Índice general
La Epístola a los Efesios
Autor: Marcel GRAF 3
Serie: Leer y comprender la Biblia
1 - Éfeso
A su regreso del segundo viaje misionero, Pablo solo hizo una breve parada en Éfeso (Hec. 18:19-21). En cambio, durante su tercer viaje misionero, permaneció allí 3 años (Hec. 19:1 al 20:1; 20:31). Predicó el Evangelio y enseñó a los creyentes, de modo que se formó allí una asamblea que, en el momento de su partida, estaba bien consolidada en la fe cristiana. De regreso de Grecia, Pablo volvió a hacer escala en Mileto, convocó a los ancianos de Éfeso y les dirigió un solemne y emotivo discurso de despedida (Hec. 20:17-38).
3 o 4 años más tarde, Pablo, entonces prisionero, escribió una carta a los efesios. Como la asamblea se encontraba en buen estado espiritual, el apóstol pudo exponerles los planes eternos de Dios. Estos incluyen las bendiciones personales de los redimidos y los privilegios comunes de la Asamblea de Dios en el tiempo de la gracia.
Pasaron 2 o 3 años más y el apóstol escribió su Primera Epístola a Timoteo, que se encontraba entonces en Éfeso. Por eso, las instrucciones relativas a la conducta en la Casa de Dios se dirigían directamente a la asamblea de esa ciudad (1 Tim. 1:3; 3:15).
En Apocalipsis 2, la iglesia de Éfeso recibió otro mensaje del apóstol Juan. En este mensaje, el Señor alababa su buen estado exterior. Pero también la reprendía porque había abandonado su primer amor. Era activa para el Señor, pero carecía de un afecto vivo por él. ¡Qué tristeza!
2 - Estructura de la Epístola
- Capítulos 1 al 3: La posición cristiana
- Capítulos 4 al 6:9: La conducta cristiana
- Capítulo 6:10-24: La lucha cristiana
3 - Efesios 1
3.1 - Reflexiones introductorias
Versículos 1-2. La Epístola a los Efesios nos permite echar un vistazo en el corazón de Dios Padre. Descubrimos entonces que él concibió un plan en la eternidad: Entre los hombres que iba a crear, quería tener hijos para sí mismo, a quienes pudiera dar su amor y sobre quienes pudiera derramar todas las bendiciones espirituales. Este plan o propósito eterno tiene un aspecto individual, pero también colectivo: Dios quería unir indisolublemente al conjunto de los redimidos del tiempo de la gracia (la Iglesia) con Cristo glorificado en el cielo. Todos estos pensamientos divinos que encontramos en la Epístola a los Efesios se basan únicamente en la persona del Señor Jesucristo y en su obra de redención.
3.2 - Nuestras bendiciones espirituales en Cristo
Versículos 3-8. Tras los versículos introductorios, el apóstol comienza alabando a Dios, pues está maravillado por lo que Dios nos ha dado a nosotros, los que creemos. Antes de la fundación del mundo, Él pensó en nosotros con amor y nos predestinó al lugar elevado de sus hijos. Lo que ha hecho de nosotros es para alabanza de la gloria de su gracia.
Pero como nosotros, sus criaturas, hemos pecado, era necesaria la redención por la sangre del Señor Jesús para que su designio eterno pudiera cumplirse. Esta salvación, que incluye también el perdón de todos nuestros pecados, muestra las riquezas de su gracia.
Todo lo que hay en su corazón, Dios, nuestro Padre celestial, nos lo ha comunicado. Pero también nos da la sabiduría y el discernimiento necesarios para poder comprender sus pensamientos y su manera de actuar.
Dios no nos ha prometido bienes materiales, sino que nos ha bendecido con toda bendición espiritual. Entre ellas se encuentran:
- El hecho de ser hijos de Dios y, por lo tanto, el libre acceso a Dios como nuestro Padre.
- La adopción.
- El hecho de estar sellados con el Espíritu Santo.
- La vida eterna.
- Nuestro lugar en la Casa del Padre arriba.
Aunque ahora poseemos estas bendiciones, en realidad están vinculadas al cielo. Las bendiciones terrenales que Dios nos concede en las circunstancias actuales cesarán cuando dejemos la tierra. Pero todas las bendiciones espirituales en los lugares celestiales que ya hemos tenido aquí, las disfrutaremos entonces sin impedimentos durante la eternidad.
3.3 - La herencia de los creyentes en Cristo
Versículos 9-14. Pero Dios también tiene un propósito para la tierra. Lo descubrimos a partir del versículo 9. Durante el reino milenario, el cielo y la tierra (es decir, el universo entero) estarán unidos y sometidos al dominio del Señor Jesús. Él será entonces el jefe sobre todas las cosas. Puesto que nosotros, los creyentes, estamos tan estrechamente unidos a él, también hemos obtenido una herencia en él. Él lo compartirá todo con nosotros: su reino y su herencia.
Entre los creyentes a quienes les espera un futuro tan glorioso con el Señor Jesús estarán los judíos, que antes esperaban la venida del Mesías, y los que han creído entre las naciones. El versículo 13 nos muestra 3 pasos que conducen a la salvación del alma:
- Escuchar la verdad sobre Dios y sobre sí mismo.
- Creer en el Evangelio de la salvación.
- Estar sellado por el Espíritu Santo. Dios dice así: “Ahora me pertenecéis por la eternidad”.
3.4 - Pablo ora para que estas bendiciones sean adquiridas
Versículos 15-23. Los efesios, al igual que nosotros, han recibido maravillosas bendiciones que Pablo les presentó. Ahora, no deja de orar para que ellos también puedan alcanzarlas. En primer lugar, le pide a Dios que dé a los efesios discernimiento espiritual: que él «os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento pleno de él». Pero no debían comprenderlo con su inteligencia, sino con su corazón. Tenía 3 temas de oración en mente:
- La esperanza de su llamamiento (v. 18). Esta vocación abarca lo que hemos encontrado en los versículos 3 al 6. El pleno desarrollo de estas bendiciones aún está por venir. De ahí la palabra «esperanza».
- Las riquezas de la gloria de su herencia. Se trata aquí del plan de Dios para la tierra, tal y como ya lo hemos visto en los versículos 10 y 11.
- La excelente grandeza de su poder para con nosotros. El versículo 20 muestra que el poder que nos liberó del dominio de Satanás y de la muerte, y que nos colocó como santos y amados ante Dios, es el mismo que resucitó a Cristo de entre los muertos y le dio un lugar en la gloria.
El paréntesis del versículo 20b al versículo 23 indica que el hilo del pensamiento se interrumpe. El contenido del paréntesis describe la posición de Jesucristo, hombre resucitado y glorificado. Su lugar es el de mayor honor y poder (Sal. 110:1; Mat. 22:44). Él está por encima de toda autoridad del mundo visible e invisible. La Iglesia está estrechamente unida a esta persona.
4 - Efesios 2
4.1 - La gracia de Dios
Versículos 1-10. El versículo 1 retoma el pensamiento que se interrumpió en el capítulo 1:20. Sin embargo, antes de hablar de la obra de la gracia y de la misericordia de Dios hacia nosotros (v. 4-6), el apóstol debe presentar en los versículos 1-3 el juicio de Dios sobre nuestra condición de hombres caídos. Para él, estábamos muertos y vivíamos únicamente según los principios del mundo dominado por Satanás. Esto influyó en nuestro corazón y en nuestra mente. No merecemos nada más que la justa ira de Dios.
«Pero Dios» (v. 4), en su misericordia y su amor, ha hecho algo grandioso por nosotros. Nos ha dado, a nosotros que creemos en el Señor Jesús y en su obra de redención cumplida en la cruz, una nueva vida, eterna. Es la vida del Señor Jesús en la resurrección. Nos ha reservado un lugar en los lugares celestiales, donde Cristo ya se encuentra ahora. Ciertamente, corporalmente aún no estamos allí. Pero Dios ya nos ve en el cielo, y por la fe ya podemos ocupar ese lugar y vivir en la tierra como ciudadanos del cielo.
Todo nos es dado por gracia. No hemos podido contribuir en lo más mínimo. Incluso la fe, que acepta este don, nos ha sido dada por Dios.
Y ahora que Dios ha creado algo nuevo en nosotros (2 Cor. 5:17), que antes éramos hombres perdidos, podemos comportarnos en consecuencia y llevar una vida conforme a la voluntad de Dios. El Señor Jesús, habiendo vivido en la tierra como hombre, nos ha dejado su modelo.
4.2 - La obra de Dios en nosotros
Versículos 11-16. Desde el llamado de Israel como pueblo terrenal de Dios, Dios ha dividido a la humanidad en 2 grupos: Israel y las naciones. Los efesios pertenecían al segundo grupo y no tenían ninguna relación con el Mesías (Cristo), ni participaban en los privilegios y las promesas que Dios había concedido con anterioridad a su pueblo terrenal. Por lo tanto, estaban sin esperanza y no tenían ningún vínculo con el único Dios verdadero.
La obra redentora del Señor Jesús en la cruz cambió radicalmente esta situación. La muerte del Salvador intervino en favor de todos los hombres. Jesucristo es el Salvador del mundo. Todo hombre, aunque esté muy alejado de Dios, puede arrepentirse y creer en el Salvador y en su obra consumada. Entonces será colocado en la presencia inmediata del Dios santo, con quien ahora estará reconciliado.
Pero Dios ha hecho aún más. Cristo, por quien tenemos paz con Dios, también ha eliminado lo que antes separaba a Israel de las naciones (el muro divisorio, vean, por ejemplo: Hec. 10:28). Los creyentes de origen judío y los de las naciones han sido retirados de su antigua posición, han sido reconciliados entre sí para estar unidos en una nueva entidad. Este único hombre nuevo es un nuevo estado de cosas: todos los creyentes de Israel y de las naciones forman juntos una Asamblea. En el versículo 16, el conjunto de los redimidos procedentes de los judíos y de las naciones se considera un Cuerpo. Cada creyente es un miembro de este Cuerpo. Este fue formado el día de Pentecostés (Hec. 2) por el Espíritu Santo, pero su fundamento fue la cruz del Gólgota.
4.3 - Acercarse al Padre por medio del Espíritu Santo
Versículos 17-18. El Señor Jesús hizo la paz mediante su muerte en la cruz. Es junto a él donde ahora podemos encontrar la paz. Pero este mensaje de paz debe ser proclamado. Esto se cumple, por obra del Señor, a través de hombres que predican el Evangelio. Es un mensaje para todos –para los que están lejos (las naciones) y los que están cerca (los judíos)– sí, para toda la creación (Marcos 16:15).
Quien cree en el Señor Jesús como su Salvador personal se convierte en hijo de Dios y tiene desde entonces libre acceso a Él como a su Padre que lo ama. El Espíritu Santo nos da la libertad de hacer uso de ese acceso. Pero también nos da el sentimiento de la cercanía a la que somos llevados como hijos ante el Padre (Rom. 8:15-16).
4.4 - Un templo santo en el Señor
Versículos 19-22. Estos versículos constituyen el punto culminante de este capítulo que, al principio, nos consideraba muertos en nuestras faltas y en nuestros pecados. El versículo 19 contrasta con el versículo 12. Aquellos que antes estaban sin esperanza y sin Dios son ahora ciudadanos del cielo y miembros de la familia de Dios. En estos versículos, la Iglesia está considerada como el Templo o la Casa de Dios. Cada creyente es una piedra de esta casa, cuya piedra angular es Jesucristo. Todo gira en torno a él. La construcción es perfecta, pues es el Señor Jesús quien edifica su Iglesia, pero aún no está terminada (o completa), pues cada día hay hombres que se convierten y creen en el Señor Jesús. Son añadidos como piedras adicionales. Cuando se coloque la última piedra, el Señor Jesús vendrá a llevar a su Asamblea. –El versículo 22 muestra que Dios considera a la Iglesia también como una morada donde habita el Espíritu Santo (1 Cor. 3:16).
5 - Efesios 3
5.1 - La comunicación del misterio por el apóstol Pablo
Versículos 1-7. En el capítulo 1, vimos lo que Dios tenía en su corazón desde la eternidad. Tras la muerte de su Hijo en la cruz, llegó el momento en que reveló los designios de su corazón a los apóstoles y a los profetas, y también los hizo proclamar. Dios encargó al apóstol Pablo que anunciara a las naciones este misterio ahora revelado. Con la expresión «administración de la gracia de Dios» (v. 2), se refiere a esta misión divina.
El misterio de Cristo se refiere ante todo al hombre glorificado Jesucristo, que ocupa el lugar de honor y de poder supremo en el cielo, y a la relación con su Iglesia, es decir, el conjunto de todos los redimidos del tiempo de la gracia. Estos pensamientos eran desconocidos en la época del Antiguo Testamento, pero estaban ocultos en el corazón de Dios. Ahora, Él ha revelado este misterio a sus apóstoles.
Cristo, antes rechazado en la tierra como Hijo del hombre, ahora está glorificado en el cielo, pero tiene un Cuerpo en la tierra. Este está compuesto por judíos y gentiles redimidos. Ambos han sido sacados de su posición anterior y ahora son coherederos del Señor Jesús; ambos pertenecen al único Cuerpo de Cristo, y ambos tienen parte en la promesa de Dios, es decir, de la vida eterna (Tito 1:2).
Pablo se autodenomina «ministro» del Evangelio. Evangelio significa “buena nueva”. Este término abarca aquí todas las bendiciones del cristianismo. Pablo tuvo el privilegio de proclamarlas. Esto fue una gran gracia. Pero Dios también le dio la fuerza necesaria para cumplir este ministerio.
5.2 - Las riquezas insondables de Cristo
Versículos 8-13. En el pasado, Pablo había perseguido a la Iglesia en un celo ciego por Dios. Nunca olvidó ese pasado. Por eso se describe a sí mismo como el más pequeño de todos los santos. Pero también era consciente de la gran gracia que Dios le había concedido. Había sido llamado, como apóstol de las naciones, a proclamarles el Evangelio y a comunicar a los creyentes todo el designio de Dios.
Los redimidos forman juntos la Asamblea de Dios. Es a través de ellos que la sabiduría tan diversa de Dios se revela ahora al mundo angelical. Si estas sublimes criaturas celestiales quieren contemplar la sabiduría y el amor de Dios, deben mirar hacia la tierra y observarnos. Entonces ven cómo Él ha elevado al más alto nivel a criaturas que antes estaban espiritualmente muertas en sus delitos y pecados, y las ha convertido en sus hijos y ciudadanos del cielo.
El Señor Jesús no solo nos ha abierto el camino hacia el Padre, sino que también nos ha dado la seguridad necesaria para emprenderlo libremente. No solo estamos en paz con Dios, sino que también podemos hablarle con toda confianza, contárselo todo, dirigirnos a Él como un hijo se dirige a su padre.
Confesar fielmente a Cristo glorificado y proclamar la verdad sobre Cristo y la Iglesia había llevado al apóstol a la cárcel. Pero eso no debía desanimar a los destinatarios de la Epístola. Pablo consideraba un honor soportar estas tribulaciones por el Señor y por la verdad. Los efesios también debían verlo así.
5.3 - Petición de fuerza espiritual
Versículos 14-16. A partir del versículo 14, tenemos de nuevo una oración del apóstol. Se dirige al Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues se trata del amor que hemos llegado a conocer y del que deberíamos disfrutar.
Desea que nuestro hombre interior (es decir, la nueva vida, o la nueva naturaleza, del creyente), sea fortalecido diariamente por el Espíritu Santo que mora en nosotros. Pero, sobre todo, desea que, por la fe, Cristo tenga su morada permanente en nuestros corazones. Sin embargo, esto solo es posible si descansamos verdaderamente en el amor del Padre por nosotros y por todos los creyentes.
5.4 - Cristo y su amor
Versículos 17-19. En el versículo 18, habla de todo el designio de Dios en Cristo para los suyos. Menciona 4 dimensiones:
- La anchura muestra que el Evangelio se dirige a todos los hombres.
- La longitud indica que este designio fue concebido en la eternidad para la eternidad.
- La altura remite al lugar al que hemos sido llevados y al que pronto seremos introducidos: en la Casa del Padre.
- La profundidad habla de la cruz y de la profundidad a la que el Señor Jesús tuvo que descender para redimirnos.
El amor de Cristo por nosotros supera nuestro entendimiento. Pero siempre podemos ocuparnos de él, aunque nunca lleguemos a comprenderlo plenamente.
5.5 - Una alabanza a Dios
Versículos 20-21. El capítulo termina con una maravillosa alabanza (doxología) que debe elevarse desde la Iglesia hacia Dios. Es una alabanza común de todos nosotros, que comienza aquí en la tierra y continuará eternamente.
6 - Efesios 4
6.1 - Soportarse unos a otros en el amor
Versículos 1-2. Con el capítulo 4 llegamos a la segunda parte de la Epístola. Contiene principalmente exhortaciones prácticas para nuestra vida cristiana. Toda nuestra conducta debe ser una consecuencia de lo que el apóstol ha presentado en los 3 primeros capítulos. De ahí la exhortación a andar de manera digna del llamamiento al que hemos sido llamados. ¿Cómo es esa vida? Se caracteriza por la humildad, la mansedumbre y la paciencia. También se caracteriza por el amor divino, que muestra paciencia hacia los demás. Solo un hombre nacido de nuevo, que ha recibido la vida eterna y camina en el poder del Espíritu de Dios, puede vivir así.
6.2 - Guardar la unidad del Espíritu
Versículos 3-6. «Hay un [solo] Cuerpo» (v. 4). Es obra de Dios que todos los redimidos formen juntos el Cuerpo del Señor Jesús, del que Él es la cabeza en el cielo. Nos corresponde a nosotros hacer realidad esta unidad en la práctica. Para ello, es necesario que nos hagamos a un lado como individuos, pero que busquemos la paz entre nosotros, para que el Espíritu Santo pueda orientarnos juntos hacia el Señor Jesús. Pero tengamos presente que el Espíritu Santo nunca producirá una unanimidad que no se base en la Palabra de Dios.
Los versículos 4 al 6 describen 3 ámbitos en los que nosotros, los cristianos, debemos vivir según el pensamiento de Dios:
- El primer ámbito es el del Cuerpo de Cristo. Este abarca a todos los creyentes. Todos han recibido el mismo Espíritu Santo y todos esperan la venida del Señor para ser arrebatados.
- El segundo ámbito es el de la profesión cristiana (bautismo [1]), y
- El tercero es el ámbito en el que Dios tiene sus derechos como Creador.
[1] Personas bautizadas, pero no necesariamente nacidas de nuevo.
6.3 - La Cabeza cuida del Cuerpo
Versículos 7-10. Se trata ahora de los creyentes individuales que, juntos, forman la unidad del Cuerpo, es decir, la Asamblea de Dios en esta tierra.
El Señor Jesús vivió en otro tiempo en la tierra. Murió en la cruz y fue sepultado. Ahora está glorificado en el cielo. Desde allí, da dones a los hombres para que los redimidos puedan crecer espiritualmente. Estos dones son, en realidad, personas que el Señor exaltado ha dado y da a su Iglesia. Los apóstoles y los profetas pusieron los cimientos de la Asamblea en la tierra. El conjunto de sus escritos inspirados forma el Nuevo Testamento. Los evangelistas, los pastores y los maestros son dones que el Señor sigue concediendo hoy a su Asamblea.
6.4 - Dones para la edificación del Cuerpo
Versículos 11-16. El ministerio de estos dones tiene como objetivo la edificación de la Iglesia. Todos debemos alcanzar la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, la madurez espiritual. Solo en el cielo alcanzaremos este elevado objetivo. Además, debemos crecer espiritualmente para estar preservados de las falsas doctrinas y, por seducción, de ser desviados. El conocimiento y el apego a la verdad de la Biblia son la mejor protección contra las doctrinas erróneas.
Pero en la Asamblea no solo hay dones otorgados por el Señor. Dios ha asignado un lugar y una tarea a cada miembro del Cuerpo de Cristo. Si las relaciones entre ellos son buenas, cada uno puede contribuir en la medida de sus posibilidades a que la Asamblea crezca en el amor mutuo y en armonía con la Cabeza que está en los cielos.
6.5 - Las cosas viejas han pasado
Versículos 17-19. Aquí, el apóstol recuerda a los efesios su antigua vida pagana. Ningún redimido debería, tras su conversión, seguir o volver a vivir como lo hacía antes. Ya es bastante triste lo mucho que hemos vivido sin Dios (alejados de la vida de Dios) en el pasado.
6.6 - El viejo hombre y el nuevo hombre
Versículos 20-24. Los versículos 20 y siguientes, que comienzan con: Pero vosotros», se dirigen ahora a nosotros, los creyentes. Los efesios se habían convertido en creyentes en Cristo. Ahora, el Señor Jesús, tal y como vivió aquí en humildad, se les presenta a ellos, y también a nosotros, como ejemplo y modelo.
En los versículos 22-24, el apóstol habla del viejo hombre y del nuevo hombre. El «viejo hombre» se refiere a lo que alguien era antes de su conversión: un pecador incorregible ante Dios. Este viejo hombre no puede mejorarse. Por eso, para él solo hay juicio y muerte.
El nuevo hombre es nuestra nueva posición ante Dios: hemos nacido de nuevo. Sin embargo, para que pudiéramos obtener esta nueva naturaleza divina por la fe, debía ejecutarse el juicio sobre el viejo hombre. Esto tuvo lugar en la cruz, donde el Señor fue hecho por Dios pecado y así juzgó el pecado.
En la práctica, ¿cómo se traduce esto en nuestra vida cotidiana? El pecado, que aún habita en nosotros, ya no debe dominarnos. El nuevo hombre, del que nos hemos revestido como un ser nuevo, debe tomar el control, para que todos nuestros pensamientos estén cada vez más en consonancia con el pensamiento de Dios. Nuestra conducta debe corresponder a nuestra posición.
6.7 - La comunión espiritual entre creyentes
Versículos 25-32. Las exhortaciones enumeradas en este pasaje forman parte del “ser renovados” mencionado en el versículo 23. Nos muestran a qué debemos “renunciar” y de qué debemos “revestirnos” (Col. 3:8, 12). Se trata ante todo de nuestro comportamiento hacia nuestros hermanos y hermanas en la fe. Tengamos siempre presente que todos pertenecemos al mismo Cuerpo y que somos miembros unos de otros.
La ira es aquí la indignación ante el mal que deshonra a Dios y al Señor Jesús. Pero como corremos el riesgo de que una ira legítima degenere en irritación, en ira o en odio, y por tanto en pecado, se nos advierte seriamente que no demos lugar al diablo.
El versículo 28 no solo dice: «El que hurtaba», sino que también muestra cómo un creyente puede ayudar a los necesitados con su salario ganado honestamente. «Más dichoso es dar que recibir», enseñaba el Señor Jesús (Hec. 20:35).
Es llamativo señalar que, en este pasaje, se hable a menudo de nuestras palabras. Debemos ser sinceros en nuestras relaciones con los demás. Pero nuestras palabras también deben ser útiles para los demás y reforzar en ellos la conciencia de la gracia.
Todo lo que en nuestra vida no esté en armonía con Dios y con su santidad entristecerá al Espíritu Santo que mora en nosotros. Esto se refiere también a los estados de ánimo y las expresiones, mencionados en el versículo 31. El perdón que hemos recibido de Dios como pecadores es el modelo que debemos seguir en nuestras relaciones unos con otros.
7 - Efesios 5
7.1 - Ser imitadores de Dios
Versículos 1-7. Hemos sido redimidos para Dios al alto precio del sacrificio del Señor Jesús y nos hemos convertido en sus hijos. Manifestemos ahora los rasgos de carácter de nuestro Padre celestial y seamos imitadores de Dios en nuestra vida cristiana. Si Dios es demasiado puro para ver el mal, entonces nosotros también, sus hijos, mantengámonos claramente alejados de toda forma de mal. Lo que forma parte de una vida “normal” para el mundo que nos rodea ni siquiera debe mencionarse entre nosotros, y mucho menos practicarse. Y, sin embargo, con qué facilidad nos acostumbramos a tanto mal en este mundo y cómo a veces hablamos de ello y pensamos en ello con ligereza. Regocijémonos más bien del Señor y en él.
¡Cuán serias son las palabras del versículo 5! Hablan de los caminos de Dios en su gobierno respecto a nosotros, es decir, de su acción hacia nosotros en relación con nuestra responsabilidad. No queremos restarles seriedad, sino evitar conscientemente esos pecados.
Siempre ha habido personas que abusan de la gracia de Dios y que quieren embellecer, o incluso tolerar, el pecado. Hablan sin cesar de la gracia y se tranquilizan a sí mismos y a los demás con una falsa sensación de seguridad. Pablo contradice muy claramente este tipo de razonamiento: «¿Permaneceremos en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Los que morimos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?» (Rom. 6:1-2). Podemos orar por estas personas, pero nunca debemos tener comunión con ellas.
7.2 - Antes tinieblas, ahora luz
Versículos 8-14. En el versículo 2 estamos exhortados a andar en el amor para manifestar la naturaleza divina. En el versículo 8 estamos llamados a corresponder a la naturaleza divina viviendo como hijos de luz. Tal caminar se manifestará mediante la sinceridad en nuestra vida práctica y haciendo lo que es justo ante Dios. Al mismo tiempo, nuestra conducta también estará marcada por la bondad. Sin embargo, no siempre es fácil reconocer la voluntad de Dios en la vida cotidiana. Por eso se nos llama a probar lo que agrada al Señor. Esto se hace leyendo la Palabra de Dios y en comunión con el Señor en la oración.
Las «obras infructuosas de las tinieblas» (v. 11) contrastan fuertemente con el fruto de la luz. Abandonar estas obras se hace principalmente mediante el hecho de que el cristiano se separe completamente de ellas. No se especifica qué se entiende exactamente por obras de las tinieblas. El versículo 3 dice que la fornicación y toda impureza o avaricia ni siquiera deben mencionarse entre los creyentes. Aquí se añade que tampoco hay que hablar de las cosas vergonzosas de los malvados.
A la luz de la presencia de Dios y a la luz de su Palabra, todas las cosas se manifiestan, y vemos las cosas como Él las ve. La frase final del versículo 14 es un llamamiento dirigido a un cristiano mundano. Se ha adaptado tanto a su entorno que ya no hay ninguna diferencia visible en apariencia. Se le exhorta a despertar espiritualmente y a separarse de los incrédulos.
7.3 - Andad con cuidado
Versículos 15-21. La tercera exhortación relativa a nuestra conducta en este capítulo es la siguiente: Andad con cuidado, como sabios. Aquí, la sabiduría es la capacidad de trasladar las enseñanzas de la Palabra de Dios a nuestra vida práctica. Solo podemos lograrlo si nos proponemos de corazón obedecer al Señor. «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová» (vean Prov. 1:7; 9:10).
El tiempo que el Señor nos concede en la tierra tras nuestra conversión es la oportunidad para utilizarlo tanto como sea posible para Él y llevar una vida acorde con su voluntad. La ayuda para llevar una vida así reside en la guía del Espíritu Santo, que habita en cada creyente. Estar llenos del Espíritu Santo significa que le dejamos toda libertad para dirigir nuestra vida y que no le entristecemos ni le apagamos con el pecado o con acciones de nuestra propia voluntad.
Un cristiano que está lleno del Espíritu Santo y de su poder, de modo que este pueda actuar sin obstáculos, presenta las siguientes características: alabanza, gratitud y sumisión, es decir, una verdadera humildad que no busca su propio interés, sino el bien de los demás.
Entendemos bien que un cristiano debe alabar y dar gracias. Hemos recibido tantas cosas de Dios. Pero ¿dar siempre gracias y por todas las cosas? Aceptemos también los momentos difíciles de nuestra vida de la mano de nuestro Padre que nos ama. ¿No es cierto que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios? (Rom. 8:28). Entonces también podemos darle las gracias por ello.
7.4 - El hombre y la mujer: Cristo y la Asamblea
Versículos 22-33. A partir de ahora, el apóstol ya no se dirige al conjunto de los creyentes. En los versículos 22 al 24, se dirige específicamente a las mujeres casadas y, a partir del versículo 25, a los maridos. Basa sus exhortaciones en la relación entre Cristo y su Iglesia. Muestra que el matrimonio, instituido por Dios tras la creación del hombre y la mujer, es una imagen de Cristo y su Asamblea, que aquí se considera la esposa de Cristo (v. 32).
Ante Dios, el hombre y la mujer tienen el mismo valor. Pero, como Creador, él les ha dado una posición diferente. El hombre es la cabeza de la mujer. Tiene la responsabilidad de cuidar de su mujer y de ser su apoyo. La mujer debe estar sometida a su marido, como la Asamblea está sometida a su Cabeza, el Señor Jesús.
Cuando el apóstol exhorta a los maridos a amar a sus mujeres, habla extensamente de Cristo y de su manera de actuar hacia su Asamblea. ¡Qué ejemplo perfecto se nos presenta ahí, a los maridos! Pensemos en el amor del Señor Jesús, que llegó hasta el punto de morir por su Asamblea, en su solicitud hacia ella, santificándola, purificándola, alimentándola y amándola. ¡Cuán lejos estamos de ese ejemplo!
Las declaraciones del apóstol sobre Cristo y la Asamblea se extienden hasta el futuro. Llegará el momento en que la Asamblea será presentada como una esposa ante el Señor Jesús en perfecta belleza y gloria.
8 - Efesios 6
8.1 - Hijos y padres
Versículos 1-3. Después de exhortar a las esposas creyentes y a los maridos creyentes, el apóstol se dirige ahora, por medio del Espíritu Santo, a los hijos, luego a los padres y, por último, a los siervos y a los amos. Para cada uno de estos grupos tenía un mensaje particular.
Lo más importante para los hijos de padres creyentes es la obediencia. También para ellos, el Señor Jesús es el modelo perfecto (Lucas 2:41-52).
Se exhorta a los padres a no alejar a sus hijos con su severidad, sino a tratar de ganárselos con el amor. ¡Qué fácil es para los padres abusar de su autoridad y de su superioridad! Los hijos a los que se trata injustamente o en los que los padres descargan sus malhumores se ven provocados a la ira. Criar a los hijos en la disciplina y bajo las advertencias del Señor requiere a diario mucha sabiduría y fuerza, que solo el Señor puede dar, pero que también quiere dar.
8.2 - Amos y siervos
Versículos 4-9. Los siervos se refieren aquí a los siervos creyentes. Pero también podemos aplicar estos versículos a quienes se encuentran en una relación profesional. Que cada empleado creyente recuerde que hace su trabajo ante todo para su Señor. Llegará el día en que el Señor Jesús recompensará el celo con el que hemos hecho nuestro trabajo diario.
Los propietarios de siervos o, en nuestra época, los empleadores creyentes deben recordar que tienen un Señor en el cielo, ante quien deben rendir cuentas de sus actos. Quien tenga esto presente tratará a su siervo como le gustaría que le tratara su Señor en el cielo.
8.3 - El combate espiritual: la armadura de Dios
Versículos 10-17. Hasta ahora hemos aprendido que, como redimidos, somos bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. Pero Satanás también se encuentra en ese ámbito (Job 1:6; 2:1). No será expulsado del cielo hasta el fin de los tiempos (Apoc. 12:7-9).
Este adversario de Dios y de los creyentes ciertamente ya no puede quitarnos nuestras bendiciones, pero puede privarnos del disfrute de ellas y del gozo que nos proporcionan. Por eso hay que luchar. Pero podemos apoyarnos en el poder del Señor y revestirnos de la armadura completa de Dios. Así, podremos resistir las artimañas del diablo. En esta lucha no hay tregua. Por eso nunca debemos despojarnos de la armadura. Se compone de diferentes piezas:
- Los lomos ceñidos de la verdad (v. 14). Muestra que debemos mantener nuestros pensamientos y sentimientos unidos por la verdad. Así, nuestras palabras y nuestro comportamiento serán sinceros y verdaderos.
- La coraza de la justicia debe proteger nuestro ser interior. Solo si vivimos de manera práctica en la justicia, nuestra conciencia permanecerá pura y libre.
- Los pies calzados con la preparación del Evangelio de la paz se manifiestan en nuestra actitud pacífica hacia nuestros semejantes.
- Con el escudo de la fe estamos protegidos contra los dardos encendidos del maligno. Cuántas veces intenta el diablo perturbarnos con la duda. Solo una confianza inquebrantable en nuestro Dios y Padre puede ayudarnos.
- El yelmo de la salvación es la confianza en lo que Dios ha hecho por nosotros. Su salvación da al creyente una seguridad absoluta.
- La espada es una imagen de la Palabra de Dios. El Señor Jesús respondió un día al tentador: «Escrito está…». Así es como nosotros también podemos poner en fuga al enemigo.
8.4 - La oración por todos los santos y por Pablo
Versículos 18-20. Aunque la oración no se menciona explícitamente como parte de la armadura de Dios, sin embargo, forma parte de ella. Ningún redimido puede prescindir de la oración, es decir, de hablar con Dios, y menos todavía cuando está enzarzado en la lucha contra los poderes espirituales de maldad. De ahí la exhortación a orar «en todo momento».
La oración es un amplio campo de actividad para el creyente. Incluye también la intercesión por los hermanos y hermanas en la fe y por los siervos que trabajan en la obra del Señor. Por eso, tras hablar de la armadura, el apóstol aborda su propia situación. Aunque estaba preso en Roma, tenía sin embargo muchas oportunidades de proclamar el Evangelio de la gracia de Dios para los pecadores perdidos, y de anunciar todo el designio de Dios para los creyentes.
8.5 - Últimas comunicaciones y bendición
Versículos 21-24. Tíquico parece haber sido el portador de la Epístola. Pudo dar un informe oral de la situación del apóstol en prisión y consolar el corazón de los efesios. Este hermano amado y fiel siervo llevó a cabo numerosas misiones para el apóstol. Poco antes de su muerte, Pablo lo envió de nuevo desde Roma a Éfeso (2 Tim. 4:12).
Para terminar, el apóstol desea a sus destinatarios paz entre ellos, amor a Dios y a todos los santos, pero también una fe práctica en su vida cotidiana, y todo ello de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Concluye invocando la gracia que los creyentes necesitan en todo momento para llevar una vida piadosa.