Índice general
La Epístola a los Gálatas
«El hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús» (Gál. 2:16)
Autor: Marcel GRAF 1
Serie: Leer y comprender la Biblia
1 - Introducción
Hay un tiempo de la Ley y un tiempo de la gracia. Estos 2 períodos de los caminos de Dios con respecto a los hombres se distinguen claramente en una sola frase: «La Ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17).
Los israelitas declararon en el desierto del Sinaí: «Todo lo que Jehová ha dicho, haremos» (Éx. 19:8). Fue entonces cuando Dios les dio la Ley. Esta expresaba lo que el hombre debía hacer para satisfacer las exigencias del Dios santo. La obediencia a estos mandamientos permitía vislumbrar la bendición, la vida y la justificación ante Dios. De este modo, el hombre era puesto a prueba para ver si le era posible subsistir ante Dios basándose en su propia justicia. Pero la historia de Israel muestra claramente que nadie podía cumplir la Ley.
Cuando esta prueba quedó demostrada en numerosas ocasiones, Dios envió a su Hijo a la tierra para manifestar plenamente su gracia. Porque Jesucristo llevó a cabo la obra de la redención en la cruz, los hombres pueden ser justificados ante Dios por el principio de la gracia y mediante la fe en su Salvador. Por lo tanto, para todos los creyentes, la siguiente declaración es ahora válida: «No estáis bajo [la] Ley, sino bajo [la] gracia» (Rom. 6:14).
El enemigo se atacó a esta clara distinción entre la Ley y la gracia desde el comienzo de la era cristiana. Por eso el apóstol Pablo tuvo que defender el Evangelio de la gracia gratuita de Dios en la Epístola a los Gálatas. A pesar de esta enseñanza, posteriormente se introdujeron elementos legalistas y judaicos en el cristianismo, por lo que la Epístola a los Gálatas también reviste gran importancia para nosotros hoy en día.
2 - Motivo
La mayoría de los cristianos de Galacia habían pasado del paganismo a la fe en Jesucristo, el Salvador. Tras su conversión, lamentablemente cayeron bajo la influencia de falsos doctores judíos. Estos afirmaban que también era necesario observar la Ley para ser aceptado por Dios. De este modo, ponían en cuestión la obra redentora del Señor Jesús, la única válida y plenamente suficiente. En su carta a los Gálatas, el apóstol se opuso a esta herejía en términos serios y contundentes. Rechazó con firmeza un ataque contra el fundamento de la fe cristiana.
3 - Subdivisiones
- Capítulos 1-2: Parte histórica
- Capítulos 3-4: Parte doctrinal
- Capítulos 5-6: Parte exhortativa
4 - Gálatas 1
4.1 - Saludos e introducción
Versículos 1-5. Esta carta del apóstol Pablo está dirigida explícitamente a varias iglesias. Las iglesias de Galacia habían caído bajo la influencia de predicadores que querían asociar el judaísmo con la fe en Cristo.
Dado que su autoridad apostólica era atacada por estos falsos doctores, comenzó precisando que no había recibido su apostolado de los hombres, sino directamente de Dios (Hec. 9:15-16).
El versículo 4 presenta brevemente el fundamento y el objetivo de nuestra fe cristiana. El Señor Jesús murió en la cruz por nuestros pecados. De este modo, llevó a cabo una obra mediante la cual podemos ser reconciliados con Dios. Para redimirnos, se entregó él mismo. No podía dar más. Ahora, como redimidos, somos un pueblo celestial. Estamos apartados de este mundo. Pertenecemos al cielo. Nuestra vida debería desarrollarse según principios celestiales, como fue el caso en la vida de nuestro Señor. Ciertamente, todavía estamos en el mundo, pero ya no somos de él. Démonos cuenta de esto cada día, para la gloria de nuestro Señor y para nuestro propio gozo verdadero.
4.2 - No hay otro evangelio
Versículos 6-9. Tras la introducción y los saludos iniciales, el apóstol aborda directamente el problema de los gálatas, expresando su asombro ante el rápido cambio de actitud de estos. No encuentra nada por lo que pueda dar gracias en primer lugar, como hace en la mayoría de sus otras Epístolas (Rom. 1:8; 1 Cor. 1:4; Efe. 1:16; Fil. 1:3; Col. 1:3; 1 Tes. 1:2; 2 Tes. 1:3).
Cuando Pablo dice a los gálatas que se han apartado hacia «un evangelio distinto», expresa una contradicción intencionada. No hay otro evangelio que el mensaje de la gracia por la obra redentora del Señor Jesús. Está ahí para cualquiera que se arrepienta de sus pecados y acepte la salvación por la fe en Cristo. La nueva enseñanza que se les impartía a los gálatas decía: Dios ha hecho su parte, ahora le toca al hombre hacer la suya, es decir, realizar obras (observar la Ley, circuncidarse). Sin embargo, eso no era un evangelio, una buena nueva. El apóstol utiliza las expresiones más contundentes para defender el Evangelio de Cristo. Anatema a cualquiera –ya sea un ángel, un apóstol o cualquier otra persona– que anuncie como evangelio otra cosa que no sea la pura gracia de Dios.
En el versículo 9, recuerda a los destinatarios de la Epístola que habían aceptado el Evangelio. Pero ahora escuchaban a quienes enseñaban lo contrario. Una vez más, condena a quienes predican tal error como si fuera «el Evangelio».
4.3 - No es un evangelio que viene de los hombres
Versículos 10-12. En el versículo 1, Pablo había declarado que no había recibido su apostolado de los hombres. Aquí dice que tampoco recibió el Evangelio de los hombres, ni lo aprendió. Le fue dado por revelación de Jesucristo.
4.4 - La formación de Pablo
Versículos 13-24. A partir del versículo 13, relata diferentes circunstancias de su vida para mostrar a los gálatas los caminos de Dios hacia él y el llamado especial que había recibido. Antaño, formaba parte de aquellos que prestaban especial atención a la Ley. Su «conducta anterior en el judaísmo» se caracterizaba por el hecho de que era «mucho más celoso de las tradiciones de mis padres». En aquella época, podría haberse medido fácilmente con los maestros judaizantes que habían seducido a los gálatas.
Pero entonces Dios entró en su vida. Se volvió hacia el Señor Jesús cuando comprendió contra quién luchaba y a quién perseguía. Era el Hijo de Dios. –Esta revelación del Hijo en Pablo se hizo para que él la anunciara entre las naciones (v. 16). Pero primero se retiró en Arabia, donde el Señor lo preparó para su ministerio.
Luego, cuando entró en contacto con Pedro y Santiago, el hermano del Señor, estos lo reconocieron como un hermano en Cristo. En cuanto a su ministerio misionero en Siria y Cilicia, las iglesias de Judea glorificaban a Dios por su causa.
5 - Gálatas 2
5.1 - Pablo y los hermanos de Jerusalén
Versículos 1-10. Esta visita que Pablo y Bernabé hicieron en aquel tiempo a Jerusalén también nos la relata Hechos 15. Allí leemos que algunos habían bajado de Judea a Antioquía. Enseñaban: «A menos que os circuncidéis, según la costumbre de Moisés, no podéis ser salvos». Aquí, Pablo llama a estos hombres falsos hermanos, a los que él y Bernabé se habían opuesto violentamente (Hec. 15:2). Para evitar una división en la asamblea, esta cuestión debía ser examinada y resuelta en Jerusalén. Pablo y Bernabé se dirigieron, pues, a Jerusalén, llevando consigo a Tito.
5.2 - ¿Cómo se desarrolló esta reunión en Jerusalén desde el punto de vista de Gálatas 2 y qué resultado tuvo?
- El apóstol Pablo presentó a los demás apóstoles el Evangelio que predicaba a las naciones.
- Los que eran considerados cristianos de Jerusalén no añadieron nada a este mensaje.
- Demostraron su postura al no obligar a Tito, que era griego, a circuncidarse.
- Tras reconocer que Pedro debía anunciar el Evangelio a los judíos y que Pablo tenía un ministerio entre las naciones, Santiago, Cefas (Pedro) y Juan expresaron su plena confianza en Pablo y Bernabé. Les dieron la mano de asociación.
5.3 - Pablo y Pedro en Antioquía
Versículos 11-21. Lo que se presenta a partir del versículo 11 no ocurrió en Jerusalén, sino en Antioquía. Esta iglesia local estaba compuesta principalmente de creyentes de las naciones.
Pedro (Cefas), que probablemente estaba de visita en ese lugar, vivió al principio en plena comunión con esos griegos que se habían convertido. Pero cuando llegaron otros de su «iglesia de origen», Jerusalén, donde los cristianos aún pensaban y vivían según la tradición judía, se separó de repente de los que venían de las naciones.
El versículo 13 dice que dio muestras de hipocresía, es decir, que, por temor a las críticas de los hermanos legalistas de Jerusalén, se comportó de una manera de la que no estaba en absoluto convencido interiormente. Su comportamiento fue un ataque contra la unidad de los hijos de Dios y, por lo tanto, tan dramático que Pablo tuvo que resistirse a él públicamente.
La importante verdad de los versículos 15-16 se presenta así: tanto para los pecadores de las naciones como para los judíos (que tratan de observar la Ley de Dios), solo hay un medio para estar justificados ante Dios, y es creer en Jesucristo y en su obra redentora consumada.
A partir del versículo 19, el apóstol nos instruye sobre nuestra posición cristiana. Estamos muertos a la Ley. ¿Cómo? Porque Cristo lo hizo por nosotros, llevó la maldición que la Ley pronuncia sobre todo transgresor y murió. Dios nos considera crucificados con Cristo. Así, nuestro viejo hombre es quitado judicialmente. Ahora podemos vivir como hombres nuevos para Dios.
6 - Gálatas 3
6.1 - Los gálatas sin inteligencia
Versículos 1-5. Al apóstol le costaba entender que los gálatas, a quienes en otro tiempo había anunciado que el Salvador crucificado también había muerto por ellos, quisieran abandonar todo eso. –Se habían convertido y habían recibido el Espíritu Santo por la fe en Cristo. Esa era la fuente de fuerza que les permitía vivir en la piedad como cristianos creyentes. Pero ahora parecía que los gálatas querían seguir por un camino legalista. ¡Cuántos lo hacen hoy en día! Han creído en el Señor Jesús. Pero para su vida cristiana, se fijan reglas o leyes que quieren seguir con sus propias fuerzas, porque quieren ser especialmente piadosos.
6.2 - Abraham, ejemplo de fe
Versículos 6-9. En el versículo 6, el apóstol habla de Abraham. Los maestros judíos que habían confundido y seducido a los gálatas se enorgullecían de su ascendencia con Abraham. A través de la circuncisión que Dios había ordenado al patriarca y a sus descendientes (Gén. 17:10), estaban en relación con su antepasado. –Pero se trata de la fe de Abraham, que le fue contada como justicia, mucho antes de que fuera circuncidado (Gén. 15:6). Había recibido la promesa de que todas las naciones serían bendecidas en él mucho antes de eso (Gén. 12:3).
Las declaraciones del apóstol muestran claramente que todos los creyentes, incluidos los de las naciones, son verdaderos hijos de Abraham. El criterio no es la circuncisión, sino la fe. Todos ellos, sin excepción, pertenecen a la familia de la fe y participan de la bendición de Abraham.
6.3 - La Ley conlleva la maldición
Versículos 10-14. Observemos el contraste entre los versículos 9 y 10. Por un lado, tenemos la bendición de Abraham, que es la parte de todos aquellos que, como él, creen en Dios y son justificados por la fe. Por otro lado, está la maldición bajo la cual se encuentran todos aquellos que quieren agradar a Dios mediante el cumplimiento de la Ley, pero que no lo logran –quizás ni siquiera en un solo punto (Sant. 2:10). Ninguno de ellos logra perseverar «en todo lo que está escrito en el libro de la ley, para hacerlo». Por eso la maldición alcanza a todos. Nadie será justificado ante Dios según el principio de la Ley, y nadie obtendrá la vida por medio de los actos y las obras. Pero quien ha creído en el Señor Jesús y en su obra redentora, y ha sido justificado por la gracia de Dios, vivirá por la fe.
¿Cómo pudieron y pueden ser liberadas de ella las personas sometidas a la Ley y, por tanto, a la maldición? Únicamente por la muerte del Señor Jesús. Sí, ¡el precio a pagar por nuestra redención es tan alto! Las justas exigencias de la Ley debían satisfacerse. Dios no podía ignorar las transgresiones de sus mandamientos. Pero ahora, el puro y el santo ha estado bajo la maldición sobre el madero (la cruz) y ha soportado todas las consecuencias. Así ha abolido para siempre la maldición de la Ley para los que creen, pero también la validez de la Ley para el creyente (Rom. 10:4). ¿Cuál es la consecuencia? Ricas bendiciones y la promesa del Espíritu son ahora nuestra parte.
6.4 - El pacto con Abraham es superior a la Ley
Versículos 15-18. El apóstol explica ahora qué hay de las promesas hechas a Abraham. Dios había concluido un pacto unilateral con el patriarca y le había confirmado sus promesas (Gén. 15:18). Un pacto confirmado (disposición) no puede ser anulado. Tampoco es posible añadirle posteriormente ciertas disposiciones. Esto se aplica igualmente a las promesas divinas hechas a Abraham. La Ley dada 430 años más tarde al pueblo de Israel en el Sinaí no podía ni anular las promesas ni convertirse en un añadido al pacto que Dios había celebrado con Abraham. La herencia prometida tampoco dependía de la Ley. Se trataba de un pacto entre Dios y el pueblo, del que Moisés era el mediador. Ahora bien, la herencia es la consecuencia de la filiación. No puede adquirirse ni merecerse.
6.5 - El verdadero sentido de la Ley
Versículos 19-22. La Ley se añadió para mostrar al hombre que es un pecador perdido y que no puede subsistir ante el Dios santo. La Ley representa la justicia y explica claramente que el hombre no posee una justicia que sea suficiente ante Dios. Por lo tanto, debe morir si no hay otro medio de ser justificado ante Dios. Así, la Ley no es contraria a la promesa. ¡Al contrario! Muestra claramente que el hombre depende de la gracia de Dios y que solo puede ser salvo por la fe en Jesucristo.
6.6 - La Ley como guía
Versículos 23-26. Pablo compara la Ley con un guía o un educador. Así es como la Ley mostró a los judíos su desobediencia y su perversidad, y los castigó. La función del educador termina en cuanto el niño llega a ser autónomo. Así, el versículo 26 dice: «Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús». Un hijo ya no es un niño pequeño.
6.7 - Los creyentes en Cristo son los verdaderos herederos de Abraham
Versículos 27-29. Los creyentes de la era de la gracia son considerados hijos adultos, que ya no necesitan educador ni tutor. Mediante el bautismo, han confesado a Cristo, se han revestido de él. Desde el punto de vista de la posición, todos somos uno en Cristo. Todas las diferencias nacionales y sociales han desaparecido. Pertenecemos a Cristo y, por lo tanto, somos espiritualmente los descendientes y herederos de Abraham.
7 - Gálatas 4
7.1 - Los niños menores de edad bajo la Ley
Versículos 1-5. El apóstol califica a los israelitas de «niños menores de edad», es decir, de menores de edad, durante el período de la Ley. Esa era su posición bajo el régimen de la Ley. Estaban sometidos a «los elementos del mundo», es decir, sometidos por todas las prescripciones de la Ley que se referían al mundo visible.
7.2 - Hijos de Dios por medio de Cristo
Versículos 6-7. Pero luego se produjo el gran cambio: Dios envió a su Hijo para redimir a los que estaban bajo la Ley. ¿Cómo? Mediante la muerte del Hijo de Dios en la cruz del Gólgota. A partir de ahora, todos los que lo aceptan por la fe como su Salvador reciben el título de hijos. Dios nos ha adoptado como hijos y nos ha dado su Espíritu Santo, gracias al cual también podemos disfrutar de esta cercanía con Dios. Podemos llamar a Dios: «¡Abba, Padre!», con toda confianza. La posición de hijos en la que hemos sido colocados implica también la herencia. Pero todo esto “por Dios”. Él lo ha hecho todo y nos ofrece todas estas cosas
7.3 - ¿Antiguamente idólatras, ahora bajo la Ley?
Versículos 8-11. Ahora, los gálatas querían volver a abandonar todo esto. Entendemos que el apóstol les advierta con seriedad. Les pregunta: ¿De verdad queréis volver a esas cosas externas, débiles y miserables, y dejaros esclavizar por ellas, después de haber sido colocados en una posición tan elevada?
¿Habrían sido en vano todos los esfuerzos que Pablo había hecho por estas personas para llevarlas del paganismo a Cristo, el Salvador del mundo? ¿Iban a abandonar la gracia y someterse a la esclavitud?
7.4 - La debilidad de Pablo y el gozo de los gálatas
Versículos 12-15. Estos versículos nos presentan un llamamiento del apóstol que llega directamente al corazón. Pide a los gálatas que lleguen a ser o se conviertan en lo que él era, es decir, libres de la Ley.
Pablo no tomó su actitud, que contradecía la gracia que él anunciaba, como una ofensa personal. Pero les recuerda el tiempo en que les había anunciado el Evangelio y había trabajado entre ellos. En aquel momento, aún tenían buenas relaciones con él.
Había acudido a ellos en debilidad corporal. El versículo 14 sugiere alguna dolencia que podría haber sido motivo de desprecio hacia él. Pero no, lo habían acogido como a un ángel de Dios, como al mismo Cristo Jesús. Habrían hecho entonces cualquier cosa por él.
7.5 - La gran preocupación de Pablo
Versículos 16-20. ¿Y ahora qué? Bajo la influencia de esos falsos doctores, que también hablaban en contra de Pablo porque él anunciaba algo distinto a ellos –es decir, la verdad–, la actitud de los gálatas había cambiado por completo. A partir de entonces, lo consideraban su enemigo.
Pero los esfuerzos de esos falsos doctores no eran buenos. Querían separar a los gálatas del apóstol para que se convirtieran en sus discípulos.
El versículo 19 no significa que los gálatas debieran convertirse de nuevo. Pablo quiere decir con estas palabras que, ahora que los gálatas habían perdido de vista a Cristo, sentía por ellos tanto dolor como cuando se trataba de su conversión. Cuánto deseaba que Cristo estuviera de nuevo ante sus ojos.
7.6 - El recuerdo de Ismael («la Ley») y de Isaac («la gracia»)
Versículos 21-31. Pablo demuestra ahora lo absurdo que es querer aferrarse a la Ley. Aporta una justificación bíblica tomando el ejemplo de los 2 hijos de Abraham. Los gálatas, seducidos por los doctores judíos, querían ser hijos de Abraham. Pero ¿a quién querían parecerse?: A Ismael, el hijo de la sierva, o a Isaac, el hijo de la mujer libre.
¿Cuál es, pues, el significado típico de los acontecimientos del Génesis? Agar, la sierva, corresponde al pacto del Sinaí. La Ley dada entonces se refiere al hombre natural. El pacto con Abraham (Gén. 15:18) es más antiguo y se basa en las promesas de Dios. Está representado por Sara, la esposa legítima.
Cuando Pablo habla de la «actual Jerusalén» y de sus hijos, se refiere a los judíos de la época sometidos a la esclavitud de la Ley. La «Jerusalén celestial» es la madre y la patria de todos los creyentes de todas las épocas. Se caracteriza por la libertad y la gracia, es decir, por todo lo que poseen todos los creyentes (Hebr. 11:10; 12:22; 13:14).
En el versículo 28, el apóstol establece el vínculo con los gálatas. Se parecían a Isaac. Pero al igual que en la familia de Abraham, Ismael había perseguido a Isaac, estos doctores judíos combatían ahora a quienes se aferraban a la gracia incondicional de Dios basada en la fe. La firme actitud del apóstol concuerda perfectamente con el versículo 30: «Echa fuera a la sirvienta y a su hijo». Quien habla en contra de la fe y de la gracia debe ser rechazado.
8 - Gálatas 5
8.1 - ¿Libertad, o perder la gracia?
Versículos 1-6. La libertad para la que Cristo nos ha liberado se opone al yugo de la Ley que esclaviza al hombre. Los creyentes son liberados de la Ley de 3 maneras:
- Como base de la justificación ante Dios.
- Como base de nuestra relación con Él.
- Como norma de nuestra vida.
Los versículos 2 al 12 son un paréntesis. Solo a partir del versículo 13 el apóstol desarrolla el tema de la «libertad».
La circuncisión era, por así decirlo, el símbolo del judaísmo. Quien consideraba necesario este signo externo se situaba en el terreno de la Ley y era responsable de observar todos sus mandamientos (v. 3).
En el versículo 4, Pablo utiliza términos muy contundentes para referirse a quienes abandonan el único fundamento sobre el que Dios puede justificar al hombre: la fe y la gracia. Si un cristiano añade a la obra del Señor Jesús la observancia de la Ley (u otros mandamientos), cae de la gracia. ¡Cuán grave es esto!
Quien está justificado por la fe tiene también una esperanza maravillosa. Su meta es la gloria (Rom. 5:1; 8:30). Pero hasta que lleguemos allí, nuestra vida cristiana práctica debe estar marcada por una confianza diaria en Dios (la fe que obra por el amor). El disfrute del amor de Dios será la motivación de nuestra vida de fe. Las diferencias externas, por ejemplo, si nuestro origen es judío o de las naciones, no tienen ninguna importancia. Cada creyente puede saber que es amado por Dios.
8.2 - Un buen comienzo – malas influencias
Versículos 7-15. Los gálatas habían tenido un buen comienzo en su vida de fe. Pero ahora se han detenido en el camino. Al escuchar a falsos maestros, han desobedecido a la verdad. –Hay una convicción que viene de Dios (2 Cor. 5:11). Pero la convicción de estos partidarios de la Ley tenía otra fuente.
El versículo 9 recuerda 1 Corintios 5:6, donde se utiliza la misma imagen de la levadura para describir el mal moral. Para Dios, el intento de someter a los creyentes a un espíritu legalista es tan grave como una falta moral grave. Las enseñanzas que menoscaban el pleno valor de la obra del Señor Jesús son muy graves a los ojos de Dios.
El escándalo de la cruz es que el hombre no puede hacer nada, absolutamente nada, para asegurar su salvación. No le queda ningún honor. Para las personas orgullosas que se toman en serio a sí mismas, es extremadamente difícil aceptar esto.
El versículo 13 es la continuación del versículo 1 de nuestro capítulo. Ahora se trata de vivir concretamente nuestra posición de libertad cristiana. Somos libres para servir a los demás sin coacción y para amar a nuestro prójimo.
Pero la libertad cristiana no significa que podamos dejarnos llevar y ceder a nuestros instintos carnales. Tal comportamiento sería intemperancia, y no libertad. Esta tampoco debe confundirse con la despreocupación, la frivolidad, el egoísmo o la falta de amor.
La libertad del cristiano consiste en poder y querer hacer lo que glorifica al Señor.
8.3 - Caminar según el Espíritu
Versículos 16-18. Cada creyente sigue teniendo en sí la vieja naturaleza, y de ella proviene la codicia de la carne. No podemos vencer la fuerza del pecado que habita en nosotros mediante los esfuerzos de nuestra propia voluntad, sino solo por la fuerza del Espíritu de Dios. De ahí la exhortación: «¡Andad en el Espíritu!»
Mientras que el redimido vive en su cuerpo, que aún no ha sido liberado, persiste el conflicto interior descrito en el versículo 17 (Rom. 7:25). Solo podremos deshacernos de la carne (de la vieja naturaleza) cuando hayamos dejado la tierra.
¿Cómo debemos responder adecuadamente a este conflicto interior? Favoreciendo la vida nueva y eterna y viviendo en el poder del Espíritu Santo.
8.4 - Obras de la carne y fruto del Espíritu
Versículos 19-26. Las obras de la carne son las manifestaciones visibles de la vieja naturaleza. A veces también se producen en nosotros, los creyentes, cuando somos descuidados. Sin embargo, un creyente se esforzará por no vivir nunca en esas obras. En él, puede hacer visible y perceptible lo que el Espíritu hace en él y que crece en un fruto. En las 9 partes de este fruto, el Señor Jesús, como hombre en la tierra, es para nosotros el modelo perfecto. Si pensamos, por ejemplo, en su benevolencia, en su bondad y en su mansedumbre, ¡cuánto podemos aún progresar!
El versículo 24 muestra claramente que la crucifixión de la carne es algo fundamental. Cada uno de nosotros debe comprender que su vieja naturaleza no sirve para nada. Ya no debemos esperar nada de ella, como ya no se espera nada de un crucificado.
9 - Gálatas 6
9.1 - Enderezamiento tras una falta
Versículos 1-5. Si un hijo de Dios no está atento y, por lo tanto, cae en el pecado, debe confesar su falta al Padre y puede recibir su perdón (1 Juan 1:9). Si, por una u otra razón, lo ocurrido no se resuelve de esta manera, los cristianos espirituales, es decir, aquellos que caminan prácticamente por el Espíritu, deben ayudar a la persona que ha fallado con un espíritu de mansedumbre.
No nos es posible llevar la carga que el Señor impone a otro, por ejemplo, su enfermedad, sus problemas de la vejez, sus dificultades familiares o las dificultades de su trabajo. En cambio, podemos llevar la debilidad, la falta de experiencia y la ignorancia de otro creyente. Quizás él también tenga preocupaciones o necesidades a las que podamos dar respuesta. Cumplir la ley de Cristo es estar presente para los demás y darles testimonio de amor, tal y como lo manifestó nuestro Señor y Salvador.
Qué fácil es tener una buena opinión de uno mismo. Pero en cuanto pensamos que no somos del todo incapaces, nos equivocamos. Entonces olvidamos que todo es gracia (1 Cor. 15:10). Por eso es importante examinarnos a la luz de Dios. Entonces reconoceremos lo que, en nuestra vida, ha podido, por la gracia de Dios, destacar para su gloria (= tener gloria en sí mismo). Pero a la luz de Dios, también nos daremos cuenta de que nosotros mismos tenemos imperfecciones y debilidades y que tenemos nuestra responsabilidad personal ante Dios.
9.2 - Hacer el bien
Versículos 6-10. El versículo 6 habla del apoyo material a aquellos de quienes recibimos la instrucción y la enseñanza de la Palabra de Dios. Encontramos esta idea en varias ocasiones en el Nuevo Testamento (Lucas 10:7; 1 Cor. 9:14; 1 Tim. 5:17-18).
En Hebreos 13:16, donde se mencionan nuestros sacrificios materiales, tenemos tanto «hacer el bien», es decir, el apoyo a los creyentes necesitados, como «la ayuda mutua», es decir, el apoyo prestado a los siervos del Señor.
A partir del versículo 7, se trata del ámbito de nuestra responsabilidad. Es importante distinguir claramente este aspecto del de la gracia de Dios. En lo que respecta a nuestra salvación eterna, se trata completamente de la gracia de Dios. Solo y exclusivamente a su gracia debemos nuestra posición ante Dios. Sin embargo, somos plenamente responsables de nuestra vida en la tierra. No cosecharemos nada más que lo que hayamos sembrado. Si sembramos para nuestra vieja naturaleza, solo habrá pérdida en nuestra vida de creyentes, aunque Dios a menudo conceda su gracia y la cosecha no sea tan difícil como debería ser en teoría (¡un múltiplo de la semilla sembrada!).
Sembrar para el Espíritu implica también hacer el bien. No nos cansemos de hacerlo, aunque experimentemos decepciones y no veamos resultados inmediatos. La cosecha, recompensa del Señor, no faltará. Se encontrará a más tardar en el tribunal de Cristo. La «oportunidad» es nuestra vida actual en la tierra (v. 10). Quiera Dios que actuemos y vivamos por el bien de nuestros hermanos y hermanas en la fe.
9.3 - Retrospectiva
Versículos 11-16. Esta Epístola debía mostrar a los gálatas cuánto le importaba al apóstol su bienestar espiritual. Cuánto deseaba verlos volver a Cristo y a la verdad de Dios.
Una vez más, menciona a los doctores judíos que habían seducido a los gálatas. Estos querían persuadirles de que se circuncidaran y adoptaran así el signo externo del judaísmo. Había 2 razones para ello. Por un lado, la persecución de los judíos habría cesado entonces. La cruz del Señor Jesús significaba el fin del judaísmo. Dios mismo lo había demostrado cuando el velo del templo se rasgó de arriba abajo. Tras el cumplimiento de todas las profecías relativas a Cristo, el judaísmo ya no tenía razón de ser. Pero los judíos no querían aceptar esto y, por lo tanto, persiguieron a los cristianos. –La circuncisión de los gálatas habría sido, por otra parte, un éxito para esos seductores. Para ellos, no se trataba de observar toda la Ley, sino de tener un gran número de seguidores.
9.4 - Conclusión
Versículos 17-18. Pablo había soportado muchos sufrimientos en su lucha por el Evangelio puro. Las consecuencias de estos eran visibles en su cuerpo y daban testimonio de su fidelidad a la verdad. En conclusión, desea a los gálatas la gracia del Señor Jesús, que podía levantarlos.