El Señor Está Cerca

Miércoles
29
Marzo

Levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.

(Hebreos 12:12-13)

Obrar con gracia

La gracia nos lleva a ayudar a los débiles y a los cansados. También nos llevará a ser vigilantes, a prestar atención a nuestros propios caminos, para que lo el cojo no se salga del camino. Hay cojos en el rebaño, y no van bien; pero el látigo no sería un remedio para ellos. Esta no es la forma de actuar de Dios. Él obra en gracia, y nos ayuda en nuestra debilidad. Y si nos corrige, cuando es necesario, lo hace “para que participemos de su santidad” (v. 10). ¿Qué pensaríamos si vemos a un pastor utilizando un látigo para corregir a una oveja pobre, débil y coja? Sin embargo, ¡es común ver esto en el rebaño de Cristo! ¡El látigo en lugar de la gracia! La Palabra de Dios declara: “Para que lo cojo… sea sanado”.

El látigo no sanará ni producirá santidad. Solo la gracia puede hacerlo; por eso se añade: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios” (v. 15). Si mi alma pierde la conciencia de la gracia con la que Dios obra hacia mí, entonces fallaré en manifestar gracia hacia mis hermanos. ¿Y quién puede dimensionar la pérdida y el daño causado? Surge alguna raíz de amargura, y entonces los problemas se levantan. ¡Qué tristeza se causa a veces en la Iglesia de Dios, simplemente porque alguien ha carecido de la gracia de Dios y ha actuado con un espíritu legalista, en lugar de hacerlo con el Espíritu de Cristo! O se ha pronunciado alguna palabra y se ha sembrado una semilla maligna en algún corazón, desde el cual brota una raíz de amargura, contaminando así a muchos. Sin duda esta conducta es muy triste, muy contraría al Espíritu de Cristo.

Debemos comprender, en lo más profundo de nuestras almas, que somos salvados por gracia, y que por la fe permanecemos en pie, y que esta gracia es la que necesitamos en cada paso que damos en nuestro camino a la gloria. No olvidemos que estamos llamados a vivir, y a actuar unos con otros, con la fuerza de la misma gracia con la que Dios ha actuado, y sigue actuando, hacia nosotros mismos.

A. H. Rule

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