Inédito Nuevo

El alimento espiritual del creyente


person Autor: Jean MÜLLER 3

flag Tema: El alimento del creyente


«No solo de pan vive el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová» (Deut. 8:3; Mat. 4:4).

Las Escrituras presentan varios aspectos del alimento espiritual de los creyentes. Estos son los bienes del amor de Dios para nosotros, que gustamos en su mesa preparada en el desierto (Sal. 23:5), antes de ser introducidos a su casa.

1 - La Pascua

«Nuestra Pascua, Cristo, ha sido sacrificada» (1 Cor. 5:7).

Cristo, el Cordero de Dios, es el verdadero cordero pascual. La fiesta de la Pascua es la anticipación de su sacrificio en la cruz.

La carne del cordero debía comerse asada al fuego (Éx. 12:8). Cristo pasó por el fuego del juicio por nosotros. Al comer (espiritualmente) la carne del cordero, somos identificados con el sacrificio que nos libera del juicio y de la muerte. La sangre del cordero protege eficazmente de ese juicio a todos los que, por le fe, están al beneficio de la obra de la cruz.

La noche de la Pascua debían guardarla «para Jehová todos los hijos de Israel en sus generaciones» (Éx. 12:42). La cena del Señor es ahora para los cristianos el recuerdo de la muerte de Cristo durante el tiempo de su ausencia.

2 - Los panes sin levadura

«Así que celebremos la fiesta… con pan sin levadura, de sinceridad y verdad» (1 Cor. 5:8)

Con la cena del Cordero, Israel comía panes sin levadura, panes de aflicción (Éx. 12:8; Deut. 16:3). La fiesta de los panes sin levadura, vinculada a la Pascua (Lucas 22:1), duraba siete días. Es una figura de lo que debe ser toda nuestra vida cristiana, libre de maldad y de contaminación.

Si un mal se manifiesta en una asamblea, todo el cuerpo está contaminado. La purificación tiene lugar a través de la confesión y de la identificación colectiva con el mal del que luego debemos separarnos. Esto es comer la ofrenda por el pecado en un lugar santo, como cosa muy santa (Lev. 10:17)

3 - El maná

El maná era el alimento del pueblo de Israel en el desierto; le fue enviado desde el cielo en respuesta a sus primeras murmuraciones (Éx. 16:12). Era una lluvia divina y el trigo del cielo (Sal. 78:24), una imagen de Cristo, el pan de Dios (Juan 6:32-35, 51).

Al atravesar el desierto (imagen del mundo) el cristiano se alimenta de Cristo, el verdadero maná celestial. Se debía guardar un omer de maná como recuerdo del cuidado de Dios por su pueblo en el desierto (Éx. 16:32-33). Nada de lo que Cristo ha sido para nosotros aquí en la tierra será olvidado durante la eternidad.

El maná era una cosa menuda, redonda. Bajaba a la tierra, pero no tenía contacto con ella (Núm. 11:9). Cristo fue en la tierra el extranjero, el Hijo de Dios en la tierra, sin dejar de ser el Hijo del hombre que está en el cielo (Juan 3:13).

La recompensa para el vencedor de Pérgamo (la asamblea que habita en el mundo) es precisamente el maná escondido (Apoc. 2:17). Es la comunión en el cielo con Aquel que había sido rechazado del mundo.

4 - El alimento del país

4.1 - El país

El maná satisfacía las necesidades del pueblo en el desierto. El trigo viejo de la tierra y el crudo de Canaán (Josué 5:11) son su alimento en la tierra de la promesa.

Para Israel, el maná fue sustituido por el viejo trigo del país, cuando salieron del desierto hacia la tierra de Emanuel, cruzando el Jordán. Para el cristiano, en cambio, Cristo es tanto ahora el maná para la travesía del desierto como el alimento celestial para el pueblo de Dios que está llamado a disfrutar de su posición con él en el cielo.

Cristo es el verdadero grano de trigo (Juan 12:24), solo en la muerte para dar fruto en la vida eterna; también es el sembrador que «Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla» (Sal. 126:6). El grano tostado conserva la huella del fuego del juicio y de la prueba. Pero Cristo resucitado está ahora en el cielo, sentado a la derecha de Dios, y nosotros nos alimentamos de él por la fe.

Los bienes del país prometido eran variados y satisfacían todas las necesidades del pueblo de Israel (Deut. 8:8). Se mencionan siete recursos: (1) trigo (2) cebada (3) viñas (4) higueras (5) granados (6) olivos para el aceite (7) miel. En figura, el creyente encuentra en Cristo los propósitos de Dios, la fuerza para su alma, la alegría y la ayuda del Espíritu.

En contraste con los verdaderos bienes celestiales del creyente en Cristo, la Palabra señala tres peligros prácticos, relacionados con los alimentos adulterados del mundo:

4.2 - Egipto

Egipto (imagen del mundo según la naturaleza del que hemos sido liberados): Cuando el pueblo se cansa de los cuidados de Dios, llega a echar de menos Egipto y su comida gratuita, «de balde» (Núm. 11:4-9), olvidando el látigo y el trabajo duro (Éx. 5:14). Además de las ollas de carne, guarda el recuerdo de seis alimentos: (1) el pescado (2) los pepinos (3) los melones (4) los puerros (5) las cebollas (6) los ajos. No hay nada sustancial en este alimento del mundo, que solo deja un sabor persistente de amargura por haber abandonado el manantial de aguas vivas por cisternas rotas (Jer. 2:13).

4.3 - Asiria

Asiria (imagen del mundo político): En tiempos de Ezequías, el rey de Asiria propusó al pueblo de Judá rebelarse contra Dios y abandonar su herencia. La propuesta del Rabsaces fue sutil (2 Reyes 18:32). El alimento prometido incluía: (1) trigo (2) mosto (3) pan (4) viñas (5) olivos (6) miel. Faltaban la cebada, las higueras y los granados. El mundo es extranjero al poder de Cristo resucitado (la cebada) para el pueblo de Dios (las higueras), y de la ayuda del Espíritu (los granados).

4.4 - Babilonia

Babilonia (imagen del mundo religioso infiel): Daniel y los tres jóvenes hebreos rechazan los manjares del rey y el vino que bebía (Dan. 1:8): Tal es la sorprendente advertencia que la Palabra nos hace contra los peligros contemporáneos de la cultura, las artes, las ciencias y la vida política. Muchas de estas cosas no son malas en sí mismas, pero pueden convertirse en ídolos para nuestros corazones.

4.5 - En resumen

• Nos alimentamos de la memoria de Cristo en la cruz: esto es la Pascua

• Probamos los recursos de la gracia de Cristo para alimentar nuestras almas en el desierto de este mundo: esto es el maná; y finalmente

• Al mismo tiempo podemos disfrutar de Cristo, en quien se cumplen los propósitos y pensamientos eternos de Dios; tenemos con él las cosas celestiales como nuestra porción y alimento para el alma: es el crudo del país de Canaán, el trigo viejo del país y el grano tostado.

5 - Los sacrificios, alimento para la familia sacerdotal

Excepto el holocausto, que era enteramente para Dios (Lev. 1:9, 13, 17), las ofrendas voluntarias –ofrendas elevadas, ofrendas de paz u ofrendas mecidas– podían ser consumidas por la familia de Aarón, el sacerdote (la familia sacerdotal). En algunos casos, todo el pueblo participaba.

5.1 - La fiesta de las primicias

Esta fiesta seguía inmediatamente a la Pascua y a la fiesta de los panes sin levadura (Lev. 23:9-14). Era celebraba por el pueblo, en el país, cuando terminaba la cosecha. El adorador ofrecía primero una gavilla mecida con el cordero del holocausto –una imagen del Cristo resucitado presentado a Dios– antes de poder probar él mismo el fruto del país. Entonces, las primicias del fruto de la tierra prometida (imagen del cielo para nosotros) se ofrecían a Dios en un cesto (Deut. 26:1-11): una imagen preciosa del culto de la asamblea.

5.2 - Los sacrificios de prosperidad

A Dios correspondía en primer lugar la sangre y la grasa. Entonces el sacerdote, el adorador que ofrecía el sacrificio y todo el pueblo participaban en esta comida de comunión (Lev. 7:28-36). Todo animal debía ser presentado de esta manera como sacrificio a Dios, antes de ser comido por el israelita (Lev. 17:1-7).

5.3 - Las ofrendas elevadas y mecidas

El hombro (imagen del poder de Cristo hacia nosotros) y el pecho (imagen de sus afectos) de algunos sacrificios mecidos ante Jehová. La familia sacerdotal comía de ellos (Núm. 18:11). La Asamblea es una familia sacerdotal para Dios (1 Pe. 2:5), que le presenta las perfecciones de Cristo y le cuenta toda la gloria del verdadero José (Gén. 45:13), saboreando la comunión en su presencia.

6 - Cristo, su carne y su sangre (Juan 6)

Al recordar a los judíos que sus padres habían comido el maná en el desierto (v. 31), el Señor muestra que ahora él venía a la tierra como el verdadero maná, el pan de vida, el pan de Dios (v. 34-35). Se presenta primero como un Cristo vivo en medio de su pueblo (v. 40). Pero para dar vida a otros, el Hijo del hombre debía morir, entregar su vida (Juan 10:17), y su sangre debía ser vertida.

Comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre comunica la vida eterna, que es el mismo Cristo (v. 50-51, 53). Este acto, espiritual, no se repite. La cena del Señor es la figura tangible de la misma, pero no confiere la salvación.

A partir de entonces, el creyente tiene la vida divina, y la muerte ya no domina sobre él. Identificado con Cristo en su muerte (tal es el significado del acto de comer), tiene la promesa de la resurrección (v. 54).

Pero la vida divina en el creyente debe mantenerse espiritualmente. Cristo es el alimento que fortalece su alma (v. 56). Así es como permanecemos en Cristo, y él permanece en nosotros. Ninguna comunión con él se puede concretizar fuera de su muerte.

7 - El fruto del árbol de la vida (Apoc. 2 y 22; Lucas 12)

Todos los aspectos del alimento espiritual para los creyentes presentados anteriormente son para el tiempo presente. Queda una promesa para el futuro en la eternidad de la gloria con Cristo.

El paraíso terrenal, el lugar feliz de la primera creación, le fue cerrado al hombre por su culpa; Dios le prohibió el acceso al árbol de la vida, puesto que estaba bajo la condenación de muerte y ya no tenía ningún derecho a la vida, la cual solo sería prodigada por el verdadero árbol de vida: ¡Cristo!

Pero Cristo, por su muerte, se convirtió en el principio de una nueva creación, la de Dios (Col. 1:18; Apoc. 3:14), y abre al creyente, colocado en el beneficio de su obra, las puertas del paraíso celestial. Este lugar de deleite le fue ya prometido al malhechor arrepentido (Lucas 23:43). Allí está la fuente de la vida (el río de agua viva), y el árbol de la vida (Apoc. 2:7; 22:1-2). El árbol de la ciencia del bien y del mal (figura de la responsabilidad del hombre ante Dios) ya no tiene cabida, pues Cristo ha respondido perfectamente a la justicia de Dios.

El fruto del árbol de la vida es el alimento para los santos, y las hojas son para la curación de las naciones (durante el Milenio).

Este fruto está prometido, para el futuro, al vencedor de la asamblea de Éfeso: «Le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios». El que vuelve al primer amor abandonado puede ya saborear sus primicias, palabras «inefables, que no le es permitido al hombre expresar» (2 Cor. 12:4).

En la gloria, Cristo, el verdadero siervo de Jehová, introducirá a sus redimidos en la eterna cena de la gracia; «hará que se sienten a la mesa y, acercándose, les servirá» (Lucas 12:37). ¡Bendito sea su nombre!

8 - Resumen – El alimento espiritual para el creyente (Deut. 8:3)

8.1 - La Pascua

1 Corintios 5:7

Guardada en sus generaciones.  La cena del Señor.

8.2 - Los panes sin levadura

1 Corintios 5:8

Celebrar lo que fue la Pascua, sin la levadura (imagen del mal).

8.3 - El maná

Trigo del cielo (Sal. 78:24), en respuesta a las murmuraciones (Éx. 16:12).

Alimento celestial (Núm. 11:9) para el desierto.

Un omer para el recuerdo y maná escondido para Pérgamo.

8.4 - El alimento del país

Trigo viejo, crudo de la tierra y grano tostado. Cristo, el verdadero grano de trigo.

Los ocho bienes del país.

Los tres alimentos adulterados: Egipto, Asiria (el Rabsaces), Babilonia (Nabucodonosor).

8.5 - Los sacrificios, alimento de la familia sacerdotal

La fiesta de las primicias.

Los sacrificios de prosperidad.

Las ofrendas elevadas y las ofrendas mecidas (Núm. 18:11).

8.6 - Cristo, su carne y su sangre (Juan 6)

El don de la vida (v. 50-51, 53).

El mantenimiento de la vida (v. 56).

8.7 - El fruto del árbol de la vida

El paraíso terrenal y celestial (Gén. 2; Lucas 23:43).

El árbol de la vida y el río de la vida.

El fruto del árbol y las hojas.

El vencedor de Éfeso.

El servicio eterno de Cristo (Lucas 12:37).


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