Ayuda al estudio de Efesios


person Autor: Biblicom 51

library_books Serie: Ayuda al estudio de la Palabra de Dios


1 - Introducción

En su segundo viaje misionero, en su camino de regreso a Jerusalén, Pablo solo se detuvo brevemente en Éfeso (Hec. 18:19-21). Regresó poco después, al comienzo de su tercer viaje, y permaneció allí un poco más de dos años (Hec. 19). Su ministerio de poder extraordinario (Hec. 19:11-12) había sido muy fructífero (v. 17-20), lo que no había dejado de suscitar gran oposición (v. 23-41). A su regreso de este viaje, para no retardarse, había decidido no detenerse allí, pero sin embargo se había encontrado con los ancianos de Éfeso en Mileto, a unos cuarenta kilómetros de distancia, donde les había dado un conmovedor discurso de despedida. Más tarde, desde Roma, donde fue encarcelado, les escribió esta notable epístola en la que les presentaba el misterio que Dios le había revelado.

2 - Esquema de la epístola

2.1 - Capítulos 1 al 3: El libro de los consejos de Dios

En estos tres primeros capítulos, Pablo presenta el desarrollo de los consejos de Dios con respecto a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, Casa de Dios y Esposa de Cristo.

Capítulo 1. Después de un breve saludo (v. 1-2), y una exclamación de alabanza (v. 3), Pablo presenta el plan que Dios había formado antes de la fundación del mundo: Él nos eligió en Cristo; Él nos predestinó, para adoptarnos por medio de Cristo; Él nos aceptó en Cristo quien es el artesano de su consejo (v. 4-7). En su gracia, Dios nos da a conocer este misterio, oculto hasta ahora, del que Cristo es objeto: todas las cosas serán reunidas en él el día del milenio, y nosotros mismos, estando en él, seremos herederos con él (v. 8-12). Ya tenemos las promesas, siendo sellados con el Espíritu Santo quien es las arras de esta herencia (v. 13-14). La oración del apóstol es que los efesios realmente entren en el conocimiento de estas cosas, de corazón, y se den cuenta del poder de Dios hacia ellos (v. 15-19). Este poder es el que ha sido desplegado para resucitar a Cristo de entre los muertos, para ponerlo a la diestra de Dios y entregarlo a la Iglesia, que es su Cuerpo, para que sea el Jefe sobre todas las cosas (v. 20-23).

Capítulo 2. Estando destinados a tal gloria, podríamos enorgullecernos. Por eso, Pablo también nos recuerda lo que éramos: muertos en nuestros pecados; y deja claro que fue solo Dios quien hizo todo el trabajo en nosotros, para llevarnos a tal posición, en Cristo (v. 1-10). Además, perteneciendo a las naciones, no teníamos ningún derecho (v. 11-12). Pero hemos sido acercados y unidos al pueblo de Dios, por la sangre de Cristo que hizo la obra de redención por la cual somos reconciliados con Dios y unidos, judíos y naciones, en un solo Cuerpo (v. 13-16). Fue Cristo quien vino a proclamarnos la buena nueva de la reconciliación, y es el Espíritu quien ha obrado en nosotros (v. 17-18). Así, pues, sobre el fundamento que es Cristo, somos edificados juntos en un templo santo, la Casa de Dios, en la cual Dios mora por su Espíritu (v. 19-22).

Capítulo 3. Antes de pasar a las exhortaciones apropiadas, Pablo abre un paréntesis, que ocupa todo el capítulo, para dar detalles sobre este misterio que primero le fue revelado y que él es responsable de dar a conocer (v. 1-5). Ese es el misterio de la Iglesia. Está formada por aquellos, judíos y naciones, que creyeron en el Evangelio que Pablo tenía como misión de predicar; y es a través de ella que Dios se propuso dar a conocer su sabiduría (v. 6-10). Predicar el Evangelio causaba aflicciones a Pablo, pero él confiaba en el Señor (v. 11-13). Los efesios son el objeto de sus oraciones; pide que sean fortalecidos y capaces de comprender la grandeza y el alcance de las realidades divinas y el amor de Cristo, hasta que se llenen de ellas (v. 14-19). Pablo cierra su paréntesis con un acento de alabanza (v. 20-21).

2.2 - Capitulos 4 al 6: La conducta del creyente que es apropiada a su posición

Capítulo 4. Pablo nos exhorta a conducirnos de una manera que sea conforme a este glorioso llamado, reflejando los caracteres de nuestro Señor –humildad, mansedumbre, paz– para que podamos manifestar colectivamente que somos un solo Cuerpo (v. 1-6). En este Cuerpo, cada uno debe ocupar el lugar que se le ha confiado, sabiendo que es Cristo quien distribuye los dones a cada uno, para la edificación del Cuerpo (v. 8-12). El crecimiento armonioso de este Cuerpo, del cual Cristo es la Cabeza, depende del perfeccionismo individual de los santos, cuya meta es nada menos que alcanzar el nivel de Cristo mismo (v. 13-16). Debemos abandonar completamente nuestra vieja conducta modelada en conformidad con mundo (v. 17-19), según lo que éramos por naturaleza (v. 20-24). Para alcanzar esta perfección hasta el punto de ser imitadores de Dios, no basta con abandonar las cosas groseras, sino también aquellas que consideramos de poca importancia (v. 25-32). En resumen, debemos seguir el ejemplo de Cristo que se entregó completamente por amor por nosotros, para la gloria de Dios (5:1-2).

Capítulo 5. La santidad que exige la presencia de Dios en la Iglesia es tal que el mal, incluso benigno, no solo no debe ser encontrado allí, sino que tampoco debe ser nombrado; además, debemos disociarnos de él y aun reprenderlo, como la luz que lo manifiesta todo (v. 3-14). Por otro lado, debemos caminar sabiamente, en la comprensión de la voluntad del Señor, por medio del Espíritu, en el temor de Cristo, la cabeza del Cuerpo (v. 15-21). Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, cuida de su Iglesia. El valor de la Iglesia es tal a los ojos de Dios que se nos pide que reflejemos algo de ella incluso en las relaciones familiares. Así, la esposa debe ser sometida a su marido, como la Iglesia a Cristo (v. 22-33).

Capítulo 6. En la casa del creyente, los hijos reflejarán el carácter de Cristo siendo sumisos a sus padres; ellos mismos lo reflejarán teniendo cuidado amoroso de sus hijos (v. 1-4). En los asuntos de la vida, la sumisión a las autoridades y la benevolencia de ellas también reflejará algo del orden deseado por Dios en amor (v. 5-9). Finalmente, caminando en este mundo, la lucha contra quien lo dirige será inevitable, por lo que es imperativo que estemos armados para esta lucha (v. 10-18). Confiando en las oraciones de los santos (v. 19-20), Pablo les muestra su amoroso cuidado por ellos y los saluda (v. 21-24).

3 - Algunos versículos claves

«Nos escogió en él antes de la fundación del mundo» (1:4).

«La iglesia, la cual es su cuerpo» (1:22-23).

«Por gracia sois salvos mediante la fe; y esto no procede de vosotros, es el don de Dios» (2:8).

«Vosotros sois juntamente edificados… la multiforme sabiduría de Dios por medio de la iglesia» (3:10).

«A él gloria en la iglesia y en Cristo Jesús» (3:21).

«Os exhorto a que andéis de manera digna del llamamiento con que fuisteis llamados» (4:1).

«Sed, pues, imitadores de Dios» (5:1).

«Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros» (5:2).

«Cristo amó a la iglesia y se entregó sí mismo por ella» (5:25).

«Vestíos de toda la armadura de Dios» (6:11).


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