Índice general
Los tiempos actuales
Autor: John Nelson DARBY 113
Tema: Los últimos días, la última hora del actual periodo de la gracia
(Esquema añadido por Biblidocs)
1 - Un tiempo de prueba y de ruina
Este es un tiempo de prueba para los amados hermanos que se reúnen al Nombre y para el Nombre del Señor Jesús, porque las pretensiones y la energía del hombre se manifiestan con fuerza.
2 - La dificultad de aceptar la realidad ante Dios
No es fácil contentarse con ser simplemente lo que somos en realidad ante Dios. Los tiempos de «avivamiento» descubren los pensamientos de muchos corazones; pero aprender, en un día de gracia, a permanecer tranquilo y saber que Dios es Dios, es algo que la carne no puede hacer.
3 - La influencia del espíritu de este siglo
El espíritu del siglo afecta a muchos cristianos; se afanan por restaurar las cosas antiguas para el servicio de Dios, en lugar de estar quebrantados ante Él por el sentimiento de su propia caída. No dudo en absoluto de su sinceridad, pero temo que no se hayan juzgado a sí mismos y que no conozcan el estado actual de la ruina que los rodea; de tal manera que no pueden confiar únicamente en el Dios vivo como en el Dios de todos los recursos, en medio de un escenario en el que el hombre ha fallado en todo. Nunca debemos asustarnos ante la verdad completa.
4 - El camino según Dios
Confesar abiertamente lo que somos respecto a lo que Dios es, es siempre el camino de la paz y de la bendición. Si es así, aunque solo 2 o 3 se encuentren ante Dios, no habrá decepciones ni esperanzas frustradas.
5 - La confianza en los recursos divinos
Si los pozos excavados en los días de Abraham fueron llenados y tapados con tierra, nos encontramos ante un Dios que puede hacer brotar agua de la roca golpeada y hacerla correr por el árido desierto para refrescar a su pueblo sediento y cansado.
6 - El centro divino es solo Cristo
La forma de actuar de Dios, en todos los tiempos de bendición, consiste en manifestar las glorias y la obra del Señor Jesús. Cuanto más oscura se vuelve la larga noche de la apostasía, más claramente se ve la luz de la vida. La palabra para el remanente es: «Santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones» (1 Pe. 3:15). Él es el único centro de reunión.
Los hombres pueden formar entre sí confederaciones con diversos fines; una comunión de los santos solo puede manifestarse si todos los puntos convergen hacia este Centro vivo.
7 - La reunión alrededor de Cristo
El Espíritu Santo no reúne a los santos en torno a simples doctrinas (por muy verdaderas que sean), sobre lo que es la Iglesia, sobre lo que ha sido o lo que puede ser en la tierra, sino que siempre los reúne en torno a esta Palabra bendita, que es la misma ayer, hoy y por los siglos. «Donde dos o tres se hallan reunidos a mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mat. 18:20).
8 - Los peligros que hay que evitar: el orgullo espiritual, la independencia y la voluntad propia
Podemos estar seguros de que Satanás y la carne tratarán de resistirse a la obra y al camino del Señor, y se esforzarán por destruirlos. Necesitamos estar guardados de jactancia, como se hace hoy en día; necesitamos permanecer en silencio en la presencia de Dios. ¡Hay tanta independencia y voluntad propia en casi todas partes! “Haremos grandes cosas” es el grito más inapropiado que se puede oír en este tiempo en que la luz ha puesto al descubierto el triste resultado de todos los esfuerzos. Dios desea darnos a conocer su verdad como aquello que nos libera. «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Esta libertad no es la de la carne, porque penetra en nuestros corazones con toda la realidad de una separación que es adecuada ante Dios, quien es santo. Entramos plenamente en esta posición con corazones quebrantados y humillados.
Si alguien habla de separación del mal sin sentirse humillado por ello, que tenga cuidado de que su postura no sea simplemente lo que, en todas las épocas, ha engendrado sectas y ha producido herejías en materia de doctrina.
9 - El verdadero servicio cristiano: el modelo es Cristo
9.1 - Su humildad y su humillación
En cuanto a nuestro servicio, consideremos a nuestro precioso Señor y Maestro, en su profunda humillación, lavando los pies de sus discípulos, y sí mismo dándose como ejemplo ¿para quién? Para nosotros, sin duda. Ahora bien, no conozco ningún servicio que sea digno de él y que le sea agradable, si no se hace con humildad.
9.2 - Un servicio discreto
No es momento de buscar un lugar para nosotros mismos. Si la Iglesia de Dios, tan querida por Cristo, es deshonrada en este mundo; si está dispersa, ignorada, afligida, aquel que tiene la mente de Cristo siempre ocupará el lugar más bajo.
9.3 - La actitud del verdadero siervo
El verdadero servicio de amor busca dar según las necesidades, y nunca piensa en avergonzar a los objetos del amor del Maestro por su necesidad. Los hombres instruidos por Dios para su servicio salen de una fortaleza, donde han aprendido su propia debilidad y su propia nada. Descubren que Jesús lo es todo en la presencia de Dios, y que él lo es todo para ellos en todo y en todas partes.
9.4 - La necesidad de la dependencia del Espíritu Santo
Tales personas, bajo la acción del Espíritu Santo, son una ayuda real para los hijos de Dios; nunca buscarán un puesto, una distinción o autoridad entre el rebaño disperso.
La comunión del hombre con Dios respecto a la Iglesia se manifiesta en una sincera disposición a no ser nada en ella, y se alegrará en su corazón de esforzarse y de ser utilizado.
10 - La actitud ante la ruina de la Iglesia
10.1 - El poder en la debilidad es un principio fundamental
En nuestros recuerdos personales, tenemos lecciones que aprender, con temor y temblor. Que un pensamiento de poder nunca ocupe nuestros corazones. “El poder pertenece a Dios”. Hace ya muchos años hubo un tiempo de entusiasmo; se buscaba el poder por todas partes, y se habrían cruzado los mares para encontrarlo. Muchos pensaban en la Iglesia, pero era más bien la Iglesia en poder.
10.2 - No intentar reparar lo que se ha arruinado
Sintiendo que el poder se había perdido, decían: ¿Cómo recuperarlo? A partir de entonces se ocuparon de nuevo de las cosas terrenales como si pudieran llevar a cabo su restauración en la tierra. Muchos recuerdan cómo, en aquella época, Satanás había logrado poner al hombre en primer plano; el resultado fue el mismo en todas partes. Cualquiera que fuera la forma de tales esfuerzos, todos fueron seguidos de decepciones y se acordó invariablemente renunciar a ellos (pues todos fallaron en su propósito). Hubo muestras de hostilidad implacable contra el Señor Jesús; o, si su Nombre quedaba sin mancha, se preparaba el camino para otro resultado igualmente terrible: el de anular la presencia del Espíritu Santo, que es el único que puede glorificar a Jesús.
10.3 - Dios no es injusto para olvidar las buenas obras de sus siervos
El soberano Pastor no puede olvidar la labor realizada en su Nombre, con un corazón gozoso, por sus queridas ovejas, pobres y necesitadas. Una corona de gloria que no se marchita y una alabanza abundante, en el día de su aparición, serán la parte de aquellos que actúen así.
Dios reconocerá todo lo que pueda admitir, y nadie perderá su recompensa. No me sorprenden las decepciones que han seguido a todos los esfuerzos que se han hecho en la Iglesia para introducir cualquier forma de ministerio, autoridad o gobierno. Dios no puede permitir que se amplíe el terreno en el que, en estos días, se ha complacido en colocar y bendecir a sus santos. Sabemos muy bien cuál es el camino de la carne, a la que no le preocupa en absoluto la caída de la Iglesia: es tratar de ocupar un lugar entre los hombres, allí donde Dios no lo ha concedido.
10.4 - La enseñanza de la conducta de Zorobabel
Hay una gran enseñanza en la conducta de Zorobabel, relatada en el libro de Esdras. El hijo y heredero de David toma su lugar junto al remanente que regresó del cautiverio; se contenta con trabajar en Jerusalén, sin trono ni corona; al edificar el altar de Jehová y la Casa de Dios, servía simplemente a Dios y a su generación. Heredero del lugar que Salomón había ocupado en otros tiempos en los días de prosperidad y gloria, no habla ni de su nacimiento ni de sus derechos. Sin embargo, es fiel en todo el camino de separación, dolor y luchas que se ve obligado a recorrer.
10.5 - Guardarse de la presunción
¡Que el Señor nos haga cada vez más tranquilos y confiados en Él mismo, en estos días de prueba! «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Cor. 12:10); es una lección que Pablo tuvo que aprender de una forma muy humillante. Si hablamos de nuestro testimonio en la tierra, pronto resultará evidente que todo no es más que debilidad; y, como la semilla que se pierde en el camino, el testimonio acabará de igual modo para nuestra vergüenza. Pero si el Dios vivo tiene, por medio de nosotros, un testimonio en la tierra para su propia gloria, entonces el sentimiento de debilidad no hará más que llevarnos más directamente allí donde se encuentra el poder.
10.6 - La espina de Pablo
Un apóstol con una espina en su carne aprende la suficiencia de la gracia de Cristo. Un pequeño remanente reunido y congregado, sin nada de lo que pueda gloriarse en la carne, se vuelve capaz de permanecer fiel al nombre de Jesús, cuando lo que parecía tener valor ante los hombres ha fallado.
10.7 - El ejemplo de la casa minada en sus cimientos
Ni la ira, ni la prudencia, ni las pretensiones del hombre pueden hacer nada en el estado de confusión en que se encuentra ahora la Iglesia. Confieso que no tengo ninguna esperanza en los esfuerzos que muchos hacen para asegurarse una posición eclesiástica. Cuando, por un terremoto, la casa se ve minada en sus cimientos, es bien inútil tratar de hacer agradable la morada.
10.8 - El lugar que hay que ocupar ante la ruina
Nos irá mejor quedándonos donde nos ha colocado la ruina que es obra del hombre. La frente en el polvo, ese es el lugar que nos conviene y, al fin y al cabo, es el de la bendición. En el Apocalipsis, es al caer a los pies de Cristo cuando Juan conoce el estado actual de las iglesias. Luego fue elevado al cielo, para que, desde allí, viera los juicios sobre la tierra; pero el mal, en la Iglesia, solo puede conocerse bien cuando uno se humilla a los pies de Jesús. He leído en alguna parte que varios se habían reunido con tal dolor de espíritu, que durante un largo rato no pudieron pronunciar ni una sola palabra; pero el suelo de la sala de reunión estaba mojado por sus lágrimas. Si el Señor nos concediera aún tales reuniones, sería prudente frecuentar esas casas de llanto. «Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán» (Sal 126:5). Esto no se dirige solo al remanente terrenal, sino también a nosotros. Emprendería de buen grado un largo viaje para unirme a esos afligidos; pero no daría un paso para recibir de manos de los hombres más eminentes el poder de derribarlo todo hoy y reconstruirlo mañana.
10.9 - El verdadero objetivo es agradar a Dios sin tener ambición personal
Todo lo que podemos hacer es caminar con cuidado, pero con tranquilidad, pensando en los intereses del Señor Jesús, sin tener nada para nosotros, nada que ganar y nada que perder. El camino de la paz, el lugar del testimonio es buscar agradar a Dios.
11 - Guardar la unidad del Espíritu con verdadera humildad
Necesitamos velar por nosotros mismos para que, después de haber sido preservados de la corrupción del siglo por verdades muy preciosas que nos han sido reveladas en nuestra debilidad, no quedemos atrapados en la red de la presunción, o arrojados a la insubordinación, cosas que Dios nunca podrá reconocer ni tolerar, ya que estamos llamados a «guardar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz» (Efe. 4:3).
La Palabra de Dios sigue siendo la misma, hoy como siempre. Nada de lo que ha sucedido ha cambiado Su propósito, que es glorificar al Señor Jesús. Si somos humildes ante él, todo lo que sea para la gloria de Cristo será de gran importancia para nosotros. ¿Qué más queremos?