El Señor Está Cerca

Día del Señor
11
Diciembre

Cuando alguna persona ofreciere oblación a Jehová, su ofrenda será flor de harina.

(Levítico 2:1)

Algunos sacrificios en Levítico (2)

En la oblación u ofrenda vegetal, no vemos derramamiento de sangre, sino aquello que nos presenta las perfecciones del Hombre Cristo Jesús en los días de su carne. Esta ofrenda estaba compuesta de flor de harina, aceite e incienso. La «flor de harina» representa la pureza inmaculada de Jesús; el «aceite» se mezclaba con ella para tipificar a Aquel que fue concebido por el Espíritu Santo, y el «aceite» derramado sobre la harina nos recuerda que Él fue ungido por el Espíritu Santo; mientras que el «incienso» es figura de las excelencias del Hombre Cristo Jesús.

Un puño lleno de flor de harina y todo el incienso era quemado sobre el altar, y producía un olor grato a Dios; porque todas las pruebas que Jesús atravesó (el fuego) solo resaltaron, conforme a la santidad divina, aquella perfección en la que Dios podía hallar un grato olor de reposo. Todo lo que había en Él, cada una de sus acciones y palabras, cada pisada suya, todas las actividades de aquella bendita Persona, fueron para la gloria de Dios. La ofrenda vegetal debía ofrecerse sin levadura, pues nada corruptible podía añadirse como tipo del puro e inmaculado Hijo de Dios, cuya carne no vio corrupción (Hec. 2:27). Tampoco debía añadirse miel a la ofrenda vegetal, pues lo que caracterizó al Hombre Cristo Jesús no fue simplemente la amabilidad, sino la perfección como Hombre según el corazón de Dios.

Lo que quedaba de la ofrenda vegetal lo comían los sacerdotes, Aarón y sus hijos. Era comida para los sacerdotes de Dios y debían comerlo en lugar santo. Como sacerdotes consagrados para Dios, los creyentes ahora se alimentan de Cristo, «el pan vivo que descendió del cielo» (Juan 6:51). El Padre envió a Aquel que es perfecto e inmaculado. ¡Qué preciosos pensamientos de comunión se despliegan delante nuestro por la mano de Dios! Es maravilloso que Él se nos presente como «el pan vivo que descendió del cielo», tanto para nuestra vida como para nuestro sustento.

H. H. Snell

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