Índice general
Predica la Palabra
Autor: Samuel PROD'HOM 16
Traducido de « Le Messager Évangélique », año 1960, página 219
1 - Las últimas palabras del apóstol Pablo
El apóstol Pablo estaba a punto de terminar su carrera. Había combatido la buena batalla; había librado la lucha contra el enemigo para establecer la Iglesia, el testimonio del Señor; su carrera había concluido; desde Damasco hasta la corte de Roma había cumplido plenamente su servicio (v. 17); salía de la batalla, habiendo conservado intacta en sus manos la fe, el conjunto de todas las verdades que le habían sido confiadas y que la fe comprende: había «guardado la fe» (4:7). Pero, con una perspicacia según Dios, se daba cuenta del declive de la Casa de Dios. Ese edificio, erigido con tanta fidelidad por él, comenzaba a resquebrajarse; y sabía hasta qué punto avanzaría el mal hasta los últimos días.
2 - El declive y el relajamiento en la Casa de Dios
Sentía dolorosamente el relajamiento de quienes trabajaban en la obra del Señor. En su primera defensa, todos le habían abandonado. Pocos años antes, al escribir a los filipenses, decía que «todos buscaban sus propios intereses, y no los de Cristo Jesús» (2:21). Un siervo fiel permanecía a su lado; el único que se sentía animado por una sincera preocupación por lo que les concernía.
3 - Pablo se dirige a Timoteo y vuelve a subrayar la importancia de la verdad
Se trata de Timoteo, que «como un hijo sirve a su padre, así ha servido conmigo en el Evangelio» (Fil. 2:22). Era hacia él, su hijo en la fe, hacia quien, en aquellos días sombríos, dirigía su mirada. Se había dado a conocer en la prueba trabajando junto al apóstol. Pero a partir de entonces Timoteo ya no trabajaría con Pablo, sino solo, en medio de una situación desfavorable que no hacía más que agravarse. Pero ¿cómo podría Timoteo, joven, temeroso y débil, cumplir tal servicio y hacer frente a las dificultades que se le presentaban? Ni en la ruina, ni en los días de esplendor de la Iglesia, Dios tiene en cuenta el valor del hombre. El propio apóstol lo había experimentado, y dijo: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Cor. 12:10). Lo que tiene valor es el arma puesta en manos de aquel a quien el Señor fortalece para llevar a cabo su obra. Pablo le había dicho a Timoteo: «Retén el modelo de las sanas palabras que oíste de mí, en fe y amor en Cristo Jesús» (cap. 1:13). Debía exponer «justamente la palabra de la verdad» (2 Tim. 2:15). Había comprendido plenamente la doctrina de Pablo, su conducta, su objetivo constante. Estaba plenamente convencido de las cosas que había aprendido, sabiendo que las había aprendido de Pablo, a quien el Señor se las había revelado. Desde su infancia, conocía las Sagradas Escrituras, que podían hacerle sabio para la salvación mediante la fe que hay en Cristo Jesús.
4 - La Escritura actúa en medio de la ruina hoy como lo hizo antaño en los comienzos
Armado de este modo, con la Escritura inspirada por Dios en sus manos y capaz de llevar a cabo toda su obra, podía seguir adelante, sin importarle lo que le sucediera a él personalmente. Esa Palabra actuaría en medio de la ruina tal y como lo había hecho en los días más gloriosos de la Iglesia en sus inicios. Todavía poseemos esa misma Palabra y debemos escucharla y ponerla en práctica en los días difíciles que atravesamos.
El apóstol, consciente de que su fin estaba cerca, recomienda a Timoteo de la manera más solemne el uso de la Palabra. Le entrega, por así decirlo, en sus manos el arma con la que él mismo había combatido.
5 - La importancia de las palabras de Pablo a Timoteo y también a todos los creyentes de hoy
Es interesante observar que Timoteo personifica, en cierto modo, el ministerio en los últimos días. Era débil, temeroso, tímido; pero había recibido un don y debía ponerlo en práctica. Los creyentes carecían de un gran número de dones que no funcionaban en el lugar que Dios les había asignado; Timoteo debía hacer la labor de un doctor, de un pastor, de un evangelista, alimentándose de las palabras de la fe y de la buena doctrina que había comprendido plenamente (1 Tim. 4:6). La ruina actual de la Iglesia es como los días sombríos de la ruina de Israel: Dios puede servirse de un Ehud, un zurdo que solo llevaba una espada corta bajo su vestimenta, o de un Samgar, con un aguijón de bueyes, para llevar a cabo su obra (vean Jueces 3:15, 31). Pero la Palabra, expuesta al desprecio del mundo y representada por estas armas, tiene la misma eficacia en todos los tiempos; no la pierde más que Aquel de quien es la voz.
6 - El lugar esencial de la Palabra de Dios
El apóstol exhorta a Timoteo «delante de Dios y de Cristo Jesús que juzgará a vivos y muertos» (4:1). El sentimiento de la presencia de Dios y de Cristo Jesús, a quien debe dirigirse todo servicio; la idea de que el juicio está cerca, en el que todo se manifestará; la aparición de Cristo, cuando todo ojo lo verá, cuando nadie podrá sustraerse al resplandor de su luz; su reino, en el que todo se ajustará al designio de Dios para la tierra; todos estos hechos solemnes, presentes en la mente de Pablo y a los que nos han acercado 20 siglos, debían, por tanto, impulsar a Timoteo a predicar «su Palabra». ¡Cuánto más debemos nosotros hoy predicarla y escucharla! «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos; y ella discierne los pensamientos y propósitos del corazón» (Hebr. 4:12).
7 - ¿Por qué hay que predicar hoy la Palabra como ayer?
En los días de Timoteo aún se escuchaba la Palabra. Mientras existiera esa disposición, debía aprovecharla para predicarla. Debía insistir a tiempo y a destiempo, convencer, reprender, exhortar con toda paciencia y doctrina. Se percibe aquí que ya se enfrentaba a la indiferencia espiritual o a los razonamientos humanos, ya que había que insistir aprovechando cualquier ocasión. Timoteo debía convencer a sus oyentes para que no se conformaran con un conocimiento superficial que, a la primera ocasión, cedería ante las enseñanzas procedentes de otras fuentes. Debía reprender y exhortar; corregir lo que era defectuoso, animar a caminar en el bien, y todo ello con longanimidad y doctrina, haciendo uso de la paciencia y el apoyo ante una ignorancia a menudo culpable; pero sin apartarse jamás de la doctrina de la verdad en toda su pureza. En una palabra, debía presentar la Palabra para que combatiera el mal descrito en los versículos 16 y 17 del capítulo 2. «Porque vendrá tiempo en que no soportarán la sana doctrina; sino que, teniendo comezón por oír, se amontonarán para sí maestros, conforme a sus propias concupiscencias; 4 y apartarán el oído de la verdad y se volverán a las fábulas» (2 Tim. 4:3-4).
8 - Un tiempo en el que los hombres apartan sus oídos de la verdad
Nos encontramos en ese «tiempo» en el que los hombres apartan sus oídos de la verdad y dejan de lado la enseñanza de la Palabra de Dios, porque esta los juzga al poner la luz y la verdad ante ellos. Quieren cosas más agradables, incluso de carácter religioso, siempre que halaguen la carne y dejen dormir la conciencia. Con ese fin, se rodean de maestros que satisfacen sus deseos. En lugar de dejar que la sana doctrina llegue a ellos y actúe en su interior, son ellos quienes buscan a los maestros que les agradan, sabiendo que, aunque hablen de la Palabra, evitarán su filo para la carne. Necesitan un gran número de estos maestros para satisfacer todos los gustos variados de sus diversos públicos.
9 - El remedio eficaz para mantenernos firmes y luchar es la Palabra de Dios en nuestras vidas
Vivimos en una época en la que las predicciones del apóstol se cumplen plenamente. Por lo tanto, estamos expuestos a sufrir su influencia y, por desgracia, la sufrimos en exceso. La Palabra de Dios es el remedio eficaz para luchar contra esta corriente de independencia y error. Ahora más que nunca debemos evitar descuidar su lectura, ya sea individualmente, en familia o en la asamblea. Debe habitar abundantemente en nosotros. Un contacto habitual con ella producirá sus efectos de forma natural, porque es viva, eficaz y penetrante; pero hay que leerla con atención, respeto y oración; no por cumplir con el deber o de forma superficial; hay que dejarse convencer y corregir por ella, acogiéndola como autoridad divina. No hay que leer solo una parte para retomar, acto seguido, una lectura más agradable a nuestros gustos naturales, ni entregar nuestra mente a otros temas que, como los pájaros de la parábola, se llevarían la buena semilla para impedir que dé fruto.
Tenemos que luchar contra la necesidad de escuchar palabras agradables al oído, pues nos expone a buscar nuestros placeres fuera del terreno de la verdad. Quienes actúan así parecen no ser estrechos de miras y querrían demostrar que uno puede asociarse con todo lo que es bueno, sea cual sea el ámbito. También pretenderán que van a escuchar predicar el Evangelio de forma más clara y accesible para todos que en el círculo restringido en el que les habría situado la obediencia a la Palabra.
10 - Las lecturas religiosas que usurpan el lugar de la Palabra de Dios
Otro medio que el enemigo utiliza eficazmente para hacernos perder el gusto por la Palabra de Dios y la capacidad de comprenderla son las diversas lecturas religiosas que abundan hoy en día. A menudo usurpan, en nuestros hogares, el lugar de las Escrituras y de los valiosos escritos mediante los cuales podemos crecer espiritualmente, al aprender a conocer mejor el pensamiento de Dios sobre las glorias del Señor para transformarnos a su imagen, sobre la elevada posición del cristiano y de la Iglesia, y sobre la verdad de la reunión de los hijos de Dios según la Palabra. ¿No es notable que el Señor haya dispuesto a que un ministerio semejante al de Timoteo pueda tener lugar en los últimos tiempos a los que hemos llegado?
11 - Las buenas lecturas
Es cierto que existen buenas publicaciones que nos alegra ver difundidas y que hacen bien al alejar a las almas de las malas lecturas que abundan. Nos alegra ver cómo se trabaja para contener el mal, para frenar en cierta medida la marea creciente de inmoralidad e iniquidad que invade cada vez más a la cristiandad. Pero no hay que confundir la obra que buscamos hacer en el mundo para frenar el avance del mal, con la obra dirigida a los hijos de Dios.
12 - La importancia de la predicación de la Palabra de Dios en la Casa de Dios
La familia de Dios necesita el pan de la casa paterna, y es a Cristo a quien nos presenta la Palabra. «Predica su Palabra». Esta Palabra nos muestra lo lejos que estamos del modelo perfecto, pero no solo nos hace medir esa distancia, sino que juzga cuál es su causa; nos alimenta y nos da la fuerza para llevar a cabo lo que nos enseña; convence, corrige e instruye en la justicia, para que el hombre de Dios sea completo y perfectamente preparado para toda buena obra. Es necesario que Cristo se forme en nosotros de manera práctica, para que revistamos sus propios rasgos y seamos dignos de llevar su nombre.
13 - La Palabra de Dios debe ser presentada en su pureza
Esta obra solo puede ser hecha mediante la Palabra presentada en su pureza. Ella da muerte a lo que es de la carne y desarrolla la vida de Cristo en el nuevo hombre. ¿Acaso tal lectura o tal discurso han formado en nosotros algún rasgo de Cristo? ¿Nos han llevado a aceptar la muerte del viejo hombre, o han tratado de cultivarlo? Una cristiana dijo un día que cada vez que había escuchado predicar a uno de los más grandes predicadores populares de la época, se llenaba de buenas intenciones; pero que estas desaparecían rápidamente. Si la Palabra de Dios se hubiera predicado y hubiera llegado a su conciencia, no solo habría suscitado en ella el deseo de hacerlo mejor, sino que le habría mostrado su incapacidad para lograrlo; al poner el Modelo ante sus ojos, le habría transmitido la fuerza para seguir sus pasos, dependiendo únicamente del Señor para vencer lo que se le oponía.
14 - Los peligros de la elocuencia
Es fácil, mediante la elocuencia, conmover los sentimientos por un momento; pero la obra es superficial y no tiene más resultado que engañar al alma y conducirla luego a tristes decepciones. Por el contrario, la Palabra de Dios actúa y penetra; es el ojo de Dios que nos conduce al interior de nuestros corazones y de nuestras conciencias para mostrarnos lo que nos impide manifestar los rasgos de Cristo.
15 - Cómo actúan los falsos maestros para descarriar
Si nos encontramos entre aquellos que no soportan la sana doctrina y que buscan maestros que les halaguen los oídos, no olvidemos que también nos enfrentamos a la «astucia de los hombres que con habilidad usan de artimañas para engañar» (Efe. 4:14). Con este fin, recurren a medios muy diversos. Satanás sabe disfrazarse de ángel de luz y sus siervos, de ministros de justicia. Sabe difundir el error en dosis diluidas y presentarlo de formas muy atractivas, sin que se den cuenta ni siquiera los instrumentos que emplea, en los que no se sospecharía ni mala intención ni tampoco mala doctrina. Nunca comienza por presentar abiertamente su pensamiento. Prepara el terreno rociándolo con bondad, con un amplio amor fraternal, con una caridad que admira el bien dondequiera que se haga, con una indulgencia que se conforma con intenciones loables incluso cuando los procedimientos no sean bíblicos. Se nos dirá: ¿No son estas las cualidades que el Señor manifestó durante su paso por la tierra? Sin duda, ¡y todos debemos practicarlas mejor de lo que lo hemos hecho hasta ahora! Pero si queremos ser verdaderos discípulos de Cristo, sometidos a la Palabra, discerniremos lo que falta en el bien que podemos admirar, no con la satisfacción de juzgar y censurar, sino para caminar nosotros mismos en toda la verdad y ayudar luego a nuestros hermanos a caminar en ella.
16 - La verdad, la santidad, la justicia y el amor son inseparables
La verdad, la santidad y la justicia son inseparables del amor. El apóstol nos exhorta a “ser sinceros en el amor” para crecer hasta Cristo. «El amor se alegra con la verdad» (1 Cor. 13:6). Se nos exhorta a seguir «la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor» (Hebr. 12:14). El mantenimiento de la verdad y la santidad es una condición esencial para dar testimonio al Señor. El enemigo hace todo lo posible por hacernos pasar por alto cosas tan importantes. Sin embargo, todos admiten que hay que mantener la verdad, pero el deseo de unidad entre los cristianos, la obra de la evangelización y el amor entre todos hacen que se la considere algo secundario.
17 - Las causas del debilitamiento del Testimonio hoy en día
Hoy en día, el gran objetivo del enemigo es debilitar el débil Testimonio que el Señor ha suscitado hasta su próximo regreso. ¡Por desgracia!, le facilitamos la tarea al adversario con nuestra mundanidad, nuestro debilitamiento espiritual y la indiferencia que nos lleva a tachar de estrechez de miras y de falta de amor el mantenimiento de la verdad.
18 - Cómo se esfuerza el diablo por arruinar aún más el testimonio
Tras haber debilitado el testimonio mediante numerosas divisiones, quiere arruinarlo aún más; por eso busca reunir a aquellos a quienes ha dividido, no en el terreno de la verdad –lo cual, sin duda, sería deseable–, sino negando o minimizando los errores que han causado esas divisiones, errores con los que no pueden caminar quienes desean ser fieles al Señor, guardando su Palabra y sin renegar de su nombre. Para reunir a los cristianos fuera del terreno de la verdad, el enemigo insinúa que hay que dar marcha atrás y reconsiderar si los errores eran tales como para que fuera necesario separarse de ellos. ¡Desgraciadamente! En muchos casos, esa separación no habría sido necesaria con un poco más de paciencia y menos obstinación. Pero ¿somos más espirituales que aquellos que entonces estaban en primera línea y que tenían un juicio más seguro que el nuestro, porque vivían más que nosotros separados del mal y del mundo?
19 - Mantener firmemente la verdad y actuar según los principios que nos da la Palabra de Dios
Por el contrario, debido a nuestra debilidad, nos dejamos influir por las circunstancias; solo con manos temblorosas nos aferramos a la verdad que nos enseñaron quienes nos precedieron y que estaban dotados de una manera muy especial para sacar a la luz las verdades fundamentales de la Asamblea, desconocidas durante siglos. Pero si no estamos en condiciones de juzgar de nuevo lo que otros más espirituales que nosotros hicieron bajo la mirada del Señor, tenemos la responsabilidad de actuar según los principios bíblicos en las circunstancias en las que nos encontramos hoy.
20 - La Palabra de Dios es nuestra guía segura en medio de los escollos
Para caminar con seguridad en medio de una situación tan complicada, tan manipulada por el enemigo, tan plagada de escollos de todo tipo, contamos con la Palabra que Pablo recomendaba a Timoteo que predicara; la Palabra de la gracia a la que Pablo encomendaba a la Iglesia de Éfeso. Es en ella en lo que hay que insistir, a ella hay que prestar un oído atento para estar completos y perfectamente preparados para toda buena obra, y no solo para algunas.
21 - Vivir prácticamente en la presencia de Dios
Se acerca el día en que todo se manifestará, en que Pablo recibirá la corona de justicia que le otorgará el Señor, el Juez justo, así como a todos aquellos que aman su venida, que viven con la convicción de que un día se manifestarán todos los frutos de su camino. El apóstol Pablo ni siquiera esperaba a ese día para estar en la luz. Tras hablar del tribunal de Cristo, dijo: «Pero hemos sido manifestados a Dios» (2 Cor. 5:11). Vivía en la presencia de Dios, en la que todos sus pensamientos y todos los motivos de sus acciones eran juzgados.
Quiera Dios que todos nosotros, mientras esperamos su venida, vivamos de hecho en esa presencia, y no necesitemos más motivos para caminar de una manera que le sea agradable que el amor por él, que solo puede manifestarse en la obediencia a sus mandamientos.