Ayuda al estudio de 1 Juan


person Autor: Biblicom 52

library_books Serie: Ayuda al estudio de la Palabra de Dios


1 - Introducción

Esta epístola se atribuye al apóstol Juan, parece haber sido escrita hacia el final del primer siglo, cuando muchos falsos maestros ya se habían levantado, atacando y poniendo en duda la Persona de Cristo. En este contexto, el apóstol, con la autoridad de un testigo directo (1:1), establece la verdad sobre la gloriosa Persona de Cristo, el eterno Hijo de Dios, para fortalecer a los creyentes en la fe. No se mencionan los destinatarios de esta epístola, pero es probable que haya tenido una amplia difusión. En cualquier caso, refuerza el carácter universal de lo que se presenta.

Al leer esta epístola hay que tener en cuenta que el apóstol presenta el aspecto de las cosas según el propósito de Dios y no desde el punto de vista de nuestro caminar práctico (ejemplo: «El que ha nacido de Dios no practica el pecado» (3:9)).

2 - Plan de la Epístola

2.1 - Capítulo 1

El apóstol comienza testificando que conoció personalmente a Jesucristo, el eterno Hijo de Dios (v. 1-2). Luego indica la razón de esta epístola: que los creyentes entren de lleno en esta comunión con el Padre y con el Hijo (v. 3-4). Juan da un primer carácter intrínseco de Dios: Dios es luz (v. 5), e indica la consecuencia; el creyente camina así en la luz en comunión con los otros creyentes purificados de sus pecados (v. 6-7). La luz hace que todo sea visible, especialmente el pecado. El que no ve el pecado en sí mismo (v. 8) o que afirma no haber pecado nunca (v. 10) no tiene, pues, esta luz en él, mientras que el que posee esta luz ve el pecado en sí mismo y puede confesarlo para ser purificado de él (v. 9).

2.2 - Capítulo 2

Sin embargo, pecar solo debería ser accidental, y es de tal gravedad que siempre requiere la acción del Señor, que es, solo, la propiciación por los pecados (v. 1-2). La obediencia a la Palabra de Dios es la demostración de pertenecer al Señor y de poseer la vida divina que se manifiesta por el amor y por una conducta que imita al Señor (v. 3-6). Lo que Juan escribe no es nuevo, pero toma el carácter de un nuevo mandamiento ahora que la luz está allí (v. 7-8). El amor y la luz son caracteres divinos inseparables; si falta uno, falta el otro (v. 9-11).

Los creyentes a los que se dirige el apóstol presentan diferentes niveles de madurez espiritual (v. 12-13). Si no tiene nada más que decir a los padres experimentados, por otra parte, desea exhortar a los jóvenes a que se guarden del mundo y de sus concupiscencias, ya que su energía espiritual no los hace invulnerables (v. 14-17). En cuanto a los niños pequeños en la fe, como los errores se estaban extendiendo en el cristianismo a través de la acción de los falsos maestros, les exhorta a discernir la verdad por el Espíritu que está en ellos, a cerrar sus oídos a las falsas doctrinas y a permanecer en lo que han recibido desde el principio (v. 18-27). Finalmente, exhorta a todos los creyentes a permanecer en Cristo, en vista a su regreso, con una conducta caracterizada por la justicia (v. 28-29).

2.3 - Capítulo 3

El apóstol quiere hacer conscientes a los creyentes del inmenso privilegio de ser hijos de Dios, lo que el mundo no puede comprender; esto se manifestará cuando estemos en cuerpos semejantes al de Cristo, pero tenemos que hacer realidad la santidad de nuestra posición ahora (v. 1-3). El hijo de Dios que está en Cristo, no peca; el que peca es del diablo, como el que no ama a su hermano (v. 4-12). Amar a los hermanos es el rasgo distintivo del creyente (v. 13-15) – rasgo práctico y no teórico (v. 16-17). En su andar práctico, el hijo de Dios no es perfecto; si su corazón lo condena, se encomienda a Dios que lo sabe todo, en el caso contrario tiene confianza ante Dios, hasta el punto de obtener todo lo que le pide (v. 18-22). Si guarda Sus mandamientos, el creyente permanece en Dios, y Dios en él; lo sabe por el Espíritu que posee (v. 23-24).

2.4 - Capítulo 4

Debido a la presencia de muchos falsos maestros, el apóstol exhorta a los hijos de Dios a que los detecten poniendo a prueba lo que enseñan: ¿Creen que Jesucristo se hizo hombre? Los que dudan no son de Dios; no deben ser escuchados (v. 1-6). La venida de Jesucristo como hombre, es la manifestación del amor de Dios, por eso los hijos de Dios deben manifestar este amor entre ellos (v. 7-10). Al amarse unos a otros, dan testimonio ante el mundo del amor de Dios manifestado al enviar a su Hijo a la tierra para salvar al mundo (v. 11-14). Además, permaneciendo en el amor, tienen la seguridad de escapar al juicio cuando él venga al mundo (v. 15-19). Amar a los hermanos es la piedra de toque de ser un hijo de Dios (v. 20-21).

2.5 - Capítulo 5

El verdadero amor por nuestros hermanos solo se puede lograr obedeciendo la Palabra de Dios, lo cual no es difícil para un creyente (v. 1-3). La fe en el Hijo de Dios nos permite vencer al mundo (v. 4-5). El Espíritu es la verdad; da testimonio del Hijo y de su obra. Con el Espíritu, el agua y la sangre que fluyeron del costado traspasado del Señor, dan testimonio de que la obra está hecha (v. 6-9). Purificados de sus pecados y teniendo vida eterna, los creyentes tienen este precioso testimonio en ellos (v. 10-12). Es para asegurarles de esta verdad que el apóstol les escribió estas cosas (v. 13). En esta seguridad, el creyente confía en Dios y tiene total libertad para hacerle peticiones (v. 14-15). Orará especialmente por sus hermanos desfallecientes, a menos que sus pecados sean tales que el gobierno de Dios sea inexorable (v. 16-17). Sin embargo, incluso en tal caso, sabemos que no es la vida divina en el creyente la que peca, y que Satanás no puede tocarla (v. 18). En todo caso, tenemos la certeza de que pertenecemos a Dios porque poseemos el Espíritu Santo que nos da el entendimiento de que estamos en Cristo: Él es el verdadero Dios y la vida eterna (v. 19-20). Tal posición debe mantenernos alejados de los ídolos (v. 21).

3 - Algunos versículos claves

«Dios es luz» (1:5).

«La sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado» (1:7).

«Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo» (2:1).

«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios» (3:1).

«En esto conocemos el amor, en que él puso su vida por nosotros» (3:16).

«Dios es amor» (4:8, 16).

«Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos» (5:3).

«Estas cosas os he escrito, a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna» (5:13).

«Jesucristo... es el verdadero Dios, y la vida eterna» (5:20).


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