Enoc: Dios se complació en él


person Autor: Frank Binford HOLE 54

flag Tema: Enoc


Todo lo que sabemos sobre Enoc se condensa en ocho versículos de la Escritura: cuatro en Génesis 5, dos en Hebreos 11 y dos en Judas. Estos pocos versículos, sin embargo, son suficientes para darnos una imagen clara del carácter y de la vida de este hombre notable.

1 - La línea de la fe

Era el séptimo desde Adán, como aprendemos de Judas, lo que podemos verificar fácilmente en Génesis 5. Era el número siete, contando desde Adán en el linaje de Set, que era el linaje en el que se conservaba la fe en los días anteriores al diluvio. Cuando Eva dio a luz a Set, dijo: «Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín» (Gén. 4:25). Estas palabras eran probablemente proféticas. Caín, el hombre carnal, había matado a Abel, el hombre de la fe, y Dios había designado ahora otra semilla piadosa por la que la fe no perecería de la tierra. El séptimo hombre de este linaje de fe fue el más notable del linaje. En él, la fe brilló con un fulgor especial.

Los cuatro versículos de Génesis 5 están dedicados a un gran rasgo que lo caracterizó. Se nos dice que después de 365 años «desapareció, porque le llevó Dios», pero el significado exacto de esta frase no está claro hasta que llegamos a la declaración explícita en Hebreos 11, según la cual fue «retirado».

2 - Caminó con Dios

La única característica que está presenta muy claramente es que «caminó, pues, Enoc con Dios», y que este caminar con Dios continuó durante un inmenso espacio de tres siglos, y perduró a pesar de que Enoc tenía todas las responsabilidades familiares habituales en medio de una generación que se estaba distanciando completamente de Dios. Podemos hacernos una idea de este alejamiento a partir del infame Lamec del que habla Génesis 4, también séptimo desde Adán, pero en el linaje de Caín. Por lo tanto, quizás tuviera un siglo de adelanto sobre Enoc, y fue un instigador excepcional de la violencia y de la corrupción en la tierra.

Lo que llevó a Enoc a caminar con Dios se revela en Hebreos 11:6. Nunca podría haber caminado con Dios si no hubiera sido uno de los «que se acercan a Dios», y nunca habría llegado a Dios si no hubiera creído «que Dios existe, y que recompensa a los que le buscan». Por supuesto, él nunca habría creído esto, si no fuera por la fe.

2.1 - La fe en un Dios vivo

Aquí es donde comienza la fe, ya sea para Enoc o para nosotros mismos. Nos lleva al conocimiento de que Dios es, y eso es algo muy diferente a la creencia de que hay un Dios. Incluso en nuestros días de escepticismo, multitudes de personas no pueden satisfacer sus mentes cuando tratan de explicar la existencia de todo, sin admitir la existencia de un Dios de algún tipo y en algún lugar. Pero eso es producto de la razón, y no de la fe. Es la fe, y solo la fe, la que nos lleva a la presencia del Dios vivo, el que conoce, ve, actúa, se da a conocer, y que incluso recompensa a los que le buscan diligentemente. En los días en que todo pensamiento del Dios vivo se desvanecía de las mentes de los hombres, Enoc, por la fe, tenía al Dios vivo ante él. Lo buscó diligentemente, y en consecuencia lo encontró, y allí comenzó ese notable camino con Él, que continuó durante trescientos años.

2.2 - El caminar (la conducta) del creyente

En las epístolas del Nuevo Testamento encontramos referencias muy frecuentes al «caminar» del creyente. El término se utiliza en sentido figurado, y parece abarcar todas las actividades de la vida del creyente. Tenemos que «caminar por el Espíritu», por ejemplo, es decir, todas nuestras actividades tienen que hacerse con la energía del Espíritu de Dios. Enoc es el primer creyente cuyo caminar se menciona, y se dice que fue «con Dios». En Génesis 3, se dice que Jehová Dios se estaba «paseando en el huerto», pero Adán era entonces una criatura caída, por lo que no se menciona que caminara con Dios.

2.3 - Dios dirigiendo la conducta

Al caminar con Dios, las actividades de Enoc quedaron bajo control divino. Era el feliz privilegio y la responsabilidad de Enoc de mantenerse en contacto con Dios, con el fin de conocer sus pensamientos y entender sus caminos: Dios ordenó así su vida y su camino, pues a Él le correspondía señalar el camino y marcar el paso. Dios dirigía el camino y Enoc estaba a su lado, inteligentemente dirigido. Su andar no era como el de un perro de compañía con su amo, pues estaba dotado de una maravillosa inteligencia del pensamiento y el propósito de Dios, como deja claro la Epístola de Judas.

2.4 - Dios como realidad viva de nuestro caminar

Si esto caracteriza al séptimo desde Adán y su vida más de tres milenios antes de la aparición de Cristo, ¿qué debería caracterizar a seres como nosotros? La fe nos pone en contacto con Dios tal y como se ha revelado en Cristo: revelado en la plenitud de su amor, y en la amplitud, longitud, profundidad y altura de sus propósitos, que tienen a Cristo como centro. Y el Espíritu Santo ha sido dado con plena capacidad para asimilar la revelación. Por lo tanto, es posible que tengamos una comprensión mucho más completa de la mente y los propósitos de Dios. Solo necesitamos la fe que hace de Dios una realidad viva para nosotros, que nos lleva a buscarlo diligentemente, y a encontrarlo para caminar con él, estando todas nuestras actividades regidas por la comunión con él. Por desgracia, con demasiada frecuencia la llama de la fe arde débilmente en nosotros. Hay momentos en los que la pregunta del Maestro a sus discípulos debería llegarnos con gran fuerza: «¿Dónde está vuestra fe?» (Lucas 8:25).

Tampoco podemos encontrar excusas alegando las complejidades de la vida moderna y la multiplicidad de intereses que nos distraen, ya que la mayoría de estas distracciones son de nuestro resorte. En cuanto a las exigencias básicas de la vida, las que no debemos evitar sino hacer para servir a Dios, Enoc las conocía como nosotros. De hecho, en aquellos días de largas vidas humanas y familias numerosas, la dificultad de engendrar y criar hijos e hijas era probablemente mayor que para nosotros. Sin embargo, Enoc caminó con Dios, y esa caminata continuó durante 300 años.

3 - El testimonio de Enoc

3.1 - Enoc, profeta

De la conducta de Enoc pasamos a su testimonio, como de la causa al efecto; y debemos viajar hasta la última epístola del Nuevo Testamento para saber que dio testimonio ante todos. Descubrimos que era un profeta, que anunció el día del Señor cuando vendría en medio de sus santas miríadas, y que dio el testimonio más inflexible contra los impíos de su época, prediciendo su juicio final. Es muy llamativa la forma terrible en que señaló la impiedad de estos hombres.

3.2 - Tener una idea de lo que es el mundo

Lo que la Escritura llama «el mundo» surgió porque el hombre se apartó de Dios; por eso nunca hubo armonía entre Dios y él. La ruptura se hizo muy clara y se fijó irrevocablemente cuando el mundo rechazó y crucificó al Hijo de Dios, pero estaba ahí desde el principio, y Enoc lo sabía muy bien. Caminando con Dios, estaba en la brecha del lado de Dios, de modo que la misma brecha no podía, por supuesto, serle ocultada. Caminando con Dios, conocía la santidad de Dios, y esto le hacía ver la impiedad de los hombres con más evidencia para él. Tomemos nota de esto, pues significa que, si solo tenemos un débil sentido del mal del mundo, solo tenemos un débil caminar con Dios. Más conocemos a Dios, más agudamente sentiremos lo que es el mundo y nos desvincularemos de él.

3.3 - Anunció el terrible juicio que le espera al mundo

Enoc no solo habló con la mayor claridad de la impiedad que caracterizaba a la gente del mundo antediluviano, sino que profetizó su terrible fin. No hablaba –por lo que se menciona en Judas– del juicio más inmediato del diluvio, sino que miraba al juicio final cuando el Señor viniera en medio de sus santas miríadas. Está claro, pues, que le fue revelado que este mal impío persistiría hasta el final, por muy remoto que fuera, y que nadie podría hacerle frente sino el propio Señor. En su tiempo, el Señor se ocuparía de ello, y la historia de los hombres malvados terminaría por Su santo y despiadado juicio. Enoc habló de los hombres impíos, de sus actos impíos realizados de la manera más impía, y de sus palabras duras e impías. Los hombres, sus actos, sus motivos y sus palabras, todo debe ser juzgado.

3.4 - No debemos esperar que el evangelio cambie el mundo

Si Enoc sabía y proclamaba todo esto, nos parece extraordinario y triste que los cristianos de hoy puedan albergar la ilusión de que el evangelio es enviado a la tierra para producir un mundo convertido, una tierra apta para recibir a Cristo cuando regrese a tomar posesión de su reino, sin necesidad de que el juicio caiga sobre los hombres vivos. Aquí está Judas diciéndole a los cristianos, hacia el final del primer siglo, que los hombres malvados, del tipo aludido por Enoc, se han infiltrado en la Iglesia, y que van a encontrar su juicio en la venida del Señor. ¿Cómo podría entonces esta Iglesia, atiborrada de tales hombres, hacer que el mundo sea apto para la presencia de Cristo? No: la venida del Señor en su gloria es necesaria para eliminar de una vez por todas el mal que, ya en los días de Enoc, se había desarrollado exorbitantemente; y esto significa el juicio del mundo. Nada más puede solucionar esto. Enoc lo sabía, y nosotros también debemos saberlo.

3.5 - Enoc recibió el testimonio de haber complacido a Dios

Al final de los 365 años, Enoc fue llevado sin ver la muerte, pero antes «obtuvo testimonio de haber agradado a Dios» (Hebr. 11:5). Antes de que Abel muriera por la mano de Caín, había recibido el testimonio de ser justo (Hebr. 11:4). Sin duda Enoc también, pero tenía además la seguridad de que agradaba a Dios, lo cual era francamente un paso más. Todavía nos habla, y esto nos dice que la fe que se aferra al Dios vivo, que lo busca diligentemente, que camina constantemente con él, y que testimonia por él contra el mal del mundo, le es agradable. Son cosas fundamentales, que siguen siendo válidas para nosotros hoy. La revelación más brillante de Dios en Cristo, a la que hemos sido llevados, no ha disminuido en absoluto su valor, sino que lo ha aumentado.

3.6 - Enoc odiado por el mundo

Podemos estar seguros de que, si Enoc agradó a Dios, desagradó a los hombres del mundo. Esto no se afirma tan claramente, pero creemos que se deduce de dos afirmaciones en Hebreos 11. Primero, dice que fue arrebatado «para que no viese la muerte». Si Génesis 5 no nos hubiera dado detalles tan completos de las edades de los patriarcas en el momento de su muerte, podríamos habernos inclinado a imaginar a Enoc a los 365 años como un anciano decrépito que vislumbra su tumba. Pero apenas podemos hacerlo. La vida humana de entonces era unas diez veces más larga que la actual, de modo que la vida de Matusalén es comparable a la de un anciano de casi 100 años, y la de Enoc viene a ser equivalente a 36,5 años, cuando un hombre está en la flor de la vida = edad. Es obvio que la muerte le amenazó en su juventud, y que se lo llevaron para que no hiciera presa en él.

Pero según la segunda declaración, «desapareció», lo que implica que fue buscado. Por supuesto, esto podría significar que la gente tenía curiosidad por él, como tenían curiosidad por Elías y lo buscaban después de que fuera llevado (2 Reyes 2). Sin embargo, al leerlo en relación con la primera afirmación, nos atrevemos a pensar que significa que lo buscaban para matarlo. Los días de violencia desenfrenada en la tierra se habían convertido en la norma.

Por Génesis 4, sabemos que Lamec había dado un ejemplo de maldad al matar sin piedad a un pobre joven que le había hecho daño, y luego se jactó de ello como una buena acción (v. 23). Génesis 6:11 nos dice no solo que la tierra «se corrompió», sino también que «estaba la tierra llena de violencia». Ningún gobierno había sido instituido por Dios, y los hombres daban rienda suelta a sus deseos desenfrenados y se vengaban sin freno unos de otros. ¿Podían soportar escuchar a un hombre que denunciara su terrible impiedad y predijera la venida del Señor para juzgarlos, sin que su ira se elevara a niveles asesinos?

Así que, al leer este versículo 5 de Hebreos 11, no podemos dejar de pensar que debemos entender que el camino de 300 años de Enoc con Dios y su audaz testimonio por Dios estaba a punto de terminar en su muerte violenta a manos de los pecadores antediluvianos, cuando Dios intervino y se lo llevó. Iban tras él, y justo antes de que se diera el golpe, «desapareció, porque le llevó Dios». Dios no intervino en el caso de Abel: este hombre tuvo el testimonio de que era justo, y luego murió como mártir. Intervino en el caso de Enoc; este hombre desagradó profundamente a la gente de su época, pero Dios se complació tanto con él que lo llevó a su presencia, fuera del alcance de sus enemigos. Podemos resumir su historia diciendo que caminó con Dios, testificó para Dios y fue a Dios.

3.7 - Fieles a quienes Dios aparentemente retira prematuramente

Finalmente, nos llama la atención el hecho de que Enoc, aunque sin duda es la figura más notable entre los hombres de fe anteriores al diluvio, vivió, con mucho, la vida más corta. Si dependiera de nosotros disponer de los acontecimientos, ¿no habríamos dispuesto las cosas de otra manera? No es infrecuente ver a santos piadosos y dotados, retirados de la vida relativamente pronto. Uno, tan útil y al servicio de sus hermanos, es retirado cuando le habríamos visto continuar su útil servicio al Señor durante otros veinte años; y a la inversa, a otro, que nunca se ha distinguido por su piedad o su servicio, sino que es más bien una carga para sus hermanos, se le deja hasta una vejez demasiado madura. Todos estamos dispuestos a considerar estas cosas como extraordinarias, hasta el punto de cuestionar la sabiduría de los caminos de Dios.

Pero nuestra sabiduría es guardar silencio ante él. Los dos hombres de fe más destacados de la época antediluviana fueron tomados en su juventud. Uno fue por la muerte (Abel), el otro por el arrebato (Enoc). Pero ambos se fueron. Esto es aún más sorprendente en el caso de Enoc porque, aunque no sabemos nada de lo que dijo Abel, sí sabemos que Enoc fue un profeta y dio un maravilloso testimonio sobre la maldad del hombre, sobre los derechos de Dios y sobre la aparición final del juicio.

Evidentemente, su testimonio estaba terminado y su camino acabó en la gloriosa presencia de Dios.

3.8 - Testimonio a dar en ausencia del Señor

La Iglesia ha sido llamada a salir de un mundo alejado de Dios, para caminar en comunión con él y dar testimonio de su Señor ausente. Lamentablemente, ha fracasado en esta tarea tanto como Cuerpo que como grupo; sin embargo, todavía es posible a los individuos que forman parte de la Iglesia –Cuál sea el número– asumir esta tarea en su propia medida. Busquemos fervientemente la gracia de nuestro Dios para ser hechos capaces de hacerlo.

Enoc fue tomado como alguien que agradó a Dios en días muy anteriores a que «la gracia y la verdad vinieran por medio de Jesucristo» (Juan 1:17). Habiendo llegado la gracia plenamente, la Iglesia será arrebatada en el ámbito de la gracia de Dios. Después de nuestro arrebato, pasaremos ante el tribunal de Cristo, y allí aprenderemos en qué medida lo hemos complacido.

A la luz de estas dos cosas –la gracia de Dios, y nuestra responsabilidad– estemos ansiosos por tener ante el tribunal de Cristo el veredicto de haber agradado a nuestro Señor.

(Extractado de la revista «Scripture Truth», Volumen 31, 1939, páginas 132)


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