El Señor Está Cerca

Sábado
24
Abril

El Señor de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

(Salmos 46:7 LBLA)

El Dios de los que se equivocan

El Dios de Jacob es el Dios de aquellos que se equivocan. Él no se deshace de ellos, sino que los transforma en canales de bendición. Según todos los criterios humanos, la vida de Jacob fue un fracaso: le falló a su padre y a su madre; a su hermano; a su tío; a sus esposas; y a sus hijos. Pero Dios no le falló a Jacob. Él lo amaba y se propuso bendecirlo, y finalmente, por medio de una cuidadosa disciplina, lo convirtió en una de aquellas almas escogidas para llevar fruto en su vejez. “Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia” (Sal. 92:13-15).

Hay un Jacob en cada uno de nosotros. Como él, debemos apren­der, una y otra vez, el costo que hay detrás de nuestra voluntad pro­pia y autosuficiencia. Dios educa a sus «Jacob» poniéndolos junto a personas que son incluso peores que ellos. En los «Labán» de este mundo, Él permite que sus «Jacob» vean lo engañosos que son sus propios corazones.

Dios se le apareció a Jacob en seis oportunidades. En cada oca­sión, lo corrigió y le dio una nueva oportunidad de caminar con Él. El Dios de Jacob no deja tareas inconclusas. Jacob podía olvidar sus votos, pero Dios jamás se olvida de ser fiel.

Jacob recibió bendición después de que su fuerza humana fue quebrada. Fue entonces cuando Jacob, el suplantador, se convirtió en Israel, un príncipe de Dios. Los últimos momentos de su vida son realmente conmovedores, cuando por fe bendijo a los hijos de José, y adoró. “Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón” (He. 11:21).

M. Bassali

Enséñame, Señor, mi real condición / Hazme como niño en tu regazo / Despojado de la más pequeña ambición,/ deseando ser guiado por tu brazo.

H. F. Lyte

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