Índice general
El aposento
Marcos 14:12-16
Autor: Friedhelm RUNKEL 4
Traducido de «Le Messager Évangélique», año 2005, página 77
0 - Introducción
Cuando los discípulos preguntaron al Señor: «¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la Pascua?», él les responde: «Id a la ciudad y saldrá a vuestro encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle. Donde entre, decid al dueño de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está mi aposento en el que pueda comer la Pascua con mis discípulos? Él os mostrará un gran aposento alto, amueblado y listo».
Aunque la iniciativa parece partir aquí de los discípulos, estos no le hacen ninguna propuesta al Señor. Le dejan elegir y designar el lugar donde desea tener comunión con ellos.
La última cena que el Señor tomó con sus discípulos evoca en nuestros corazones el lugar donde los creyentes pueden tener comunión con él y entre ellos. Dejémonos instruir acerca de este lugar de reunión por lo que el Evangelio nos relata de esta escena.
1 - El aposento
El Señor llama «aposento» a la habitación en la que desea reunirse con sus discípulos. Esta expresión puede sorprendernos, ya que nuestro Salvador se nos presenta en los Evangelios como aquel que no tiene dónde recostar la cabeza, a diferencia de las zorras y las aves, que tienen su guarida y su nido. Pero, por otra parte, es Aquel de quien dice el salmista: «Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados… Porque mío es el mundo y su plenitud» (Sal 50:10, 12). Él es el Creador del universo. Todas las cosas están a su disposición y tiene derecho, por lo tanto, a hablar de su «aposento».
En cuanto a la reunión de los creyentes, debemos recordar que es el Señor quien tiene la autoridad exclusiva. Por medio de su Espíritu, desea dirigir todas las cosas, para que todo se haga de una manera que le agrade y le glorifique, y para que todo sea para el bien y la bendición de los creyentes que se reúnen a su alrededor. Se trata de su «aposento». Él nos invita allí para que estemos en su presencia, y allí se preocupa por el bien espiritual de sus huéspedes.
Recordemos, cuando nos reunimos a su alrededor, que somos sus invitados, que debemos depender únicamente de él, para que sea realmente él quien dirija el desarrollo de las reuniones.
Para quienes participan regularmente en el servicio, ya sea presentando la Palabra, expresando una oración o indicando un himno, a veces existe el peligro de perder esto de vista. Mantengámonos muy conscientes de su presencia, y no olvidemos preguntarnos siempre: ¿es lo que tengo ante mí realmente la voluntad del Señor, del dueño de la casa?; ¿me corresponde a mí presentar o leer lo que tengo en el corazón en este momento?
2 - Con mis discípulos
Los invitados que el Señor Jesús quería recibir en su «aposento» eran sus discípulos. No eran personalidades destacadas de la época, sino hombres a los que él mismo había elegido «para que estuviesen con él» (Marcos 3:14). De este modo, muestra su deseo de tener comunión con aquellos que responden a su invitación. Cuando las personas tienen comunión entre sí, pueden conversar sobre temas de interés común. Podemos tener comunión con el Hijo acerca de todo lo que hemos recibido por medio de él, y acerca de su Padre, que se ha convertido en nuestro Padre. Y podemos tener comunión con el Padre al ocuparnos de su Hijo, nuestro Señor y Salvador (comp. con Juan 20:17).
¿No es maravilloso que personas divinas deseen tener comunión con seres que antes eran pecadores perdidos? El apóstol Pablo escribe: «Fiel es Dios, por quien fuisteis llamados a la comunión de su Hijo Jesucristo nuestro Señor» (1 Cor. 1:9). Y Juan escribe al respecto: «Con certidumbre, nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Juan 1:3).
En la reunión de los creyentes, no se trata solo de la comunión personal con Dios, sino de una comunión colectiva con las personas divinas, realizada en la presencia del Señor Jesús. ¡Que el deseo de nuestro corazón sea reunirnos, con renovado gozo, allí donde nuestro Dios desea tener comunión con nosotros!
3 - Una gran sala
La sala donde el Señor quería reunirse con sus discípulos tenía espacio suficiente para todos. Se dice expresamente que era una gran sala.
Aún hoy, el Señor Jesús invita a todos los creyentes sin excepción a reunirse a su alrededor con toda sencillez, para ser bendecidos y edificados en su presencia. El acceso está abierto a todos y hay sitio para todos los que respondan a su invitación.
Como indica una nota adjunta a Marcos 14:15, el término utilizado designa “una sala en el piso superior, que servía de comedor”. En la Biblia se habla en varias ocasiones de un aposento alto. Los profetas Elías, Eliseo y Daniel se retiraban a una sala alta para orar y buscar la comunión con su Dios (1 Reyes 17:19; 2 Reyes 4:10, 33; Dan. 6:10). También encontramos esta expresión en el Nuevo Testamento. Los primeros cristianos se reunían en un aposento alto para orar y anunciar la Palabra (Hec. 1:12-14; 20:7-8). Al parecer, estas salas, situadas en la planta superior, se utilizaban para retirarse y alejarse de las actividades de la vida cotidiana. En Hechos 10:9, vemos a Pedro subir al tejado de la casa de sus anfitriones, en Jope, para poder orar sin ser molestado.
¿Qué nos enseña este aposento alto? Que, en la presencia del Señor Jesús, debemos dejar de lado las cosas que conciernen a nuestra vida terrenal para ocuparnos únicamente de Aquel que quiere darnos el alimento espiritual que necesitamos. ¡Cuántas veces, ay!, cuando nos encontramos en la presencia del Señor, nuestros pensamientos se distraen con todo tipo de preocupaciones relacionadas con nuestra vida terrenal. Y eso nos impide disfrutar de una plena comunión con el Señor. Pidámosle, antes de acudir a las reuniones, que nos ayude a fijar nuestra atención en su persona.
4 - Una habitación amueblada, toda preparada
Vemos aquí el cuidado del Señor hacia sus discípulos. Quería tenerlos junto a él en una habitación amueblada y no en una habitación vacía e incómoda. Esto nos dice que el Señor desea nuestro bienestar; quiere que disfrutemos del descanso en su presencia.
Porque junto a él se encuentra un descanso que nada puede perturbar. Él ya nos ha dado el descanso de la conciencia y junto a él encontramos el descanso para nuestros corazones (Mat. 11:28-29). Disfrutar de la comunión con él, cuando nos encontramos en su presencia, es un anticipo de lo que nos espera en la gloria de la Casa del Padre. Él dijo: «Os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3).
Esta habitación no tuvo que ser preparada ni acondicionada de antemano. Estaba lista para el encuentro del Señor con sus discípulos. Del mismo modo, la reunión en torno al Señor no debe ser planificada ni organizada de antemano por los hombres. Todo está ya preparado. La Palabra contiene todas las enseñanzas necesarias para mostrarnos cómo reunirnos en torno al Señor, a fin de que disfrutemos plenamente de la bendición de su presencia.
¡Que el deseo sincero de nuestro corazón sea realizar tal reunión! Entonces tendremos la misma experiencia que los discípulos: «Y encontraron tal y como les había dicho» (Marcos 14:16).
«Tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma» (Is. 26:8)
«Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos» (Sal. 122:1).