El Espíritu os enseñará todas las cosas

El Espíritu de verdad conducirá a los creyentes a toda la verdad


person Autor: Jacques-André MONARD 21

flag Temas: El Espíritu Santo Comprender y aplicar la Palabra de Dios por el Espíritu de Dios


1 - El anuncio de la llegada del Consolador

Desde el capítulo 13 hasta el capítulo 17, el Señor está solo con sus discípulos. En sus conversaciones con ellos, les habla repetidas veces del Espíritu Santo que va a venir después de su partida.

Habla de eso primero como del «Consolador», el que le remplazará cerca de ellos y el que se ocupará de ellos: «Yo rogaré al Padre, y él os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, es decir, el Espíritu de verdad» (14:16-17). En contraste con el mundo que no puede recibirlo, ni verlo, ni conocerlo, los discípulos ya lo conocen. Es el resultado de su conocimiento de Jesús. Y el Espíritu será no solo «con» ellos, pero «en» ellos (v. 17). Encontraremos en otro lugar varias expresiones que describen la misma verdad, en particular: el Espíritu morará en los creyentes, y el cuerpo de ellos será su templo.

El Señor, que había guardado a sus discípulos durante los años de su ministerio, iba a dejarlos. Pero les dice: «No os dejaré huérfanos; yo vengo a vosotros» (v. 18). Iba a venir a ellos en la persona del Espíritu Santo.

Aquellos que han nacido de nuevo tienen la vida de Cristo. Su vida emana de la de Cristo como la vida de los sarmientos emana de la vid. Es lo que el Señor expresa aquí diciendo: «Porque yo vivo, vosotros también viviréis» (v. 19). ¿Pero cómo comprender cosas tan profundas y tan elevadas? El Señor dice: «En aquel día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros» (v. 20). La unidad del Hijo con el Padre, la unión maravillosa de Cristo con los suyos –expresada por las palabras sencillas «vosotros en mí» y «yo en vosotros», son cosas que la inteligencia natural del hombre no puede comprender. Hace falta la acción del Espíritu en el creyente para comprender algo. Y por su acción repetida en nosotros, nuestra comprensión de la verdad puede progresar.

2 - El Espíritu enseñará todas las cosas

Una segunda vez en el capítulo 14, el Señor vuelve sobre los beneficios que resultarán para los discípulos de la presencia del Espíritu Santo en ellos. «El Consolador, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho» (v. 26). Los discípulos se habían mostrado muchas veces incapaces de comprender lo que el Señor les decía. Pero una nueva capacidad iba a serles comunicada por el Espíritu que estaría pronto en ellos. El Espíritu les enseñaría «todas las cosas», todo lo que Jesús no había podido decirles porque no estaban en el estado de comprenderle. Además, les recordaría lo que Jesús les había dicho y lo que no habían comprendido.

3 - El testimonio del Espíritu y el de los discípulos

Al final del capítulo 15, el Señor anuncia cuál será el efecto de la presencia del Espíritu en cuanto al testimonio que pronto será rendido: «Cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré de parte del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él testificará de mí» (v. 26).

El Señor había dicho anteriormente: «Yo rogaré al Padre, y él os dará otro Consolador» (14:16; véase v. 26). Aquí, considerando su obra totalmente terminada y su posición en la gloria, dice: «Yo os enviaré». Él mismo enviará el Espíritu Santo a los suyos. Lo enviará con vistas a un testimonio que debe ser rendido al mundo.

Su propio testimonio se acaba. Él ha «venido» y ha «hablado» a los hombres (v. 22). Entonces debe decir con tristeza: «Ahora las han visto y me han odiado tanto a mí como a mi Padre» (v. 24). Sin embargo, la gracia de Dios todavía va a darles un testimonio suplementario, el del «Espíritu de verdad».

Este testimonio será rendido conjuntamente con el de los apóstoles: «Y vosotros también testificaréis, porque habéis estado conmigo desde el principio» (v. 27). Fueron los testigos oculares de la vida, de la muerte y de la resurrección de Jesús, como también de su elevación en la gloria. Por la acción del Espíritu Santo, podrán rendir el testimonio poderoso que nos trae el principio del libro de los Hechos, con sus resultados maravillosos.

4 - La elevación del Señor en la gloria y la venida del Espíritu Santo a la tierra

Estos 2 acontecimientos están íntimamente unidos uno al otro. El Señor dice: «Si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré» (16:7). El Espíritu Santo, por su presencia sobre la tierra, es el testigo de la presencia de Jesús, hombre glorificado, en el cielo. En el capítulo 7, está escrito: «Pues el Espíritu Santo no había sido dado todavía por cuanto Jesús no había sido aún glorificado» (v. 39).

Los discípulos de Jesús estaban unidos a su Maestro en la tierra. Ahora estamos unidos a un Cristo glorificado en el cielo. La diferencia es inmensa. Los cristianos pertenecen al cielo. Es allá dónde está su Salvador, el que es su vida; es allá dónde están todos sus verdaderos bienes y su esperanza. Son «los celestiales» (véase 1 Cor. 15:48). Considerando el cambio que iba a intervenir para ellos, y todo el beneficio que recibirían por la venida del Espíritu Santo, el Señor les dice: «Os conviene que yo me vaya» (16:7).

5 - El efecto de la presencia del Espíritu para el mundo

Es de lo que habla el Señor en los versículos siguientes. El Espíritu «convencerá el mundo de pecado, de justicia y de juicio…» (v. 8-11). El verdadero sentido de la palabra «convencer» es: el Espíritu, por su presencia en este mundo, será la demostración del pecado del mundo, de la justicia de Dios que respondió a la iniquidad del mundo exaltando al solo justo, su Hijo, a su derecha, y del juicio inexorable que va a abatirse sobre el mundo.

Para el mundo, no hay una luz de esperanza. Ya está juzgado, como su jefe, el diablo. Almas individualmente pueden ser traídas al Salvador gracias a la actividad del Espíritu, pero el Señor no habla de eso aquí.

6 - El Espíritu de verdad conducirá a los creyentes a toda la verdad

Hasta este momento, los discípulos no eran capaces de comprender todo lo que el Señor tenía que comunicarles. Les dice: «Tengo todavía muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar» (16:12). Hacía falta el Espíritu Santo para comprenderlas. Además, la revelación cristiana completa no podía ser hecha antes de que fuesen cumplidos los grandes hechos de la muerte de Cristo, de su resurrección y de su elevación en la gloria. Las consecuencias de estos grandes hechos no podían estar expuestas a los creyentes antes de que fuesen cumplidos. Cuando el Espíritu estuviera allí, todo sería revelado. «Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará al conocimiento de toda la verdad» (v. 13).

En su vida y su ministerio, el Señor había tenido el objetivo constante de glorificar al Padre. El Espíritu Santo, presente con los discípulos y que actuaría en ellos, tendría la función de glorificar a Jesús. «Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo anunciará» (v. 14). Es gracias a su acción en nosotros que podemos crecer en el conocimiento de Cristo –lo que es lo esencial del crecimiento del cristiano.

En lo que dice el Señor, podemos distinguir 2 aspectos de la acción del Espíritu para enseñar y conducir en toda la verdad: hay, por un lado, las comunicaciones del Espíritu a los escritores inspirados del Nuevo Testamento y, por el otro, la acción del Espíritu en los creyentes individualmente para hacerlos capaces de comprender la verdad. En las expresiones «os recordará todo lo que yo os he dicho», «él os guiará al conocimiento de toda la verdad», y «os anunciará las cosas venideras» (14:26; 16:13), podemos ver alusiones a los Evangelios, a las Epístolas y al Apocalipsis, respectivamente. Pero el alcance de las palabras del Señor sobrepasa el anuncio de nuevas comunicaciones a escritores inspirados. Hay esta acción del Espíritu en el corazón del creyente para darle a entender cosas que la inteligencia humana abandonada a su suerte es incapaz de comprender.