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Inédito Nuevo

La Segunda Epístola a los Corintios


person Autor: Marcel GRAF 10

library_books Serie: Leer y comprender la Biblia


«Pero todos nosotros a cara descubierta, mirando como en un espejo la gloria del Señor, vamos siendo transformados en la misma imagen, de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor» (2 Cor. 3:18).

1 - Acerca de la Segunda Epístola a los Corintios

1.1 - Tema

El tema principal de la Segunda Epístola a los Corintios es el ministerio y la autoridad del apóstol Pablo ante los corintios.

A diferencia de la Primera Epístola a los Corintios, esta no contiene prácticamente ninguna enseñanza doctrinal. Sin embargo, en ella se encuentran numerosos pasajes en los que se expresan los sentimientos de Pablo. El apóstol evoca en ella las motivaciones de su ministerio al servicio del Señor. Pero también expresa su profundo deseo de restablecer plenamente la comunión de corazón con los corintios. La palabra «servicio» y las expresiones «consolación» y «consolar» aparecen con mucha más frecuencia en esta Epístola que en las demás Epístolas del apóstol.

Si el apóstol tuvo que escribir así sobre su ministerio, fue a causa de la actitud de ciertas personas que cuestionaban su apostolado y se presentaban como “super apóstoles”. Exigían que Pablo demostrara por escrito que era efectivamente un apóstol y un siervo de Cristo. Se arrogaban una autoridad apostólica, destacaban sus orígenes judíos y difundían falsas doctrinas.

Pablo no se dejó arrastrar a una disputa con ellos, sino que trató de llegar al corazón de los corintios, que habían sufrido esa mala influencia, compartiendo con ellos ciertos aspectos de su vida y de su ministerio al servicio de su amado Señor.

1.2 - Subdivisión

  • Capítulos 1 al 7: Pablo explica su ministerio al servicio del Señor
  • Capítulos 8 y 9: La colecta de donativos materiales para los creyentes de Judea
  • Capítulos 10 al 13: Pablo defiende su apostolado

2 - 2 Corintios 1

2.1 - Saludos

Versículos 1-2. La Segunda Epístola a los Corintios puede considerarse la continuación de la Primera. Pablo se preguntaba cómo habría sido recibida su Primera Epístola. Las noticias que finalmente recibió de Tito le tranquilizaron. Pero aún quedaban algunos puntos por abordar con los corintios. Por eso les escribió una Segunda Epístola, que trata principalmente del servicio de los cristianos, ya sea en público o en privado.

2.2 - Alabanza y consuelo

Versículos 3 al 7. Tras la dirección y el saludo introductorio, Pablo comienza diciendo: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo». Estas mismas palabras aparecen en otras 2 Epístolas del Nuevo Testamento (1 Pe. 1:3; Efe. 1:3).

He aquí la alabanza que brota de los labios de un siervo del Señor que tuvo que atravesar grandes pruebas, llegando incluso a estar a punto de morir. Poco antes de escribir esta Epístola desde Macedonia, tuvo que vivir los disturbios que se produjeron en Éfeso (Hec. 19:23 al 20:19).

Pero los sufrimientos y las pruebas que afectan a un creyente siempre provienen de la mano de Dios, quien persigue así un propósito (comp. con Rom. 5:3-5).

En la adversidad, Pablo y sus colaboradores pudieron descubrir a Dios como el Padre de las misericordias y el Dios de todo consuelo. Su consuelo era proporcional a la magnitud y la gravedad de los sufrimientos. Finalmente, las experiencias vividas por el apóstol en la adversidad le permitieron consolar a los demás transmitiendo el consuelo que había recibido de Dios. Además, estaba convencido de que los corintios también vivirían experiencias similares (v. 7).

2.3 - Las persecuciones en Éfeso y sus consecuencias

Versículos 8-14. Al referirse a las pruebas que el apóstol y sus colaboradores sufrieron en Asia Menor, se refiere a la oposición y a las persecuciones que padecieron en Éfeso (Hec. 19). En su servicio por el Señor y como testigo de la verdad, este fiel apóstol soportó y sufrió más que nadie. La angustia era entonces tan grande que había llegado incluso a desesperar de la vida. Pero Dios sostuvo a su siervo y le llevó a poner su confianza en el Dios de la resurrección, incluso ante la muerte (comp. con Hebr. 11:19). No quedó en ridículo, sino que pudo escribir tanto sobre la liberación pasada que Dios le había concedido como sobre la liberación presente y futura. Vivió las mismas experiencias que David en otro tiempo, quien podía decir: «Dios, nuestro Dios ha de salvarnos, y de Jehová el Señor es el librar de la muerte» (Sal. 68:20).

Se alegraba de que los corintios también hubieran intercedido por él ante Dios. Entonces les escribió para contarles la liberación que había recibido, para que ellos también pudieran dar gracias a Dios por ello.

¿Por qué menciona el apóstol su conducta y la forma en que había vivido entre los corintios? Lo que les escribía se correspondía con lo que les había mostrado con su ejemplo en aquel entonces. Durante su ausencia, habían llegado a Corinto falsos profetas y falsos apóstoles que, con declaraciones engañosas, habían minado la confianza de los corintios en el apóstol Pablo. Como consecuencia, ya solo se le reconocía parcialmente.

2.4 - El contenido de la predicación del apóstol en Corinto

Versículos 15-24. El apóstol ya tenía, hacía algún tiempo, la intención de viajar por segunda vez a Corinto. Pero luego consideró que aún era demasiado pronto. El capítulo 7, versículos 5 y 8, nos da una idea de los tormentos internos por los que pasó en esa ocasión. Finalmente, pospuso la visita prevista para no ofender a los corintios. En cualquier caso, el apóstol no había cambiado de opinión a la ligera, sino en beneficio de los corintios. Incluso el gran apóstol de las naciones era un hombre débil e imperfecto. Solo uno no ha tenido que cambiar nunca de opinión, rectificar una palabra o dar marcha atrás en una decisión: nuestro Señor Jesucristo. Pero es triste ver que los adversarios de Pablo interpretaron su comportamiento como una decisión carnal (v. 17).

Aunque Pablo modificó sus planes y aplazó su visita a Corinto, eso no cambió en nada lo que les había anunciado o comunicado. Les había predicado a Jesucristo, el Hijo de Dios. Él es la Palabra eterna hecha carne. En él descansan todas las promesas de Dios. Estas dan testimonio de él y encuentran su cumplimiento en él.

Los versículos 21-22 confirman que el presente y el futuro de los apóstoles, de los corintios y del Señor Jesucristo están indisolublemente unidos, y ello por el mismo Dios. El garante de esta unión es el Espíritu Santo, que habita en cada creyente. Se le presenta aquí a través de 3 imágenes: la unción, el sello y las arras.

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3.1 - Pablo hace referencia a su Primera Epístola

Versículos 1-4. La preocupante situación en Corinto había conmovido profundamente al apóstol. Fue por amor a esos creyentes por lo que les había escrito su Primera Epístola. Pero lo había hecho en medio de tormentos, angustia y lágrimas (v. 4). Se había propuesto entonces no acudir a ellos con tristeza, sino con el gozo que pudiera compartir con ellos. Sin embargo, esto solo podría suceder si los corintios se tomaban en serio el contenido de la Primera Epístola y su estado mejoraba.

3.2 - Llamado al perdón

Versículos 5-11. En el versículo 5, el apóstol habla de «alguno» y se refiere así a la persona de la que se trata en 1 Corintios 5: se trata del hombre que se acostó con la mujer de su padre, sin que la comunidad hubiera condenado ese mal. La Primera Epístola, por tanto, no había quedado sin efecto. Habían seguido las instrucciones del apóstol y habían excluido al culpable de la comunión de los creyentes. Esa era «la reprimenda [dada] por la mayoría». Afortunadamente, el hombre había mostrado un verdadero pesar ante esa disciplina y se había arrepentido sinceramente.

Por lo tanto, correspondía a los corintios mostrarle amor. Pero no lo hicieron. El apóstol tuvo que pedirles que perdonaran a ese hombre para que no se viera «consumido por una excesiva tristeza». El diablo no podía sino alegrarse de ello.

Tengamos presentes los 2 peligros que también nos amenazan: por un lado, la indiferencia ante el mal y, por otro, el endurecimiento del corazón ante la verdadera tristeza y el arrepentimiento.

3.3 - El triunfo de Dios

Versículos 12-17. Pablo había partido de Éfeso y había llegado a Troas, donde encontró una puerta abierta en el Señor para el Evangelio. Pero su corazón estaba muy inquieto, pues no había encontrado a Tito, de quien esperaba noticias desde Corinto. Por eso partió de Troas y se dirigió a Macedonia. ¡Cuánto le importaban los corintios! –Pero Pablo tampoco se olvidó de Troas. Más tarde, de regreso de Grecia, hizo escala en esta ciudad (Hec. 20:6).

Es aquí donde el apóstol interrumpe el relato de su viaje a Macedonia. No lo retoma hasta el versículo 5 del capítulo 7. A partir del versículo 14, habla en términos generales de su ministerio, que compara con el cortejo triunfal de los generales romanos de la época, en el que desfilaban tanto los soldados victoriosos como los prisioneros condenados a muerte.

Es el Señor Jesucristo quien siempre nos lleva en triunfo. El propio Pablo se compara con un portador de incienso, que en otros tiempos acompañaba estas procesiones triunfales. Difundía por doquier el aroma de su conocimiento, es decir, anunciaba en todas partes a Cristo y la Palabra de la cruz. Para quienes lo recibieron por la fe, el mensaje se convirtió en «un olor de vida para vida», pero para quienes lo rechazaron y que perecen, un «olor de muerte para muerte».

En el último versículo, el apóstol aborda un tema al que volverá a lo largo de toda la Epístola: su ministerio apostólico, que ha sido cuestionado por algunos. Aquí se limita a subrayar que ha transmitido sin adulterarla la Palabra que recibió de Dios, a diferencia de otros.

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4.1 - Una carta de Cristo

Versículos 1-3. Como algunos en Corinto cuestionaban tanto el ministerio apostólico como el servicio de Pablo, este se vio obligado a defenderse. Pero no necesitaba recomendarse ante ellos. Los propios corintios eran su «Epístola». Gracias a su ministerio se habían convertido, y así había surgido una iglesia en aquella ciudad por obra del Espíritu Santo. Juntos, formaban una Epístola de Cristo, leída por todos los hombres. El contenido de esa Epístola era Cristo. Pablo había escrito el nombre del Señor Jesús en las tablas de sus corazones. La única cuestión era saber si ese nombre seguía siendo legible o si se había vuelto en gran parte ilegible debido a la mala conducta de los corintios.

La instrucción relativa a las cartas de recomendación sigue siendo vigente. Tanto ayer como hoy, los creyentes que acuden a una asamblea local donde no se les conoce deberían llevar una carta de recomendación de su lugar procedencia. De este modo, cuando se presenta un forastero, los creyentes saben que se trata de un hermano y que está recomendado por su “asamblea de origen” para participar plenamente en la comunión (en la Mesa del Señor) con ellos.

4.2 - Siervos del Espíritu

Versículos 4-6. Con toda humildad y encomendándose por completo a Dios, el apóstol reconoce que no es capaz por sí mismo. Pone su confianza en Dios, quien le da la fuerza para cumplir el ministerio al que le ha llamado. La proclamación del Evangelio y de la verdad sobre la Iglesia contrasta con la Ley del Sinaí: hoy es un ministerio del Espíritu que da vida; antaño era un ministerio de la letra que mata.

4.3 - Un ministerio magnífico

Versículos 7-16. Estos versículos se encuentran entre paréntesis. En este párrafo, el apóstol pone de relieve la gran diferencia entre el antiguo pacto y el Evangelio. Califica al antiguo pacto, cuyo fundamento y contenido es la Ley del Sinaí, como ministerio de la muerte o ministerio de la condenación. Por el contrario, está la proclamación del Evangelio, a la que llama ministerio del Espíritu y ministerio de la justicia.

Aunque la Ley se introdujo con gran gloria, no aportaba ninguna ayuda al hombre y, finalmente, tuvo que ser abolida para dar paso a algo nuevo, el Evangelio de la gracia. Mediante la Ley, Dios exigía al hombre que hiciera el bien. Pero la Ley no podía darle la fuerza para vivir así. El Evangelio, en cambio, es un ministerio que no solo fue introducido con gloria, sino que perdurará en gloria. Lo que era imposible para la Ley, Dios lo cumplió entregando a su propio Hijo en sacrificio, para que muriera por el pecado y por los pecadores.

4.4 - La gloria del Señor

Versículos 17-18. Sobre la base de este sacrificio, Dios puede ahora perdonar y conceder su gracia a quienes acuden a él con sincero arrepentimiento y confesando su culpa. Por la fe en el Salvador, reciben una vida nueva y el Espíritu Santo, lo que les permite no solo contemplar la gloria del Señor, sino también parecerse cada vez más a él. ¡Contémplenlo a menudo para aprender de él e imitar cada vez más su actitud y su vida!

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5.1 - El Evangelio de la gloria

Versículos 1-6. Cuando Pablo habla de su ministerio, también se preocupa por que su vida personal esté en orden ante Dios. Se esforzaba sin cesar y en todo momento por hacer que su vida fuera un verdadero testimonio de la verdad que predicaba. Puesto que el ministerio de un hermano puede verse rápidamente comprometido y su palabra debilitada si su conducta no se ajusta en todos los aspectos a la Palabra de Dios, si hay incoherencias o incluso pecados.

A pesar del maravilloso mensaje que los apóstoles tuvieron el privilegio de transmitir, y a pesar de la fidelidad con la que cumplieron su ministerio, muchos no creyeron en el Evangelio. Lo mismo ocurre hoy en día. Satanás, el príncipe de este mundo, intenta por todos los medios cegar la mente de los hombres. Para ello, se sirve de la incredulidad. Por eso, el Evangelio de la gloria permanece oculto para muchos, hasta el punto de que perecen.

En cuanto a su ministerio, el apóstol va directo al grano en el versículo 5: no se predicaba a sí mismo, sino al Señor Jesucristo. Quería, como su maestro en su día, ser siervo de todos (Lucas 22:26-27).

El Dios creador, que dijo «Sea la luz» (Gén. 1:3) al crear el mundo, ahora ha hecho resplandecer la luz en nuestros corazones. ¡Pensemos tan solo en la conversión de Saulo a las puertas de Damasco! (Hec. 26:12-14). Posteriormente, este hombre se convirtió en el predicador más poderoso del Evangelio. «El amor de Cristo nos apremia» (5:2), dice más adelante en esta Epístola. Sí, su boca hablaba de la plenitud de su corazón.

5.2 - Un tesoro en vasos de barro

Versículos 7-15. ¿Quién era, pues, este gran siervo del Señor que tenía que proclamar un mensaje tan glorioso? Un vaso frágil. ¡Qué contraste con el tesoro que encerraba ese frágil vaso! Cuanto más insignificante es el predicador, más claro se ve que todo proviene de Dios: el mensaje y el poder que se encuentran en el Evangelio (Rom. 1:16).

En los versículos 8 y 9, el apóstol establece un contraste entre las pruebas que ha soportado en el ejercicio de su ministerio y la ayuda del Señor. Esa certeza y esa experiencia le han permitido mantenerse firme.

¿Cuándo se nos revela la vida de Jesús? Cuando ya no es nuestro propio yo lo que cuenta, sino únicamente la voluntad de Dios. Así fue para el Señor Jesús. Nunca buscó nada para sí mismo. Vivió únicamente para la gloria de Dios y para agradar a su Padre. ¿Cuál es el resultado de un camino de renuncia total a uno mismo? La resurrección y la gloria junto al Señor Jesús y con él.

5.3 - Una ligera tribulación momentánea: una gloria eterna

Versículos 16-18. Los recursos del Señor y la perspectiva de la meta ayudan al apóstol y a nosotros mismos a no desanimarnos en los momentos difíciles.

Pablo piensa aquí en una balanza de 2 platos. En uno, ve las pruebas y las dificultades actuales; en el otro, la gloria junto a Dios. El peso de la balanza se inclina claramente hacia la gloria. Por eso nuestra mirada no debe detenerse en lo visible, sino dirigirse hacia lo eterno.

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6.1 - La morada terrenal – el domicilio celestial

Versículos 1-5. En el capítulo 4, el apóstol hablaba de «nuestra carne mortal». No se refería a nuestra vieja naturaleza, sino a nuestro cuerpo mortal. Este pensamiento vuelve a aparecer también al principio de nuestro capítulo. «Nuestra casa terrenal, esta tienda de campaña», es el cuerpo en el que aún vivimos en la tierra. Todavía pertenece a la primera creación caída, razón por la cual a menudo suspiramos en él (comp. con Rom. 8:23).

El apóstol sabe que este estado no durará para siempre. Llegará el momento en que recibamos un cuerpo de gloria (un domicilio que es del cielo). El creyente abandona su cuerpo actual en el momento de su muerte. Pero el apóstol no espera la muerte, sino la venida del Señor para el arrebato de los suyos. Entonces, seremos «revestidos». Lo que es mortal será absorbido por la vida. La garantía de que esto sucederá es el Espíritu Santo que habita en nosotros.

6.2 - Presente – ausente

Versículos 6-9. El apóstol vuelve ahora a la realidad presente. Seguimos viviendo por la fe y tenemos un servicio que cumplir. No importa en absoluto si nuestra vida termina antes de la venida del Señor o no. Mientras el Señor nos deje en la tierra, procuremos agradarle. En el tribunal de Cristo, nuestra vida será expuesta a la luz de Dios. Entonces, el Señor recompensará lo que apruebe.

6.3 - El tribunal de Cristo y el temor del Señor

Versículos 10-13. Todos los hombres tendrán que comparecer algún día ante el Señor Jesús como juez. Los creyentes serán manifestados (puestos a la luz de Dios), pero no serán juzgados. Para los incrédulos, en cambio, ese encuentro será terrible. Este pensamiento debería impulsarnos a persuadir a quienes aún no están en paz con Dios para que se reconcilien con él. Pero no es solo el temor al juicio divino, sino también el amor de Cristo –su amor por los que están perdidos– lo que nos impulsa a llevar a cabo este servicio de reconciliación.

Los versículos 12 y 13 hablan de la relación entre los corintios y el apóstol. Él no quería defenderse. Mediante su ministerio y su conducta, se recomendaba a la conciencia de cada uno ante Dios.

6.4 - El amor de Cristo

Versículos 14-17. Aquí descubrimos el alcance y las consecuencias de la muerte en la cruz de nuestro Señor. Cristo murió por todos, pues todos estaban espiritualmente muertos (v. 14; Efe. 2:1). Pero su sacrificio solo beneficia a quienes creen en él. Para quien hace suya esta obra de redención, se abre una vida completamente nueva. Es una nueva creación y ya no vive para sí mismo, sino para su Salvador.

6.5 - El servicio de la reconciliación

Versículos 18-21. Cuando Cristo vivía en la tierra, Dios tendió su mano a los hombres para reconciliarlos con Él. Ahora, nosotros, que hemos encontrado la paz con Dios, debemos transmitir este mensaje y llamar a los hombres a reconciliarse con Dios. Esto es posible porque el único que estuvo sin pecado fue juzgado por nosotros.

7 - 2 Corintios 6

7.1 - Recibir la gracia de Dios en vano

Versículos 1-2. Ya en su Primera Epístola, el apóstol se había presentado como colaborador de Dios (1 Cor. 3:9). Aquí, exhorta a los corintios como colaborador en la gran obra de la difusión del Evangelio, y les advierte del riesgo de recibir la gracia de Dios en vano. Esta advertencia se dirige en primer lugar a aquellos que, en apariencia, se consideraban creyentes en Corinto, pero que en realidad no estaban convertidos. Pero también se dirige a los verdaderos creyentes en quienes la salvación recibida en Jesucristo no ha producido hasta ahora ningún efecto en su vida cotidiana.

7.2 - Las señales de un verdadero siervo de Dios

Versículos 3-10. ¡Cuánto se esforzaba Pablo por comportarse de tal manera que su ministerio no se viera afectado! (v. 3). ¡Cuántas circunstancias difíciles, e incluso situaciones penosas, había encontrado en su servicio por el Señor! Aquí enumera algunas de ellas. En todas las situaciones, se mostró como un siervo fiel del Señor. Pero no lo logró por sus propias fuerzas. No, experimentó los recursos de Dios de múltiples maneras, de tal modo que no solo perseveró en su ministerio, sino que también pudo llevarlo a cabo con pureza, conocimiento, paciencia, bondad y amor.

Los versículos 8 al 10 nos hacen pensar en el Señor Jesús. Si Pablo era eso para unos, era todo lo contrario para otros. Por ejemplo, algunos lo tildaban de seductor, mientras que otros lo consideraban un verdadero apóstol. ¿Y el Señor Jesús? Para quienes creían en él, era el Hijo del Dios vivo. Sus enemigos, en cambio, lo tildaban de malhechor, de blasfemo, de seductor e incluso de estar poseído por el diablo.

7.3 - El afecto del apóstol por los corintios

Versículos 11-13. El corazón del apóstol estaba ampliamente abierto a los corintios. Tras enterarse de que habían actuado conforme a Dios a raíz de su Primera Epístola, les concedía una gran confianza. ¿Cómo se comportaron ellos con él? A Pablo debió de entristecerle mucho ver que se mostraban tan reservados.

7.4 - Separación para Dios en el mundo

Versículos 14-16. Pablo exhorta a los corintios, y también a nosotros, a desprendernos del mundo, separándonos de él con determinación. Se refiere aquí a sus ideas, a sus instituciones, pero también a los incrédulos. Como creyentes, es cierto que seguimos viviendo en el mundo, pero ya no formamos parte de él (Juan 17:11, 15-16).

El yugo desigual con los no creyentes se refiere, por ejemplo, al matrimonio, a una asociación comercial, a la afiliación a un partido político o a la colaboración en el ámbito religioso. «¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?» ¡Ninguna! Así pues, cuando un creyente persigue los objetivos del mundo junto con él, renuncia inevitablemente al carácter celestial del verdadero cristianismo.

7.5 - Consecuencias de una separación decidida

Versículos 17-18. Quien se comprometa decididamente en el camino de la separación experimentará la intimidad de una comunión práctica con Dios. Cuando nos separamos claramente del mundo, el gran Dios nos acoge. Nuestra relación con él se asemeja entonces a la que un padre mantiene con sus hijos adultos.

8 - 2 Corintios 7

8.1 - El corazón del siervo

Versículos 1-7. El primer versículo de este capítulo resume la conclusión del párrafo anterior (2 Cor. 6:14-18). La separación exterior del mundo es una cosa. Pero para ser verdaderamente el templo del Dios vivo y mantener una comunión personal con Dios (2 Cor. 6:18), es necesaria una purificación interior. A eso nos invita este primer versículo.

Tras esta digresión (2 Cor. 6:14 al 7:1), Pablo retoma, en el versículo 2, el hilo de su reflexión del capítulo 6:13. ¡Cuánto se esforzaba por reconquistar el corazón de los corintios! Sin duda, había tenido que escribirles una Epístola severa. Pero su intención no era en absoluto hacerles daño, sino volver a encauzarlos por el buen camino (comp. con Prov. 27:6a). Ahora que esa Epístola había dado sus frutos, el apóstol se esforzó, con mucho amor, por reavivar las relaciones entre los corintios y él, que se habían enfriado.

A partir del versículo 5, encontramos el relato del viaje del apóstol a Macedonia, interrumpido en el versículo 13 del capítulo 2. Pero el apóstol no se limita a dar cuenta de su estancia allí. No, abre todo su corazón a los corintios y les muestra lo que vivió, tanto interior como exteriormente, en la época en que esperaba una respuesta de Corinto.

La llegada de Tito y el relato que este siervo le hizo sobre los corintios le proporcionaron el consuelo de Dios. ¡Escuchar hablar de su gran deseo, de sus lágrimas y de su ardiente afecto hacia él debió de ser como un bálsamo para el corazón del apóstol!

8.2 - Gozo en lugar de tristeza

Versículos 8-16. El versículo 8 alude sin duda alguna a la Primera Epístola que Pablo había escrito a los corintios. Había tenido que recurrir, con su autoridad apostólica, a sacar a la luz y condenar, a la luz de Dios, los pecados y las malas prácticas que reinaban entre ellos. Pero su corazón sensible, lleno de amor por los corintios, había lamentado haber tenido que escribir esa Epístola.

Pero, a partir de entonces, la tristeza y la aflicción habían llegado a su fin. Habían dado paso al gozo, tanto en el apóstol como en los corintios. ¿Cómo había sido posible? Gracias al arrepentimiento sincero de los corintios, que había despertado en ellos el celo, las disculpas, un renovado celo, en definitiva, una conducta conforme a la voluntad de Dios. Así fue como la asamblea había lamentado el mal que se había producido en medio de ellos y se había posicionado en contra de ese mal. El malhechor había sido excluido y la asamblea había demostrado que era inocente «en este asunto».

Para el apóstol fue un gozo especial ver hasta qué punto Tito se había sentido reconfortado por la actitud de los corintios (el propio juicio de sí mismos, su sincera tristeza, su postura contra el mal, su nuevo celo). Aunque Tito debía de conocer la situación en Corinto, el apóstol le había dicho, no obstante, muchas cosas positivas sobre ellos. Por sincero amor hacia ellos, se había quedado con lo mejor. El amor «todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Cor. 13:7). Ahora bien, el Señor le había concedido que “lo de lo que se había gloriado (de los corintios) ante Tito resultara cierto”.

9 - 2 Corintios 8

9.1 - La gracia de dar

Versículos 1-8. Con este capítulo, el apóstol aborda un nuevo tema: las ofrendas materiales. En Hebreos 13:16 se habla de «ayuda mutua» y que «dieron según sus medios». Ya había abordado este tema en su Primera Epístola, cuando daba instrucciones a los corintios sobre las colectas durante las reuniones (1 Cor. 16).

En primer lugar, cita como modelo a las asambleas de Macedonia. A pesar de las grandes pruebas y de una profunda pobreza, abundaron en la riqueza de su generosidad. No se limitaron a dar lo que tenían, sino que dieron «por encima de sus medios» y pidieron al apóstol que llevara esa ofrenda a los creyentes necesitados de Judea. El versículo 5 va, en realidad, más allá de su ofrenda. En él se descubre su espíritu de sacrificio, por el cual se entregaron primero sí mismos al Señor (comp. con Rom. 12:1). ¡Una entrega total caracterizaba a estos hermanos y hermanas! Esa actitud del corazón era el secreto de su generosidad. Cuando uno entrega su corazón al Señor, la mano también se abre.

¿Y los corintios? ¿Se mostraban igual de generosos cuando se trataba de sus bienes materiales? Tito, que había sido enviado con anterioridad a ellos para evaluar su estado espiritual e informar al apóstol, debía ahora animarlos a abrir la mano para dar. Abundaban en todas las cosas. Ahora tenían la oportunidad de demostrar «que también abundéis en esta gracia». Pero Pablo no quería imponerles nada. Su acción debía dar prueba de la autenticidad de su amor por sus hermanos y hermanas en la fe que se encontraban en necesidad.

9.2 - Llamamiento a los corintios

Versículos 9-15. Tras presentar a los corintios la generosidad de las iglesias de Macedonia, el apóstol les recuerda el ejemplo del propio Señor. Fue por voluntad propia que vino a la tierra y vivió en la pobreza por nosotros. Hijo de padres pobres, fue acostado en un pesebre tras su nacimiento. Ya de adulto, no poseía ningún bien material. Unas mujeres piadosas se hacían cargo de sus necesidades. No tenía domicilio fijo, ni siquiera una almohada (Lucas 9:58). Finalmente, entregó su vida en la cruz del Gólgota «para que mediante su pobreza vosotros llegaseis a ser ricos».

Ya un año antes, los corintios habían expresado su voluntad de dar. Pero ahora tenían que pasar de las palabras a los hechos (cumplir con su intención). El versículo 12 enuncia un principio universal. Dios no exige a nadie que dé más de lo que tiene. Es nuestra situación económica la que debe determinar la cuantía de nuestras ofrendas (1 Cor. 16:2). Dios no quiere que nos veamos en la necesidad por dar más allá de nuestras posibilidades. Lo que importa es la disposición o la buena voluntad que acompaña a nuestra ofrenda material.

Dios permite que no todos los creyentes se encuentren en la misma situación. Así, los más acomodados tienen la oportunidad de ayudar a los más necesitados. La igualdad se explica de otra manera en Romanos 15:26-27. Gracias a la difusión del Evangelio desde Jerusalén, las naciones habían recibido grandes bendiciones espirituales. Ahora les correspondía a ellas apoyar materialmente a los creyentes necesitados de Judea.

9.3 - El envío de Tito y de otros 2 hermanos

Versículos 16-24. La gestión de las ofrendas materiales que los creyentes ponen en común en las asambleas con fines benéficos y de compartir es una cuestión muy delicada. Aquí encontramos algunos principios al respecto.

Tito fue enviado, pues, por segunda vez a Corinto para animar a los corintios a que también hicieran una colecta en favor de los necesitados de Jerusalén. Más tarde, el apóstol Pablo tenía previsto pasar por allí para llevar a Jerusalén esta ofrenda de los corintios, así como la de los macedonios.

Tito se desplazó a Corinto en compañía de otros 2 hermanos. Cuando se trata de cuestiones materiales, nadie debería actuar nunca por su cuenta. Los compañeros de Tito eran hermanos que gozaban de la plena confianza de las asambleas. Se dice de uno de ellos que había sido elegido por los hermanos y hermanas para este servicio (vean Hec. 6:3, 5). Se dice del otro que había sido puesto a prueba en varias ocasiones y que había demostrado su valía. ¡Cuán importante es que solo a los hermanos que posean estas cualificaciones se les confíen tales responsabilidades (vean también 1 Tim. 3:8-13).

Pablo tampoco quería ir solo a Jerusalén con esta ofrenda. Quería mostrarse íntegro no solo ante el Señor, sino también ante los hombres. Por eso evitaba todo lo que pudiera suscitar desconfianza.

Una vez que Pablo abordó todos los aspectos prácticos relativos a la colecta, les tocaba ahora a los corintios demostrar su amor.

10 - 2 Corintios 9

10.1 - La preparación de la bendición

Versículos 1-5. El capítulo 9 continúa con el tema de las ofrendas. Sin embargo, a diferencia del capítulo anterior, donde la ofrenda material de una asamblea se califica de gracia, aquí se considera un servicio. Ambas cosas son ciertas. Es un privilegio poder ofrecer al Señor, además de los sacrificios de alabanza, ofrendas materiales. Sin embargo, cuando pensamos en los creyentes necesitados y en los siervos del Señor a quienes van destinadas estas ofrendas, estas y su gestión constituyen entonces un servicio.

La noticia de la generosidad de los corintios había animado a otros a dar voluntariamente. ¡Qué vergüenza habría sido, pues, para los corintios si Pablo, acompañado de los hermanos de Macedonia, hubiera llegado a Corinto y no hubiera encontrado nada que llevarse! Como Pablo conocía bien a los corintios y sin duda temía tal situación, había enviado a Tito y a sus compañeros como avanzadilla. Debían preparar las ofrendas de los corintios que se habían anunciado previamente.

10.2 - La generosidad justa

Versículos 6-15. ¡Qué importantes son los versículos 6 y 7! Cuando ofrecemos sacrificios materiales al Señor, es como si sembráramos, pues el Señor no nos debe nada. Si damos con generosidad, la bendición de su cosecha será tanto mayor. El Señor ve con qué actitud damos. Se regocija cuando tomamos una decisión de corazón y luego abrimos la mano con gozo. Pero le entristece cuando ve que ponemos nuestro dinero en la colecta de mala gana o por obligación.

Si alguien piensa que su generosidad hacia el Señor le empobrecerá cada vez más, que se tome muy en serio los versículos 8 al 10. Dios nunca seguirá siendo nuestro deudor. Él velará por que tengamos «siempre lo necesario en todo, abundéis para toda buena obra». Además, es Él quien nos da tanto lo que podemos dar (la semilla al sembrador) como lo que necesitamos para nuestro sustento (pan para comer). De hecho, podemos decirle a Dios, como David: «Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos» (1 Crón. 29:14).

Los versículos 11 al 14 nos revelan los efectos considerables de una ofrenda material. Esta no solo sirve para satisfacer las necesidades de las personas afectadas, sino que también suscita, en los beneficiarios, muchas acciones de gracias hacia Dios. En el caso que nos ocupa, esto también suscitará en los creyentes de Judea gozo y gratitud al ver que el Evangelio, que había partido de allí, ha tenido tal impacto entre los paganos. Sí, esto suscitará entre los creyentes judíos una intercesión en favor de los de las naciones y despertará en ellos el deseo de conocer a esos benefactores desconocidos. Así, una ofrenda material contribuye también a estrechar los lazos entre los creyentes.

Sin embargo, este capítulo no termina con las ofrendas de los hombres, sino con el don inefable que Dios nos ha hecho. Se trata de su Hijo amado, a quien en su día envió a la tierra y entregó en la cruz. Este don de una grandeza sin igual abarca todos los demás dones de Dios (Rom. 8:32).

11 - 2 Corintios 10

11.1 - Lucha espiritual

Versículos 1-11. En Corinto, habían surgido falsos profetas y falsos maestros que calumniaban al apóstol y socavaban su ministerio. Pablo aborda este problema en los capítulos 10 y 11. Los corintios corrían el riesgo de ser seducidos, algunos de ellos ya se habían desviado del camino recto. El apóstol quería exhortarlos en el espíritu de Cristo, mostrando mansedumbre y clemencia. Sin embargo, eso no significaba que no se opusiera firmemente a lo que era falso. –Buscaba aclarar las cosas mediante esta Epístola, para poder adoptar un tono más suave en su próxima visita.

Una de las críticas dirigidas al apóstol era que vivía según la vieja naturaleza. Eso era una mentira. Su lucha contra lo que Satanás oponía al conocimiento de Dios no la libraba con la inteligencia humana, ni mediante razonamientos racionales. Su ministerio, ejercido con autoridad apostólica, tenía como objetivo conducir a los creyentes a la sumisión y a la obediencia a Cristo, para no dar más pie a Satanás.

En los versículos 7 al 11, explica cómo, en sus Epístolas, hizo uso de la autoridad de apóstol que Dios le había concedido. Por eso estas eran «duras y fuertes». La presencia del apóstol se había manifestado en la debilidad (comp. con 1 Cor. 2:3-4). Su deseo principal era la edificación de los corintios y no quería asustarlos innecesariamente. Pero, si era necesario, también podía actuar con su autoridad apostólica (1 Cor. 4:21).

11.2 - ¿Recomendarse sí mismo?

Versículos 12-18. Pablo y sus colaboradores se distanciaron por completo de los falsos profetas y de los falsos obreros que actuaban en Corinto, pues estos se jactaban de sí mismos y se presentaban como referencia. Tal actitud carece por completo de sabiduría. Y, sin embargo, ¿cuántas veces nos encontramos, incluso entre los creyentes, a personas que hablan de sí mismas y de sus cualidades. Están convencidas de su opinión y creen que su juicio sobre los problemas y las situaciones es siempre acertado.

Los versículos 13 a 16 forman un todo. Nos revelan un principio importante en el servicio al Señor. El Dios de la medida ha asignado a cada uno de sus siervos un ámbito de actividad. Por lo tanto, es Él –y no nosotros– quien determina la medida o el alcance de nuestro servicio. Ningún siervo del Señor debería sobrepasar su medida ni su ámbito. Eso solo sería perjudicial para él mismo y para aquellos a quienes desea servir. –El apóstol explica este principio basándose en la situación de Corinto. Dios le había confiado la misión de anunciar el Evangelio allí donde aún no se conocía. En el marco de este ministerio, su camino también le llevó a Corinto. Más tarde, otros obreros se trasladaron allí, como Apolos, para servir a los creyentes. Pero ni Pablo ni Apolos pretendieron poseer la verdad absoluta. Cada uno respetaba al otro y su ministerio. Buscaban la gloria del Señor y se regocijaban al ver crecer la fe en el corazón de los corintios. Hombres como Pablo y Apolos no se recomendaban ellos mismos, sino que encontraban su satisfacción en el Señor (comp. con 2 Tim. 2:15).

12 - 2 Corintios 11

12.1 - La simplicidad en lo que respecta a Cristo

Versículos 1-6. Para Pablo, hablar de sí mismo y de su ministerio era una locura. Pero Dios lo quería así y le inspiró a escribir estas palabras. La autenticidad de su ministerio apostólico y la autoridad que lo acompañaba debían ponerse claramente de manifiesto frente a los falsos apóstoles. Pero lo que más preocupaba al autor inspirado eran los corintios. Él los había unido en otro tiempo a Cristo en el cielo. Sin embargo, ahora corrían el peligro, por la seducción, de perder su amor por su esposo celestial. Soportaban estar separados del Señor Jesús.

12.2 - Un servicio abnegado

Versículos 7-11. Aunque Pablo se consideraba el más pequeño de todos los apóstoles, no era en absoluto inferior a los más destacados de entre ellos. Pero como no aceptaba ningún tipo de apoyo por parte de los corintios, los falsos apóstoles intentaron hacerles creer que Pablo no era un verdadero apóstol. Por eso les pregunta ahora si ha cometido algún pecado al anunciarles el Evangelio gratuitamente. Con esta actitud desinteresada, quería evitar que se pensara que el Evangelio no era gratuito. ¡Pero los corintios interpretaron esto como una falta de amor hacia ellos!

12.3 - Los falsos apóstoles

Versículos 12-21. En los versículos 12 al 15, desenmascara a los falsos siervos en términos muy severos. Una vez más, vemos aparecer una táctica que el enemigo sin duda utiliza con mayor frecuencia: la imitación. Los falsos siervos del Señor se parecían de manera engañosa a los verdaderos. El propio Satanás puede disfrazarse de tal manera que, exteriormente, parezca un ángel de luz. ¡Una gran seducción que a menudo se reconoce demasiado tarde!

Se percibe lo difícil que le resultaba al apóstol hablar de sí mismo y de su ministerio. Pero era necesario que hablara un poco de sí mismo y de sus experiencias para que la diferencia con los falsos apóstoles saliera a la luz y esos seductores quedaran desenmascarados. Como los corintios, apegados a las cosas de la carne, carecían de discernimiento espiritual, se dejaron seducir por falsos maestros que ahora los oprimían (v. 20). Aún hoy, quienes prestan oído a los falsos líderes acaban cayendo bajo su dominio.

12.4 - Los sufrimientos de Pablo

Versículos 21-33. Situándose al mismo nivel que sus adversarios, Pablo enumera entonces lo que es: un verdadero israelita, que no tenía nada que envidiar a esos falsos apóstoles. A continuación, evoca su ministerio. Pero en lugar de gloriarse de sus éxitos, Pablo menciona los numerosos sufrimientos y persecuciones que ha soportado en su fiel servicio al Señor. ¿Hay acaso algún siervo del Señor que pueda presumir de una lista semejante? Desde luego que no, y mucho menos esos falsos obreros que habían seducido a los corintios.

¿Cómo concluye el apóstol su larga lista? No reclama ni reconocimiento ni alabanzas a los corintios, sino que se presenta en toda su debilidad. En sí mismo, Pablo era un vaso frágil, pero era la fuerza del Señor Jesús la que le permitía soportar todos esos sufrimientos. ¿Y si los corintios afirmaban que exageraba? Entonces Dios era su testigo de que todo lo que había enumerado se correspondía con la realidad. Él sabía que Pablo no mentía.

13 - 2 Corintios 12

13.1 - Pablo en el tercer cielo

Versículos 1-6. En comparación con los falsos apóstoles, había aún un punto en el que Pablo se distinguía de ellos: había recibido visiones y revelaciones del Señor. Sí, fue arrebatado hasta el tercer cielo (donde se encuentra el trono de Dios) y escuchó palabras inefables que al hombre no le está permitido expresar. Dios le hizo vivir esta experiencia personal para fortalecerle en su ministerio, tan penoso y difícil. Durante 14 años había guardado esta experiencia para sí mismo. Pero, dada su responsabilidad para con los corintios, ahora era necesario hablar de ella.

13.2 - La espina en la carne

Versículos 7-10. Mientras Pablo se encontraba en el tercer cielo, en el paraíso, no había ningún riesgo de que se enorgulleciera. Pero una vez de vuelta en la tierra para ejercer su ministerio, podría haberse enorgullecido a causa de lo extraordinario de las revelaciones. Dios quería evitarlo, por lo que le dio una espina en la carne. No sabemos en qué consistía esa espina, pero Pablo la percibía como un obstáculo para su ministerio. Por eso suplicó 3 veces al Señor que se la quitara. Pero este le respondió: «Mi gracia te basta; pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (v. 9). Pablo se sometió a ello. Se gloriaba de sus debilidades y se apoyaba en el poder de Cristo.

Así pues, esa espina cumplía 2 funciones:

  • Protegía a Pablo del orgullo.
  • Revelaba hasta qué punto el poder del Señor Jesús puede manifestarse en la debilidad, de modo que Pablo pudiera decir: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (v. 10).

13.3 - El amor del apóstol por los corintios

Versículos 11-15. A lo largo de su discurso, el apóstol se califica en varias ocasiones de loco o de insensato (2 Cor. 11:1, 16-17, 21; 12:11). Se percibe lo doloroso que le resultaba escribir sobre ello. Pero los corintios le habían obligado a ello. Deberían haberlo recomendado ellos. En cambio, tuvo que justificarse ante ellos y demostrar que era verdaderamente un apóstol. Sin embargo, no lo hizo por sí mismo, sino para hacer comprender a los corintios que estaban escuchando a personas equivocadas.

Un día, el Señor Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando no me creáis a mí, creed en las obras» (Juan 10:38). Del mismo modo, el apóstol dice aquí: Reconocedme como apóstol por mi paciencia, por las señales, los prodigios y los milagros que he realizado entre vosotros.

Corinto no había sido en modo alguno desfavorecida con respecto a las demás asambleas. Se había beneficiado de todos los privilegios relacionados con la visita del apóstol –salvo que él no había aceptado ningún apoyo por su parte, es decir, que no quería ser una carga para ellos. En los 2 primeros capítulos, Pablo había mencionado su segunda visita prevista y explicado por qué la había pospuesto. Ahora estaba dispuesto a ir a Corinto por tercera vez, no para buscar sus bienes, sino a ellos mismos. Él era su padre espiritual, ellos eran sus hijos, para quienes quería acumular. Sí, estaba dispuesto a darlo todo por ellos. ¡Los amaba tanto, aunque apenas recibiera amor a cambio!

13.4 - Un llamado a la conciencia de los corintios

Versículos 16-21. Entre los adversarios del apóstol, algunos sugerían a los corintios que Pablo intentaba extorsionarles para obtener dinero, ya fuera directamente o a través de su colaborador Tito. ¡Qué pensamiento tan vil! –El apóstol se limita entonces a plantear algunas preguntas a los destinatarios de la Epístola que, si recibían una respuesta honesta, sacarían a la luz todo este asunto.

En los capítulos 11 y 12, expuso detalladamente lo que los corintios, en cierto modo, esperaban de él: rendirles cuentas. No lo hizo porque tuviera mala conciencia ni porque quisiera justificarse personalmente. Lo único que le importaba era el ministerio que había recibido del Señor y que ejercía para la edificación de los propios corintios.

Pablo temía su visita a Corinto. Al principio de su Epístola, les había escrito que había pospuesto su llegada para no tener que acudir a ellos con la vara (2 Cor. 1:23; 2:1; 1 Cor. 4:21). Pero, por desgracia, la situación en Corinto no había cambiado lo suficiente. Seguía habiendo numerosas dificultades en las relaciones entre los hermanos y hermanas (v. 20). También debía abordar los graves pecados morales por los que aún no se había expresado ningún arrepentimiento. Todo ello sería motivo de humillación y tristeza para el apóstol cuando visitara a los corintios. No le quedaba más remedio que oponerse con la mayor firmeza al mal que reinaba, de modo que lo percibieran como ellos «no querrían».

14 - 2 Corintios 13

14.1 - Pablo anuncia una visita a Corinto

Versículos 1-2. El apóstol había escrito 2 cartas a los corintios con el fin de poner orden, a distancia, en los desórdenes que se habían producido entre ellos. No quería, en ningún caso, mostrarse demasiado severo. Pero el tiempo de la paciencia ya había pasado. Ahora se dirigía personalmente a Corinto. Entonces ya no podría mostrarse indulgente con los culpables.

Todo ello sería motivo de humillación y tristeza para el apóstol cuando visitara a los corintios. No le quedaba más remedio que oponerse con la mayor firmeza al mal que reinaba, de modo que lo percibieran como un apóstol «severo».

14.2 - ¿Habló Cristo a los corintios, o no?

Versículos 3-6. En los versículos 3 y 5 se recoge la idea de que los corintios, al haberse convertido en creyentes, constituían en realidad la mejor prueba de que Cristo había hablado y actuado por medio del apóstol. –En el paréntesis de los versículos 3-4, encontramos una tercera referencia directa al Señor Jesús. En el versículo 21 del capítulo 5, hemos leído que era el santo sacrificio expiatorio. El versículo 9 del capítulo 8 trataba de su humillación voluntaria y de su pobreza. Aquí tenemos su crucifixión en debilidad y su resurrección por el poder de Dios (Efe. 1:19-20).

14.3 - El perfeccionamiento de los corintios

Versículos 7-11. Las expresiones «edificación» y «perfección» de los versículos 9 y 11 tienen el sentido de «volver al buen camino. El apóstol deseaba que sus amados corintios recuperaran el camino recto y volvieran a una vida en el temor de Dios. Las exhortaciones que concluyen la Epístola animan a llevar una vida piadosa, en la que la carne ya no tiene cabida, sino donde Cristo y su voluntad se desarrollan. El Dios de amor y paz quiere ayudar a cada uno a lograrlo.

14.4 - Conclusión

Versículos 12-13. La bendición de los últimos versículos es un deseo para cada iglesia local. Debe ser un lugar donde reine la gracia, donde abunde el amor y donde se cultive una santa comunión en las cosas divinas.