Inédito Nuevo

La tibieza: ni frío ni caliente

Apocalipsis 3:15


person Autor: Walter Thomas TURPIN 2

flag Tema: Malos estados interiores


Sería inútil negar que atravesamos un período lleno de acontecimientos. Afirmar, que este día no es un día de dolor y de tristeza para todo corazón fiel a Cristo y que se interesa, aunque sea débilmente, por lo que le preocupa al Señor actualmente en la tierra, sería dar muestras de insensibilidad ante Su dolor.

1 - Seguir a un Cristo rechazado es la clave de la vida cristiana

La clave de nuestra situación actual reside en su rechazo. Es imposible seguir a Cristo si no se comprende esto; y si se comprende, no hay verdad más práctica ni más solemne. Lectores, deténganse y reflexionen sobre este hecho: ¿Bastará la eternidad para reemplazar este breve momento, esta hora del rechazo de Cristo?

2 - Las causas internas del estado laodicense

No piensen que quiero decir que solo las causas externas contribuyen a nuestro dolor y a nuestra perplejidad en este momento: sin duda es así en gran medida, pero creo que nuestro dolor proviene del estado interior más que del exterior. ¿Hay algo más triste que unos siervos que profesan servir al Señor, pero carecen de una devoción sincera hacia él? ¿Y que carecen de lealtad hacia él? ¿Que no comprenden lo que le deben? Ah, queridos lectores, son los santos, más que el mundo, los que en este momento hacen que nuestro camino sea doloroso y triste.

No quieren caminar con nosotros por el mismo camino; y si ustedes toman ese camino y les abandonan, le consideran un enemigo, incluso le exponen a la mirada del mundo no convertido, tras haberle tildado primero de extremista. Los que actúan así son santos, miembros del Cuerpo de Cristo, amados por Él; pero, por desgracia, tienen el carácter de Laodicea: ni fríos ni calientes, sino tibios. Si, por un instante, el dolor del que he hablado nos permite mirar hacia fuera, ¿qué vemos? Vemos asociaciones hostiles, sin duda mencionadas en las Escrituras, reuniendo sus fuerzas con energía y vigor. Vemos la voluntad de los hombres en acción.

3 - El peligro de una profesión cristiana ruidosa, pretenciosa y ostentosa, alejada de la realidad

Vemos claramente que Satanás es el señor de este mundo, que el diablo lo domina todo. Y vemos muchos desertores, hombres que “reconstruyen lo que habían destruido”, abandonando (al menos en apariencia) una posición que nunca llegaron a alcanzar realmente, principios que nunca adoptaron de verdad. Y además de eso, tenemos una profesión de amor por los santos ruidosa, pretenciosa y ostentosa, que solo existe en la imaginación de quienes la creen y que parecen no haber reflexionado nunca sobre las siguientes palabras: «En esto sabemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos» (1 Juan 5:2) y «El que ama a su hermano, permanece en la luz, y no hay causa de tropiezo en él» (1 Juan 2:10).

4 - Una caricatura del amor que esconde la infidelidad y el egoísmo

En los últimos días, solo quedaba caricaturizar el amor verdadero que viene de Dios. Ahora comprobarán que este «amor» consiste, con demasiada frecuencia, en un egoísmo que busca su propio interés, acompañado de una infidelidad manifiesta que cambia la gloria de Dios, los intereses de Cristo y de la Iglesia, por lo que se llama la paz, la unión la armonía. Es una artimaña evidente de Satanás, un intento de relegar la verdad a un segundo plano y de pervertir groseramente la Palabra del Señor Jesús: «Tened en vosotros mismos sal, y vivid en paz los unos con los otros» (Marcos 9:50).

5 - La falta de conciencia y de realidad de quienes se dicen cristianos

Hoy en día, el contraste es sorprendente entre la fraseología* y la posición pretendida, por un lado, y el caminar práctico de los santos, por otro. Hay mucho de “palabra y lengua”, pero en realidad muy poco «en acción y en verdad». ¡Qué imagen solemne se presenta ante ustedes cuando ponen uno al lado del otro la profesión cristiana manifestada y la práctica! No hay duda de que la tendencia actual es adoptar una forma avanzada de enunciado de la verdad, pero caminar como el mundo siempre lo ha hecho. Nunca se ha manifestado tanto la verdad incomprendida y no sentida como hoy. Por ejemplo, se oyen temas tan solemnes como la muerte y la resurrección, la venida del Señor, el juicio de Cristo, enseñados y predicados, que no tienen ninguna influencia en la conducta de quienes hablan de ellos. El pecado solemne de nuestra época es que los hombres no se dejan moldear por lo que sale tan fácilmente de su boca. Son así de elocuentes para condenarse a sí mismos: «dicen, y no hacen» (Mat.23:3). ¡Ay! Esto muestra la falta de conciencia y de realidad en aquellos que se dicen discípulos de un Señor rechazado.

*Nota del traductor: palabras ortodoxas convenidas.

6 - En el cristianismo puede existir una coherencia frecuente entre los principios carnales y la práctica

Sin duda hay santos que, desde su más tierna infancia, han sido criados en sistemas que no son más que una especie de perfeccionamiento de la carne, o incluso un cultivo de esta. El objetivo de todos estos sistemas es la mejor manera de salir adelante en esta vida. Existe una coherencia evidente entre estos principios carnales y su vida práctica. Se nos encoge el corazón al oír hablar de la muerte, de la resurrección, de la venida del Señor, por boca de hombres que solo se interesan por las cosas de la tierra, que especulan con grandes proyectos lucrativos, que anclan sus intereses en el mundo –en una palabra, que sirven al primer Adán.

7 - La estrategia actual del diablo para alterar la verdad es la imitación

Queridos lectores, el corazón se entristece ante tales cosas. Se recuerda la causa con estas solemnes palabras: «De la manera que Janes y Jambres se opusieron a Moisés, así también estos se oponen a la verdad» (2 Tim. 3:8). No hace falta decir que fue mediante la imitación como se combatió la verdad en tiempos de Moisés; lo mismo ocurre hoy. Esa es la estrategia de Satanás en la actualidad, y conoce bien su eficacia. Por este medio, intenta no solo desacreditar la verdad misma, sino también menospreciar su testimonio. Y tal vez no sea inútil decir aquí que ahí reside la verdadera dificultad de las almas en la actualidad.

8 - El vínculo real entre la posición y la condición personal del creyente lo determina todo

Es la condición del creyente la que confirma (o no) su posición. No niego en absoluto que un alma pueda estar en el lugar adecuado o en la posición correcta, es decir, en el lugar que le corresponde a cada alma en la tierra, mientras que está gravemente deficiente en su condición moral; pero afirmo con gran firmeza, y la observación y la experiencia lo demuestran, que la dificultad que hoy en día suelen encontrar los santos en relación con su posición proviene de la condición o del estado en que se encuentra su alma en ese momento. Por ejemplo, ¿cómo podemos esperar de un santo que solo se interesa por sí mismo que tenga la más mínima idea de lo que se le debe a Cristo, de Su visión de los miembros de su Cuerpo en la tierra? La Biblia nos muestra que existe una condición del alma capaz de entrar en el espíritu y los pensamientos de Dios, una condición necesaria para que Dios comunique su pensamiento. Así como lo contrario, a saber, que existe una condición incapaz de captar el Espíritu de Dios, a la que él no comunica sus pensamientos.

9 - Explicación solemne de Levítico 10:8-10

¿Qué significa una palabra tan solemne como la de Levítico 10:8-10?: «Y Jehová habló a Aarón, diciendo: Tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio». ¿No nos parecen solemnes estas palabras hoy en día? ¿No nos revelan el secreto de nuestra incapacidad para comprender el pensamiento de Dios y discernir sus caminos? Que el Señor nos ayude a meditar esta exhortación grave, solemne y que nos invita a la introspección. ¿No es el mundo la causa de la conducta y de las dificultades de los santos en la actualidad? Comprobamos que, casi sin excepción, son o bien los que desean volver al mundo, o bien los que nunca han salido de él y desean permanecer en él, los que son incapaces de ver lo que agrada a Dios y lo que no le agrada. Rebajan el nivel de la pureza y de la santidad divinas al nivel de la miserable condición del hombre.

10 - La libertad cristiana se entiende muy mal

¿No tiene nada que decir la voluntad propia sobre las perplejidades actuales de los santos? Se les oye hablar de su libertad y otras cosas por el estilo. En realidad, eso significa la libertad para uno mismo. Si fuera la libertad del Espíritu Santo, se manifestaría un orden de cosas diferente; pero lo que está en juego es el «yo» y la búsqueda de lo que le satisface.

11 - Nuestra muerte con Cristo, un hecho que hay que comprender por la fe y vivir

Ahora, volviendo a nuestro tema, permítanme decir que la verdad de Dios de la que he hablado no es lo que muchos creen: un credo divino que exige adhesión. No, de lo que hablo no es una cuestión de adhesión, de experiencia o de conocimientos adquiridos, sino una realidad solemne, un estado personal real, en el que se encuentra toda alma que simplemente se apoya en la redención. Cuando el Señor Jesús descendió al juicio, no solo resolvió la cuestión de mis pecados, sino que puso fin a la historia del hombre en la carne ante Dios. En una palabra, fue el fin de la historia del primer Adán. Por lo tanto, todo vínculo con la antigua creación se rompió con su muerte, y si tengo que ver con él, debe ser fuera de ese marco. Lo repito, es un hecho, y tiene como objetivo formarme e impregnar mi vida. Mi estado interior determina que estoy en camino. ¿Es cierto que la cruz del Señor Jesucristo, la muerte del Señor Jesucristo fue el juicio del primer hombre? Si es así, entonces el primer hombre desapareció en el juicio. Me encuentro en una nueva situación, ahora estoy vinculado en mi vida, por el Espíritu Santo, a Aquel mismo que descendió a la muerte y llevó el juicio, y que resucitó. Para la fe, el primer Adán desapareció en el juicio, y la nueva situación ocupó su lugar. Lo repito, no es un simple sentimiento, es un hecho, aprehendido y comprendido por la fe. Toda la conducta del cristiano debe partir de ahí, y no ir hacia allí. Es decir, debo caminar aquí olvidándome de mí mismo, porque ahora estoy satisfecho con Cristo en la gloria por medio del Espíritu Santo, habiendo sido juzgado y apartado mi viejo hombre en la cruz. El Señor, en su gracia, pone esto claramente ante los ojos del alma, para que el poder y el gozo que de ello se derivan puedan llenar cada corazón.

12 - ¿Es la venida de Cristo realmente una esperanza viva en nuestras almas?

Otro tema que es objeto de debate en la actualidad es la segunda venida del Señor. Observemos hasta qué punto se ha difundido esta verdad en los últimos tiempos, en comparación con años anteriores. Hoy en día se encuentra a mucha gente que, para demostrar su ortodoxia, afirma creer en este advenimiento (como lo llaman fríamente), pero su estado muestra que es fácil profesar esta verdad sin comprender su alcance en nuestra vida. No es una verdad en su poder, ni una verdad aprendida de Dios. Afirmamos como indiscutible que esta esperanza no es una esperanza viva y presente en un corazón, si este no siente ahora mismo la ausencia de Cristo.

13 - La explicación de Juan 17:19

Queridos lectores, ¡cuán poco sienten muchos cristianos Su ausencia; cuán débilmente captan nuestros afectos sus propias palabras benditas! «Por ellos me santifico a mí mismo», es como si dijera: “Me alejo de esta escena para separaros de ella”. Es imposible entrar en esta perspectiva, estar en la verdad de la ausencia de Cristo en la tierra y ser mundano. ¡Cuán poco se comprende, se percibe y se siente su ausencia! ¿Podría el corazón que le es fiel y que le conoce como el único objeto satisfactorio, descansar en algo en este mundo donde ha sido rechazado y del que se ha marchado? ¡Imposible! ¿Dónde está la lealtad del corazón hacia Cristo, que rechaza un lugar en la tierra donde ha sido despreciado y renegado?

14 - ¿Es Cristo un simple siervo de nuestras necesidades o mucho más?

Fíjense bien que no se trata en absoluto de poner en duda el bien que las almas han obtenido y recibido de Cristo. Pero esto hace aún más triste que se le considere y utilice como un simple siervo que satisface nuestras necesidades, y no por lo que es en sí mismo.

Ma doy cuenta, cada día más, que las predicaciones están tan poco centradas en Cristo, que las almas han perdido la percepción de lo que Él es en su Persona, debido a la importancia abrumadora que se concede a las bendiciones que él nos trae. En una palabra, la evangelización moderna consiste en predicar la salvación y no a Cristo. La consecuencia es la debilidad del corazón y de los sentimientos hacia su Persona, una escasa estima por lo que se le debe. Las almas obtienen la salvación. Son salvas, pero no conocen el llamado celestial del cristiano.

15 - ¿Qué hay de nuestro amor por Cristo? ¿Y de su próxima venida para nuestros corazones?

Es aún más triste para el corazón comprobar hasta qué punto el afecto de Cristo por nosotros es a menudo tan poco recíproco. En la víspera misma de su partida, el Señor pronunció las preciosas palabras de Juan 14. Dijo una palabra, la única que puede consolar a un corazón sincero en su amor por Él: «Vendré otra vez» (v. 3). Contaba con esta palabra de consuelo para llenar el vacío que su ausencia crearía en el corazón de los suyos. Como alguien ha señalado muy acertadamente, hay 2 «Vengo a vosotros» en Juan 14. La presencia del Espíritu Santo es el cumplimiento del primero (v. 18), y la venida del Señor Jesús, en 1 Tesalonicenses 4, será el cumplimiento del otro (v. 28). Y añado: su regreso tendrá poca importancia para mi alma si no he comprendido que él vino a mí en la persona del Espíritu Santo enviado del cielo. Nunca he conocido a nadie que, al comprender y disfrutar de la primera presencia, no se regocijara en la esperanza de la segunda.

16 - Ídolos ocupan el lugar de Cristo en los corazones

Pero, queridos lectores, ¿cuántos otros objetos han ocupado el lugar de Cristo en el corazón de su pueblo salvado? El yo, la codicia, la posición social, el espíritu del mundo y sus distracciones, se disputan el lugar y logran excluir, prácticamente, a Cristo del corazón. Su ausencia de la tierra no se siente y, por consiguiente, su regreso no es más que una doctrina pobre y fría, y no una realidad viva en el corazón.

17 - El bello ejemplo de los tesalonicenses

Cuando nos volvemos hacia la historia primitiva de la Iglesia, ¡qué contraste! Pablo escribe a los tesalonicenses: «Llegasteis a ser imitadores nuestros y del Señor». «Hasta llegar a ser modelos para los creyentes». «A partir de vosotros ha resonado la palabra del Señor». «Vuestra fe se ha divulgado, de modo que nosotros no tenemos necesidad de decir algo». «Os volvisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y para esperar de los cielos a su Hijo» (1 Tes. 1:6-10)). ¡Qué imagen! ¡Qué contraste con lo que vivimos hoy! Vemos que la esperanza de la venida del Señor era tan fuerte, tan presente y real en el corazón de esos santos de Tesalónica que el apóstol escribe (cap. 4) para consolar a los que estaban abatidos porque la muerte, en lugar de la venida del Señor, les había arrebatado a sus seres queridos. ¡Qué contraste con el tiempo presente!

18 - Abandonarse y aferrarse a Cristo, el verdadero remedio contra la tibieza

Los santos depositan a sus muertos en la tumba y lloran su ausencia, no porque el Señor no haya venido, sino porque se han roto los lazos en la tierra, algo que el tiempo suele curar. Se forman nuevos lazos con el mundo, y todo vuelve a ser en el corazón como antes. Se olvida la ausencia de Cristo, y el vacío creado por su ausencia se llena con otras cosas. Oh, que estemos más llenos de este sentimiento de la ausencia de Cristo con las manifestaciones correspondientes que convienen a quienes anuncian cada domingo en la Mesa del Señor su muerte, por la cual no solo se quita el pecado, sino que se rompen todos los lazos con este mundo. Me gustaría decir, para concluir, que el remedio para esta tibieza y toda esta tristeza es sencillo. Lo que necesitan las almas es un abandono más total de todo por Cristo, una consideración y un amor por él mismo por encima de todo lo demás –no solo despojarse por Cristo, sino abandonarse a él–, aferrarse firmemente a su Palabra y no renegar de su nombre.

19 - Mefiboset y el rey David, un ejemplo tan hermoso (2 Sam. 19:29-30)

Que el Señor preserve a su pueblo del espíritu de Laodicea en estos días. Qué bendición es cuando el objeto que llena el corazón ocupa el alma y domina los afectos es Jesús.

Como Mefiboset durante la ausencia de David. Nada puede llenar el vacío que la ausencia de David crea en su corazón, y por eso se comporta de una manera que corresponde a una verdadera tristeza y a un sentimiento de pérdida; pero cuando David regresa, solo él llena el vacío en el corazón de Mefiboset: sus afectos tienen ahora un objeto hacia el cual volverse. «Yo he determinado que tú y Siba os dividáis las tierras», fueron las palabras del rey. La respuesta de Mefiboset fue: «Deja que él las tome todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa». No quiere nada más, pero no puede conformarse con menos. Como hemos dicho, un solo objeto satisface su corazón y domina su afecto.

Que el Padre conceda a su amado pueblo, en estos últimos tiempos, ser más sincero, íntegro y devoto a su bendito Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amén.

¡Oh tú, el paciente, el sin mancha!
Moldea nuestros corazones con dulzura,
para llevar tu yugo y aprender de ti,
a fin de que podamos hallar descanso.

¡Jesús! Tú eres suficiente
para llenar el espíritu y el corazón;
tu vida apacigua el alma ansiosa;
tu amor disipa su temor.

Oh, fija nuestra mirada sincera
por completo en ti, Señor,
para que, cautivados por tu belleza,
no miremos a ningún otro lugar.”