Carta de J.N. Darby — N° 408


person Autor: John Nelson DARBY 45

flag Tema: Iglesia


[Según el contenido, esta carta trata de una PROHIBICIÓN de REUNIONES por parte de las autoridades en Francia –Carta de Consuelo / Exhortación]

al Sr. M.

Londres, febrero de 1859

Muy querido hermano,

He oído indirectamente que sus reuniones han sido cerradas, al menos por el momento. No necesito deciros que mi corazón está con los hermanos en esta circunstancia, y cuánto me importa que estén allí de todos modos dirigidos por Dios.

Ya hemos rezado por ellos aquí, y tengo fe en Dios que está por encima de todo, y que nunca quita los ojos de los suyos: Él cuidará de vosotros y hará surgir su gracia, y por tanto su gloria, a favor vuestra. Os ruego que os pongáis cerca de Él, para que sepáis lo que hay que hacer en su nombre, para que seáis animados y que la claridad de su faz sostenga vuestra fe. Su apoyo vale todo el resto. Estas cosas no suceden por casualidad, y nada se le escapa.

«La aflicción» –se ha dicho– «no sale del polvo» (Job 5:6), y cualesquiera que sean los instrumentos, no son los habitantes de este mundo los que dirigen su curso; ni siquiera, en primer lugar, el Enemigo de nuestras almas. Fue Dios quien le dijo a Satanás: «¿Has considerado a mi siervo Job?» Dios veía que Job tenía necesidad de aflicción, y el mismo Enemigo fue solo un instrumento de ella. Sin duda, las circunstancias por las que pasan los hermanos serán una prueba, pero en la que la gracia obra en los corazones en bendición; ¡y que sea en todos! Uno siente que no es de este mundo; el corazón está puesto en requerimiento de preguntarse a sí mismo: ¿Es por el amor de Cristo, porque él tiene las palabras de vida eterna, que yo lo sigo, y porque seguirlo es servirlo, como él dijo? ¿No estoy dispuesto a aceptar el camino del mundo para poder tener descanso en el mundo? ¡Una pregunta seria para el corazón! No necesito decir que, excepto en aquellas cosas en las que la palabra de Dios compromete la conciencia, nos sometemos a las autoridades; pero no nos comprometemos con el mundo en las cosas de Dios, para hacer que nuestra conducta parezca más fácil. Digo “parezca”, porque un paso lleva a otro, y a medida que avanzamos, es más difícil detenerse. Que Dios dé a los hermanos un espíritu tranquilo y paciente; que esperen en Dios y confíen en Él, seguros de que nunca aparta sus ojos de los justos, y que intervendrá cuando sea el momento adecuado. Que muestren toda delicadeza, pero también toda firmeza, esperando en Dios, y que se dediquen a la oración. Es imposible que Dios abandone a los suyos, aunque los ponga a prueba.

Que Dios convierta esta prueba en una bendición, y que impulse a los hermanos hacia Dios y los acerque a Él; que haga su vida espiritual más profunda y sea el medio para que hablen más con Dios. Le escribo, querido hermano, más bien para atestiguarle cuánto participo en su prueba, y para decirle que sus hermanos piensan en vosotros ante Dios. Cuento con Él; nunca he descubierto que haya faltado a los suyos, ¡nunca!

Saluden a todos los hermanos con cariño; que oren a Dios; que le oren mucho; esto les dará suavidad y valor al mismo tiempo. No es algo nuevo que los cristianos sufren por Aquel que los amó tanto. Hasta ahora Dios ha cuidado de sus queridos hijos en todo lugar. No cambia, y si los hermanos son firmes y pacientes, se convertirá en una bendición positiva. Que Dios los guarde. Está actuando en muchos lugares; no creo que les esté quitando su testimonio. Les puede disciplinar para que diesen un testimonio más claro, más brillante, más celestial, pero no dejará, ni abandonará a los suyos que confíen en Él…

Una vez más, saludad a los hermanos con la seguridad de mi –debería decir, nuestro– afecto fraternal.

Traducido de «Le Messager Évangélique», año 1915


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