Inédito Nuevo

Contigo


person Autor: Halte Fest 1

flag Tema: El amor de Cristo por los suyos


Adaptado de Halte Fest

Traducido de «Le Messager Évangélique», año 2001

1 - He estado contigo – Motivo de agradecimiento

«Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos» (2 Sam. 7:8-9). Con estas pocas palabras, Dios resume la vida de su siervo David. Lo había sacado de una condición humilde y lo había llamado a ser rey sobre Israel. Lo había acompañado fielmente y lo había ayudado en sus combates contra todos sus enemigos. David había tenido una vida particularmente agitada. Perseguido por sus enemigos, «como quien persigue una perdiz por los montes» (vean 1 Sam. 26:20), había vislumbrado la muerte muchas veces. Varios de sus Salmos nos permiten echar un vistazo a los sentimientos profundos de su alma. ¡Cuántas veces las circunstancias habían podido parecer desesperadas! ¡Cuántas veces había estado angustiado! Y, sin embargo, Dios siempre había tenido los ojos puestos en él y nunca lo había abandonado. «He estado contigo en todo cuanto has andado; y delante de ti he destruido a todos tus enemigos». Fue Dios quien había actuado. Fue él, y no David, quien había obtenido las victorias.

Podemos hacer nuestras las declaraciones de Dios a David. Aunque no siempre hayamos reconocido claramente la mano de Dios a lo largo del tiempo pasado, Él ha estado con nosotros y ha actuado a nuestro favor. ¡Cuántos obstáculos ha quitado de nuestro camino! ¡Cuántas veces nos hemos encontrado ante muros que parecían insuperables! Y, sin embargo, él siempre nos ha dado una salida, una salida que no provenía ni de nuestros méritos ni de nuestras capacidades. Al contemplar el camino recorrido, tenemos motivos para estar profundamente agradecidos. Podemos darle las gracias de todo corazón por haber estado con nosotros y cerca de nosotros durante el tiempo pasado. Al igual que el profeta Samuel en otro tiempo, tras una liberación maravillosa, podemos levantar una piedra –en nuestros corazones– y llamarla Eben-Ezer, diciendo: «Hasta aquí nos ayudó Jehová» (1 Sam. 7:12).

A pesar de muchas cosas que nos entristecen, en nuestras vidas o en el pueblo de Dios, podemos aferrarnos a este hecho: Dios no abandonará a los suyos. Nos ha socorrido y seguirá haciéndolo. ¡Qué motivo de agradecimiento!

2 - Estoy contigo – Fuente de fortaleza

Las experiencias del pasado dejan una huella en nuestras vidas, sin embargo, vivimos el presente. Y también para hoy tenemos una palabra muy alentadora, la que Dios dirige a Jacob: «He aquí, yo estoy contigo» (Gén. 28:15). ¡Un mensaje breve, pero rico! ¿Por qué mirar al futuro con inquietud? Nadie sabe lo que va a pasar. Pero en lo que respecta al presente, sabemos que Dios está con nosotros. El Señor dirigió las mismas palabras de aliento al apóstol Pablo, cuando le esperaba una ardua tarea: «Yo estoy contigo» (Hec. 18:10).

Las circunstancias de Jacob y de Pablo eran completamente diferentes. Jacob se encontraba en el camino del exilio, como consecuencia de sus faltas. Huía de su hermano Esaú. Le esperaban años difíciles y un largo tiempo de aprendizaje. Esta declaración de Dios no expresa en modo alguno una aprobación de la conducta de Jacob, que acababa de engañar a su padre para recibir su bendición. Lo que Jacob había hecho estaba muy mal y tendría que cosechar lo que había sembrado. Dios intervenía ahora con autoridad en la vida de Jacob y eso era doloroso. Pero no lo abandonaba. Al contrario, en su inmensa gracia, le declara: «Yo estoy contigo». ¡Cuánta fuerza debió de sacar Jacob de esta promesa!

Pablo se encontraba en circunstancias tan diferentes como fuera posible de las de Jacob. Al servicio de su Señor, había llegado a la ciudad de Corinto para anunciar allí la buena nueva de la salvación. Debido a la violenta oposición de los judíos, podía temer por su vida. Pero de noche, en una visión, el Señor le dijo: «No temas, sino habla y no calles, porque yo estoy contigo; y nadie te atacará para hacerte daño» (Hec. 18:9-10). El Señor aseguraba a su siervo que estaría a su lado para que pudiera cumplir su servicio para Él. ¡Fuente de valor y de fuerza para las tareas que tenía por delante!

¿En qué situación nos encontramos? ¿Un poco en la de Pablo, un poco en la de Jacob? Dios lo sabe. Por un lado, Dios debe intervenir en nuestras vidas a causa de nuestras faltas. Por otro lado, cada uno de nosotros está al servicio del Señor (1 Cor. 15:58). ¿No es maravillosa esta declaración divina: «Yo estoy contigo»? No estamos solos. No es con nuestras propias fuerzas con las que tenemos que seguir nuestro camino y cumplir nuestro servicio. Dios está con nosotros. Y la fuerza viene de él.

3 - Estaré contigo – Motivo de confianza

«Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré» (Gén. 26:3). Este fue el aliento que Dios le dio a Isaac para que no fuera a Egipto. En ese momento, la situación no era fácil para él. Reinaba el hambre en Canaán, y podía estar preocupado por su familia. ¿No era mejor seguir el mismo camino que Abraham había tomado en su día? Isaac ya había llegado a Gerar, en la tierra de los filisteos, y podía continuar hasta Egipto. Pero Dios tenía otro plan: debía permanecer en la tierra de la promesa. El patriarca podía vislumbrar el futuro con temor. ¿Dónde encontraría suficiente comida para su casa? ¿No tenía él la responsabilidad de su familia? Sin duda alguna. Y es precisamente por eso que Dios acude a él y fortalece su confianza. Le da promesas maravillosas. Estará con él y lo bendecirá, pero Isaac debe quedarse en el país.

¿Y nosotros? ¿Cómo vemos el futuro? ¿No tenemos motivos para estar preocupados al pensar en lo que podría suceder? Esta promesa de Dios es también para cada uno de nosotros: «Estaré contigo». Aquel que estuvo con nosotros ayer, que está cerca de nosotros hoy, nos guiará mañana con su mano poderosa. No nos dejará ni nos abandonará.

La orden que Dios da a Isaac de permanecer en el país sigue siendo actual para nosotros. Dios también nos ha dado un lugar, en el que quiere bendecirnos. Es el lugar donde nuestro Señor se encuentra ahora. Toda bendición para nosotros está indisolublemente ligada a él y al lugar donde se encuentra. Ese lugar es, ante todo, el cielo; pero es también el lugar donde reúne a los suyos a su alrededor. ¿Querríamos abandonar ese lugar y acomodarnos cómodamente en el mundo? La pregunta del Señor a sus discípulos: «¿No queréis iros vosotros también?» (Juan 6:67) se dirige también a nosotros. ¿Alejarnos de aquel que tanto nos ha amado y que sí mismo se entregó por nosotros? Dios quiera que todos respondamos con convicción: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes las palabras de vida eterna» (v. 68).

Puede que estemos pasando precisamente por una fase de hambruna espiritual y que no nos sintamos muy a gusto donde Dios nos ha colocado. ¿Quería Dios que Isaac abandonara el país a causa de la hambruna? ¿Quería que Elimelec y Noemí dejaran Belén para ir a vivir a Moab? ¡No! Dios no quiere que nos vayamos. Más bien quiere quedarse con nosotros y bendecirnos. Y para renovar nuestra confianza, dice: «Estaré contigo».

Ante una nueva tarea que podía parecer abrumadora, Josué recibe este aliento de Dios: «Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente» (Josué 1:5). Este pasaje nos conmueve. Y más aún cuando, en Hebreos 13, Dios nos repite expresamente: «No te dejaré, ni te desampararé» (v. 5). Estamos ante Aquel de quien está escrito: «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Hebr. 13:8). En él podemos confiar plenamente.