El Señor Está Cerca

Día del Señor
22
Mayo

Me volví para ver… a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.

(Apocalipsis 1:12-13)

Las vestimentas de Cristo (7) — Su gloria y dignidad sacerdotal

El amado apóstol Juan, exiliado en Patmos, escribió que «estaba en el Espíritu en el día del Señor» (v. 10). Luego de escuchar una gran voz detrás suyo, él se dio la vuelta y vio al Hijo del Hombre. ¡Era una visión del Señor Jesús en una forma en la que jamás lo había visto! Vio a Cristo parado en medio de siete candeleros de oro. Un poco más adelante leemos que los candeleros representan a las siete asambleas (v. 20).

En esta visión, el Señor Jesús aparece como sacerdote, aunque no en un aspecto intercesor, sino más bien como un sacerdote juez. El cinto de oro denota dignidad real, expresando que Él está actuando en supremacía oficial hacia los que profesan su nombre y testimonio sobre la tierra. De manera que, su vestimenta no está ceñida para el servicio sacerdotal de intercesión, sino más bien para darle dignidad al juicio sacerdotal. Esta verdad se confirma cuando leemos que los ojos del Hijo del Hombre eran como «llama de fuego». Ellos pueden ver y juzgar lo que ocurría en las asambleas en los tiempos de Juan, así como en la historia de la Iglesia hasta el arrebatamiento. Nada está oculto de su discernimiento sacerdotal.

El Apocalipsis es un libro de juicios. Cristo está por abrir el rollo de siete sellos y desatar los juicios sobre las naciones y sobre Israel; y al final del libro leemos del juicio final de los impíos que han muerto. Sin embargo, antes de que todo esto comience, Él juzga a las asambleas en los capítulos 2 y 3. Este es un principio en los caminos de Dios. Él siempre comienza con su pueblo: «Es tiempo que el juicio comience por la casa de Dios» (1 Pe. 4:17; comp. Ez. 9:6 y Amós 3:2).

En este día del Señor, cuando nos reunimos para recordarlo, no nos olvidemos de la dignidad de Aquel que está en medio nuestro, y que escudriña y prueba nuestros corazones.

Brian Reynolds

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