Índice general
El camino de la fe
2 Timoteo 3
Autor: John Nelson DARBY 109
Este es el acta literal de una conferencia impartida en Edimburgo por J. N. Darby en octubre de 1873. Los lectores percibirán inmediatamente su especial importancia y su aplicación. [Ed. Dennett]
1 - La importancia de discernir en qué momento nos encontramos espiritualmente
Es muy importante para nosotros saber dónde nos encontramos, amados, cuál es nuestro lugar y nuestra condición a los ojos de Dios, y luego saber lo que Dios ha declarado acerca de nosotros, no solo en lo que respecta a nuestra condición actual, sino todo lo que nos ha llevado al lugar donde nos encontramos.
2 - Los principios de Dios deben aplicarse según nuestra situación exacta
No basta con saber que Dios nos ha visitado en su gracia, sino también cuál es el resultado real de la gracia que así nos ha visitado. Aunque estamos llamados a aferrarnos firmemente a los grandes principios relacionados con el terreno en el que Dios nos colocó inicialmente, es posible que no podamos aplicar esos mismos principios a nuestra situación actual. Cuando nos alejamos del terreno deseado por Dios mismo, ya no son aplicables; pero siempre encuentran su aplicación en el camino de la fe.
3 - Un ejemplo bíblico
3.1 - Jerusalén en la época de Ezequías: permanecer en la ciudad
Encontramos un ejemplo de ello en la historia de Israel. En la época de Ezequías, cuando Jerusalén se veía amenazada de destrucción, Jehová dijo acerca del rey de Asiria: «Por tanto, así dice Jehová respecto del rey de Asiria: No vendrá a esta ciudad, ni disparará aquí flecha, ni presentará delante de ella escudo, ni levantará terraplén contra ella. Por el camino que vino, por el mismo se volverá, y a esta ciudad nunca llegará, dice Jehová» (Is. 37:33-35).
3.2 - Abandonarla en el momento del juicio
Sin embargo, más tarde, ante la certeza del juicio que iba a caer sobre la ciudad, quien quisiera salvar su vida debía abandonarla. En un caso, era un lugar seguro. Dios no estaba ejerciendo juicio en ese momento. En el otro caso, hay una diferencia maravillosa, no es que la relación y el espíritu de Dios hacia su pueblo hubieran cambiado de alguna manera, y nunca cambiarán –«Porque irrevocables so los dones y el llamamiento de Dios» (Rom. 11:29). Pero la condición del pueblo era completamente diferente. Lo que quiero que noten es que la conducta deseada por Dios era exactamente la contraria. Se quedaron en Jerusalén en la época de Ezequías. Pero hacerlo cuando el Señor había abandonado la ciudad habría sido para ellos un juicio seguro.
3.3 - La conducta correcta depende de la comprensión de la situación espiritual
Debemos saber en qué punto nos encontramos para ver cuál es la enseñanza correcta de la Palabra de Dios en nuestra posición.
4 - Un principio constante: El hombre siempre arruina lo que Dios establece
4.1 - Ejemplos en la historia bíblica
Supongamos ahora que tomamos el comienzo de los Hechos y leemos lo que allí se dice acerca de la Asamblea; vemos que el Señor añadía cada día a la Asamblea, la multitud de creyentes era un solo corazón y una sola alma, y lo ponían todo en común. Andaban en el poder del Espíritu Santo, y cuando se reunían, el lugar donde estaban reunidos temblaba. ¿Encontramos hoy una situación así? Si tomo todas las denominaciones que se dicen cristianas –incluidos los católicos romanos–, no encuentro ninguna que se corresponda con eso; todas están mezcladas con el mal. Sin embargo, Dios tiene su Asamblea y conoce a su Asamblea; pero necesitamos discernimiento espiritual para ver dónde nos encontramos y para comprender los caminos y la voluntad de Dios en nuestras circunstancias.
Otra cosa que debemos tener en cuenta es que, dondequiera que Dios establezca algo que implique la responsabilidad del hombre, lo primero que hace el hombre es estropearlo.
4.2 - Adán
Tomemos, por ejemplo, a Adán en el jardín en Edén. Tenemos aquí a un hombre creado inocente y sometido a la prueba de la obediencia. Cae y es expulsado; esto significa, desde un punto de vista moral, su fracaso total, pero no el de la paciencia de Dios hacia él.
4.3 - Noé
Tomemos también a Noé después del diluvio. ¿Qué es lo primero que hace? El mundo le ha sido confiado a su cuidado, bajo su gobierno, como se suele decir, y una de las primeras cosas que hace es emborracharse. En lugar de influir en los demás para bien, se cubre de vergüenza y atrae una maldición sobre sus hijos, sobre Canaán y su descendencia.
4.4 - Israel
Tomemos de nuevo el ejemplo de Israel en el desierto. Allí reciben la Ley –otra forma en que Dios trata al hombre al confiarle responsabilidades– y Moisés baja de la montaña para encontrar al pueblo sumido en la idolatría. Y eso basta para demostrar que todo mérito por parte del hombre ha desaparecido.
4.5 - La monarquía
El establecimiento de la monarquía no hizo más que confirmarlo. Cuando reinó la casa de David, las mujeres extranjeras les robaron el corazón.
4.6 - Nabucodonosor
Cuando reinó Nabucodonosor, se erigió la imagen de oro, se le quitó el reino y el corazón de la bestia le fue entregado.
5 - El principio general: El hombre siempre fracasa, pero Dios es fiel
Así, mientras encontramos a Dios constante en su fidelidad, en su misericordia paciente que sostiene a su pueblo en la prueba, también comprobamos que la manera constante y uniforme del hombre es derribar lo que Dios ha establecido.
6 - La aplicación a la Asamblea
Lo mismo ocurre con la Asamblea. Antes de que se completara el canon de las Escrituras, la aplicación de este principio ya era evidente. Es bueno tenerlo en cuenta. Sin ello, es imposible caminar siendo conscientes de nuestra posición. La Asamblea ya había fracasado. Sin embargo, Dios ha seguido sosteniéndola con fidelidad y longanimidad desde entonces. Al igual que con Israel.
En la época de Isaías, leemos: «Oyendo oiréis, mas no entenderéis, y viendo veréis, mas no percibiréis. Embota el corazón de este pueblo, y haz que sean pesados sus oídos, y cierra sus ojos; para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, y con su corazón no entienda, ni se convierta, ni sea sanado» (Is. 6:9-10). Sin embargo, el juicio predicho no se cumplió hasta 800 años después. El Señor mostró paciencia hacia ellos, y aun cuando ya no había remedio, siguió dirigiéndoles diversos testimonios por medio de los profetas. La fidelidad de Dios es infalible. Pero si aplicamos esta verdad a las circunstancias actuales y aceptamos el mal que el hombre ha introducido, todo el principio desaparece, y nos encontramos exactamente en la misma posición que aquellos que, en la época de Jeremías, exclamaban: «¡Aquí está el templo de Jehová, el templo de Jehová, el templo de Jehová!» (Jer. 7:4). Contaban con la fidelidad infalible de Dios en el mismo momento en que Él los juzgaba, y eso condujo a su ruina, tal y como nos sucederá a nosotros si descuidamos nuestras responsabilidades.
De nuevo, en Isaías, se le dice al resto del pueblo «¡mirad a la roca de donde fuisteis cortados, y al socavón de la cantera de donde fuisteis excavados!» (Is. 51:1), recordándole así que Abraham estaba solo cuando Dios lo llamó y le prometió que su descendencia sería «como las estrellas del cielo en multitud» (Deut. 1:10). Así, aunque estuvieran solos, Dios era fiel y, como había bendecido a Abraham, también los bendeciría a ellos; pero en Ezequiel, cuando intentaron aplicar este principio, «Uno solo era a Abraham –dijeron–, y él poseyó la tierra: pues nosotros somos muchos; a nosotros también ha sido dada la tierra para poseerla» (Ez. 33:24), malinterpretaron la condición en la que Dios los consideraba entonces.
Si descuidamos el sentido y la comprensión de nuestra condición, carecemos por completo de inteligencia espiritual.
7 - Comprender el significado de la expresión «los últimos días»
Creo que estamos en los «últimos días» (2 Tim. 3:1). Y a veces me pregunto si la gente se da cuenta de todo su alcance. Podría mostrarles en las Escrituras que la Asamblea, como sistema responsable, había entrado –desde el principio mismo– en la condición del juicio. Un error en el que caen hoy miles de personas es que la Asamblea juzga, enseña, hace esto, hace aquello; pero si tomamos la Palabra de Dios, vemos que Dios ha juzgado a la Asamblea. Sin embargo, su larga paciencia y su longanimidad la han soportado, tal como soportó a Israel. Lo que debemos afrontar es esto: el hombre, en su responsabilidad, siempre fracasa, y la Asamblea no ha escapado a este principio. Dios, en su misericordia soberana, ha permitido que surja el mal, para que, antes del fin de la Palabra de Dios, pueda darnos a conocer su juicio al respecto.
7.1 - En la Epístola de Judas
Fíjense en la Epístola de Judas: «Amados, teniendo mucho empeño en escribiros acerca de nuestra común salvación, me veo en la necesidad de escribiros con el fin de exhortaros a que luchéis por la fe que una vez fue enseñada a los santos» (v. 3). La fe ya estaba en peligro. Tenían que luchar para conservar lo que se les escapaba. «Porque han entrado con disimulo ciertos hombres, los cuales desde hace tiempo estaban destinados para este juicio, impíos [que] convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo» (v. 4).
Luego, en los versículos 14-15: «De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán» –es decir, acerca de las personas de las que habla– «diciendo: He aquí, que vino el Señor con sus santas miríadas, para hacer juicio contra todos», mostrando así que, desde el principio mismo de la historia de la Asamblea, el mal era lo suficientemente manifiesto como para revelar que el fundamento del juicio venidero ya estaba ahí.
7.2 - En la Primera Epístola de Juan
Tomen la Primera Epístola de Juan, y sabrán más: «Hijitos, es la última hora; y como habéis oído que el anticristo viene, aun ahora han surgido muchos anticristos; por esto sabemos que es la última hora» (2:18). Fíjense en que no es la venida de Cristo, sino la del anticristo y el alejamiento de la verdad lo que caracteriza a la última hora. A la Asamblea de Dios le cuesta reconocerlo. En los versículos siguientes leemos: «Salieron de [entre] nosotros, pero no eran de los nuestros; porque si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que fuese manifestado que no todos son de los nuestros» (2:19).
Es como si dijera: “No dejen que estas cosas os desanimen; tienen a su disposición lo que os permite ser para Dios incluso en tales circunstancias”. ¿Y cuál era la situación práctica de la Asamblea tal y como la encontramos en otras partes de la Palabra?
7.3 - En la Epístola a los Filipenses
Pablo dice: «Porque a nadie tengo del mismo ánimo, que tan realmente se interese por lo que os concierne; porque todos buscan sus propios intereses, no los de Cristo Jesús» (Fil. 2:20-21). Esto es lo que dice el apóstol de la Asamblea de Dios en la época en que escribía: sin duda, un triste testimonio.
7.4 - En la Segunda Epístola a Timoteo
Y también, en la Segunda Epístola a Timoteo: «En mi primera defensa nadie estuvo de mi parte; todos me abandonaron; que esto no les sea tenido en cuenta» (2 Tim. 4:16).
7.5 - En la Primera Epístola de Pedro
Y Pedro, en su Primera Epístola, dice: «Llegó el tiempo de comenzar el juicio por la casa de Dios» (1 Pe. 4:17).
8 - La Asamblea responsable entró pronto en un estado de declive
He citado estos pasajes para mostrar que ya en aquella época –lo cual era totalmente cierto y manifiesto desde el principio– el Espíritu de Dios podía discernir y dar testimonio de lo que constituía el fundamento del juicio venidero, y atestiguar también que la Asamblea ya estaba lista para el juicio.
9 - Referencia a las 7 asambleas del Apocalipsis y sus características
Nada lo muestra tan claramente como las Epístolas a las 7 asambleas en el Apocalipsis. En ellas vemos a la Asamblea a lo largo de toda su historia. No voy a hablar de ella ahora, pero deseo llamar su atención sobre la exhortación que se repite sin cesar: «El que tenga oído, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias».
Hay aquí algo que, en mi opinión, es muy solemne. He aquí: Cristo no es considerado aquí como la Cabeza del Cuerpo. (No por ello deja de serlo. Ese es su lugar bendito para siempre y por los siglos, gracias a Dios). Pero no es bajo este aspecto como se le ve aquí; tampoco es bajo la forma del Padre y del Hijo que nos han sido revelados por el Espíritu Santo, como en las Epístolas; ni bajo la forma del Siervo, como cuando tomó «una toalla, se la ciñó… y empezó a lavar los pies de los discípulos» (Juan 13:4-5).
10 - El testimonio profético: La Asamblea bajo el juicio
Lo vemos aquí caminando en medio de las 7 lámparas, juzgando su estado, encontrando algo que aprobar y mucho que desaprobar; y, por consiguiente, vemos aparecer esa condición de la Asamblea que la hace culpable del juicio. Entonces, nuestro oído está llamado a escuchar lo que el Espíritu dice a las asambleas, es decir, que, como individuo, debo considerar el estado de las cosas en el que me encuentro y juzgarlo según la Palabra de Cristo.
Es muy grave comprobar que, incluso en aquella época, la Asamblea, la hermosa planta que Dios acababa de plantar, ya estaba corrompida por el hombre. No es que se hubieran retirado las bendiciones, sino que el estado de la Asamblea ya no era el mismo que cuando las bendiciones habían sido entregadas en manos de los hombres. Ahora que habían recibido las bendiciones, eran responsables del uso que hicieran de ellas.
10.1 - El ejemplo de Éfeso en contraste con los tesalonicenses
Miren a los tesalonicenses. Allí ven su «obra de fe, vuestro trabajo de amor y la paciencia de vuestra esperanza» (1 Tes. 1:2), mientras que aquí, en Éfeso, vean: «Conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu paciencia» (Apoc. 2:2). ¿Dónde estaban su fe, su amor, su esperanza? ¡Ah!, dice: «Has dejado tu primer amor», es decir, el estado en el que se encontraban cuando él les confió esa responsabilidad. Les advierte en función de las bendiciones que les había concedido. «Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. ¡Recuerda de dónde has caído! Arrepiéntete y haz las primeras obras; si no, vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar» (Apoc. 2:4-5). Ejecutando así el juicio que, según Pedro, debía comenzar por la Casa de Dios. El apóstol alude aquí a Ezequiel: «¡Al anciano, al joven, y a la doncella, y a los niños, y a las mujeres, matadlos… y comenzad desde mi Santuario!» (Ez. 9:6). Esto no era más que el comienzo del juicio, pues no solo la Asamblea, sino el mundo entero es juzgado.
10.2 - Los fieles en medio de la ruina (comparación con Elías)
La Asamblea de Dios estaba destinada a ser la carta de Cristo en el mundo y, como tal, ha fracasado por completo. Esto no significa que no haya individuos que sigan el camino de la fe y de la fidelidad, como Elías. En su época, todo el país estaba entregado a la idolatría; sin embargo, Dios pudo encontrar en Israel a 7.000 personas que no se habían arrodillado ante Baal y cuya boca no lo había besado.
10.3 - La ruina colectiva no impide la fidelidad individual
No es que no haya personas que caminen en la obediencia, sino que el estado de las cosas en el que caminan es totalmente depravado. Tal era la situación en la que se encontraba Elías. Y Dios lo sostuvo y lo bendijo grandemente; y lo vemos como uno de los 2 hombres que fueron llevados al cielo sin morir. Y tal es la situación en la que nos encontramos. Ciertamente, amados, nuestros corazones deberían sentirse profundamente conmovidos ante la idea de que lo que era tan bendito, tan bello, tan perfecto, se echara a perder de tal manera desde el principio. Con mayor razón cuando vemos en qué se ha convertido. ¿Y por qué tal fracaso? El poder de Dios siempre estuvo ahí, pero ellos no contaron con él y fallaron constantemente, como los 10 espías cuando vieron las ciudades fortificadas y a los hijos de Anac.
10.4 - Confiar en el poder de Dios y en la autosuficiencia de Cristo
Pero es muy importante que sepamos que, aunque la Asamblea haya fracasado por completo, el poder de Dios no falla. Cristo es tan suficiente hoy como al principio; y aunque la condición inicial de la Asamblea se haya perdido, todo el poder, toda la bendición, son tan seguros como siempre para aquellos que caminan por la fe.
10.5 - El Espíritu de Dios actúa en medio del mal
Ahora, fíjense en otra cosa –un principio muy llamativo en los caminos de Dios–, a saber, el poder en medio del mal.
La tierra es su ámbito de acción, no el cielo. En el cielo no habrá mal, sino que todo será bendición y luz; nada que superar, nada que vigilar, nada que ver con el mal. Pero es ahora cuando tenemos el poder del Espíritu, mientras el mal y las tinieblas están por todas partes.
11 - Ejemplos en el Nuevo Testamento
Volvamos a los Hechos. Leamos todo el comienzo de la Asamblea. Veamos cómo cada dificultad pone de manifiesto el poder del Espíritu, al igual que pone de manifiesto la necesidad de los santos. Sufrieron la persecución y tuvieron la fuerza para soportarla. «Y todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos» (2 Tim. 3:12). (Fíjense en que no dice: “Todos los cristianos serán perseguidos”, sino «todos los que quieren vivir piadosamente»).
Allí también encontramos el poder del Espíritu en los milagros, tal como lo tenemos en la persona de Cristo antes de su muerte. Sin duda, él tenía el poder en sí mismo, pero, como hombre dependiente, recibió el poder para su camino. Se nos dice que «Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret; este anduvo haciendo el bien por todas partes y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él» (Hec. 10:38).
Tal manifestación de Dios no podía dejar de suscitar la hostilidad del espíritu carnal. Como él mismo dijo: «Han visto y me han odiado tanto a mí como a mi Padre» (Juan 15:24). Y el resultado fue que lo crucificaron. Cuando vuelva, será la llegada del bien en poder: el poder de vencer al mal, de aprisionar a Satanás. Entonces «Se sentarán cada cual debajo de su parra, y debajo de su higuera» (Miq. 4:4). Pero hoy tenemos el bien en medio del mal; y mientras Satanás sea el príncipe de este mundo, si ambas cosas se mezclan, el mal subyuga al bien.
Esto también se ve en la parábola de las 10 vírgenes. Las prudentes y las insensatas estaban juntas, y como el esposo tardaba, todas se adormilaron. Al grito de medianoche, se levantaron y prepararon sus lámparas; las insensatas, al no tener aceite, se quedaron atrás. Al estar ligadas al mal, caen bajo su poder.
12 - Ejemplos en el Antiguo Testamento
12.1 - Josué y el poder
Sin embargo, el apóstol Juan dice: «Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4). Para ilustrarlo, tomemos el ejemplo de Israel en tiempos de Josué. La época de Josué es una época de poder. Jericó es tomada, pero se permite que el mal entre, y ante Ai fracasan. Luego, al regresar a Gilgal, reciben un nuevo poder. Sus enemigos son sometidos; las ciudades fortificadas, los hijos de Anac, no son nada ante ellos: salen victoriosos por todas partes. Aquí tenemos el bien en medio del mal, con un poder que hace el bien y reprime el mal.
12.2 - Los Jueces y la debilidad
En el libro de los Jueces ocurre lo contrario. Siguen siendo el pueblo de Dios, pero el poder está del lado del mal. ¿Cómo sucedió esto? Habían subido de Gilgal (es decir, «rodado») a Boquim (es decir, «los que lloran») (vean Jueces 2:1, 5). Anteriormente, Josué y todo Israel habían vuelto a la muerte de la carne, pues eso es lo que simboliza Gilgal. Allí habían recibido el poder. Esto significa simplemente lo siguiente: habían cruzado el Jordán, habían entrado en Canaán, el lugar del poder, y la afrentosa humillación de Egipto había sido eliminada. Pero en Boquim tenemos otra cosa. Seguían siendo el pueblo de Dios. Su poder estaba allí, Su ángel estaba allí, pero era un tiempo de debilidad.
13 - Juzgarse a sí mismo es el gran secreto de la vida cristiana
Ahí hay una lección para nosotros, amados. Si no volvemos a un verdadero juicio de nosotros mismos (ser conscientes de que no somos nada) en presencia del Señor, no podemos caminar con poder. Tomemos el caso de cualquier santo que ejerza un ministerio. Caerá, fracasará; necesita renovar sus fuerzas. Ahí está, en efecto, el gran secreto de la vida cristiana. Si mi relación con Dios se interrumpe, me quedo completamente sin fuerzas.
¡Qué bendición ver que el Dios de Israel no los abandonó! Construyeron un altar en Boquim; sin embargo, fueron constantemente probados por el juicio. ¿Cómo es posible? El pueblo había perdido su verdadero lugar.
13.1 - La situación de los «últimos días»
Debemos tener esto en cuenta al evaluar nuestra condición actual. La Asamblea ha perdido su lugar y, de la misma manera, la Asamblea está bajo el juicio. Leemos: «Todos buscan sus propios intereses, y no los de Cristo Jesús» (Fil. 2:21). ¿No es eso perder su lugar? Y al perder su lugar, pierden su poder y se encuentran en la debilidad, o bien deben acudir a Boquim. Lo que es particular de Boquim es que allí debían dirigirse a Dios. En la Asamblea de Dios, encontramos una relación similar con Dios. Israel es un ejemplo de ello.
13.2 - El poder del bien en medio del mal, el juicio de Ananías y Safira
En los inicios de la Asamblea, tenemos el bien y el poder del lado del bien. En un día se añaden 3.000 personas, y en otro, 5.000. Paralelamente a esto, vemos cómo se desarrolla el poder del mal. Sin embargo, Dios manifiesta su poder de otra manera; y no dudo de que, si fuéramos más fieles, nuestra experiencia sería similar. Estaban llenos del Espíritu. Cuando se reunían, el lugar donde se congregaban temblaba. Como vivían por el Espíritu, también caminaban por el Espíritu y manifestaban el poder del Espíritu. Todo esto sucedía en medio del poder del mal; y no abandonamos esta escena hasta que el mal sale a la luz en el caso de Ananías y Safira.
Pero el Espíritu de poder sigue ahí. El pecado es juzgado de inmediato; son eliminados, y el resultado es un gran temor que se apodera de toda la Asamblea. Tenemos aquí una demostración de ello: el poder del bien en los discípulos que dan testimonio de Jesús; el poder del mal que se opone a ellos y los encarcela. Y luego, antes de que la historia termine, «[llegó] el tiempo de comenzar el juicio por la casa de Dios» (1 Pe. 4:17), es decir, el fin de los tiempos antes de la venida de Cristo en su gloria, cuando su poder derrocará el mal.
13.3 - Los últimos días según 2 Timoteo 3
En la Segunda Epístola a Timoteo, tenemos un testimonio del crecimiento del mal donde debería estar el bien. Se dice claramente que «en los últimos días vendrán tiempos difíciles» (v. 1).
13.4 - Sus características
«Porque los hombres serán egoístas, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos». «Teniendo apariencia de piedad, pero negando el poder de ella». A continuación, viene la exhortación: «De estos apártate» (vean v.2-5). Primero tenemos la declaración positiva de que se apartan del mal. Luego el apóstol continúa diciendo: «Pero los hombres malos y los impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero tú, persevera en lo que aprendiste y fuiste persuadido, sabiendo de quién lo aprendiste» (v. 13-14).
13.5 - La dirección que los creyentes deben seguir
Fíjense en que no envía a Timoteo a la asamblea como maestro, sino a aquellos de quienes aprendió estas cosas. ¿Quiénes eran? Pablo, Pedro y los demás apóstoles. Ahora, como personas que han recibido el Evangelio de la gracia de Dios, sabemos de quién lo aprendimos, y es de ellos de quienes tenemos la declaración de que el mal ha entrado y se agravará cada vez más hasta esos tiempos difíciles.
14 - El principio fundamental es volver siempre a la Palabra de Dios
Así como Timoteo se fía de la certeza de las palabras de quienes le transmitieron la verdad, de la misma manera, nos fiamos de la Palabra de Dios, en la que nuestra alma se apoya cuando se juzga a la Asamblea como «hombres malos… irán de mal en peor» y «teniendo apariencia de piedad, pero negando el poder de ella». No se puede negar que tal es el carácter de la Asamblea en la actualidad.
14.1 - El crecimiento del mal, el racionalismo y la infidelidad
Es sorprendente comprobar que, por todas partes, personas que se dicen cristianas se vuelven infieles por miles. Ni siquiera me atrevo a decir que haya un solo hombre de cada 40 que esté exento de la enseñanza racionalista actual. No sé cómo lo ven ustedes en su país, pero así es en Inglaterra. La mera forma se transforma en infidelidad abierta, por un lado, o en superstición por el otro. Es notorio que así es: el cristianismo, sometido a Cristo solo exteriormente, no es más que una apariencia sin realidad. Lo que deseamos es el cristianismo tal y como se describe en la Palabra de Dios.
14.2. La presencia del Espíritu Santo es el secreto del poder
Algo excelente y característico de la dispensación de la gracia es la presencia del Espíritu Santo en su poder, sosteniendo al pueblo del Señor en medio de lo que está madurando para el juicio.
15 - Nicodemo y el remanente fiel en los 2 primeros capítulos de Lucas
Tenemos algo similar en el caso de Nicodemo entre los hijos de Israel, y el pequeño remanente fiel de los 2 primeros capítulos de Lucas: Simeón y Ana, y los demás que esperaban la salvación de Dios en Jerusalén. Se conocían, y se les veía reunidos, exhortándose unos a otros, como deberíamos hacer nosotros. Me he sentido impulsado a hablar así de la situación en la que nos encontramos. Cada vez que consideramos la responsabilidad del hombre, comprobamos que su principio de acción consiste siempre en apartarse de lo que Dios ha establecido; entonces, la corrupción creciente se manifiesta y continúa hasta que el juicio se hace necesario. Lo vemos en la época de los apóstoles, pero de manera aún más evidente en los últimos días. Y fíjense bien que ellos debían comprender que era la última hora, porque ya había varios anticristos, y no porque Cristo hubiera regresado. Incluso en aquellos días, el espíritu anticristiano era evidente; pero la paciencia de Dios ha seguido acompañándolos desde entonces, como con Israel.
16 - El camino de la fe a pesar de la ruina visible de la Asamblea
Lo que deseo poner ante la conciencia de los hermanos es la orientación dada sobre la manera en que debemos andar en medio de tal situación: «Persevera en lo que aprendiste y fuiste persuadido» (v. 14). Es decir, se nos remite directamente a la Palabra de Dios. Es totalmente cierto que necesitamos el ministerio. Tal es la voluntad de Dios y su manera de actuar, como leemos: «Él ha dado a unos apóstoles; a otros profetas; a otros evangelistas; y a otros, pastores y maestros» (Efe. 4:11).
17 - La Palabra de Dios como guía de los creyentes
Pero la referencia a la Palabra de Dios aquí es muy diferente de eso. Como individuo, debo remitirme directamente a ella y dejar que la autoridad de Dios lo determine todo por mí. “¡Oh, pero –dirá quizá alguien–, puedo malinterpretar la enseñanza de la Palabra!”.
“Es una lástima para usted, responderé, pero eso es muy diferente a negar la acción del Espíritu”. No es que a Dios no le complazca utilizar a algunos como instrumentos para transmitir su Palabra a otros, como también ocurre con una madre que enseña a su hijo. Sin embargo, también puede tratarse de la actividad de la naturaleza humana, como la de un profesor con su alumno, o la de un amigo con su amigo.
18 - La Palabra de Dios como recurso personal fundamental
Pero, aun sabiendo esto, debemos recurrir a la Palabra de Dios, y hacerlo directamente. Debemos insistir en esto hoy en día. Dios nos habla directamente en la Palabra inspirada. La madre no está inspirada. Los que ocupan el lugar de maestros en la Asamblea no están inspirados en el sentido de que seamos gobernados y juzgados por ellos, pero la Palabra de Dios sí lo está, y debemos recurrir directamente a esa Palabra, y no a la Asamblea.
19 - La Asamblea no enseña
No concibo en absoluto a la Asamblea como un maestro; lo niego rotundamente. Lo que observo es que a la Asamblea se le enseña, y que corresponde a ciertos individuos enseñar. Cuando se observa la Asamblea de Dios en sus inicios, uno de los apóstoles, o una persona inspirada, estaba allí para comunicarse directamente con los santos. A los santos se les enseñaba, pero no por la Asamblea; Pablo, Pedro y Juan eran sus maestros.
20 - Reconocer el derecho de Dios a dirigirse a las almas directamente a través de su Palabra
La Palabra de Dios es ahora el maestro inspirado. «Os conjuro por el Señor», dice el apóstol a los tesalonicenses, «que sea leída esta carta a todos los hermanos» (1 Tes. 5:27). El principio que de ello se deriva es de la mayor importancia. Se trata, ni más ni menos, del derecho de Dios a dirigirse directamente a las almas por medio de su Palabra. Esto no excluye en absoluto el ejercicio de los dones en el Cuerpo. No podemos decir de ningún miembro: «No tengo necesidad de ti» (1 Cor. 12:21). Pero todo servicio debe hacerse en obediencia. Tomemos el ejemplo de un siervo enviado por su amo con una carta, quien, conociendo el contenido de la carta, en lugar de entregarla, transmite el mensaje verbalmente. Es al amo a quien deja de lado. En lo que debemos insistir es en el derecho de Dios a hablar a su pueblo a su manera y, por tanto, a juzgarlo. No me refiero al juicio providencial, sino de la reprensión, la corrección y la instrucción a través de su Palabra. Debo inclinarme ante la Palabra de Dios, y no juzgarla. El juicio debe ejercerse en otros ámbitos, pero en cuanto abordo las cosas divinas, no debo pensar en juzgarlas.
21 - La Palabra de Dios me juzga
¡Juzgar la Palabra de Dios! Eso es lo que pretende hacer el racionalista. ¡El hombre natural cree que puede juzgar la Palabra de Dios! Nuestra función es escuchar lo que Dios tiene que decir, al igual que todos estamos aquí hoy para escuchar lo que Dios tiene que decir. Lejos de juzgar la Palabra, es ella la que me juzga, tocando mi corazón y mi conciencia. Si ustedes la juzgan, están equivocados. Es cierto que se necesita el Espíritu de Dios para convencernos de lo que es la Palabra de Dios; pero en cuanto la reconozco como la Palabra de Dios, mi corazón se siente atraído y mi conciencia es juzgada.
22 - La enseñanza de 1 Juan 2:24 y la realidad actual
Ahora bien, la Escritura dice: «Lo que oísteis desde el principio, permanezca en vosotros». ¿Qué tenemos desde el principio? Al principio, recibo lo que Dios ha establecido para que sea un testimonio de él mismo en la tierra. Recibo la unidad del Cuerpo de Cristo, y recibo la Palabra inspirada de Dios con las doctrinas que contiene, que han sido recibidas desde el principio. Leemos, además: «Si lo que desde el principio oísteis permanece en vosotros, vosotros también permaneceréis en el Hijo y en el Padre». Aquí hay un principio inmenso.
Cualquiera que conozca la historia eclesiástica es consciente de la miseria y la desgracia que han azotado a la Asamblea debido a su fracaso en este sentido. Veo ahora, no lo que Dios estableció en el principio, sino lo que el hombre ha hecho de ello. En el principio, veo la unidad del Cuerpo de Cristo manifestada en la tierra; ¿pero la veo así hoy? ¿No es cierto que, en lugar de unidad, hay divergencias y luchas entre quienes se dicen cristianos? En cuanto a la manifestación visible de la unidad por parte de los creyentes, ha desaparecido.
22.1 - La Asamblea vista bajo la responsabilidad del hombre
El apóstol dice: «Como arquitecto sabio puse los cimientos, y otro edifica encima; pero que cada uno mire cómo edifica sobre él» (1 Cor. 3:10). Y en otro lugar, habla de lobos temibles que se introducen (Hec. 20:29). La Asamblea queda, pues, bajo la responsabilidad del hombre y es juzgada en consecuencia.
22.2 - La Asamblea vista como la obra de Dios
Pero cuando se considera como obra de Dios y Su testimonio, entra en el ámbito de la fe. Por ejemplo, encuentro: «Sobre esta Roca edificaré mi Iglesia» –y ahí tengo la idea de la Asamblea, aún no construida, pero que Cristo está construyendo. «Y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella». Luego Pedro dice: «Acercándoos a él, piedra viva… vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual» (1 Pe. 2:4-5). Y en Efesios leemos: «Siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular; en quien todo el edificio bien coordinado crece hasta ser un templo santo en el Señor» (2:20-21). Aquí tengo la obra divina.
Por otra parte, entiendo, como ya he dicho, que el edificio de Dios está puesto en manos de los hombres, y que cada hombre está advertido de que preste atención a la manera en que construye. Las 2 cosas son totalmente distintas.
23 - Probarlo todo a la luz de la Palabra de Dios
¿Por qué los hombres confunden el lado de Dios con el lado de los hombres? Enseñan un cristianismo deformado añadiendo madera, heno y paja. Simplemente porque no prestan atención a la Palabra de Dios. Por lo tanto, debemos examinarlo todo a la luz de la Palabra de Dios. Este es el principio mismo de Dios. Es totalmente cierto que tenemos el poder del Espíritu de Dios para guiarnos a toda la verdad.
24 - La presencia del Espíritu Santo en el creyente y en la Asamblea
Pero si estoy llamado a escuchar lo que el Espíritu dice a las asambleas, primero debo descubrir dónde se encuentran. Y si se me advierte que no construya con madera, heno o paja, debo descubrir qué significa eso, para ser obediente a la Palabra de Dios; pero no me detengo en eso. Notarán que solo trato los grandes principios. El gran secreto del poder de nuestros días es la fe en la presencia del Espíritu de Dios; y si el uso de la Palabra nos hace tomar conciencia de la situación en la que nos encontramos, debemos tener cuidado de no confundir la fidelidad de Dios con la responsabilidad del hombre; eso es lo que hizo Israel. Pero lo importante es saber que existe un Dios vivo, y que ese Dios vivo está entre nosotros en la persona y el poder del Espíritu Santo. No es que perdamos de vista la cruz. Todo se basa en la cruz, por supuesto; pero lo que debemos recordar es esto: el Consolador ha venido y está presente en la tierra. Por medio de él, todos somos bautizados en un solo Cuerpo; y, ya sea en el individuo o en la Asamblea, el secreto del poder del bien en medio del mal, tanto en el exterior como en el interior, con la Palabra como nuestra guía, es la presencia de Dios por medio del Espíritu.
24.1 - El Espíritu Santo en el creyente
«¿No sabéis», está escrito a los corintios, que se comportaban mal, «que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?» (1 Cor. 6:19). Aquí se les interpela como individuos.
24.2 - El Espíritu Santo en la Asamblea
“¿Creéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo? Entonces, ¿qué clase de personas deberíais ser?” Esto se encuentra en la Segunda Epístola a la misma asamblea: «Nosotros somos el templo del Dios vivo» (2 Cor. 6:16). Aquí se les considera colectivamente; pero en ambos casos, aprendemos que el poder práctico actual de la vida es la fe en la presencia del Espíritu de Dios. Por mí mismo, no puedo hacer nada para obtener la bendición. Nosotros «somos el templo del Dios vivo».
25 - El fundamento es la redención consumada por Cristo
Vuelvo un poco atrás en este punto. No encontramos a Dios morando con el hombre, salvo en el ámbito de la redención.
No con Adán: Él descendió y caminó por el jardín, pero no moró con él, ni con Abraham, aunque lo visitó y comió con él.
Cuando los israelitas salen de Egipto, Dios viene a morar entre ellos. De hecho, se nos dice en Éxodo 29 que fue por eso por lo que Jehová los sacó de Egipto. Tan pronto como salieron del mar Rojo, vemos a Dios morar entre ellos. El mar Rojo evoca la idea de la redención. Encontramos lo mismo hoy, pero de manera más completa. «Porque si no me voy –dijo el Señor a sus discípulos– el Consolador no vendrá a vosotros» (Juan 16:7). Cristo estaba allí, pero estaba solo; como el grano de trigo, a menos que caiga en tierra y muera, permanece solo. En su bautismo, el Espíritu Santo descendió y permaneció sobre él; sin embargo, seguía estando solo.
Solo después de que se consumó la redención y Cristo ascendió al cielo, como Hombre en la gloria, descendió el Espíritu Santo para morar en nosotros, a fin de que pudiéramos ser la expresión de lo que Él es en la tierra. «Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios» (1 Juan 4:15). Y «en esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu» (1 Juan 4:13). Cuando hablamos de redención, esto no significa simplemente que un hombre sea vivificado, o que haya recibido la vida, sino que ha sido purificado, que el Espíritu Santo mora en él, que es un nuevo hombre. Solo les pregunto, amados, ¿creen todo esto? ¡Entonces, qué sumisión de espíritu debería ser la vuestra! ¡Qué clase de personas deberían ser! ¡Qué prudencia para no entristecer al Espíritu Santo de Dios, por medio del cual ustedes han sido sellados para la redención!
26 - El Espíritu Santo y la revelación
Hay una palabra en 1 Corintios 2 a la que, en estos días, conviene prestar atención. En el versículo 9 y 10 leemos: «Está escrito: Lo que ojo no vio, ni oído oyó, y no subió al corazón del hombre, eso preparó Dios para los que lo aman. Dios nos las ha revelado por su Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, incluso las cosas profundas de Dios». Las cosas del mundo siempre se contraponen a las cosas de Dios, pero esa no es la enseñanza concreta aquí. Tampoco es que las cosas que son objeto de la revelación, cuando se contraponen a nuestro estado actual, sean tan grandes que no podamos concebirlas.
«Porque Dios nos las ha revelado por su Espíritu». Pero el apóstol contrapone el estado de los santos del Antiguo Testamento al de los santos de la dispensación actual. En la época de Isaías, su corazón no podía comprender las cosas que Dios había preparado para los que le aman; pero nosotros estamos en una situación diferente. En el versículo 13, dice: «hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu». Esto es lo que comúnmente se llama inspiración. Cuando el Espíritu de Dios enseña, el hombre natural no recibe las cosas del Espíritu, pues se disciernen espiritualmente.
27 - Las etapas para el discernimiento espiritual de los creyentes
Hay lo que podríamos llamar 3 etapas en el proceso de la inspiración. Primero está la revelación de las cosas, luego la Palabra que el Espíritu enseña, y, por último, el estado de ánimo en el que se recibe. Por un lado, tenemos el poder vivo del Espíritu de Dios, y por otro la Palabra de Dios, para guardarnos y guiarnos en nuestro camino en la tierra. Si tomo la Palabra de Dios al pie de la letra y digo que puedo juzgarla y comprender su enseñanza, soy un racionalista. Me equivocaría por completo al pensar que el espíritu humano es capaz de juzgar la revelación de Dios.
28 - El camino de la fe y la fidelidad de Dios para guiarnos
Pero cuando trato de sondearla espiritualmente, tengo inmediatamente razón. Y al tener en mí el Espíritu de Dios para discernirla, me beneficio de la guía misma de Dios en todas las cosas. Así es como debemos caminar en nuestras circunstancias actuales. Y aunque Dios haya previsto la ruina de la Asamblea, en relación con la responsabilidad del hombre, nos ha mostrado que, para el camino de la fe, hay tanta sabiduría y poder como al principio.