El Señor Está Cerca

Miércoles
25
Enero

Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.

(Juan 2:1)

Dejar obrar al Señor

Los primeros tres días del ministerio público de Cristo concluyeron con una fiesta de bodas, una bella figura de los goces del Milenio y la paz venidera. A pesar de todas sus cualidades, María aún tenía algo que aprender, y nosotros también tenemos siempre algo que aprender. Tuvo que aprender a dejarlo todo en manos de su Hijo (y no en las suyas) y a entender que no era un simple invitado, sino el Hijo de Dios que debía ser reconocido como el anfitrión de la fiesta. Como María solía aferrarse a las cosas divinas, “meditándolas en su corazón” (Lc. 2:19), debió pensar mucho en los sucesos de ese día. Todo parecía estar en orden, pero de repente se acabó el vino – una necesidad muy urgente; luego, su Hijo le expresó unas palabras (v. 4); a sus órdenes llenaron los cántaros hasta el borde; el maestro de ceremonias se sorprendió cuando probó el agua convertida en vino, y le dijo al novio que había “reservado el buen vino hasta ahora” (v. 10). La lección es esta: Cuando no le permitimos al Señor que tome el control de nuestras vidas, hogares y asambleas, habrá fracasos, a pesar de todos nuestros esfuerzos y buenas intenciones. Sin embargo, si dejamos que el Señor tome la iniciativa, y nos sometemos a él, haciendo lo que él dice, “el buen vino” fluirá y veremos algo de su gloria (v. 11).

Y así podemos contemplar a Cristo en los siete milagros registrados por Juan, en sus siete “Yo soy”, ¡y vemos cuán grande es él! Los comentarios adicionales de Juan a este hecho son bastante asombrosos: “Después de esto descendieron a Capernaum, él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días” (Jn. 2:12). Vemos la gracia de Cristo descendiendo para estar con los suyos. Jesús quiere permanecer con nosotros. Pero el mundo no estaba preparado para recibirlo entonces, y aún no lo está.

Alfred E. Bouter

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