abigarrados. 11 Y me dijo el Ángel de Dios en sueños: ¡Jacob! y respondíle: Heme aquí. 12 Y dijo él: Alza los ojos, y verás que todos los machos que cubren las hembras, son listados, salpicados y abigarrados: porque yo he visto todo lo que Labán te está haciendo. 13 Yo soy el Dios de Bet-el, donde ungiste el pilar, y donde me hiciste voto. Ahora pues, levántate, sal de esta tierra, y vuelve a la tierra de tu nacimiento. 14 A lo que respondieron Raquel y Lea, y le dijeron: ¿Acaso nos queda todavía a nosotras parte ni herencia en la casa de nuestro padre? 15 ¿No le somos reputadas por extrañas? porque nos vendió, y hase comido por completo nuestro precio. 16 De manera que toda la riqueza que ha quitado Dios a nuestro padre, de nosotras es y de nuestros hijos. Ahora pues, haz cuanto te ha dicho Dios. 17 Entonces Jacob se levantó, y haciendo subir a sus hijos y sus mujeres sobre los camellos, 18 puso en camino todo su ganado, y toda su hacienda que había allegado, el ganado de su ganancia que había adquirido en Padán-aram, para irse a Isaac su padre, en la tierra de Canaán. 19 Mas Labán había ido a esquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos domésticos que tenía su padre. 20 Y Jacob se alejó de Labán siro secretamente; pues no le avisó que se huía. 21 De esta suerte huyó Jacob con todo lo que era suyo, y pasó el río Eufrates, y puso su rostro hacia la serranía de Galaad. 22 Y fué dado aviso a Labán al tercer día, que había huído Jacob. 23 Por lo cual tomó sus hermanos consigo, y siguió a su alcance jornada de siete días, y le alcanzó en la serranía de Galaad. 24 Pero Dios vino a Labán siro en sueños de noche, y le dijo: ¡Guárdate de hablar con Jacob bien ni mal! 25 Alcanzó pues Labán a Jacob; y Jacob había ya fijado sus tiendas en el monte; y Labán fijó sus tiendas en el mismo monte de Galaad. 26 Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué maldad has cometido, para que huyeses de mí secretamente, y llevases a mis hijas como cautivadas a espada? 27 ¿Por qué encubriste tu fuga, y te escapaste de mí secretamente, y no me avisaste para que te enviase con festejos y con canciones, con tamboriles y con arpas; 28 y ni siquiera me permitiste besar a mis hijos y -a mis hijas? Ahora pues te has portado neciamente haciendo esto. 29 Está al alcance de mi mano el haceros mal; pero el Dios de vuestro padre me habló anoche, diciendo: ¡Guárdate de hablar con Jacob bien o mal! 30 Mas ya que tenías que irte, por lo mucho que anhelabas la casa de tu padre, ¿por qué hurtaste mis dioses? 31 Entonces contestó Jacob, y dijo a Labán: Me huí secretamente porque tuve miedo; pues pensaba que tú me quitarías por fuerza tus hijas. 32 Mas aquel con quien halles tus dioses, ¡que no viva! Delante de nuestros hermanos reconoce qué tengo de lo tuyo, y llévatelo. (Porque Jacob no sabía que Raquel los había hurtado.) 33 Entró por tanto Labán en la tienda de Jacob, y en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, mas no los halló; y saliendo de la tienda de Lea, entró en la tienda de Raquel. 34 Mas Raquel ya había tomado los ídolos y los había metido debajo de los aparejos del camello, y habíase sentado encima de ellos. Labán pues tentó toda la tienda, mas no los halló. 35 Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor de que no pueda levantarme delante de ti; porque estoy con la costumbre de las mujeres. De suerte que él buscó, mas no halló los ídolos. 36 Entonces airóse Jacob, y altercó con Labán; y respondió Jacob y dijo a Labán: ¿Cuál es mi transgresión, y cuál mi pecado, para que siguieses así acaloradamente en pos de mí? 37 Ya que has tentado todos mis efectos, ¿qué has hallado de los efectos de tu casa? Ponlo aquí delante de mis hermanos y tus hermanos, y juzguen ellos entre nosotros dos. 38 Estos veinte años que te he servido, tus ovejas y tus cabras no han perdido sus crías, y los carneros de tus rebaños no me los he comido. 39 Lo despedazado por fieras no lo traje a ti; yo llevé la culpa: de ni mano lo exigías, ya me fuese robado de día, ya robado de noche. 40 De esta suerte lo pasaba yo; de día me consumía el calor, y el hielo de noche: y el sueño se huía de mis ojos, 41 Así lo he pasado por veinte años en tu casa; te serví catorce años por tus dos hijas, y seis años por tu ganado; y tú has cambiado mi salario diez veces. 42 Si no hubiese sido conmigo el Dios de mi padre, el Dios de Abraham y el Temor de Isaac, seguramente me enviarías ahora con las manos vacías. Dios ha visto mi aflicción, y la fatiga de mis manos; y él te reprendió anoche. 43 Entonces contestó Labán y dijo a Jacob: Estas hijas son hijas mías; y estos hijos, hijos míos; los rebaños, rebaños míos; y todo lo que tú estás viendo, mío es. ¿Y qué puedo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que ellas han parido? 44 Ahora bien, ven, hagamos un pacto, yo y tú, que sirva de testimonio entre mí y ti. 45 Jacob entonces tomó una piedra, y levantóla por pilar. 46 Y dijo Jacob a sus hermanos: Recoged piedras; tomaron pues piedras e hicieron un majano; y comieron allí sobre aquel majano. 47 Y lo llamó Labán Jegar-sahaduta, (mas Jacob lo llamó Gal-ed). 48 Y dijo Labán: Este majano es testigo entre mí y ti, hoy. Por tanto fué llamado Gal-ed, 49 y Mizpa, porque dijo también: ¡Atalaye Jehová entre mí y ti, cuando estemos ausentes el uno del otro! 50 Si oprimieres a mis hijas, o si tomares otras mujeres además de mis hijas, nadie está con nosotros; pero mira, Dios es testigo entre mí y ti. 51 Dijo más Labán a Jacob: He aquí este majano, y he aquí este pilar, que he colocado entre mí y ti, 52 testigo sea este majano, y testigo este pilar, de que yo no pasaré este majano hacia ti, y de que tú no pasarás este majano y este pilar hacia mí, para mal. 53 ¡Los dioses de Abraham, y los dioses de Nacor juzguen entre nosotros! dioses también del padre de ellos. Mas Jacob juró por el Temor de su padre Isaac. 54 Y ofreció Jacob sacrificios en él monte, y llamó a sus hermanos para que comiesen pan. Así pues comieron pan, y pasaron la noche en el monte; 55 y por la mañana madrugó Labán, y besó a sus hijos y a sus hijas, y los bendijo; luego se puso en camino, y volvióse Labán a su lugar.

Capítulo 32

1 MAS Jacob siguió su camino; y salieron a recibirle ángeles de Dios. 2 Y dijo Jacob al verlos: Campamento de Dios es éste: y llamó aquel lugar Mahanaim. 3 Entonces Jacob envió mensajeros delante de sí a Esaú, su hermano, a tierra de Seir, país de Edom; 4 Y mandóles diciendo: De esta manera diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he estado, y he permanecido allí hasta ahora; 5 y tengo bueyes, y asnos, y rebaños, y siervos y siervas; y he enviado a avisar a mi señor, para hallar gracia en sus ojos. 6 Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Llegamos a tu hermano Esaú, y también él viene a tu encuentro, y cuatrocientos hombres con él. 7 Jacob pues temió mucho, y angustióse; y dividió el pueblo que tenía, y los rebaños, y las vacadas, y los camellos, en dos campamentos; 8 pues decía: Si viene Esaú al un campamento, y lo hiere, el campamento que queda escapará. 9 Entonces dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová: tú que me dijiste: Vuelve a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; 10 indigno soy de todas las mercedes y de toda la fidelidad de que has usado para con tu siervo: porque con mi báculo pasé este Jordán, y ahora he venido a ser dos campamentos. 11 ¡Líbrame, te ruego, de mano de mi hermano, de mano de Esaú; porque le temo, no sea que venga y me hiera, degollando la madre sobre los hijos! 12 Y tú mismo dijiste: Ciertamente yo te haré bien, y pondré tu simiente como las arenas del mar, que no pueden ser contadas a causa de la muchedumbre. 13 Y pasó allí la noche: y tomó de lo que le venía a la mano un presente para Esaú su hermano: 14 Doscientas cabras y veinte machos de cabrío; doscientas ovejas y veinte carneros; 15 treinta camellas paridas con sus crías: cuarenta vacas y diez toros; veinte asnas y diez pollinos. 16 Y los entregó en manos de sus siervos, cada manada aparte, y dijo a sus siervos: Pasad delante de mí, y dejaréis un buen espacio entre manada y manada. 17 Y mandó al primero, diciendo: Cuando te encontrare Esaú mi hermano, y te preguntare, diciendo: ¿De quién eres? ¿y a dónde vas? ¿y de quién son estos que van delante de ti? 18 entonces le dirás: De tu siervo Jacob; un presente es, enviado a mi señor Esaú; y he aquí que él también viene tras de nosotros. 19 Y mandó al segundo también, y también al tercero, y asimismo a todos los que iban tras las manadas, diciendo: En estos mismos términos hablaréis a Esaú cuando le encontrareis. 20 Y diréis también: He aquí, tu siervo Jacob viene en pos de nosotros. Porque decía: Aplacaré su ira con el presente que va delante de mí; después de esto veré su rostro; quizás me mirará benignamente. 21 Pasó pues el presente delante de él; mas él mismo se quedó aquella noche en el campamento. 22 Y levantóse durante la noche, y tomó a sus dos mujeres, y a sus dos siervas, y a sus once hijos, y los hizo pasar el vado del Jaboc. 23 Tomólos pues, y los hizo pasar el torrente, e hizo pasar también todo lo que tenía. 24 Y quedóse Jacob solo, y luchó un hombre con él hasta el romper del alba. 25 Y cuando éste vió que no podía con él, tocó la coyuntura del muslo de Jacob; y descoyuntóse la coyuntura de Jacob entretanto que luchaba con él. 26 Y dijo: ¡Suéltame, que ya raya el alba! Mas le contestó Jacob: No te soltaré hasta que me hayas bendecido. 27 Y el otro le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28 Le dijo pues: No serás llamado más Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios, y con los hombres, y has prevalecido. 29 Entonces le preguntó Jacob, diciendo: Ruégote a ti me declares cuál es tu nombre. Mas él respondió: Por qué preguntas por mi nombre? Y le bendijo allí. 30 Y Jacob nombró aquel lugar Peni-El; porque he visto a Dios, (así decía), cara a cara, y fué librada mi vida. 31 Y salióle el sol cuando él pasaba por Penuel; y cojeaba del muslo. 32 Por tanto no comen los hijos de Israel del tendón de la cadera, que está en la coyuntura del muslo, hasta el día de hoy; por cuanto aquel hombre tocó la coyuntura del muslo de Jacob, en el tendón de la cadera.

Capítulo 33

1 ENTONCES Jacob alzó los ojos, y vió que, he aquí Esaú venía, y con él cuatrocientos hombres. Repartió pues los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas. 2 Y puso las siervas con sus niños, los primeros, y a Lea con sus niños los segundos, y a Raquel con José los postreros. 3 Pero él mismo pasó delante de ellos, e inclinóse a tierra siete veces, hasta que hubo llegado a su hermano. 4 Esaú empero corrió a recibirle, y abrazóle, y echóse sobre su cuello y le besó; y lloraron. 5 Y como alzase Esaú los ojos, vió las mujeres y los niños, y dijo: ¿Quiénes son estos que vienen contigo? Y él respondió: Son los niños con que Dios ha hecho merced a tu siervo. 6 Entonces se acercaron las siervas, ellas y sus niños, y se postraron. 7 Luego se acercó también Lea con sus niños, y se postraron; y después se acercaron José y Raquel, y se postraron. 8 Dijo Esaú además: ¿Qué propones con toda esta muchedumbre de ganado que acabo de encontrar? A lo que respondió Jacob: Es para hallar gracia en los ojos de mi señor. 9 Mas Esaú dijo: Tengo bastante, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo. 10 Pero Jacob le dijo: No sea así, te lo ruego, si he hallado gracia en tus ojos; sino que has de recibir un presente de mi mano, por lo mismo que he visto tu rostro, como quien ve el rostro de Dios, y tú te complaciste en mí. 11 Ruégote aceptes el regalo que te he traído; porque Dios me ha hecho merced, y porque tengo de todo. Instóle pues, y lo aceptó. 12 Luego dijo Esaú: Emprendamos marcha y vayamos juntos, y yo iré delante de ti. 13 Mas él respondió: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo que mirar por las ovejas y vacas preñadas: y si las apresuran un solo día, morirá todo el ganado. 14 Pase pues mi señor delante de su siervo, y yo guiaré lentamente, al paso que pide la hacienda que llevo delante, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor en Seir. 15 Dijo entonces Esaú: Permite que ponga a tu servicio parte de la gente que está conmigo. Mas dijo Jacob: ¿Para qué esto? ¡Halle yo gracia en los ojos de mi señor! 16 De manera que se volvió Esaú en ese mismo día, y tomó su camino para Seir. 17 Jacob empero movió su campamento a Sucot, donde edificó para sí una casa, y para su ganado hizo barracas. Por tanto fué llamado aquel lugar Sucot. 18 Así vino Jacob en paz a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, a su regreso de Padán-aram; y acampó enfrente de la ciudad. 19 Y compró la parte del campo donde había fijado sus tiendas, de mano de los hijos de Hamor, padre de Siquem, en cien kesitas; 20 y erigió allí un altar, y llamólo El-Elohé-Israel.

Capítulo 34

1 MAS salió Dina hija de Lea, la cual ésta había parido a Jacob, a ver las hijas de aquella tierra. 2 Y la vió Siquem, hijo de Hamor heveo, príncipe de la tierra; y la tomó y acostóse con ella, haciéndole violencia. 3 Y unióse su alma a Dina hija de Jacob, y amó á la joven, y habló cariñosamente a la joven. 4 Entonces Siquem habló a su padre Hamor, diciendo: Consígueme esta niña por mujer. 5 Y Jacob oyó decir que él había violado a su hija Dina: mas sus hijos estaban con el ganado en el campo; callóse pues Jacob hasta que ellos vinieron. 6 Entonces Hamor, padre de Siquem, salió a donde estaba Jacob para tratar con él. 7 Y los hijos de Jacob vinieron del campo luego que lo supieron; y se resintieron los hombres, y enardecióse mucho su enojo, porque se había cometido villanía en Israel, acostándose con la hija de Jacob; cosa que no se debía hacer. 8 Habló pues Hamor con ellos, diciendo: El alma de Siquem mi hijo está unida a vuestra hija; ruégoos se la deis por mujer; 9 Y emparentad con nosotros; nos daréis a nosotros vuestras hijas, y os daremos a vosotros nuestras hijas. 10 Así habitaréis con nosotros, y la tierra estará ante vosotros; habitad, pues, y traficad y tened posesiones en ella. 11 Siquem también dijo al padre y a los hermanos de ella: ¡Halle yo gracia en vuestros ojos! y lo que me dijereis yo lo daré. 12 Cargad sobre mí sin tasa, dote y dones, que yo daré cuanto me dijereis; con tal que me deis la joven por mujer. 13 Entonces respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a Hamor su padre, y les hablaron con disimulo, por cuanto había violado a Dina su hermana. 14 Les dijeron pues: No podemos hacer esto, el dar nuestra hermana a un hombre incircunciso; porque sería una deshonra para nosotros. 15 Tan sólo con esta condición podremos complaceros, a saber, si consentís en ser como nosotros, circuncidando todo varón de entre vosotros. 16 Entonces os daremos a vosotros nuestras hijas, y tomaremos vuestras hijas para nosotros; y habitaremos con vosotros, y seremos un mismo pueblo. 17 Mas si no quisiereis escucharnos para ser circuncidados, tomaremos a nuestra hija, y nos iremos. 18 Y sus palabras gustaron a Hamor y a Siquem, hijo de Hamor; 19 y no dilató el joven en hacer aquello, porque se deleitaba en la hija de Jacob: y él era el más distinguido de toda la casa de su padre. 20 Fueron entonces Hamor y Siquem su hijo a la puerta de su ciudad, y hablaron con los hombres de su ciudad, diciendo: 21 Estos hombres son pacíficos para con nosotros; habiten por tanto en la tierra, y trafiquen en ella; he aquí que la tierra es bastante ancha para ellos: nosotros tomaremos a sus hijas por mujeres, y les daremos a ellos nuestras hijas. 22 Empero solamente con esta condición querrán los hombres complacernos en habitar con nosotros, para ser un mismo pueblo, a saber, que sea circuncidado todo varón de entre nosotros, así como ellos son circuncidados. 23 ¿No serán nuestros sus ganados y sus riquezas y todas sus bestias? Tan sólo consintamos con ellos, y habitarán con nosotros. 24 Y obedecieron a Hamor y a Siquem su hijo todos los que salían por la puerta de su ciudad; de modo que se circuncidaron todos los varones, todos los que salían por la puerta de su ciudad. 25 Y aconteció que al tercer día, cuando estaban doloridos, dos de los hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y entraron en la ciudad confiadamente, y mataron a todo varón. 26 A Hamor también y a Siquem su hijo, mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y salieron. 27 Entonces los hijos de Jacob vinieron sobre los muertos, y saquearon la ciudad; por cuanto habían violado a su hermana. 28 Tomaron sus rebaños y sus vacadas, y sus asnos; tanto lo que había en la ciudad como lo que había en el campo, 29 con todos sus haberes; y llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres; saqueando todo cuanto había en casa. 30 Dijo entonces Jacob a Simeón y Leví: Me habéis turbado, haciéndome odioso para con los moradores de este tierra, para con los Cananeos y los Perezeos; y teniendo yo poca gente, se juntarán contra mí y me herirán; y seré destruído, yo y mi casa. 31 Mas ellos le respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera?

Capítulo 35

1 EMPERO Dios dijo a Jacob: Levántate, sube a Bet-el, y habita allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de la presencia de Esaú tu hermano. 2 Entonces dijo Jacob a su familia, y a todos los que con él estaban: Apartad los dioses extraños que están en medio de vosotros, y purificaos, y mudad vuestros vestidos; 3 y nos levantaremos, y subiremos a Bet-el, y haré allí un altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino por donde he andado. 4 Y ellos dieron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder, y los zarcillos que traían en las orejas; y los escondió Jacob debajo de un roble que estaba cerca de Siquem. 5 En seguida, levantó su campamento: y sobrevino un grandísimo terror a las ciudades de en derredor de ellos, de manera que no persiguieron a los hijos de Jacob. 6 Jacob pues vino a Luz, que está en la tierra de Canaán (la cual es Bet-el), él y todo el pueblo que estaba con él. 7 Y edificó allí un altar, y llamó el lugar El-bet-el; porque Dios se le había manifestado allí, cuando iba huyendo de Esaú su hermano. 8 Y murió Débora, nodriza de Rebeca, y fué enterrada al pie de la colina de Bet-el, debajo de una encina; la cual fué llamada Encina del llanto. 9 Y Dios apareció otra vez a Jacob después que volvió de Padán-aram, y le bendijo. 10 Y díjole Dios: Tu nombre ha sido Jacob; pero ya no serás llamado Jacob, sino que Israel será tu nombre: y púsole el nombre de Israel. 11 Además le dijo Dios: Yo soy el Dios Omnipotente; sé fecundo y multiplícate; una nación y una congregación de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos. 12 Y la tierra que he dado a Abraham y a Isaac, a ti te la daré; también a tu simiente después de ti daré la tierra. 13 Y subió Dios de cerca de él, en el lugar donde había hablado con él. 14 Entonces levantó Jacob un monumento en el lugar donde Dios había hablado con él; monumento de piedra; y derramó sobre él una libación, y vertió sobre él aceite. 15 Y Jacob dió al lugar donde Dios había hablado con él, el nombre de Bet-el. 16 Y alzó su campamento de Bet-el, y cuando le faltaba todavía algún trecho para llegar a Efrata, parió Raquel; y tuvo duro trabajo en el parto. 17 Y aconteció en lo más duro del parto, que le dijo la partera: No temas, porque ahora vas a tener otro hijo. 18 Y acaeció que al salírsele el alma (pues murió), le nombró Ben-oní; mas su padre le llamó Ben-jamín. 19 De manera que murió Raquel, y fué enterrada en el camino de Efrata (la cual es Bet-lehem). 20 Y levantó Jacob un monumento sobre su sepultura; el cual es el monumento de la sepultura de Raquel, que permanece hasta el día de hoy. 21 E Israel alzó el campamento, y fijó sus tiendas más allá de la torre de Eder. 22 Y aconteció que mientras habitaba Israel en aquella tierra, Rubén fué y acostóse con Bilha, concubina de su padre: y lo supo Israel. Eran pues doce los hijos de Israel. 23 Los hijos de Lea: Rubén, el primogénito de Jacob, y Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y Zabulón. 24 Los hijos de Raquel: José y Ben-jamín. 25 Y los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí, 26 y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Éstos son los hijos de Jacob, que le nacieron en Padán-aram. 27 Y vino Jacob a Isaac su padre, en Mamré, ciudad de Arba (que es Hebrón) donde habían morado como extranjeros Abraham e Isaac. 28 Y fueron los días de Isaac ciento y ochenta años. 29 Y expiró Isaac y murió, y fué agregado a su pueblo, viejo y harto de días; y le sepultaron sus hijos Esaú y Jacob.

Capítulo 36

1 Y ESTAS son las generaciones de Esaú (el cual es Edom): 2 Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán; a saber, Ada hija de Elón heteo, y Aholibama hija de Aná, hija de Zibeón heveo. 3 Tomó también a Basemat hija de Ismael, hermana de Nabayot. 4 Y Ada parió Elifaz a Esaú; y Basemat parió a Reuel. 5 Y Aholibama parió a Jeús y a Jalam y a Coré. Éstos fueron los hijos de Esaú, que le nacieron en la tierra de Canaán. 6 Y tomó Esaú a sus mujeres, y a sus hijos, y a sus hijas, y a todas las almas de su casa, y su ganado y todas sus bestias, con todos sus haberes que había adquirido en la tierra de Canaán, y fuése a otra tierra a causa de Jacob su hermano. 7 Porque la hacienda de ellos era demasiado grande para que habitasen juntos; pues la tierra de sus peregrinaciones no podía sostenerlos, por ser muchos sus ganados. 8 Así pues habitó Esaú en la serranía de Seir. Esaú es Edom. 9 Y estas son las generaciones de Esaú, padre de los Edomitas, en la serranía de Seir. 10 Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; y Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú. 11 Y eran los hijos de Elifaz, Temán, Omar, Zefo, Gatam y Kenaz. 12 Y Timna era concubina de Elifaz hijo de Esaú, la cual le parió a Amalec. Estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú. 13 Y estos son los hijos de Reuel: Nahat, Zera, Sama y Miza: éstos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú. 14 Y estos son los hijos de Aholibama, hija de Aná, hija de Zibeón, mujer de Esaú, que ella le parió a Esaú: Jeús Jalam y Coré. 15 Estos son los caudillos de los hijos de Esaú: Los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú: El caudillo Temán, el caudillo Omar, el caudillo Zefo, el caudillo Kenaz, 16 el caudillo Coré, el caudillo Gatam, el caudillo Amalec; éstos son los caudillos que descendieron de Elifaz, en la tierra de Edom: éstos son los hijos de Ada. 17 Y estos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: El caudillo Nahat, el caudillo Zera, el caudillo Sama, el caudillo Miza; éstos son los caudillos que descendieron de Reuel, en la tierra de Edom: éstos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú. 18 Estos son los hijos de Aholibama, mujer de Esaú: El caudillo Jeús, el caudillo Jaalam, el caudillo Coré: éstos son los caudillos que descendieron de Aholibama hija de Aná, mujer de Esaú. 19 Estos son los hijos de Esaú, y éstos sus caudillos: el cual es Edom. 20 Estos son los hijos de Seir horeo, que antes habitaban en aquella tierra: Lotán, y Sobal, y Zibeón, y Aná, 21 y Disón, y Ezer, y Disán. Éstos son los caudillos de los Horeos, hijos de Seir, en la tierra de Edom. 22 Y eran los hijos de Lotán, Hori y Hemán; y la hermana de Lotán era Timna. 23 Y estos son los hijos de Sobal: Alván, y Manahat, y Ebal, y Sefo, y Onam. 24 Y estos son los hijos de Zibeón: Aya y Aná. Éste es el mismo Aná que halló mulos en el desierto, cuando apacentaba los asnos de Zibeón su padre. 25 Y estos son los hijos de Aná: Disón, y Aholibama, hija de Aná. 26 Y estos son los hijos de Disón: Hemdán, y Esbán, e Itrán, y Kerán. 27 Estos son los hijos de Ezer: Bilhán y Zaaván y Acán. 28 Estos son los hijos de Disán: Hus y Arán. 29 Estos son los caudillos horeos: El caudillo Lotán, el caudillo Sobal, el caudillo Zibeón, el caudillo Aná, 30 el caudillo Disón, el caudillo Ezer, el caudillo Disán. Éstos son los caudillos horeos, según sus capitanías, en la tierra de Seir. 31 Y estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinase ningún rey de los hijos e Israel. 32 Reinó pues en Edom Bela, hijo de Beor; y el nombre de su ciudad fué Dinaba. 33 Y murió Bela, y reinó en su lugar Jobab, hijo de Zerah, de Bosra. 34 Y murió Jobab, y reinó en su lugar Husam, de la tierra de los temanitas. 35 Y murió Husam, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Badad, el mismo que hirió a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad fué Avit. 36 Y murió Hadad, y reinó en su lugar Samla, de Masreca. 37 Y murió Samla, y reinó en su lugar Saúl, de Rehobot del Río. 38 Y murió Saúl, y reinó en su lugar Baal-hanán, hijo de Acbor. 39 Y murió Baal-hanán hijo de Acbor, y reinó en su lugar Hadar; y el nombre de su ciudad fué Pau, y el nombre de su mujer Mehetabel, hija de Matred, hija de Me-zahab. 40 Estos pues son los nombres de los caudillos que descendieron de Esaú, según sus familias, según sus lugares, por sus nombres: El caudillo Timna, el caudillo Alva, el caudillo Jetet, 41 el caudillo Aholibama, el caudillo Ela, el caudillo Pinón, 42 el caudillo Kenaz, el caudillo Temán, el caudillo Mibzar, 43 el caudillo Magdiel, el caudillo Iram. Éstos fueron los caudillos de Edom, según sus habitaciones, en la tierra de su posesión. - Este es Esaú, padre de los Idumeos.

Capítulo 37

1 Y HABITÓ Jacob en la tierra de las peregrinaciones de su padre, en la tierra de Canaán. 2 Estas son las generaciones de Jacob. José, siendo de edad de diez y siete años, estaba apacentando el ganado con sus hermanos; y estaba, como muchacho, con los hijos de Bilha y los hijos de Zilpa, mujeres de su padre: y llevó José noticia de la mala conducta de ellos a su padre. 3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hermanos, por ser el hijo de su vejez; y le hizo una túnica talar de diversos colores. 4 Viendo pues sus hermanos que le amaba su padre más que a todos ellos, le odiaban, y no podían hablarle pacíficamente. 5 Y José soñó un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos por esto le odiaron más todavía: 6 Pues les dijo: Oíd, os ruego, este sueño que he soñado: 7 He aquí, estábamos atando gavillas en el campo; y he aquí que se levantó mi gavilla, y también se quedó derecha, mientras que vuestras gavillas poniéndosele al rededor, se inclinaban ante mi gavilla. 8 Y le dijeron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros? ¿o te enseñorearás tú de nosotros? Y le aborrecieron todavía más a causa de sus sueños y sus palabras. 9 Y soñó aún otro sueño, y contólo a sus hermanos, diciendo: He aquí, he soñado otro sueño más; y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban ante mí. 10 Contólo también a su padre y a sus hermanos; pero le reprendió su padre, y le dijo: ¿Qué sueño es este que has soñado? ¿Hemos en verdad de venir, yo y tu madre y tus hermanos, a postramos a tierra delante de ti? 11 Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba el caso. 12 Y habiendo ido sus hermanos a apacentar el ganado de su padre, en Siquem, 13 Israel dijo a José: ¿No están apacentando tus hermanos en Siquem? Ven, y te enviaré a ellos. Y le respondió: Heme aquí. 14 Y él dijo: Ruégote vayas y veas cómo estan tus hermanos, y cómo se halla el ganado; y tráeme la respuesta. Así le envió desde el valle de Hebrón, y él fué a Siquem. 15 Y hallóle un hombre, y he aquí que andaba errante por el campo; y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué estás buscando? 16 Y contestó: A mis hermanos estoy buscando; ruégote me digas dónde están apacentando. 17 Y dijo el hombre: Se han ido de aquí, porque les oí decir: Vamos a Dotán. José pues fué tras sus hermanos, y los halló en Dotán. 18 Mas ellos le vieron a lo lejos, y antes que llegara a ellos, conspiraron contra él para hacerle morir; 19 diciendo el uno al otro: ¡Mirad, ahí viene ese soñador! 20 Ahora pues, venid, matémosle, y echémosle en una de estas cisternas; y diremos que alguna bestia feroz le ha devorado; entonces veremos en qué vendrán a parar sus sueños. 21 Mas cuando oyó esto Rubén, le libró de sus manos, diciendo: No le matemos. 22 Les dijo además Rubén: No derraméis sangre; echadle en esta cisterna que está en el desierto, mas no pongáis la mano sobre él; esto decía por librarle de su mano, a fin de hacerle volver a su padre. 23 Así sucedió que como llegase José a sus hermanos, le despojaron de su túnica, la túnica de diversos colores que traía puesta; 24 y cogiéndole le echaron en la cisterna. Mas la cisterna estaba vacía, no tenía agua. 25 En seguida se sentaron a comer pan: mas levantando los ojos, miraron, y he aquí una caravana de Ismaelitas, que venían de Galaad; y sus camellos traían especias y bálsamos y resinas, que llevaban a Egipto: 26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿De qué nos aprovecha matar a nuestro hermano, y encubrir su sangre? 27 Venid y vendámosle a estos Ismaelitas; mas no pongamos nosotros mano sobre él: porque es nuestro hermano, nuestra misma carne. Y convinieron con él sus hermanos; 28 de manera que mientras pasaban los mercaderes Mádianitas, ellos sacaron a José alzándole de la cisterna; y vendieron a José a los Ismaelitas, por veinte piezas de plata: y llevaron a José a Egipto. 29 Y cuando volvió Rubén a la cisterna, he aquí que José no estaba en la cisterna; y él rasgó sus vestidos; 30 y volviéndose a sus hermanos, les dijo: ¡El niño no parece! y yo, ¿a dónde iré yo? 31 Mas ellos tomaron la túnica de José, y degollando. un macho de cabrío, tiñeron la túnica en la sangre. 32 Entonces enviando, hicieron llevar la túnica de diversos colores a su padre, diciendo: Esta hemos hallado; reconoce pues, y ve si es la túnica de tu hijo o no. 33 Y él la reconoció, y dijo: ¡La túnica de mi hijo es; alguna bestia feroz le habrá devorado! ¡sin duda ha sido despedazado José! 34 Y rasgó Jacob sus vestidos, y puso saco sobre sus lomos, y lamentóse a causa de su hijo muchos días. 35 Y levantáronse todos sus hijos y todas sus hijas para consolarle; mas él no quiso ser consolado, diciendo: ¡Porque descenderé a mi hijo lamentándome hasta la sepultura! De este modo le lloraba su padre. 36 Entretanto los Madianitas le vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.

Capítulo 38

1 HABÍA ya acontecido en este tiempo, que separándose Judá de sus hermanos, trabó amistad con cierto adullamita que se llamaba Hira. 2 Y vió allí Judá la hija de un hombre cananeo, llamado Sua, y tomóla por mujer, y llegóse a ella. 3 Y concibió y parió un hijo; y él le nombró Er. 4 Y concibió otra vez, y parió un hijo, y llamóle Onán. 5 Y volvió aún a concebir, y parió un hijo, y le llamó Sela: y estaba Judá en Kizib cuando ella parió. 6 Y Judá tomó mujer para Er su primogénito, la cual se llamaba Tamar. 7 Mas Er, el primogénito de Judá, era malo a los ojos de Jehová, y Jehová le mató. 8 Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y cumple con ella el deber de levirato, levantando linaje a tu hermano. 9 Sabía pues Onán que no había de ser suyo el linaje; y fué así que siempre que se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar linaje a su hermano. 10 Y era malo a los ojos de Jehová lo que él hacía, de modo que le mató a él también. 11 Dijo entonces Judá a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque decía: No suceda que muera él también, como sus hermanos. Se fué pues Tamar, y habitó en casa de su padre. 12 Pasaron empero muchos días; y había ya muerto la hija de Sua, mujer de Judá, y habíase consolado Judá; y subía a ver los esquiladores de sus ovejas, él y su amigo Hira adullamita, a Timnat, 13 cuando fué dado aviso a Tamar, diciendo: Mira que tu suegro sube a Timnat, al esquileo de sus ovejas. 14 Entonces ella quitó de sobre sí los vestidos de su viudez, y cubrióse de un velo, y tapándose bien se sentó a la entrada de Enaim, que estaba en el camino de Timnat: porque veía que Sela era ya hombre, y ella no le había sido dada por mujer. 15 Y como la viese Judá, la tuvo por ramera, porque se cubrió el rostro. 16 Llegóse entonces a ella, al lado del camino, y dijo: ¡Ea pues, ruégote me dejes llegar a ti! porque no sabía que era ella su nuera. Mas ella dijo: ¿Qué me darás por llegarte a mí? 17 A lo que respondió: Yo te enviaré del rebaño un cabrito de las cabras. Ella dijo: ¿Me darás alguna prenda, hasta que me lo mandes? 18 Y él respondió: ¿Qué prenda te daré? Y ella dijo: Tu sello, tu cordoncillo y el báculo que traes en la mano. Él pues se los dió, y se llegó a ella; y ella concibió de él. 19 Y levantándose ella, se fué, y quitó el velo de sobre sí, y vistióse los vestidos de su viudez. 20 Y envió Judá el cabrito de las cabras por mano de su amigo, el adullamita, para recobrar la prenda de mano de la mujer: mas él no la halló. 21 Y preguntó a los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la prostituta de Enaim, que se sentaba junto al camino? Mas ellos dijeron: No ha estado aquí ninguna prostituta. 22 De manera que él volvió a Judá, y dijo: No la hallé; y también los hombres de aquel lugar decían: No ha habido aquí ninguna prostituta. 23 Entonces dijo Judá: Tómeselo para sí, para que no seamos avergonzados. He aquí, yo envié este cabrito, y tú no la hallaste. 24 Mas sucedió que como a los tres meses fué dado aviso a Judá, diciendo: Tu nuera Tamar ha estado fornicando, y he aquí también que está preñada de sus fornicaciones. Y dijo Judá: ¡Sacadla, para que sea quemada! 25 Ella pues fué sacada; mas envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas yo estoy preñada. Dijo más: Ruégote que reconozcas y veas de quién sean estas cosas, el sello, los cordoncillos y el bastón. 26 Y reconociólas Judá, y dijo: Más justa es ella que yo; por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y no la volvió a conocer más. 27 Y aconteció que al tiempo de parir, he aquí que había mellizos en su seno. 28 Y sucedió que cuando paría, el uno sacó la mano; y tomándola la partera, le ató un hilo de grana, diciendo: Éste salió primero. 29 Mas aconteció, como él retirase la mano, que salió su hermano. Y ella dijo: ¿Cómo te rompiste paso? ¡sobre ti sea esta rotura! Fué llamado pues Farés. 30 Y después salió su hermano, el que tenía en la mano el hilo de grana: y fué llamado Zara.

Capítulo 39

1 JOSÉ pues fué llevado a Egipto; y Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, le compró de mano de los Ismaelitas que le habían llevado allá. 2 Mas Jehová era con José, de modo que fué hombre próspero; y estaba en casa de su señor el egipcio. 3 Y su señor vió que Jehová era con él, y que todo cuanto él hacía, Jehová lo prosperaba en su mano. 4 Por eso José halló gracia en sus ojos, y era su administrador; pues él le encargó el gobierno de su casa, y cuanto tenia lo puso en su mano. 5 Y aconteció que desde el tiempo en que le dió cargo de su casa, y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del Egipcio por causa de José: de manera que la bendición de Jehová estaba en todo lo que él tenía, tanto en casa como en el campo. 6 De esta suerte deja todo lo suyo en mano de José: y no se entendía de cosa alguna, sino del pan que comía. Y era José de bella figura y de hermoso semblante. 7 Y aconteció, después de estas cosas, que la mujer de su señor puso los ojos en José, y dijo: ¡Acuéstate conmigo! 8 Mas él rehusó, y dijo a la mujer de su señor: He aquí, mi señor no se entiende conmigo acerca de lo que está en casa, y todo lo que tiene lo ha puesto en mi mano. 9 Ninguno hay en esta casa más grande que yo, y él no me ha reservado cosa alguna, sino a ti sola, por cuanto eres su mujer: ¿cómo pues he de hacer esta gran maldad, y pecar contra Dios? 10 Y sucedió, mientras ella hablaba a José todos los días, y mientras él no le escuchaba para acostarse a su lado, ni para estar con ella, 11 que cierto día en que él entró en casa para hacer su oficio, no había ninguno de los hombres de la casa allí dentro. 12 Ella pues le cogió de su vestido, diciendo: ¡Acuéstate conmigo! Mas él dejó su vestido en mano de ella, y huyó, saliéndose fuera. 13 Y sucedió, cuando ella vió que le había dejado su vestido en la mano, y había huído fuera, 14 que llamó a los hombres de su casa y les dijo: Ya veis que nos ha traído un hebreo para que se riese de nosotros: vino a mí para acostarse conmigo, y yo clamé a grandes voces; 15 y fué así que él, como oyese que levantaba mi voz y clamaba, dejó su vestido a mi lado, y huyó, saliéndose fuera. 16 Y ella guardó el vestido de él junto a sí hasta que su señor volvió a su casa. 17 Y le habló a él en los mismos términos, diciendo: Vino a mí el siervo hebreo que nos trajiste, para juguetear conmigo. 18 Y fué así que cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su vestido a mi lado, y huyó fuera. 19 Y aconteció que cuando oyó su señor las palabras que su mujer le hablaba, diciendo: De esta manera me hizo tu siervo; encendióse su ira: 20 y tomó su señor a José, y le echó en la cárcel, lugar donde se encerraban los presos del rey; y él se quedó allí en la cárcel. 21 Mas Jehová era con José, y le extendió su misericordia, y dióle gracia en los ojos del alcaide de la cárcel; 22 de manera que el alcaide de la cárcel puso en mano de José todos los presos que había en la cárcel; y todo lo que hacían allí, él era quien lo hacía. 23 No miraba el alcaide de la cárcel por cosa alguna que estaba en su mano; porque Jehová era con José, y lo que él hacía Jehová lo prosperaba.

Capítulo 40

1 Y ACONTECIÓ, después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y su panadero delinquieron contra su señor, el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos ministros, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos; 3 y los metió en prisión, en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia dió a José el cargo de ellos, y él los servía; y estuvieron algún tiempo en prisión. 5 Y el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, soñaron sueños ambos a dos, cada uno su sueño en una misma noche, y cada cual conforme a la interpretación de su sueño. 6 Y José vino a ellos por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban perturbados. 7 Preguntó pues a los ministros de Faraón que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué causa están hoy tristes vuestros semblantes? 8 Y le respondieron: Hemos soñado sueños, y no hay quien los interprete. Les respondió pues José: ¿No son de Dios las interpretaciones? ruégoos me los contéis. 9 Entonces el jefe de los coperos le contó su sueño, diciendo: Estando yo en mi sueño, he aquí una vid delante de mí: 10 y en la vid tres sarmientos; y ella como que retoñó, salió su flor, y sus racimos produjeron uvas maduras. 11 Y yo tenía la copa de Faraón en mi mano, y tomé las uvas y las exprimí en la copa de Faraón, y dí la copa en mano de Faraón. 12 Entonces le dijo José: Esta es su interpretación: Los tres racimos tres días son. 13 Dentro de tres días levantará Faraón tu cabeza, y te restituirá a tu puesto, y darás la copa de Faraón en su mano, como solías hacer antes cuando eras su copero. 14 Mas ojalá me tengas presente en tu memoria cuando te fuere bien: y ruégote que uses de misericordia conmigo, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. 15 Porque ciertamente fuí robado de la tierra de los Hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pongan en este calabozo. 16 Viendo pues el jefe de los panaderos que era buena la interpretación, dijo a José: También yo estaba en mi sueño; y he aquí tres canastos de pan blanco sobre mi cabeza. 17 Y en el canasto de encima había de toda especie de manjares para Faraón, obra de panadero; y las aves los comían del canasto que estaba encima de mi cabeza. 18 Y respondió José, diciendo: Esta es su interpretación: Los tres canastos tres días son. 19 Dentro de tres días levantará Faraón tu cabeza de sobre ti, y te colgará en un madero; y comerán las aves tus carnes de sobre ti. 20 Y fué así que al tercer día acaeció el cumpleaños de Faraón, en el cual hizo un banquete para todos sus siervos; y levantó de entre sus siervos la cabeza del jefe de los coperos y la del jefe de los panaderos; 21 e hizo volver al jefe de los coperos a su oficio de copero, y dió la copa en mano de Faraón; 22 mas al jefe de los panaderos le colgó en un madero, como les había interpretado José. 23 Pero el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él.

Capítulo 41

1 MAS al cabo de dos años cumplidos, aconteció que Faraón tuvo un sueño: y he aquí que estaba junto al río. 2 Y subían del río siete vacas hermosas de parecer y gruesas de carnes, y pacían en el carrizal. 3 Mas he aquí otras siete vacas que subían del río tras ellas, feas de parecer y enjutas de carne, y se pusieron junto a aquellas primeras vacas a la orilla del río. 4 Y las vacas feas de parecer y enjutas de carne devoraron a las siete vacas hermosas de parecer y gordas: y despertó Faraón. 5 Durmióse de nuevo y soñó segunda vez: y he aquí siete espigas que subían en una misma caña, gruesas y buenas. 6 Mas he aquí siete espigas delgadas y abrasadas del solano, que crecían después de ellas; 7 y las espigas delgadas se tragaron a las siete espigas gruesas y llenas. Y despertó Faraón, y he aquí que era un sueño. 8 Y aconteció que a la mañana fué perturbado su espíritu; y envió a llamar a todos los magos de Egipto y a todos sus sabios; y contóles Faraón su sueño; mas no hubo quien se lo interpretase a Faraón. 9 Entonces habló el príncipe de los coperos a Faraón, diciendo: De mis pecados me acuerdo hoy. 10 Faraón estalló en ira contra sus siervos, y me echó en prisión en la casa del capitán de la guardia, a mí y al jefe de los panaderos. 11 Y soñamos sueños en una misma noche, yo y él; soñamos cada uno conforme a la interpretación de su sueño. 12 Y había allí con nosotros un mozo hebreo, siervo del capitán de la guardia, a quien se lo contamos; y él nos interpretó nuestros sueños; interpretó a cada uno conforme a su sueño; 13 y sucedió que según nos había interpretado, así fué: a mí me hizo volver a mi puesto, e hizo colgar al otro. 14 Faraón por tanto envió y llamó a José; y le hicieron salir corriendo del calabozo; y se afeitó, y mudóse la ropa, y vino a Faraón. 15 Y dijo Faraón a José: He soñado un sueño, y no hay quien me lo interprete; mas he oído decir de ti que cuando oyes un sueño, lo puedes interpretar. 16 José empero respondió a Faraón: No está en mí; Dios dará una respuesta de paz a Faraón. 17 Dijo entonces Faraón a José: En mi sueño, heme allí en pie a la orilla del río, 18 y he aquí que del río subían siete vacas gruesas de carnes y hermosas de forma, que pacían en el carrizal. 19 Mas he aquí otras siete vacas que subían después de ellas, delgadas, y muy feas de traza y enjutas de carne; nunca he visto otras iguales a ellas en fealdad, en toda la tierra de Egipto. 20 Y las vacas enjutas y feas devoraron a las siete primeras vacas gordas. 21 Y cuando hubieron entrado en sus entrañas, no podía saberse que hubieran entrado en ellas; pues su aspecto era feo como de primero. Y desperté. 22 Veía de nuevo en mi sueño, y he aquí siete espigas que subían en una misma caña, gruesas y buenas. 23 Mas he aquí siete espigas vacías, marchitas y abrasadas del solano, que crecían después de ellas: 24 y se tragaron las siete espigas delgadas a las siete espigas buenas; y helo dicho a los magos, mas no hay quien me lo declare. 25 Entonces dijo José a Faraón: El sueño de Faraón es uno mismo: lo que Dios va a hacer, lo manifiesta a Faraón. 26 Las siete vacas hermosas siete años son, y las siete espigas hermosas siete años son: el sueño es uno mismo. 27 Asimismo las siete vacas enjutas y feas, que subían después de ellas, siete años son, y también las siete espigas secas, abrasadas del solano; serán siete años de hambre. 28 Esto es lo que dije a Faraón: lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón. 29 He aquí que vienen siete años de grande abundancia en toda la tierra de Egipto; 30 mas van a presentarse después de ellos siete años de hambre, tales que será olvidada toda aquella abundancia en la tierra de Egipto; y el hambre acabará con la tierra. 31 Y no podrá ser conocida aquella abundancia en la tierra, por razón del hambre que habrá después, porque será gravísima. 32 Y en cuanto al suceder el sueño a Faraón dos veces, fué porque es cosa establecida de parte de Dios, y Dios se apresura a hacerla. 33 Ahora pues provéase Faraón de un hombre entendido y sabio, y póngale sobre la tierra de Egipto. 34 Hágalo así Faraón, y nombre intendentes sobre la tierra, que quinten la tierra de Egipto durante los siete años de abundancia; 35 y junten toda la provisión de aquellos años buenos que vienen, y almacenen trigo bajo la mano de Faraón, como abastecimiento en las ciudades, y lo guarden. 36 Y esta provisión estará en depósito para la tierra cuando vengan los siete años de hambre que ha de haber en la tierra de Egipto: así no será asolada la tierra con el hambre. 37 Y el consejo pareció bueno a Faraón y a todos sus siervos. 38 Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Hallaremos acaso otro como éste, hombre en quien está el espíritu de Dios? 39 Faraón pues dijo a José: Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. 40 Tú estarás sobre mi casa, y a tu mandato obedecerá todo mi pueblo; tan sólo en el trono seré yo más grande que tú. 41 Dijo además Faraón a José: He aquí, te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. 42 Faraón entonces quitóse de la mano su anillo de sellar, y lo puso en la mano de José; y le vistió con vestiduras de lino fino blanco, y púsole una cadena de oro al rededor del cuello; 43 y le hizo subir en la segunda carroza que tenía; y pregonaban delante de él: ¡Doblad la rodilla! poniéndole así sobre toda la tierra de Egipto. 44 Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti no levantará hombre mano ni pie en toda la tierra de Egipto. 45 Y Faraón le puso a José el nombre de Zafenat-panea, y dióle por mujer a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. Y salió José por la tierra de Egipto. 46 Y José era de edad de treinta años cuando se presentó delante de Faraón rey de Egipto. Así salió José de la presencia de Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto. 47 Y produjo la tierra en los siete años de abundancia, a manos llenas. 48 Y recogió José todos los víveres de los siete años buenos que hubo en la tierra de Egipto: y depositó los víveres en las ciudades; las mieses del campo que estaba al rededor de cada ciudad las depositó dentro de la misma. 49 Y así almacenó José trigo como las arenas del mar, mucho, muchísimo, hasta tal punto que dejó de contarse; porque no tenía número. 50 Y antes que viniesen los años de hambre, le nacieron a José dos hijos, que le parió Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. 51 Y llamó José al primogénito Manasés, porque (decía él) Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. 52 Y nombró al segundo Efraim, diciendo: Porque Dios me ha hecho acrecentar en la tierra de mi aflicción. 53 Acabáronse pues los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, 54 y comenzaron a venir los siete años de hambre, como había dicho José: y hubo hambre en todos los países; mas en toda la tierra de Egipto había pan. 55 Y cuando padecía hambre toda la tierra de Egipto, clamó el pueblo a Faraón por pan; y dijo Faraón a todos los Egipcios: Id a José; todo lo que él os dijere, hacedlo. 56 De manera que hubo hambre sobre toda la haz de la tierra; y abrió José todos los depósitos, y vendió a los Egipcios; porque arreciaba el hambre en toda la tierra de Egipto. 57 Y de toda la tierra fueron a Egipto para comprar grano de José; porque arreciaba el hambre en toda la tierra.

Capítulo 42

1 Y VIENDO Jacob que había grano en Egipto, dijo Jacob a sus hijos: ¿Por qué os miráis el uno al otro? 2 Y dijo: He aquí he oído decir que hay grano en Egipto; bajad allá, y comprad para nosotros de allí, para que vivamos y no muramos. 3 Bajaron pues diez de los hermanos de José a comprar trigo en Egipto. 4 Mas a Benjamín, hermano de José, no le envió Jacob con sus hermanos, porque decía: No sea que le suceda alguna desgracia. 5 De esta suerte vinieron los hijos de Israel a comprar, en medio de los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán. 6 Y era José el gobernador de la tierra; era él quien vendía el grano a todo el pueblo de la tierra. Vinieron pues los hermanos de José, y se le postraron rostro a tierra. 7 Y cuando vió José a sus hermanos, los conoció, mas se hizo extraño para con ellos, y les habló con dureza, diciéndoles: ¿De dónde habéis venido? Y ellos respondieron: De la tierra de Canaán, a comprar alimentos. 8 De modo que conoció José a sus hermanos, mas ellos no le conocieron a él. 9 Y acordóse José de los sueños que había soñado acerca de ellos, y les dijo: ¡Espías sois; para ver lo indefenso de la tierra habéis venido! 10 Y le respondieron: No, señor mío, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos. 11 Todos nosotros somos hijos de un solo varón; hombres de bien somos; tus siervos no son espías. 12 Mas él les dijo: No, sino para vez lo indefenso de la tierra habéis venido. 13 Entonces ellos dijeron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un mismo varón en la tierra de. Canaán; y he aquí, el menor está con nuestro padre hoy, y el otro ya no existe. 14 Mas José les respondió: Eso es lo que os he dicho al afirmar que sois espías. 15 En esto seréis probados: ¡Por vida de Faraón, que no saldréis de aquí, sin que venga acá vuestro hermano menor! 16 Enviad a uno de vosotros que traiga a vuestro hermano, y vosotros quedaréis presos; así serán comprobadas vuestras palabras, si hay verdad en vosotros; y si no, ¡por vida de Faraón! que sois espías. 17 Y los puso a todos juntos en la cárcel tres días. 18 Pero al tercer día les dijo José: Haced esto y viviréis; pues temo a Dios. 19 Si sois hombres de bien, quédese uno de vuestros hermanos preso en la casa de vuestra prisión; mas vosotros, id, llevad el grano para el hambre de vuestras casas, 20 y traedme a vuestro hermano menor; así serán comprobadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así. 21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente somos dignos de castigo en cuanto a nuestro hermano; porque vimos la angustia de su alma, cuando nos rogaba tuviésemos piedad de él, y no le escuchamos; por tanto a nosotros nos ha sobrevenido este trance angustioso. 22 Entonces les respondió Ruben, diciendo: ¿No os decía yo así: No pequéis contra el niño; y no me escuchasteis? ipor tanto ya veis que también su sangre nos es demandada! 23 Y ellos no sabían que les escuchaba José; porque había intérprete entre ellos. 24 Y él retiróse de ellos, y lloró: después volvió a ellos, les habló; y tomando de entre ellos a Simeón, le ató delante de sus ojos. 25 Entonces mandó José que llenasen sus costales de trigo y devolviesen el dinero de cada uno, poniéndolo en su saco, y que les diesen provisiones para el camino: y fué hecho con ellos así. 26 Ellos pues cargaron el grano sobre sus asnos, y se fueron de allí. 27 Mas al abrir uno de ellos su saco para dar un pienso a su asno en la posada, vió su dinero; porque, he aquí, estaba en la boca de su costal. 28 Y dijo a sus hermanos: ¡Devuelto es mi dinero; y también vedlo en mi saco! Y se les saltaba el corazón; y temblaron, diciéndose unos a otros: ¡Qué es esto que Dios ha hecho con nosotros! 29 Y venidos a Jacob su padre en la tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acaecido, diciendo: 30 Hablónos el hombre, señor de aquella tierra, con dureza, y nos tuvo por hombres que espiaban el país. 31 Mas nosotros le dijimos: Hombres de bien somos, no somos espías. 32 Doce hermanos somos, hijos de nuestro padre; el uno ya no existe, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán. 33 Y nos dijo aquel hombre, el señor de la tierra: En esto sabré que sois hombres de bien: De vuestros hermanos dejaréis uno conmigo, y tomaréis trigo para el hambre de vuestras casas, y os iréis; 34 y traedme a vuestro hermano menor: así sabré que no sois espías, sino que: sois hombres de bien: os daré entonces a vuestro hermano, y traficaréis en la tierra. 35 Y sucedió que al vaciar sus sacos, ¡he aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero! y cuando ellos y su padre vieron los atados de su dinero, tuvieron temor. 36 Y les dijo su padre Jacob: Vosotros me habéis privado de mis hijos: ¡José no parece, y Simeón no parece, y queréis llevar a Benjamín! ¡todas estas cosas me están en contra! 37 Entonces Rubén habló a su padre, diciendo: A dos de mis hijos harás morir, si no te le trajere. Entrégale en mi mano, y yo le haré volver a ti. 38 Mas él respondió: No irá mi hijo con vosotros; pues su hermano es muerto, y él solo me ha quedado; y le va a suceder alguna desgracia en el camino por donde vais: así haréis descender mis canas con dolor a la sepultura.

Capítulo 43

1 MAS el hambre era insoportable en la tierra. 2 Sucedió pues que cuando acabaron de comer el grano que habían traído de Egipto, su padre les dijo: Volved, compradnos un poco de alimento. 3 Entonces le respondió Judá, diciendo: Solemnemente nos protestó aquel hombre, diciendo: No veréis mi rostro, sin que venga vuestro hermano con vosotros. 4 Si es de tu agrado enviar a nuestro hermano con nosotros, descenderemos, y te compraremos alimentos; 5 mas si tú no quieres enviarle, no descenderemos; porque aquel hombre nos dijo: No veréis mi rostro, sin que venga vuestro hermano con vosotros. 6 A lo cual dijo Israel: ¿Por qué me hicisteis este mal, de decir al hombre que teníais todavía otro hermano? 7 Y le contestaron: Con mucha particularidad nos preguntó el hombre acerca de nosotros y de nuestra parentela, diciendo: ¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis otro hermano? Y le declaramos conforme a estas palabras: ¿De dónde habíamos de saber que iba a decir: Haced venir a vuestro hermano? 8 Entonces dijo Judá a su padre: Envía al mozo conmigo; así nos levantaremos e iremos, para que vivamos y no muramos, tanto nosotros como tú y nuestras familias. 9 Yo responderé de él; de mi mano le demandarás: si yo no te le volviere a traer, y le pusiere delante de ti, ¡lleve yo la culpa por siempre para contigo! 10 Que si no nos hubiéramos tardado, ya habríamos vuelto dos veces. 11 Les dijo entonces Israel su padre: Ya que ha de ser así, haced esto: Tomad de lo mejor del país en vuestras vasijas, y llevad a aquel hombre un presente: un poco de bálsamo, un poco de miel, de especias, de mirra, de nueces y almendras. 12 Y tomad doble cantidad de dinero en vuestra mano; también el dinero devuelto en la boca de vuestros costales volvedlo a llevar en vuestra mano: quizás fué yerro. 13 Y tomad a vuestro hermano, y levantaos, volveos a aquel hombre; 14 ¡y el Dios Todopoderoso os conceda misericordia delante de aquel hombre, para que os devuelva al otro hermano vuestro, y a Benjamín! ¡Y en cuanto a mí, si he de ser privado de mis hijos, privado seré! 15 Tomaron pues los hombres aquel presente; y doble cantidad de dinero tomaron en su mano, y a Benjamín; luego se levantaron y descendieron a Egipto, y se presentaron delante de José. 16 Y cuando vió José a Benjamín con ellos, dijo al mayordomo de su casa: Lleva esos hombres a casa, y degüella animales, y adereza; porque estos hombres comerán conmigo al mediodía. 17 E hizo el hombre como le había mandado José; y los llevó a casa de José. 18 Y los hombres se sobrecogieron de temor cuando se vieron conducidos a casa de José; y decían: Por motivo del dinero que fué devuelto en nuestros costales la vez primera, somos traídos acá, para entrar en pleito con nosotros, y arrojarse sobre nosotros, y tomarnos como siervos, a nosotros y a nuestros asnos. 19 Acercáronse pues al mayordomo de la casa de José, y hablaron con él en la puerta de la casa, 20 diciendo: Óyeme, señor mío. Nosotros descendimos por cierto la primera vez a comprar alimentos; 21 mas sucedió que cuando llegamos a la posada, abrimos nuestros costales, y he aquí el dinero de cada uno en la boca de su costal; nuestro dinero en su peso cabal; y lo hemos vuelto a traer en nuestra mano; 22 también otro dinero hemos traído en nuestra mano para comprar alimentos. No sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costales. 23 Él entonces les respondió: ¡Paz a vosotros; no temáis! vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os ha dado un tesoro escondido en vuestros costales; yo recibí vuestro dinero. Y sacóles a Simeón. 24 Entonces el hombre hizo entrar a los hombres en casa de José, y dióles agua, y se lavaron los pies; dió también pienso a sus asnos. 25 Y tuvieron listo el presente para cuando viniese José al mediodía; porque supieron que allí habían de comer pan. 26 Y cuando vino José a casa, le trajeron dentro de la casa el presente que habían traído consigo; y postráronse delante de él en tierra. 27 Y él les preguntó por su salud, y dijo: ¿Está bueno vuestro padre, el anciano de quien me hablasteis? ¿vive todavía? 28 Y ellos respondieron: Está bueno tu siervo nuestro padre, vive todavía; e inclinaron la cabeza y se postraron. 29 Él entonces alzó los ojos, y vió a Benjamín, hermano suyo, hijo de su madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor de quien me hablasteis? Y dijo: ¡Dios te sea propicio, hijo mío! 30 Y dióse prisa José, porque se le encendían las entrañas a causa de su hermano; y buscó lugar donde llorar; y entró en su aposento, y lloró allí. 31 Luego lavóse el rostro y salió; y se contuvo, y dijo: Servid la comida. 32 Y sirviéronla, para él aparte, y para ellos aparte, y para los Egipcios que comían con él aparte; pues los Egipcios no pueden comer con los Hebreos; porque cosa abominable es esta para los Egipcios. 33 Y se vieron sentados delante de él el mayor según su mayoría, y el menor según su minoría; y los hombres se miraban los unos a los otros con asombro. 34 Y tomó José de delante de sí porciones para ellos; mas la porción de Benjamín excedía a las porciones de cualquiera de ellos en los cinco tantos. Y bebieron y alegráronse con él.

Capítulo 44

1 EN seguida, mandó José al mayordomo de su casa, diciendo: Llena de provisiones los costales de estos hombres, cuanto puedan llevar; y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal. 2 Y pon mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, juntamente con el dinero de su grano. Y él hizo conforme a la palabra que José había hablado. 3 Y. luego que despuntó el alba, los hombres fueron despachados, ellos y sus asnos. 4 Ya habían salido de la ciudad, mas no se habían alejado, cuando José dijo al mayordomo de su casa: ¡Levántate, sigue a esos hombres! y cuando los alcanzares, les dirás: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien? 5 ¿No es esta copa en la que bebe mi señor, y por medio de la cual él suele adivinar? Habéis hecho mal en lo que hicisteis. 6 Y él, luego que los alcanzó, les dio estas mismas palabras. 7 A lo cual ellos le contestaron: ¿Por qué dice mi señor tales palabras? ¡No permita Dios que hagan tus siervos semejante cosa! 8 He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales volvimos a traértelo desde la tierra de Canaán; ¿cómo pues habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro? 9 Aquel de tus siervos con quien fuere hallada, que muera, y también nosotros seremos siervos de mi señor. 10 Y él respondió: Sea ahora conforme a vuestras palabras: aquel con quien fuere hallada será mi siervo; mas vosotros quedaréis disculpados. 11 Ellos entonces se dieron prisa para bajar cada uno su costal en tierra; abrió también cada cual su costal. 12 Y él registró, principiando con el mayor, y acabando con el menor: y fué hallada la copa en el costal de Benjamín. 13 Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cargando cada uno su asno, volviéronse a la ciudad. 14 Así vino Judá con sus hermanos a casa de José (pues éste estaba allí todavía), y cayeron a tierra en su presencia. 15 Y les dijo José: ¿Qué. acción es esta que habéis hecho? ¿No sabíais que un hombre como yo puede ciertamente adivinar? 16 A lo cual respondió Judá: ¿Que diremos a mi señor? ¿qué hablaremos, o cómo nos justificaremos? Dios ha puesto en descubierto la iniquidad de tus siervos. ¡Henos aquí, siervos de mi señor, así nosotros como aquel en cuyo poder fué hallada la copa! 17 Mas él respondió: ¡No permita Dios que yo tal haga! El hombre en cuyo poder fué hallada la copa, ese, será mi siervo; mas en cuanto a vosotros, subid en paz a casa de vuestro padre. 18 Entonces Judá se llegó a él, y dijo: Óyeme, señor mío: ruégote que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu ira contra tu siervo; porque tú eres como Faraón mismo. 19 Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre, o hermano? 20 Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos padre, anciano ya, y un niño de su vejez, el menor de todos; y su hermano murió, y él fué dejado el único de su madre, y su padre le ama. 21 Y tú dijiste a tus siervos: Traédmele, para que ponga mis ojos sobre él. 22 Y nosotros dijimos a mi señor: No puede el mozo dejar a su padre; porque si le dejare, su padre morirá. 23 Mas tú dijiste a tus siervos: Si no descendiere vuestro hermano menor con vosotros, no volveréis más a ver mi rostro. 24 Aconteció pues que cuando hubimos subido a donde está tu siervo, mi padre, le hicimos presente las palabras de mi señor. 25 Y cuando dijo nuestro padre: Volved, compradnos un poco de alimento; 26 nosotros le respondimos: No podemos descender allá; si estuviere nuestro hermano menor con nosotros, en tal caso descenderemos; porque no podremos ver el rostro de aquel hombre sin que vaya con nosotros nuestro hermano menor. 27 Entonces nos dijo tu siervo mi padre: Vosotros sabéis que dos hijos me parió mi mujer. 28 Y el uno salió de mi presencia, y yo dije: ¡Sin duda ha sido despedazado! y no le he visto hasta ahora. 29 Y vosotros queréis llevar a este también de mi presencia, y le va a suceder alguna desgracia: así haréis descender mis canas con dolor a la sepultura. 30 Ahora pues, cuando yo llegare a tu siervo mi padre, y el mozo no estuviere con nosotros (siendo así que su vida está ligada a la vida de él), 31 sucederá que al ver que el mozo no parece, morirá; y así tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor a la sepultura. 32 Porque tu siervo salió fiador por el mozo para con mi padre, diciendo: Si no te le volviere a traer, entonces llevaré yo la culpa para con mi padre perpetuamente. 33 Ahora pues, ruégote que tu siervo quede en lugar del mozo, por siervo de mi señor, de modo que pueda el mozo volver con sus hermanos. 34 Porque ¿cómo podré yo volver a mi padre, sin estar el mozo conmigo? No, no sea que yo vea el mal que ha de sobrevenir a mi padre.

Capítulo 45

1 JOSÉ entonces, no pudiendo contenerse delante de todos los que al rededor de él se juntaban, exclamó: ¡Haced que salgan todos de mi presencia! Y no se quedó ninguno con José cuando él se dió a conocer a sus hermanos. 2 Entonces lloró en alta voz; y oyéronlo los Egipcios, y oyólo la casa de Faraón. 3 Y dijo José a sus hermanos: ¡Yo soy José! ¿Vive mi padre todavía? Mas sus hermanos no podían responderle, porque estaban turbados delante de él. 4 Dijo entonces José a sus hermanos: Ruégoos os acerquéis a mí. Y ellos se le acercaron. Y les dijo: Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendisteis para Egipto. 5 Ahora pues, no os aflijáis, ni os enojéis contra vosotros mismos por haberme vendido acá; que para preservar vida me envió Dios delante de vosotros; 6 porque ya ha dos años que el hambre está en la tierra, y aun restan cinco años en que no habrá ni siembra ni siega. 7 Envióme pues Dios delante de vosotros para aseguraros posteridad en la tierra, y para daros vida por medio de gran salvamento. 8 Así que ya no fuisteis vosotros quienes me enviasteis acá, sino Dios; y él me ha puesto por padre a Faraón, y por señor de toda su casa, y por gobernador de toda la tierra de Egipto. 9 Daos prisa en ir a mi padre, y decidle: Así dice tu hijo José: Me ha puesto Dios por señor de todo el Egipto; ven a mí, no te tardes: 10 y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, y tus rebaños, y tus vacadas, y todo cuanto tienes. 11 Y yo te sustentaré allí (que todavía restan cinco años de hambre), ni sea que perezcas de pobreza, tú y tu casa y todo lo tuyo. 12 Y he aquí que vuestros ojos ven, y también los ojos de mi hermano Benjamín, que es mi misma boca la que os habla. 13 Y haced saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, con todo lo que habéis visto; apresuraos pues para traer a mi padre acá. 14 Cayó entonces sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; Benjámín también lloró sobre su cuello. 15 Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos: y después de esto sus hermanos hablaron con él. 16 Y la nueva fué oída en casa de Faraón, diciendo: ¡Han venido los hermanos de José! y el suceso pareció bien a Faraón y a sus siervos. 17 Y dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: Cargad vuestras bestias y andad; id a tierra de Canaán, 18 y tomad a vuestro padre y a vuestras familias, y venid a mí; que yo os daré lo mejor de la tierra de Egipto, y comeréis de la grosura de la tierra. 19 Puesto que has sido mandado, haced esto: Tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y para vuestras mujeres; traed también a vuestro padre y venid. 20 Y no se os dé nada de vuestros ajuares; porque lo mejor de toda la tierra de Egipto es vuestro. 21 Y los hijos de Israel lo hicieron así; y José les dió carros por mandato de Faraón; dióles también provisión para el camino. 22 A cada uno de ellos dió mudas de vestidos; mas a Benjamín le dió trescientas monedas de plata y cinco mudas de vestidos. 23 Y a su padre envió lo siguiente: Diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo y pan y otros alimentos para su padre en el camino. 24 De esta suerte despachó a sus hermanos, y ellos se fueron; y él les dijo: No riñáis por el camino. 25 Ellos pues subieron de Egipto, y vinieron a la tierra de Canaán, a su padre Jacob. 26 Y le dieron las nuevas, diciendo: ¡José vive aún! ¡y él es gobernador de toda la tierra de Egipto! Mas permaneció frío su corazón, porque no les creía. 27 En seguida le refirieron todas las palabras que José les había hablado; y cuando vió los carros que José había enviado para llevarle, revivió el espíritu de Jacob su padre. 28 Entonces dijo Israel: ¡Basta! ¡José mi hijo vive todavía; yo iré y le veré antes de morir!

Capítulo 46

1 E ISRAEL se puso en camino, con todo lo que era suyo, y vino a Beer-seba, donde ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2 Y habló Dios a Israel en visiones de la noche, diciendo: ¡Jacob! ¡Jacob! Y él respondió: Heme aquí. 3 Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre: no temas descender a Egipto; porque allí haré de ti una nación grande. 4 Yo descenderé contigo a Egipto, y yo sin falta te haré subir también; y José pondrá su mano sobre tus ojos. 5 Levantóse entonces Jacob de Beer-seba; y tomaron los hijos de Israel a Jacob su padre, ya sus niños y a sus mujeres, en los carros que había enviado Faraón para llevarle. 6 Tomaron también sus rebaños, y los bienes que habían adquirido en la tierra de Canaán; y vinieron a Egipto, Jacob y toda su descendencia con él: 7 sus hijos y los hijos de sus hijos con él, sus hijas y las hijas de sus hijos, y todo su linaje; todos los trajo Jacob consigo a Egipto. 8 Estos pues son los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto, Jacob y sus hijos, a saber: El primogénito de Jacob, Rubén. 9 Y los hijos de Rubén: Enoc, y Fallú y Hezrón, y Carmi. 10 Y los hijos de Simeón: Jemuel, y Jamín, y Ohad, y Jaquín, y Zohar, y Saúl, hijo de la Cananea. 11 Y los hijos de Leví: Gersón, Cohat y Merari. 12 Y los hijos de Judá: Er, y Onán, y Sela, y Farés, y Zara; pero habían muerto ya Er y Onán en la tierra de Canaán. Y eran los hijos de Farés, Hezrón, y Hamul. 13 Y los hijos de Isacar: Tola, y Pua, y Job, y Simrón. 14 Y los hijos de Zabulón: Sered y Elón y Jahleel. 15 Estos son los hijos de Lea, los cuales ella parió a Jacob en Padánaram, y además Dina su hija: todas las almas de sus hijos y de sus hijas fueron treinta y tres. 16 Y los hijos de Gad: Zifión y Hagui, Suni y Ezbón, Eri y Arodi y Areli. 17 Y los hijos de Aser: Jimna, e Isua, e Isui, y Bería, y Sera, hermana de ellos. Y los hijos de Bería: Heber y Malquiel. 18 Éstos son los hijos de Zilpa, la cual Labán dió a su hija Lea, y ella parió éstos a Jacob: diez y seis almas. 19 Y los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín. 20 Y le habían nacido a José en la tierra de Egipto Manasés y Efraim, los que le parió Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. 21 Y los hijos de Benjamín; Bela y Bequer y Asbel, Gera y Naamán, Ehi y Ros, Mupim y Hupim y Ard. 22 Éstos son los hijos de Raquel, que nacieron a Jacob: todas las almas fueron catorce. 23 Y los hijos de Dan: Husim. 24 Y los hijos de Neftalí: Jahzeel, y Guní, y Jezer, y Silem. 25 Éstos son los hijos de Bilha, la cual Labán dió a su hija Raquel, y ella parió éstos a Jacob: todas las almas, siete. 26 Todas las almas pertenecientes a Jacob, que vinieron a Egipto, procedentes de sus lomos, sin contar las mujeres de los hijos de Jacob, todas las almas eran sesenta y seis. 27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, fueron dos almas. Todas las almas de la casa de Jacob, que vinieron a Egipto, fueron setenta. 28 Y Jacob envió a Judá delante de sí a José, para que se encaminara delante de él a Gosén; y ellos vinieron a la tierra de Gosén. 29 Unció pues José su carro, y subió a recibir a Israel su padre en Gosén: y se le presentó, y cayó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello repetidas veces. 30 Y dijo Israel a José: ¡Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro; pues que tú vives aún! 31 Y dijo José a sus hermanos y a la casa de su padre: Yo subiré, y daré parte a Faraón, diciendo: Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido a mí. 32 Y los hombres son pastores de ovejas, pues siempre han sido ganaderos; y han traído sus rebaños y sus vacadas y todo lo que tienen. 33 Y será que cuando os llamare Faraón y os dijere: ¿Cuál es vuestro oficio? 34 responderéis: Ganaderos han sido tus siervos desde nuestra mocedad hasta ahora, tanto nosotros como nuestros padres: para que podáis habitar en la tierra de Gosén; porque la mayor abominación a los Egipcios es todo pastor de ovejas.

Capítulo 47

1 VINO pues José, y dió parte a Faraón, diciéndole: Mi padre y mis hermanos, con sus rebaños, y sus vacadas, y todo lo que poseen, han venido de la tierra de Canaán, y he aquí que están en la tierra de Gosén. 2 Y de la totalidad de sus hermanos tomó cinco hombres, a quienes presentó delante de Faraón. 3 Y dijo Faraón a sus hermanos: ¿Cuál es vuestro oficio? Y ellos respondieron a Faraón: Pastores de ovejas son tus siervos, tanto nosotros como nuestros padres. 4 Dijeron además: Para habitar temporalmente en está tierra hemos venido; porque no hay pastos para los rebaños que tienen tus siervos; porque el hambre es rigurosa en la tierra de Canaán: ahora pues, te rogamos permitas que habiten tus siervos en la tierra de Gosén. 5 Faraón entonces habló a José, diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido a ti: 6 la tierra de Egipto está delante de ti; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén: y si conoces que hay entre ellos hombres hábiles, ponlos por mayorales de mi ganado. 7 José trajo también a su padre Jacob y presentóle delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón. 8 Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida? 9 Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento y treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han alcanzado a los días de los años de la vida de mis padres, en los días de su peregrinación. 10 De nuevo Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón. 11 Y estableció José a su padre y a sus hermanos, y les dió posesiones en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como había mandado Faraón. 12 Y José alimentaba a su padre y a sus hermanos y toda la casa de su padre con pan, según el censo de las familias. 13 Y no había pan en todo el país, porque arreciaba mucho el hambre; y desfallecía la tierra de Egipto, y asimismo la tierra de Canaán, a causa del hambre. 14 Y recogió José todo el dinero que se hallaba en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por el grano que iban comprando; y metió José el dinero en la casa de Faraón. 15 Y acabado que fué el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Canaán, vinieron todos los Egipcios a José, diciendo: Danos pan; pues ¿por qué hemos de morir en tu misma presencia, por haberse acabado el dinero? 16 Dijo entonces José: Entregad vuestro ganado, y os lo daré por vuestro ganado, si se ha acabado el dinero. 17 Ellos por tanto trajeron su ganado a José; y José les dió pan por sus caballos, y por sus rebaños, y por sus vacadas, y por sus asnos; de manera que los proveyó de pan por todos sus ganados aquel año. 18 Y terminado aquel año, vinieron a él el año siguiente, y le decían No encubriremos de mi señor que se ha gastado el dinero, y los ganados pertenecen ya a mi señor; nada nos queda a vista de mi señor sino nuestros cuerpos y nuestra tierra. 19 ¿Por qué hemos de perecer ante tus mismos ojos, así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra, por pan; y nosotros y nuestra tierra serviremos a Faraón; y danos simiente; así viviremos y no moriremos, y la tierra no quedará desolada. 20 De esta suerte adquirió José todas las tierras de Egipto para Faraón; porque vendieron los Egipcios cada cual su campo, a causa de haber prevalecido sobre ellos el hambre; de manera que la tierra vino a ser de Faraón. 21 Y al pueblo hizo pasar a las ciudades, del un confín de Egipto hasta el otro confín. 22 Solamente las tierras de los sacerdotes no adquirió; porque los sacerdotes tenían ración prescrita de parte de Faraón, y comían la ración prescrita que les daba Faraón; por eso no vendieron sus tierras. 23 Dijo entonces José al pueblo: He aquí, os he comprado hoy, a vosotros y vuestras tierras, para Faraón. He ahí simiente para vosotros; sembrad pues la tierra; 24 y será que en la siega, daréis la quinta parte a Faraón, y las otras cuatro partes serán vuestras, para sembrar los campos, y para vuestra manutención y la de los que están en vuestras casas, y como alimento para vuestros niños. 25 A lo cual ellos dijeron: ¡La vida nos has dado; hallemos gracia en los ojos de mi señor; y seremos siervos de Faraón! 26 Y lo impuso José por estatuto hasta este día sobre la tierra de Egipto: Para Faraón la quinta parte; salvo solamente las tierras de los sacerdotes; estas no vinieron a ser de Faraón. 27 Israel pues habitó en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tuvieron posesiones en ella, y fueron fecundos y se multiplicaron mucho. 28 Y Jacob vivió en la tierra de Egipto diez y siete años; y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años. 29 Se acercaron entonces los días en que Israel había de morir; por lo cual llamó a José, y le dijo: Si es que he hallado gracia en tus ojos, ruégote que pongas tu mano debajo de mi muslo, y uses conmigo de misericordia y verdad. Ruégote no me sepultes en Egipto; 30 mas cuando yaciere con mis padres, tú me llevarás de Egipto; y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y el respondió: Yo haré conforme a tu dicho. 31 Mas él dijo: ¡Júramelo! Y se lo juró. Entonces adoró Israel inclinándose sobre la cabecera de su cama.

Capítulo 48

1 Y ACONTECIÓ, después de estas cosas, que le fué dicho a José: He aquí tu padre está enfermo; y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraim. 2 Y fué dado aviso a Jacob, diciendo: He aquí a tu hijo José que viene a verte. Esforzóse pues Israel, y se sentó sobre la cama. 3 Entonces dijo Jacob a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo, 4 y díjome: He aquí que yo te haré acrecentar, y te multiplicaré, y te constituiré en congregación de pueblos; y daré esta tierra a tu simiente después de ti por posesión para siempre. 5 Ahora pues tus dos hijos, Efraim y Manasés, que te nacieron, en la tierra de Egipto antes que yo viniese a ti a Egipto, serán míos; como Rubén y Simeón, míos serán. 6 Mas tus hijos que hayas engendrado después de ellos, serán tuyos; serán llamados del nombre de sus hermanos en su herencia. 7 En cuanto a mí, cuando hube venido de Padán, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, por el camino, faltando todavía algún trecho para llegar a Efrata; y la enterré allí en el camino de Efrata (la cual es Bet-lehem.) 8 Alcanzó a ver entonces a los hijos de José, y le dijo: ¿Quiénes son éstos? 9 Y respondió José a su padre: Son mis hijos que me ha dado Dios en este lugar. Y él dijo: Tráemelos, para que los bendiga. 10 Empero los ojos de Jacob estaban ofuscados por la vejez; ya no podía ver. José pues los hizo llegar a él, y él los besó y los abrazó. 11 Entonces dijo Israel a José: No pensaba ver ni aun tu rostro, y he aquí que Dios me ha hecho ver también tu descendencia. 12 Luego los sacó José de entre las rodillas de Jacob, e inclinóse a tierra delante de su rostro: 13 pues José había tomado los dos, a Efraim en su mano derecha, hacia la izquierda de Israel, a Manasés en su izquierda, hacia la derecha de Israel, y de este modo los había acercado a él. 14 Entonces extendió Israel su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraim, que era el menor, y su izquierda la puso sobre la cabeza de Manasés, guiando adrede las manos; pues Manasés era el primogénito. 15 Y bendijo a José, diciendo: ¡El Dios delante de quien anduvieron mis padres, Abraham e Isaac; el Dios que ha sido el Pastor mío desde que existo hasta el día de hoy; 16 el Ángel que me rescató de todo mal, bendiga a estos muchachos; y sean llamados de mi nombre, y del nombre de mis padres, Abraham e Isaac; y multiplíquense abundantemente en la tierra. 17 Mas como viese José que su padre tenía la mano derecha puesta sobre la cabeza de Efraim, parecióle mal, y asió la mano de su padre para traspasarla de la cabeza de Efraim a la cabeza de Manasés. 18 Y decía José a su padre: No así, padre mío, puesto que éste es el primogénito; pon tu derecha sobre su cabeza. 19 Pero rehusó su padre, diciendo: Lo sé, hijo mío, lo sé; éste también vendrá a ser pueblo, y él también será grande; y sin embargo su hermano menor será más grande que él; y su linaje vendrá a ser una multitud de naciones. 20 Y los bendijo en aquel día, diciendo: En tu nombre bendecirá Israel, diciendo: ¡Haga Dios que seas como Efraim y como Manases! De esta suerte puso a Efraim antes de Manasés. 21 Israel dijo además a José: He aquí, yo me muero; mas será Dios con vosotros, y os hará volver Dios a la tierra de vuestros padres. 22 Y yo te doy a ti una porción más que a tus hermanos, la que tomé de mano del Amorreo con mi espada y con mi arco.

Capítulo 49

1 ENTONCES llamó Jacob a sus hijos, y dijo: Juntaos, y os haré conocer las cosas que os han de suceder en los días venideros: 2 Juntaos y oíd, oh hijos de Jacob, y escuchad a Israel vuestro padre. 3 ¡Rubén, tú eres mi primogénito; mi vigor, y el principio de mi fuerza; el preeminente en dignidad, el preeminente en poder! 4 Bullente como agua, no serás el preeminente; por cuanto subiste a la cama de tu padre: entonces la profanaste. ¡A mi lecho subió! 5 Simeón y Leví hermanos son: armas de violencia son sus convenios. 6 ¡En su consejo no entres, oh alma mía, ni con su asamblea te juntes, honra mía! porque en su saña mataron hombres, y en su voluntariedad desjarretaron bueyes. 7 ¡Maldita su ira, porque fué violenta, y su furor, porque fué cruel! Los dividiré en Jacob, y los esparciré en Israel. 8 Judá, a ti te alabarán tus hermanos: tu mano descansará en la cerviz de tus enemigos; ante ti se inclinarán los hijos de tu padre. 9 Cachorro de león es Judá; de la presa, hijo mío, te levantaste. Se encorvó y echóse cual león, y como leona, ¿quién le despertará? 10 No se apartará de Judá el cetro, ni la vara de gobernador de entre sus pies, hasta que venga el Pacificador: y a Él será tributada la obediencia de las naciones. 11 Atando a la vid su pollino, y a la parra el hijo de su asna, lavará en vino sus vestidos, y en sangre de uvas sus ropas. 12 Están encendidos sus ojos con el vino, y sus dientes, blancos con la leche. 13 Zabulón habitará a la ribera del mar, y se ocupará do arriban los navíos; y su costado estará hacia Sidón. 14 Isacar es un asno fuerte, que se recuesta entre las majadas: 15 y como viese que era bueno el descansadero, y que la tierra era amena, ofreció su hombro para cargar, y vino a sujetarse a tributo servil. 16 Dan juzgará a sus pueblos como cualquiera de las tribus de Israel. 17 Será Dan serpiente junto al camino, víbora junto a la senda, que muerde los talones del caballo, de modo que cae su jinete hacia atrás. 18 ¡Tu salvación he esperado, oh Jehová! 19 Gad, tropas le acosarán; mas él acosará su retaguardia. 20 De Aser vendrá su pan aceitoso; y él dará regalos dignos de un rey. 21 Neftalí es una gacela suelta; él proferirá dichos elegantes. 22 Ramo fructífero es José, ramo fructífero cerca de una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro, 23 Aunque le amargaron la vida, y le asaetearon, y le persiguieron los diestros flecheros, 24 sin embargo permaneció su arco en fortaleza, y fueron robustecidos los brazos de sus manos por las manos del poderoso Dios de Jacob, por el nombre del Pastor y la Piedra de Israel, 25 por el Dios de tu padre, que te ayudará, y por el Omnipotente, que te bendecirá con las bendiciones de los cielos arriba, con las bendiciones de los hondos manantiales que abajo yacen, con las bendiciones de los pechos y del seno; 26 con las bendiciones de tu padre que superan a las bendiciones de las montañas antiquísimas, los codiciados tesoros de los collados eternos: ¡vengan éstas sobre la cabeza de José, y sobre la coronilla del nazareo, separado de entre sus hermanos! 27 Benjamín, cual lobo, arrebatará: por la mañana comerá la presa, y a la tarde repartirá los despojos. 28 Todas estas son las tribus de Israel, doce en número, y esto fué lo que les dijo su padre cuando los bendijo: a cada una la bendijo conforme a su propia bendición. 29 Y les dió orden, diciéndoles: Yo voy a ser agregado a mi pueblo; sepultadme con mis padres, en la cueva que está en el campo de Efrón heteo, 30 en la cueva que está en el campo de Macpela, que está en frente de Mamré, en la tierra de Canaán; campo que compró Abraham de Efrón heteo, para posesión de sepultura. 31 Allí enterraron a Abraham y a Sara su mujer, allí enterraron a Isaac y a Rebeca su mujer, y allí enterré yo a Lea: 32 el campo con la cueva que en él está, comprado de los hijos de Het. 33 Y cuando hubo acabado Jacob de ordenar esto a sus hijos, recogió los pies en la cama, y expiró, y fué agregado a su pueblo.

Capítulo 50

1 ENTONCES cayó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y besóle. 2 Y mandó José a sus siervos, los médicos, que embalsamasen a su padre; y embalsamaron los médicos a Israel. 3 Y cumplieron con él cuarenta días; porque así solían cumplirse los días del embalsamamiento; y le lloraron los Egipcios setenta días. 4 Y cuando hubieron pasado los días del llanto por él, habló José a la casa de Faraón, diciendo: Si es que he hallado gracia en vuestros ojos, os ruego que habléis en oídos de Faraón, y le digáis: 5 Mi padre me juramentó, diciendo: He aquí, yo me muero; en la sepultura que abrí para mí, en la tierra de Canaán, allí me has de enterrar. Ahora pues, permite que suba, y sepulte a mi padre; y volveré. 6 Y respondió Faraón: Sube, y sepulta a tu padre, como él te juramentó. 7 José pues subió para enterrar a su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto; 8 y toda la casa de José, con sus hermanos, y la casa de su padre: solamente sus familias, y los rebaños, y las vacadas, dejaron en la tierra de Gosén. 9 Subieron también con él carros y gente de a caballo; y era el cortejo muy grande. 10 Y llegado que hubieron a la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, allí le hicieron el duelo con grande y muy dolorosa lamentación; pues hizo José por su padre duelo de siete días. 11 Y cuando vieron los Cananeos, habitantes de la tierra, el llanto en la era de Atad, decían: Llanto muy doloroso es este de los Egipcios; por tanto se le puso el nombre de Abel-mizraim, que está de la otra parte del Jordán. 12 Así sus hijos hicieron con él según les había mandado; 13 pues le llevaron sus hijos a la tierra de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de Macpela, campo que compró Abraham para posesión de sepultura de Efrón heteo, en frente de Mamré. 14 Y después de haber sepultado a su padre, volvióse José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que habían subido con él al entierro de su padre. 15 Mas viendo los hermanos de José que era muerto su padre, decían entre sí: Quizás nos aborrecerá José, y nos devolverá con creces todo el mal que nosotros le hicimos. 16 De suerte que enviaron mensajeros a José, que dijesen: Tu padre mandó, antes de su muerte, diciendo: 17 Así diréis a José: Perdona, a mi ruego, el delito de tus hermanos y su pecado; porque se portaron mal contigo. Ahora pues perdona, te rogamos, el delito de los siervos del Dios de tu padre. Y lloraba José mientras hablaban con él. 18 Vinieron también sus hermanos, y cayeron delante de su rostro, y decían: ¡Henos aquí, siervos tuyos! 19 Pero José les dijo: No temáis; ¿pues estoy yo acaso en lugar de Dios? 20 Vosotros es cierto os propusisteis contra mí el mal; pero Dios lo propuso para bien, a fin de hacer lo que hoy se ve, a saber, conservar la vida de mucha gente. 21 Ahora pues, no temáis; yo os sustentaré a vosotros y a vuestras familias. Así los consoló, hablándoles cariñosamente. 22 José pues habitó en Egipto, él y la casa de su padre. Y vivió José ciento y diez años. 23 Y José vió los hijos de Efraim hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir, el hijo de Manases, fueron criados sobre las rodillas de José. 24 Y José dijo a sus hermanos: Yo me muero; mas Dios de seguro os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que tiene jurada a Abraham, a Isaac y a Jacob. 25 Y José juramentó a los hijos de Israel, diciendo: De seguro os visitará Dios, y haréis llevar mis huesos de aquí. 26 Murió pues, José de edad de ciento y diez años; y le embalsamaron, y le tuvieron depositado en un ataúd en Egipto.

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