Inédito Nuevo

La inspiración y la autoridad de la Biblia


person Autor: Frank Binford HOLE 63

flag Tema: La inspiración y la autoridad


De todas las grandes verdades bíblicas fundamentales, la inspiración de las Escrituras es la primera, por la sencilla razón de que sin ella las demás no tienen crédito. Porque el Señor y los apóstoles dieron las revelaciones de Dios oralmente con excelencia y autoridad, pero ahora que ya no están con nosotros, si estas revelaciones no nos hubieran sido comunicadas en escritos divinamente inspirados –y por lo tanto autorizados–, la fe no podría existir hoy. En el mejor de los casos, tendríamos un mosaico de recuerdos y tradiciones, transmitidos de generación en generación. Por lo tanto, hasta que la inspiración y la autoridad de la Biblia estén firmemente ancladas en el alma, es inútil tratar de derivar de ella otras verdades que puedan parecer más fundamentales que esta.

Así que veamos lo que la Biblia tiene que decir sobre sí misma y lo que afirma.

1 - En el Antiguo Testamento, tres cosas nos llaman la atención

En primer lugar, en los primeros capítulos, los acontecimientos que están relatados no han podido ser observados por ningún humano, ya que tuvieron lugar antes de la creación del hombre. Por lo tanto, lo que se dice está desprovisto de cualquier conocimiento humano que se adquiriría fuera de una revelación divina. Además, estas cosas se afirman no en términos dignos de la especulación humana, sino con la tranquila seguridad del conocimiento absoluto y, por tanto, de la verdad.

En segundo lugar, en los libros históricos encontramos rasgos absolutamente desconocidos de todas las historias humanas, como la ausencia total de culto a un héroe. A los que son aprobados por Dios ven, sin embargo, sus defectos contados; a la inversa, se mencionan cosas loables sobre los peores hombres. Todo esto se dice con calma, de una manera que se eleva por encima de las pasiones y prejuicios humanos, con un juicio imparcial y una serenidad que solo se encuentra en Dios. Además, se discuten ampliamente asuntos que nunca habríamos mencionado –como los pasajes de Jueces 17 y 18:14-26 y 1 Samuel 1:4 al 2:11–, mientras que se ignoran cosas que habríamos considerado dignas de mucha atención, como el gran terremoto del reinado de Uzías, que nunca se menciona históricamente, y del que no habríamos sabido nada si Amós y Zacarías no hubieran aludido a esta gran catástrofe. En resumen, los libros históricos solo cuentan la “historia” de lo que aclara los propósitos o caminos de Dios.

En tercer lugar, en los libros de los profetas solo podemos sentir la contundencia de sus llamamientos: ninguna vacilación, ninguna disculpa, sino un siempre recurrente «Así dice Jehová». La Palabra de Dios llegó a través de sus labios y de sus escritos, y su poderosa apelación al corazón y a la conciencia puede sentirse hoy en la hostilidad que sus palabras aún despiertan en los hombres pecadores, y por la forma en que ganan los corazones de los hombres haciéndoles ver su bendición final.

En el Nuevo Testamento encontramos claras afirmaciones de la inspiración y la autoridad del Antiguo, primero de labios del propio Señor (Mat. 4:4, 7, 10; 5:17; Marcos 12:24; 14:21; Lucas 4:21; 16:31; 24:25-27, 44-46; Juan 5:46-47; 10:35), y luego de los evangelistas, que a menudo se refieren al cumplimiento de los Escritos del Antiguo Testamento sobre la vida, la muerte y la resurrección del Señor Jesús. «Para que se cumpliera» (Mat. 1:22: 2:15; 4:14; 12:17; 21:4), «para que la Escritura se cumpliese» (Juan 17:12; 19:24, 28, 36), son expresiones que se repiten en varias ocasiones. En las epístolas, la inspiración de los escritores del Antiguo Testamento también se indica claramente en pasajes como 2 Timoteo 3:15-17; 1 Pedro 1:10-12 y 2 Pedro 1:19-21.

¿Y qué del Nuevo Testamento? Si se afirma claramente que el Antiguo Testamento está inspirado por Dios, ¿se afirma que él mismo está inspirado? La respuesta es sí.

Hay que recordar que el Nuevo Testamento nos llegó a través de los escritos de algunos de los apóstoles del Señor y sus colaboradores. En 1 Corintios 2:13, el apóstol Pablo afirma que él y otros apóstoles estaban inspirados por el Espíritu al transmitir las verdades de la revelación divina. En 1 Corintios 14:37, afirma que sus escritos son «mandamientos del Señor». En 2 Pedro 3:15-16, el apóstol Pedro confirma las epístolas de Pablo y las sitúa en pie de igualdad con «las demás Escrituras».

En los primeros versículos de su Evangelio, Lucas dice que ha investigado «todos esos hechos con exactitud desde su origen», y que escribe «por orden» para que Teófilo «conozca la verdad exacta» de las cosas en las que había sido instruido. En su Primera Epístola, el apóstol Juan afirma que la escribió para que los creyentes «sepan» que tenían vida eterna (1 Juan 5:13). Ambas afirmaciones implican que los escritos en cuestión tienen una certeza y una autoridad que solo la inspiración puede dar. En el Apocalipsis, el apóstol Juan recibe la revelación, da testimonio de ella y entrega «las palabras de la profecía» (Apoc. 1:1-3), y luego pronuncia una solemne maldición sobre cualquiera que se atreva a alterar estas «palabras» tal como fueron dadas (Apoc. 22:18-19). Aquí también está implícita la inspiración verbal.

Estos pasajes bastan para demostrar que los redactores del Nuevo Testamento confirman la inspiración del Antiguo Testamento y afirman la del Nuevo. Por tanto, mientras que las cartas sagradas que Timoteo conocía desde su infancia (2 Tim. 3:15) eran los escritos del Antiguo Testamento, la «toda la Escritura» del versículo 16 abarca todos los escritos que componen la Biblia. «Toda la Escritura es inspirada por Dios». ¡Esta es una frase notable! Al igual que el hombre, al que Jehová Dios formó del polvo de la tierra, se convirtió en un alma viviente solo después de recibir el aliento de Dios, lo que habría sido una colección de fragmentos literarios se convirtió, por la inspiración de Dios, en un todo coherente: la Palabra inspirada de Dios, viva y operante.

1 Corintios 2, es quizá el capítulo más llamativo sobre este tema, pues se nos permite ver el proceso que Dios se complació en ordenar para comunicar sus pensamientos a su pueblo. Hay tres etapas distintas y una acción distinta del Espíritu Santo de Dios en cada una.

La primera etapa, es la de la revelación. Las cosas preparadas por Dios para los que le aman, las cosas invisibles, nunca oídas y que el hombre no puede imaginar, han sido reveladas por el Espíritu de Dios, que es plenamente competente para ello, como muestra el final del versículo 10. El versículo 11 va más allá y afirma que el Espíritu de Dios es la única fuente posible de tales revelaciones. Ahora bien, estas revelaciones del Espíritu no fueron hechas al mundo, ni siquiera a todos los santos, sino a los apóstoles y profetas (comp. Efe. 3:5).

La segunda etapa, es la inspiración. Dios ha velado a que los apóstoles y profetas transmitan estas revelaciones bajo el control directo de la supervisión divina. Así, el versículo 13 nos dice que no se dejaron llevar por su propia sabiduría para decir la verdad de la mejor manera posible, sino que fueron guiados por el Espíritu Santo en las palabras exactas que utilizaron.

La tercera etapa, es la apropiación. Habiendo sido revelada la verdad a hombres elegidos por Dios y comunicada por ellos en palabras inspiradas, los que la reciben se la deben apropiar, para que los ilumine y tenga efecto en ellos. De esto habla 1 Corintios 2:14. Ningún hombre en el estado natural, o inconverso, puede recibir estas cosas; la facultad que le permitiría recibirlas falta absolutamente. Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente. Los creyentes tienen «la mente de Cristo» (v. 16) y han recibido el Espíritu de Dios para que «conozcamos lo que nos ha sido dado gratuitamente por Dios» (v. 12).

Cuando hablamos de revelación, nos referimos a la obra del Espíritu de Dios por la que se imparten conocimientos y pensamientos puramente divinos a las mentes y los corazones de los hombres elegidos por Dios.

Cuando hablamos de inspiración, estamos pensando en esa segunda obra del Espíritu de Dios por la que estos hombres fueron capaces de anunciar la verdad revelada con palabras divinamente elegidas, con precisión divina, ya sea oralmente o por escrito.

La revelación se refiere a la transmisión de la verdad desde el espíritu de Dios a las mentes de los apóstoles y profetas, para que puedan concebirla y comprenderla.

La inspiración consiste en la transmisión de la misma verdad desde la mente de los apóstoles y profetas a todos los santos, y para ello se necesitaban palabras, no solo pensamientos. Pero si la verdad divina ha de ser expresada con palabras humanas, estas deben ser elegidas y utilizadas con perfecta adecuación y precisión, lo que está garantizado por la acción del Espíritu Santo. «Hombres de Dios hablaron guiados por el Espíritu Santo» (2 Pe. 1:21).

La palabra traducida como «guiados» en este pasaje significa «llevados». Estos santos hombres del Antiguo Testamento hablaron movidos por el Espíritu Santo.

Tomemos como ejemplo a Jeremías. Es cierto que un cierto estilo caracteriza sus escritos, de modo que cualquier persona con una mente literaria y familiarizada con el contenido de la Biblia los reconocerá allí donde se citan. Sin embargo, era el Espíritu de Dios el que tenía el poder de mantener su mente en la corriente de la voluntad de Dios y el que controlaba sus escritos, de modo que los pensamientos expresados y las palabras pronunciadas eran de Dios.

A veces la obra del Espíritu Santo era tan poderosa que sobrepasaba los límites inevitables de la mente del profeta en cuestión y le hacía escribir cosas de las que no conocía el verdadero y completo significado. Así, algunos de los redactores del Antiguo Testamento, si no todos, tenían que indagar y buscar cuidadosamente el significado de lo que ellos mismos habían escrito. El Espíritu de Cristo en ellos había indicado en sus escritos todo lo relativo a los sufrimientos de Cristo y las glorias que le seguirían. En respuesta a su búsqueda, se les reveló, además, que estaban escribiendo para el beneficio de los santos por venir –los santos de la presente dispensación. Siendo así, no distinguían que vagamente el alcance de sus escritos inspirados. Había una inspiración completa pero una revelación incompleta para ellos, pero no para las generaciones futuras. 1 Pedro 1:10-12 nos habla de esto y muestra lo poderosa y real que es la inspiración.

Se puede contrastar esto con el tipo de inspiración que Pablo menciona en 1 Corintios 14. En el versículo 19, dice que cuando daba comunicaciones inspiradas en las asambleas de los santos, su objetivo era pronunciar palabras con su inteligencia, aunque solo fueran cinco. Deseaba hablar de cosas que entendía inteligentemente para que fueran perfectamente inteligibles para sus oyentes.

El tipo de inspiración del que se habla en 1 Pedro 1:10-12, es muy característico de los escritores del Antiguo Testamento. Dado que los profetas, que transmitían los mensajes, no comprendían el alcance de sus palabras, se trataba, por así decirlo, de una inspiración no inteligente.

El tipo de inspiración que se menciona en 1 Corintios 2 es el que caracteriza casi por completo los escritos del Nuevo Testamento y, por el contrario, puede denominarse inspiración inteligente. Lo que nos hace decir “casi” son ciertas partes del Apocalipsis. Es muy probable que algunas de las visiones y afirmaciones contenidas en este notable desvelamiento del futuro fueran oscuras para Juan, como lo son para nosotros, y solo serán claramente comprendidas por los santos de la tribulación venidera. El famoso número 666 (Apoc. 13:18) es el ejemplo más típico.

La distinción anterior puede ser útil para aquellos que quieran estudiar el asunto un poco más de cerca. Sin embargo, nunca hay que olvidar que, ya sea inteligente o no, la inspiración es exactamente la misma.

Pasemos ahora a las preguntas más frecuentes sobre este tema.

2 - ¿Qué significa exactamente la inspiración verbal, de la que tanto se burlan ahora los propios evangelistas? ¿La cree usted?

Significa que la inspiración es de tal plenitud que se extiende al control de las propias palabras de lo que se dice o escribe. Verbal es un adjetivo derivado del latín verbum que significa “término” o “palabra”. Algunos aceptan un tipo de inspiración diferente, que se extiende a los pensamientos, una inspiración que se asemeja a ese estado de éxtasis mental que producía los mejores pasajes de Shakespeare.

Sin embargo, tengamos en cuenta que la Escritura dice absolutamente que su inspiración concierne las palabras (1 Cor. 2:13; Apoc. 1:3; 22:18-19); además, una inspiración que se extendiera solo a los pensamientos haría vana la autoridad de la Escritura. Decir que Dios ha dado a Pablo, Pedro y Juan pensamientos maravillosos, pero que se quedaron sin la guía divina a la hora de expresarlos y transmitirlos a otros, es quitar con una mano lo que se da con la otra.

No tenemos forma de conocer los maravillosos pensamientos que hay en la mente de Pablo, excepto por las palabras con las que los reviste. Es una verdadera dificultad expresar el pensamiento más simple en términos adecuados, así que sin palabras inspiradas nada es inspirado en absoluto, incluso si Pablo tuvo revelaciones. En otras palabras, si las Escrituras no fueran inspiradas en las palabras utilizadas, no serían inspiradas en absoluto y la Biblia no tendría autoridad. Es precisamente esta autoridad la que el falso maestro moderno trata de destruir.

Para nosotros es suficiente que la Biblia afirme su inspiración verbal. Nosotros lo creemos.

3 - ¿Qué teoría tiene usted sobre cómo se hizo efectiva la inspiración verbal? ¿Cómo se hizo esto?

Ha habido muchas teorías, pero no nos atenemos a ninguna de ellas. No tenemos que teorizar sobre el funcionamiento exacto de la inspiración, como tampoco lo hacemos sobre otros grandes misterios de la fe, como la verdad de un Dios en tres Personas, o cómo actuó Dios para crear los mundos, o cómo ocurrió exactamente la encarnación del Señor. En lugar de elaborar teorías, admitimos simplemente y sin vacilar estas grandes verdades claramente reveladas en las Escrituras, aunque sean sobrenaturales y estén más allá de nuestra comprensión. No buscamos entenderlas, las aceptamos por fe. No estamos preocupados por estos misterios que están más allá de nuestra comprensión, sino que nos fortalecen. Esto es lo que esperamos de una revelación divina. En el cristianismo, si todo cayera en el ámbito de nuestras inteligencias –que, aunque renovadas por la gracia, siguen siendo humanas– diríamos inmediatamente que es de origen humano. Pero no es así, es de Dios.

4 - ¿Qué dice usted de las continuas acusaciones de inexactitud y error en la Biblia?

Simplemente esto: si se pudieran recoger y clasificar todas las acusaciones que se han hecho, creemos que una gran mayoría serían acusaciones hechas por pura ignorancia, y a menudo más o menos deshonestas. La pregunta favorita sobre la esposa de Caín (Gén. 4:17), es decir: “¿de donde venia?”

es un ejemplo de esta abundante categoría. Esas dificultades no existen en las Escrituras, sino solo en la mente de las personas que las plantean.

Dejando de lado estas acusaciones, creemos que de las que quedan, una gran mayoría serían verdaderas dificultades, pero que una investigación cuidadosa y en oración resolvería, revelando a menudo la belleza oculta.

Un ejemplo de esta categoría es la declaración de las 14 generaciones en Mateo 1:17. Descubrimos que es posible llegar a las 14 generaciones, desde David hasta el cautiverio, omitiendo los nombres de los reyes inmediatamente descendientes de la malvada Atalía, hija de la infame Jezabel. Sus nombres son excluidos de la genealogía hasta la tercera generación. El aparente error se explica por el hecho de que los pensamientos, caminos y cálculos de Dios no son los nuestros. Si se produce la apostasía, él no cuenta las generaciones afectadas por ella.

Ahora queda un número muy reducido de dificultades que forman la tercera categoría, consistente en pequeñas discrepancias cuyo origen no puede descubrirse con certeza. Un ejemplo de esta categoría es la cuestión de la edad de Ocozías cuando subió al trono de Judá. 2 Reyes 8:26 dice 22 años, mientras que 2 Crónicas 22:2 dice 42 años. Lo más probable es que se trate de un error de los primeros copistas, pero no tenemos forma de saber cuándo y cómo.

De hecho, la mayoría de los llamados errores son solo aparentes. Los escasos errores reales son los de los copistas, en cuestiones sin gran importancia.

5 - ¿Es posible mantener que la versión “autorizada” (KJV) es inspirada, cuando se ha publicado una revisión y hay muchas otras traducciones al inglés?

Nunca hemos dicho ni decimos que la versión “autorizada” u otras versiones sean inspiradas.

Lo que mantenemos es:

  1. Que las Escrituras, tal como fueron escritas en su idioma original, son inspiradas por Dios, y esa inspiración se extiende a las palabras utilizadas.
  2. Que, debido al gran número de manuscritos antiguos de las Escrituras conservados por la providencia de Dios, poseemos un conocimiento muy exacto de las Escrituras tal como fueron escritas originalmente, siendo las palabras o pasajes dudosos pocos y sin importancia vital.
  3. Que la versión “autorizada” es, en general, buena y fiel en su traducción del original inspirado, pero que puede ser útil compararla con la versión revisada, y especialmente con la traducción de J.N. Darby, que es más precisa. Pero en el fondo nos ofrece la Palabra de Dios inspirada en forma fiable.

6 - ¿Qué hay de la versión revisada de 2 Timoteo 3:16: «Toda la Escritura inspirada por Dios es útil» –es esto correcto?

Esta versión es claramente errónea. En el original griego, el verbo “es” no aparece en absoluto, se entiende, pero no se expresa. En inglés, como en francés (nota del traductor), tenemos que expresarlo, y la cuestión es dónde debe insertarse este verbo. En el Nuevo Testamento hay otros ocho pasajes que tienen una construcción similar. Los revisores los han traducido todos como en la versión “autorizada”. Solo en 2 Timoteo 3:16 han “torcido” la frase de esta manera. Hebreos 4:13 es uno de los ocho pasajes. Si lo traducimos como se ha revisado 2 Timoteo 3:16, se diría: “Todo lo que está desnudo se descubre a los ojos de Aquel con quien tratamos”, sería absurdamente obvio. El versículo revisado de Timoteo no tiene sentido, ya que afirma lo obvio, que toda la Escritura inspirada por Dios es buena. Timoteo lo sabía bien, la seguridad que necesitaba para preparar la partida de los apóstoles era que “Toda la Escritura está inspirada por Dios”.

7 - ¿Cómo podemos explicar que las palabras de los hombres malvados tengan un lugar en la Biblia? ¿Están inspiradas?

Estas son referidas, pero estos hombres no las dijeron por inspiración. Es fácil justificar su lugar en las Escrituras. La explicación reside en la diferencia entre revelación e inspiración. No toda la Escritura es una revelación directa de Dios. En la parte histórica se registran las palabras de hombres perversos e incluso de Satanás. Un libro como el Eclesiastés es en gran parte un relato de los pensamientos, razonamientos y desilusiones de Salomón que buscaba la felicidad en la satisfacción de sus deseos naturales. Sin embargo, todo nos es dado por inspiración de Dios. Tenemos relatos divinamente precisos de lo que se hizo o se dijo, y Salomón fue llevado a relatar sus luchas de mente en forma divina para que fueran útiles para nuestra instrucción y corrección.

Tomemos Eclesiastés 2:24: «No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo». ¿Es una revelación de Dios? ¿Es la voz de Dios que nos dice que la comida y la bebida son, después de todo, el mayor bien? ¡Obviamente no! ¿Qué es entonces? Es un relato divinamente inspirado de la extrema locura a la que el más sabio de los hombres puede ser conducido en sus razonamientos y observaciones si no tiene la luz de lo alto. ¡Qué bueno es que Dios nos dé una visión de esto en su relato inspirado!

8 - A algunas personas les gusta abrir sus Biblias y considerar el primer versículo que les llega y asumir que Dios se dirige a ellos con este mensaje. ¿Es un buen proceso?

La verdad es que no. Estamos dispuestos a creer que algunas personas han comprendido a veces versículos que les “saltaron a la vista”, pero cualquier método que se base en la casualidad es indigno de la Palabra inspirada de Dios.

No está escrita para los perezosos, sino para los que buscan diligentemente la verdad, que desean ser guiados por la Palabra, como los judíos de Berea (Hec. 17:11), y que la leen con fe en dependencia de Dios. Solo así podemos «cortar recto» (2 Tim. 2:15) su contenido y obtener la luz y la sabiduría de Dios.


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