Extractos de cartas sobre la evangelización


person Autor: Henri ROSSIER 46

flag Tema: Los malos medios


7 de febrero de 1907

al Sr. D.

Su carta recibida esta mañana, querido hermano, ha sido para mí motivo de gozo y gratitud. Estoy seguro de que empezará usted bien en T. no deseando grandes reuniones. Ni que decir tiene que la hostilidad no será menos evidente, pero usted no le habrá dado la oportunidad. El Señor traerá almas, y en vuestras visitas tendréis muchas ocasiones de invitarlas. Este relativo descanso os dará también más tiempo para la Palabra que el que suele tener un evangelista en la actividad de las grandes reuniones. He recibido noticias de A., donde hay de nuevo un gran avivamiento en este momento, de que se están anunciando reuniones en los periódicos y de que se están distribuyendo miles de tarjetas de invitación en los hogares. Ni censuro ni apruebo, pero lo que veo claro es que el avivamiento existía cuando se usaron estos medios, y que pueden estar en su lugar en ciertos momentos y fuera de lugar en otros. Por mi parte, prefiero (¿será mi temperamento?) una obra tranquila y profunda a una donde solo la superficie está agitada y donde los resultados sean más numerosos que sólidos.

Que el Señor le bendiga en todos los sentidos. El campo de T. puede parecer ingrato, pero la cosecha llegará cuando el arado haya hecho su paciente trabajo y removido la tierra en profundos surcos. Siempre tendrá muchas oportunidades para una mayor actividad al aire libre en muchos lugares. En T. la actividad consiste más bien en oraciones y súplicas por el momento, y veo con gozo que este “combate” no se descuida, y que la pequeña asamblea se lo toma a pecho.

23 de marzo de 1907

Mi querido hermano,

En verdad, como usted piensa, me regocijo con cada señal de bendición en T. Una sola alma añadida es una ganancia inmensa para el cielo, un gozo al que asisten los ángeles de Dios. El Señor le indicará lo que debe anunciar en la puerta del local. Para mí, estos anuncios, como el de los periódicos, etc., etc., me parecen siempre como una cierta falta de confianza en el poder de Dios, a quien nos gustaría dar una pequeña ayuda, ¿qué le parece? El año pasado en S., los hermanos creyeron deber anunciar mi reunión en los periódicos. Tuve un lleno total, pero me enfadé muchísimo cuando me enteré a la mañana siguiente. Creo que nos corresponde a nosotros, es decir, a los hermanos y hermanas de las asambleas, desplegar esta actividad para invitar a las almas cuando el Señor nos envía un evangelista. Los otros medios son los que se utilizan tan fácilmente en el mundo cristiano, y creo que siempre haremos bien en no utilizar los medios que se utilizan en ese mundo. Hay dos maneras de contar los resultados de la evangelización. La manera externa que se conforma con el número de personas presentes, y nótese que generalmente (no siempre), cuanto menos se predica la verdad, más oyentes hay. La segunda manera es la interior, y es Dios el único que puede contarla, pues pone al evangelista en relación con lo que ha producido por medio de él en las almas.

31 de mayo de 1907

Estoy encantado con las noticias que me da sobre la obra. No espere, por el momento, que poco de T., continúe allí, cuando el Señor le dé para quedarte, una obra tranquila de visitas y pequeñas reuniones. He esperado 14 años en S. a que brotara la semilla sembrada, por eso me atrevo a hablarle así. Tenemos que conformarnos con cosas humildes, y eso es particularmente apropiado en nuestro actual estado de humillación.

16 de diciembre de 1907

Mi querido hermano, si he tardado 3 semanas en contestar a su amable carta del 22 de noviembre, no lo atribuya a la indiferencia, pues me ha complacido especialmente tener noticias suyas. Me parecía que nuestra correspondencia se había resentido durante algún tiempo. En medio de tanto dolor e incredulidad, siempre me reconforta ver que el Señor permanece y permanecerá fiel hasta el fin, y que podemos contar invariablemente con él. Él os ha bendecido en la evangelización y seguirá haciéndolo.

¡Que el Señor le dé también ánimos en T.! Pero el terreno es duro y se necesita un poco de lluvia de lo alto para ablandarla y poder pasar el arado. Debemos decir con el profeta: «Menospreciaron el día de las pequeñeces… Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra» (Zac. 4:10).

No me asustan tanto las dificultades que encontramos por todas partes, como la falta de acuerdo entre hermanos para afrontarlas. Tiene usted razón, querido hermano, es sobre todo la oración lo que falta, y la oración en común. He observado, cuando surgían dificultades entre los hermanos, que cualquier discusión era llevada a su verdadero nivel mediante la oración en común. Lo mismo se aplica a las divisiones de carácter más general.

24 de marzo de 1910

Querido hermano,

En el tema de la evangelización, estoy bien y completamente de acuerdo con usted. Si me he pronunciado contra ciertas prácticas en uso entre los cristianos de hoy, es para guardar a los hermanos de ellas y mantenerlos en el camino que siguieron al principio, y que apela a la conciencia y no a las emociones y a la imaginación. Teniendo esto en cuenta, cada uno tiene su don particular, y yo tendría cuidado de no juzgar un don que se expresa de una manera distinta a la que yo podría estar acostumbrado. El don de Pablo difería fundamentalmente del de Apolos; lo que no les impedía unirse en una acción común de plantar y regar.

2 de diciembre de 1912

Tenemos que reflexionar mucho sobre el Evangelio. Lo siento tanto más cuanto que critico severamente los métodos profanos empleados en la evangelización. Ayer me contaron que unos hermanos se ponen en uno de los cruces de Londres y comienzan a discutir entre ellos sobre la salvación. Al final, el oponente se dice convencido y ora. A esto lo llamo una escena de feria. Seamos, pues, muy activos en la evangelización; hagámoslo con toda sencillez, lo que ciertamente no excluye el celo. Difundamos tratados; si no somos evangelistas, hablemos a las almas en particular. Mostremos en todo que el amor de Cristo nos apremia. Nunca me he opuesto a que los evangelistas hablen al aire libre, en las plazas públicas, en cualquier parte. Pero he aquí un periódico inglés, que creo que responde a mi panfleto, que cita “calles y callejuelas y setos” como una exhortación a ir y predicar al aire libre. ¿No pueden ver que estas palabras indican el carácter de las personas a quienes llegará el Evangelio?

Fuente: ME, año 1949, página 53 y sig.