El estado de ruina del cristianismo
1 Corintios 3
Autor: William KELLY 25
Tema: La decadencia, la ruina, el declive, los remanentes
1 - Debemos tener la actitud adecuada ante la ruina
No hay mayor peligro que olvidar la actitud que corresponde a aquellos a quienes Dios ha manifestado su misericordia, y a quienes también ha concedido una verdadera comprensión de lo que él desea en el estado actual de la cristiandad caída. ¿No es acaso una de las cosas a las que más debemos prestar atención: que la forma en que utilizamos la verdad sea la más adecuada?
2 - Lo que conviene es la humildad y el quebrantamiento interior, con la conciencia de nuestra debilidad
Cuanto más conocemos a Dios, más debemos tener y manifestar humildad de espíritu. Esto no implica que debamos carecer de firmeza en nuestras convicciones, sino que tengamos también una conciencia justa de nuestra propia debilidad, que tengamos un espíritu contrito, recordando cómo la gloria del Señor se ve afectada por el fracaso de los suyos hoy en día.
3 - Reconocer el estado de ruina sin desanimarse
Sentimos hasta qué punto la Iglesia está caída y de dónde proviene esto, pero no debemos desanimarnos. No hay nada que provenga de Dios en la desesperanza o la desconfianza. El Espíritu Santo nunca suscita la duda. Puesto que a veces hay confusión en las mentes acerca de lo que se llama la ruina de la Iglesia, pueden ser útiles unas palabras sobre el estado actual de desolación entre los que invocan el nombre del Señor.
4 - Los 2 aspectos de la Iglesia
Debemos considerar la Iglesia bajo 2 aspectos: la Iglesia o la Asamblea tal como es edificada por Cristo; y tal como es edificada por el hombre, es decir, por sus siervos.
5 - La Iglesia edificada por Cristo
La Asamblea, como edificada por Cristo, nunca falla. «Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mat. 16:18).
6 - La Iglesia edificada por los hombres
Pero la que es edificada por los siervos del Señor siempre es susceptible de verse afectada por elementos procedentes del hombre, vanos, o incluso peores. Puede sufrir a causa de la mundanidad, de la precipitación, de la negligencia, de los sentimientos carnales, 1.000 cosas de la naturaleza humana que actúan sin ser juzgadas, y así acabar en la vergüenza y la deshonra del Señor.
7 - La naturaleza y las causas de la ruina
Por eso observamos en los corintios la presencia de materiales de los que el apóstol habla con un tono grave de advertencia. Habían dejado entrar no solo lo que no era provechoso, sino también lo que corrompía: «madera, heno, paja» (1 Cor. 3:12). Ahora bien, en estas cosas puede haber un gran poder de contaminación acompañado de un poder de destrucción.
El que ha edificado sobre arena puede ser salvo, aunque su obra perezca, pero el que ha contaminado o destruido la Casa de Dios puede ser él mismo destruido por el juicio de Dios.
Todo esto ocurre allí donde los hombres construyen por sí mismos. Así, vemos los 2 aspectos caracterizados. En la Asamblea de Dios en la tierra hay lo que es edificado por Cristo, y que por tanto nunca falla, cuyas piedras son vivas, y en ningún caso muertas.
8 - La diversidad de las causas de la ruina y sus consecuencias
Por otra parte, está la mala obra, un servicio más o menos negligente, según el caso –ya sean hombres malos que actúan según su propia voluntad, ya sean hombres buenos que no son guiados en todo por Dios. El resultado es una acumulación de materiales de calidad inferior, sin valor para Dios, que mancillan su Templo y merecen así el reproche de la confusión, el desorden y la debilidad. Es desde este último punto de vista que vemos los orígenes de la ruina que se extiende sobre la Asamblea.
Estas cosas perecederas, «madera, heno, paja», significan, creo, una doctrina mal presentada o superficial que engendra personas de la misma naturaleza. Por lo tanto, podría significar fácilmente ambas cosas; se trata, en primer lugar, de doctrinas agradables a la carne, por lo tanto, atractivas para las personas en un estado carnal, y tal vez también para los hombres no convertidos.
9 - El hombre es el único responsable de este fracaso
Sin duda, a algunos les resulta difícil hablar de la Asamblea en ruinas; pero ¿por qué? No hay aquí ninguna acusación contra Dios, sino solo contra el hombre. Dios sacó a Israel de Egipto y, sin embargo, Israel cayó en la decadencia. ¿Por qué entonces sorprendernos de que las gentes de las naciones tampoco hayan perseverado en su alianza? (Hebr. 8:9). Compárese con Romanos 11, donde se ve hasta qué punto el apóstol no podía sorprenderse por tal desenlace. Este principio recorre toda la Palabra de Dios. La criatura siempre fracasa, pero al final todo contribuye a la gloria de Dios. Sin duda, la Iglesia, al igual que Israel, también se encuentra en un estado de ruina. ¿No lo reconoce el protestante cuando piensa en el catolicismo romano? ¿Y el católico romano cuando considera el protestantismo? Los hombres rectos y espirituales lo reconocen sin reservas.
10 - El hombre siempre fracasa en su responsabilidad
Todos estos casos no son más que ejemplos de una verdad aún más general. El primer hombre cayó en el pecado, y ello también en todos los ámbitos.
11 - La victoria del Segundo Hombre y la nueva creación
Pero hay otro gran hecho: el Segundo Hombre resucitó de entre los muertos e inauguró una nueva creación que nunca perecerá ni fracasará. Así, el mismo principio se aplica en todas partes, como siempre; en cuanto abordamos la responsabilidad del hombre, contemplamos la ruina y la confusión. Todos lo sienten. Toda persona piadosa e inteligente lo reconoce, aunque no esté acostumbrada a esta expresión y, por lo tanto, tenga dificultades, temiendo que ello comprometa la gracia y la fidelidad de Dios.
12 - Gemir en lugar de gloriarse
Es imposible amar a Cristo y a la Asamblea sin gemir. Sin duda podría citar fácilmente a un dignatario muy conocido de la Alta Iglesia (Iglesia anglicana), que ocupaba un cargo eclesiástico muy alejado del nuestro, que era un hombre piadoso y se lamentaba del estado actual de la Iglesia. No podemos dudar de su auténtica piedad, ni podemos dudar de que su corazón amaba a Cristo y a quienes pertenecen a Cristo.
13 - Ser sensible a la deshonra infligida a Cristo
Ahora bien, es imposible poseer los afectos divinos de la nueva naturaleza sin sentir que el estado actual de las cosas es contrario a la gloria de Cristo.
Confieso que siento incomparablemente más simpatía por los gemidos de un hombre así que por los de otras personas que proclaman a los 4 vientos los progresos del cristianismo en el siglo 19 y en nuestra época, y que esperan los triunfos del Milenio como fruto de los esfuerzos de la Asamblea. ¿Cómo se puede simpatizar con tal insensibilidad ante la verdadera deshonra infligida al Señor? En realidad, aunque sea inconscientemente, es hacerle el juego a Satanás.