El servicio de la Palabra

Algunas consideraciones prácticas


person Autor: Ch. GRAF 1

flag Tema: Palabra de Dios


1 - Introducción

El Nuevo Testamento menciona varias tareas –o servicios– que el creyente puede ser llamado a realizar. Nuestro Señor los distribuye en su sabiduría, según los dones y capacidades que otorga a los creyentes (Rom. 12:7; 1 Cor. 12:5).

Todos estos servicios son importantes para el buen funcionamiento de nuestra vida colectiva. Uno de ellos es el «ministerio de la Palabra» (Hec. 6:4), que se ejerce en público. Deseamos buscar las instrucciones prácticas que se nos han dado sobre este tema.

2 - Aplícate a la lectura (1 Tim. 4:13)

El apóstol escribe a Timoteo: «Hasta que yo venga, aplícate a la lectura, a la exhortación, a la enseñanza». Esta exhortación pone en primer plano la lectura del texto bíblico en voz alta, cuando se enseña la palabra de Dios. Nos arriesgamos a subestimar su importancia. No perdamos de vista el hecho de que la Palabra escrita es la base misma de la predicación. Por lo tanto, es bueno dedicarle suficiente tiempo y leer el texto lenta y claramente. No demos la impresión de que estamos acortando el tiempo de lectura para tener más tiempo para las explicaciones y comentarios que siguen.

No tenemos que decir algo sobre cada versículo que se ha leído. Y es mejor no detenerse después en pasajes que no han sido leídos. Además, es preferible que los oyentes encuentren antes de comenzar la predicación los textos en su Biblia, para que ellos mismos los lean mientras los escuchan, así se prepara su corazón para recibir el mensaje.

En la sinagoga de Nazaret, el Señor Jesús se detuvo después de leer al profeta Isaías. Esto le daba peso a lo que acababa de leer (Lucas 4:18-20).

3 - Presentar la Palabra por el Espíritu (1 Cor. 12:8)

«Porque a uno, mediante el Espíritu, le es dada palabra de sabiduría; a otro, palabra de conocimiento, según el mismo Espíritu». En el servicio de la Palabra, es importante que nos dejemos guiar por el Espíritu Santo. Notemos que no es solo en las reuniones donde debemos dejarnos guiar por el Espíritu, sino en nuestra vida cotidiana. Ser «guiados por el Espíritu» es una característica fundamental de los hijos de Dios (Rom. 8:14). Si, por lo tanto, debemos ser guiados por él en nuestra vida personal, ¡cuánto más en las reuniones de la iglesia, donde el Señor debe tener toda la autoridad!

En Juan 16:13, el Señor dice a los discípulos que el Espíritu Santo los guiará a toda la verdad. Esto solo puede hacerse realidad si nos ocupamos mucho de la palabra de Dios. Esta es una condición indispensable para que la presentación de la Palabra pueda tener lugar bajo la guía del Espíritu Santo. Entonces puede tomar lo que está disponible en el corazón y en la mente de los suyos y hacerlo útil a los oyentes.

Cuando el Señor Jesús alimentó a una multitud de 5.000 hombres, utilizó los 5 panes y los 2 peces que estaban disponibles y los repartió (Mat. 14:13-21). No creó nuevos alimentos (véase Juan 6:13).

4 - Predicar la Palabra (2 Tim. 4:2)

Pablo dijo a Timoteo: «Predica su palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; convence, reprende, exhorta con toda longanimidad y enseñanza». La recomendación es ciertamente también para nosotros. Es de suma importancia que la sustancia de nuestra enseñanza sea la palabra de Dios. Son las afirmaciones de esta palabra las que tienen peso –incomparablemente más que nuestros comentarios.

Se pueden dar explicaciones interesantes (a las cuales nos podríamos referir en una predicación) sobre todo tipo de temas. Los pensadores de este mundo y los filósofos también son capaces de hacerlo, y lo hacen sin predicar la Palabra. Por eso lo que dicen no tiene ningún peso y no es un alimento espiritual.

Esforcémonos por poner siempre la Palabra de Dios en el primer plano, incluso en las bodas y los servicios funerarios. Se nos dice que el Señor Jesús mismo predicó «la palabra de Dios» (Lucas 5:1).

5 - Predicar a Cristo (1 Cor. 1:23-24)

Refiriéndose a su predicación en Corinto, el apóstol Pablo escribió: «Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles; pero para los que son llamados, tanto judíos como griegos, Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios». El Señor Jesús era el centro de su predicación. En Colosas, los creyentes estaban en peligro de ser engañados por una enseñanza filosófica. No era Cristo el que se predicaba, y el apóstol debe advertir a estos creyentes (Col. 2:8).

Al presentar la Palabra, un hermano joven solo podía hablar de Cristo: un día, de sus manos, otro día, de sus ojos, etc. (Col. 2:8). Esto podría ayudarle a no exceder su medida juvenil. Debe recordar que tiene menos experiencia de la vida que muchos de sus oyentes. Si habla de Cristo que llena su corazón, siempre será para la bendición de los que lo escuchan.

En Lucas 24, el Señor Jesús presentó a los discípulos de Emaús los pasajes del Antiguo Testamento que le conciernen. Y esta charla hizo que sus corazones ardieran. Este debería ser el propósito de nuestro servicio: hacer que los corazones ardan por Cristo.

Podemos animar y exhortar a los creyentes, pero lo que realmente les hace progresar es lo que llena sus corazones con la gloriosa persona del Hijo de Dios. Puede ser presentado en sus diversos caracteres –de verdadero hombre, de Hijo de Dios, de Salvador, de Cristo glorificado.

6 - Recordar las cosas conocidas (2 Pe. 1:12-13)

En su segunda epístola, Pedro dice a los creyentes cosas que ya sabían. Sin embargo, era importante recordar estas cosas a su memoria y a su corazón.

A veces pensamos que, en un mensaje bíblico, debe haber necesariamente algún elemento nuevo que movilice el interés de los oyentes. Pero esto no es así. Pablo también recuerda a veces cosas que son conocidas. Le dice a los filipenses: «El escribiros las mismas cosas a mí no me es molesto, y para vosotros es seguridad» (3:1).

Puede suceder que un hermano tenga algo que proponer, algo que él mismo disfrutó, pero piensa que es demasiado simple y que todo el mundo conoce eso. Así, se queda sentado y se calla. Sin embargo, es muy útil animarse con los simples y preciosos elementos de la verdad cristiana. Y puede haber entre los oyentes alguien que necesite precisamente lo que es simple y que aún no ha recibido.

7 - Exponer justamente la Palabra de la verdad (2 Tim. 2:15)

El apóstol exhorta a Timoteo a exponer «justamente la palabra de la verdad» o, como significa literalmente, «exponerla rectamente». Tengamos cuidado de no hacer aplicaciones erróneas o atrevidas de un pasaje. Dejemos siempre las enseñanzas bíblicas en su contexto. Al presentar un pasaje, debemos tener claro qué pretendía el escritor inspirado cuando lo escribió y a quién se dirigía.

Presentar con precisión la Palabra de la verdad también significa mantener un cierto equilibrio en su presentación. Como hombres, todos tenemos nuestras tendencias y capacidades particulares, y esto también influye en nuestras palabras. Apliquémonos a dar una enseñanza equilibrada, y no a enfatizar demasiado algunas partes de la verdad en detrimento de otras.

8 - No con sabiduría de palabras (1 Cor. 1:17)

El apóstol recuerda a los corintios que no les presentó el evangelio «con sabiduría de palabras». Aquí no rechaza las declaraciones claras y el uso de frases comprensibles. Pablo siempre tuvo cuidado de hacerse entender. Lo que no usó fueron razonamientos y argumentos construidos a la manera de los hombres.

Evitemos apoyar la enseñanza cristiana con argumentos ajenos a la palabra de Dios. Atengámonos a las «sanas palabras» que el Señor y sus apóstoles nos han dado (2 Tim. 1:13). Si están grabadas en nuestras mentes y corazones, tendremos cuidado de no dejarnos influenciar por los argumentos de los hombres.

Pablo no trató de convencer a los corintios con argumentos. Simplemente les presentó los hechos sobre la cruz de Cristo que deben ser recibidos por la fe para poder beneficiarse de ella.

9 - Hablar como oráculo de Dios (1 Pe. 4:11)

Hablar como oráculo de Dios significa hablar en nombre de Dios, decir lo que el Espíritu de Dios desea que se diga en ese momento. Esto requiere una gran dependencia. Podemos llegar a la reunión con un pasaje bíblico en particular en mente. Pero ¿estamos seguros de que Dios quiere presentarlo hoy ante los corazones de todos? Pidámosle que nos enseñe sobre la dependencia y el discernimiento de las necesidades de la iglesia. El Espíritu Santo nos dará la certeza que necesitamos. Si no estamos seguros, es mejor esperar. Pero si el Espíritu nos muestra claramente que debemos avanzarnos, no nos quedemos en silencio. Será para el beneficio de todos. Aunque sea muy corto.

10 - Seguid el amor (1 Cor. 14:1)

En el servicio de la Palabra, el amor por el Señor y por los oyentes debe ser siempre nuestra motivación. «Seguid el amor, pero anhelad los dones espirituales, sobre todo el de profecía… el que profetiza, habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación» (v. 1, 3). Tengamos cuidado, nuestros corazones son engañosos. Podemos pensar que estamos haciendo un servicio por amor al Señor, cuando en realidad es solo para darnos importancia.

El amor nos preserva de usar palabras duras y de ponernos por encima de los oyentes. Pero nunca nos lleva a buscar complacerlos a expensas de la verdad.

En 1 Corintios 13, Pablo nos dice que ni la mayor capacidad de expresarse, ni el mayor conocimiento, ni la mayor fe, ni la mayor devoción pueden compensar la falta de amor.

11 - Cinco palabras con mi entendimiento (1 Cor. 14:19)

Este pasaje nos enseña que los discursos largos no son necesariamente los mejores. Si hemos expresado todo lo que el Señor ha puesto en nuestro corazón, podemos sentarnos, aunque la hora aún no esté bien avanzada.

La expresión «cinco palabras» no debe ser tomada literalmente. Es una exhortación a expresarse de forma breve y clara. Un mensaje corto a menudo tiene más impacto que una predicación larga.

12 - Los espíritus de los profetas están sometidos a los profetas (1 Cor. 14:32)

Esta declaración de Pablo significa que quien habla siempre mantiene el control de sí mismo. No es correcto comportarse de forma extraña cuando se presenta la Palabra y luego decir: Es el Espíritu quien me ha guiado. No está prohibido mirar el reloj de vez en cuando. Sobre todo, debemos adaptar el flujo y la dificultad de nuestro discurso a las capacidades de los oyentes presentes.

El autocontrol (o la templanza) es un fruto del Espíritu (Gál. 5:22-23). El Señor nos lo concederá si se lo pedimos. No se dice que el Espíritu nos «obliga», sino que nos «conduce». Es el amor lo que nos «apremia» o nos obliga (2 Cor. 5:14).

Es más fácil decir esto que hacerlo. Pero a pesar de todo, vale la pena examinarnos y pedirle al Señor que nos ayude a realizar su pensamiento sobre nuestra forma de hacer las cosas.

13 - Les habló de muchas cosas en parábolas (Mat. 13:3)

Es muy provechoso observar cómo enseñó el Señor Jesús. Muchos de sus mensajes fueron expresados con imágenes simples, para que todos pudieran entender lo que decía.

Tomemos, por ejemplo, la parábola de Mateo 18:23-35, en la que el Señor Jesús enseña sobre el perdón. Un hombre debía a su amo 10.000 talentos y este le perdonó su enorme deuda. Poco después, este hombre, que acababa de ser objeto de una inmensa gracia, exigió a otro la muy pequeña cantidad que le debía.

El mensaje es tan claro que todos entienden lo que el Señor quiere decir. Por lo tanto, una pequeña ilustración puede ser útil para explicar una verdad bíblica. Y si no conocemos muchas historias que sean adecuadas para ilustrar las enseñanzas de la Palabra, podemos recurrir a la propia Biblia –y eso es aún mejor. Está llena de imágenes que Dios nos ha dado para hacernos entender la verdad de una manera simple. El Antiguo Testamento contiene un gran número de historias que ilustran los principios divinos que siguen siendo relevantes hoy en día.

14 - Conforme a lo que podían comprender (Marcos 4:33)

Cuando el Señor hablaba a las multitudes, «conforme a lo que podían comprender». Tenía en cuenta la capacidad de comprensión de sus oyentes y de sus conocimientos previos. No inundemos a los oyentes con demasiada abundancia de buenos pensamientos. Esto podría ocurrirnos cuando nosotros mismos hemos encontrado riquezas en un pasaje y hemos experimentado mucha alegría por ello. Y entonces somos tan abundantes, tan completos, que excedemos lo que los oyentes pueden recibir.

Por otra parte, es cierto que debemos esforzarnos por entendernos nosotros mismos y hacer que los demás comprendan todas las riquezas que el Señor nos ha dado en su Palabra, para que todos podamos avanzar hacia «adelante, hacia la perfección» (Hebr. 6:1). Pero es necesario presentarlos de manera comprensible. ¡Cuidado! Es más difícil expresar las cosas de una manera simple que de una manera complicada.

15 - No hay miel (Lev. 2:11)

Según las instituciones divinas sobre la ofrenda vegetal, no se encontraba miel allí. La ofrenda vegetal es una imagen de la perfecta humanidad de Jesús, y la miel habla de sentimientos e inclinaciones naturales. Estas cosas nunca intervinieron, de ninguna manera, en la vida de devoción a Dios de nuestro Señor.

Cuando el Señor Jesús hablaba, nunca lo hacía de manera a obtener ventajas personales o a despertar la admiración de los oyentes. Nunca buscó complacerlos a expensas de la verdad. En Lucas 4:22-28, expresa primero «palabras de gracia», pero no se detiene ahí. Entonces revela a los hombres de Nazaret toda la verdad sobre su condición y esto despierta su ira.

¡Que el Señor nos ayude a realizar las muchas enseñanzas prácticas que nos da y a seguir su ejemplo!

Traducido de «Le Messager Évangélique», año 2014 (página 5)


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