El Señor Está Cerca

Día del Señor
26
Febrero

Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.

(Isaías 50:7)

Determinación para hacer la voluntad de Dios

El Señor Jesús manifestó siempre una firme dependencia en su Dios y Padre. En él no hubo ninguna sombra de variación. No cuestionó ni en lo más mínimo la ayuda de su Señor Dios. Soportó humildemente lo que le tocó atravesar, incluso cuando estuvo expuesto a la amarga crueldad de la persecución. Jesús es el Hijo eterno de Dios, pero es perfectamente humano en todas las cosas. Sin duda que sentía profundamente las burlas despiadadas, los insultos y la violencia física que los hombres le infligían. Sin embargo, ¡cuán bella es su confianza en la ayuda del Señor su Dios! Sabía que no sería avergonzado. Pudo enfrentar al enemigo con la dignidad y la tranquilidad de Aquel que es sostenido perfectamente por la gracia y el poder divino.

“Por eso puse mi rostro como un pedernal”. Esta determinación de seguir adelante no surge de la obstinación de alguien que quiere hacer su propia voluntad. Se trató de la dependencia humilde e inquebrantable de Aquel que, con firme determinación de corazón, buscó cumplir sencilla y totalmente la voluntad del Padre, incluso si esto lo llevaba a afrontar todo tipo de adversidad. ¿Quién más podría haber perseverado a través de toda la oposición de Satanás y de los hombres en su contra? ¿Quién más podría haber proseguido su camino sin vacilar ni desfallecer, soportando las agonías de la horrenda cruz del Calvario?

Jesús es el Hombre humilde, fiel y misericordioso, y como tal es, sin duda alguna, el ejemplo supremo de todos los creyentes. Santiago nos dice que no dudemos en nuestras oraciones, sino que pidamos con fe, “porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento” (Stg. 1:6). El creyente debe ser, en buena medida, como su Maestro. Por la fe, debe contar con la firme y decidida convicción de caminar por el camino señalado por Dios, confiando en que él lo sustentará para hacer Su voluntad.

L. M. Grant

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