Las artimañas de Satanás
Autor: Ernst August BREMICKER 21
Tema: Satanás
Traducido de «Le Messager Évangélique», año 2012, página 242
A primera vista, no resulta muy edificante abordar un tema así. Sin embargo, la Biblia nos presenta al diablo como un ser que existe realmente y que siempre se opone a Cristo y a los suyos. Por eso no podemos simplemente dejar de lado este tema.
«El diablo peca desde el principio» (1 Juan 3:8). Él es «el príncipe de este mundo» y «el dios de este siglo» (Juan 12:31; 2 Cor. 4:4). Es poderoso, aunque no es todopoderoso. Desde el nacimiento, cada ser humano se encuentra en el ámbito donde se ejerce el dominio de Satanás. Aquellos que han aceptado al Señor Jesús como su Salvador han sido liberados «del poder de las tinieblas» y trasladados «al reino del Hijo» del amor del Padre (Col. 1:13). Han abandonado el dominio de Satanás, caracterizado por las tinieblas, y ahora se encuentran en el dominio de Cristo, caracterizado por la luz (Hec. 26:18). Este cambio es inmenso y, para todos aquellos que ahora están del lado de Cristo, es un motivo diario de agradecimiento y gozo.
Sin embargo, aunque el diablo ya no domina a los creyentes, es y sigue siendo un enemigo. Es el gran adversario de Cristo y hace todo lo posible por perjudicar a quienes lo han aceptado en su vida. Tiene 2 aliados temibles: la carne que está en nosotros y el mundo que nos rodea.
Hemos sido arrancados del poder del diablo. Sin embargo, él sigue estando en contra nuestra y se esfuerza por hacernos daño. Es nuestro adversario (1 Pe. 5:8). La historia de Job lo pone de manifiesto, y muchos otros pasajes de la Biblia revelan su actividad contra los creyentes (por ejemplo: Zac. 3:1 y 1 Crón. 21:1). Incluso puede suceder que Satanás llene el corazón de alguno de ellos (Hec. 5:3). Sus artimañas son numerosas y diversas, y se nos exhorta a resistir sus engaños (Efe. 6:11). Por eso nos resulta útil conocer sus características. Consideremos, pues, algunas advertencias que Dios nos da en su Palabra sobre la forma en que actúa Satanás.
1. La mentira – El diablo es el gran mentiroso, y se le llama «padre de mentiras» (Juan 8:44). Esto ya se ve en Génesis 3, en su primera aparición, en el jardín en Edén. Todas las actividades del diablo están marcadas por la mentira. Todo lo que dice, o lo que intenta hacer creer, es cualquier cosa menos la verdad. Distorsiona los hechos o los niega.
2. El engaño – Esto está estrechamente relacionado con la mentira. Satanás siempre busca engañar a los hombres. Se presenta como un ángel de luz y envía a sus mensajeros que «se disfrazan de ministros de justicia» (2 Cor. 11:14-15). El mayor engaño de Satanás aún está por venir, «cuando será revelado el inicuo» –el anticristo– «cuya presencia es la obra de Satanás, con todo poder, y señales, y prodigios de mentira» (2 Tes. 2:8-9). Pero el principio ya está en marcha hoy en día.
3. La distorsión de la verdad – Esto también está estrechamente relacionado con la mentira. Satanás es un maestro en alterar la Palabra de Dios, adaptarla a sus planes y hacernos creer luego que es el pensamiento de Dios. Así es como procedió para hacer caer a Eva (Gén. 3:1). Incluso en la tentación del Señor Jesús en el desierto, trató de alcanzar su objetivo citando el Antiguo Testamento –por supuesto, sin éxito (Lucas 4:10-11).
4. La imitación de lo divino –Satanás busca imitar lo divino para desconcertarnos y desestabilizarnos. Llevó a los adivinos de Egipto a imitar los milagros de Moisés (Éx. 7:22). En el campo donde se siembra la buena semilla, él siembra la cizaña que se parece al grano bueno. De este modo, trabaja para corromper la cosecha (Mat. 13:25, 39). Para discernir en qué las imitaciones difieren de la verdad, necesitamos discernimiento espiritual.
5. La seducción – Satanás siempre intentará inducir a los creyentes al mal y a la independencia de Dios. Jesús dijo a sus discípulos: «Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo» (Lucas 22:31). Conoce nuestros puntos débiles y sabe dónde apoyar para hacernos caer; por ejemplo: la seducción moral (1 Cor. 7:5). En este ámbito, el diablo ha obtenido a menudo victorias porque no hemos estado lo suficientemente atentos. El apóstol Juan nos advierte seriamente contra «los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida» (1 Juan 2:16).
6. La neutralización del efecto de la Palabra – Uno de los esfuerzos constantes de Satanás es tratar de anular el efecto de la Palabra de Dios en nuestro corazón, para que no haya fruto para Dios en nuestra vida. Si no estamos atentos y no recibimos esta Palabra como es debido, él quita la semilla que Dios siembra en nuestro corazón cuando la leemos o la oímos (Mat. 13:19).
7. Los obstáculos a la obra de Dios – Pablo y sus colaboradores tuvieron que experimentar los esfuerzos de Satanás por oponerse a la obra del Señor. Dios puede permitir que Satanás la obstaculice, o incluso la impida. Aunque las intenciones de los misioneros eran buenas y sus motivos rectos, Satanás les impidió llegar a Tesalónica, y esto ocurrió 2 veces (1 Tes. 2:18). Por eso debemos contar con que Satanás, aún hoy, hace todo lo que puede para impedir que la obra del Señor se lleve a cabo.
8. La persecución. – La Biblia nos presenta al diablo no solo como aquel que ataca de manera sutil y encubierta, sino también como un «león rugiente» que busca devorar (1 Pe. 5:8). Es bajo este carácter con el que los creyentes de Esmirna tuvieron que lidiar con él: el diablo iba a arrojar a algunos de ellos a la cárcel (Apoc. 2:10). El gran número de mártires en la historia de la Iglesia pone tristemente de manifiesto esta actividad.
9. El sufrimiento. – La historia de Job nos enseña cómo Satanás ataca directamente a un creyente infligiéndole grandes sufrimientos corporales. Pablo también sufrió tales ataques, ya que habla de un ángel de Satanás que le azotaba (2 Cor. 12:7). Pero recordemos que el diablo no puede hacer nada si Dios no se lo permite. Dios está por encima de todas las cosas. Esto también se desprende muy claramente de la historia de Job. Es Dios quien determina la medida y la duración de la prueba.
Hablando de Satanás, Pablo escribe a los corintios: «No ignoramos sus intenciones» (2 Cor. 2:11). Es deseable que esto sea cierto también para nosotros, y que sepamos a qué enemigo nos enfrentamos. Es necesario conocer sus intenciones y sus métodos, para no subestimar el peligro que entrañan para nosotros.
Para terminar este tema negativo con algo positivo, mencionemos 2 hechos alentadores.
1. Satanás es un enemigo vencido. «Para esto fue manifestado el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo» (1 Juan 3:8). Con su muerte, el Señor Jesús le quitó el poder de la muerte (Hebr. 2:14). En la cruz, la obra de Cristo fue el triunfo sobre Satanás y sobre todos los poderes de la maldad: «Despojando a las autoridades y a las potestades, las exhibió en público, triunfando sobre ellas [en la cruz]» (Col. 2:15).
2. Esta victoria obtenida en la cruz pronto se hará visible. Pablo escribe a los romanos: «Y el Dios de paz quebrantará en breve a Satanás bajo vuestros pies» (Rom. 16:20). El diablo será atado y arrojado al abismo (Apoc. 20:2-3). Después será desatado por un tiempo, y luego arrojado al lago de fuego y azufre por la eternidad (v. 7, 10).