Inédito Nuevo

Los efectos de la Palabra de Dios

Hebreos 4:12-13


person Autor: Adrien LADRIERRE 7

flag Tema: Son acción en el corazón y la conciencia


1 - ¿Por qué es esencial poseer la Palabra de Dios?

Poseer la Palabra de Dios es algo inmenso. En otro tiempo Dios habló a los padres muchas veces y de muchas maneras, pero ahora nos ha hablado a nosotros en el Hijo (Hebr. 1:1). Es a través de esta Palabra que Dios nos revela quién es, sus propósitos, sus pensamientos. ¿Qué sabríamos de lo que somos, de lo que es Dios, de lo que nos espera, si no tuviéramos la Palabra? Por ella hemos encontrado la salvación de nuestras almas; por ella somos regenerados. ¡Cuánto cuidado hemos de tener de ella!

2 - Sus efectos en el alma

¿Cuáles son sus efectos? «Es viva y eficaz, más cortante que toda espada de dos filos» (Hebr. 4:12). No solo nos trae pensamientos y emociones, sino que penetra hasta lo más profundo de nuestro ser, para llevarnos a la presencia del Dios santo, a la luz. Adán fue el primer ejemplo de ello: cuando ofendió a Dios, Dios vino a llamarlo y a llevarlo ante él, a la luz de su santidad. Aquí, la Palabra es comparada con una espada; pone al descubierto lo que hay dentro de nosotros.

3 - No apartarse de su filo de corte

Pero cuando esta Palabra nos revela a Dios en su pureza, el corazón natural trata de desviar su filo, como vemos en el caso de Agripa (Hec. 26:28): «¡Por poco me persuades a ser cristiano!», dice. Pero cuando todavía hay poco para ser cristiano, lo hay todo para no serlo. Hemos escuchado esta Palabra, pero sabemos perfectamente cuáles serían las consecuencias si la aceptáramos. ¿Qué fue de Agripa, que creía en los profetas, pero cuyo corazón no fue arrebatado?

4 - Las bendiciones que trae la Palabra de Dios

Cuando nada impide que esta espada penetre en el corazón, encontramos felicidad y bendición. Tenemos un ejemplo de ello en Leví, hijo de Alfeo, sentado en la oficina de los impuestos. El poder de la Palabra de Dios penetró profundamente en su corazón y, se levantó, lo dejó todo y siguió a Jesús. Mire de nuevo a Saulo de Tarso. Es un blasfemo, un ultrajador, y le llega la Palabra de Dios: «¿Por qué me persigues?» (Hec. 9:4). Su conciencia queda herida y los efectos de la Palabra de Dios se dejan sentir de un modo maravilloso.

5 - Ella es tanto para los incrédulos como para los creyentes

Esta Palabra no es solo para los inconversos; también nos está presentada a nosotros, cristianos, para introducirnos en la presencia de Dios y enseñarnos a conocernos tal como somos, en nuestra debilidad e impotencia. Cuando Job escuchó la Palabra de Dios, vio toda su miseria y reconoció lo que le impedía gozar de aquella presencia. Es cuando el vaso ha sido completamente vaciado que Dios se complace en llenarlo y entonces, el tesoro que Dios pone en él, permanece. Después de vaciarse de sí mismo, Job tuvo bendiciones mucho mayores que antes.

6 - Extraer en abundancia de la Palabra de Dios

Necesitamos saber lo que esta Palabra quiere enseñarnos; necesitamos extraer de ella todas las verdades que son reales para nosotros; ¡necesitamos dejarla obrar en nuestros corazones! A veces nos duele, pero nos duele para llenarnos de bien. Por eso nos está presentada como la espada del Espíritu. El cristiano la tiene como espada para luchar, igual que el Señor la utilizó para vencer a Satanás; pero también es, en manos del cristiano, una espada que debe aplicarse a sí mismo.

7 - La Palabra del Señor también será para el juicio

En el capítulo 19 del Apocalipsis, el Señor tiene esta espada en la boca, para juzgar. Ella viene ahora para traernos la salvación y la gracia, mientras que después destruirá a todos los que se opongan a él. Si no captamos hoy este poder salvador de la Palabra, tendremos que oírlo más tarde en el juicio.

8 - La Palabra de Dios nos lleva a la luz divina

Podemos ocultar nuestros sentimientos a los hombres, pero la Palabra de Dios nos lleva a la luz de su presencia: «Todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien tenemos que rendir cuentas» (Hebr. 4:13). Pero vemos, en esa luz, que Dios dio a su Hijo para que no perezcamos, sino que seamos salvados de la ira venidera y heredemos la vida eterna. ¡Que esta Palabra pueda tener plena eficacia en nuestros corazones!

Traducido de «Le Messager Évangélique», año 1925, página 281