Índice general
La primera unión
Génesis 1 y 2
Autor: Biblicom 64 (ET)
Tema: Matrimonio
Traducido de «Le Messager Évangélique», año 2025, página 3
0 - Prólogo
Las Escrituras están repletas de valiosas enseñanzas y ejemplos sobre el matrimonio. Entre ellos, 3 matrimonios, o bodas, relacionados con nuestro Señor, merecen una atención especial:
- La primera, la de Adán y Eva, al principio del Génesis.
- La última, las bodas del Cordero, al final del Apocalipsis.
- Entre estos 2 acontecimientos, las bodas de Caná, en Galilea, donde nuestro Señor, como invitado, convirtió el agua en vino.
En el Génesis, Jehová formó (o «construyó») a la mujer y la llevó al hombre, instituyendo así el matrimonio. En el Apocalipsis, el propio Señor es el Esposo. Esto revela una dimensión extraordinaria: el matrimonio le concierne directamente. En el episodio de las bodas de Caná, hay un invitado que vela por que el gozo no cese, sino que se intensifique. En sentido figurado, esto significa que, cuando el gozo conyugal parece agotarse, Él es quien puede renovarlo de una manera aún más profunda.
El matrimonio evoca inmediatamente el amor, pero también merecen reflexión otros aspectos esenciales. El relato de Génesis 1 y 2, en el que nos detendremos ahora, pone de relieve varias dimensiones fundamentales de la unión entre un hombre y una mujer, según la Palabra de Dios.
1 - «Varón y hembra los creó» – La diferencia (Gén. 1:27)
Dios creó al hombre y a la mujer diferentes, tanto exterior como interiormente. Esta distinción no implica ni superioridad ni inferioridad, sino que subraya algo esencial. Las diferencias entre los pensamientos, las emociones y las reacciones del hombre y de la mujer deben reconocerse y respetarse. Es fundamental no esperar que el otro reaccione como uno mismo, sino apreciar esta diversidad como un enriquecimiento mutuo.
2 - «No es bueno que el hombre esté solo» — Compañía y comunión (Gén. 2:18)
El matrimonio tiene como finalidad proporcionar al hombre una compañía. La mujer está, por tanto, destinada a compartir sus pensamientos, sus afectos y sus sentimientos. Dios quiere que el marido y la mujer pasen tiempo juntos, se comuniquen y se apoyen mutuamente. La expresión de 1 Pedro 3:7 «vivid con ellas con inteligencia» ilustra esta idea. Del mismo modo, Rut 3:1 revela que el matrimonio debe ofrecer descanso y felicidad a la mujer. Los maridos pueden preguntarse si sus esposas encuentran ese descanso y ese gozo a su lado.
3 - «Le haré ayuda idónea para él» — Actividad, apoyo y complementariedad (Gén. 2:18)
De este pasaje se desprenden 3 elementos.
- En primer lugar, Adán tenía una responsabilidad en el jardín en Edén: cultivar y cuidar. Estos verbos son como un resumen de lo que Dios espera de cada uno de nosotros: todo lo que nos confía, desea que lo hagamos fructificar (cultivar), y también que lo mantengamos firme y velemos por preservarlo de cualquier ataque (cuidar).
- En segundo lugar, Dios proporciona a Adán una ayuda indispensable en la persona de la mujer. Él no podía hacer frente solo a sus responsabilidades.
- Por último, esta ayuda es complementaria, es decir, aporta al hombre exactamente lo que le falta. Esta complementariedad subraya la interdependencia en la pareja, donde cada uno se enriquece con las cualidades del otro. Eclesiastés 4:9-12 ilustra esta ayuda mutua en el trabajo, las pruebas y las luchas de la vida.
4 - «Tomó una de sus costillas» – Amor y protección (Gén. 2:21)
La costilla, situada cerca del corazón y debajo del brazo, ilustra tanto el amor como la protección que el marido debe ofrecer a su esposa. Efesios 5:29 evoca estas responsabilidades con los términos «sustentar» y «cuidar». Esto implica satisfacer las necesidades de su mujer, pero también crear un entorno en el que ella se sienta segura y satisfecha.
5 - «Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne» – Satisfacción e identificación (Gén. 2:23)
Las palabras de Adán expresan una profunda satisfacción y una identificación total con su esposa. Ella es parte de sí mismo, y esta relación exige que él la considere con gratitud y como algo inseparable de sí mismo. Efesios 5:29 y 30 y 1 Corintios 7:3 y 4 subrayan la necesidad de una relación recíproca y de respeto mutuo en el matrimonio.
6 - «Dejará el hombre a su padre y a su madre» — Ruptura, autonomía y madurez (Gén. 2:24)
El matrimonio marca una ruptura con la autoridad parental para formar una nueva unidad familiar. Esta ruptura no afecta, por supuesto, al afecto hacia los padres, sino que refleja una nueva autonomía. Esta transición implica, en particular, madurez espiritual, emocional y económica. El marido se convierte en cabeza de familia, tomando decisiones con responsabilidad. Esta autonomía refuerza el vínculo exclusivo entre los cónyuges.
7 - «Y se unirá a su mujer»: Fidelidad y exclusividad (Gén. 2:24)
El matrimonio se basa en la fidelidad y la exclusividad en el amor.
El Cantar de los Cantares 4:9-12 ilustra esto mediante imágenes de gozo, de felicidad y de frescor (jardín, manantial y fuente) en el marco de la exclusividad (huerto, cerrada, sellada). El amor según Dios se caracteriza por la felicidad mutua y una lealtad inquebrantable.
Rebeca, al cubrirse el rostro (Gén. 24:64-65), también manifiesta esta exclusividad reservada a su marido.
Hay que subrayar que siempre se trata de un hombre y una mujer. La Biblia dice que cualquier otra unión que no sea la de un hombre y una mujer es una abominación a los ojos de Dios (Rom. 1:26-27).
8 - «Serán una sola carne» — Unidad completa (Gén. 2:24)
El matrimonio une a los cónyuges en espíritu, alma y cuerpo (vean 1 Tes. 5:23). Esta unidad incluye una dimensión espiritual y emocional, antes de expresarse corporalmente. Génesis 4:1 utiliza el verbo “conocer” para describir la unión conyugal, lo que subraya una relación integral e íntima.
9 - «Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer»: Transparencia (Gén. 2:25)
La desnudez de Adán y Eva simboliza una transparencia total entre los cónyuges. No se ocultan nada el uno al otro, sino que comparten abiertamente pensamientos, emociones y proyectos.
Insistamos en este punto, pues, bajo la influencia del mundo, incluso algunos consejeros cristianos recomiendan a los cónyuges que mantengan su “jardín secreto”, una forma de “vida privada” de la que quedaría excluido el otro cónyuge. Esto no se ajusta al pensamiento de Dios para la pareja.
Esta transparencia es esencial para una relación sana y auténtica. Esto implica también la confesión y el perdón cuando sea necesario.
10 - «Fructificad y multiplicaos» – Fecundidad (Gén. 1:28)
Dios pide a los cónyuges, cuando Él lo permite, que den fruto, no solo mediante el nacimiento de hijos, sino sin duda también mediante su educación en la fe. Malaquías 2:15 recuerda lo que Dios busca a través del matrimonio de los suyos: una «descendencia para Dios», es decir, descendientes que vivan en el amor y el temor de Dios.
Así, las Escrituras nos ofrecen, ya desde los primeros capítulos del Génesis, una visión rica y profunda de la relación entre el hombre y la mujer, basada en la complementariedad, el amor, la fidelidad y la comunión. Quienes, en dependencia de Dios, busquen ajustarse a este modelo divino del matrimonio, sin duda disfrutarán de una gran bendición.