Inédito Nuevo

Un ministerio modelo

Hechos 20:19-27


person Autor: Frank Binford HOLE 63

flag Tema: Los dones y los ministerios espirituales


Notas tomadas de una meditación, South Norwood, S.E.

El apóstol fue inspirado por Dios al hablar de su ministerio a los ancianos de Éfeso reunidos a su alrededor. Estaba revisando el ministerio modelo que había ejercido como hombre libre; es decir, libre para ir como el Señor le indicaba. Sabía muy bien que su tiempo para servir libremente pronto llegaría a su fin. Su ministerio no era perfecto; solo el Señor Jesús tuvo un ministerio perfecto. Pero era un ministerio modelo, pues era un hombre con las mismas pasiones que nosotros, y solo por el poder, la gracia y el apoyo del Espíritu de Dios pudo hacer lo que hizo.

Cada palabra de esta notable revisión del apóstol está llena de significado. Repasemos los versículos que muestran el espíritu con el que sirvió el apóstol, y luego los versículos que dan los temas de su ministerio.

En primer lugar, con respecto a su espíritu. «Sabéis cómo me he comportado con vosotros todo el tiempo, desde el primer día que puse los pies en Asia» (v. 18). Lo primero que le marcó fue una extraordinaria constancia. Podía decir: “Me habéis encontrado desde el primer minuto como siempre he sido, en todo momento y en todo lugar”. ¿No nos condena eso terriblemente? Avanzamos a trompicones; manifestamos suavidad en una dirección, y amargura en otra. Este no era el caso del apóstol Pablo. Lo que era, lo era todo el tiempo y en todas partes. No era un barniz superficial, fue totalmente lo que era.

Luego dice: «Sirviendo al Señor»; no exactamente “sirviendo a los santos”. El Señor estaba ante él, no servía a la humanidad. Si servimos según este modelo, tendremos al Señor como único objeto de nuestro servicio, y serviremos «con toda humildad» –no con humildad aparente, pues el hombre puede ser hipócrita, siendo humilde por fuera, pero no por dentro. «Sirviendo al Señor con toda humildad».

La gran marca de este siervo modelo era un espíritu humilde. No entró entre el pueblo de Dios pomposamente y con trompetas. No vino para hacerse publicidad e impresionar a todos con el alto cargo que ocupaba. Era simple, tranquilo, sin pretensiones.

Además, servía con «lágrimas». Esas lágrimas eran la expresión de un trabajo y un ejercicio de alma muy profundos y auténticos. Sería bueno que este espíritu estuviera más extendido hoy en día. «Sirviendo al Señor con toda humildad, lágrimas y pruebas que me sobrevinieron por las intrigas de los judíos». Un ministerio modelo no significa que vaya de éxito en éxito, con continuos triunfos. Había todo tipo de pruebas, tentaciones y obstáculos. Fue “perseguido, pero no abandonado”, porque el Señor estaba con él. No debemos imaginar, debido a las circunstancias fáciles que nos rodean, que el servicio cristiano es una especie de séquito triunfal de grandes reuniones y multitudes entusiastas. El ministro modelo –este siervo de Cristo– se encontraba continuamente con lo que eran obstáculos aparentemente gigantescos. Soportó toda clase de pruebas, y estas mismas pruebas manifestaban la espiritualidad que habitaba en él. Si oímos que alguien se enfrenta a innumerables dificultades en el servicio, no debemos sacudir siempre la cabeza y decir que no es bueno. Pueden ser extraordinariamente buenas.

Luego nos dice: «Insistiendo ante judíos y griegos sobre el arrepentimiento para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesús». El judío estaba muy indignado con este mensaje. Diría que era obvio que había que decir a los griegos que se arrepintieran, pero decirles a ellos, el pueblo de Dios, que se arrepintieran era intolerable. Pero Pablo estaba testificando tranquila y directamente la verdad de Dios a ambos.

Pablo añade: «Ahora… el Espíritu Santo testifica en cada ciudad, diciéndome que cadenas y aflicciones me esperan». Al siervo modelo le esperaban otros problemas, pero dijo: «Ningún caso hago de mi vida». Tenía una estabilidad y una fe extraordinarias. «Ni las tengo como preciosas para mí mismo»; estaba dedicado al nombre y al servicio del Señor hasta la muerte. Sabemos poco sobre esto. En Hechos 15, los hermanos de Jerusalén dijeron de Bernabé y Pablo: «Hombres que han expuesto sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesucristo» (v. 26); no solo arriesgaban sus vidas, con la esperanza de sobrevivir; sabían el resultado inevitable. Estos hombres estaban en la brecha y daban su vida. Es en este espíritu que el apóstol habla aquí. No considera su vida como preciosa con el fin de poder terminar su carrera y el ministerio que recibió del Señor Jesús. Al repasar la vida de este siervo modelo, bien podríamos decir: No es de extrañar que la obra de Dios floreciera en su mano, y que pudiera decir que había proclamado plenamente el evangelio de Cristo, desde Jerusalén hasta Ilírico.

¿De qué estaba hablando? Estaba dando testimonio del «evangelio de la gracia de Dios». Ante todo, el evangelio, y el evangelio de la gracia de Dios. Todos hemos oído muchas cosas provechosas sobre esto, así que no nos detendremos en ello.

Continúa diciendo: «Ninguno de vosotros todos, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro». Fíjense en el círculo más pequeño, porque aquí está predicando a los que están convertidos. El apóstol fue a aquellos que habían creído en el evangelio de la gracia de Dios y se habían convertido, y entre ellos predicó el reino de Dios. Ahora, alguien preguntará: “¿Qué significa eso exactamente?”. No significa que Pablo saliera a predicar el Milenio o dar profecías exponiendo el día venidero cuando «la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar» (Hab. 2:14). Esto significa que dondequiera que iba entre el pueblo de Dios, aplicaba con suavidad, amabilidad y amor la autoridad divina a la conciencia de los santos. Estaba diciendo, en efecto: “Habéis creído en el evangelio. Ahora formáis parte del pueblo de Dios. Como tales, estáis sometidos a Cristo y a la Palabra de Dios. Estáis traídos al reino, para que la autoridad de Dios, expresada en su Palabra, gobierne en vuestros corazones y en vuestras vidas”. Expone el evangelio en la Epístola a los Romanos, pero no termina sin darnos Romanos 12 al 15, que a veces se «dan por sentados» y sobre los que pasamos por encima, en lugar de leerlos diligentemente, meditar en ellos y obedecerlos.

Tengo el sentimiento que, en los últimos años, hemos fallado tristemente no predicando completamente el reino de Dios. Algunos de ustedes podrían irritarse si intentaran hacerlo. Es muy fácil ceder al espíritu de la época y hacer lo que todo el mundo hace, pero eso no es lo que debe regirnos como cristianos. Estamos bajo la autoridad divina. ¿La Palabra de Dios rige la obediencia absoluta de mi corazón y de mi vida? Esto es el reino de Dios, y esto es lo que el apóstol predicaba dondequiera que fuera. Que Dios nos dé la gracia de predicarlo más.

Obsérvese que en el versículo 24 dice que predicó el evangelio de la gracia de Dios; en el versículo 25, el reino de Dios; y en el versículo 27 dice: «Porque sin vacilar os he declarado todo el consejo de Dios». En realidad, dice: “Habéis recibido toda esta bendición. El evangelio os ha llevado a esta proximidad estrecha y especial. La autoridad divina está establecida en vuestros corazones. Estáis bajo el dominio de Dios. Obedecéis a su palabra. Pero recuerden que todo lo que Dios ha hecho, lo ha hecho según el gran consejo o propósito de su corazón”. Nos ha dado a conocer los propósitos que aún no se han realizado. Todavía no son activos como lo serán en los siglos venideros, pero se nos dan a conocer para que podamos vivir toda nuestra vida terrenal a la luz de lo que Dios se propuso antes de la fundación del mundo.

¿Se han preguntado alguna vez por qué el apóstol dice aquí: «Porque sin vacilar os he declarado todo el consejo de Dios»? Podríamos decir: “Porqué, Pablo, al utilizar esta palabra «vacilar» quisiera hacernos creer que hay algún tipo de reticencia en nuestras mentes para hablar de estas cosas”. Pablo habría respondido: “Sí, lo hay. Nada me pondrá en más dificultades que exponer fielmente todo el consejo de Dios”.

¿Por qué? Pues bien, por una razón, fue precisamente esta fiel declaración del consejo de Dios sobre la introducción de los gentiles en la posición y los privilegios de la Iglesia lo que suscitó la airada hostilidad de los judíos y lo llevó a la cárcel. Nada hay tan exigente para los corazones y las conciencias de los santos como la comprensión de los propósitos de Dios. Es imposible, con un corazón y una conciencia sinceros, comprender las grandes cosas que Dios ha planeado para sus santos sin sentirnos responsables de caminar en este mundo según los principios de otro mundo. No es posible recibir estas maravillosas revelaciones sin sentirnos incómodos caminando de una manera que las contradice rotundamente. La verdad sigue exigiendo que caminemos en este mundo como hombres que tienen una esperanza y un destino celestiales.

Que Dios nos ayude a tener estas cosas en cuenta. Necesitamos tanto el evangelio, como el reino y el consejo de Dios. Cuando empezamos a interesarnos por estas cosas, es como si comiésemos el librito mencionado en Ezequiel y en Apocalipsis. Es en nuestra boca tan dulce como la miel. Es muy inspirador y muy delicioso al principio. Pero cuando llegamos a ver sus efectos prácticos, sentimos cierta amargura. Es exigente, toca la conciencia.

Después de todo, esto es lo que necesitamos. Necesitamos que la Palabra de Dios toque nuestra conciencia, nos eleve y cambie positivamente nuestras vidas.

(Extractado de la revista «Scripture Truth», Volumen 19, 1927, páginas 174)


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