El Señor Está Cerca

Martes
9
Febrero

Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía; porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana.

(Marcos 6:17-20)

Los profetas y sus profecías — Juan el Bautista (5)

Las predicaciones de Juan el Bautista no estaban restringidas solo a la gente común que se le acercaba en el desierto o a la orilla del río Jordán. Sin titubear, Juan reprobó la maldad del tetrarca Herodes al casarse con Herodías, la esposa de su hermano Felipe. Si leemos los diversos pasajes en los que se nos menciona esto, queda en evidencia que Juan no le predicaba al pueblo acerca de la maldad de Herodes, sino que lo confrontaba valientemente a la cara.

Decirle al gobernador del país: "No te es lícito", muestra clara­mente que la Palabra de Dios es mucho más importante que cual­quier rey humano. La Biblia es la máxima autoridad para toda la humanidad, desde el más elevado al más humilde. En las Escri­turas, vemos repetidamente a los profetas de Dios reprobando a los reyes cuando sus conductas eran abiertamente contrarias a los mandatos de Dios. Sin embargo, muchos de los que servían a Dios de esta manera tuvieron que pasar por sufrimientos, e incluso la muerte, como sucedió finalmente con Juan el Bautista. Hoy en día siguen habiendo siervos de Dios que sufren martirio por su fidelidad.

La piedad moral parece haberse vuelto cada vez más extraña en el mundo moderno, especialmente en los lugares más acomodados. Mientras que los hombres malvados continúan haciendo sus propias obras. ¡Cosas que Dios llama reprensibles, el hombre las legaliza y considera que son sus derechos! Sin embargo, es interesante notar que Herodes temía a Juan, y que lo escuchaba de buena gana. ¡Que nuestro testimonio también sea respetado por todas aquellos con los que entremos contacto!

Eugene P. Vedder, Jr.

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