El Señor Está Cerca

Viernes
10
Noviembre

Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

(Salmo 40:1)

Ser pacientes

Un invierno llegó una liebre a nuestro jardín y, cuando me di cuenta, ya había roído la corteza de mi pequeño cerezo y se había comido todas las plantas que mi esposa había plantado.

Compré una jaula para roedores y atraje a la liebre a la jaula con lechuga y zanahorias, y nada más entrar, la puerta se cerró tras ella. Entonces luchó tan furiosamente para escapar que se lastimó la cabeza. Mientras la pobre criatura seguía luchando y sangrando, la llevé a un bosque y allí la liberé.

Esta pequeña historia ilustra lo que a veces hacemos cuando el Señor nos deja atados en nuestras pruebas. Nos enfadamos y nos esforzamos por escapar de ellas, quedando heridos espiritual y físicamente. Cuando el Señor nos permite pasar por pruebas en nuestra vida, es para bendecirnos al final. Cuando hayamos aprendido las lecciones, será el mismo Señor, en su fidelidad, quien nos liberará de ellas. Si la liebre hubiera sabido que pronto sería liberada, ¿no habría esperado ese momento?

¡Paciencia! ¡Qué lección tan difícil de aprender, especialmente cuando vivimos en un mundo caracterizado por la gratificación inmediata! Pero la paciencia es esencial si no queremos obstaculizar los sabios propósitos de Dios en nuestras vidas. En el versículo de hoy, David se exhortaba a sí mismo, y a nosotros, a esperar pacientemente en el Señor. Además, rememore que después de esta paciente espera, el Señor inclinó su oído y lo escuchó. También lo sacó de ese terrible “pozo” y del “lodo cenagoso” (v. 2). La “prueba” de nuestra fe “produce paciencia”; por lo tanto, “tenga la paciencia su obra completa” en nosotros (Stg. 1:3-4), porque lo que Dios hizo por David, también lo hará por usted y por mí.

Richard A. Barnett

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