La elevación de José

Génesis 41:38-46


person Autor: Friedhelm RUNKEL 3

flag Tema: José

(Fuente autorizada: creced.ch – artículo corregido)


1 - Introducción

La historia de José nos enseña abundantemente acerca de la persona del Señor Jesús. Los sufrimientos que sus hermanos le hicieron padecer le convierten en una figura muy clara de Cristo rechazado por los judíos. Muchos detalles de su historia presentan una notable similitud con la vida de Jesús.

Tal vez conocemos menos el paralelo entre la elevación de José y la del Señor Jesús, cada una de las cuales sigue a los sufrimientos soportados.

Deseamos ocuparnos de las distinciones y honores con los que Faraón colmó a José, imágenes de las glorias de Cristo que siguieron a sus sufrimientos (véase Lucas 24:26). La Palabra de Dios nos exhorta: «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba» (Col. 3:1-2). Y el Señor mismo nos dice: «Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mat. 6:21).

Llamado por el Faraón fuera de su prisión, José se afeitó y cambió sus vestidos. No podía presentarse ante él con las ropas de un prisionero. Cuando el rey de Egipto oyó la interpretación del sueño que había tenido, comprendió inmediatamente que tenía ante sí a alguien extraordinario. «¿Acaso hallaremos a otro hombre como este, en quien esté el espíritu de Dios?» exclama delante de sus siervos (41:38). Enseguida dio a José varias distinciones excepcionales (v. 42-45):

• pone su propio anillo en la mano de José,

• lo hace vestir de ropas de lino finísimo,

• pone un collar de oro en su cuello,

• ordena que todos se arrodillen ante él,

• le confía el gobierno de todo su reino,

• le da un título,

• le da una esposa.

2 - El anillo

En otro tiempo, el poseedor del anillo del soberano ponía el sello real sobre los escritos o documentos importantes, para demostrar su origen y autenticidad. Cuando un decreto era sellado, se tornaba irrevocable (véase Ester 8:8).

Representémonos esta escena: el hombre más poderoso de ese tiempo se quita su anillo –imagen de su autoridad y de su poder absoluto–, lo pone en la mano de ese joven hebreo que, hace algunas horas, era un prisionero sin derechos, y, ahora, José es establecido gobernador de Egipto, revestido de la más alta autoridad con las más amplias competencias.

¿Y qué es de nuestro Señor? Ahora es el hombre que ha sido elevado hasta lo sumo y que ha sido glorificado en el cielo. Dios puso todas las cosas entre sus manos. La Segunda Epístola a los Corintios declara respecto de él: «Porque todas las promesas de Dios son en él sí, y en él amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios» (1:20). Todas las promesas de Dios y todos sus designios encuentran su confirmación y su cumplimiento definitivo en el Señor Jesús. Particularmente en cuanto a nuestra salvación, Él es quien hace que todo sea definitivamente seguro y firme.

Pero el juicio que Dios anuncia en la Biblia es también seguro e irrevocable. Entre los honores y las glorias que fueron dadas al Señor Jesús como hombre glorificado, se encuentra esta: «El Padre… todo el juicio dio al Hijo… también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre» (Juan 5:22, 27). No se trata solamente de un pensamiento solemne para los incrédulos, sino que es también un llamamiento solemne para que cada uno de nosotros haga conocer a los hombres el amor de Dios y las consecuencias eternas si se desprecia este amor.

3 - Las ropas de lino finísimo

El lino finísimo designa una tela blanca o de color claro, que se utilizaba para la confección de ropas. Comúnmente solo eran usadas por los sacerdotes o las personas de alto rango. En Éxodo 28, encontramos la descripción de las vestiduras de los sacerdotes: «Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura… Y bordarás una túnica de lino, y harás una mitra de lino» (v. 2, 39). En el libro de Ester, encontramos a Mardoqueo, «hombre cuya honra desea el rey», que sale de delante del rey «con vestido real de azul y blanco… y un manto de lino y púrpura» (Ester 6:6; 8:15).

José quitó su vestido de prisionero para ponerse vestidos reales. ¡Qué contraste! Una acusación injusta lo llevó a la prisión. Ahora sus vestidos de lino finísimo atestiguan sin ambigüedad su rehabilitación pública.

A pesar de no haber cometido ninguna falta, Cristo murió en la cruz. Pudo preguntar a los judíos: «¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?» (Juan 8:46). Poco antes, ya les dijo que Él siempre hacía lo que agradaba al Padre (v. 29). A cada paso que daba, en todos sus hechos, sus palabras, sus silencios, estaba en perfecto acuerdo con su Dios y Padre; su persona y su vida eran una pureza perfecta a los ojos de Dios.

Como respuesta a esta vida de santidad y de pureza, Dios resucitó a su Hijo de entre los muertos: «Ni permitirás que tu santo vea corrupción» (Sal. 16:10; Hec. 2:27). De esta manera elocuente confirmó que el Señor Jesús murió por las transgresiones de los demás.

4 - El collar de oro

Al collar de oro está unida la idea de un adorno y de una dignidad oficial. Es lo que vemos en Daniel 5: «Entonces mandó Belsasar vestir a Daniel de púrpura, y poner en su cuello un collar de oro, y proclamar que él era el tercer señor del reino» (v. 29). José recibe de Faraón este ornamento y esta dignidad oficial.

En la Biblia, el oro simboliza el resplandor de la justicia divina absoluta y perfecta.

En cuanto al Señor, el collar de oro nos recuerda su gloria actual: «Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos… vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte» (Hebr. 2:7, 9).

5 - ¡Doblad la rodilla!

El carro del versículo 43 es del estilo de aquellos que los hombres importantes de antaño utilizaban cuando debían desplazarse por las ciudades y alrededores. Esos suntuosos carros podían reconocerse de lejos. En su segundo carro Faraón hizo subir a José para recorrer la tierra.

Pero mucho más magnífico que ese carro, era la orden de arrodillarse delante de José que mostraba claramente la posición excepcional que él ocupaba. Si los honores anteriores eran más bien de orden personal, su gloria pública era puesta en evidencia a los ojos de todos por su presencia en ese carro. Cada transeúnte era invitado a prosternarse y dar honor delante de aquel que era el segundo personaje del reino.

En cuanto al Señor Jesús, leemos: «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil. 2:9-11). Pronto todos reconocerán que Aquel que fue crucificado en Gólgota es puesto por Dios como Señor sobre todo. Cada uno deberá rendirle honor y sometérsele.

Nosotros los creyentes debemos hacerlo de todo corazón desde ahora como respuesta a su amor insondable. En nuestra vida de cada día, reconozcamos efectivamente a Jesús como Señor, busquemos su voluntad y hagámosla, yendo al encuentro de sus deseos. Esta es la manera en la cual podremos glorificarlo y regocijar su corazón desde ahora.

¡Pero qué terrible fin para todos aquellos que lo habrán rechazado o despreciado cuando estén obligados a arrodillarse delante de Él!

6 - Gobernador sobre todo Egipto

Ya antes de entregarle los honores que hemos considerado, Faraón había dicho a José: «Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú» (v. 40). Confía su casa y su pueblo a la autoridad de José. ¿Podía encontrar un hombre mejor calificado que él, ya que Dios hacía prosperar todo lo que él hacía? (Gén. 39:3, 23). La inteligencia y la sabiduría de José lo hacían perfectamente apto para esas importantes responsabilidades.

La dominación que se confía a José es una imagen muy llamativa de la dominación universal del Señor Jesús. Dios puso sobre el Hijo del hombre glorificado todo poder en el cielo y en la tierra. Esta dominación universal ya le pertenece, pero aún no la ejerce públicamente. «Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas» (Hebr. 2:8).

Cristo es el centro de los designios eternos de Dios. Lo que «se había propuesto en sí mismo… en la dispensación del cumplimiento de los tiempos» consiste esencialmente en «reunir todas las cosas en Cristo… así las que están en los cielos, como las que están en la tierra» (Efe. 1:9-10). «Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies» (1 Cor. 15:25).

Hoy nuestro Señor es despreciado, pero dominará sobre todo y «la voluntad de Jehová será en su mano prosperada» (Is. 53:10). Reinará en justicia, y todo estará en armonía con Dios.

7 - El nuevo nombre de José

Antaño, solía suceder que los reyes cambiaban el nombre de sus subordinados. Era una señal del poder absoluto que tenían. El nombre de «Zafnat-panea» que se le atribuye a José significa en egipcio: «Salvador del mundo» o «mantenimiento de la vida». ¿No fue acaso por su sabiduría que iba a salvar a los egipcios del hambre y mantenerlos en vida? Ellos mismos lo confirmarán más tarde: «La vida nos has dado» (Gén. 47:25). Y José podrá decir a sus hermanos: «Dios me envió delante de vosotros… para daros vida por medio de gran liberación» (Gén. 45:7).

Además de su significado en idioma egipcio, este nuevo nombre tiene su significado en hebreo: «revelador de secretos». Al interpretar los sueños de Faraón, José pudo comunicarle los propósitos de Dios y salvar a los hombres del hambre.

Este doble significado se refiere igualmente a nuestro Salvador. Ese título contiene tanto la idea de liberación como la de mantenimiento de la vida. «Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad… el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen» (1 Tim. 2:3-4; 4:10).

En el Nuevo Testamento, la salvación nos es presentada en relación con el pasado, el presente y el futuro. Tito 3:4-5, evoca un hecho pasado: «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia». Actualmente, Jesús «puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebr. 7:25). En cuanto al futuro, «esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas» (Fil. 3:20-21).

Por un otro lado, Jesús hizo conocer a Dios y reveló sus planes gloriosos. En su oración dirigida a su Padre dice: «He manifestado tu nombre a los hombres» (Juan 17:6). Pero no solo hizo conocer los planes de Dios. Por sus sufrimientos y su muerte, puso Él mismo el fundamento que permite la realización de todo lo que Dios se propuso en gracia y en bendición.

8 - Una esposa para José

Como coronamiento y última prueba de su bondad, Faraón dio a José una esposa. Los privilegios anteriores dados a José eran en relación con su posición. Pero recibió a Asenat para su corazón. Esta iba a ser el objeto de su amor; estará a su lado mientras gobierna sobre Egipto y le dará dos hijos, Efraín y Manasés.

Asenat, unida a José en el momento de su dominación gloriosa, es una figura de la Iglesia unida a Cristo glorificado en el cielo. Ella disfruta de su amor y participará de su dominio universal.

9 - Conclusión

Habiendo meditado algunos de los distintos aspectos de la gloria del Señor, podemos hacernos eco de la recomendación que José hacía a sus hermanos: «Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria» (Gén. 45:13).

Por medio de su Espíritu, Dios quiere que nuestra atención se fije en la persona de su Hijo, de forma continua y creciente. Es necesario «que todos honren al Hijo como honran al Padre» (Juan 5:23). Dios se complace cuando su Hijo es honrado en la tierra. Podemos hacerlo hoy en día, mientras esperamos que lo sea públicamente.


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