Inédito Nuevo

La doctrina de Cristo


person Autor: Max BILLETER 3

flag Tema: Jesucristo (El Hijo de Dios)


La verdad acerca de la persona del Señor Jesús, Hijo de Dios, es simple y profunda. Nos está revelada en la Palabra de Dios, y es por medio del Espíritu Santo que podemos conocerla. Aunque esta revelación sobrepasa la inteligencia humana, la fe, sin embargo, se apodera de las declaraciones de las Sagradas Escrituras y adora.

1 - En la eternidad, antes del tiempo

1.1 - El Dios eterno

  • «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1).
  • «Quién, existiendo en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse» (Fil. 2:6).

Desde la eternidad, antes del tiempo, Dios Hijo existía. Él no tiene principio, es eterno, tan elevado y digno de honor como Dios Padre y Dios Espíritu Santo.

1.2 - El Hijo eterno

  • «Nadie ha visto jamás a Dios: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer» (Juan 1:18).
  • «¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo!» (Mat. 16:16).
  • «Me amaste antes de la fundación del mundo» (Juan 17:24).

Él es Hijo desde la eternidad. Pero el hecho de ser Hijo no implica un comienzo ni una posición inferior a la del Padre. Él es, como ya se ha dicho, igual a Dios y de existencia eterna. Esto significa que desde la eternidad fue objeto del amor del Padre. Él es «el Hijo de su amor» (Col. 1:13).

2 - En el tiempo en la tierra, y ahora arriba en el cielo

2.1 - El Hijo eterno de Dios

  • «Dios ha enviado a su Hijo único al mundo» (1 Juan 4:9).
  • «Sí mismo se despojó, tomando forma de siervo» (Fil. 2:7).
  • «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del [Hijo] único del Padre)» (Juan 1:14).
  • «Pero respecto al Hijo: Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos» (Hebr. 1:8).

Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre, ocultó la gloria de su divinidad. Sí mismo se despojó, pues de lo contrario el hombre no habría podido soportar su presencia (Éx. 33:20). Sin embargo, siguió siendo el Hijo eterno de Dios. Como tal, es eternamente omnipresente (Juan 1:18), omnisciente (Juan 18:4) y omnipotente (Juan 18:6). Después de su resurrección y ascensión, sigue siendo Dios por la eternidad.

2.2 - El Hijo de Dios, engendrado por el Espíritu Santo

  • «Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy» (Sal. 2:7, VM).
  • «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también la santa Criatura que nacerá, será llamada Hijo de Dios» (Lucas 1:35).

El hecho de que el Señor Jesús haya sido engendrado por Dios el Espíritu Santo es también una razón por la que se le llama Hijo de Dios. Tal como se había anunciado en el Antiguo Testamento, María lo recibió (Lucas 1:35), Natanael lo reconoció (Juan 1:50), el ciego de nacimiento le rindió homenaje (Juan 9:35-38) y Tomás se dirigió a él después de su resurrección (Juan 20:28).

3 - Jesús, perfectamente hombre

3.1 - Un hombre que nació y vivió aquí

  • «Dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales» (Lucas 2:7).
  • «El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).

Hace 2.000 años, el Hijo de Dios se hizo realmente hombre en Belén. Tenía un espíritu humano (Juan 13:21), un alma humana (Juan 12:27) y un cuerpo humano (Juan 2:21).

Tenía hambre (Mat. 21:18), se cansaba (Juan 4:6). Como hombre, tenía que caminar de un lugar a otro (Juan 4:4), aunque, siendo Dios, siempre estaba omnipresente. En Marcos 13:32 se dice que ni siquiera los ángeles, ni siquiera el Hijo, conocen el día y la hora de la venida del Hijo del hombre. Lo dice como hombre en la posición de Siervo y Profeta. Sin embargo, como Dios, era omnisciente. Estas cosas superan nuestro entendimiento humano, pero la fe lo considera perfectamente hombre sin olvidar nunca que al mismo tiempo es eternamente Dios.

3.2 - Un hombre como nosotros, pero sin pecado

Como hombre, el Señor Jesús no se distinguía, exteriormente, de los hombres como nosotros, en los que habita el pecado (Rom. 8:3). Sin embargo, en él no hay pecado. No podía pecar y no cometió pecado alguno. Por eso el cielo se abrió 2 veces sobre él, al principio y al final de su ministerio como hombre en la tierra.

«Se oyó una voz de los cielos que decía: Tú eres mi amado Hijo; en ti me complazco» (Marcos 1:11; vean también 9:7).

3.3 - Un hombre que murió y que fue resucitado

  • «Por esto el Padre me ama, por cuanto yo doy mi vida para volverla a tomar» (Juan 10:17).

Jesús fue al Gólgota y, como hombre, dio su vida. ¡Sabemos por qué! Allí cumplió la obra de la redención para que pudiéramos ser salvos. Realmente murió. En cuanto a su espíritu y su alma, entró en el paraíso (Lucas 23:43); en cuanto a su cuerpo, fue depositado en el sepulcro (Juan 19:42). Después de 3 días, resucitó corporalmente. Como hombre resucitado, fue visto por Cefas, luego por los 12, y después por más de 500 hermanos a la vez (1 Cor. 15:6).

3.4 - Un hombre eternamente en el cielo

  • «Sobre la nube, [uno] sentado semejante al Hijo del hombre» (Apoc. 14:14).
  • «Entonces el Hijo mismo también se someterá al que le sometió a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos» (1 Cor. 15:28).

Después de su resurrección, Jesús ascendió al cielo. Ahora está sentado allí, como hombre glorificado, en el lugar más elevado, a la derecha de Dios. Como hombre, volverá para llevarse a los suyos e introducirlos en la Casa del Padre. Luego aparecerá en gloria ante el mundo.

Como hombre, ejercerá el juicio (Apoc. 14:14), y en 1 Corintios 15:28 queda claro que seguirá siendo hombre eternamente. Como hombre, el Hijo estará sujeto a Dios por la eternidad.

Podemos decir que fue en el poder divino que entregó su vida como hombre. También fue en el poder divino que resucitó como hombre. Luego, fue en el poder divino que ascendió al cielo (Efe. 4:10). Y es en la majestad divina que ahora está sentado, como hombre glorificado, a la diestra de Dios (Hebr. 1:3).

4 - Resumen

El Señor Jesús es eternamente Dios, sin principio, tan elevado como Dios Padre. Él era y es el Hijo eterno, en comunión de amor con el Padre. Se hizo verdadero hombre como nosotros, pero era sin pecado, no cometió ningún pecado. Está fuera del alcance del pecado, porque es santo. Permanece eternamente hombre.

Estas son verdades fundamentales de las Sagradas Escrituras. No solo estos pocos pasajes dan testimonio de ello, sino toda la Palabra. Esta es la doctrina de Cristo (2 Juan 7-11).