Índice general
La Epístola a los Colosenses
«Él es la cabeza del cuerpo, de la iglesia; él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo él tenga la preeminencia» (Col. 1:18)
Autor: Marcel GRAF 3
Serie: Leer y comprender la Biblia
1 - Tema
Toda persona que se arrepiente y cree en la obra redentora del Señor Jesús recibe, mediante el nuevo nacimiento, una nueva vida, que es la de Cristo mismo. De este modo, su vida adquiere un nuevo sentido: todo da vueltas en torno a Jesucristo, quien murió por ella y ahora está sentada a la diestra de Dios en los cielos, como su esperanza. Pablo aborda esta realidad en su Epístola a los Colosenses cuando dice: «Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria» (Col. 1:27).
Pero mientras aún vivimos en la tierra, el enemigo intenta alejar nuestro corazón de Cristo y llenarlo de lo que el mundo tiene para ofrecer. Es contra este peligro contra el que el apóstol nos advierte en esta carta: «Mirad que nadie os lleve cautivos por medio de la vana y engañosa filosofía, conforme a la tradición de los hombres, según los elementos del mundo, y no según Cristo» (Col. 2:8).
Pero antes de pronunciar esta advertencia, Pablo revela en el capítulo 1 toda la gloria del Señor Jesús. Presenta al Hijo de Dios en toda su grandeza para encender nuestros corazones por él. Porque el apóstol sabe que, ante la dignidad y la importancia del Señor Jesús, toda filosofía del mundo y toda visión humana del mundo palidecen. Por eso, al leer esta Epístola, tomemos en serio la exhortación del capítulo 3:16: «La palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros».
2 - Subdivisiones
- Capítulos 1-2: Lo que Cristo es para los creyentes y para la Iglesia
- Capítulos 3-4: Lo que los creyentes son para Cristo
3 - Colosenses 1
3.1 - Pablo da gracias por todo lo que es positivo
Versículos 1-8. La asamblea de Colosas no había sido fundada por el ministerio del apóstol Pablo. Él no conocía personalmente a esos creyentes, pero su corazón estaba lleno de amor y sincera simpatía por ellos. Probablemente fue Epafras quien le llevó al apóstol la noticia de los peligros que amenazaban a los colosenses. Falsos maestros intentaban introducir opiniones filosóficas y tradiciones judías entre los creyentes. Como consecuencia, estos perdían de vista la gloria de la persona del Señor Jesús. El objetivo de la carta es volver a centrar la mirada de los creyentes en Cristo, glorificado en los cielos.
Tras los versículos introductorios, el apóstol da gracias a Dios por todo lo positivo que había en los colosenses. Menciona su fe en Cristo y su amor por todos los santos. Pero lo que los colosenses habían perdido era la conciencia de su unidad con Cristo en los cielos. Y es precisamente eso lo que caracteriza al verdadero cristianismo. Nuestra esperanza está puesta en el cielo. Pero los colosenses corrían el peligro de alejarse de la meta celestial y llenar sus corazones con ideas humanas.
El Evangelio había llegado a Colosas –probablemente por medio de Epafras– y muchos lo habían aceptado. La semilla de la Palabra había caído en unos corazones preparados, había comenzado a crecer y había dado fruto. Pero Epafras seguía cuidando de los colosenses, de modo que Pablo pudo dar testimonio de él ante ellos: «Que es fiel ministro de Cristo por vosotros» (comp. con Col 1:7).
3.2 - Los hijos del Padre reconocen la gloria del Hijo
Versículos 9-15. ¿Cómo reconocemos, como creyentes, la voluntad de Dios? Llevando una vida de íntima comunión con Dios. De esta manera, el cristiano fiel reconocerá la voluntad de Dios de tal forma que podrá juzgar las cosas y saber lo que agrada a Dios y lo que no le agrada. Un siervo pregunta por los mandatos de su señor. Pero un hijo mira a los ojos de su padre y sabe lo que le agrada, al pasar tiempo con él.
Si estamos así llenos del conocimiento de su voluntad, caminaremos dignamente ante el Señor. Él mismo es nuestro modelo. Su vida en la tierra es nuestra referencia. Pero Cristo en su gloria es la fuerza que nos permite llevar tal vida. Para poder seguirlo, nuestros ojos deben estar fijos en él y nuestros corazones apegados a él.
¡Qué maravilloso es el versículo 12! Dios nos ha hecho dignos o capacitados para su presencia. Como hijos suyos y, por tanto, herederos, estamos en su luz. ¿Cómo lo hizo posible? Salvándonos, redimiéndonos y perdonándonos nuestros pecados. Todo esto se ha cumplido por medio de él, a quien el apóstol llama «el Hijo de su amor».
Tras presentar al Hijo de Dios en su relación con el Padre, Pablo pasa naturalmente a describir la gloria del Hijo. Como Hijo, él es la revelación de Dios (Juan 1:18).
Pero también es el Creador de todas las cosas. Todo fue creado para él, para su gloria y su magnificencia. Es él también quien lo sostiene todo. ¡Qué sublime aparece el Señor en estos versículos!
3.3 - Cristo tiene la primacía en todas las cosas
Versículos 16-18. La imagen del Dios invisible, creador y sustentador de todo el universo es también la Cabeza del Cuerpo, de la Asamblea. Nosotros, los creyentes, somos los miembros de su Cuerpo y estamos estrechamente unidos a él. Pero esta unión con Cristo no vino por su encarnación, sino por su muerte y resurrección. Como primogénito de entre los muertos, es la Cabeza de la nueva creación, «para que en todo él tenga la preeminencia» (en la primera y en la nueva creación).
3.4 - 2 aspectos de la reconciliación
Versículos 19-23. En el seno de la divinidad no hay diferencias de rango. El Hijo no es inferior al Padre. Toda la plenitud de la Deidad habita en Cristo. Dios se revela sin reservas en el Señor Jesús.
El versículo 20 trata de la reconciliación de todas las cosas, los versículos 21 y 22 de la reconciliación de los creyentes. Gracias a la obra redentora del Gólgota, toda la creación será liberada un día de la maldición. La reconciliación de los que creen pone de manifiesto la hostilidad hacia Dios que antes nos caracterizaba. A diferencia de nosotros, la creación no es un enemigo consciente de Dios. Pero nosotros teníamos que ser reconciliados con Dios. Tenía que producirse un cambio total en nosotros para que pudiéramos entrar en la presencia de Dios. El Señor Jesús hizo todo esto posible mediante su obra redentora en la cruz, y todos los que creen en él se benefician de ello.
En el versículo 23, estamos exhortados a comportarnos de manera que nuestra vida práctica corresponda a nuestra nueva posición ante Dios.
3.5 - 2 aspectos del ministerio del apóstol Pablo
Versículos 24-29. El apóstol Pablo era, por un lado, un siervo del Evangelio, «que fue proclamado en toda la creación» (v. 23), y, por otro lado, un siervo de la Asamblea. Como tal, cumplió la Palabra de Dios, es decir, la completó. No se trata aquí del momento en que se escribieron los libros del Nuevo Testamento, sino de los temas que en ellos se tratan.
Había un misterio que Dios aún no había revelado: la doctrina de la Asamblea, es decir, la verdad de un Cristo glorificado en el cielo y de los creyentes en la tierra, que juntos forman su Cuerpo y están estrechamente unidos a él. Con esta revelación, la comunicación de los pensamientos y designios de Dios llegó a su fin.
La proclamación de esta verdad le valió al apóstol sufrimientos y persecuciones, sobre todo por parte de los judíos, que no querían admitir que habían sido dejados de lado como pueblo y que, en lo que respecta al Evangelio, estaban al mismo nivel que todos los demás hombres.
El misterio de la Asamblea se considera en esta Epístola desde un ángulo particular. Mientras que la Epístola a los Efesios nos enseña que los creyentes están unidos al Señor elevado al cielo, aquí vemos a un Cristo glorificado, que habita de manera invisible en los creyentes en la tierra. Él está en ellos, que esperan el cielo, la esperanza de la gloria. Con toda su energía, el apóstol se esfuerza por engrandecer a Cristo en el corazón de los creyentes.
4 - Colosenses 2
En este capítulo, el apóstol Pablo presenta varios peligros a los que se enfrentaban los creyentes de Colosas.
4.1 - El enemigo seduce a través de seductores humanos
Versículos 1-5. Aunque el apóstol Pablo no conocía personalmente a los creyentes de Colosas, los llevaba muy en el corazón. Deseaba fortalecer sus corazones en la verdad. Incluso libraba una gran batalla por ellos, pues había oído decir que se habían apartado de la verdad y habían perdido de vista su unidad con Cristo. Luchaba por ellos en sus oraciones. ¡Oh, cómo le hubiera gustado llenar sus corazones del misterio de Dios, pues ahí es donde se esconden todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, pues es en este misterio donde se revelan todo el amor y toda la gloria de Dios!
En el versículo 4, el apóstol comienza a hablar abiertamente del peligro que amenazaba a los creyentes de Colosas. Todo lo que había escrito debía servir para preservarlos de la seducción del enemigo. Algunos hombres buscaban apartarlos de Cristo y de su gloria mediante razonamientos falsos. Pero no lo hacían abiertamente. Los colosenses tampoco habían llegado al punto de apartarse de la fe en Cristo. Al contrario, Pablo podía regocijarse por su orden y la firmeza de su fe. Pero la consecuencia natural de esas palabras seductoras era que poco a poco iban perdiendo la conciencia de su unidad con Cristo. Nosotros también corremos ese peligro, si tenemos en cuenta la cantidad de «palabras persuasivas» que circulan hoy en día en la cristiandad.
4.2 - La filosofía
Versículos 6-15. En los versículos 6-7, el apóstol aborda el tema central de la doctrina cristiana: el despliegue de la gloria del Señor Jesús y los designios que Dios ha vinculado a su persona. Los colosenses no debían abandonar nada de eso, sino reconocer el peligro de los seductores.
Por lo tanto, es un antiguo error querer unir la filosofía [1] al cristianismo con el fin de hacer la revelación divina más atractiva para los hombres. La filosofía se opone directamente al mensaje del Evangelio, pues habla de una chispa buena que habría permanecido en el hombre, y con ello se refiere a la conciencia. Ahora bien, el hombre no trajo consigo la conciencia desde el paraíso, sino que la recibió en la caída. La filosofía se basa, por tanto, en fundamentos erróneos.
[1] NdT. Filosofía significa: amor de la sabiduría. En este pasaje de Colosenses, el apóstol advierte contra la sabiduría humana (v. 8), la que viene del hombre, que es diferente a la sabiduría de Dios.
¿Por qué el cristiano tendría necesidad de la filosofía? Tiene a Cristo, en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad. Además, el cristiano no necesita la mejora progresiva de la que habla la filosofía. Estamos perfeccionados en Cristo. No nos falta nada en lo que respecta a nuestra posición ante Dios. ¡Qué maravilloso es esto!
¿Cómo se ha hecho esto posible? Por el hecho de que el Señor Jesús murió en la cruz por nuestra naturaleza pecaminosa. En la cruz se cumplió lo que era una imagen en el Antiguo Testamento, a saber, la circuncisión exterior. Cristo fue hecho pecado por nosotros allí. En él, nuestro viejo hombre fue crucificado y sepultado. Damos testimonio de ello mediante el bautismo.
4.3 - Las costumbres y formas judías
Versículos 16-19. La seducción de los falsos maestros judíos consistía en introducir en el cristianismo costumbres y formas procedentes del judaísmo (e incluso del paganismo). ¿Cuál es la respuesta del apóstol a esto? Escribe: «Pero el Cuerpo es de Cristo» (v. 17). Estas palabras significan que todo lo que la Ley judía prefiguraba en cuanto al culto se ha cumplido en Cristo. ¡Sería una locura volver a lo que no es más que una sombra! Hemos sido vivificados con Cristo. Hemos sido circuncidados en Cristo. La deuda (la Ley) que estaba en contra nuestra ha sido borrada. El diablo ha sido vencido. ¿Deberíamos entonces volver a los aspectos externos del judaísmo? –En aquella época, el culto a los ángeles, introducido entre los cristianos, colocaba a estos seres entre Cristo y los creyentes, alejando así a los miembros de la Cabeza. La fe sencilla, sin embargo, se aferra firmemente a la Cabeza.
4.4 - Los elementos del mundo
Versículos 20-23. Estamos muertos a los elementos del mundo, es decir, a todos los principios que rigen la vida en el mundo. Tenemos una nueva vida, la del Señor Jesús mismo, y eso nos separa del mundo. Así como Cristo no es del mundo, nosotros tampoco formamos parte de él. Los principios del mundo, en el ámbito social y religioso, están en contradicción con nuestra posición como hombres con una vocación celestial. Las doctrinas de estos falsos maestros tienen una apariencia de humildad y abnegación en cuanto que no perdonan al cuerpo, pero no tienen ningún vínculo con el cielo, que es la esfera de la nueva vida.
5 - Colosenses 3
5.1 - Modo cristiano de pensar y de comportarse
Versículos 1-4. Los primeros versículos de este capítulo se refieren principalmente a las falsas declaraciones de los maestros judíos. El culto judío tenía un carácter eminentemente terrenal, al igual que los judíos eran un pueblo para esta tierra. Tras la venida de Cristo y el cumplimiento de lo que prefiguraban las sombras del antiguo pacto, el culto terrenal debía desaparecer y dar paso a un culto espiritual y celestial. De ahí la exhortación y el mandamiento de buscar y meditar en las cosas de arriba.
Lamentablemente, el cristianismo no ha tenido en cuenta todo esto. Hoy vemos hermosas iglesias, una clase sacerdotal especial, ministros ordenados, ceremonias externas, días festivos especiales –todos ellos son signos de un cristianismo terrenal.
La exhortación del apóstol no se refiere solo a las instituciones judías, sino también a nuestra vida personal. ¿De qué está lleno nuestro corazón, de cosas celestiales o terrenales? ¿Cuál es nuestra forma de pensar, nuestra manera de vivir? Como cristianos, ¿perseguimos objetivos terrenales, por ejemplo, la influencia cristiana en la política, la unión de las iglesias y las denominaciones, o está nuestro corazón en el cielo, donde se encuentra Cristo, nuestro tesoro? –Por supuesto, debemos ocuparnos de las cosas terrenales en nuestra vida cotidiana. Sí, estamos obligados a cumplir fielmente con nuestros deberes en el mundo. Pero lo importante es que hagamos todo para la gloria del Señor en el cielo.
5.2 - Deshacerse de las manifestaciones del pecado
Versículos 5-11. Como seres humanos cuyas vidas están en realidad en el cielo, debemos hacer morir los miembros que están en la tierra. Todo lo que aquí se menciona constituye el pecado que reside en la carne. No debemos permitir que esos miembros actúen en nosotros. Ciertamente, no podemos deshacernos del pecado que hay en nosotros. Permanece en nosotros mientras sigamos en nuestro cuerpo mortal. Pero la ira, el enojo, la malicia, las injurias y las palabras vergonzosas son los frutos de ese pecado que habita en nosotros. Debemos deshacernos de esas manifestaciones. –En Cristo, somos hombres nuevos ante Dios. Ciertamente aún tenemos el pecado en nosotros, pero ya no es el principio determinante en nuestra vida. Por eso se dice que nos hemos despojado del viejo hombre. Se nos exhorta a abandonar el mal y a vivir haciendo el bien porque somos hombres nuevos. Según el versículo 10, podemos decir que, para nosotros, los cristianos, Dios mismo es la medida del bien y del mal.
Cuanto más se impone el nuevo hombre en nosotros, más nos parecemos al Señor Jesús. En las personas nacidas de nuevo, todas las diferencias externas relacionadas con el origen y la posición social en la sociedad humana deberían desvanecerse. Solo deberíamos ver y reconocer a Cristo en ellas. La fuerza necesaria para llevar una vida así es, sin duda, el Espíritu Santo. Pero también proviene de la comprensión de que somos personas nuevas en Cristo, y no que nos convertimos en ellas solo con el tiempo.
5.3 - Revestirse de Cristo
Versículos 12-17. Revestirse es lo contrario de despojarse. Puesto que Cristo es a la vez nuestra vida y nuestro modelo, nosotros, como creyentes, nos revestimos de las cualidades aquí mencionadas. Así, nos soportamos unos a otros y perdonamos a quienes nos ofenden. En cierta medida, el amor nos está presentado como un manto que lo cubre todo. Confiere a las cualidades mencionadas su carácter divino. El amor divino, vínculo de la perfección, nos eleva por encima de nuestro propio yo, que es tan sensible y tan pronto en herirse y ofenderse.
La paz de Cristo es el reposo en el que se encuentra Dios mismo. Él la comparte con el creyente que vive en Su comunión y que pone todas las circunstancias en sus manos. Pero no debemos disfrutar de esta paz solos, sino en comunión unos con otros. «Sed agradecidos» (v. 15) por todo lo que Dios os ha dado en Cristo, para que no tengáis necesidad de buscar otra cosa.
Si Cristo es nuestra vida, entonces su palabra ocupará también un lugar importante en nuestros corazones y en nuestras vidas. Nuestra conducta, nuestro comportamiento, nuestros afectos y nuestros pensamientos estarán cada vez más en consonancia con la voluntad de Dios y sus pensamientos, tal y como se revelan en la Biblia. El objetivo de esta enseñanza se resume en el versículo 17: nuestra vida debería ser tal que todo lo que digamos y hagamos lleve, en cierto modo, la firma del Señor Jesús. ¿Hasta qué punto lo conseguimos?
5.4 - Unidos en Cristo, pero diferentes en nuestra posición social
Versículos 18-25. En lo que respecta a nuestra posición celestial como creyentes ante Dios, la edad, el sexo o el estatus social desaparecen. Todos somos uno en Cristo. Pero mientras sigamos viviendo en la tierra, persisten las diferencias que Dios asoció a la creación o que surgieron a raíz de la caída. Las enseñanzas prácticas de nuestro pasaje se dirigen a esposas y maridos, a hijos y padres, a esclavos y amos. En cada caso, el Espíritu Santo aborda nuestros puntos débiles.
Se exhorta a la mujer a someterse a su marido. Debería considerar este lugar como un privilegio, pues es Dios, su Creador, quien le ha dado esta posición. El hombre corre el riesgo de pensar solo en sí mismo y de mostrarse resentido con su esposa, en lugar de rodearla de amor cada día. Dios exige a los hijos que obedezcan a sus padres. ¿Cómo van a obedecer los hijos al Señor Jesús si nunca han aprendido a obedecer a sus padres? El comportamiento de los padres hacia sus hijos es de vital importancia para el desarrollo sano de los niños y adolescentes. Las palabras dirigidas a los siervos creyentes, es decir, a todos aquellos que trabajan como subordinados, son las más detalladas. Debemos hacer nuestro trabajo en la oficina, en el taller, en la obra, en el quirófano o en cualquier lugar donde ejerzamos nuestra profesión para el Señor. Él ve si cumplimos fielmente con nuestro deber y cómo lo hacemos, y algún día nos recompensará por ello.
6 - Colosenses 4
6.1 - Oración e intercesión
Versículos 1-4. El primer versículo pertenece, por su contenido, al capítulo 3. La última de las exhortaciones, dirigida a un grupo concreto de personas, se refiere a los amos o superiores creyentes. Deben conceder a sus esclavos o subordinados lo que a cada uno le corresponde. No escapará al Señor en el cielo si uno de los suyos, que ocupa una posición de autoridad, no cumple con sus deberes para con sus subordinados.
A continuación, vienen algunas exhortaciones generales. «Perseverad en la oración». No debemos orar solo en momentos de angustia, sino permanecer en contacto permanente con el cielo a través de la oración. El diablo siempre intenta impedirnos orar. Sabe que, si el cristiano deja de orar y de dar gracias al Señor, pronto se convertirá en un instrumento inútil para Dios.
La intercesión es un aspecto particularmente importante de nuestra oración. Aquí, el apóstol pide apoyo para su ministerio mediante la oración. El gran apóstol de las naciones sabía que él también dependía por completo de la gracia de Dios. Su deseo era que Dios le diera oportunidades para poder transmitir a otros el misterio de Cristo que tanto llenaba su corazón. También pidió la gracia del Señor para poder hablar de una manera que fuera agradable a Dios. Sí, en todo dependemos del Señor. Es él quien debe preparar a los siervos. Es él quien debe abrir tanto su boca como el corazón de quienes los escuchan. ¿No es este un amplio campo de acción para la intercesión?
6.2 - Nuestra vida como testimonio exterior
Versículos 5-6. Cuando se trata de nuestras relaciones con los no creyentes, nuestra forma de vivir habla primero, y después nuestro testimonio con palabras. No olvidemos que el mundo nos observa más atentamente de lo que a veces pensamos. Solo una vida verdaderamente piadosa da peso moral a nuestras palabras. Se necesita mucha sabiduría de lo alto para que nadie se sienta rechazado por nuestro comportamiento y se cierre al Evangelio. –Cuando tenemos la oportunidad de hablar con los no creyentes, podemos transmitirles algo de la gracia que nosotros mismos hemos experimentado. «Sazonadas con sal» significa aquí que nuestras palabras de gracia nunca deben aprobar el mal que nos rodea.
6.3 - El portador de la Epístola y su compañero
Versículos 7-11. Tíquico tenía la gran responsabilidad de entregar la Epístola del apóstol a los colosenses. Le acompañaba Onésimo, antes esclavo fugitivo, ahora hermano fiel y amado, que había regresado con su legítimo amo (vean al respecto la Epístola a Filemón).
Marcos, el sobrino de Bernabé, había sido en su día la causa de la separación de Pablo y Bernabé en su ministerio. En aquel entonces, Pablo no estaba dispuesto a llevar consigo a quien había fallado en la prueba del servicio (Hec. 15:37-40). ¡Qué gozo, pues, deducir de las palabras del apóstol en nuestra Epístola que todo se había arreglado con Marcos! ¿No nos anima esto a no abandonar nunca la esperanza de la restauración de un creyente caído?
6.4 - Saludos y conclusión
Versículos 12-18. ¡Qué hermosa observación sobre Epafras! Él mismo colosense, conocía la situación de la asamblea. Sabía que algunos se habían apartado de la verdad de Cristo. Con un corazón lleno de amor sincero y de cálida simpatía por los creyentes de Colosas, oraba sin cesar por ellos. Suplicaba que aprendieran a comprender bien la verdad y que abandonaran las instituciones judías y la filosofía pagana para regocijarse únicamente en Cristo y en su gloria.
A Lucas se le llama aquí el médico amado. Aunque era un siervo en la obra del Señor, e incluso un escritor inspirado, se mantuvo fiel a su profesión de médico y era muy apreciado como tal.
Pablo tenía un mensaje especial para Arquipo. Este hermano de Colosas había recibido evidentemente un ministerio en el Señor. Pero no lo estaba desempeñando. Por un lado, esto deshonraba al Señor como dispensador de todos los dones de gracia y, por otro, los hermanos y hermanas a quienes estaba destinado ese ministerio se veían perjudicados. ¡Debió de ser una vergüenza para Arquipo que su nombre fuera mencionado públicamente de esa manera durante la lectura de la Epístola! ¡Ojalá todos seamos fieles en la labor a la que el Señor nos ha llamado! El apóstol termina la Epístola con un saludo escrito a mano, recordando sus cadenas y expresando el deseo: «¡La gracia sea con vosotros!».