Diez razones escriturales por las cuales nosotros sabemos que la Iglesia no pasará a través de la tribulación


person Autor: Henry Edward HAYHOE 1

flag Tema: Certeza y gozo

(Fuente: graciayverdad.net)


Todas las citas bíblicas se encierran entre comillas dobles (« ») y han sido tomadas de la Versión Reina-Valera Revisada en 1960 (RVR60) excepto en los lugares en que, además de las comillas dobles (« »), se indican otras versiones, tales como:

  • BTX = Biblia Textual, © 1999 por Sociedad Bíblica Iberoamericana, Inc.
  • RVA = Versión Reina-Valera 1909 Actualizada en 1989 (Publicada por Editorial Mundo Hispano)
  • VM = Versión Moderna, traducción de 1893 de H. B. Pratt, Revisión 1929 (Publicada por Ediciones Bíblicas - 1166 PERROY, Suiza).

0 - Prefacio

Estas páginas han sido escritas con el deseo de llevar ante los hijos de Dios la enseñanza de la Escritura acerca de este importante asunto.

Que nosotros podamos «examinarlo todo y retener lo bueno» (1 Tes. 5:21). La esperanza siempre presente de la Iglesia, tal como está enseñada en la Palabra de Dios, es «esperar de los cielos a su Hijo» (1 Tes. 1:19-20).

No hay realmente dificultad alguna para el Hijo de Dios que ve la verdad de la Iglesia en su llamamiento celestial, como siendo distinta de la bendición de Israel y con ellos los salvados de las naciones de la tierra.

Nos encomendamos ahora al Único que puede, por medio del Espíritu Santo, presentarnos la verdad tal como está revelada en su Palabra.

1 - Primera razón: Las bendiciones de la Iglesia son celestiales

Las bendiciones de la Iglesia son celestiales (Col. 1:5) y a ella se le promete liberación: «Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra» (Apoc. 3:10).

Nosotros tenemos aquí la promesa para la Iglesia de ser guardada (o «fuera de») «la hora de la prueba» –la tribulación– venidera. Existen aquellos que se refieren a Apocalipsis 12:12-15 como indicando el cumplimiento de esta promesa, procurando demostrar que nosotros no somos guardados como «arrebatados», o librados (Juan 14:3; 1 Tes. 4:17; 1 Cor. 15:51-53), sino que somos preservados por el cuidado providencial de Dios. Esta interpretación de Apocalipsis 12 no es compatible con el contexto, o con el resto de la Escritura, debido a que este pasaje, al igual que toda otra Escritura que nos presenta la voz de los piadosos en aquel día, expresa el deseo de liberación y bendición en la tierra. Esta no es la esperanza verdadera de la Iglesia en absoluto. Dios ha revelado en su Palabra dos propósitos diferentes:

1. Él reúne un pueblo para la gloria celestial;

2. Él reúne un pueblo para la gloria terrenal.

La Iglesia, la cual es su Cuerpo, con toda la familia de la fe (aquellos que estén vivos en el momento del arrebatamiento, junto con todos los que mueren en la fe) compone el primero de los pueblos arriba mencionados. Israel y aquellos convertidos de entre las naciones después que la Iglesia ha sido arrebatada, componen el segundo pueblo arriba mencionado.

El Salmo 90 es la oración de los piadosos de Israel. El Salmo 91 es la preservación de ellos en el día de la tribulación. En el Salmo 93 «Jehová reina». En el Salmo 94 el gobierno injusto en la tierra finaliza. En el Salmo 95 Israel se regocija. En el Salmo 96 las naciones que recibieron el mensaje de la gloria venidera por fe se regocijan con Israel. La majestad del reino? de Cristo es reconocida y alabada, mientras los cielos se regocijan en la exaltación y la gloria de Cristo. En el Salmo 97 los malos son consumidos, mientras el carácter moral de los piadosos es señalado y su bendición es declarada. El Salmo 98 declara que todo esto ha de ser manifestado públicamente a vista de todas las naciones. En el Salmo 99 el gobierno justo está establecido de manera pública en la tierra. Luego, en el Salmo 100 los habitantes de toda la tierra son llamados a regocijarse con Israel en la liberación, bendición y bondad de Jehová –el Dios de Israel. No hay una sola palabra acerca de la bendición celestial en todos estos salmos. Todos ellos hablan acerca de la bendición terrenal, pero cuando se habla de la Iglesia, nosotros leemos: «proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros» (Hebr. 11:40). La «cosa mejor» es la bendición celestial de la Iglesia como Esposa de Cristo.

2 - Segunda razón: «El tiempo de angustia para Jacob»

De la tribulación se habla como siendo el «tiempo de angustia para Jacob» (Jer. 30:7) –no el tiempo de angustia ¡para la Iglesia!

«La palabra de Jehovah que vino a Jeremías, diciendo: Así ha dicho Jehovah Dios de Israel: Escribe en un libro todas estas palabras que te he hablado. Porque he aquí vienen días, dice Jehovah, en que restauraré de la cautividad a mi pueblo Israel y a Judá, ha dicho Jehovah. Los haré volver a la tierra que di a sus padres, y tomarán posesión de ella» (Jer. 30:2, RVA).

«Estas son las palabras que habló Jehovah acerca de Israel y de Judá. Así ha dicho Jehovah: Hemos oído una voz de estremecimiento; hay terror, y no hay paz. Preguntad, pues, y mirad: ¿Acaso un varón da a luz? ¿Por qué he visto a todo hombre con las manos sobre las caderas como una mujer que da a luz, y todas las caras se han vuelto pálidas? ¡Oh, cuán grande será aquel día; tanto, que no hay otro semejante a él! Será tiempo de angustia para Jacob, pero será librado de él. Sucederá en aquel día, dice Jehovah de los Ejércitos, que yo quebraré el yugo de sobre su cuello y romperé sus coyundas. Los extraños no volverán a someterlo a servidumbre. Más bien, servirán a Jehovah su Dios y a David su rey, a quien yo levantaré para ellos» (Jer. 30:1-9, RVA).

Esta profecía no se ha cumplido nunca en la historia pasada de Israel. Se dice muy claramente que este futuro día de tribulación y angustia sin precedente es acerca de Judá e Israel –no acerca de la Iglesia.

La Iglesia –el Cuerpo de Cristo– comenzó en Pentecostés, cuando el descenso del Espíritu Santo formó el Cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:13; Hec. 2:1-4). En el arrebatamiento (1 Tes. 4:16-18) la Iglesia será llevada a su morada en el cielo. Dios comenzará entonces sus tratos con Israel.

3 - Tercera razón: Los que estén en Judea deberán huir

La compañía que huirá durante esta «gran tribulación» son judíos que huirán desde Judea. (Mat. 24:16-21).

Estas palabras de advertencia del Señor a los que estén en Judea podrían ser aplicadas solamente al remanente piadoso de Israel, a los que estén en Judea, rodeados por un Israel apóstata entregado al juicio de Dios. Este es el «tiempo de angustia para Jacob», cuando ellos –el remanente piadoso de Israel será librado de dicho tiempo y llevado a entrar a la bendición milenial en la tierra (Jer. 30:7).

El libro de los Salmos presenta la opresión de este remanente piadoso por parte de la porción apóstata e impía de la nación, los cuales son, en consecuencia, cortados en juicio. Dicho libro habla asimismo del arrepentimiento, confesión y oraciones de los piadosos con su liberación final y consiguientes alabanzas.

Zacarías 13:8-9 afirma claramente que dos terceras partes de Judá serán cortadas en aquel entonces y serán exterminadas, mientras una tercera parte será dejada en la tierra. «Sucederá que en toda la tierra, dice Jehová, dos partes de los que están en ella serán exterminadas, y una tercera parte quedará en ella. Y traeré esta tercera parte por el fuego, y los acrisolaré como se acrisola la plata, y los probaré como se prueba el oro; ella clamará a mí, y yo le responderé: diré: ¡Pueblo mío es! y ella dirá: ¡Jehová es mi Dios!» (Zac. 13:8-9, VM). Si bien los piadosos pasan a través de la tribulación, ellos son preservados y reconocidos por el Señor (Sal. 37:9-29; 41:2). El Salmo 72 habla del tiempo cuando el Señor reinará sobre toda la tierra.

«Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes» (Mat. 24:16). La Iglesia, por otra parte, está formada por judíos y gentiles bautizados por un solo Espíritu en un Cuerpo (1 Cor. 12:13). Los miembros de este Cuerpo se encuentran por todas las partes de la tierra y no tiene centro terrenal alguno, porque el Señor dijo: «Porque donde dos o tres se hallan reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mat. 18:20, VM).

4 - Cuarta razón: No en el día de reposo

A ellos se les dice que oren para que su huida desde Jerusalén no sea en el día de reposo (Mat. 24:20), mientras que el primer día de la semana (nuestro día domingo) es el día que pertenece a la Iglesia (Hec. 20:7).

«Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo» (Mat. 24:20). El día de reposo, o séptimo día, fue el pacto de reposo de Dios en la tierra para Israel y ellos disfrutarán de ese reposo nacionalmente en el día milenial (Eze. 46:1-4). Israel jamás guardó el día de reposo conforme al pensamiento de Dios (Eze. 20:13, 16, 21, 24).

El primer día de la semana pertenece a la Iglesia –el Cuerpo de Cristo. En ese día, nosotros recordamos al Señor en su muerte tal como hacían los primeros discípulos. (Hec. 20:7).

La prometida bendición de Israel está en la tierra cuando Jerusalén será el centro de gloria (Is. 62:7; Eze. 48:35; Joel 3:17, 20-21). La prometida bendición de la Iglesia está en el cielo. (Efe. 1:3; Col. 1:5).

Mediante esto nosotros podemos ver que la oración de Mateo 24:20 es claramente judía y no la voz de la Iglesia.

5 - Quinta razón: La paz de Jerusalén en la tierra

Ellos orarán por la paz de Jerusalén EN LA TIERRA (Is. 62:7), mientras que la morada de la Iglesia es la Jerusalén celestial (Apoc. 21:2, 10).

«¡Los que hacéis que Jehovah recuerde, no reposéis! Tampoco le deis reposo, hasta que él restablezca a Jerusalén y haga de ella una alabanza en la tierra» (Is. 62:6-7, RVA).

La Jerusalén terrenal no ha de ser confundida con la Jerusalén celestial. Ancianos y ancianas se encontrarán en la Jerusalén terrenal, «cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días». Muchachos y muchachas jugarán en sus calles (Zac. 8:4-5).

En contraste con esto nosotros encontramos que la esperanza de la Iglesia es una esperanza celestial (Col. 1:5). Nuestra morada es «eterna, en los cielos» (2 Cor. 5:1). Nosotros –la Iglesia– reinaremos arriba de la tierra con Cristo –no en ella. La Jerusalén celestial (la morada de la Iglesia) desciende del cielo, de Dios (Apoc. 21:1). Por consiguiente, ella será visible para los que estén en la tierra en el día milenial, cuando nosotros estaremos asociados con Cristo en su reino de justicia (Apoc. 20:4). Nosotros estamos ahora esperando a nuestro Salvador, el cual, mediante su venida, nos libra de la ira venidera –la tribulación (1 Tes. 1:10). Nosotros tendremos entonces cuerpos de gloria hechos semejantes a su cuerpo glorioso. («Porque, al contrario de ellos, nuestra ciudadanía está en los cielos; desde donde también esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo; el cual transformará nuestro vil cuerpo, para que sea hecho semejante a su cuerpo glorioso, según la operación de aquel poder con que puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. – Fil. 3:20-21, VM).

El cristiano enseñado por Dios no ora por «la paz de Jerusalén». Si bien él se regocija en cada promesa de bendición venidera; y la exaltación de Cristo es de profundo interés para los que aman su Nombre bendito. Dios «hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad» (Efe. 1:8-9). Esto es seguido inmediatamente a continuación por la Palabra que nos habla de la reunión de «todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra» (Efe. 1:10). Entonces, nosotros no debemos confundir estos dos propósitos de Dios: bendición celestial para la Iglesia, y bendición terrenal para Israel.

6 - Sexta razón: La pared intermedia de separación

En este actual período de la Iglesia «la pared intermedia de separación» entre judío y gentil ha sido derribada (Efe. 2:14-16), pero durante la tribulación dicha pared está nuevamente en pie (Apoc. 7:4-9).

Sería bueno leer todo Apocalipsis 7 para entender quiénes son los que componen la multitud vestida de ropas blancas.

Nosotros tenemos aquí la acción separada de sellar primero las doce tribus de Israel, y después una gran multitud gentil. Nosotros sabemos que ahora, durante el período de la Iglesia, «la pared intermedia de separación» ha sido derribada, y judío y gentil son hechos ahora «uno en Cristo Jesús» (Efe. 2:14-16; Gál. 3:28). Pero el Apocalipsis nos muestra que «la pared intermedia de separación» estará en pie nuevamente durante la tribulación, así como en la tierra milenial (Is. 60 y 62). Esta multitud vestida de ropas blancas que ha salido de la gran tribulación sirve a Dios «día y noche en su templo» (Apoc. 7:15). Esto ocurre en la tierra porque en la Jerusalén celestial no hay noche ni hay templo. (Apoc. 21:22; 22:5).

Apocalipsis 7 es el cumplimiento de las promesas hechas a Israel, cuando las doce tribus serán reunidas y bendecidas en su tierra (Eze. 37). Al mismo tiempo, los gentiles se regocijarán y adorarán con Israel (Sal. 117).

¿Podría la demostración ser más poderosa de que esta multitud no es la Iglesia, y que la Iglesia no estará en la tierra durante el día de tribulación?

7 - Séptima razón: Las bodas del Cordero

La Iglesia debe estar en el cielo para las bodas del Cordero, las cuales tienen lugar en el cielo antes que los ejércitos celestiales salgan del cielo con Cristo al final de la tribulación (Apoc. 19:7-21).

Ahora bien, aquellos que enseñan que la Iglesia estará en la tierra durante la tribulación pasan por alto sin comentar este pasaje de la Escritura que enseña claramente que las bodas del Cordero tienen lugar en el cielo antes de la venida de nuestro Señor en juicio sobre las naciones. Esto muestra que la Iglesia debió haber sido arrebatada al cielo de anteriormente. Él actúa en primer lugar como el Rey davídico, preparatorio del establecimiento de su reino en la tierra en paz. Los santos celestiales son los ejércitos que vienen con él en aquel momento (Zac. 14:4-5; Judas 14). El Señor no permanece en la tierra ni tampoco los santos celestiales lo hacen. El tabernáculo de Dios desciende del cielo y está sobre la tierra (Is. 4:5; Apoc. 7:15).

Un príncipe de la casa de David reinará en la Jerusalén terrenal y ofrecerá una ofrenda por el pecado, por él mismo y por todo el pueblo (Eze. 34:24; 45:22). Entonces «dice Jehová; yo responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra» durante este maravilloso reinado milenial, y Dios «sembrará» Israel para sí mismo en la tierra (Oseas 2:21, 23). La Iglesia –el Cuerpo de Cristo– no puede ser miembro de esta compañía terrenal, viendo que la Escritura afirma claramente que nuestra casa es eterna, en los cielos (2 Cor. 5:1).

8 - Octava razón: ¿Quiénes son dejados en la tierra?

Si la Iglesia tuviese que pasar a través de la tribulación, y después todos los santos fueran arrebatados al cielo al final de dicho período, no quedaría santo alguno en la tierra para el reinado milenial.

Se demuestra aquí que la enseñanza de aquellos que insisten en que la Iglesia pasará a través de la tribulación se opone a la enseñanza clara de la Escritura. Consideremos el sistema de interpretación de ellos tal como es presentado por sus más capaces expositores –se trata exactamente de esto: ellos dicen que todos los santos vivos permanecen en la tierra durante la tribulación, y después, al final de dicho período, todos ellos son arrebatados y encuentran al Señor en el aire. Ellos nos dicen después que todos los santos regresan inmediatamente a la tierra con el Señor cuando él viene a juzgar a los malos los cuales son todos cortados en juicio.

Nosotros preguntamos, entonces, ¿quién quedará en la tierra para el reinado milenial de Cristo? Si todos los santos son arrebatados y todos los malos son juzgados, entonces ¿quiénes serán dejados en la tierra? Nosotros sabemos definitivamente que hay santos en la tierra durante el milenio, tal como lo afirman las Escrituras tales como Apocalipsis 7, Sofonías 3:20, Zacarías 14:16-17, así como muchas otras. ¿De dónde vienen ellos si todos fueron arrebatados al final de la tribulación?

Podemos ver aquí que este sistema completo de enseñanza, el cual nos diría que la Iglesia debe pasar a través de la tribulación, termina solamente demostrando él mismo ser falso. Se nos recuerda una vez más que solamente la verdad es lógica. Además, el enemigo es también «ladrón y salteador» (Juan 10:1), procurando privar a Dios de su gloria y privar también al pueblo de Dios del disfrute de la plenitud de sus bendiciones en Cristo. No le permitamos que nos prive de la esperanza actual de la venida del Señor. ¡El Señor puede venir hoy! «Amén; sí, ven, Señor Jesús» (Apoc. 22:20).

9 - Novena razón: Los santos terrenales se casan

Tiene que haber una compañía de santos terrenales cuya morada está en la tierra, porque ellos se casan, y niños juegan en las calles de la Jerusalén terrenal (Zac. 8:4-5, BTX), mientras que los santos celestiales no se casan (Lucas 20:35).

Nosotros hemos comentado que los que enseñan que la Iglesia pasará a través de la tribulación, deben enseñar necesariamente (y lo hacen) que los santos son arrebatados al final de la tribulación. La Palabra de Dios enseña que los santos celestiales «ni se casan, ni se dan en casamiento» (Lucas 20:35), así que ellos no pueden regresar a la tierra a morar en la tierra, viendo que 2 Corintios 5:1 afirma que nuestra casa es «eterna, en los cielos». Nosotros tendremos cuerpos de gloria semejantes al de Cristo –verdad bienaventurada y preciosa. «Una es la gloria de los [cuerpos] celestiales» –esta es nuestra porción: «otra [es] la [gloria] de los [cuerpos] terrenales» –esa es la porción de los santos terrenales (1 Cor. 15:40; Fil. 3:21).

10 - Décima razón: Hay un templo en la tierra

Habrá un templo en la tierra para los santos terrenales (Apoc. 7:15), pero ninguno en el cielo donde moran los santos celestiales (Apoc. 21:22).

De la lectura de Ezequiel capítulos 40 al 48, nosotros aprendemos que habrá un templo milenial de maravillosa hermosura edificado en Jerusalén, y a esto es a lo que se hace referencia aquí. Incluso durante la tribulación no hay duda alguna de que los judíos tendrán un templo en el cual los sacrificios del judaísmo serán ofrecidos nuevamente por el remanente piadoso de Israel (Dan. 11:31; Mat. 24:15). Este templo será destruido más tarde y será reemplazado después por el templo milenial al cual se hizo referencia antes.

Son los santos terrenales, podemos ver fácilmente, los que adoran en el templo terrenal durante parte de la tribulación, y durante el milenio también.

Todo esto demuestra claramente que la Iglesia no está en la tierra durante la tribulación porque la Iglesia no tiene ningún centro o edificio terrenales hecho por manos. Aquellos que componen la Iglesia –el Cuerpo de Cristo– son un pueblo celestial con ningún centro terrenal. La verdad preciosa dada por el Señor enseña a los que le han recibido, que «donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mat. 18:20). Cristo –no el templo– es ahora el centro de reunión en la tierra, tal como él mismo será la «luz» y el «templo» de la Jerusalén celestial en lo alto (Apoc. 21:22). Un templo hecho por manos nos habla siempre de distancia en la adoración, pero la Iglesia –la Esposa– está en un lugar de cercanía aquí y ahora, y por toda la eternidad en lo alto.

11 - Apéndice

Algunos han planteado la pregunta en cuanto a cómo podría alguien ser salvo después que la Iglesia es arrebatada al cielo, tomando en cuenta que el Espíritu Santo se marcha con la Iglesia.

Nosotros podríamos llamar a nuestros lectores a prestar atención al hecho de que toda obra de Dios es por medio del Espíritu. La venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, como una Persona divina a morar en la casa de Dios, y a morar en los cuerpos de los santos, no significa que él no obraba en la tierra antes de Pentecostés. Nosotros sabemos que él lo hacía, porque incluso en tiempos del Antiguo Testamento «santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (1 Pe. 1:21).

Además, la partida del Espíritu Santo cuando la Iglesia es arrebatada al cielo de ninguna manera niega su obrar en la salvación de un remanente de Israel y de las naciones que reciben las buenas nuevas acerca de la venida de Cristo en poder y gloria a establecer el Reino.

Una cuidadosa atención a la Escritura mostrará que toda obra de Dios ha sido, y será siempre, por medio de la Trinidad. Siempre es Dios el Padre en consejo; Cristo el Hijo el cual lleva a cabo esos consejos, y el Espíritu que es el poder mediante el cual ellos son llevados a cabo. Que el lector recuerde siempre que la verdad de la Trinidad trasciende la mente del hombre.


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