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Inédito Nuevo

El libro del Apocalipsis

«¡Mirad que vengo pronto! Dichoso el que guarda las palabras de la profecía de este libro» (Apoc. 22:7).


person Autor: Marcel GRAF 19

library_books Serie: Leer y comprender la Biblia


0 - Acerca del libro del Apocalipsis

0.1 - Tema

El Apocalipsis es el único libro profético del Nuevo Testamento. Pero ¿qué significa el término «profecía»? La profecía bíblica abarca todos los designios de Dios respecto a la tierra, e incluso a toda su creación. En sus planes para la tierra y para los hombres que la habitan, hay un punto central: la glorificación del Hijo de Dios como hombre, Jesucristo.

Este pensamiento fundamental –el futuro dominio del Señor Jesús sobre todo el universo– se encuentra tanto en las profecías del Antiguo Testamento como en las del Nuevo Testamento. En los acontecimientos relacionados con ello, Israel, como pueblo terrenal de Dios, desempeña un papel central.

0.2 - Subdivisión

Para comprender la estructura del Apocalipsis, encontramos la clave divina en el versículo 19 del capítulo 1: «Escribe, pues, las cosas que has visto, y las que son, y las que han de suceder después de estas».

  • «Las cosas que has visto» se refiere a la visión descrita en los versículos 12 al 18 del capítulo 1. Es allí donde Juan ve al Señor Jesús con aspecto de Juez, de pie en medio de los 7 candelabros de oro, como Juez de su Iglesia.
  • «Las que son» se refieren a las 7 Epístolas de los capítulos 2 y 3. Estas representan simbólicamente a toda la cristiandad, desde sus inicios hasta su fin.
  • «Las que han de suceder después de estas», se refiere a los acontecimientos que seguirán al arrebato de todos los creyentes. Se describen a partir del versículo 1 del capítulo 4. Así pues, todo lo que se encuentra en los capítulos 4 al 22 pertenece aún al futuro.

La presentación de los acontecimientos futuros en el Apocalipsis no siempre sigue un orden cronológico. Hay paréntesis que describen ciertos acontecimientos con más detalle. Una visión general de los capítulos 4 al 22 permite comprender mejor el desarrollo del Apocalipsis.

  • Capítulos 4 y 5: El trono de Dios y del Cordero
  • Capítulo 6: La primera serie de juicios, los 6 primeros sellos
  • Capítulo 7: Digresión: los creyentes de Israel y los creyentes de las naciones en el período del juicio
  • Capítulo 8: El séptimo sello, la segunda serie de juicios, las 4 primeras trompetas
  • Capítulo 9: La quinta y la sexta trompeta
  • Capítulos 10:1 al 11:13: Paréntesis: el librito y los 2 testigos
  • Capítulo 11:14-18: La séptima trompeta, comienzo del Reino
  • Capítulo 11:19 al 19:10: Detalles sobre el período de la gran tribulación
    • Capítulo 12: La mujer (Israel) y el Dragón
    • Capítulo 13: Las 2 Bestias: el jefe del Imperio romano y el Anticristo
    • Capítulo 14: Lo que Dios hace en ese momento
    • Capítulos 15 y 16: La ira de Dios en forma de las 7 copas de la ira
    • Capítulos 17 y 18: El juicio de Babilonia, la cristiandad apóstata
    • Capítulo 19:1-10: Las bodas del Cordero en el cielo
  • Capítulo 19:11-21: La aparición del Señor Jesús para el juicio y el establecimiento del Reino
  • Capítulo 20: El Reino milenario y el juicio final de los incrédulos
  • Capítulo 21:1-8: El estado eterno
  • Capítulos 21:9 al 22:5: La Iglesia en el Reino milenario
  • Capítulo 22:6-21: Las palabras finales del Señor Jesús

1 - Apocalipsis 1

1.1 - Introducción y saludos

Versículos 1-3. El Apocalipsis constituye la culminación de la Palabra de Dios. Al igual que la Biblia comienza con una revelación sobre el pasado (Gén. 1), termina con una revelación sobre el futuro.

El contenido de este libro describe, entre otras cosas, el futuro de la cristiandad profesa tras el arrebato de todos los verdaderos creyentes. Por supuesto, también se menciona a Israel, pues el futuro de la tierra es inseparable del pueblo terrenal de Dios.

Ya desde los primeros versículos se aprecia en qué se distingue el Apocalipsis de los demás libros del Nuevo Testamento. En él, Dios no se presenta como el Padre de los creyentes, sino como el Todopoderoso, el Creador y el Juez soberano, que comunica sus designios a Cristo. Jesucristo no es aquí el Hijo único que está en el seno del Padre, sino el hombre dependiente (como en el Evangelio según Marcos) a quien Dios confía mensajes relativos al juicio de la tierra y al Reino venidero.

Ante sus siervos, Jesucristo se presenta como el Señor que les da instrucciones y les muestra «las cosas que deben suceder pronto».

Dios declara bienaventurados a todos aquellos que se toman la molestia de leer y estudiar este libro, aunque no siempre sea fácil de comprender debido a su lenguaje simbólico. Nosotros, que vivimos al final del tiempo de la gracia, deberíamos prestar especial atención a este libro que Dios mismo recomienda.

1.2 - La gloria del Hijo del hombre como Juez

El Apocalipsis se caracteriza por las expresiones utilizadas en el saludo introductorio para designar al Dios trinitario. «El que es, y que era, y que viene» (v. 8) es la forma en que el Nuevo Testamento se refiere al Jehová (Yahvé) en el Antiguo Testamento. El Espíritu de Dios se describe aquí simbólicamente por su ámbito de acción (los 7 Espíritus; Is. 11:2). El Señor Jesús se presenta no como Hijo de Dios, sino como Hijo del hombre. Lleva 3 títulos:

  • Como el testigo fiel, Jesucristo se distingue de los numerosos profesos infieles (1 Tim. 6:13).
  • Como primogénito de entre los muertos, que murió y resucitó, ocupa el primer lugar entre todos los muertos (resucitados).
  • Como príncipe de los reyes de la tierra, es a la vez Juez y Soberano. Reinará sobre Israel y sobre el mundo entero.

Ante esta mención de su nombre y de sus títulos, sus redimidos responden espontáneamente. ¿Cómo podrían callarse cuando se trata de aquel que los ama, que los ha redimido y que les ha dado una posición gloriosa?

El versículo 7 menciona el gran objetivo hacia el que tiende todo el libro: «Mirad que viene con las nubes». Aparecerá para establecer su reinado. El remanente fiel de su pueblo lo reconocerá entonces como aquel a quien en su día crucificaron y se postrará ante él en sincero arrepentimiento.

Alfa es la primera letra y Omega la última letra del alfabeto griego. Así, el Señor, Dios, es el tema central de toda la Palabra escrita de Dios.

1.3 - El apóstol Juan en Patmos

Versículos 9-20. El apóstol Juan, que se presenta 3 veces al principio como el autor inspirado, se encontraba exiliado en la isla de Patmos a causa de su fe. Fue allí donde Dios le reveló lo que debía escribir y enviar un mensaje a las 7 iglesias mencionadas, situadas en la antigua provincia romana de Asia.

Esa gran voz, «como de trompeta», significa que Dios habla con poder y majestad. Por eso es comprensible que Juan se volviera. Quería ver quién hablaba con una voz tan fuerte e inusual. ¿Qué vio?

A Cristo, como el Hijo del hombre, de pie en medio de los 7 candelabros de oro en calidad de Juez. Aquí no aparece aún como el Juez del mundo, tal y como veremos más adelante (Apoc. 19:11-16). El juicio comienza por la Casa de Dios, y eso es lo que vemos aquí, pues las lámparas aluden a la Iglesia desde el punto de vista de su responsabilidad. Se trata del testimonio cristiano en este mundo, que será juzgado por el Señor.

La descripción del Señor revela una triple gloria:

  • El manto, el cinturón y el cabello evocan lo que él es personalmente.
  • En sus ojos, sus pies y su voz, se reconoce su relación con las iglesias.
  • Su mano derecha, su boca y su rostro resplandeciente dan testimonio de su dignidad oficial.

Al ver la figura que se encuentra ante él, Juan se aterroriza. Pero no tiene por qué temer, pues se dice de los redimidos que, en el día del juicio, serán como él, es decir, que estarán del lado del juez y no del acusado (1 Juan 4:17). Tal es su posición inalienable, que les ha sido dada por Dios y que se basa en la muerte y la resurrección del Señor Jesús.

2 - Apocalipsis 2

Dios se ha servido del estado espiritual de estas 7 iglesias locales para ofrecernos una imagen profética de toda la historia de la Iglesia. Los capítulos 2 y 3 tratan de la responsabilidad de la Iglesia y de la forma en que Dios juzga el testimonio cristiano en el que cada uno de nosotros participa. Pero no queremos limitarnos a considerar el aspecto profético; también queremos dejar que las advertencias del Señor contenidas en cada una de estas Epístolas hablen a nuestros corazones.

2.1 - Éfeso [1]: El abandono de su primer amor

Versículos 1-7. La Epístola a Éfeso describe el estado del testimonio cristiano tras la muerte de los apóstoles hasta alrededor del año 167. En apariencia, todo parecía seguir yendo bien. El Señor podía mencionar algunos aspectos positivos. Sobre todo, en aquella época aún existía una actitud firme contra el mal. Todo lo que no podía resistir la luz de la Palabra de Dios era rechazado. Pero el Señor, que conoce también los corazones, veía que el afecto hacia Él se había enfriado. En los corazones, ya no todo iba bien, y por eso oímos este llamado al arrepentimiento.

¿Cuál es el estado de nuestros corazones hacia el Señor Jesús? Estos versículos nos enseñan que él juzga los motivos. Lo que le importa no es solo que nos comportemos como cristianos, que nuestra vida cristiana sea irreprochable a los ojos del mundo; él quiere que todo ello se haga por amor a él. ¿Cómo podemos demostrar que le amamos? Obedeciendo su Palabra (Juan 14:21, 23). El versículo 7 no habla de vencer al mundo, sino de una victoria en el seno mismo de la fe cristiana, pues existen poderes que tratan de alejarnos del Señor.

[1] Ndt: La deseada, la muy amada.

2.2 - Esmirna [2]: El periodo de las persecuciones contra los cristianos

Versículos 8-11. La situación en Esmirna nos presenta, de manera profética, a la Iglesia de los mártires entre los años 167 y 313. En aquella época, el Señor permitió una serie de persecuciones contra los cristianos para que el corazón de los suyos volviera a Él. A estos creyentes probados y perseguidos se les animó a permanecer fieles al Señor hasta la muerte. Se les prometió la corona de la vida como recompensa. –Es cierto que no estamos perseguidos, pero, aun así, no siempre es fácil dar testimonio de nuestra fe en él. Los creyentes de Esmirna nos animan a nunca renegar de él, sean cuales fueren las circunstancias.

[2] Ndt: La doliente (mirra).

2.3 - Pérgamo [3]: El cristianismo está reconocido

Versículos 12-17. Lo que se dice sobre Pérgamo describe simbólicamente el período que se extiende desde el edicto de Milán, cuando se reconoció el cristianismo, hasta los inicios del sistema eclesiástico católico romano. Ni siquiera los tiempos difíciles de las persecuciones contra los cristianos pudieron frenar el declive del testimonio cristiano. El versículo 13 destaca que los cristianos se han vinculado al mundo. Es cierto que no se ha abandonado el nombre del Señor ni la fe, pero ese vínculo con el mundo ha abierto la puerta a muchos males que entonces pudieron introducirse.

En Pérgamo, el Señor no había renunciado aún a su testimonio en su totalidad. Por eso, en su llamado al arrepentimiento y a apartarse del mal, dice: «Pronto iré a ti y pelearé contra ellos con la espada de mi boca» (v. 16). La espada que sale de su boca es la Palabra infalible de Dios. Sigue siendo hoy, como siempre, la norma inmutable para todo cristiano. Todo en nuestra vida debe evaluarse a la luz de ella. Debemos condenar todo lo que se desvíe de ella; de lo contrario, esa espada se volverá contra nosotros.

[3] NdT: Castillo elevado, orgullo.

2.4 - Tiatira [4]: El catolicismo

Versículos 18-29. ¿Qué nos enseña la carta a Tiatira desde el punto de vista de la historia de la Iglesia? Pone de manifiesto un cambio de situación. Aunque todavía hay mucha fidelidad y celo, la gran mayoría se ha corrompido irremediablemente. La exhortación ya no se dirige a toda la asamblea, sino únicamente a los fieles, a los vencedores. La mención de la venida del Señor muestra que hemos entrado ya en una fase que, en esta forma, durará hasta el final de la historia de la Iglesia.

En el año 606, el obispo de Roma fue proclamado papa. Así nació la Iglesia católica romana. El período descrito en esta Epístola se extiende hasta la Reforma. Pero hasta hoy persiste el sistema eclesiástico de Roma.

Incluso en la Edad Media, el Señor pudo reconocer ciertas obras, el amor, la fe, el servicio y la perseverancia en aquellos que se declaraban cristianos. Jezabel (el catolicismo) y su conducta ilustran la vergonzosa alianza entre la Iglesia y el mundo, así como la introducción oficial de todo tipo de prácticas idólatras (por ejemplo, el culto a las imágenes y a los santos).

El versículo 21 muestra que no hay ningún signo de arrepentimiento ni de cambio, sino una adhesión deliberada a lo que se opone a Dios. –Los fieles atraviesan grandes dificultades en este sistema. El Señor no les pide nada más que se mantengan firmes en lo que tienen. Quizás se trataba de la comprensión de que su obra redentora también se había cumplido para ellos personalmente. A los vencedores, el reinado con Cristo y su advenimiento se les presentan como un estímulo.

[4] NdT: Que sacrifica el incienso.

3 - Apocalipsis 3

3.1 - Sardis [5]: El protestantismo

Versículos 1-6. En Sardis, el Señor no encuentra nada que pueda aprobar. Es cierto que no tiene que mencionar pecados tan graves como en Tiatira, pero el conjunto se ha convertido para él en una profesión sin vida. Sardis representa al protestantismo.

Todo había comenzado bien en el siglo 16, cuando los reformadores y los predicadores fieles de la época predicaban la justificación por la fe sola. También tradujeron la Biblia a las lenguas nacionales y la difundieron entre el pueblo [6]. Pero el Señor dice que no ha hallado perfectas sus obras ante su Dios (v. 2). Al buscar la ayuda de los soberanos temporales y ponerse bajo su protección, los creyentes dieron rápidamente lugar a un cristianismo terrenal y mundano, desprovisto de vida. Lo que le espera al mundo incrédulo afectará también a los protestantes: el Señor los sorprenderá con su venida, como un ladrón (comp. con 1 Tes. 5:2).

También en Sardis hay vencedores que se han mantenido puros, a salvo de la corrupción del mundo. A diferencia de la mayoría de los que están espiritualmente muertos, el nombre de estos fieles está inscrito de forma indeleble en el libro de la vida.

¿Acaso esta Epístola no se dirige a cada uno de nosotros personalmente? Esto plantea, en primer lugar, la cuestión de nuestra profesión de fe. Nos llamamos cristianos, pero ¿hemos vivido también una verdadera conversión y recibido la vida de Dios? ¿Qué hay de nuestra separación del mundo? ¿Son puras nuestras vestiduras (que reflejan nuestros hábitos), o están mancilladas por nuestras relaciones con el mundo?

[5] NdT: Aquella que ha escapado, el remanente.

[6] NdT: gracias a la imprenta recién inventada.

3.2 - Filadelfia [7]: El compromiso renovado con la Palabra y el Nombre del Señor

Versículos 7-13. Durante la primera mitad del siglo 19, en muchos lugares, los creyentes volvieron a estudiar la Biblia en profundidad. Así redescubrieron diversas enseñanzas que se habían olvidado en el cristianismo, por ejemplo:

  • El hecho de que el Señor vendrá a recoger a sus redimidos,
  • las enseñanzas sobre la Asamblea (el conjunto de los redimidos) y
  • la reunión para partir el pan, orar y predicar la Palabra (Hec. 2:42).

Volvieron a practicar lo que habían perdido. Surgió un renacimiento espiritual en varios países. De esta época y estas circunstancias habla la Epístola a Filadelfia.

Esta asamblea se caracteriza por su escasa fuerza. Pero el Señor le abre una puerta, de modo que nada puede obstaculizar su escasa fuerza. Filadelfia no tiene mucho que mostrar en apariencia. Por eso el mundo apenas presta atención a los creyentes que quieren volver a aferrarse a toda la Palabra y vivirla, no solo a título personal, sino también colectivamente. Guardar la Palabra del Señor es la piedra de toque del amor hacia él y la condición para la comunión con él (Juan 14:23).

El versículo 10 contiene una promesa especial. Como creyentes, estamos llamados a esperar junto al Señor a que establezca su Reino en la tierra, pero también a esperarle para que nos lleve consigo. Él nos llevará consigo antes de que comience el tiempo de los juicios en la tierra. ¡Esto es un gran consuelo!

[7] Ndt: La fiel, el amor de los hermanos.

3.3 - Laodicea [8]: La cristiandad tibia de hoy

Versículos 14-22. Llegamos ahora a la última Epístola. Esta describe, desde el punto de vista de la historia de la Iglesia, la época en la que vivimos hoy. Gracias a un estudio en profundidad de la Palabra de Dios, se ha vuelto a sacar a la luz la clara doctrina del Nuevo Testamento. Se ha predicado, enseñado y difundido por escrito. Pero ¿qué ha sido de nosotros, los cristianos, que tanto hemos aprendido y que poseemos un conocimiento considerable de la Biblia? Nos hemos vuelto tibios, superficiales y orgullosos, o bien corremos un gran peligro de convertirnos en ello.

Desde la época que siguió a los apóstoles, el amor por el Señor se ha enfriado, el testimonio cristiano no ha dejado de decaer. Al final, el Señor lo vomitará de su boca, pues se habrá vuelto tibio.

Aunque en Laodicea ya se encuentra fuera, sigue llamando a la puerta del corazón de algunos creyentes antes de que rechacen definitivamente su testimonio. Ya no hay remedio para el conjunto, pero aún es posible, para cada uno individualmente, estar en comunión con el Señor. A quien venza y haya dejado entrar a Cristo en su corazón, le promete compartir su gloria con él.

Estos versículos nos enseñan que el camino de la fe de los redimidos, en los últimos días de la era cristiana, se convierte en un camino muy personal, pero que cada uno puede volver al primer amor. Así podrá regocijarse de la bendición que supone la comunión secreta con el Señor. ¿No nos anima esto a seguir fielmente al Señor y a obedecer a su Palabra en nuestros días?

[8] Ndt: conforme al pueblo.

4 - Apocalipsis 4

4.1 - El trono de Dios

Versículos 1-11. Las palabras introductorias del capítulo 4: «Después de esto miré», recuerdan al versículo 19 del capítulo 1, donde la tercera parte del Apocalipsis se presenta así: «Lo que debe suceder después de esto». La historia de la Iglesia culmina con el arrebato de todos los verdaderos creyentes, es decir, con la venida del Señor a por los suyos. A continuación, viene lo que el apóstol Juan ve en la tierra desde una perspectiva celestial.

El trono en el cielo en el que está sentado el Creador (v. 10) es el punto de partida de los juicios que a partir de ahora se abatirán sobre la tierra y sobre los incrédulos que viven en ella. Pero no son solo relámpagos, voces y truenos los que salen de ese trono. También hay un arco iris que rodea el trono. Es la señal del pacto que Dios estableció en su día con la tierra (Gén. 9:12-17), y anuncia la bendición que quiere otorgar tras haber purificado la tierra mediante sus juicios.

Los 24 ancianos representan simbólicamente a todos los creyentes del Antiguo y del Nuevo Testamento. En el momento de los juicios, ya se encuentran en el cielo.

Los 4 seres vivientes –que nos recuerdan a Isaías 6:1-3 y a Ezequiel 1– simbolizan la forma en que Dios ejercerá su juicio:

  • Con fuerza (el león);
  • con determinación, sin flaquear (el ternero);
  • con sabiduría (el hombre);
  • con rapidez y repentinamente (el águila).

«Llenos de ojos» simboliza la omnisciencia del gobierno de Dios, ante la cual nada permanece oculto.

El capítulo termina con la adoración a Dios, el Creador, por parte de los 24 ancianos.

5 - Apocalipsis 5

5.1 - Cristo, el león de la tribu de Judá

Versículos 1-5. En el capítulo anterior, se adoraba a Dios como Creador. Ahora lo vemos como el Juez de la tierra, que ha encomendado todo el juicio al Hijo y le ha dado también el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre (Juan 5:22, 27).

¿Qué es ese libro sellado que sostiene en su mano derecha el que está sentado en el trono? Es el libro de los designios de Dios respecto a la tierra. Contiene también todos los juicios necesarios para purificar la tierra de cara al Reino de Cristo.

Nadie puede ni siquiera mirar ese libro, y mucho menos abrirlo. La pregunta formulada por el ángel queda, pues, sin respuesta. Juan llora por la incapacidad del hombre para cumplir el designio de Dios y por su indignidad. Pero cada vez que se agotan los recursos humanos, el poder de Dios entra en acción. Una vez que el fracaso de los hombres queda plenamente al descubierto, Dios hace intervenir al Hombre de sus consejos.

Uno de los 24 ancianos consuela al apóstol y le habla de Cristo. Lo llama «el león de la tribu de Judá» (v. 5), lo que evoca una fuerza irresistible. Así se cumplirá el juicio de Dios. Esto nos recuerda Proverbios 19:12 y Génesis 49:9. Cristo es también la raíz de David. Cuando Dios designó a David como rey para vencer a los enemigos de Israel, pensaba en Cristo. Él es el verdadero rey según los designios de Dios. David no es más que una figura de aquel en quien se cumplirán todos los designios divinos relativos a la realeza.

5.2 - Cristo, el cordero como sacrificado

Versículos 6-14. Ahora bien, Juan no ve un león, sino un cordero como sacrificado. Toma el libro sellado de la mano derecha de aquel que está sentado en el trono. ¡Cuánto nos recuerda este símbolo del cordero la naturaleza humana de nuestro Señor! Él, que en otro tiempo vivió en la tierra con humildad, antes de morir en la cruz, reconocerá y juzgará todo lo que hay en la tierra con su omnipotencia divina (7 cuernos) y su conocimiento y sabiduría perfectos (7 ojos, 7 espíritus de Dios), y vencerá a todos sus enemigos.

Antes de que Cristo comience a ejercer su autoridad como juez, es adorado y honrado por aquellos a quienes ha redimido. Estos actúan como sacerdotes. El cántico nuevo que entonan los 24 ancianos (los creyentes) no es nuevo en cuanto a su contenido. Pero la función y el papel que el Señor Jesús ocupa ahora, al tomar ese libro y prepararse para romper sus sellos, son nuevos.

Al nuevo cántico de los redimidos le sigue la alabanza de los ángeles. También ellos se sitúan alrededor del trono y del Cordero. Pero los 24 ancianos forman el círculo más íntimo. La adoración de los ángeles no tiene como tema la salvación, sino la obediencia perfecta del Señor Jesús, que pudieron contemplar durante su camino hacia la cruz (Fil. 2:8).

Hay aún un tercer círculo concéntrico alrededor del trono y del Cordero. Es toda la creación la que alaba a Dios y al Cordero.

6 - Apocalipsis 6

6.1 - El primer sello

Versículos 1-2. Este capítulo marca el inicio, en la tierra, del período de los juicios, que contrasta con el período de gracia que conocemos hoy (vean el v. 10 y Hec. 7:60). A partir de ahora, el Cordero abre los sellos uno tras otro. Cada vez que lo hace, se produce un acontecimiento decisivo en la tierra. No es Dios directamente, sino los 4 seres vivientes quienes, uno tras otro, dicen «¡Ven!» a 4 jinetes diferentes. Se trata, pues, del juicio que Dios, en su providencia, inflige a los hombres.

6.2 - El segundo sello

Versículos 3-4. El primer juicio lo ejecuta un jefe militar al que se le confiere una función real. En su campaña militar, encadena una victoria tras otra.

6.3 - El tercer sello

Versículos 5-6. Al abrirse el siguiente sello, este conquistador desata una nueva guerra, en la que los pueblos se exterminan unos a otros. Ya no hay paz en la tierra.

El tercer juicio evoca el hambre y el encarecimiento de la vida, sin duda como consecuencia de las guerras devastadoras. La angustia entre los pobres de la tierra debe de ser terrible.

6.4 - El cuarto sello

Versículos 7-8. Al comienzo de este período de juicios, la muerte cosechará abundantemente. De esto se habla tras la apertura del cuarto sello. A raíz de la hambruna, se declararán epidemias mortales. Gran parte de la humanidad perecerá.

Los 4 primeros juicios corresponden al «principio de los dolores» del que habló el Señor Jesús en Mateo 24:6-8. En estos juicios, aún no se percibe una intervención manifiesta de Dios.

6.5 - El quinto sello

Versículos 9-11. Incluso tras el arrebato de todos los creyentes, es decir, durante el período de los juicios, Dios mantendrá un testimonio en la tierra. Serán los judíos quienes, en ese momento, proclamen el Evangelio del Reino. Es el mensaje del Mesías venidero, que derrocará todo dominio terrenal y establecerá su trono en Sion. Tal mensaje va totalmente en contra de las aspiraciones de los hombres que buscan el poder y el dominio, por lo que muchos de estos testigos son perseguidos y sufren el martirio (comp. con Mat 24:9-14). Son estos mártires quienes, al abrirse el quinto sello, claman venganza. Aún deben esperar un poco más.

6.6 - El sexto sello

Versículos 12-17. Tener presente que el lenguaje del Apocalipsis es casi exclusivamente simbólico nos ayudará a comprender correctamente los versículos 12 al 17. El sol, la luna y las estrellas son imágenes que representan, respectivamente, a las autoridades superiores y subordinadas, así como a los poderes de los gobiernos. El terremoto y los cambios que afectan a los cuerpos celestes simbolizan violentas convulsiones sociales y políticas. Reina la anarquía. Ya no hay seguridad alguna para los hombres. ¡Una época terrible!

Sin embargo, no se percibe en estos hombres ni conciencia, ni arrepentimiento, ni súplica de misericordia. En su día rechazaron la invitación del Cordero de Dios: «¡Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados!» (Mat. 11:28), y ahora tratan de esconderse de la ira del Cordero. Pero no podrán escapar a su juicio.

7 - Apocalipsis 7

7.1 - La primera digresión (o paréntesis), primera parte: los creyentes de Israel

Versículos 1-8. Tras la apertura del sexto sello, se interrumpe el relato del desarrollo cronológico de los juicios. El capítulo 7 constituye una digresión en la que se nos revela lo que Dios lleva a cabo antes de que nuevos juicios se abatan sobre la tierra: 144.000 personas del pueblo de Israel son selladas. Esto tiene lugar antes del período de la gran tribulación, pues deben ser protegidas de ese tiempo de angustia. También entre las naciones hay una gran multitud de personas que creen en el Evangelio que entonces se proclama y que son aceptadas por Dios.

4 ángeles se mantienen preparados para intervenir como ejecutores del juicio de Dios. Pero aún deben contener los vientos, esos elementos capaces de trastornar tanto la tierra como el mar. El ángel, que asciende desde el oriente como mensajero de un nuevo día, debe primero sellar a un cierto número de personas del pueblo terrenal de Dios. El Señor Jesús, su Mesías, ciertamente aún no se ha manifestado para liberarlos, pero su ángel viene a marcarlos con el sello del Dios vivo. Esa es la garantía divina de que no perecerán ni sufrirán la muerte durante la gran tribulación que está por venir.

El número 12 multiplicado por 12.000 es, por supuesto, una cifra simbólica. En la Biblia, el número 12 evoca una administración perfecta. Se trata aquí del testimonio público que Dios mantendrá en este mundo, incluso durante la gran tribulación.

7.2 - La primera digresión, segunda parte: los creyentes de las naciones

Versículos 9-17. Además del gran número de israelitas que han sido sellados, vemos otra multitud procedente de las naciones, que también está reservada para el tiempo de la bendición. Van vestidos con túnicas blancas, símbolo de justicia, y sostienen palmas en sus manos, signo de victoria. Dan gloria a Dios y al Cordero, que los han preservado durante el difícil período de la gran tribulación.

Uno de los ancianos da al apóstol Juan detalles sobre esta gran multitud. Estas personas proceden de la gran tribulación. Se trata de la segunda mitad del período de los juicios. Esta sigue a los juicios providenciales y se aborda en el Apocalipsis a partir del capítulo 8. También la mencionan los profetas Jeremías y Daniel, así como en Mateo 24 (Jer. 30:7; Dan. 12:1; Mat. 24:15-28).

Antes de que comience este período, Dios muestra que, en su misericordia, desea que un cierto número de personas participen de las bendiciones terrenales del Reino milenario. Se trata de aquellos que no han oído el Evangelio, pero que aceptarán el Evangelio del Reino que se les anunciará. El hecho de que se encuentren ante el trono de Dios no significa que estén en el cielo. Sin embargo, esto demuestra su cercanía a Dios.

La lista de lo que estos elegidos vivirán tras la gran tribulación nos permite deducir qué pruebas y dificultades tendrán que atravesar antes. Pero entonces, el Cordero cuidará de ellos, y Dios borrará todo recuerdo de las pruebas pasadas.

8 - Apocalipsis 8

8.1 - El séptimo sello

Versículos 1-13. Tras el paréntesis del capítulo 7, se reanuda el relato del desarrollo de los juicios. La apertura del último sello desencadena el juicio de las 7 trompetas. Ante el horror de lo que va a suceder, se hace un silencio de aproximadamente media hora en el cielo.

Antes de que el primer ángel toque la trompeta, se recordará a los creyentes que aún viven y sus oraciones. La naturaleza de estas oraciones se corresponderá con el contenido de los Salmos de venganza. En aquella época, la bendición definitiva de estos creyentes solo podrá obtenerse mediante el juicio de sus enemigos. ¡Qué contraste con el período de gracia que vivimos hoy! Alcanzaremos nuestro objetivo gracias a la venida del Señor para el arrebato de todos los redimidos, cuando seamos arrebatados antes de los juicios. –Las oraciones de estos fieles serán escuchadas al iniciarse los juicios.

Sin entrar en detalles sobre los juicios, queda claro que se limitan a una determinada parte de la tierra. Se menciona en varias ocasiones la «tercera parte». Según el versículo 4 del capítulo 12, podemos concluir que se trata del territorio del Imperio romano resucitado. –El lenguaje simbólico de este capítulo muestra que, cuando se tocan estas trompetas de juicio, se producirán enormes trastornos políticos y sociales entre los pueblos, que afectarán a toda la humanidad. El envenenamiento con ajenjo alude a una seducción espiritual, a un error mortal que envenenará los corazones y las conciencias y conducirá a la muerte moral de los hombres.

9 - Apocalipsis 9

9.1 - El primer “Ay”

Versículos 1-12. Los juicios asociados al segundo grupo de trompetas son aún más graves que los primeros. Se denominan los 3 “ayes” (Apoc. 8:13). El primero parece afectar principalmente a la parte del pueblo de Israel que no ha sido sellada (v. 4).

¿Cómo hay que entender, pues, los símbolos del primer ay? Este juicio parece ser un engaño del diablo. Se abre el pozo del abismo, dejando que se eleve un humo negro. Se extiende una doctrina satánica, oscureciendo la mente de los hombres, cegándolos a la luz de Dios.

Esta doctrina perversa está simbolizada por una nube de langostas que, con una violencia irresistible, destruyen todo a su paso y solo dejan a su paso miseria. Las langostas no influyen en las circunstancias de esta vida, ni atacan el cuerpo de los hombres, sino que envenenan su espíritu. Los hombres se ven sumidos en tal miseria espiritual que buscarán la muerte sin encontrarla. Probablemente se trate aquí de la muerte como separación de con Dios. –El pueblo de Israel, contra el que se dirige principalmente este juicio, estaba llamado en otro tiempo a ser un testigo del Dios verdadero. Ahora que ha caído bajo el dominio de esta seducción satánica, busca alivio para su espíritu anhelando la muerte, es decir, la separación de estar con Dios.

La duración de este juicio está limitada, pero aún quedan 2 ayes por venir.

9.2 - El segundo “Ay”

Versículos 13-21. Si bien el primer “ay” afectaba más al pueblo de Israel, la segunda afecta al Imperio romano resurgido (el Éufrates constituía su frontera oriental). En otras palabras, afecta al mundo cristianizado. Para este juicio no se especifica la duración, pero sí se indica el momento en que comienza.

También en este juicio se percibe la influencia satánica. Su poder se simboliza mediante las colas de los caballos, parecidas a las de las serpientes. Estos ejércitos gigantescos procedentes del Este presagian una influencia nefasta que sumirá a la cristiandad en la ruina. La referencia repetida a las bocas demuestra que esta locura se presenta con una astucia persuasiva convincente. Toda la descripción permite concluir que esta «invasión» procedente del Este acarreará no solo la muerte moral, sino también la muerte corporal: un envenenamiento del alma y la ruina de la vida. La historia conoce un ejemplo de tal invasión, cuando el Islam arrasó la cristiandad y los musulmanes llegaron hasta las puertas de Viena (Austria).

Por terrible que sea este juicio, no produce ningún arrepentimiento en quienes lo sufren. En cambio, los últimos versículos indican claramente que, al final de los tiempos, la idolatría y la inmoralidad se extienden de nuevo. Estos son los pecados que los profetas de Israel ya habían denunciado y condenado en la época del Antiguo Testamento. ¿Acaso no se multiplican ya estos pecados hoy en día?

10 - Apocalipsis 10

10.1 - La segunda digresión, que tiene lugar en la época del segundo “Ay”

Versículos 1-11. El relato del desarrollo de los juicios se interrumpe aquí, al igual que en el capítulo 7, para dar paso a un paréntesis que se extiende hasta el versículo 13 del capítulo 11. Este paréntesis tiene lugar durante el período del segundo “Ay” (comp. con Apoc. 11:14).

La descripción del ángel poderoso que desciende del cielo indica que representa a Cristo. Sostiene en su mano un librito abierto. A diferencia del libro sellado, cuyo contenido aún no había sido revelado, el contenido del librito abierto es claro. Pero no se entiende lo que está escrito en él. Por eso se invita a Juan a comérselo. Este libro simboliza la profecía del Antiguo Testamento, que todo lector de la Biblia conoce a partir de los escritos de los profetas. Pero solo cuando las profecías del Antiguo Testamento estén a punto de cumplirse se comprenderá verdaderamente lo que esos profetas habían anunciado acerca del futuro.

El misterio de Dios se refiere a sus caminos con los hombres a lo largo de los siglos transcurridos desde el rechazo del Señor hasta su aparición en gloria. Durante este período, Dios no interviene públicamente en las circunstancias de los hombres. Con la aparición del Señor Jesús para el juicio y el establecimiento de su Reino, este misterio de Dios encuentra su fin o su cumplimiento.

11 - Apocalipsis 11

11.1 - El período de la gran tribulación

Versículos 1-14. Este pasaje nos enseña que la gran tribulación durará 42 meses, es decir, 3 años y medio. Durante este período, Dios velará por que haya un testimonio en Jerusalén, donde se alzará el templo reconstruido. Aparecerán 2 testigos vestidos de sacos.

Su atuendo muestra que su mensaje es un llamado al arrepentimiento. Su comportamiento recuerda al del profeta Elías, quien en otro tiempo anunció una sequía e hizo descender fuego del cielo para consumir a sus enemigos, pero también al de Moisés, quien en otro tiempo convirtió las aguas del Nilo en sangre.

El testimonio de estos 2 testigos suscita una feroz oposición por parte de la «Bestia que sube del abismo» (v. 7). Esta «Bestia» simboliza al gobernante del Imperio romano reconstituido. En el capítulo 13 se ofrece una descripción más detallada de este gobernante.

Cuando su testimonio haya concluido, los 2 testigos serán asesinados en la ciudad de Jerusalén, que para entonces se encontrará en el centro de los acontecimientos. La alegría de los incrédulos ante el silencio impuesto a estos 2 testigos molestos será efímera. Al cabo de 3 días y medio, Dios los resucitará.

Una vez rechazados los testigos de Dios, a los hombres solo les queda el juicio. Un terremoto se cobra miles de víctimas. Presas del terror, dan gloria al «Dios del cielo», pero no están preparados, como los 2 testigos, para reconocer los derechos del “Señor de la tierra”.

11.2 - El tercer “Ay” y la aparición del Señor

Versículos 15-19. La tercera «Desgracia», que corresponde al sonido de la séptima trompeta, marca el final del período de juicio y el comienzo del reinado del Señor Jesucristo sobre la tierra. Es en ese momento cuando la creación será liberada de la maldición que pesa sobre ella a causa del pecado del hombre. Es también el momento en que el remanente del pueblo, formado por los creyentes perseguidos, experimentará la liberación de Dios. Los creyentes en los cielos (los 24 ancianos) se regocijan por ello.

La aparición de Cristo va acompañada también de una justa retribución. Él recompensará a los fieles, mientras que la multitud de los incrédulos sufrirá la ira de su juicio (Sal. 2). La categoría de los que serán recompensados comprende 3 grupos:

  • Los siervos o profetas del Señor. Son todos aquellos que han dado testimonio sin temor por Cristo.
  • Los santos. Se trata aquí de los fieles del pueblo terrenal de Dios que no se han postrado ante el Anticristo.
  • Aquellos que temen el nombre de Dios. Son los de las naciones que han aceptado el Evangelio del Reino. Todos ellos entrarán en las bendiciones del Reino milenario.

La otra cara de esta imagen es la perdición de todos aquellos «que destruyen la tierra». Todos los enemigos del Señor Jesús y de su pueblo que vivan entonces serán juzgados. Él establecerá su Reinado sobre una tierra completamente purificada.

Por su contenido, el versículo 19 pertenece al capítulo siguiente, donde se nos revelan otros detalles que no se habían mencionado hasta entonces.

12 - Apocalipsis 12

12.1 - La señal de la mujer embarazada en el cielo

Versículos 1-2. En los capítulos 6:1 al 11:18, hemos descubierto el desarrollo de los juicios que tendrán lugar en la tierra tras el arrebato de la Iglesia y hasta la aparición del Señor Jesús en su gloria. Los capítulos 11:19 al 19:10 nos revelan detalles sobre las figuras destacadas y los grandes acontecimientos que tendrán lugar en la tierra y en los cielos durante el período de los juicios. En los capítulos 19:11 al 21:8, descubrimos lo que sucede tras la aparición del Señor hasta el inicio del estado eterno.

El hecho de que, en el versículo 19 del capítulo 11, se vea el arca de la alianza en el templo celestial indica que Dios va a restablecer sus relaciones, interrumpidas durante mucho tiempo, con su pueblo terrenal. Así, la mujer del capítulo 12:1, representa al pueblo de Israel. El hijo varón que da a luz es Cristo, quien, como hombre, era judío (Juan 4:9, 22; Rom. 9:5).

12.2 - La señal del Dragón rojo

Versículos 3-6. ¿Qué simboliza la otra señal? Los detalles de la descripción del Dragón rojo hacen referencia a la Bestia que surge del mar (Apoc. 13:1), imagen del jefe del futuro Imperio romano. El propio Dragón alude a Satanás (v. 9). La hostilidad hacia Cristo es evidente. Desde el nacimiento del Señor Jesús, y a lo largo de su vida en la tierra, el diablo lo intentó todo para matarlo. No lo consiguió. Una vez cumplida la obra de la redención –de la que no se habla aquí– el Señor Jesús regresó al cielo. Entre los versículos 5 y 6 se encuentra el tiempo de la gracia. El versículo 6 trata del período del juicio, durante el cual el remanente fiel del pueblo judío es protegido por Dios mismo.

12.3 - Satanás y sus ángeles están precipitados a la tierra

Versículos 7-18. Diversos pasajes de la Palabra de Dios nos enseñan que Satanás se encuentra aún hoy en el cielo (Job 1:6; 2:1; Efe. 6:12). Allí aparece como el acusador de los creyentes. ¿Acaso no tiene a menudo buenas razones para acusarnos? ¡Qué fácil es bajar la guardia y caer en el pecado! Afortunadamente, frente al acusador está nuestro abogado, Cristo (1 Juan 2:1-2). A cada acusación del diablo le corresponde una respuesta perfecta: la sangre de nuestro Salvador, que nos purifica de todo pecado. Pero durante el período del juicio, el diablo y sus ángeles serán precipitados del cielo a la tierra.

Sabiendo que los días de su obra destructora están contados, redobla sus esfuerzos contra el pueblo de Dios. La mujer a la que persigue simboliza aquí al remanente fiel de los judíos, que huirá de Jerusalén al comienzo de la gran tribulación (Mat. 24:15-18). Dios mismo protegerá a estos afligidos y los mantendrá con vida. La tierra que se traga el río que brota de la boca del Dragón alude a la Providencia de Dios, que impide el exterminio del remanente piadoso de Israel.

Lleno de ira, el diablo dirige ahora sus ataques contra los fieles que, por diversas razones, no pueden huir de Jerusalén. En los Salmos, donde se describen los sentimientos de estos creyentes, también encontramos estas 2 categorías. Los Salmos 120 al 122 hablan, por ejemplo, de los judíos que pueden huir de Jerusalén, mientras que los Salmos 123 al 125 tratan de aquellos que deben quedarse allí.

13 - Apocalipsis 13

13.1 - La Bestia que surge del mar (el jefe del Imperio romano)

Versículos 1-10. Este capítulo nos presenta con más detalle a 2 personajes que desempeñarán un papel preponderante en la época de la gran tribulación: el jefe del Imperio romano resucitado (la Bestia que surge del mar) y el Anticristo (la Bestia que surge de la tierra).

¿Por qué Dios le muestra bestias al apóstol Juan cuando se trata de seres humanos? Porque estas personas ya no tienen ninguna relación con Dios. Se han entregado por completo al diablo. Así, la primera Bestia, ese gobernante político y dictador, recibe de Satanás el poder, el trono y la autoridad. La herida mortal curada indica que la resurrección del Imperio romano se manifestará ante el mundo entero como un milagro.

La impiedad, que ya hoy no deja de crecer a un ritmo aterrador, alcanzará entonces su triste apogeo cuando los hombres adoren tanto al Dragón como a la Bestia. Los emperadores romanos ya eran venerados como divinidades en la Antigüedad.

Este hombre eclipsará a todos los dictadores que el mundo haya conocido hasta ahora. Como soberano megalómano, odiará a Dios y se opondrá al pueblo de Dios. Durante un tiempo, vencerá a los santos.

Este hombre poderoso ejercerá, durante un tiempo, un dominio universal sobre los hombres. Los incrédulos, cuyos pensamientos se centran únicamente en la tierra, se someterán por completo a la autoridad de este superhombre y lo venerarán como a un dios.

13.2 - La Bestia que surge de la tierra (el Anticristo)

Versículos 11-18. La otra Bestia surge de la tierra, es decir, aparece públicamente en escena cuando la situación política es estable (la primera Bestia surge del mar agitado de las naciones, pero impone el orden como tirano). La segunda Bestia se asemeja a un cordero y habla como un dragón, una imagen del Anticristo que se hace pasar por el Mesías, pero que en realidad es un instrumento de Satanás. En 2 Tesalonicenses 2:2-4, a esta misma persona se la denomina «el hombre de pecado».

Como líder religioso, establece una alianza con el líder político del Imperio romano y respalda el culto divino que se rinde a dicho gobernante. Mediante señales espectaculares, incita a los hombres a la idolatría. Manda erigir una estatua del soberano de Roma. Bajo influencia demoníaca, hace que esta hable y, a continuación, exige a todos los hombres que adoren esa imagen. Esta escena, que aún no ha tenido lugar, ¿no nos recuerda a Daniel 3, donde Nabucodonosor erigió una estatua gigantesca y luego exigió a todos sus funcionarios que se postraran ante ella? En aquella época, solo 3 hombres permanecieron de pie: los amigos de Daniel. En el futuro, serán pocos los que se nieguen a adorar al ídolo, pues quien no se someta a las órdenes del Anticristo no tendrá prácticamente ninguna posibilidad de sobrevivir.

Mateo 24:15 sugiere que este ídolo se erigirá incluso en el templo. Para los judíos piadosos, esta es la señal de que deben huir de Jerusalén lo antes posible.

14 - Apocalipsis 14

14.1 - Escenas del período de las tribulaciones

Versículos 1-5. En la época en que Satanás ejerza un reinado de terror sobre la tierra a través de las 2 Bestias, Dios no permanecerá inactivo. Este capítulo nos muestra lo que hace entre bastidores durante ese periodo.

En primer lugar, Juan ve al Señor Jesús como un Cordero en el monte de Sion, es decir, ya no en el cielo como en el capítulo 5, sino en la tierra. Se une a los 144.000 de Judá a quienes quiere proteger, en su infinita gracia (Sion), a lo largo de todo el período de la gran tribulación. –A diferencia de la marca de la Bestia, que se impone a prácticamente todos los hombres, estos fieles de Judá llevan en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre. Es la marca de propiedad de Dios: “Estos han sido comprados de entre los hombres, como primicias para Dios y para el Cordero”. A diferencia de nosotros, los creyentes del período de la gracia, que tenemos las primicias del Espíritu y somos llamados las primicias (Rom. 8:23; Sant. 1:18), aquellos son los primeros frutos para el Reino.

Estos judíos piadosos evitan todas las impurezas en las que vive el mundo que los rodea. Los hombres se comportan entonces de manera tan pecaminosa como en los días previos al diluvio o como los habitantes de Sodoma y Gomorra (Lucas 17:26-30). El remanente del pueblo no solo vive al margen de ese mal, sino que también da testimonio de Cristo siguiendo al Cordero «dondequiera que va». Sus palabras son veraces y su conducta irreprochable. Es cierto que no vivimos en circunstancias tan difíciles, pero deberíamos manifestar los mismos rasgos de carácter.

14.2 - El mensaje de juicio de los 3 ángeles

Versículos 6-12. Entonces aparecen 3 ángeles, uno tras otro, cada uno portador de un mensaje divino. El primer ángel trae el Evangelio eterno. A diferencia del Evangelio de la gracia, que solo se predica durante un período limitado (desde Pentecostés hasta el arrebato), trata de una buena nueva que sigue vigente. Contiene las exigencias de Dios, el Creador, hacia el hombre, pero también su propósito de bendecir a los hombres en el seno de su creación. Sin embargo, debido al pecado, solo puede alcanzar este objetivo mediante el juicio.

El segundo ángel declara que, durante el período de la tribulación, Dios también hará recaer su juicio sobre la cristiandad sin Cristo y lo ejecutará sobre ella. El término «Babilonia» también designa al conjunto de la profesión cristiana que subsistirá después de que todos los verdaderos creyentes hayan sido arrebatados al cielo.

El tercer ángel anuncia con voz potente el juicio definitivo de Dios sobre todos los hombres que se entregan a la idolatría introducida por el Anticristo y que, al aceptar la marca de la Bestia, se suman a su actitud blasfema. Los hombres deberán elegir si quieren seguir al Cordero o al Anticristo. Deberán elegir entre el Espíritu de la verdad y el Espíritu de la mentira. Las consecuencias de esta elección son eternas e inmutables. –En esa época, los santos necesitarán realmente una gran perseverancia para rechazar la marca de la Bestia, obedecer a Dios y permanecer fieles al Señor. Lo cual será casi imposible.

14.3 - La siega y la vendimia: 2 imágenes del juicio

Versículos 13-20. La perseverancia de los creyentes en esa época conducirá, en muchos casos, al martirio. Quienes sufran la muerte, ¿perderán por ello las bendiciones del Reino? No. Serán llamados bienaventurados. El Espíritu les asegura que no perderán su recompensa, «porque sus obras los siguen». Su parte se encuentra en la parte celestial del Reino milenario (Apoc. 20:4).

Este capítulo termina con 2 imágenes que ilustran el juicio: la cosecha de cereales y la vendimia. El profeta Joel también evoca estas 2 formas de juicio (Joel 4:13). La cosecha de cereales se caracteriza por la distinción entre el grano (trigo, cebada), por un lado, y la paja y la cáscara, por otro. Así, el Señor reconocerá de nuevo a ese remanente como su pueblo, por un lado, y por el otro, juzgará a todas las naciones que han oprimido a los fieles de su pueblo de Israel. En Mateo 25:31-46 encontramos un juicio de este tipo, cuando el Señor, al aparecer en la tierra con poder y gloria, separará las ovejas de las cabras.

La vendimia evoca el juicio de la ira pura de Dios sobre todos los hombres que se han rebelado contra él y se han apartado de él. Así, en su aparición en gloria, el Señor intervendrá contra la Bestia y los reyes de la tierra que quieren hacerle la guerra. Sin ningún juicio, la Bestia y el falso profeta serán arrojados al lago de fuego. Los demás serán muertos por su espada (Apoc. 19:19-21).

15 - Apocalipsis 15

15.1 - Una mirada al cielo

Versículos 1-8. Este capítulo marca el inicio de una última serie de juicios que se abatirán principalmente sobre el imperio de la Bestia (el Imperio romano). Es sobre ellos sobre quienes se cumple la ira de Dios.

Pero antes de que se desarrolle esta sombría escena, el apóstol Juan puede dirigir la mirada hacia el cielo. Allí ve a aquellos que han vencido a la Bestia, a su imagen y al número de su nombre, y que han sufrido el martirio. Cantan el cántico de Moisés y el cántico del Cordero. Estos santos, al igual que los israelitas de antaño, han sido liberados de la opresión y la persecución. Es cierto que tuvieron que pasar por la muerte, pero ahora contemplan el juicio que se abate sobre sus enemigos. El cántico del Cordero no evoca la redención, sino la victoria que corresponde a aquel que en otro tiempo vivió aquí en la humildad y abajamiento.

El templo está abierto, pero no para permitir el libre acceso al trono de la gracia, ni para interceder ante Dios, ni siquiera para rendirle culto. No, el templo es el lugar de donde emanan los juicios de Dios. Está lleno del humo de ese fuego devorador, en el que Dios se manifiesta en su juicio. Los ángeles, ejecutores de los juicios finales, van ataviados con lino puro y resplandeciente, lo que da testimonio de la santidad del templo de Dios. En estos tiempos graves, nadie puede entrar en el templo hasta que la justa ira de Dios no se haya derramado sobre todo el mal que reina en la tierra.

16 - Apocalipsis 16

16.1 - Las 5 primeras copas de la ira

Versículos 1-11. Los juicios provocados por el derramamiento de las copas de la ira se desarrollan en paralelo a los provocados por las trompetas, pero en un período más breve.

La similitud entre estas 2 series de juicios es sorprendente. Con la primera trompeta y con la primera copa, el juicio se abate sobre la tierra. Con la segunda trompeta y con la segunda copa, afecta al mar. La tercera trompeta, al igual que la tercera copa, afecta a los ríos y a las fuentes. La cuarta trompeta y la cuarta copa afectan a los cuerpos celestes. También se observan paralelismos similares entre la quinta y la sexta trompeta, así como entre la quinta y la sexta copa. Al final de estas 2 escenas de juicio, se establece el reinado de Cristo.

Las plagas que estos juicios provocan entre los hombres son terribles, pero divinamente justas (v. 5 y 7). Dios no permanecerá inactivo ante las acciones impías de los hombres, ante su idolatría, pero tampoco ante la persecución de sus santos y de sus profetas. Aunque los hombres, como se deduce de los versículos 9 y 11, saben quién es el causante de estas plagas, no están dispuestos a arrepentirse. ¡Sin conciencia, ni conversión, ¡solo nuevas blasfemias contra Dios! Tal es el terrible final de quienes se han entregado a Satanás y a su obra. ¡Qué pensamiento tan aterrador es el de ver a Europa occidental, con su civilización moderna, sus avances técnicos y todas sus libertades, sumirse en la tiranía, las tinieblas, la miseria y la blasfemia!

16.2 - Las sexta y séptima copas de la ira

Versículos 12-21. La sexta copa se derrama sobre el Éufrates. Este río siempre ha constituido la frontera oriental del Imperio romano. Pero a partir de ahora, esa frontera queda suprimida, de modo que ya nada se opone a un ataque procedente del Este. Quizá se trate aquí de una alusión a un ataque militar. Sin embargo, es más probable que se refiera a una influencia sin oposición de las supersticiones diabólicas procedentes del Este.

En el versículo 13, volvemos a encontrar la trinidad satánica que ya habíamos visto en el capítulo 13. La influencia del diablo, del jefe del Imperio romano y del Anticristo lleva al mundo entero a unirse para hacer la guerra juntos contra Dios, el Todopoderoso. La humanidad se encamina así hacia un final triste y terrible. El versículo 15 contiene una palabra de ánimo y advertencia para todos aquellos que temen a Dios en aquellos tiempos. Su esperanza está puesta en la aparición del Señor Jesús en su poder y gloria.

El derramamiento de la séptima copa marca el fin de los juicios que preceden a la aparición del Señor Jesús como rey. La división en 3 partes de la gran ciudad anuncia el colapso del poder de Roma. Además, Babilonia, esa profesión cristiana sin vida que estará entonces bajo el dominio de Roma, recibirá de Dios el juicio que merece. –Ni siquiera este último y severo juicio provoca ninguna conversión del corazón humano. Este sigue rebelde y lleno de odio hacia Dios.

17 - Apocalipsis 17

17.1 - El juicio de Babilonia, representada bajo los rasgos de una ramera

Versículos 1-6. Lo que solo se mencionaba al final del capítulo 16 se trata con más detalle en los capítulos 17 y 18: Babilonia [9] y su juicio. ¿Qué hay que entender por ello? En el Apocalipsis, Babilonia simboliza los falsos sistemas religiosos que pretenden ser la Iglesia. Este sistema abarca a Roma y a todas las religiones presentes en el mundo.

[9] NdT: En la Babilonia de la antigüedad (país) estaban representados todos los sistemas religiosos los cuales no reconocían a Dios manifestado en Jerusalén. Cuando los judíos fueron deportados a Babilonia, se encontraron en aquel lugar verdaderos siervos de Jehová, rodeados de muchos incrédulos que pretendían servir à Dios.

En el capítulo 17, Babilonia está presentada al apóstol Juan bajo la imagen de una mujer, una prostituta, sentada sobre la primera Bestia del capítulo 13. Aunque tenemos aquí ante nosotros el estado final de la cristiandad profesa, debemos reconocer, no obstante, que estas características ya se manifestaban en la época en que surgió el papado. El sistema eclesiástico romano se extendió por numerosos pueblos y continentes. No solo se alió con el mundo y con los gobernantes políticos, sino que también se situó por encima de ellos.

La copa de oro llena de abominaciones sugiere que este sistema corrupto siempre ha tolerado y fomentado la peor forma de idolatría. Esto también se refleja en el nombre que lleva esta mujer («la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra»). Pero este sistema también se ha opuesto al verdadero pueblo de Dios durante siglos y ha perseguido a los creyentes. ¡Cuántos hijos de Dios han sido víctimas de la Inquisición a lo largo de los siglos y han acabado en la hoguera!

17.2 - La explicación de la imagen de la ramera

Versículos 7-18. El ángel muestra primero al escritor del Apocalipsis una visión sobre Babilonia. A partir del versículo 7, explica el simbolismo de esta imagen. Se trata, en primer lugar, de la Bestia de 7 cabezas y 10 cuernos, que es una imagen del Imperio romano y de su último gobernante. Hace siglos que dejó de existir como potencia mundial, pero, para sorpresa de todos, renacerá al final de los tiempos.

El versículo 9 muestra claramente que Roma, la ciudad de las 7 colinas, es la sede del poder de la Bestia, pero también la de la ramera de Babilonia. Esto confirma así que el papado tiene su centro en Roma. La información sobre la Bestia completa lo que ya hemos aprendido en el capítulo 13. El Imperio romano resucitado será una unión de Estados que se someterán a un dictador supremo, le cederán su poder y perseguirán con él el objetivo común de hacer la guerra al Cordero. Esto terminará en una derrota aplastante.

Pero antes de llegar a ese punto, la Roma política aniquilará a la cristiandad apóstata. Dios mismo se servirá de estos reyes impíos para juzgar a la falsa iglesia. Cabe señalar a este respecto que los sistemas hostiles a Dios, como la Roma papal, serán aniquilados en la tierra, mientras que los hombres incrédulos no dejarán de existir, sino que un día sufrirán la condenación eterna.

18 - Apocalipsis 18

18.1 - El juicio sobre la gran ciudad

Versículos 1-10. En este capítulo, Babilonia se presenta como una ciudad. Es la gran ciudad, en contraposición a la ciudad santa (Jerusalén; Apoc. 21:10). Pero su juicio ya se ha revelado. Ha caído. La cristiandad corrupta, ese sistema religioso que pretendía ser la morada de Dios en Espíritu, se convierte finalmente en morada de demonios. Todas las herejías posibles, todos los pensamientos religiosos de los hombres han encontrado cabida en este sistema, que ahora es juzgado por Dios.

Los verdaderos creyentes que aún se encuentran allí hasta el arrebato están llamados a salir de ella, de cara al juicio venidero. Nuestro lugar, como creyentes, está fuera del ámbito religioso. Es allí donde debemos reunirnos en torno a Cristo, a quien el mundo desprecia.

Antiguamente, los cristianos estaban llamados a separarse del mundo y a esperar el regreso de su Señor manteniéndose al margen de todo mal. Pero la Iglesia, como testigo responsable del Señor en la tierra, abandonó rápidamente esa postura. Al aliarse con el mundo, se ha convertido en una institución terrenal, incluso mundana. «Estoy sentada como reina, no soy viuda» (v. 7). ¡Ya no hay ningún pensamiento para su Señor ausente, que prometió volver! Por eso la muerte, el duelo, el hambre y el fuego se abatirán sobre ella.

18.2 - El fin de Babilonia, la cristiandad corrupta

Versículos 11-19. Llorarán y se lamentarán por la caída de Babilonia 2 grupos de personas: los reyes y los mercaderes de la tierra. Los primeros a menudo han alcanzado grandes honores gracias a la «iglesia», y los segundos han hecho buenos negocios con ella. Su caída acarreará importantes pérdidas sociales y económicas.

Las palabras de este capítulo muestran claramente que la cristiandad corrupta acabará convirtiéndose en la mayor fuerza promotora de la mundanidad, el lujo y el beneficio material en la tierra. En este sistema impío, todo –desde el oro hasta los esclavos y las almas de los hombres– se transforma en un medio de enriquecimiento mundano. Al meditar sobre estos versículos, es imposible no pensar en el comercio de las indulgencias y otras prácticas similares.

En la lista de bienes adquiridos por Babilonia, el oro y la plata ocupan el primer lugar, mientras que las almas de los hombres ocupan el último. A las personas es a quienes se les concede menos valor. Lo que precisamente es más precioso a los ojos del Señor es lo que menos importancia tiene para la falsa iglesia. Casi nadie, en este sistema, se preocupa por la salvación y el bienestar espiritual de los hombres. Por lo tanto, es perfectamente comprensible que el juicio de Dios deba abatirse sobre este sistema religioso, y ello de forma repentina e inesperada. «¡En una hora fue desolada!»

18.3 - La caída de Babilonia: luto en la tierra – gozo en el cielo

Versículos 20-24. Mientras que en la tierra los reyes y los mercaderes lloran la caída de Babilonia, en el cielo se invita a los santos, a los apóstoles y a los profetas a regocijarse. Este sistema religioso, bajo cuya forma acabará presentándose la cristiandad profesa, siempre ha perseguido a los verdaderos creyentes y a menudo los ha condenado a muerte tachándolos de herejes (v. 24). Ahora recibe de Dios un justo juicio. Tengamos muy presente esto: no nos corresponde a nosotros vengarnos. Es Dios quien lo hace por los suyos (Sal. 94:1; Rom. 12:19).

Al igual que el ángel arroja una gran piedra de molino al mar, como símbolo de la caída definitiva de Babilonia, el profeta Jeremías había atado en su día su profecía sobre la Babilonia de su época a una piedra y la había arrojado al Éufrates (Jer. 51:63-64).

La enumeración de todo lo que llega a su fin y desaparece con la caída de Babilonia nos muestra hasta qué punto la cristiandad profesa, bajo la dirección de Roma, es y seguirá siendo impresionante e influyente. Ofrece todo lo que seduce al hombre natural. Arte y comercio, influencia sobre los sentimientos, placeres naturales: todo está presente en ella. Pero este sistema ha descarriado terriblemente a los hombres. En lugar de ser el pilar y el fundamento de la verdad, esta iglesia se ha arrogado el derecho de enseñar por sí misma (su propia doctrina) y de determinar por sí misma qué es la verdad. Esto ha conducido a terribles errores que han descarriado a los hombres y siguen descarriándolos.

19 - Apocalipsis 19

19.1 - Las bodas del Cordero

Versículos 1-10. Después de que el sistema religioso, que pretendía ser la Iglesia de Dios, fuera destruido en la tierra, resuena en el cielo un cuádruple «Aleluya». Desde siempre, el diablo intenta seducir a los hombres imitando lo que proviene de Dios.

En el Antiguo Testamento:

  • Altar de los sacrificios – altares de los ídolos,
  • Templo de Dios – templo de los ídolos, etc.

En el Nuevo Testamento:

  • verdadera Iglesia (la Asamblea) – falsa iglesia (Babilonia),
  • Cristo – Anticristo.

Pero no hay nada más abominable para Dios que una imitación de lo que él ha hecho. De ahí el gozo que suscita la destrucción de Babilonia.

El camino está ahora abierto para la unión oficial del Señor Jesús con su Iglesia. El cielo expresa su gozo al ver que la gloria de Cristo se manifiesta ahora públicamente y que se cumple el deseo de su corazón. Las bodas del Cordero ya pueden celebrarse.

La Esposa es la Iglesia de Dios, es decir, el conjunto de los redimidos, desde Pentecostés hasta el arrebato. Su vestido nupcial está compuesto por las obras justas de los santos. Todo lo que hayamos hecho en nuestra vida por Cristo y por su nombre será entonces recordado y formará parte integrante del vestido nupcial de la Iglesia.

¿Quiénes son los invitados? Son los creyentes del Antiguo Testamento. En este día de gloria, ocuparán un lugar de bendición privilegiado. Se comprende que Juan quede completamente cautivado por lo que se desarrolla ante sus ojos.

19.2 - Cristo, el Juez de las naciones

Versículos 11-16. En el capítulo 1 ya habíamos visto a Cristo en su oficio de Juez. En aquel momento, se trataba sobre todo de juzgar a la Iglesia en cuanto a su responsabilidad como testimonio de Cristo en la tierra. Ahora, los cielos se abren y volvemos a ver a Cristo como Juez. Pero esta vez viene para castigar a las naciones y pastorearlas con vara de hierro. Es a él a quien Dios «le ha dado potestad de ejecutar juicio también, por cuanto es el Hijo del hombre» (vean Juan 5:27). Por último, como Rey de reyes y Señor de señores, asumirá el poder sobre todo el universo.

Examinemos su persona más de cerca:

  • Se llama «Fiel y Verdadero», a diferencia de su primera venida, en la que vino lleno de gracia y de verdad.
  • Este nombre, que nadie conoce salvo él mismo, subraya sin duda el carácter insondable de su persona: Ciertamente se presenta como un hombre, pero al mismo tiempo es el Hijo de Dios.
  • Su vestidura teñida de sangre no alude a la sangre de la reconciliación, sino a la del juicio.
  • Su nombre, «el Verbo de Dios», está estrechamente vinculado a la espada que sale de su boca. La norma por la que entonces todo será medido y juzgado es la Palabra infalible de Dios.

Cristo no aparecerá solo. Todos aquellos a quienes ha redimido le acompañarán. Pero será él mismo quien dicte el juicio. Será su boca la que pronuncie el veredicto, su mano la que empuñe la vara de hierro, y serán sus pies los que pisoteen el lagar del vino del furor de la ira de Dios.

19.3 - La terrible cena de Dios

Versículos 17-18. En el capítulo 16 (v. 14 y 16), ya hemos visto cómo los reyes de la tierra se reunirán para guerrear juntos contra Dios y contra Cristo. Esta guerra terminará con una derrota aplastante de las fuerzas del mal. Será inmediata. Nadie podrá escapar de ella.

Por eso, el ángel que está de pie en el sol ya invita a las aves del cielo al terrible banquete de Dios. Tendrán que comer la carne de todos aquellos que hayan participado en la guerra contra Cristo y que sean muertos por él. –En otro tiempo, Dios había preparado una gran cena de gracia y amor e invitó a todos los hombres (Lucas 14:16-24). Hasta hoy, Él ha mantenido su invitación. Por desgracia, muchos la rechazan. Cuando el tiempo de la gracia haya terminado, los corazones se endurecerán hasta tal punto que partirán al combate, animados por un odio ciego contra Cristo. El final será la terrible cena de Dios de la que habla el versículo 17.

19.4 - Juicio sobre el jefe del Imperio romano y sobre el Anticristo

Versículos 19-21. En esa ocasión, 2 personas serán arrojadas directamente a la Gehena sin morir: el jefe del Imperio romano y el Anticristo. Constituyen, en cierto modo, el contrapunto de los 2 hombres del Antiguo Testamento que, sin morir, ascendieron directamente al cielo: Enoc y Elías. Todos los demás que hayan participado en este ataque conjunto contra Cristo sufrirán la muerte y no serán juzgados definitivamente ante el Gran Trono blanco hasta después del Reino milenario.

20 - Apocalipsis 20

20.1 - Satanás atado durante 1.000 años

Versículos 1-6. En el capítulo 12 vimos cómo Satanás fue precipitado del cielo a la tierra. Cuando el Señor Jesús aparezca como Rey de reyes, Satanás será entonces atado por 1.000 años. Durante ese período, los hombres ya no serán tentados desde fuera ni incitados a pecar. Es también en ese momento cuando la creación «será liberada de la servidumbre de corrupción» (vean Rom. 8:21). Para la tierra y los hombres que la habitan, se abrirá entonces de golpe una maravillosa época de bendiciones. Se describe con más detalle en diversos pasajes de las profecías del Antiguo Testamento.

Aunque Cristo es el Señor de los señores, compartirá su reinado con todos sus santos celestiales durante el Reino milenario. El versículo 4 enumera 3 grupos:

  • Los que están sentados en tronos. Son los redimidos que forman parte de la Iglesia, así como los creyentes del Antiguo Testamento (los 24 ancianos).
  • Los mártires del período de los primeros juicios (Apoc. 6:9).
  • Los mártires del período de la gran tribulación. Bajo el reinado de terror de la Bestia, tuvieron que sacrificar su vida porque se negaron rotundamente a adorar a ese dictador o a su imagen, y tampoco aceptaron su marca.

La primera resurrección es la resurrección de vida, en contraposición a la resurrección de juicio. Comenzó con la resurrección del Señor. Su punto culminante tendrá lugar durante el arrebato. Concluirá con la resurrección de los mártires del período de la gran tribulación.

20.2 - La última tentación de Satanás

Versículos 7-10. Los versículos 7 al 10 muestran que la naturaleza del diablo no cambiará durante los 1.000 años en que estará atado en el abismo. Tan pronto como sea desatado, volverá a seducir a los hombres.

¿Y los hombres? Ni siquiera 1.000 años de bendiciones bajo el reinado del Señor Jesús bastarán para cambiar la naturaleza humana. Aquellos que no hayan experimentado el nuevo nacimiento durante esos 1.000 años acabarán, tan pronto como el seductor vuelva a la obra, acabarán escuchando de nuevo la voz de Satanás y yendo a la guerra contra Jerusalén. El fuego de Dios descendido del cielo consumirá a todos los adversarios del Señor y de los suyos. El propio diablo será precipitado inmediatamente en el lago de fuego (comp. con Mat. 25:41).

20.3 - El juicio de los muertos incrédulos y la segunda muerte

Versículos 11-15. A continuación, tiene lugar el juicio final de todos aquellos que han muerto en la incredulidad. El versículo 13 describe claramente la resurrección con vistas al juicio: la muerte devuelve el cuerpo, y el Hades devuelve el alma de aquellos que han muerto en la incredulidad. Los que han resucitado comparecen ante el Gran Trono Blanco. ¿Quién es el juez? Ningún otro que el Hijo del hombre, a quien no quisieron reconocer como Salvador. Los hombres serán juzgados según lo que hayan hecho a lo largo de su vida. Todo ha quedado registrado sin omisión alguna en los libros de Dios. Pero la condena se pronunciará a causa de la gracia que rechazaron. Sus pecados podrían haber sido perdonados y borrados si hubieran creído en el Salvador. La segunda muerte no significa la destrucción ni el fin de la existencia, sino la separación eterna de Dios.

21 - Apocalipsis 21

21.1 - El estado eterno

Versículos 1-8. El primer párrafo de este capítulo nos ofrece una visión general del estado eterno, cuando los cielos y la tierra actuales hayan desaparecido (vean 2 Pe. 3:7, 10-13). Dios creará nuevos cielos y una nueva tierra. Estos serán la morada de todos los redimidos, a excepción de la Iglesia. Los creyentes de la era de la gracia forman juntos la Esposa del Señor Jesús. Esta está representada aquí por el símbolo de la Nueva Jerusalén. Nuestra verdadera morada, nuestra vivienda, no será la nueva tierra, sino la Casa del Padre.

En el estado eterno, ya no oiremos hablar del Cordero, aunque el Señor Jesús siga siendo eternamente hombre. Solo veremos al Dios trinitario. Él morará con los hombres. Todos los redimidos podrán disfrutar sin trabas de su presencia y de la comunión con él. Tengamos muy presente: ya no habrá naciones, ni diferencias políticas o sociales, sino solo hombres y mujeres, todos redimidos. Dios borrará de sus hijos todo recuerdo de los sufrimientos pasados (enjugará toda lágrima). Nunca más habrá sufrimiento. Él hace nuevas todas las cosas.

Tras revelar estas glorias eternas que están por venir, el Espíritu de Dios recuerda una vez más que son accesibles para todos aquellos que tienen sed y se vuelven hacia el Señor Jesús y creen en él. La vida eterna les pertenecerá. Pero todos aquellos que rechacen esta oferta tendrán su parte en el lago de fuego, que es la segunda muerte, es decir, la separación eterna de Dios.

21.2 - La posición oficial de la Iglesia en el Reino milenario

Versículos 9 -14. El relato histórico del Apocalipsis concluye con los 8 primeros versículos del capítulo 21, es decir, con la descripción del estado eterno. A partir del versículo 9 comienza un apéndice. Hasta el capítulo 22:5, encontramos una descripción de la Iglesia durante el Reino milenario.

Uno de los ángeles actuando en el juicio quiere mostrarle al apóstol Juan a la Esposa, la mujer del Cordero. Pero ¿por qué le muestra una ciudad y no una esposa? Se trata aquí de la Iglesia, es decir, del conjunto de todos los redimidos del período de la gracia. Para el Señor Jesús, que murió por ella, ella es la Esposa. Pero en su posición oficial de corregente con Cristo, se le presenta a Juan bajo la imagen de una ciudad, lo que evoca la administración. –Lo que antes se aplicaba al Señor Jesús cuando vino a la tierra, se considera ahora una característica de la Iglesia. En su día vino del cielo de Dios y vivió aquí como un hombre santo y sin pecado, revelando así quién es Dios.

Esta ciudad santa, Jerusalén, está rodeada por una muralla grande y alta y cuenta con 12 puertas. La muralla protege contra el enemigo exterior y representa la separación de todo lo que es malo. Todo lo que es digno de la presencia de Cristo puede entrar por estas puertas. Pero también es a través de estas puertas como la bendición del cielo se derrama primero sobre el pueblo terrenal de Dios y, a partir de él, sobre todas las naciones. El fundamento que lleva los nombres de los apóstoles recuerda a Efesios 2:20, donde se dice que la iglesia está edificada «sobre el fundamento de los apóstoles y profetas».

21.3 - La gloria de la Iglesia durante el Reino milenario

Versículos 15-27. Juan ve una ciudad con forma de cubo. Esto evoca un equilibrio perfecto, del que a menudo carecemos hoy en día, tanto a la hora de evaluar las situaciones como en la puesta en práctica concreta de nuestro testimonio para el Señor.

El «oro puro, semejante a vidrio puro», evoca la justicia divina, que es la parte de cada creyente, y cuyo despliegue concreto ya no puede verse obstaculizado ni comprometido por nada.

Las puertas de perlas dan testimonio por todas partes del valor que tiene la Iglesia para el Señor Jesús. En otro tiempo, al igual que el mercader de la parábola de Mateo 13, fue y vendió todo lo que tenía para adquirir esa perla. Sí mismo se entregó, dio su vida, por la iglesia.

En esta Jerusalén no hay templo donde Dios habite, oculto en el Lugar Santísimo tras el velo. En la Iglesia, Dios se ha revelado plenamente en Jesucristo. Por eso se dice: «La gloria de Dios la iluminó, y su lámpara es el Cordero» (v. 23).

Hoy, la Iglesia debería brillar como una lámpara en un mundo oscuro. ¡Cuánto hemos fallado en esto! ¡Cuán raramente reflejamos los rasgos de nuestro Señor! Pero en el futuro, las naciones caminarán a la luz que irradia la Iglesia. Los reyes de la tierra traerán su gloria a esta ciudad y así rendirán honor a aquel que es su lámpara.

22 - Apocalipsis 22

22.1 - La introducción al estado eterno

Versículos 1-5. Dios es la fuente de la vida eterna. ¿Cómo nos llega esta vida a nosotros, los hombres? A través de Cristo, el Cordero. Él tuvo que ser levantado en la cruz, «para que todo aquel que cree en tenga vida eterna» (Juan 3:15). Así vemos que el río de agua viva brota del trono de Dios y del Cordero. Junto al río de agua viva, está también el árbol de la vida. Ambos, el río y el árbol hablan de Cristo. Es de él de quien bebemos para conservar la vida que nos ha dado, y es de él de quien nos alimentamos para que nuestra vida dé fruto. –El árbol del conocimiento del bien y del mal ya no existe aquí. La época en la que teníamos que rendir cuentas ha quedado definitivamente atrás.

¡Qué momento tan maravilloso será cuando la Iglesia sea glorificada, cuando sea santa e irreprochable ante Dios y los hombres, ¡sin mancha ni arruga! Ya no habrá ninguna maldición, sino una comunión sin nubes con Dios y el Cordero. ¡No más noche, no más oscuridad, no más confusión! La luz de Dios resplandecerá por encima de todo.

En cuanto a los esclavos –los redimidos considerados individualmente– se mencionan 3 puntos:

  • Sirven a Dios, es decir, le rinden una adoración eterna.
  • Verán su rostro, pues serán como su Señor, es decir, tendrán un cuerpo de gloria.
  • Su nombre estará en su frente. Su carácter glorioso se reflejará en sus rostros. Sí, veremos su rostro, y él se verá reflejado en nuestros rostros.

22.2 - El ángel confirma las profecías

Versículos 6-13. A diferencia de la profecía del Antiguo Testamento, que se refiere a un futuro lejano, la profecía del Nuevo Testamento revela «las cosas que deben suceder pronto» (1:1). Mientras que Daniel debía sellar el libro de sus visiones (Dan. 12:4), Juan recibe la siguiente orden: «No selles las palabras de la profecía de este libro; porque el tiempo está cerca» (v. 10). Solo podemos comprender correctamente estas palabras, que datan de hace casi 2.000 años, si tenemos presente que, en la profecía bíblica, siempre se omite el tiempo de la gracia en el que vivimos desde Pentecostés y que durará hasta el arrebato. Además, para los creyentes, la venida del Señor es un acontecimiento que no está sujeto a ninguna condición. El Señor podría haber regresado ya hace 1.900 años. Es precisamente en el Apocalipsis donde le oímos decir en varias ocasiones: «Vengo pronto».

¿Por qué se llama bienaventurados a quienes guardan estas palabras, aunque su contenido no les concierna directamente? Porque tienen en cuenta la advertencia que encierra la triste historia del cristianismo responsable y se lo toman en serio. ¡Ojalá formemos parte de aquellos que han comprendido a qué fin funesto conduce el apego al mundo, y que se desprenden de él con determinación!

Cuando llegue ese tiempo del fin, el destino de los hombres quedará sellado definitivamente (v. 11). Entonces ya no habrá posibilidad alguna de arrepentirse ni de convertirse, y los creyentes nunca más se mancillarán.

22.3 - «Vengo pronto»

Versículos 14-21. En el último párrafo del Apocalipsis, el Señor promete en 3 ocasiones: «Vengo pronto». La primera, está relacionada con el cumplimiento de la Palabra de Dios; la segunda, con la recompensa; y la tercera, con su persona como Esposo. Por eso resuena inmediatamente la respuesta llena de anhelo de la Esposa: «Amén; ¡ven, Señor Jesús!»

Ningún hombre puede alcanzar por sus propios medios el lugar de la bendición eterna. Solo aquel que ha sido purificado de todos sus pecados por la sangre del Cordero tiene derecho al árbol de la vida y puede entrar en la ciudad santa. Todos los demás permanecerán eternamente fuera.

Al final del Apocalipsis, el Señor ya no se presenta ante los suyos en su carácter oficial, sino por su nombre personal. Aunque en este libro haya aparecido como Jehová, el Todopoderoso y el Juez supremo, para nosotros, los suyos, sigue siendo el humilde Jesús que conocemos a través de los Evangelios, aquel que murió por nosotros en la cruz y que ahora es nuestro amado Señor. Para los santos terrenales, él es la raíz y la descendencia de David; para el pueblo celestial de Dios, es la Estrella de la Mañana.

Tras este último llamamiento dirigido a los hombres para que acepten la oferta de la gracia de Dios, sigue otra advertencia solemne dirigida a todos los críticos de la Biblia. Se anuncia el juicio tanto para aquel que quiera suprimir algo de las palabras inspiradas de la Biblia y, con ello, atenuar su significado, como a quien añada algo humano a ella. –A diferencia del Antiguo Testamento, que termina con una maldición, el Nuevo Testamento concluye con la gracia.