Índice general
La Epístola a Tito
«Porque la gracia de Dios… enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos sobria, justa y piadosamente en el presente siglo» (Tito 2:11-12)
Autor: Marcel GRAF 14
Serie: Leer y comprender la Biblia
1 - Tito : Introducción
1.1 - Acerca de la Epístola a Tito
En Tito 1:4, Pablo se refiere a él como «verdadero hijo según la común fe». Esto permite concluir que Tito llegó a la fe por medio del apóstol. Probablemente era mucho más joven que Pablo, ya que se le exhorta a ser un modelo sobre todo para los jóvenes (Tito 2:6-7).
Aunque su nombre no aparece en los Hechos de los Apóstoles, ya desde muy temprano formaba parte de los colaboradores del apóstol Pablo. En Gálatas 2:1-10, Pablo menciona su viaje con Bernabé a Jerusalén para la importante reunión sobre el cumplimiento de la Ley (Hec. 15). Tito acompañaba entonces a los 2 siervos del Señor. De origen griego, se le consideraba un modelo para los creyentes de las naciones, mostrándoles que no necesitaban circuncidarse ni observar la Ley.
Más tarde, a petición del apóstol Pablo, Tito trabajó durante algún tiempo en Corinto. Allí desempeñó con sumo esmero las tareas que se le habían encomendado. Tito era un hombre enérgico que inspiraba respeto incluso a los corintios (2 Cor. 7:15).
Pablo apreciaba a Tito. Esto se pone especialmente de manifiesto en la Segunda Epístola a los Corintios (2 Cor. 2:13; 7:6-7, 13; 8:16-17, 23).
Tito aparece mencionado por última vez en 2 Timoteo 4:10. Se había desplazado a Dalmacia (la región costera de la actual Croacia y Bosnia), sin duda al servicio de su Señor y Salvador.
La Biblia no especifica claramente cuándo envió Pablo a este colaborador a la isla de Creta para subsanar diversas deficiencias en las comunidades locales. Pero disponemos, como documento inspirado, de la Epístola que le dirigió en aquella época.
1.2 - Esquema
- Capítulo 1: La verdad según la piedad
- Capítulo 2: Lo que conviene a la sana enseñanza
- Capítulo 3: Dispuesto para toda buena obra
2 - Tito 1
2.1 - La verdad cristiana y el ministerio del apóstol Pablo
Versículos 1-4. Tito era un colaborador cercano del apóstol Pablo. Cuando recibió esta carta, se encontraba en Creta, adonde había sido enviado por el apóstol. En aquellas congregaciones había muchas cosas que poner en orden (v. 5). El tema de esta Epístola es similar al de la Primera Epístola a Timoteo: la sana doctrina y el orden en la Iglesia, como Casa de Dios. En la Epístola a Tito, sin embargo, se hace mayor hincapié en el orden. Pero la doctrina y la vida cristiana van de la mano y no deben separarse la una de la otra.
Las palabras introductorias son más detalladas que en otras Epístolas. Cuando Pablo enumera los rasgos característicos de su ministerio apostólico, utiliza expresiones importantes que resumen la verdad del cristianismo:
- La fe cristiana.
- Nuestra posición como elegidos de Dios.
- El conocimiento de la verdad como algo que se vive de forma concreta (= según la piedad).
- La esperanza de la vida eterna, es decir, nuestro objetivo, la gloria, donde la vida eterna puede desarrollarse sin obstáculos.
2.2 - El orden y el ministerio de los ancianos en la Asamblea
Versículos 5-9. Dado que hoy en día ya no tenemos apóstoles ni hombres comisionados por ellos para nombrar a los ancianos, este ministerio ya no existe. Sin embargo, el servicio de los ancianos o supervisores siempre puede ejercerse en el seno de una asamblea local. En los versículos 6 al 9, encontramos las condiciones que un creyente debía cumplir para que Tito pudiera establecerlo como supervisor o anciano. Observamos todo aquello que no debía haberse encontrado en él. El autocontrol y la moderación eran, por tanto, características particulares de un supervisor. Además de los rasgos de carácter positivos (v. 8), era indispensable que un supervisor tuviera un buen conocimiento de la doctrina cristiana y que estuviera decidido a mantenerla firme. Solo así estaba en condiciones de responder a las cuestiones prácticas basándose en la Biblia y de convencer a los contradictores del error de sus opiniones.
2.3 - Reprender a los falsos maestros peligrosos
Versículos 10-16. Era absolutamente necesario que en las asambleas de Creta hubiera ancianos que poseyeran las cualificaciones requeridas. Este pasaje muestra porqué tales hermanos eran indispensables: «muchos insubordinados, vanos palabreros y engañadores» estaban apareciendo. Eran «los de la circuncisión», es decir, de origen judío, y se infiltraban en las familias de los creyentes para sembrar allí una confusión total. Además, buscaban obtener un beneficio material de sus acciones. Por ejemplo, se hacían mantener por los demás.
¡Cuán provechoso era, pues, que un supervisor no buscara una ganancia vergonzosa, que conociera bien la Palabra de Dios, para exhortar mediante la sana doctrina y refutar a los que contradicen (v. 7 y 9). En ningún caso había que entrar en discusión con tales personas. El apóstol dice, por el contrario, que había que callarles la boca.
Por su temperamento, los cretenses tendían a escuchar a esos falsos maestros. Por eso se exhorta a Tito a reprender severamente a los que se han dejado extraviar y a presentarles la sana doctrina de la Palabra de Dios.
La descripción de los que profesan la fe, pero son incrédulos en los versículos 15-16 es muy grave. Si uno pretende conocer a Dios, su vida práctica debe corresponder a esa profesión de fe. Ahora bien, las buenas obras, las obras de la fe, solo pueden encontrarse allí donde ha habido una conversión real, es decir, allí donde el pensamiento y la conciencia han sido purificados.
3 - Tito 2
3.1 - La conducta que deben adoptar los distintos grupos de personas
Versículos 1-10. Las exhortaciones que siguen deben tener como fundamento la sana doctrina de la Palabra de Dios. En efecto, todo orden dentro de la Asamblea debe basarse en la Palabra, y no en pensamientos humanos o tradiciones.
A continuación, se abordan diferentes grupos de creyentes: los hombres mayores, las mujeres mayores, las mujeres jóvenes, los hombres jóvenes, los siervos o esclavos. Se mencionan en primer lugar aquellos que tienen mayor responsabilidad.
Sin entrar en detalles, observemos hasta qué punto el Espíritu de Dios nos conoce bien. Para cada grupo, aborda sus puntos débiles. Así, los hermanos mayores, que quizá tengan una gran experiencia de vida, tienden a apoyarse en ella y acaban perdiendo su sobriedad y su equilibrio en la fe, el amor y la perseverancia. Con la edad, también se tiende a dejarse llevar. De ahí la exhortación correspondiente dirigida a las mujeres mayores. Estas tienen, por otra parte, una misión importante y hermosa de enseñar «buenas cosas» a las mujeres jóvenes. Si ellas mismas han puesto en práctica, en su juventud, lo que está escrito en los versículos 4 y 5, sus enseñanzas tendrán todo el peso necesario.
El propio Tito debía ser un modelo para los jóvenes. Probablemente aún no era un anciano. Los esclavos no tenían una vida fácil en aquella época. Pero gracias a una conducta agradable a Dios, los creyentes entre ellos podían adornar con un brillo especial la enseñanza de nuestro Dios Salvador.
3.2 - La gracia de Dios que trae la salvación y su enseñanza
Versículos 11 al 15. La gracia de Dios se manifestó en la persona del Hijo de Dios, que se hizo hombre y vivió entre nosotros. ¿Qué nos ha traído? La maravillosa salvación de Dios, que basta para todos los hombres y que se ofrece a todos. Pero solo aquellos que la aceptan con arrepentimiento y fe se benefician de ella.
La gracia instruye a quienes la reciben y la aceptan con gratitud. A través de su enseñanza, la gracia persigue los siguientes objetivos:
- Desea que demos decididamente la espalda a la vida que llevábamos antes de nuestra conversión y que nos distanciemos del mundo, de sus codicias y de su conducta impía.
- Para ello, desea que nuestra vida como cristianos creyentes sea sobria (conducta personal), justa –es decir, recta ante Dios y los hombres – y piadosa o temerosa de Dios.
- Desea que vivamos en la feliz espera de la venida de nuestro Señor para llevarnos consigo (la bienaventurada esperanza), pero también que esperemos su aparición en poder y gloria con nosotros, los suyos.
- Quiere dirigir nuestra mirada hacia nuestro Señor y Salvador mostrándonos todo lo que él ha hecho: Sí mismo se dio para morir por nosotros en la cruz, nos redimió de la esclavitud del pecado y del diablo, e hizo de nosotros su pueblo adquirido. Le pertenecemos por completo.
- Por último, la gracia quiere llevarnos a que nuestra vida sea una respuesta a todo lo que hemos recibido: celosos por las buenas obras de la fe.
4 - Tito 3
4.1 - Nuestra conducta hacia las autoridades y nuestros semejantes no creyentes
Versículos 1-2. El apóstol exhortaba a Tito a recordar a los creyentes de Creta cómo debían comportarse ante el mundo. Cuán fácil es también para nosotros olvidar, aunque seamos ciudadanos del cielo, que debemos someternos a las autoridades. Debemos respetar sus leyes y sus normas. Un cristiano creyente no debe rebelarse contra la autoridad del Estado. Nuestro comportamiento en el mundo se refiere, de manera más general, a todos los no creyentes con los que entramos en contacto. Al procurar evitar toda disputa, con mansedumbre y benevolencia, debemos esforzarnos por vivir en paz con todos los hombres (Rom. 12:18).
¡No menospreciemos nunca a los no creyentes que nos rodean ni nos elevemos por encima de ellos con el pretexto de que ya no vivimos en el pecado como ellos! Olvidamos con tanta rapidez que antes vivíamos exactamente de la misma manera.
4.2 - Nuestra vida pasada y la obra de Dios en nosotros
Versículos 3-7. Es únicamente gracias a la bondad y al amor de nuestro Dios Salvador que podemos estar contados entre los salvados. No fue en absoluto por nuestro mérito. En su misericordia, Dios nos ha hecho nacer de nuevo por medio de su Espíritu. Ha derramado «sobre nosotros abundantemente» ese Espíritu, de modo que ahora habita en nosotros como poder de la nueva vida. No es por nuestras propias obras «de justicia», sino por su gracia por lo que estamos justificados ante el Dios santo, que debería habernos condenado. Además, ¡se nos ofrece un objetivo glorioso! Somos herederos según la esperanza de la vida eterna.
4.3 - Practicar las buenas obras y rechazar lo malo
Versículos 8-11. A partir del versículo 8, encontramos la conclusión práctica de la maravillosa salvación descrita anteriormente. Todos los que han creído y han recibido todo esto deben esforzarse por ser «solícitos en practicar buenas obras». Son obras que dan testimonio y demuestran la fe auténtica de una persona. La mayoría de las veces, este comportamiento práctico que Dios desea de los redimidos redunda en beneficio de sus semejantes. ¿En qué medida se aplica esto a ustedes y a mí?
Las advertencias de los versículos 9 al 11 van dirigidas a los falsos maestros judíos que intentaban ejercer su influencia en las asambleas de Creta. Las discusiones con tales personas son totalmente inútiles y carecen de valor. Por lo tanto, ni siquiera hay que entrar en ellas. Solo se debería reprender a una persona sectaria 2 veces como máximo, es decir, exponerle el error de sus pensamientos y la verdad de la Palabra de Dios. La experiencia ha demostrado que, lamentablemente, en la mayoría de los casos esto para nada sirve. Por lo tanto, hay que rechazarla.
4.4 - Observaciones finales y saludos
Versículos 12 al 15. En las instrucciones finales dirigidas a Tito, se aprecia hasta qué punto Pablo se preocupaba por sus hermanos. Zenas y Apolos debían ser acompañados con esmero en su viaje. No debía faltarles nada. ¡El apóstol tenía un corazón lleno de amor, que pensaba en los demás en todo momento!
El versículo 14 contiene una idea similar a la que se encuentra al final del versículo 8. Por «necesidades urgentes» no nos referimos, sin duda, solo a las nuestras, sino también a las de los pobres o de los siervos en la obra del Señor. Así es como nuestro comportamiento concreto como cristianos creyentes da fruto para Dios.