Índice general
Las buenas noticias que llegan de un país lejano
Autor: William Wooldridge FEREDAY 37
0 - Prólogo
«Como el agua fría al alma sedienta, así son las buenas nuevas de lejanas tierras» (Prov. 25:25).
El agua es un símbolo de la Palabra de Dios. La encontramos utilizada de este modo en el último capítulo de las Escrituras: «El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida» (Apoc. 22:17).
En la parábola de las minas, en Lucas 19, el Señor compara el cielo con «un país lejano» (v. 12).
1 - El pecado ha alejado al hombre de Dios
¿Por qué, pues? En los primeros capítulos del Génesis, el cielo parece muy cercano, y Jehová Dios, un vecino tan cercano.
Allí se lee la historia de un jardín plantado por la mano del Creador, que contenía todo lo que era agradable a la vista y bueno para comer. Era la morada del primer hombre y de su mujer, y allí acudía a menudo Jehová Dios para conversar amablemente con ellos. Pero todo eso cambió rápidamente. Llegó el día en que Adán y su mujer se escondieron de la presencia de Dios entre los árboles del jardín. El pecado fue la causa. Más tarde se le dijo a Israel: «Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios» (Is. 59:2). Al haber entrado así el pecado en el mundo cesó la satisfacción divina respecto al hombre, y desde ese momento, el cielo ha parecido ser «un país lejano». Ya no existe afinidad moral entre el cielo y la tierra.
2 - El Hijo de Dios vino de un «país lejano»
Sin embargo, un visitante llegó desde esa tierra lejana. Juan 1 nos dice: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad». Esa es la Persona gloriosa de la que leemos más arriba, en el mismo capítulo, que estaba en el principio con Dios, y que era Dios. Además, «todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada de lo que ha sido hecho». ¡Qué Visitante!
En Juan 6:38, le oímos decir: «Yo he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de aquel que me ha enviado». Sus oyentes incrédulos tropezaron con estas palabras y dijeron: «¿No es este Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo es que ahora dice: Yo he descendido del cielo?» En su ceguera, no veían en él más que al hijo de un carpintero.
3 - El Visitante celestial fue rechazado por los hombres
Los británicos están acostumbrados a recibir a visitantes ilustres. De vez en cuando, emperadores y reyes vienen a visitarlos. Siempre son bien recibidos y, sin excepción, regresan a casa plenamente satisfechos. Pero ¿cómo fue recibido el Hijo de Dios cuando vino a la tierra? «En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él y el mundo no lo conoció. Vino a lo suyo y los suyos no lo recibieron» (Juan 1:10-11).
Mucho antes de eso, Isaías había escrito acerca de Él: «Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto» (53:3).
4 - Ilustración mediante la parábola de los labradores de Mateo 21:33-39
El Hijo de Dios no solo fue rechazado cuando vino, sino que le fue dado muerte. En la parábola de la viña, esto se ilustra de manera impactante incluso antes de que se cometiera ese acto atroz.
Tras enviar en vano a numerosos siervos a los labradores, el dueño de la viña envió por fin a su hijo, diciendo: «Respetarán a mi hijo». El dueño es Dios; el hijo es el Señor Jesús. Pero cuando los labradores vieron al hijo, se dijeron entre sí: «Este es el heredero; ¡venid, matémoslo, y poseamos la herencia!» (Mat. 21:33-39). Así es como los hombres trataron al Señor Jesús. A pesar de Sus palabras y Sus obras únicas, lo odiaron y lo mataron (Juan 15:22-24).
¿Y después? El joven príncipe de Gales hizo una gira por el Continente. En todas partes se le trató con respeto, pero supongamos que fuera asesinado, y además con el visto bueno de las autoridades, ¿qué pasaría entonces? La mano pesada de la venganza se abatiría sin duda sobre algún lugar, ¿no es así? Cuando la estatua del emperador Adriano fue destruida durante un motín en Antioquía, el pueblo tembló ante la idea de las consecuencias. Pero ¿qué ocurrió cuando Cristo fue ejecutado? En Hechos 1, le vemos ascender al lugar donde estaba antes, llevando hasta el trono de Dios las heridas que los hombres habían infligido a su sagrada Persona –¡el espectáculo de los espectáculos para el ejército angelical!
5 - La respuesta del cielo al rechazo y a la muerte de Cristo es el perdón
¿Cuál fue la respuesta de Dios ante esto? Durante 10 días hubo una tregua. Luego, el cielo se abrió de nuevo y el Espíritu Santo descendió sobre la tierra. ¿Con qué propósito? ¿Para destruir a los hijos de los hombres culpables? No, sino para que el Evangelio fuera predicado con poder. Así, en Hechos 2, oímos a Pedro denunciar con fuerza ante sus oyentes su terrible pecado, el asesinato de Cristo, y concluir ofreciéndoles a todos el perdón en Su nombre.
Antes de ascender al cielo, el Salvador declaró que el arrepentimiento y la remisión de los pecados debían predicarse en su nombre entre todas las naciones, comenzando por Jerusalén (Lucas 24:47). Sus propios asesinos debían tener, por tanto, la primera oportunidad de recibir esta bendición. Sin duda, el mensaje del perdón de los pecados para todos es una «buena noticia procedente de un país lejano». ¡Merecíamos la ira de Dios, y he aquí que se nos ha ofrecido el perdón y la paz!
6 - ¿Por qué estas buenas noticias tienen tan poca acogida en este mundo?
¿Por qué los hombres no ansían tales bendiciones? Nuestro texto nos lo dice. No tienen «sed». Las aguas frescas solo son aceptables para las almas sedientas. A los que tienen sed se les invita con la mayor ternura.
7 - Las invitaciones del Evangelio:
Apocalipsis 22:17 nos dice: «El que tiene sed, venga».
En Juan 7:37, oímos la llamada del Salvador: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba».
Pero los hombres no tienen sed. No sienten ninguna necesidad y, por lo tanto, no les interesa. Sin embargo, cuando se presenta una “buena noticia” de otro tipo, los hombres se interesan lo suficiente por ella. Supongamos que alguien de nuestra ciudad hereda una fortuna o un título nobiliario, ¿no se convertiría rápidamente en tema de conversación para todo el mundo?
O, por poner un ejemplo más cercano a nosotros, supongamos que uno de nosotros se enterara de que le han dejado una herencia; ¡qué entusiasmado estaría! Dejaría sus herramientas para siempre y se pondría en camino para tomar posesión de lo que le corresponde.
Sin embargo, cuando llegan «buenas noticias de un país lejano» dirigidas a los hombres sobre el perdón de los pecados y la bendición eterna, ¡no les interesan en absoluto! ¡No ven nada que merezca la pena tener en cuenta!
8 - El Visitante volverá del «país lejano»
Una cosa más. El Visitante venido de la tierra lejana, el Hijo de Dios, volverá. El mundo aún no ha terminado de verlo. La parábola de las minas lo deja claro. Pero ¿cómo regresará? No con la humildad de la gracia, para una segunda misión de misericordia, sino con el poder real, para ejercer su venganza sobre todos sus enemigos.
9 - Cristo, el Salvador de hoy, es también el Juez designado por Dios
Escuchad estas terribles palabras salidas de sus propios labios benditos: «En cuanto a mis enemigos, los que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos aquí y degolladlos delante de mí» (Lucas 19:27). No se trata de un simple lenguaje parabólico, sino de la exposición de una realidad temible. Aquel que hoy es proclamado Salvador de todos es el Juez divinamente designado de los vivos y de los muertos. Juzgará a los vivos en el momento de su aparición en gloria; en cuanto a los muertos, los convocará ante el Gran Trono Blanco, después del Milenio, antes de que el estado eterno sea introducido.