Inédito Nuevo

La seguridad en la huida


person Autor: Words of Help 1

flag Tema: Las exhortaciones


Traducido de «Le Messager Évangélique», año 1932

Los peligros que nos acechan mientras nos dirigimos hacia la gloria son tan numerosos que necesitamos una vigilancia constante para no caer en el pecado.

Satanás es nuestro gran adversario. Pero está escrito para nuestro ánimo: «Resistid al diablo, y huirá de vosotros» (Sant. 4:7). Tenemos que librar la buena batalla de la fe mientras estamos en este mundo, y esta batalla no cesará hasta que hayamos llegado al final de nuestro viaje. Leemos en Apocalipsis 21:7: «El que venza heredará estas cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo».

Pero la victoria no siempre se consigue mediante la resistencia o la lucha. En muchos casos, la única seguridad se encuentra en la huida. Por eso encontramos tan a menudo la palabra “huid” en las exhortaciones del Nuevo Testamento. Y podemos estar seguros de que cuando Dios dice: “Huid”, el peligro es real, y cualquier vacilación a la hora de seguir este precepto puede ser desastrosa. La Palabra de Dios nos muestra claramente que, si no prestamos atención a sus advertencias, caeremos. ¡Escuchemos, pues, con seriedad la exhortación de Dios cuando nos ordena huir!

Leamos con atención los pasajes donde se encuentra esta advertencia. En Juan 10:5 aprendemos que debemos huir del pastor extraño; en 1 Corintios 6:18, se nos llama a huir de la fornicación; en 1 Corintios 10:14, de la idolatría; en 1 Timoteo 6:11, del amor al dinero y de todo lo que ello conlleva; en 2 Timoteo 2:22, de los deseos de la juventud.

Veamos ahora la enseñanza que podemos extraer de ello para nuestra vida cristiana.

Muchos creyentes han caído en el pecado porque pensaban que eran lo suficientemente fuertes como para resistir el mal sin huir de él. No apartaron sus ojos del mal, y el resultado fue que sucumbieron a la tentación y cayeron en el pecado.

David cayó en los pecados más terribles, desde la lujuria hasta el asesinato, pasando por el robo y la mentira, todo ello porque no apartó sus ojos cuando la tentación se presentó mientras paseaba por el tejado de su casa.

José, sin embargo, huyó inmediatamente cuando se presentó la tentación y así escapó de caer.

En Juan 10:5, el Señor Jesús dice que sus ovejas le siguen porque conocen su voz. Pero, añade, «al extraño no seguirán, sino antes huirán de él; porque no conocen la voz de los extraños». Esto no es una advertencia, sino simplemente la comprobación de los rasgos positivos y negativos de sus ovejas. La vida eterna que él les da se manifiesta de 2 maneras: ellas le siguen, el Buen Pastor, y huyen lejos de un extraño.

Antes de la venida del Señor, varios pastores falsos habían llegado a Israel, pero sus ovejas no los habían escuchado. Luego, él mismo vino, y enseguida sus ovejas, conociendo su voz, le siguieron.

Cuando el Señor nos dice que las ovejas huyen naturalmente de un extraño, nos recuerda cómo debemos comportarnos ante aquellos que no traen la doctrina de Cristo. ¿Hemos huido siempre de los pastores extraños? Quizás todos hemos prestado oído demasiado aprisa a lo que tenían que decir. Si nos dejamos guiar por las sugerencias del Espíritu Santo, sin duda huiremos de un extraño.

A menudo se cita 1 Tesalonicenses 5:21 como excusa para seguir a un pastor extraño: «Examinadlo todo; retened lo bueno». Se lee la palabra «examinadlo» como si fuera “analizadlo”, pero no es así. Si leemos este pasaje junto con el resto del capítulo, veremos que no se nos invita a examinar todas las cosas del mundo; sino que se nos exhorta a no apagar, con una crítica malintencionada, la obra del Espíritu en nuestras reuniones, y a no menospreciar las profecías; se nos exhorta a no aceptar todo lo que se dice, sino a probarlo todo y a retener lo que es bueno, haciéndonoslo propio para obtener bendición de ello. En otras palabras, en lugar de desear examinar tantas cosas como sea posible, debemos huir de los extraños.

Hoy en día existe un gran peligro en escuchar a pastores extraños. Se predican doctrinas muy peligrosas de la manera más atractiva. El Enemigo sabe muy bien que, así como una hermosa exhibición atrae a muchos espectadores, también palabras hermosas, hábilmente presentadas, atraen a los oyentes. A menudo es la curiosidad la que nos lleva hacia esos extraños, y tal vez también el deseo de parecer bien informados y de pasar por personas de mente abierta. Estamos al tanto de muchas cosas del mundo que sería mejor no saber, pero tememos que nos tachen de ignorantes. La Palabra de Dios debería decidir por nosotros, en todas las circunstancias. El Señor nos dice a cada uno de nosotros: “Si sois mis ovejas, espero que huyáis del extranjero”.

Corremos el riesgo de escuchar la voz del extranjero cuando leemos ciertos libros que nos recomiendan. Muchos libros, bajo un bonito título y con la pretensión de ser religiosos, esconden un veneno peligroso. Sin embargo, a menudo deseamos examinar en secreto lo que dicen esos libros, olvidando que el Señor nos ha dicho que huyamos.

¡Cuántas cosas malas se difunden también por los medios de información! Sabemos que hay muchas cosas buenas, pero la experiencia ha demostrado que incluso en las familias cristianas se escuchan muchas cosas de las que deberíamos huir. Estemos atentos, no sea que una curiosidad natural nos lleve a desear lo que es del mundo, despreciando así la advertencia de la Palabra de Dios: “Huid”.

Además, el hecho de no huir es una prueba de confianza en uno mismo, y si ese sentimiento no es juzgado, nos traerá dificultades.

¡Cuántos son los que se han dejado seducir por los razonamientos de su propio corazón y se han apartado así de la verdad!

El mero hecho de escuchar la voz de un extraño es una prueba de que la vida espiritual no es lo que debería ser; la siguiente anécdota lo ilustra. Un viajero llegó un día en Oriente, a un lugar donde los pastores daban de beber a sus ovejas. Resultó que aquel día se habían reunido allí 3 pastores, y sus rebaños estaban completamente mezclados a la orilla del agua. Al contemplar esta escena, el viajero se preguntaba cómo podrían los pastores reconocer cada uno sus propias ovejas. Pero cuando los animales saciaron su sed, uno de los pastores tomó su bastón y gritó: “Mehn-ah” (que significa: seguidme), e inmediatamente sus ovejas se separaron de las demás y lo siguieron. Luego, otro de los pastores gritó “Mehn-ah”, y al instante sus ovejas lo siguieron. Al ver esto, el viajero le preguntó al tercer pastor si las ovejas lo seguirían a él, el extranjero, si gritaba: “Mehn-ah”. El pastor negó con la cabeza, pero respondió: “Puede intentarlo si quiere”. Para asegurarse el éxito, el viajero comenzó por ponerse el manto del pastor, enrollarse su turbante alrededor de la cabeza y tomar su bastón en la mano. Pero cuando, así disfrazado, gritó “Mehn-ah, mehn-ah”, las ovejas se quedaron donde estaban: algunas lo miraron con asombro, pero ninguna lo siguió. “¿Nunca siguen a otro pastor?”, preguntó entonces. “Sí, a veces”, fue la significativa respuesta, “«pero solo cuando están enfermas”.

¡Solo cuando están enfermas! ¡Qué solemne advertencia para nosotros en estas palabras del pastor oriental! Si nuestra alma goza de buena salud, nos preservaremos de seguir a nadie más que al Buen Pastor.

Quizás alguien diga: “No tengo intención de seguir a un pastor extraño. ¡Lejos de mí tal pensamiento! Gracias a Dios conozco la verdad, comprendo Su voluntad y estoy decidido a permanecer en la verdad”.

¡Con qué facilidad creemos que basta con una voluntad firme! Pensamos que podemos cuidarnos a nosotros mismos. Pero cuando estamos puestos a prueba, descubrimos cuán débiles somos, y así aprendemos por experiencia que la única manera de estar a salvo es prestar atención a la voz del Buen Pastor. Él nos conoce perfectamente y sabe qué grandes peligros se alzan incluso en nuestros propios corazones. Y por eso, él desea que huyamos de cualquier otro pastor y que solo le sigamos a él. Si obedecemos a su voz, estaremos guardados del mal.

Pero debemos conocer Su voz. Debemos esforzarnos por aferrarnos más firmemente a la verdad leyendo las Escrituras con oración y buscando la ayuda de quienes exponen fielmente la Palabra de Dios, ya sea oralmente o por escrito. Si deseamos sinceramente honrar al Señor Jesús, examinemos nuestros caminos y preguntémonos: “¿Qué estoy escuchando? ¿Qué estoy leyendo? ¿Me bastan el Señor y su Palabra?” Si seguimos al Buen Pastor con sencillez de corazón, prestando atención a su voz y huyendo lejos del extraño, por muy atractivo que sea, estaremos a salvo y experimentaremos la verdad de esta palabra del Señor: «El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12). Podremos avanzar en medio de los peligros y las dificultades del camino, en feliz comunión con el Señor, hasta que, al final de la carrera, nos durmamos en Cristo, o, lo que sería aún más precioso, seamos arrebatados al encuentro del Señor en el aire. ¡Pasar así de la tierra al cielo sin morir! Y todos juntos, los que resuciten y los que sean transformados, rodearemos al Señor Jesús, entraremos con él en la Casa del Padre y encontraremos nuestro gozo en él por la eternidad.


arrow_upward Arriba