El Señor Está Cerca

Día del Señor
7
Febrero

Teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tene­mos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nues­tras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiada­mente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

(Hebreos 4:14-16)

Todos iguales ante la muerte

La tentación del Señor Jesús no fue para ver si Él podía fallar, sino para probar que Él no iba a fallar. La tentación de Satanás manifestó la santidad y la fortaleza del Segundo Hombre en contraste con la debilidad y el fracaso del primero.

Cuando consideramos esta tentación es importante recordar que nuestro Señor no cesó de ser Dios cuando se hizo Hombre. Él es Dios y Hombre en una sola Persona gloriosa, y el propósito de la tentación era evidenciar esto. Él siempre pudo decir: “viene el prín­cipe de este mundo y él no tiene nada en mí” (Jn. 14:30). No se encontró ningún rastro de impiedad ni debilidad en Él; siempre fue Aquel sin pecado, y Satanás mismo dio prueba de esto cuando se retiró derrotado de aquella escena.

Un hermano anciano que solía reunir jóvenes a su alrededor para enseñarles la Biblia, decía a menudo: «Muchachos, independiente­mente de lo que hagamos, mantengamos claro el carácter de Dios». Cuando consideramos el tema santo y misterioso de la tentación del Señor, debemos recordar incansablemente nuestro deber de sos­tener el santo carácter del Señor Jesús. Si Él no fuera el santo e inmaculado Cordero de Dios, entonces Él mismo hubiera necesitado un redentor.

H. A. Ironside

¡Santo, Santo, Santo! Hijo del Eterno,
Que hasta aquí viniste con gran humillación;
En tu humana vida Tú te has revelado,
Cual Dios en el mundo, ¡Bendita Salvación!

S. E. McNair

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