Inédito Nuevo

Barzilai, su servicio y su recompensa


person Autor: Clarence Esme STUART 5

flag Tema: Barzilai


Bible Treasury, Volumen 8, 1870, p. 50

1 - La fidelidad se pone a prueba en tiempos de rechazo

Cuando el rey está firmemente asentado en el trono y ningún rebelde se levanta para disputarle su derecho a ocuparlo, resulta bastante fácil aparentar lealtad y gritar «¡Viva el rey!» (vean 2 Sam. 16:16) junto con la multitud. Pero cuando la rebelión ha ganado mucho terreno entre las masas, y el pueblo ya no venera al rey sino a algún aspirante al poder y al honor real, el soberano –que hasta hace poco era recibido con vítores allá donde iba– descubre entonces quiénes son sus verdaderos amigos y distingue entre el cortesano adulador y el súbdito leal. El día en que se rechaza al rey es el día en que el súbdito se revela tal y como es. Así ocurrió con el anciano Barzilai y los que estaban con él en Mahanaim.

2 - La rebelión de Absalón pone al descubierto los corazones

Las masas de una nación son siempre volubles. Quien un día es venerado puede convertirse al día siguiente en objeto del odio del pueblo, y el benefactor de un pueblo puede verse a sí mismo vagando por el mismo país en el que reinó. Tal fue la experiencia de David cuando estalló la rebelión de Absalón. «Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles» (1 Sam. 18:7), habían cantado las mujeres de Israel cuando regresaban del conflicto con los filisteos. Él había sabido lo que era ser el hombre a quien Israel se complacía en honrar. Había recibido el homenaje de las 12 tribus de Israel en Hebrón, cuando estas acudieron allí para ungirlo rey sobre Israel.

Ahora estaba rechazado, junto con un grupo que le seguía siendo fiel, huyendo también de la presencia de su hijo Absalón. El guerrero y benefactor de su país, al que había elevado a una cima de gloria, prosperidad e influencia nunca conocida, estaba rechazado en favor del hijo del rey, que no destacaba por nada salvo por su aspecto corporal, su voluntad desenfrenada y su inmenso poder de disimulo. Absalón había sustraído los corazones de los hombres de Israel. Es cierto que David había pecado gravemente en el asunto de la mujer de Urías y en el asesinato a sangre fría de Urías, su fiel soldado. Pero ¿de qué podía jactarse Absalón, si no era del pérfido asesinato de su hermano mayor Amnón? Dios castigaba ahora a David por los pecados con los que había dado ocasión a los enemigos de Jehová para blasfemar y, al mismo tiempo, ponía a prueba la lealtad y la fidelidad de todos los hijos de Israel hacia su ungido. ¿Y cuál fue el resultado? El rey había huido de Jerusalén; Simei había demostrado de qué pasta estaba hecho al maldecirlo; el pueblo de Israel había demostrado de qué pasta estaba hecho al alinearse con Absalón; y David y los que le seguían habían cruzado finalmente el Jordán, saliendo así de los verdaderos límites de la Tierra Prometida.

3 - La entrega voluntaria de Barzilai y sus compañeros

En ese momento, cuando las perspectivas de David eran más sombrías, Sobi, Makir y Barzilai se declararon de su lado, al encontrarse con él y su séquito en Mahanaim y llevar consigo lo que consideraban necesario. David no les había ordenado que le mantuvieran: ninguna fuerza superior les obligó a entregar lo que poseían al rey. Trajeron por iniciativa propia lo necesario para esa ocasión. David se encontraba en Mahanaim, pero Makir era de Lodebar, y Barzilai, de Roguelim. La distancia entre estos 2 lugares y la ciudad levítica, escenario del encuentro de Jacob con los ángeles de Dios, no está clara; pero al menos esto sí está claro: que estos 3 hombres se mostraron generosos con David, y Barzilai, al parecer, los superaba a todos, ya que «había dado provisiones al rey cuando estaba en Mahanaim» (2 Sam. 19:32). En aquel momento, su actitud fue muy clara y de lo más aceptable para David, y sin duda podemos añadir que también lo fue para el Espíritu de Dios, a quien le complació registrarla aquí con tanto detalle.

4 - Las características de su fidelidad

4.1 - Una fidelidad basada en el Señor; David era su ungido

Sobi era un amonita, hijo de Nahas, amigo de David, pero anteriormente enemigo de Israel, derrotado en Jabes de Galaad por Saúl. También era hermano de Hanun, cuya capital, Rabá, había sido tomada por los ejércitos de Israel, y cuya corona de oro adornaba la frente de David. Makir había sido un firme amigo de la familia de Saúl cuando David subió al trono; Mefi-boset había encontrado refugio en la casa de Makir hasta que le fueron devueltas las posesiones de su padre por el hombre al que su abuelo había perseguido sin descanso. No leemos nada sobre la historia de Barzilai. Sin embargo, estos 3, que probablemente habían seguido caminos diferentes, se unieron ahora para socorrer a David y a sus hombres. El amonita y el amigo de la casa de Saúl se aliaron con Barzilai en esto. Pero ¿qué era lo que los unía de tal manera? Que David merecía su castigo, todos debían admitirlo. ¿Acaso veían solo al hijo de Isaí? ¿No era más bien el ungido de Jehová? Al considerarlo como tal, se pusieron de acuerdo para mostrarle bondad.

4.2 - Una fidelidad llena de valor

Obligado por prudencia a interponer el Jordán entre él y Absalón, respaldado por las masas de Israel, recibe, en medio de la deserción general, las muestras de lealtad genuinas de estos 3 hombres. Veían en él al ungido de Jehová; Absalón, el ídolo del pueblo, no les resultaba en absoluto atractivo. No se pararon a pensar en lo que los demás pudieran hacer. No calcularon las posibilidades de éxito, ni esperaron a saber de qué lado se inclinarían las apariencias. Si hubieran considerado el problema desde esa perspectiva, ¿se habrían unido a David? ¿No habrían sido los ejércitos que seguían a Absalón los que hubieran decidido su lugar en Israel? La cuestión era sin duda muy sencilla para ellos: ¿debían o no ponerse del lado del ungido de Jehová? Esa pregunta solo admitía para ellos una única respuesta. ¿Admitiría ahora alguna otra? La prudencia mundana les habría aconsejado esperar antes de comprometerse de forma tan irrevocable como lo hicieron. Pero, de haber tardado, cualquier oportunidad de demostrar su lealtad y su dedicación habría pasado. Para ellos, era ahora o nunca. La razón habría sugerido otras consideraciones, tal vez una reunión con los líderes del partido de Absalón antes de dar ese paso audaz y ocupar un lugar tan destacado. ¿No deberían haber escuchado a ambas partes antes de posicionarse a favor del rey fugitivo? ¿Acaso Ahitofel, el gilonita, consejero de David, no se había sumado a la causa de Absalón? ¿No consideraba Israel que su consejo era como si un hombre hubiera consultado la Palabra de Dios? ¿Iban a oponer su sabiduría a la de él? Por otra parte, ¿no había deshonrado David el trono y pervertido la fuente de la justicia? Eso era cierto en cuanto al hombre David, pero él era el ungido de Jehová.

4.3 - Una fidelidad generosa y desinteresada

Entonces atendieron sus necesidades y se pusieron abiertamente de su lado ante todos. Fue un acto noble por su parte; todos debieron reconocerlo. También fue un acto justo, acorde con los designios de Dios; sin duda, al Espíritu de Dios le complació destacar las muestras de su fidelidad, al relatar los diversos elementos de sustento que así proporcionaron al rey y a quienes le acompañaban en el desierto. «Trajeron a David y al pueblo que estaba con él, camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, garbanzos tostados, miel, manteca, ovejas, y quesos de vaca, para que comiesen; porque decían: El pueblo está hambriento y cansado y sediento en el desierto» (2 Sam. 17:28-29). No parece que se haya olvidado nada de lo que el pueblo pudiera haber necesitado; nada de lo que trajeron parece haberse omitido en el relato.

5 - La victoria de David y la derrota de Absalón

Los acontecimientos se sucedieron. Absalón cruzó el Jordán con los ejércitos de Israel bajo su mando. El resultado de la batalla es bien conocido. David debía ser castigado, pero no destronado. Fue castigado, y ahora le toca el turno a Absalón. Aquello de lo que tanto se había enorgullecido se convierte en el medio de su captura. Colgado de su cabello entre el cielo y la tierra, el fratricida, parricida y regicida en intención recibió la merecida recompensa por sus actos. Así terminaron la rebelión y el exilio temporal de David. Ya están listos los preparativos para su regreso. Las tribus de Israel lo comentaron; la tribu de Judá, que al principio se mostró fría hacia él, pero luego animada por Sadoc y Abiatar, envió a decir: «Vuelve tú, y todos tus siervos», «y todo el pueblo de Judá acompañaba al rey, y también la mitad del pueblo de Israel» (2 Sam. 19:15, 40).

6 - Las recompensas repartidas

Ahora que todos lo reconocían de nuevo como rey de Israel, David actuó como tal, disponiendo de la vida y las posesiones de sus súbditos. Perdonó la vida a Simei, que lo había maldecido; devolvió a Mefiboset, en cierta medida, las posesiones de su padre, que habían sido concedidas apresuradamente a Siba el día de su huida; y ofreció una recompensa a Barzilai. La vida para Simei, las posesiones en el país para Mefiboset, pero la cercanía al rey y el sustento a su lado para Barzilai, fueron lo que dispuso para cada uno. «Pasa conmigo, y yo te sustentaré conmigo en Jerusalén» (v. 33).

6.1 - La invitación del rey a Barzilai

Barzilai había servido a David más allá del Jordán; David lo quería a su lado, para contemplar siempre su reinado, bendecido por el favor del ungido de Jehová. «Conmigo» –nada menos– era lo que deseaba para Barzilai: junto a él mismo, y en Jerusalén. Esta recompensa era muy oportuna. Fuera de la tierra de Canaán, fue la parte y el deber de Barzilai reconocer y servir al rey rechazado; de nuevo en el poder y en el país, fue la responsabilidad de David recompensar a su fiel seguidor. ¿Acaso las palabras «conmigo» no recuerdan a las del hijo de David dirigiéndose a su Padre en presencia de sus discípulos? «Padre, deseo que donde yo estoy, también estén conmigo aquellos que me has dado» (Juan 17:24). Barzilai pensó poco en el honor que se le reservaba como recompensa por su servicio; solo tuvo noticia de ello después de que dicho servicio se hubiera prestado y de que hubiera llegado el día de recompensar a quienes fueron fieles a David. Pero sabemos que, mientras el Señor Jesucristo está ausente de la tierra, rechazado por su pueblo Israel, y especialmente por su propia tribu de Judá, ¿cuál será en el futuro el privilegio y la bendición de todos aquellos que se hayan puesto de su lado durante el tiempo de su rechazo por parte del mundo?

6.2 - La respuesta de Barzilai

Barzilai plantea una objeción a esta oferta. No había trabajado con la vista puesta en ninguna recompensa, por muy merecida que fuera. Había pensado en el rey en su momento de rechazo y había hecho lo que pudo para socorrerlo; también había acudido para honrar a David ahora que este regresaba a su capital; pero estar en la corte del rey no era para él, pues su edad le impedía disfrutar de los placeres de la casa del rey. Cuando David se encontraba en apuros en el desierto, la edad de Barzilai no fue un impedimento para que acudiera en persona. Cuando el rey tuvo que volver a cruzar el Jordán, no dejó que las dolencias de la vejez fueran motivo de su ausencia. Quería manifestar su gozo por el regreso del rey, tal y como había demostrado su devoción hacia él cuando se encontraba en Mahanaim. Pero sentía que no era apropiado emprender el viaje a Jerusalén como recompensa por su servicio. ¡Cuán diferente actúan los hombres en general, esgrimiendo una excusa para evitar servir, pero aprovechándose oportunamente de la recompensa! Barzilai no era así; primero había pensado en el rey y había actuado en consecuencia. Por mucho que él, y todo Israel, hubieran disfrutado de la prosperidad bajo el reinado del rey, no se quedó en casa contando las bendiciones que había compartido; no supo nada de la búsqueda de sus propios intereses y de su comodidad cuando el ungido de Jehová fue expulsado de su tierra y obligado a refugiarse al otro lado del Jordán.

6.3 - La petición de Barzilai por su hijo Kimham

En cuanto a la recompensa ofrecida, su hijo Kimham podría acompañar a David; él, sin embargo, quería quedarse y morir en medio de su propia familia. La vejez, junto con la inminente perspectiva de la muerte, se opuso eficazmente al cumplimiento de la voluntad del rey. «Pasará tu siervo un poco más allá del Jordán con el rey; ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa? Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, y que muera en mi ciudad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Mas he aquí a tu siervo Quimam; que pase él con mi señor el rey, y haz a él lo que bien te pareciere» (v. 36-37).

¿Quién podría rechazar una petición tan conmovedora? El rey respondió: «Y el rey dijo: Pues pase conmigo Quimam, y yo haré con él como bien te parezca; y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré». «Haz con él lo que bien te pareciere» había sido la súplica de Barzilai. «Haré con él lo que bien te parezca» (v. 37-38), fue la promesa de David, que iba más allá de la modesta petición de su siervo. Más aún, le dijo que se había ganado la confianza del rey. ¡Qué lugar tan privilegiado! El honor, la riqueza o el rango no son nada en comparación con esto. David quería que estuviera con el rey; David le aseguraba ahora que le prestaría atención. Así, se separaron, pero no sin antes que David lo besara y lo bendijera, y todo ello en la orilla buena del Jordán. Se había vuelto a cruzar el río, el rey era de nuevo el soberano en la tierra de Canaán, cuando lo besó y lo bendijo. Todo Israel pudo ver aquel día a quién el rey se complacía en honrar. La multitud tenía razón al escoltar de nuevo al rey David, pero Barzilai había hecho lo que los demás no habían hecho. Estos rodeaban al rey el día de su regreso; Barzilai había estado con él cuando lo habían expulsado. ¡Qué diferencia entre ellos y el devoto siervo de Rogelim!

7 - David nunca olvidó a Barzilai

En su momento, Barzilai murió, y tal vez aquella escena, y todo lo relacionado con ella, se hubiera borrado hacía tiempo de la memoria de muchos en Israel. Había, sin embargo, un corazón en el que el recuerdo del servicio de Barzilai nunca se borró; el rey nunca lo olvidó, y Salomón, su hijo, nunca dejó de recordarlo. Aunque tras su regreso se vio ocupado con numerosos asuntos importantes, David, hasta su último aliento, volvió a hablar de aquel servicio en Mahanaim y encomendó a sus hijos al cuidado especial de Salomón (1 Reyes 2:7). Ante David y Salomón, tipos del Señor en su trono, los hijos de Barzilai ocupaban un lugar, no lejano, sino cercano, pues comían el pan en la mesa del rey y celebraban banquetes en presencia del rey. Mientras David vivió, ese servicio nunca cayó en el olvido, ni quedó relegado al olvido cuando reinó Salomón. David, como rey, les había asignado ese lugar; Salomón, que ascendió al trono antes de que muriera David, se encargó de mantenerlo. En cuanto a Roboam, no leemos nada al respecto, pues no era un tipo del Señor en su trono, ya que el carácter del reinado de Salomón se prolongó hasta el final. La fidelidad hacia el ungido de Jehová en un período de apostasía general nunca debía olvidarse; tal dedicación nunca quedará sin recompensa.

7.1 - El testimonio duradero del reconocimiento real

¿Cuánto tiempo perduró el recuerdo de todo esto, tal y como atestigua la recompensa concedida al hijo Kimham? Hubo un testimonio de la aprobación de tal conducta por parte del rey mientras duró el reino de Judá. Porque David no solo le dio un lugar a Kimham ante él, sino que le asignó una porción en la ciudad natal del rey. En la ciudad de la casa de su padre se le reconoció a Kimham una propiedad (Jer. 41:17). Barzilai era de la tribu de Gad, el hijo mayor de Zilpa, sierva de Lea, pero Kimham tenía ahora una parte en Judá, siendo el cuarto hijo de la primera esposa, Lea. Y, hasta que el reino de Judá llegó a su fin con el cautiverio de Babilonia, la porción de Kimham en Belén fue un testimonio constante de la fidelidad de Barzilai y del agradecimiento de David hacia él.

8 - Servir a Cristo en su rechazo hoy en día

La aplicación de toda esta historia es sencilla, y comprendemos la razón por la que se ha conservado. Si bien los puntos de similitud son muy evidentes, los contrastes también están marcados. La edad de Barzilai impidió a David actuar con él como hubiera querido, y su reacción precipitada hacia Mefiboset nos muestra que es un hombre como nosotros. Pero nada puede impedir que el Señor Jesús recompense, como lo hará, a todos aquellos que le han seguido en su rechazo, y nadie sufrirá injusticia en aquel día. Él los reconocerá ante su Padre y ante sus ángeles, y los santos celestiales, que le habrán servido durante su ausencia, estarán con Él en lo alto, al igual que los santos terrenales estarán ante él cuando reine sobre la casa de Jacob para siempre (Lucas 12:8; Apoc. 3:5; 7:15; 14:1). Él habrá reconocido que ha estado en sus pensamientos; ellos estarán ante su presencia cuando él asuma el poder y reine.