13 - La gran tribulación (Capítulo 12)

El libro de Daniel


En este capítulo final se nos lleva a los últimos tres años y medio que precederán al reinado de Cristo –el tiempo de la gran tribulación que pondrá fin a las penas de los judíos y a la dispersión del pueblo terrenal de Dios (v. 7).

13.1 - Versículo 1

Para su consuelo, y el estímulo del remanente piadoso, Daniel está asegurado de que en ese momento –el tiempo del fin– Miguel, el gran príncipe espiritual designado como guardián del pueblo terrenal de Dios, se levantará en su favor. Detrás de todas las pruebas que puedan tener que soportar, se les asegura el apoyo de los poderes espirituales en el mundo invisible. Esta ayuda espiritual será tanto más necesaria que, para la nación judía, será un «tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces». Sin embargo, esta gran tribulación pondrá fin a los dolores de la nación y conducirá a la liberación de los piadosos cuyos nombres se encuentran escritos en el libro de la vida.

En Apocalipsis 12:7-17 se dan más detalles sobre estas actividades especiales de Miguel y sus ángeles en ese tiempo. Es evidente que estos pasajes se refieren al mismo período –los tres años y medio (comp. Dan. 12:7 con Apoc. 12:14). Allí nos enteramos del conflicto en el cielo entre Miguel y sus ángeles y el dragón y sus ángeles. Miguel prevalecerá, de modo que ya no habrá lugar en el cielo para Satanás, quien, con sus ángeles, será arrojado a la tierra. Inmediatamente sigue sobre la tierra un tiempo de angustia sin parangón para los habitantes «de la tierra y del mar». El objeto especial de la persecución de Satanás será «la mujer», o Israel, que dio a luz al niño Jesús, Cristo. Además, el pasaje indica claramente que la furia especial de Satanás será dirigida contra los piadosos de Israel, descritos como «el remanente de su descendencia, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús» (Apoc. 12:12-13, 17).

Está claro entonces que, en el tiempo del fin, durante el reinado del Anticristo, habrá en medio de la nación apóstata un remanente piadoso que confesará a Jesucristo, y guardará los mandamientos de Dios. Los tales serán muy valiosos para el Señor, y, como el remanente de los días de Malaquías, tendrán sus nombres inscritos en el libro de memoria de Dios (Mal. 3:16).

Otras dos Escrituras arrojan gran luz sobre este tiempo de angustia sin precedentes. En Jeremías 30, el profeta, mirando hacia el futuro, dice: «Vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán». El retorno parcial, bajo Esdras y Nehemías, evidentemente no cumple esta profecía. Se trata de días futuros. La profecía continúa diciéndonos que esta liberación final será precedida por «el tiempo de angustia para Jacob», un día de tan gran dolor: «¡Cuán grande es aquel día!» (Jer. 30:3-7).

Luego, en el Nuevo Testamento, el Señor se refiere a este tiempo de angustia, del cual dice: «Entonces habrá gran tribulación, como no ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni jamás la habrá». El Señor afirma definitivamente que se refiere al tiempo en que «la abominación de la desolación, de que habló Daniel el profeta» se encuentre en el lugar santo (Mat. 24:15, 21).

Durante este terrible tiempo, detrás de la escena, Satanás será el instigador de todos los problemas. El Anticristo será el enemigo dentro del país, mientras que el jefe del Imperio romano y el rey del norte serán los grandes enemigos fuera del país.

13.2 - Versículo 2

En ese momento habrá una gran resurrección de la nación judía. Usando la resurrección como figura, el ángel muestra que la nación se levantará de su posición degradada como el polvo de la tierra, para tomar una vez más su lugar distinto como una nación separada. Sin embargo, algunos brillarán, como los piadosos, para la vida eterna, mientras que la masa seguirá en la incredulidad. Para los tales, este renacimiento nacional solo conducirá a la vergüenza y al desprecio eterno.

13.3 - Versículo 3

Los piadosos, aquí llamados los sabios, darán, en el tiempo de esta gran tribulación, un claro testimonio a favor de Dios y de Cristo. Ellos «resplandecerán como el resplandor del firmamento». Mediante su testimonio «enseñan la justicia a la multitud».

13.4 - Versículo 4

Habiendo completado su revelación, el ángel instruye a Daniel para que cierre «las palabras, y selle el libro, hasta el tiempo del fin». Para el cristiano estas cosas no están selladas. En el Apocalipsis, le es dicho a Juan, que testifica en las asambleas del pueblo de Dios: «No selles las palabras de la profecía de este libro; porque el tiempo está cerca» (Apoc. 22:10, 16).

El cristiano, que camina en la luz de la venida de Cristo, ve que el tiempo está cerca, y tiene la luz completa de la profecía para guiarlo en este mundo de tinieblas. Para el mundo, y para el judío, mientras la Iglesia esté aquí, «el tiempo del fin», al que se aplican estas profecías, no ha llegado todavía. Hasta ese momento, estas cosas son para ellos incomprensibles, incluso como un libro sellado. Hasta ese momento, el mundo sigue su camino activamente comprometido con sus propios intereses, aumentando su conocimiento, pero ignorando totalmente el pensamiento de Dios y los juicios que vienen.

13.5 - Versículos 5-7

La profecía se termina con esta última visión de dos ángeles de pie, uno a un lado del río Hidekel y otro al otro. Daniel oye a uno de ellos preguntar: «¿Cuándo será el fin de estas maravillas?». «Estas maravillas» se refieren al «tiempo de angustia» del que el ángel ha hablado. Ahora Daniel aprende de la palabra de Dios, confirmada con un juramento, que el tiempo de angustia durará tres años y medio. Además, cuando este período haya terminado, la dispersión del pueblo terrenal de Dios será cumplida, la persecución de los piadosos cesará, y los juicios de Dios sobre las naciones vivas terminarán.

13.6 - Versículos 8-10

En presencia de todas estas revelaciones, Daniel tiene que admitir que oyó, pero no entendió. Así que vuelve a preguntar: «¿Cuál será el fin de estas cosas?». Daniel deseaba profundamente saber a qué fin conducirían. Sabemos que conducirán a las glorias y a la bendición del reino de Cristo. Pero, mientras que la revelación dada a Daniel nos habla de los juicios que preceden al reino, y por lo tanto nos lleva hasta el reino, se deja a Isaías y a otros desarrollar las glorias del reino de Cristo.

A Daniel se le dice que siga su camino, pues las palabras están selladas hasta el momento del fin. Sin embargo, se le dice que todas las penas venideras para su pueblo serán utilizadas por Dios para probar y purificar a los piadosos. Ninguna nación impía que hace el mal entenderá; pero «los entendidos comprenderán». Esta parece ser la respuesta a la observación de Daniel: «No entendí». Se le dice de esperar y temer a Dios y, a su debido tiempo, entenderá, porque el temor de Dios es el principio de la sabiduría.

13.7 - Versículos 11-12

A Daniel se le dice definitivamente que, desde el momento en que se quite el sacrificio diario, habrá 1.290 días, y entonces será bendito el que espere y llegue a los 1.335 días. Ambos periodos son superiores a los tres años y medio que comienzan con la retirada del sacrificio (véase Dan. 9:27 y Mat. 24:14). La razón de esto no está clara, pero puede ser para dejar tiempo para la reunión de todo Israel después del juicio del Anticristo. El día aclarará el significado exacto de estos números. Todo lo que sabemos es que, desde la retirada del sacrificio hasta el final del reinado del Anticristo, serán tres años y medio, o 1.260 días (según el cálculo judío), y hasta la llegada de la bendición completa 1.335 días.

13.8 - Versículo 13

En presencia de estos solemnes acontecimientos, Daniel se siente animado a esperar y a descansar en paz de alma, porque está asegurado que ocupará el lugar que le está señalado en el reino venidero al final de los días.