El Señor Está Cerca

Lunes
29
Marzo

Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

(Efesios 4:11-12)

El don de pastor

Hoy en día, en la mayoría de las comunidades cristianas, es común tener una persona que tenga un título y posición de liderazgo, al cual a menudo se le llama «el pastor». Sin embargo, esto no tiene ningún tipo de sustento bíblico. El Nuevo Testamento enseña clara­mente que Cristo es la cabeza de su Iglesia, y que Él es el único que dirige, guía y provee para su crecimiento y desarrollo. Es cierto que Él utiliza instrumentos humanos para cumplir aquello, pero debemos entender las limitaciones y la forma en que Él los utiliza.

Estamos profundamente agradecidos del Señor por haber dado dones a su Iglesia, incluyendo el don de “pastor”. Obrar como pas­tor es una tarea maravillosa, pero es una obra llena de sacrificio y servicio — al igual que nuestro Gran Pastor, quien vino no para ser servido, sino para servir. Él no buscó un lugar de importancia o reco­nocimiento, sino que, con humildad y gracia, se ciñó de una toalla para lavar los pies de sus discípulos, ¡e incluso los pies de aquel que lo iba a traicionar!

Algunos pastores en el Antiguo Testamento son ejemplos de acti­tud y carácter para un verdadero pastor. Jacob sufrió de día y de noche, en calor y en frío, privándose su propio sueño y comodidad personal por el bien de las ovejas que tenía bajo su total respon­sabilidad. David puso su vida en riesgo para salvar a sus ovejas de la boca del oso y del león. Después de que Israel hubo pecado gravemente al adorar el becerro de oro, Moisés estuvo en el monte con Dios por 40 días, intercediendo por ellos con todo su corazón, tomando su lugar en la brecha a causa de su grey, el pueblo de Dios. Hay muchos ejemplos de cómo los pastores deben servir a las ovejas del Gran Pastor.

Albert Blok

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