Inédito Nuevo

Una torta de pan de cebada


person Autor: John Nelson DARBY 116


Traducido de «Le Messager Évangélique», año 1988, página 130

«He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó» (Jueces 7:13).

El ánimo de Dios nunca se da para engrandecer la carne. Todo orgullo y toda presunción deben haber recibido el golpe de muerte. Cuando Dios quiere mostrar a su querido siervo las cosas que van a suceder y su intención de golpear a los madianitas como si fueran un solo hombre, le da la sensación de que, en sí mismo, no es más que un «pan de cebada». ¿Y no hay en ello una lección para nosotros mismos? Si los cristianos se despojaran de su mundanidad, si se parecieran más al «pan de cebada» –lo más común que hay– el mundo les tendría más temor. Pero nos hemos revestido de sus adornos y hemos deseado su consideración, de tal manera que él piensa que estamos obligados a buscar su ayuda.

Existe un celo de mala índole que a menudo se encuentra entre nosotros y que nos empuja a preguntarnos: “¿Cómo podría dar testimonio?” Que cada creyente busque más bien manifestar el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús.

Si un hombre se preocupara constantemente por demostrar que es un hombre honrado, empezaríamos a sospechar de él; del mismo modo, si alguien se esfuerza continuamente por demostrar que es cristiano, cabe dudar de que conozca gran cosa del pensamiento de Cristo. Conformémonos simplemente con un cristianismo que tema a Dios y lo reconozca, y, aunque por fuera no parezcamos más que una hogaza de pan de cebada, el mundo sentirá hacia nosotros lo mismo que el madianita cuando reconoció a Gedeón en el sueño de su compañero.


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