Índice general
Abraham en Gerar
Autor: Samuel PROD'HOM 18
Tema: Abraham
Traducido de «Le Messager Évangélique», año 1925, página 276
1 - La recaída de Abraham en Gerar
Al leer el capítulo 20 del Génesis, nos sorprende ver que Abraham cae en casa de Abimelec, en Gerar, en la misma falta que cometió antaño ante Faraón en Egipto, al comienzo de su carrera. Desde que, al regresar de Egipto, había recuperado su tienda y su altar, ¿no había disfrutado de una plena comunión con su Dios, honrándolo con una confianza total en sus promesas? «Creyó a Dios, y eso le fue contado por justicia»; eso le había valido los títulos de «amigo de Dios» y “padre de los creyentes” (vean Rom. 4:3; Sant. 2:23). Sin embargo, su fe se ponía a prueba; aún no había recibido al hijo, objeto de la promesa. Se acercaba el momento; pero Dios sabía que aún quedaba algo por hacer en el corazón del patriarca, para que estuviera en condiciones de recibir a ese hijo y de glorificar a Dios en lo sucesivo, sin exponer su testimonio a ningún oprobio.
Abraham guardaba en su corazón algo sin resolver que, bajo el efecto de las circunstancias, podía resurgir y empañar su testimonio, deshonrando a Jehová. Por eso, Dios permitió que bajara a Gerar para ser puesto a prueba de la misma manera que en Egipto unos 25 años antes. Ante Abimelec, Abraham niega de nuevo el vínculo que le une a Sara; pero lo que nos interesa es saber por qué.
2 - Dios permite una recaída para revelar un mal oculto con el fin de juzgarlo
¿Por qué permite Dios a veces que volvamos a caer en la misma falta, si no es para hacernos confesar y juzgar definitivamente un mal que podía permanecer en el corazón en estado latente, sin perturbarnos, mientras una circunstancia favorable no provocara su manifestación? Eso es lo que ocurrió. En los versículos 12-13 de nuestro capítulo, el patriarca confiesa que, al comienzo de su peregrinaje, había acordado con su mujer decir que ella era su hermana. Esa confesión humillante no la había hecho cuando regresó de Egipto. Al mismo tiempo, juzgaba aquí su falta de fe en la práctica, pues el Dios que le había llamado fuera de su tierra y de su familia era poderoso para protegerle del peligro que temía. Si pensaba, como era cierto, que no había temor de Dios en la gente, sí lo había en él para dejar que Dios interviniera.
3 - La enseñanza para el creyente: comprender la duplicidad de nuestro corazón
¿No es este un retrato de cómo actuamos a menudo? Confiamos en Dios en lo que respecta a las promesas celestiales, sabemos que se cumplirán, y en los detalles de la vida cotidiana recurrimos a recursos humanos, como si Dios fuera ajeno a las circunstancias de la vida presente, o como si le fuera indiferente vernos buscar ayuda en Egipto, es decir, en el mundo.
4 - Dios desea preservarnos de las caídas y guiarnos hacia una vida de santidad y de comunión
Pero Dios es fiel; quiere liberarnos de todo aquello que, en un momento u otro, pueda sernos perjudicial, y ponernos en condiciones de recibir cada vez más abundantemente sus preciosas bendiciones. Con qué facilidad conservamos nuestras inclinaciones naturales sin juzgarlas a fondo porque no se manifiestan, al no prestarse las circunstancias a ello. Pero, en cuanto nos vemos expuestos a ellas, como le sucedió a Abraham en Gerar, quedamos a merced de un mal que solo esperaba la ocasión para mostrarse en toda su fealdad, con el fin de mancillar nuestro testimonio y deshonrar al Señor. En su gracia, Dios quiere protegernos de tales caídas y hacernos crecer en una vida de santidad y comunión sobre la que su bendición pueda descansar libremente.
5 - La bendición se recibe después del juicio
Esto es lo que vemos en el capítulo siguiente. Abraham y Sara pudieron recibir al hijo de la promesa que les fue enviado en un entorno moral purificado de todo aquello que pudiera exponerlos a una nueva caída. Pudieron saborear en paz las delicias de una bendición tan grande. Sin embargo, Dios quería aún más para el afortunado patriarca. Mientras estemos en la tierra, él obra en nosotros, pues somos su obra, y nos moldea con vistas al glorioso objetivo que quiere alcanzar.
6 - Dios continúa su obra con respecto a Abraham
Tras el nacimiento de Isaac, Abraham aún debía estar liberado de la presencia de Agar y de su hijo, consecuencia de su falta de fe en 2 ocasiones. Agar era una adquisición hecha en Egipto, e Ismael, el resultado de la acción de la carne incrédula con el fin de obtener lo que Dios había prometido. Tras esta purificación interior y exterior, la bendición de Dios pudo por fin reposar libremente sobre el bienaventurado depositario de las promesas.
7 - Una nueva etapa para Abraham: Dios pone a prueba la fe del patriarca
A nuestro juicio, parecería que Dios no podía dar nada más a Abraham que Isaac; sin embargo, quería hacer aún más por él. Se dice, en el capítulo 22, versículo 1: «Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham». «Después de estas cosas», después de que Dios hubiera completado la formación de Abraham y de que le hubiera dado a Isaac; aún había que demostrar que no quedaba ni la más mínima impureza en el precioso metal de su fe y que las perfecciones de esta podían manifestarse sin temor a que los resultados de la prueba no estuvieran a la altura de lo que Dios esperaba de ella. Era «la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro perecedero» (1 Pe. 1:7). Dios le pide a Abraham que le ofrezca a su hijo en sacrificio. Pero ¿qué sería entonces de las promesas que se basaban en Isaac? Abraham sabe que se basan, ante todo, en la Palabra de Jehová; puede sacrificar a su hijo porque sabe que la Palabra de Jehová hacia él no puede ser sacrificada, y que es inmutable como el propio Dios; por eso recibe a Isaac como si se tratara de una resurrección. ¡Qué triunfo de la fe! ¡Qué gloria para Dios ver en un hombre falible –pero al que Él ha formado para glorificarse en él– una fe sin reservas en su Palabra!
8 - Los caminos de Dios están siempre llenos de amor y de sabiduría
¡Es maravilloso contemplar los caminos de Dios, llenos de amor y de sabiduría hacia los suyos! Los vemos en la historia pasada de los creyentes, y tenemos la certeza de que lo mismo ocurre con nosotros ahora. Quizá no los entendamos ahora, pero podemos confiar en Dios, que los llevará a buen puerto en la gloria. Para nosotros, los cristianos, el tiempo actual es tiempo de prueba; pero se acerca el momento en que disfrutaremos de sus resultados gloriosos y eternos.
9 - El sentido de las pruebas en la vida del creyente
Dios nos muestra en su Palabra que, a través de la prueba, se propone alcanzar diversos objetivos.
9.1 - Los ejemplos de Ezequías y Job
En 2 Crónicas 32:31, Dios abandona a Ezequías «para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón». El resultado fue humillante; pero el propósito de Dios, al igual que en el caso de Job, era que él conociera su propio corazón, para aprender a conocer mejor el de Dios.
9.2 - El ejemplo del apóstol Pablo
A través de otras pruebas, Dios nos lleva a una dependencia total de Él, al sentimiento de nuestra nada, como en el caso de Pablo en 2 Corintios 12:9. Dios siempre tiene como objetivo que tengamos el mismo juicio que él mismo, para poder bendecirnos después. La prueba de la fe es la más gloriosa de todas, pues solo puede tener lugar cuando Dios juzga que nuestra fe es capaz de soportarla.
10 - Hay que distinguir la prueba de la fe de las consecuencias del pecado y del juicio de Dios
A menudo sufrimos por las consecuencias de nuestras faltas; en ese caso, se trata más bien del juicio de Dios, aunque la prueba también pueda estar presente.
11 - Tengamos paciencia y confianza en los designios de Dios para nuestra bendición
¡Qué aliento nos dan todas las dispensaciones de Dios hacia nosotros, al saber que él siempre está actuando entre bastidores para que todo conduzca a su gloria, que es también la nuestra! Aprendamos a soportar la prueba con paciencia y confianza, mientras esperamos disfrutar, en la gloria, de todos los resultados que Dios habrá obtenido para nosotros cuando le veamos al Señor cara a cara y le conozcamos como hemos sido conocidos.