Índice general
Primera Epístola a los Tesalonicenses
1 Tes. 1:9-10
Autor: Marcel GRAF 7
Serie: Leer y comprender la Biblia
«Os volvisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y para esperar de los cielos a su Hijo, al que ha resucitado de entre los muertos, a Jesús quien nos libra de la ira venidera» (1 Tes. 1:9-10).
1 - Acerca de la Primera Epístola a los Tesalonicenses
1.1 - Tema
Pablo escribió las 2 Epístolas a los Tesalonicenses con un intervalo de unos meses. Como pastor, los animó a permanecer firmes en la fe a pesar de las dificultades. Como maestro, les explicó la verdad sobre la venida del Señor.
En la Primera Epístola, fue su ignorancia respecto a los creyentes que ya habían fallecido lo que dio lugar a su enseñanza. En el capítulo 4:13-18, les explicó detalladamente la venida del Señor Jesús para el arrebato de los suyos. Les dejó claro que los que se han dormido no están en desventaja. Cuando el Señor vuelva, los resucitará primero a ellos, y luego los llevará al cielo junto con los redimidos vivos y transformados. Este pasaje de la Primera Epístola a los Tesalonicenses constituye un complemento importante de las palabras del Señor Jesús en Juan 14:3 sobre su venida a por los suyos.
1.2 - Subdivisión
Capítulo 1:1-10: Agradecimiento y gozo por la fe de los destinatarios de la Epístola
Capítulos 2:1 al 3:13: El amor en el ministerio del apóstol hacia los tesalonicenses
Capítulo 4:1-12: Exhortaciones
Capítulos 4:13 al 5:11: La esperanza del regreso del Señor Jesús
Capítulo 5:12-28: Instrucciones finales y conclusión
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2.1 - La fe, el amor y la esperanza
Versículos 1-4. Esta Epístola es la primera que el apóstol Pablo dirigió a una asamblea. Debido a la persecución por parte de los judíos, solo pudo permanecer poco tiempo en Tesalónica (Hec. 17:1-10). Así fue como escribió esta Epístola a la joven asamblea de esa ciudad, el mismo año de su visita.
Tanto la Primera como la Segunda Epístola se dirigen a «la iglesia de los tesalonicenses». Solo aquí se encuentra una dirección de este tipo. ¿No es esto un estímulo? Pablo los conocía a todos. Los había cuidado con esmero. Ahora los animaba recordándoles que no solo eran redimidos individualmente, sino miembros de la Asamblea. El apóstol daba gracias a Dios por estos creyentes y oraba por ellos. ¿Hacemos nosotros lo mismo, o solo oramos por nuestros hermanos y hermanas olvidándonos de dar gracias por lo que son para nosotros y por lo que recibimos de ellos?
Los tesalonicenses se distinguían por sus obras, sus esfuerzos y su perseverancia, al igual que los efesios (Apoc. 2:2). Mientras que en Éfeso el ardiente amor inicial por el Señor se había enfriado, entre los tesalonicenses una fe activa sustentaba sus obras. El motivo de su trabajo y de sus esfuerzos era el amor, y su perseverancia se alimentaba de la esperanza del pronto regreso del Señor. La vida cristiana de los tesalonicenses se caracterizaba por un entusiasmo espiritual que era una prueba manifiesta de su elección.
2.2 - Imitadores, modelos, testigos
Versículos 5-10. El mensaje del Evangelio no se reduce a simples palabras. Esto se hace visible cuando se recibe con fe, como en Tesalónica. El Evangelio se revela entonces como una fuerza capaz de transformar vidas. El Espíritu Santo se hace sentir entonces como la fuente viva de esa fuerza. «En poder (o en plena certidumbre)»: tal es el corolario de un mensaje de salvación como este. Las dudas sobre la salvación y la incertidumbre sobre la posibilidad de perderla de nuevo deben desvanecerse cuando el Evangelio se predica con poder y por el Espíritu Santo. Pablo y sus colaboradores no se contentaban con hablar. Respaldaban sus palabras con su vida piadosa. En esto, los nuevos convertidos de Tesalónica habían imitado a los siervos del Señor.
Por su conducta y su camino fiel en el seguimiento del Señor a pesar de las persecuciones y las tribulaciones, se habían convertido en modelos para los demás, aunque aún fueran jóvenes en la fe (comp. con 1 Tim. 4:12).
El testimonio sobre los tesalonicenses mostraba claramente que se habían producido grandes cambios en ellos. Ellos, que antes adoraban ídolos, se habían vuelto hacia Dios. Su conversión había sido seguida de una vida de servicio. Ya no eran hombres que vivían en el mundo sin Dios y sin esperanza. No, ahora esperaban cada día al Señor Jesús, quien prometió volver para llevar a todos los suyos consigo a la gloria antes de que cayeran los juicios sobre este mundo.
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3.1 - Como una madre
Versículos 1-7. ¿Por qué la palabra predicada por Pablo y Silas tuvo un efecto tan profundo en los tesalonicenses, que antes eran paganos? Porque los oyentes no la recibieron como palabra de hombres, sino como Palabra de Dios (v. 13) y, además, los siervos del Señor ponían en práctica la Palabra anunciada. Lo que predicaban era una realidad viva en sus vidas. ¿Y nosotros? ¡Qué maravilloso sería si, gracias a la vida desinteresada y consagrada al Señor de un cristiano, más personas se sintieran impulsadas a escuchar la Palabra de Dios y a aceptarla!
Los 3 aspectos negativos –la seducción, la impureza, la astucia– estaban relacionados con la religión pagana que conocían los tesalonicenses. La seducción, la trivialización, e incluso la aprobación de ciertos pecados, así como la astucia, suelen ir de la mano hoy en día con la propagación de falsas doctrinas. La predicación del apóstol estaba exenta de ellas.
Los siervos del Señor que habían trabajado en Tesalónica eran conscientes de su responsabilidad para con el Evangelio. Por eso no querían agradar a los hombres, sino a Dios. El discurso adulador recuerda a Absalón, quien, por ese medio, «robaba los corazones de los hombres de Israel» (vean 2 Sam. 15:6) antes de urdir una conspiración. El Evangelio, por su parte, revela sin piedad la culpa del hombre, para luego presentarle la maravillosa gracia de Dios. El apóstol Pablo también estaba libre (liberado) de codicia y de sed de gloria en su ministerio.
3.2 - Como un padre
Versículos 8-12. El apóstol y sus colaboradores no solo anunciaron la buena nueva a los tesalonicenses, sino que les manifestaron todo el amor de su corazón. Con compasión y solicitud, rodeaban de atención a estas personas que acababan de convertirse. Ahora que estaban ausentes, sentían un ardiente deseo de volver a verlos. ¡Cuán importante es cuidar así de los que aún son jóvenes en la fe, para que su nueva vida pueda desarrollarse píamente!
Estos siervos del Señor, a quienes les importaba transmitir a los tesalonicenses el mensaje de la salvación, ¡cuántos esfuerzos y dificultades soportaron para no depender de su apoyo! Los jóvenes creyentes fueron testigos de la conducta irreprochable de estos siervos en todos los aspectos:
- hacia Dios: santos;
- hacia los hombres: justos;
- hacia sí mismos: irreprochables.
Pablo era tierno con los tesalonicenses, como una madre que alimenta a sus propios hijos. Pero también se comportaba como un padre que exhorta y consuela a sus propios hijos. Como tal, los exhortaba a vivir de una manera digna de Dios, quien no solo les había dado la fe salvadora, sino que también los había llamado a un futuro glorioso. También encontramos la exhortación a tener una conducta digna en Efesios 4:1, Filipenses 1:27 y Colosenses 1:10. ¡Qué importancia tiene la conducta práctica de los cristianos! La influencia que emana de nuestra vida (práctica) es a menudo mayor que la de nuestras palabras.
3.3 - La resistencia
Versículos 13-20. Pablo y sus colaboradores no pudieron permanecer mucho tiempo en Tesalónica. Pero como estas personas habían nacido de nuevo, no recibieron la palabra predicada como palabra de hombres, sino como Palabra de Dios. Así, pudo seguir actuando en sus corazones, incluso después de que el apóstol los hubiera dejado.
Es cierto que el hecho de estar perseguidos por sus conciudadanos paganos constituyó para los tesalonicenses una dura prueba para su joven fe. El apóstol los animó mostrándoles que los primeros cristianos –los judíos que habían creído en el Señor Jesús– habían sufrido el mismo destino (o la misma suerte) a manos de sus compatriotas. Las experiencias de los tesalonicenses no eran, por tanto, una excepción. Cuántos cristianos, que quizá sean los únicos creyentes de su familia, viven hoy lo mismo por parte de sus seres más cercanos. Si esa es su situación, que la determinación y la firmeza de los tesalonicenses les puedan animar.
Los versículos 17-18 nos permiten asomarnos al corazón de un verdadero pastor. ¡Cómo se preocupaba Pablo por el rebaño huérfano de Tesalónica! ¡Cómo anhelaba ir a verlos! Satanás pudo impedir esa visita en varias ocasiones, pero Dios estaba por encima de todo. En su sabiduría, hizo que, por las circunstancias, se escribiera esta carta. Los tesalonicenses formaban parte del fruto de los esfuerzos del apóstol y de sus colaboradores al servicio del Señor. En el día de las recompensas, cuando el Señor venga en gloria, esto se hará visible.
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4.1 - El envío de Timoteo
Versículos 1-5. Durante sus viajes misioneros, el apóstol Pablo y sus compañeros fueron expulsados muy a menudo por la persecución. Lo mismo ocurrió en su segundo viaje: expulsado de Filipos, llegó a Tesalónica. Perseguido también allí, llegó a Berea. Pero también de allí tuvo que huir, y así fue como finalmente llegó a Atenas (Hec. 16–17).
Pablo temía mucho que sus amados tesalonicenses se apartaran del camino de la fe bajo la presión de las tribulaciones. Por esta razón envió a Timoteo a ellos para afirmarlos y consolarlos. Afirmar significa instruirlos mediante el ministerio de la Palabra, para que adquieran una base sólida en la fe. Solo sobre el fundamento inquebrantable de la Palabra de Dios puede el creyente permanecer firme en el momento de la tentación. Tras el fortalecimiento vienen el consuelo y el ánimo. Así, el ministerio de doctor y el de pastor van de la mano.
4.2 - El reconocimiento y el gozo gracias a una buena noticia
Versículos 6-13. La noticia que Timoteo le transmitió al apóstol le reconfortó, a él y a sus colaboradores, de saber cómo encontraban. Era una buena noticia sobre su fe y su amor. Cuánto debió de consolar el corazón del fiel apóstol al saber que también los tesalonicenses deseaban verlo. Pero el apóstol era consciente de que el enemigo continuaría sus ataques. Por eso animó a los destinatarios de la Epístola diciendo: «Porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor» (v. 7). Los cristianos que no permanecían firmes entristecían al apóstol (comp. con Gál. 4:9-11, 19-20; 2 Tim. 1:15).
La buena noticia procedente de los tesalonicenses despertó en Pablo y sus colaboradores una profunda gratitud hacia Dios. No olvidemos, nosotros también, dar gracias cuando Dios nos envía una feliz noticia.
La gratitud y el gozo en el corazón del apóstol le llevaron a orar con aún más fervor para que el Señor le abriera el camino hacia Tesalónica. Deseaba que sus amados hermanos recibieran una bendición plena. Por eso se empeñaba en enseñarles lo que aún les faltaba en su fe.
El amor por los demás creyentes y por todos los hombres es un rasgo importante del cristianismo. ¿Es visible en su vida y en la mía? ¿Lo ponemos en práctica? El amor por los demás debe, ante todo, estar profundamente arraigado en nuestro corazón, sí, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Para saber cómo debe expresarse el amor en cada caso concreto, necesitamos la sabiduría de lo alto. Porque nunca debemos, con un comportamiento “amable”, minimizar el pecado. Eso no sería amor en el sentido bíblico.
El objetivo del Evangelio no es conseguir condiciones externas más agradables en la tierra. El Evangelio de Dios, por el cual los hombres son salvados del mundo y hechos dignos del cielo, quiere llevar a los redimidos a una santidad práctica, es decir, a una clara separación de toda forma de mal. La perspectiva de la venida de nuestro Señor y, por lo tanto, de nuestra revelación ante él, debe animarnos cada día a llevar una vida de santidad.
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5.1 - La exhortación a una conducta santa
Versículos 1-8. Al final del capítulo 3, el apóstol había animado a los tesalonicenses a rebosar en amor. Aquí añade la petición de crecer en la obediencia. El amor y la obediencia van necesariamente de la mano. Sería extraño que alguien hablara de amor a Dios y a los hombres sin preocuparse lo más mínimo por las instrucciones divinas.
Para poder obedecer, hay que conocer la voluntad de Dios, que es: la santidad práctica. Sobre la base del sacrificio del Señor Jesús, los hijos de Dios son santos por su posición, es decir, personas que Dios se ha reservado. Ahora bien, nuestra vida práctica también debe corresponder a esta santidad. Esto incluye la abstinencia de toda relación sexual antes o fuera del matrimonio. Estamos llamados a guardar la pureza de nuestro cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo. Para ello, es necesario evitar todo lo que, de una u otra manera, pueda avivar la pasión de la lujuria. «Que os abstengáis de la fornicación!» (v. 3).
Es especialmente triste que se peque en este ámbito dentro de la familia de Dios –por ejemplo, cuando un hermano engaña a otro hermano con la mujer de este. En Corinto ocurrió esto, por lo que Dios tuvo que intervenir con su juicio. Encontramos un pasaje paralelo al versículo 6 en Hebreos 13:4, donde Dios subraya que juzgará tales pecados. Quienquiera que tome a la ligera el pecado en este sentido menosprecia a Dios, quien nos ha dado, por medio del Espíritu Santo, la fuerza para reconocer y rechazar la impureza.
5.2 - Un amor fraternal creciente
Versículos 9-12. Dios mismo, que nos ha dado su naturaleza divina, nos enseña a amar a los demás. Por medio del Espíritu Santo, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Solo tenemos que transmitirlo. Eso es lo que hacían los tesalonicenses, por lo que no era necesario escribirles sobre el amor fraternal. El apóstol los exhortó, sin embargo, a «abundar más» (v. 10). Sabía con qué rapidez el amor por los demás puede debilitarse y desaparecer. ¡Cuánto necesitamos también nosotros esta exhortación!
El apóstol tuvo que exhortar y animar a los tesalonicenses, recién convertidos, en otro aspecto. Parece que corrían el riesgo de descuidar su trabajo diario, llevados por el gozo de su salvación y por la alegría de la espera de la venida del Señor. Ahora bien, para un cristiano y su testimonio en este mundo, es importante e indispensable que ejerza su función con serenidad, pero con diligencia y dedicación. Esto le preserva de un cristianismo desequilibrado y sentimental. Cuando un creyente ejerce un trabajo regular y cumple fielmente con su deber, esto tiene un doble efecto. Por un lado, los incrédulos ven que se gana la vida de manera legítima: se comporta con honorabilidad hacia los de fuera. Por otro lado, no depende de nadie. Quizás incluso esté en condiciones de ayudar a los necesitados (Efe. 4:28).
5.3 - La enseñanza sobre el arrebato
Versículos 13-18. Aunque los tesalonicenses creían en el Señor Jesús desde hacía poco, entretanto algunos de ellos ya habían muerto –quizás como mártires. Esto inquietaba a los que quedaban, pues pensaban que los que ya habían fallecido se verían en desventaja cuando el Señor Jesús viniera para tomar a los suyos. No, respondió el apóstol, refiriéndose a la muerte y a la resurrección del Señor Jesús. Este es el fundamento sobre el que se basa el consuelo contenido en los versículos siguientes.
En este paréntesis (v. 15-18), Pablo explica cómo el Señor Jesús, cuando venga, se llevará también a los creyentes que se han dormido con los que estarán vivos. Tenemos aquí ante nosotros la verdad del arrebato. La venida del Señor tiene, por tanto, 2 aspectos: en primer lugar, vendrá a por los suyos, tal y como lo describen estos versículos. A continuación, los juicios que Dios ha anunciado en varios pasajes, en particular en el Apocalipsis, caerán sobre los incrédulos. Al final de este período de juicio de 7 años (la última semana de Dan. 9:25-26), el Señor Jesús aparecerá como Rey de reyes junto a los suyos.
En el arrebato, el Señor Jesús descenderá del cielo personalmente y resucitará a todos los que hayan muerto creyendo en él. A continuación, todos los creyentes que estén vivos en ese momento serán transformados y, junto con los santos resucitados, serán «arrebatados con ellos en las nubes para el encuentro del Señor en el aire» (v. 17). Este pensamiento es un consuelo duradero para todos los redimidos.
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6.1 - El Día del Señor
Versículos 1-11. En los 3 primeros versículos del capítulo 5 ya no se habla del arrebato de los creyentes, sino de la aparición del Señor en gloria. El apóstol habla aquí del «Día del Señor» (v. 2), del que se habla a menudo en el Antiguo Testamento. El Día del Señor abarca todo lo que está directamente relacionado con la venida del Señor en gloria, es decir, los juicios y las bendiciones de su reino.
El mundo se verá completamente sorprendido por Día del Señor. Cuando los hombres sin Dios crean haber alcanzado la paz mundial y la seguridad para todos, entonces una destrucción repentina caerá sobre ellos, inesperada e indeseada como un ladrón. La comparación con los dolores de parto muestra, por un lado, que es imposible escapar de los juicios divinos y, por otro, que de ello resultará un fruto para Dios: el remanente fiel de los judíos y todos aquellos que crean en el Evangelio del Reino que ellos proclaman.
Como cristianos creyentes, nos encontramos en un mundo en el que es de noche y que avanza a pasos agigantados hacia los juicios del Día del Señor. ¿Cómo nos comportamos entonces? ¿Se puede ver, en nuestra vida práctica, que somos hijos de la luz y siervos vigilantes que esperan el regreso de su Señor? También estamos llamados a la sobriedad espiritual para no ser cegados y seducidos por el mundo y sus ideas.
6.2 - Las exhortaciones finales y la conclusión
Versículos 12-28. Los versículos 12 al 22 contienen toda una serie de exhortaciones precisas que nos conciernen a todos. Parece que en Tesalónica no había ancianos nombrados oficialmente. Pero había hermanos capaces de guiar a los demás en el Señor. Los hermanos encargados de tales servicios a menudo no tienen una vida fácil. Están expuestos a las críticas de los demás. Por eso debemos estimar a estos hombres muy en alto en amor.
El versículo 14 menciona 3 categorías de creyentes que no deben ser tratados de la misma manera:
- Los desordenados, es decir, aquellos que se dejan todo de la mano, deben ser reprendidos.
- Los que tienen poca fe, que pierden el ánimo ante la más mínima dificultad de la vida y quieren rendirse, necesitan consuelo.
- Los débiles necesitan apoyo. Hay que cuidar de ellos para que no caigan. Las personas frágiles se sienten fácilmente abrumadas cuando se les pide más de lo que pueden dar.
Estamos llamados a examinar todo lo que se nos presenta a la luz de la Palabra de Dios, para luego retener y seguir lo que es bueno, pero rechazar resueltamente el mal y apartarnos de él. Esto también forma parte de la santificación práctica, de la que se habla en varias ocasiones en esta Epístola (1 Tes. 2:10; 3:12-13; 4:1-8). Sin embargo, por nosotros mismos, somos incapaces de alcanzar esa santidad en nuestra vida. Debemos apoyarnos por completo en nuestro Dios, que puede apartarnos por completo para él.