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El secreto de la bendición

Salmo 1


person Autor: William TROTTER 2

flag Temas: Los Salmos La felicidad


1 - Este salmo responde a la pregunta universal: ¿dónde se encuentra la felicidad?

La tesis de este salmo es la bendición del hombre piadoso, en contraste con la segura condenación del pecador cuando llegue el momento de ejecutar el juicio. La palabra bendición es preferible a la de felicidad, porque la primera se atribuye a Dios que bendice lo que la segunda, usada por el hombre, lo atribuye a la fortuna o al azar. Sin embargo, la palabra bendición debe entenderse en el sentido de lo que suele implicar la palabra felicidad. El salmo es, pues, una respuesta a la pregunta casi universal de la humanidad sobre la felicidad. Nos muestra dónde reside la verdadera felicidad, la verdadera bendición.

2 - La Palabra de Dios da una definición de la felicidad

La felicidad es un estado positivo de la existencia; pero este mundo es tan verdaderamente «un valle de lágrimas» (véase Sal. 84:6) que la idea de felicidad más familiar a las mentes de los hombres es negativa y la ve como dependiente de la ausencia de dolor, cansancio, decepción y tristeza. La misma Escritura se rebaja a nuestra debilidad a este respecto y representa la felicidad futura de los santos como si consistiera en parte en una exención total de toda clase de tristeza. «Ya no tendrán más hambre, ni tendrán ya más sed; ni los herirá el sol, ni ningún ardor… Dios… enjugará toda lágrima de sus ojos» (Apoc. 7:16; 21:4). Y también: «Ya no existirá la muerte, ni duelo, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron» (21:4).

3 - La fuente de la desgracia de la humanidad es el pecado

Pero hay fuentes de desgracia más profundas y seguras que todas las aflicciones así enumeradas; las fuentes, de hecho, de las que fluyen todas estas aflicciones. Sin el pecado, ningún miembro de la familia humana habría conocido una sola sensación de dolor corporal, un solo momento de angustia mental. No es que la exención actual de estos efectos pueda ser asegurada por la liberación moral y espiritual del pecado, que es la causa de ellos. Los hombres piadosos sufren tanto como los demás y, en muchos aspectos, más que los demás; pero esto no impide su bendición. Puede impedir la perfección de la bendición, pero no su realidad.

4 - El hombre piadoso, Cristo «separado de los pecadores» (Hebr. 7:26), es el ejemplo perfecto

En este mundo miserable, un hombre sin pecado sería el mayor sufriente de la tierra. No necesitamos otra prueba que la del «varón de dolores», «ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores» (Is. 53:3-4). Pero, ¿quién duda de su bienaventuranza? Porque en él (Cristo) tenemos el único ejemplo perfecto del carácter aquí descrito. No se trata de una descripción de él en sentido estricto, sino de todo hombre piadoso y, en primer lugar, de todo israelita piadoso. De hecho, todos los hombres piadosos comparten el carácter de Cristo, aunque solo en él ha sido perfectamente ilustrado.

5 - El contraste entre el hombre piadoso y los impíos

En la descripción que aquí se hace del hombre de Dios, su carácter se considera primero negativamente y luego positivamente. El primer versículo lo muestra libre de esas profundas fuentes de infelicidad de las que realmente han surgido todas las aflicciones; mientras que el segundo revela el secreto positivo de su bendición. El primer versículo no dice: “Bienaventurado el hombre que no siente dolor, no derrama lágrimas, no sufre pérdidas ni decepciones”. ¡No! «¡Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado!». Aquí tenemos una doble cumbre. En primer lugar, en cuanto a los personajes nombrados; en segundo lugar, en cuanto a las actitudes descritas. Los impíos –los pecadores– los escarnecedores. Caminar –estar de pie– sentarse.

6 - La descripción de los malvados, hacen planes, son deliberados y consiguen sus fines

Los «malos» son los menos culpables en este paroxismo del mal. Su culpa es negativa. No conocen, ni aman, ni temen a Dios. Él no está en todos sus pensamientos. No quieren acordarse de él, ni conocer su voluntad, ni obedecer sus mandamientos. «Sin Dios en el mundo» (Efe. 2:12) es el retrato solemne del estado de ellos. Estas gentes tienen sus consejos, sus hábitos de pensamiento, sus motivos de juicio, sus principios de conducta. En todo esto, Dios no tiene cabida: son impíos. Bienaventurado el hombre que no escucha sus consejos, que no los sigue. Estas son las máximas de la parte decente, honorable, pero impía de la sociedad; personas exentas de vicios groseros, pero para quienes «el yo» es el resorte principal –el objeto principal. Incluso si están libres de vicios groseros, este es el caso. No frecuentarían, por su propia cuenta, una taberna de clase baja, pero tampoco, y por la misma razón, asistirían a una reunión de oración en una casa de campo. Es respetable ir a la iglesia o a una capilla de moda bien acolchada, y lo hacen; pero es igualmente respetable ir al teatro o a una sala de conciertos, y como es incluso más agradable, lo hacen con más gusto. Para estos hábitos y para cientos actos más, la gente argumenta máximas como: “Hay que hacer lo que hace todo el mundo”. “¿Qué sentido tiene ser singular?” “Debemos actuar de acuerdo con nuestra posición”. “Se espera que hagamos esto o aquello”. “¿Qué hay de malo en eso?” Estos son solo algunos ejemplos de lo que aquí se llama «el consejo de malos».

7 - La descripción de los pecadores, siguen su propio camino y se complacen en él

Los «pecadores» añaden a la impiedad de la primera clase los caminos positivos del mal, los malos hábitos y sus afanes. Estos difieren según su carácter, su educación temprana o la falta de ella, y un número de otras influencias. “Cada uno ha tomado su propio camino”. Uno puede tomar el camino de la violencia, otro el del fraude, otro el de la intemperancia. Bienaventurado el hombre que también se abstiene de todas estas cosas, que «ni estuvo en camino de pecadores».

8 - La descripción de los burladores, que van de mal en peor y desprecian a Dios

La «silla de escarnecedores» está ocupada por quien se ha endurecido contra Dios hasta el punto de burlarse del pecado, mofarse de la piedad de los demás y ridiculizar las cosas sagradas.

En cuanto al segundo punto culminante, estar en movimiento, de caminar, ofrece claramente más esperanza de estar orientado en la dirección correcta que cuando se ha elegido deliberadamente el mal, y que una persona se coloca en el camino de los pecadores. Pero sentarse, y eso en la silla del burlón –estar a gusto–, donde Dios, Cristo y el cielo se nombran solo para hacer una broma o provocar la risa, es, sin duda, la coronación de los que llaman al mal bien y al bien mal. Sin embargo, el tema del salmo se abstiene de enunciar no solo esta madurez final del vicio desvergonzado, sino también todos los pasos que conducen a ella. El autor del salmo se niega a sentarse en la silla del burlón; no quiere ponerse en el camino de los pecadores; se niega a caminar en el consejo de los malvados.

9 - El gran secreto de la verdadera felicidad

Entonces, ¿dónde se encuentra el secreto positivo de su felicidad? El salmo nos dice: «En la ley de está su delicia, y en su ley medita de día y de noche» (v. 2). El hombre debe tener un objeto positivo, de lo contrario no puede estar satisfecho. Está dotado de un entendimiento y una sensibilidad para los que hay que encontrar un empleo. De la naturaleza de este empleo, más que de cualquier otra cosa, depende la felicidad del hombre.

10 - El peligro de dejar vagar el pensamiento hacia temas corruptos

Que el entendimiento está desocupado o mal ocupado, que los pensamientos deambulen al azar o se fijan en temas corruptos en sí mismos y degradantes por sus tendencias, que los afectos se apeguen a objetos en sí mismos insatisfactorios y que separan de Dios, o que los afectos dirigidos a objetos adecuados se vean privados de ellos: ¿cómo, en todos estos supuestos casos, puede ser feliz el alma? Y si el alma es infeliz, estar bien en el cuerpo y acomodarse es solo una apariencia engañosa.

11 - La mente ocupada con la Palabra de Dios: la separación exterior va unida a una vida interior de consagración a Dios

Por otra parte, si los pensamientos están bien dirigidos y diligentemente empleados, si los afectos se ejercitan habitualmente en los objetos que les convienen, las circunstancias difícilmente pueden ser en tal caso un obstáculo para la felicidad. Tal ocupación de la mente y de los sentimientos se encuentra en la Palabra de Dios, llamada aquí «la ley de Jehová».

No hay que limitar esta expresión a las «diez palabras» (Deut. 4:13) pronunciadas en el monte Sinaí, ni siquiera al conjunto de la Ley dada por Moisés. Se refiere al conjunto de la revelación que Dios había dado entonces al hombre; y como esta revelación había sido dada a la nación de Israel y dentro de ella, el nombre de Dios utilizado aquí es el de su relación de alianza con Israel: «Jehová». «En la ley de Jehová está su delicia».

12 - La Ley de Jehová nos habla de autoridad sobre el alma

Qué cantidad de ideas están sugeridas por esta afirmación. Tenemos la idea de autoridad, pues se trata de una ley, por muy amplio que sea el significado y el uso de la palabra. Pero es una autoridad reconocida con gozo. Su complacencia está en la Ley, y es obvio que el Señor mismo –Jehová– debe ser, a la vez, conocido y amado para que el corazón encuentre complacencia en su Ley –su Palabra.

13 - La revelación de Dios es mucho más amplia hoy para el creyente

Para nosotros, por supuesto, la revelación divina es ahora mucho más amplia aún: incluye la revelación de Dios en la persona y la obra de Cristo, que ya ha venido. Dios se ha dado así a conocer de un modo mucho más personal que en los tiempos del Antiguo Testamento; de modo que, si bien la autoridad de la Palabra no es menos absoluta, los afectos encuentran un objeto personal en el que apoyarse, manifestado de un modo mucho más claro, y el amor ocupa el lugar de la Ley. Hablo ahora de los términos con que puede designarse el conjunto de la revelación tal como la conocemos, y de la diferencia entre esos términos y el que aquí se emplea: «La ley de Jehová». Pero incluso en tiempos del salmista, ¡qué fácil era llevar el yugo de una Ley en la que encontraba placer! Se complacía en ella. Ciertamente, no hay nada menos que eso para nosotros, ahora que Dios se ha revelado plenamente, y se ha revelado como Amor.

14 - Lo que trae la meditación personal de la Palabra de Dios

Pero por encantadora que sea la imagen de un hombre cuyas delicias están en la ley de Jehová, no es eso todo lo que está presentado aquí. «En su ley medita de día y de noche». Este es el resultado natural del goce de la Ley; y por una feliz reacción el resultado se convierte, a su vez, en causa de un goce creciente y cada vez mayor. Cuanto más gozamos de la Palabra de Dios, más la meditamos habitualmente; y cuanto más meditamos la Palabra de Dios, más nos gozamos.

15 - Dios nos comunica sus pensamientos a través de la Palabra de Dios

Así como la palabra o los escritos de un hombre son el medio o instrumento por el que comunica sus pensamientos y da a conocer sus sentimientos, así la Palabra de Dios es el instrumento o medio por el que se da a conocer a sí mismo. La meditación es el medio por el que nosotros, por nuestra parte, nos hacemos poseedores de lo conocido. Si se trata de un ser humano, supongamos que encuentro toda mi felicidad en hacerle compañía, escuchar sus discursos o, si está ausente, leer sus cartas o escritos, estudiar su contenido, repetírmelos y seguir la corriente de pensamiento que suscitan, es evidente que, en este caso, es mi agrado por el orador o el escritor, mi admiración por su carácter o sus capacidades, mi simpatía por sus pensamientos, sus principios y sus ocupaciones, mi apego a sí mismo, lo que explica el placer que siento al leer sus escritos y sus discursos.

16 - El hombre piadoso encuentra su deleite en Dios mismo

Así pues, si mi placer está en la Palabra de Dios, y si medito en esta Palabra día y noche –mis pensamientos, cada vez que se liberan de la presión, vuelven a la Palabra de Dios y fluyen espontáneamente por este cauce, es porque Dios mismo es conocido, amado y me agrada. Si este es, pues, el secreto de la verdadera felicidad que aquí se nos revela, ¿qué es, sino que Dios mismo es suficiente para la felicidad de su inteligente criatura, el hombre? «Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón» (Sal. 37:4). «Mi porción es Jehová, dijo mi alma» (Lam. 3:24). «¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra» (Sal. 73:25). «Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa» (Sal. 16:5). Tales alientos son expresión del consejo de los fieles. Incluso en cuanto a los medios de gozar de él como nuestra porción, no faltan otras escrituras. «Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón» (Salmo 119:111). «Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón» (Jer. 15:16). Véase también el Salmo 19:7-11 y todo el Salmo 119.

17 - La imagen del árbol describe el carácter del hombre piadoso que extrae sus recursos de Dios

La felicidad que acompaña al carácter y la conducta del hombre piadoso se describe en el versículo 3, primero bajo la figura de un árbol y luego en términos literales. ¡Qué imagen presenta la primera parte!

«Un árbol» –uno de los objetos más hermosos de la creación– un espécimen de la belleza viviente.

«Plantado» –no un árbol silvestre, que crece de semillas esparcidas al azar por el viento, y que caen en cualquier parte– sino plantado: un ojo hábil que discierne la situación apropiada, y una mano cuidadosa que elimina todos los obstáculos para el futuro crecimiento del árbol así plantado en un suelo generoso, con todas las ventajas de un cultivo vigilante que se le podría otorgar.

«Junto a corrientes de agua», así que no es tributario de las lluvias ocasionales, sino que las disfrute siempre que caigan. Con un río en sus raíces, este árbol está a salvo de la sequía. Qué viva representación del hombre que no depende, para su felicidad o utilidad, de ninguna criatura, que no se apoya en un brazo de carne, sino que confía en el Dios vivo, y encuentra todas sus fuentes en él mismo.

«Que da su fruto», y además «en su tiempo». No como los “higos prematuros” que el árbol arroja inmaduros y no aptos para su uso; sino a su tiempo, el tiempo en que se esperan, habiendo alcanzado su madurez, y siendo apto para todo fin al cual está adaptado. Así el hombre piadoso, activo cuando está sano y vigoroso, paciente y resignado cuando la enfermedad le obliga a retirarse, firme cuando se necesita firmeza, dócil y sumiso cuando es por la gloria de Dios que debe serlo, «da su fruto en su tiempo».

«Y cuya hoja no cae». En lugar de que su profesión decaiga –lo que el ojo del hombre ve como la hoja del árbol–, esa profesión está mantenida en un vigor y una constancia siempre frescos e inalterables, por la vida de la que brota.

«Y todo lo que hace, prosperará». Tal es la declaración literal de la bendición de Dios que acompaña al hombre piadoso. Pero esto requiere un poco de atención.

18 - No fiarse a las apariencias para juzgar esta prosperidad, ella también puede ser diferida

Tal como están las cosas, según cualquier criterio humano o terrenal, esta afirmación no parece confirmarse. Cuando oímos exclamar al propio salmista: «Rompiste el pacto de tu siervo… Aportillaste todos sus vallados; has destruido sus fortalezas… Has exaltado la diestra de sus enemigos; has alegrado a todos sus adversarios». Cuando le oímos preguntar: «¿Por qué habrás creado en vano a todo hijo de hombre?» (Sal. 89:39-47). Y cuando oímos decir al mismo Cristo: «Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas» (Is. 49:4; véase también Mat. 23:37) –es evidente que «todo lo que hace prosperará» no debe considerarse como una promesa absoluta que ha de cumplirse en todos los sentidos, en todos los casos y en todos los tiempos.

19 - La prosperidad material para Israel bajo la Ley dependía de la obediencia

«Lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley» (Rom. 3:19). Esto sigue a una serie de citas del libro de los Salmos, de modo que este libro parece estar incluido en el término «la ley». Fue a Israel a quien se le dio «la ley», ya sea en su sentido estricto o en su sentido más amplio; y hemos visto que el nombre de la relación de alianza con Israel es el que se usa aquí. Ahora bien, el pacto de Jehová con Israel disponía que la obediencia fuera acompañada de prosperidad. «Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas» (véase Deut. 28:3-4). En efecto, los 13 primeros versículos pueden leerse como una explicación de las palabras que nos ocupan: «Todo lo que hace prosperará».

20 - Pero estas promesas se dirigen a la nación en caso de obediencia. El gobierno de Jehová aseguraba toda esta bendición y prosperidad a su nación, si era obediente

Pero el primer salmo habla de un hombre piadoso, no de una nación obediente; incluso habla de un hombre piadoso en contraste con los impíos. Eso es lo que hemos visto en los dos primeros versículos en cuanto al carácter, y eso es lo que pronto veremos en cuanto a los resultados. Pero la presencia de los impíos, e incluso de los burladores, implica para el fiel un tiempo de prueba; y, como se expone ampliamente en otros Salmos, la gran prueba es la suspensión de esta palabra en cuanto a su cumplimiento actual, de modo que en lugar de que el hombre piadoso prospere en todo lo que hace, parece que los impíos están en la prosperidad y los hombres piadosos son perseguidos y abandonados. Pero este no es el caso aquí, y si lo es, es solo en el presente.

21 - El hombre piadoso representa el remanente de Israel del final

Es inminente un juicio, cuyo efecto será eliminar a los impíos y dejar en la asamblea de los justos solo a aquellos que, en presencia de los impíos y de la prueba resultante, hayan conservado el carácter del hombre aquí descrito. En otras palabras, un remanente, distinguido de la parte impía de la nación, por el carácter dado aquí a un hombre piadoso, se convertirá en la nación, cuando el juicio haya barrido a los impíos; y entonces, para cada uno de estos hombres, será verdad que «todo lo que hace prosperará».

22 - El destino de los impíos será terrible

No es así con los impíos: su carácter es muy diferente; cualquier prosperidad que puedan tener en el presente es efímera, y ellos mismos son como «el tamo que arrebata viento» (v. 4). Piense en la diferencia entre el árbol plantado junto a las corrientes de agua y la paja que se lleva el viento. Solo hasta el juicio puede decirse que prosperan los impíos; pero su juicio es seguro, y «no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos» (v. 5). Ahora están mezclados, aunque tengan caracteres diferentes; viven en la misma ciudad, tal vez bajo el mismo techo, se sientan a la misma mesa o duermen en la misma cama. Pero el juicio hará una distinción exacta entre uno y otro.

23 - Este salmo no habla del arrebato de los santos del presente período de la gracia

Y nótese que aquí no se alude al arrebato de los santos al cielo, como se nos enseña a esperar hoy el regreso del Señor Jesucristo. Este misterio nunca fue revelado hasta los tiempos apostólicos, hasta que la redención se había cumplido, el Espíritu Santo había descendido, y el pueblo terrenal no solo había rechazado y crucificado a su Mesías, sino que rechazó las últimas ofertas de misericordia a través de su muerte, por el Espíritu Santo descendiendo del cielo.

24 - El arrebato de los santos y de la Iglesia al regreso del Señor está ahora revelado

Entonces, cuando solo quedaba la gracia soberana para llamar de cada nación a un pueblo salvado para que estuviera asociado con un Cristo rechazado de la tierra en su lugar y gloria celestiales, se reveló que cumpliría su obra de gracia descendiendo para resucitar a sus santos dormidos y cambiar a sus santos vivos, siendo todos arrebatados juntos para encontrarse con él en el aire y así estar para siempre con él: un arrebato de todo el Cuerpo de santos de la tierra al cielo, que no depende de ningún juicio que caiga sobre los impíos.

Esa es nuestra esperanza como cristianos; mientras que el juicio del que se habla en el primer salmo, y en todos los salmos, es un juicio en el que los impíos son arrebatados y los justos dejados en la tierra como la Asamblea de Jehová. Este es el juicio de Lucas 17:24-37, Mateo 24:37-41, y muchas otras escrituras, en las que leemos que los impíos son arrebatados y los justos son dejados. Mientras tanto, «Jehová conoce (discierne y aprueba) el camino de los justos». «Mas la senda de los malos (aunque hoy parezca tener éxito) perecerá» (v. 6) ciertamente en el momento del juicio.